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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 16

—Ese fue el fin del capítulo—declaró Frank.

—¡Lily va unirse al equipo de quidditch! —exclamó James, claramente encantado con la idea.

—Será la mejor en lo que haga—aseguró Remus con fervor y cariño hacia su ahijada.

— ¡Eso es seguro! —Corroboró Sirius sonriendo ampliamente— ¡Harry es el mejor buscador del mundo y la pequeña también será una gran jugadora!

—Emm, chicos—murmuró Lily— ¿Creen que podríamos comer algo? Bueno, es que, me muero de hambre…

— ¡Por supuesto, pelirroja! —Respondió Sirius de inmediato, antes que ningún otro — ¡Yo también me muero de hambre!

Dumbledore observaba sonriente a los jóvenes, y sin demorar mucho, pidió ayuda a uno de los elfos domésticos de Hogwarts. En menos de cinco minutos, todos se hallaron disfrutando de una comida suculenta.

Mientras comían, Sirius aprovechó que no estaban leyendo para expresar lo pensaba de el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que su ahijado tenía que soportar, haciendo énfasis en que un  trol de montaña poseía mucha más inteligencia que el "estúpido, ególatra, presumido, idiota, inepto y rubiecito que se tiñe el cabello con productos muggles de Lockhart". Y el joven animago hubiera podido jurar que la profesora McGonagall estuvo a punto de sonreír cuando mencionó esto último.

—Es mi turno de leer—anunció Lily, tomando sonriente el libro que le ofrecía Frank—El capitulo se llama…Oh.

— ¿Qué ocurre? —inquirió Alice al ver que Lily fruncía el ceño en dirección al libro.

—El nombre del capítulo es: Los «sangre sucia» y una voz misteriosa—explicó Lily, frunciendo los labios al pronunciar aquellas palabras.

Todos entendieron ahora el por qué de la reacción que había tenido la pelirroja. Y al mismo tiempo se tensaron.

—Puedo leer yo si lo prefieres, amor—sugirió James alzando una mano en dirección al libro.

—No, puedo leer yo, gracias, James—respondió Lily dedicándole una sonrisa a su esposo.

Durante los días siguientes, Harry pasó bastante tiempo es­quivando a Gilderoy Lockhart cada vez que lo veía acercarse por un corredor.

—Sabia decisión—alabó Sirius, en un intento de aligerar la tensión que había provocado el título del capítulo. Y lográndolo, ya que varios sonrieron al recordar las críticas de Sirius hacia Gilderoy "rubiecito teñido" Lockhart.

Desde aquella primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Lily había seguido prudentemente el comportamiento de su hermano, lo que significaba que se alejaba de Lockhart lo más posible. Sin embargo, a diferencia de Harry, ella estaba muy contenta, ya que había conseguido un puesto en el equipo de quidditch.

— ¡Sí! —estalló James felizmente, casi saltando de su asiento por la emoción —¡Mis dos hijos están en el equipo! ¡Mis dos hijos están en el equipo! ¡Oh, sí!

— ¿De verdad? —inquirió Ron asombrado.

— ¡Así es! —Confirmó Lily contenta —Estas frente a la nueva cazadora de Gryffindor.

— ¡Es una cazadora! —exclamó Remus contento, mientras reía ante la expresión en el rostro de James, que parecía estar a punto de llorar de pura alegría.

— ¡Felicidades! —Exclamó Harry dedicándole una ancha sonrisa — ¡Sabía que lo lograrías!

Continuaron escuchando como, entre todo lo que había ocurrido en la semana, finalmente llegaba el fin de semana.

Todos sonrieron divertidos ante lo que leyeron en aquél momento, que decía que, el capitán del equipo de quidditch de Gryffindor, Wood, despertaba a Harry bastante temprano.

—¡Entrenamiento de quidditch! —dijo Wood—. ¡Vamos!

En cuanto escucharon la palabra "quidditch" casi todos los hombres de la Sala se mostraron emocionados, únicamente con unas pocas excepciones.

—Oliver —observó Harry con voz ronca—, si todavía está amaneciendo...

—Exacto —respondió Wood.—. Forma parte de nuestro nuevo programa de entrenamiento. Venga, coge tu escoba y an­dando. Ningún equipo ha empe­zado a entrenar todavía. Este año vamos a ser los primeros en empezar...

—Buena táctica—aprobó James— ¡Ser los primeros nunca está de más!

Lily rodó los ojos ante las palabras de su esposo. Estaba plenamente acostumbrada a las reacciones de adoración y devoción que James tenía hacia el quidditch, pero nunca dejaba de sorprenderle hasta qué punto le encantaba aquél deporte.

Escucharon como Harry bajaba las escaleras, y se encontraba con aquél chico de primer año, Colin Creevey. Aparentemente el niño estaba realmente deseando que Harry le firmara la foto que había conseguido sacarle junto con Lockhart.

—La fotografía más ridícula de la historia—declaró Sirius burlonamente.

Todos sintieron que aquél niño era un poco molesto después de que Harry se negara rotundamente a firmar la foto, y de escuchar como declaraba que tenía prisa para ir a su entrenamiento de quidditch.

—Y ya vamos retrasados—añadió Lily mientras bajaba por las escaleras de los dormitorios de chicas y se dirigía a saludar a su hermano— ¡Será mejor que nos vayamos ya!

—¡Eh, espérenme! ¡Nunca he visto jugar al quidditch!

Alice, Lily, Molly y Marlene dejaron escapar una sonrisa ante la mueca de incredulidad que se extendía en el rostro de varios de los hombres de la Sala.

—Es hijo de muggles—les recordó Alice— ¡Tiene lógica que no sepa de quidditch!

Claro, un segundo después todos notaron que el decir que el chico "no sabía nada del quidditch" , era quedarse corto. Estuvo haciéndole muchas preguntas a Harry mientras los muchachos se dirigían al campo.

Todos se alegraron un poco cuando el muchacho dijo que iría a buscar un lugar en las gradas.

—Por lo menos a conseguido librarse de él—mustió Frank con compasión, se imaginaba lo desgastante que resultaría tener a ese chico pegado todo el día.

Un momento después, el ambiente se relajó, todos divertidos al escuchar que en los vestuarios la mayoría del equipo estaba más dormido que despierto.

—Esto me recuerda a las viejas sesiones de entrenamiento con Cornamenta—rió Sirius —cuando las llevaba a cabo en la mañana, el también era el único despierto…

—Oh, cállate, Canuto —gruñó James haciéndose el ofendido.

—Bueno —dijo Wood al final—. ¿Ha que­dado claro? ¿Alguna pregunta?

—Yo tengo una pregunta, Oliver —dijo George—. ¿Por qué no nos contaste todo esto ayer cuando estábamos despiertos?

Ahora todos rieron con mucha más fuerza que antes, incluso James, que había dejado escapar una tímida sonrisa. Los comentarios de Fred y George siempre lograban que las personas se sintieran menos tensas.

Pero, cuando Wood le recordó al equipo que, por algunas circunstancias especiales , no habían ganado la copa de quidditch el año anterior, y eso no podía repetirse.

Harry se removió en el asiento, con un sentimiento de culpa.

—Tú no tienes la culpa, cariño—murmuró Lily, interrumpiéndose a sí misma, mientras acariciaba su vientre—Fueron circunstancias fuera de tu control…

Finalmente, escucharon como Wood se recuperaba de aquél doloroso recuerdo, para luego salir al campo, donde los chicos se encontraron con Ron y Hermione.

— ¿Aún no han terminado? —preguntó Ron, perplejo.

James sonrió un poco. ¿Cuánto tiempo llevarían con las estrategias del entrenamiento?

—Aún no hemos empezado —respondió Harry.

— ¡Ya quiero empezar! —comentó Lily emocionada.

— ¡Esa es la actitud, hija! —aprobó James sonriendo de nuevo. ¡Le encantaba poder escuchar cómo sus hijos jugaban al quidditch!

Cuando parecía que por fin iniciarían con el entonamiento de quidditch, pasó algo que los desconcertó a todos. Y también los molestó.

Aparentemente, los Slytherin estaban entrando en el campo.

—Oh, maldición—gruñó Sirius—Eso significa problemas.

—Flint —gritó Wood al capitán del equipo de Slythe­rin—, es nuestro turno de entrenamiento. Nos hemos levan­tado a propósito. ¡Así que ya pueden largarse!

James, Sirius, Gideon y Fabián parecieron satisfechos ante las palabras de bienvenida que Wood les había dedicado a los Slytherin.

Marcus Flint aún era más corpulento que Wood.

—Hay bastante sitio para todos, Wood.

—Idiota—sisearon Edgar, Sirius y James al unísono.

Después de que todos estuvieron reunidos para enfrentar a los Slytherin, todos escucharon, indignados, como pasaban por alto que Wood había reservado el campo, y mostraban una nota donde Snape les daba permiso de practicar, para entrenar a su nuevo buscador.

—Quejicus—escupió James con rabia— ¡El tiene la culpa de todo!

—Tranquilízate, James—le reprendió Lily—Deja que siga leyendo, por favor.

—¿Tienen un buscador nuevo? —preguntó Wood—. ¿Quién es?

Era Draco Malfoy.

— ¡Esto es el colmo de la envidia! —exclamó Frank contrariado.

—Apuesto a que juega tan mal como su padre—murmuró James haciendo una mueca—Los dos tienen el mismo grado de estupidez, así que no creo que sus habilidades en el quidditch difieran mucho…

— ¿No eres tú el hijo de Lucius Malfoy? —preguntó Fred, con desagrado.

—El mismo—confirmó Sirius con desprecio— ¿El parecido entre idiotas se nota, no?

—Es curioso que menciones al padre de Malfoy —dijo Flint**—**Déjame que te enseñe el generoso regalo que ha hecho al equipo de Slytherin.

En el momento en el que todos escucharon el término «Nimbus 2.001», toda la sala explotó en indignación.

— ¿Así que alguien le pidió a papi que comprara su puesto en el equipo? —Inquirió Marlene enfadada— ¡Eso es indignante!

—Tiene usted razón, McKinnon—asintió McGonagall— ¡No deberían de dejar que el señor Malfoy participe únicamente por el hecho de que traiga escobas nuevas!

—Así que le tienes tanta envidia a mi hermano, ¡que incluso quisiste le mismo puesto que él! —Murmuró Lily, viendo a Malfoy  despectivamente — ¡Patético Malfoy!

— ¡Ja! —Exclamó Sirius con orgullo — ¡Trágate esa, Malfoy! ¡Bien hecho, pequeña!

Eso le quitó la sonrisa de la cara al aludido, que se disponía a replicar, cuando fue interrumpido por su capitán.

Un momento después, escucharon como Flint señalaba que Ron y Hermione se acercaban por el campo y Malfoy le presumía su nueva escoba a Ron.

—Pero en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su acceso—observó Hermione agudamente—. To­dos entraron por su valía.

— ¡Así se dice, Hermione! —dijo Fabián sonriendo—¡Enséñale al idiota de Malfoy lo estúpido que es!

Del rostro de Malfoy se borró su mirada petulante.

—Nadie ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia—espetó él.

Esas dos últimas palabras, consiguieron hacer que toda la Sala estallara de furia y comenzara a despotricar contra Malfoy, como si este se encontrara en frente de ellos. El más afectado parecía ser James, que instintivamente abrazó a fuertemente a Lily contra él.

Una vez hubieron acabado las exclamaciones de indignación contra Malfoy, Lily comentó en voz baja:

—Ahora sabemos por qué el capítulo se titula así…

—No te sientas afectada por las palabras de ese idiota, Lily—pidió Remus intentando sonreírle a su amiga—El no vale ni la mitad de lo que vales tu.

La aludida correspondió tenuemente la sonrisa y continuó leyendo.

Escucharon como el equipo de quidditch reaccionaba ante lo que Malfoy había dicho, y por supuesto, escucharon como los Slytherin se posaban delante de Malfoy, (todo esto, aparentemente, para que Fred y George no se tiraran sobre él)

—Es una verdadera lástima que no lo hicieran—gruñó Sirius en voz baja.

Sin embargo, la muestra más tangible de enojo, la dio Ron. Olvidándose de que su varita estaba en malas condiciones, le envió un embrujo a Malfoy… pero, desafortunadamente, este rebotó contra él mismo.

—¡Ron! —gimió Molly preocupada—¡No debiste intentar hechizarlo con esa varita!

Todos escucharon preocupados como Ron, aparentemente trataba de decir algo, pero, en vez de eso…

…le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el regazo.

Todos hicieron una mueca de asco al escuchar eso. Pero sin duda, todos sintieron un afecto muy grande por Ron.

Oyeron como Harry , Lily y Hermione se apresuraban a sacar a Ron del lugar y proponían llevarlo a la cabaña de Hagrid, pero también escucharon (con mucho disgusto) que en el momento en el que llegaron Gilderoy Lockhart estaba allí, molestando a Hagrid y alardeando sobre algo.

—Es tan ridículo que se sienta superior cuando la verdad es que sabe menos que un niño de cinco años—comentó Marlene claramente fastidiada por el comportamiento del hombre.

Pero, a pesar de que Hagrid (el del libro), parecía muy disgustado por Lockhart, escucharon como se alegraba al ver a los muchachos.

Hagrid sonrió, imaginando que las visitas de los cuatro chicos que estaba destinado a conocer, le harían muy feliz.

Un momento después de que el guardabosques le había indicado a Ron que vomitara todas las babosas en una palangana, cuando todos estaban muy divertidos al escuchar como Hagrid criticando a Lockhart, algunos se exasperaron en el momento en el que Hermione salió en su defensa.

—Creo que son injustos. Obviamente, el profesor Dumbledore ha juzgado que era el mejor para el puesto...

Eso sonaba realmente descabellado, aunque probablemente debería de ser verdad…

—Era el único para el puesto —repuso Hagrid.

—Eso explica por qué esta en el castillo—mustió la profesora McGonagall para sí misma, sin dejar de utilizar el tono desaprobatorio.

Y ahora todos también comprendían. Así que Lockhart había sido el único para el puesto. Eso explicaba todo, aunque no dejaba de resultar lamentable.

Más adelante, cuando Hagrid le echó una ojeada a Ron, y preguntó por qué había intentado hechizar a Malfoy, y Harry le había respondido que, aparentemente, el rubio le había dicho algo fuerte a Hermione, todos se tensaron de nuevo. No era agradable escuchar eso.

—Fue muy fuerte —dijo Ron—. Malfoy la llamó «sangre sucia».

—Lo que demuestra lo imbécil que es—añadió Gideon, completando la frase de su sobrino.

Ron se apartó cuando volvió a salirle una nueva tanda de babosas. Hagrid parecía indignado.

Oyeron, algo exasperados, como Ron les explicaba a Harry, Hermione y Lily lo que significaba aquél término tan desagradable, y como finalizaba con una alentadora frase de "nosotros sabemos que eso no tiene ninguna importancia."

—Y no han inventado un conjuro que nuestra Hermio­ne no sea capaz de realizar  —dijo Hagrid con orgullo, ha­ciendo que Hermione se pusiera colorada.

Todos sonrieron imaginándose a la niña, y pensando que Hagrid tenía razón. Hermione tenía mil veces más cerebro que aquellos idiotas del equipo de quidditch de Slytherin.

—¡Tienes toda la razón, Hagrid! —corroboró Lily, sonriéndole a su castaña amiga, y deseando golpear a Malfoy con todas sus fuerzas.

—No me enfadaré contigo si lo golpeas, o le mandas una maldición, cariño, puedes estar segura—dijo James sonriendo ante la última oración leída por su esposa.

—Es un insulto muy desagradable de oír —dijo Ron—.Son idiotas. Además, la mayor parte de los magos de hoy día tienen sangre mezcla­da.

—Eso es muy cierto—asintió el profesor Dumbledore tranquilamente. A pesar de que sus comentarios sobre la lectura no eran precisamente abundantes, cada palabra o detalle que escuchaba era completamente examinado, lo cual le permitía saber a qué se enfrentarían todos en el futuro.

—Bueno, no te culpo por intentar hacerle un hechizo, Ron —dijo Hagrid—. Pero quizás haya sido una suerte que tu varita fallara. Si hubie­ras conseguido hechizarle, Lucius Malfoy se habría presen­tado en la escuela. Así no tendrás ese problema.

—No habría tenido ningún problema aunque Lucius se hubiera presentado—repuso Arthur con un brillo extraño en los ojos—Yo me habría encargado de eso.

James, Sirius, Gideon, Fabián, Frank y Edgar le dedicaron una sonrisa, pero Molly suspiró preocupada. No le gustaba que su esposo le tuviera tanto desprecio a hombres como Lucius Malfoy.

Siguieron escuchando contentos y más relajados lo que siguió de la visita a Hagrid. Pero la alegría vaciló un poco cuando escucharon lo que sucedió cuando los muchachos regresaron al castillo.

—Conque están aquí, Potter, Weasley y tu también Potter. —La profesora McGonagall caminaba hacia ellos con gesto severo—. Cum­plirán su castigo esta noche.

— ¡Había olvidado que los habían castigado! —exclamó Arthur sorprendido.

—¡Yo también! —comentó Molly exasperada—Espero que no sea un castigo muy duro…

—Tú limpiarás la plata de la sala de trofeos con el señor Filch —dijo la profesora McGonagall—. Y nada de magia, Weasley... ¡frotando!

—Pobre Ron—se compadeció Gideon. Filch aprovecharía cualquier oportunidad para hacerlo sentir miserable, eso era algo que todos sabían.

—Y ustedes, señores Potter, ayudarán al profesor Lockhart a res­ponder a las cartas de sus admiradoras —dijo la profesora McGonagall.

—Ahora que lo pienso, Filch no era tan mal castigo…—rectificó Gideon haciendo la misma mueca de molestia que tenían todos en el rostro.

La profesora McGonagall sintió una oleada de culpabilidad por hacer que los hermanos Potter tuvieran que aguantar quién sabe cuánto tiempo a Lockhart.

Escucharon como los tres niños, Harry, Lily, y Ron iban a cenar con el ánimo por los suelos. Y nadie los culpaba, en especial a los hermanos Potter, y todos llegaron a un enorme grado de compasión cuando escucharon a Lockhart indicándoles qué era lo que harían.

— ¡Tú puedes poner las direcciones en los sobres! —dijo Lockhart a Harry, como si se tratara de un placer irresisti­ble—. Y tu Lily, pues puedes ayudarme a responder algunas cartas, no importa la diferencia de la letra, ¡Estoy seguro de que mis admiradoras no lo notaran!

— ¿Qué les habrá dado a sus fanáticas para que estén locas por él? —Preguntó Alice curiosa —No es muy difícil deducir que no  fue por su inteligencia que las atrajo…

— Quizá se deba simplemente a que es guapo —repuso Lily con desdén.

—¿Crees que ése es guapo? —inquirió James, ligeramente celoso, mientras observaba a su esposa.

Lily sonrió.

—Sí, pero sigue siendo un idiota, James—repuso ella, para luego bajar bastante la voz— Además, para mí tu eres simplemente hermoso.

Ahora fue el turno de James para sonreír.

Harry dejó que Lockhart hablara sin hacerle ningún caso, diciendo de cuando en cuando «mmm» o «ya» o «vaya».

—Buena idea, hijo—aprobó James, sintiendo pena por las horas de aburrimiento que sus hijos seguramente estaban padeciendo.

 Y Lily ni siquiera se molestó en prestar atención a lo que Lockhart decía.

— No te culpo, pequeña —rió Sirius—¡Es increíble que aun no se hayan quedado dormidos con semejante inepto de compañía!

Casi estaba resultando «divertido», en el más pobre sentido de la palabra, lo que ella estaba haciendo. Se dispuso a escribir una respuesta para Gladys Gudgeon.

Suspiró audiblemente mientras se imaginaba que poner.

—Solo escribe algo que él diga constantemente—aconsejó Marlene—Quizá como "Soy guapo" o algo así, ninguna de sus admiradoras notará la diferencia.

 Entonces le invadió una inspiración repentina.

*»*Querida Gladys: Muchas gracias por tu última carta. ¡Oh, me alaga que pienses eso de mí! Y te agradezco que estés pensando en proponerme, de nuevo, como el mago con mejor sonrisa, (la más encantadora), para la revista Corazón de Bruja. Sé que soy increíblemente guapo, ¡Pero jamás pensé que creyeras que debería de haber una estatua como tributo a mi belleza!  Ahora que lo pienso, tienes razón, hoy en día no se encuentran magos tan valientes y guapos como yo (¡sin mencionar la personalidad encantadora!) , así que propondré una estatua en mi próxima entrevista, ¡Oh, sí!  Aunque dudo mucho que esa estatua alcance el nivel requerido de belleza que requiere… ¡Gracias por escribirme! Siempre tú guapo y encantador Gilderoy Lochart

Como era de esperarse, las risas no se hicieron esperar en toda la Sala. Incluso McGonagall, Dumbledore, Molly  y Moody habían adquirido una sonrisa en el rostro.

—Tu hija es genial—se carcajeó Fabián, dirigiéndose a James.

Pero el aludido estaba riendo tan animadamente, que con lo  único que pudo contestar fue con una sonrisa de oreja a oreja.

Una vez tranquilizados todos, Lily siguió con la lectura.

Lily se dedicó a observar su trabajo, bastante satisfecha. Suponiendo que lo poco que ella conocía a Lockhart  había descubierto que era vanidoso, presumido e increíblemente idiota, la carta que había escrito para la admiradora podría estar perfectamente escrita por él.

— ¡Hiciste un excelente trabajo, Lily! —Murmuró Remus fascinado — ¡Nadie sospecharía que la carta fue escrita por ti!

Quiso enseñarle la carta a Harry, y pudo notar que estaba en la cima del aburrimiento.

Lily reprimió un nuevo suspiró y siguió trabajando, pensando que cada vez resultaba más fastidioso escribir.

Aparentemente, en el libro, el tiempo pasaba más lento que nada, y Harry ya estaba completamente desesperado.

—Mi pobre bebé—murmuró Lily tiernamente—Seguramente está deseando salir de allí lo más pronto que pueda…

En aquél momento, escucharon que los muchachos escuchaban algo sumamente desconcertante.

Era una voz, una voz capaz de helar la sangre en las ve­nas, fría como el hielo.

—Ven..., ven a mí... Deja que te desgarre... Deja que te despedace... Déjame matarte...

Todos se quedaron paralizados en aquel preciso instante, con los ojos muy abiertos.

— ¿Qué fue eso? —susurró Molly asustada.

—No tengo ni idea —repuso Edgar.

— ¿Profesor Dumbledore? —Inquirió Lily nerviosa — ¿Tiene alguna idea de que pudo ser?

Dumbledore le pidió amablemente que esperara unos momentos con un gesto de mano, mientras analizaba cuidadosamente la situación.

¿Qué había sido eso?

Sopesó las posibilidades una a una. Y llegó a una conclusión que no le agradó en lo absoluto. El título del libro era "Harry y Lily Potter y la Cámara Secreta…" Eso le hacía suponer que no podía tratarse de otra cosa distinta a la que él estaba imaginando.

—Creo, Lily, que tengo una teoría al respecto. —Respondió el director pausadamente—Pero son suposiciones únicamente, así que creo que es más conveniente seguir leyendo para poder confirmar mis sospechas.

Todos asintieron ante las palabras del profesor e intentaron concentrarse en lo que Lily leía, mientras intentaba mantenerse tranquila.

Cosa que no consiguió.

Escucharon como los dos niños intentaban explicarle a Lockhart lo que había sucedido, pero este no parecía haber notado nada.

—¿Cómo dices? —preguntó Lockhart, extrañado—. ¿Qué voz?

—¿Lockhart no pudo escuchar la voz? —mustió McGonagall con la preocupación escrita en sus facciones.

—¡Era una voz! —musitó Lily impacientemente con un ligero temblor en la voz— ¡Estaba murmurando… algo!

Pero Lockhart parecía comprender nada de lo que estaba ocurriendo.

— ¿Qué pudo haber sido? —inquirió James frunciendo el entrecejo—¿Por qué el inepto del año no pudo escucharlo…?

Nadie sabía qué había sido, pero estaban seguros de que no había sido nada bueno. Escucharon como Lockhart les decía a los niños que ya era tarde y que ya podían irse.

Los dos salieron, aturdidos.Era tan tarde que la sala común de Gryffindor estaba prácticamente vacía.

—Tú también lo escuchaste ¿verdad? —susurró Lily preocupada.

—Sí, pero creo que será mejor que hablemos de esto mañana, así podremos asimilarlo bien—respondió Harry, dándose cuenta que estaba a punto de caerse del cansancio y que así no podría reflexionar nada—Buenas noches, Lily.

Y después de recibir una despedida de su hermana, Harry se fue derecho al dormitorio. Ron no había regresado todavía.

Molly sintió como la preocupación la invadía. ¿Estaría bien Ron…? Después de haber escuchado las palabras que la voz pronunciaba, no le gustaba en lo más mínimo la idea de imaginar a su hijo solo regresando a la sala común.

Aquella pelirroja se alivió en cuanto escuchó que Ron regresaba a la habitación, y luego oyeron como Harry le contaba lo que había ocurrido.

—¿Y Lockhart dijo que no había oído nada? —preguntó Ron—. ¿Piensas que mentía? Pero no lo entiendo... Aunque fuera alguien invisible, tendría que haber abierto la puerta.

—En eso tiene razón—señaló Remus—No comprendo por qué Lockhart no lo escuchó…

—Lo sé—dijo Harry—. Yo tampoco lo entiendo.

Aquella era una frase desalentadora. Lo que estaba ocurriendo no le hacía gracia a absolutamente nadie.

Lily tardó unos pocos minutos en la sala común y luego subió al dormitorio de chicas. Hermione estaba profundamente dormida, así que se dijo a sí misma que sería mejor contarle todo al día siguiente.

Mientras agarraba inconscientemente entre sus manos  el collar que había recibido misteriosamente el año anterior por navidad, se dispuso a dormir, deseando que todo se aclarara, ya que no tenía ni la  menor idea de por qué Harry y ella habían escuchado aquella voz.

El profesor Dumbledore se sintió profundamente conmovido al escuchar que la pequeña Lily todavía conservaba el collar que él le había regalado, aunque aún ignorara la razón de por qué lo había hecho.

Sin embargo, todos los demás se mostraron indiferentes ante el estado de ánimo de Dumbledore, ya que no habían notado ningún cambio en su expresión.

Todos en la Sala se hallaban inquietos por lo que había sucedido durante el castigo de los hermanos.

—Ese fue el final del capítulo—mustió Lily en voz baja, pasándole el libro a su esposo, que le dedicó una débil sonrisa.

—El nombre del capítulo es... ¡Vaya! —Se asombró James—El cumpleaños de muerte.

— ¿Cumpleaños de muerte? —Repitió Sirius — ¿Quién celebraría un cumpleaños por su muerte? O, mejor dicho, ¿Cómo celebraría alguien su cumpleaños de muerte?

—Si te callaras y me dejaras leer, lo sabríamos—contestó James entre risas—Muy bien, comencemos…

Comenzaron el capítulo con un pequeño comentario sobre el clima, que era frío, ya que estaban a mediados de octubre. Oyeron como en el castillo habían muchas personas resfriadas, así que, aparentemente, la señora Pomfrey estaba muy atareada dándole un poco de poción a todos los enfermos.

Como Ginny Weasley tenía mal aspecto, Percy le insistió hasta que la pro­bó.

— ¿Ginny está enferma? —inquirió Molly con preocupación—¿Qué le sucederá? Oh, espero que esté bien…

—Tranquila, cielo—murmuró Arthur dedicándole una sonrisa tranquilizadora a su esposa—No debe ser nada serio.

El entusiasmo de Oliver Wood, sin embargo, no se enfrió

—Esto me recuerda tanto a alguien…—comentó Sirius, mirando burlonamente a James, que hizo como si no hubiera escuchado el comentario.

Continuando con el hecho de que, al parecer, Wood seguía tan entusiasta como siempre, escucharon como Harry y Lily regresaban a la sala común, después de una tarde de tormenta, completamente empapados y llenos de barro.

—Más vale que se cambien de ropa apenas lleguen a sus habitaciones—mustió Lily con aprensión— ¡Pueden enfermarse!

Claro, cuando siguieron escuchando la lectura, todos se dieron cuenta de que la razón por la cual los hermanos Potter estaban de mal humor, era por las Nimbus 2.001 de Slytherin. Aparentemente, según Fred y George, que habían estado espiando a las serpientes, las escobas volaban realmente muy rápido.

Todos pusieron una mueca de enfado ante lo que James acababa de leer, especialmente, el mismo.

La otra persona que estaba tan molesta como el mago de cabellos azabache, era la profesora McGonagall, que se había permitido pasar por alto que los gemelos Weasley habían espiado al equipo de Slytherin, ya que consideraba indignante que el chico Malfoy comprara su puesto en el equipo.

Los hermanos caminaban por el corredor desierto con los pies mo­jados, cuando se encontraron a alguien que parecía tan preocu­pado como ellos.

Todos se sorprendieron un poco cuando notaron que ese "alguien" no era otro que Nick Casi Decapitado, que aparentemente estaba triste por algo relacionado con su cabeza mal decapitada.

—Siempre he creído que morir decapitado ha de ser horrible—comentó Marlene—Pero es mucho más horrible morir sin que la cabeza se caiga completamente…

Algunos se extrañaron más cuando oyeron que lo que acongojaba al fantasma era que no le habían aceptado en el Club de Cazadores Sin Cabeza, debido a que no estaba completamente decapitado.

— ¿Club de cazadores sin  Cabeza? —repitió Gideon, pensando que el nombre resultaba bastante gracioso.

—Pobre Nick—rió Sirius—Eso de ser "Casi Decapitado" parece molestarle…

Oyeron, divididos entre la diversión y la compasión por los chicos Potter y Nick Casi Decapitado, como la conversación seguía, hasta que pasó algo preocupante: La Señora Norris.

—Oh, será mejor salgan de allí—murmuró  Alice—A Filch no le hará ninguna gracia encontrarlos llenos de barro caminando por los pasillos…—hizo una pausa—Estúpida gata—añadió, recordando los múltiples castigos que ella había tenido por culpa de aquel animal.

Pero, desafortunadamente, ni Harry ni Lily consiguieron irse antes de que Filch apareciera.

—¡Suciedad! —gritó—. ¡Suciedad y mugre por todas partes! ¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡Síganme!

—¡Tienen que ir a cambiarse! —gruñó Lily molesta—¡Además, no fue culpa de ellos!

Claro,  el que no fuera culpa de ellos no le interesó en lo absoluto a Filch, que de todos modos los llevó a su conserjería, que tenía un vago olor a pescado frito.

Así que Harry hizo un gesto de despedida a Nick Casi Decapitado y siguió a

—Siempre tuvo ese olor—comentó Remus—Al menos todas las veces que fuimos a parar allí….

—Que imagino, fueron muchas—dijo Fabián sonriéndole  al licántropo.

—Correcto—asintió James con una amplia sonrisa—Pero solo durante los primeros años fuimos a parar a la conserjería, después casi nunca nos atraparon…

Pero se detuvo en seco al ver la severa mirada que se asomaba por las facciones de la profesora McGonagall.

Oyeron una detallada descripción del lugar, incluyendo la mención de los, muy conocidos, archivadores de madera.

Fred y George Weasley tenían para ellos solos un cajón en­tero.

— ¡Ja! —exclamó Sirius con orgullo—¡Nosotros ocupamos tres cajones enteros!

Pero Molly no estaba tan contenta como los merodeadores y sus hermanos. A diferencia de ellos, la pelirroja tenía una expresión increíblemente parecida a la de la profesora McGonagall.

Detrás de la mesa, en la pared, colgaba una co­lección de cadenas y esposas relucientes. Todos sabían que él siempre pedía a Dumbledore que le dejara colgar del te­cho por los tobillos a los alumnos.

—Soñar es bueno…—rió Hagrid—Pero el profesor Dumbledore jamás permitirá que ese viejo bobo… ¡Perdón profesora! Quiero decir... que Filch castigue así a los alumnos…

A pesar de que Hagrid se encontraba observando apenado a McGonagall, consiguió arrancar una sonrisa de todos los presentes.

Un momento después, oyeron como Filch llenaba uno de sus formularios.

*—Nombre (s):*Harry y Lily Potter. Delito:...

—¡Fue solo un poquito de barro! —se quejó Lily, volviendo a enfadarse.

— ¿Delito? —inquirió Lily alzando las cejas.

—Filc suele exagerar siempre las cosas, pequeña—rió Sirius, recordando que el conserje opinaba que él era un auténtico criminal.

— ¡Sólo fue un poco de barro! —dijo Harry.

A pesar de su enfado, Lily no pudo evitar sonreír al escuchar las palabras de su hijo

—*Delito:*ensu­ciar el castillo. Castigo propuesto:...

—Tonto y amargado conserje—gruñó Lily—No puedo creer que vaya a castigarlos.

A pesar del enfado de su esposa, James no pudo evitar sonreír discretamente, pensando que, si él no hubiera muerto, habría hechos de sus hijos unos bromistas profesionales y por ende, ambos habrían terminado muchas veces en la conserjería de Filch.

Continuando con la lectura, pasó algo que los divirtió mucho a todos, y que, seguramente salvaría  los muchachos de un castigo seguro. Había sido un ruido estruendoso, pero todos estaban seguros de que ese tendría que haber sido…

— ¡PEEVES! —bramó Filch, tirando la pluma en un acce­so de ira—. ¡Esta vez te voy a pillar, esta vez te pillo!

—Una de las pocas cosas que me agradan de Peeves—murmuró Frank sonriendo levemente—Es que hace enojar a Filch.

—A mi no me agrada en lo más mínimo—repuso Lily—Pero por lo menos distrajo a Filch por un momento…

Y, olvidándose de Harry y de Lily, salió de la oficina corriendo con sus pies planos y con la Señora Norrisgalopando a su lado.

Todos pensaron que aquello era un completo alivio. Y siguieron escuchando como los dos niños curioseaban el lugar, hasta que Harry encontró una carta que le llamó la atención.

«EMBRUJORRÁPID»

Curso de magia por correspondencia para principiantes

—Harry, no está bien que tomes correspondencia ajena—reprendió Lily frunciendo el ceño.

— ¿ Embrujorrápid ? —inquirió James sin prestar atención a su esposa— ¿Qué pretende Filch al ordenar un pedido de un "curso de magia por correspondencia"?

—Bien, supongo que sabes que Filch es un squib—murmuró Remus, haciendo una pausa en la que James asintió—Bien, no es difícil suponer que lo que quiere es aprender a hacer magia…

—Cosa que no va a lograr—finalizó Frank—No puedes aprender a hacer magia si no eres un mago. Quizá esa es la razón por la que Filch odia a los estudiantes…

— Harry, no creo que sea buena idea que abramos eso…—comenzó Lily, imaginándose la posible reacción del conserje si los descubrían.

—Oh, vamos pequeña, estoy comenzando a creer que tienes más Evans que Potter…

—Cállate, Black—gruñó Lily—Mí hija hace bien al no querer abrir esa correspondencia, es algo privado…

—Está bien, pelirroja—repuso Sirius, que vino venir el típico discurso de "Black-eres-un-completo-inmaduro-irresponsable-infantil " que Lily tendía a hacer cada vez que él la contradecía en algo.

—Lily tiene razón, Canuto—intervino Remus, pero a diferencia de la pelirroja, este sonreía—No está bien que lean eso, además pueden meterse en problemas…

— ¿No te da curiosidad leerlo? —inquirió Harry dedicándole una sonrisa traviesa  a su hermana.

—Harry, esto no está bien—mustió Lily frunciendo el entrecejo—Esa correspondencia no es tuya y no está bien que  quieras leerla sin permiso.

— ¿Qué si me da curiosidad? Claro, pero…—Lily reflexionó un instante, si, aquello de daba curiosidad, y últimamente había dejado que su instinto estilo Hermione gobernara en ella, no podía ser muy  malo que leyeran aquel sobre... — ¿Sabes? Olvídalo, quiero saber que dice…

Sirius tuvo que morderse la lengua y cerrar los ojos durante un minuto para no arriesgarse a  reírse de la cara que Lily  y Remus pusieron  en aquel instante, ya que si profería el menor sonido que indicara que estaba divirtiéndose, la embarazada pelirroja o el joven licántropo  lo hechizarían sin complicaciones.

Aunque el joven mago no pudo evitar sonreír en el momento en el que escuchó lo que contenía la carta, que resultaron ser comentarios de todas las personas que habían utilizado el curso.

—Esto es increíblemente tonto—exclamó Edgar—No se puede enseñar magia a un squib… ¿o sí?

—No—confirmó Sirius haciendo una mueca.

Varios lo miraron extrañados, sin comprender cómo era que él sabía eso.

**—Mi madre me dijo una vez que era imposible—explicó él, al darse cuenta de que algunos lo miraban perplejos—Verán, en el sequito de locos que era mi familia, hubo un squib, si, lo recuerdo, el tío Marius, no lo conocí, pero mi madre me dijo (más bien me gritó, en uno de sus ataques de cólera) que sus padres habían intentado, secretamente, encontrar una manera de hacerlo normal , y no lo consiguieron. Por ende, lo borraron del "Árbol de maniáticos"**exactamente igual que a mí.

Al terminar su explicación, Sirius sonrió como diciendo "Ahora todo está bien" y le indicó a James que siguiera con la lectura.

Otro momento gracioso, fue cuando escucharon el último comentario, que era de un tal****D.J Prod, de Didsbury, que informaba que después de tomar el curso, transformó a su esposa en una vaca.

— ¿Convirtió a su esposa en una vaca? —rió Gideon, divertido—¡Eso estuvo muy mal! —se apresuró a añadir, al percatarse de que todas las mujeres le dedicaron una mirada envenenada.

—Convertir a su esposa en una vaca…—bufó Lily, observando el sobre desconcertada y sin saber qué otra cosa decir—No fue un gesto muy lindo que digamos…

Todas las mujeres de la sala estaban completamente de acuerdo.

 Extrañado, Harry hojeó el resto del contenido del sobre.

¿Para qué demonios quería Filch un curso de Embrujorrá­pid?

— ¡Había olvidado que ellos no saben lo que es un squib! —mustió Alice algo sorprendida.

Harry seguía con sus cavilaciones, mientras Lily se paseaba por la habitación, pero en ese momento ocurrió algo muy desalentador: la puerta se abrió, y el conserje entró por ella.

Filch parecía triunfante.

—Eso no es bueno—murmuró  Sirius negando con la cabeza.

—¡Ese armario evanescente era muy valioso! —decía con satisfacción a la Señora Norris—.Esta vez Peeves es nuestro, querida.

—Sí, claro—añadió Canuto sarcásticamente al darse cuenta de el por qué del estado de ánimo del conserje—Creo que esa frase dejó de ser creíble después de que la dijo la quincuagésima vez…

Sus ojos se dirigieron como una bala al sobre de Embrujorrápid.

—Ay, no—gimió Molly—Ahora sí que están en problemas.

—Esto pasa por romper las reglas—dijo Lily, frunciéndole el ceño a su abultado vientre.

—¿Han... lo han  leído? —farfulló.

Aquello no tenía buena pinta. Todos esperaron preocupados, deseando saber qué pasaría, completamente seguros de que Filch no les había creído en el momento en el que Harry y Lily aseguraron que no habían visto nada del sobre.

Siguieron escuchando como Filch estaba a punto de entrar en la histeria, hasta que finalizó todo de una manera muy extraña.

—Muy bien, váyanse... y no digan una palabra... No es que..., sin embargo, si no lo han leído... Váyanse, tengo que escri­bir el informe sobre Peeves... Váyanse...

— ¡Esto sí que es buena suerte! —murmuró Marlene divertida—¡Se salvaron de un castigo!

Eso era algo realmente divertido. Los hermanos Potter estaban demostrando tener mucha suerte en aquél momento.

Un momento después, oyeron como Nick, el fantasma, se acercaba a los hermanos contento.

—Convencí a Peeves para que lo estrellara justo enci­ma de la conserjería de Filch —dijo Nick emocionado—; pensé que eso le podría distraer.

— ¡Gracias Nick! —Exclamó Lily sonriendo, como si el fantasma estuviera allí — ¡Gracias usted no fueron castigados!

— ¿Ha sido usted? —dijo Harry, agradecido—. Claro que funcionó, ni siquiera nos  van a castigar. ¡Gracias, Nick!

— ¡Fue muy amable de su parte! —añadió Lily sonriendo radiante— ¡Gracias, gracias, gracias!

La sonrisa de Lily se ensanchó, ahora con un ligero toque de aprobación ante el hecho de que sus hijos se mostraran agradecidos. ¡Eso estaba muy bien! E incluso había comenzado a pensar hacia donde se dirigía el resto del capítulo…

Como la pelirroja había predicho, Harry y Lily le informaron  Nick que a ambos les gustaría poder hacer algo para agradecerle por no haberlos delatado.

—Bueno, el próximo día de Todos los Santos se cumplen quinientos años de mi muerte —dijo Nick Casi Decapitado, irguiéndose y poniendo aspecto de importancia.

—Así que Nick es el cumpleañero…—murmuró Sirius, mientras reía levemente.

Lily se extrañó ante eso. No tenía ni idea de que los fantasmas celebraban la fecha de su muerte.

—Yo tampoco lo sabía—admitió Remus bastante sorprendido. Nunca había escuchado nada sobre un "Cumpleaños de Muerte". Era algo completamente nuevo para él.

Escucharon como el fantasma explicaba que daría una fiesta en las mazmorras y que Ron y Hermione también podían asistir, aunque un momento después Nick se mostró inquieto, diciendo que quizá los niños preferirían ir a las fiestas del colegio…

—No —dijo Harry enseguida—, irémos...

—Será un placer—murmuró Lily casi al mismo tiempo que su hermano.

Nadie estaba seguro de si sería un placer, o no, pero lo que sí sabían era que sería algo muy interesante.

·   ·   ·

—¿Un cumpleaños de muerte? —dijo Hermione entusias­mada, cuando los chicos  se hubieron cambiado de ropa y reunido con ella y Ron en la sala común—. Estoy segura de que hay muy poca gente que pueda presumir de haber estado en una fiesta como ésta. ¡Será fascinante!

— ¡Hermione tiene razón! —comentó Lily—¡Eso será algo interesante!

—A mi me suena aburrido—contradijo Sirius— ¿Para qué celebra alguien la fecha de su muerte? ¿No sería mejor seguir celebrando su.. cumpleaños, cumpleaños? Es decir… No le veo lo divertido.

—Eres simplemente un antipático total, Black—gruñó Lily, incitando a su esposo para que siguiera leyendo.

— ¿Para qué quiere uno celebrar el día en que ha muer­to? —dijo Ron, que iba por la mitad de su deberes de Pociones —. Me suena a aburrimiento mortal.

Sirius sonrió con suficiencia ante eso, ganándose una mirada de advertencia de Remus. El licántropo sabía que llegaría el momento en el que Lily perdería la paciencia.

—Mira, eso que has puesto allí  está mal—señaló Lily cogiendo el pergamino en el que Ron escribía—Y no creo que sea tan aburrido, será muy interesante…

Ahora fue Lily la que sonrió con un dejo de suficiencia, e incluso, una pequeña parte de ella estuvo tentada a sacarle la lengua a Sirius, como si fuera una niña enojada.

Cuando llegó Halloween, Harry ya estaba arrepentido de ha­berse comprometido a ir a la fiesta de cumpleaños de muerte.

—Eso debiste pensarlo antes de comprometerte—murmuró Lily severamente—Ahora no puedes echarte para atrás.  Se lo prometiste a Nick, Harry.

—Lo prometido es deuda —recordó Hermione—. Y tú y Lily  le prometieron ir a su fiesta de cumpleaños de muerte.

—Hermione es algo así como un reglamento parlante—comentó Sirius—Creo que nunca la veremos incumplir normas…

Lily, por otra parte, estaba de acuerdo con Hermione.

Lily sonrió aprobadoramente por eso. Y Remus también. A los dos les parecía genial que la niña cumpliera las normas… aunque fuera de vez en cuando.

 Así que, a diferencia de Harry y Ron, ella no se quejó ni hizo muecas ante la perspectiva de perderse la fiesta de Halloween. Aunque en el fondo, también lamentaba haberse comprometido con Nick Casi-Decapitado.

Oyeron como, ya entrada la noche, los muchachos se dirigían hacia las mazmorras. Al parecer, cuando llegaron, se sintió un ambiente muy frío.

…se oyó un sonido como si mil uñas arañasen una pizarra.

— ¿Se supone que eso es música? —inquirió Sirius alzando las cejas.

—Es un cumpleaños de muerte—le recordó Remus—Tiene lógica que el ambiente sea deprimente…

—Queridos amigos —dijo Nick con tristeza—, bien­venidos, bienvenidos... Os agradezco que hayan venido...

—Esto va a ser aburrido—se quejó Sirius.

—Lo que sucede es que tu consideras aburrido todo lo que no tenga que ver con comida, acción o quidditch—repuso Lily exasperada.

—Sirius tiene razón—intervino James tímidamente, observando de reojo a su esposa—Esto suena algo aburrido…

—Mejor cállate y sigue leyendo, Potter—gruñó Lily fulminando a su esposo con la mirada— ¡Y ni se te ocurra abrir la boca, Black! —añadió rápidamente al darse cuenta de que Sirius se disponía a seguir hablando.

—¿Damos una vuelta? —propuso Harry, con la inten­ción de calentarse los pies.

Oyeron como caminaban por todas direcciones, tratando de entrar en calor.

—Oh, no —dijo Hermione, parándose de repente—. Vol­vamos, volvamos, no quiero hablar con Myrtle la Llorona.

— ¿Myrtle la Llorona? —repitió Marlene con disgusto. Una ola de recuerdos la invadieron, y no eran memorias muy agradables.

— ¿Quién es ella? —inquirió Edgar.

— Es una fantasma que se encuentra en los baños —aclaró Alice —Y siempre está llorando.

— O quejándose—añadió Lily mientras ponía los ojos en blanco.

— O las dos cosas — Finalizó Marlene.

Al escuchar ese nombre, Lily también paró en seco y giró bruscamente la cabeza. Myrtle la Llorona era la última persona con la que ella deseaba hablar en aquel momento.

—Algo completamente razonable —asintió Alice—Es francamente molesto cuando llora por cualquier cosa que le dices…

—Ronda siempre los lavabos de chicas del segundo piso —dijo Hermione.

—Aunque sería más apropiado decir que prácticamente los ha convertido en una alberca temporal—añadió Lily haciendo una mueca.

Eso era completamente verdad, y todas las chicas de la habitación lo sabían. Escucharon como los cuatro niños seguían caminando y se encontraban con una mesa que aparentemente tenía comida.

Todo parecía haber mejorado un poco, cuando todos notaron que era comida… podrida.

—¿Esa es su manera de comer? —inquirió Remus, algo interesado—Quizá le encuentran sabor de ese modo…

— ¿Le encuentras el sabor de esa manera? — pregun­tó Harry.

—No me importa si sienten el sabor de la comida así—dijo Sirius haciendo una mueca—A mi me parece asqueroso.

—Casi —contestó con tristeza el fantasma, y se alejó sin rumbo.

Un momento después, cuando los niños siguieron caminando, escucharon como se encontraban con alguien, que sin duda era  un imán para los problemas.

—Hola, Peeves —dijo Harry, con precaución.

—Genial—bufó Lily—Lo que faltaba para hacer más  agradable la reunión : Peeves.

—Os he oído hablar de la pobre Myrtle —dijo Peeves, moviendo los ojos—. No has sido muy amable con la pobre Myrtle. —Tomó aliento y gritó—: ¡EH! ¡MYRTLE!

— ¡Oh, no! —mustió Marlene mientras hacía una mueca de desagrado.

—¿Tan mala es? —preguntó Fabián alzando las cejas.

—Ni te lo imaginas—contestó, para sorpresa de casi toda la Sala, Sirius.

—Y ¿Cómo sabes tú eso? —inquirió Gideon, lo que provocó las risas de James y Remus.

—Una vez Myrtle persiguió a Sirius durante una semana completa—explicó James, sonriendo ante el recuerdo.

—Lo que sucedió es que la ex novia de Sirius en ese entonces, estaba resentida porque él la había dejado—añadió Remus, riendo complacido ante la mirada asesina que Sirius le estaba dirigiendo—Y en venganza, le dijo a Myrtle que Sirius estaba enamorado de ella…

—Y ya te imaginarás lo que pasó cuando Sirius la sacó del error—finalizó James, estremeciéndose ligeramente.

—Será mejor que sigamos leyendo—gruñó Sirius, fulminando a sus dos amigos, y poniendo una mueca de fastidio ante las risas de varios de los presentes.

—¡No! —exclamó Lily haciendo un esfuerzo para que  no se escuchara mucho—Oh, vamos Peeves, no le digas nada…

—Eso no funcionará—afirmó Alice con  compasión— Peeves la llamará de cualquier forma.

Hasta ellos se había deslizado el fantasma de una chica rechoncha. Tenía la cara más triste que cualquiera de los chicos hubiera visto nunca, medio oculta por un pelo lacio y basto y unas gruesas gafas.

Sirius no pudo evitar un escalofrío ante la descripción de la fantasma. Merlín sabía que aquella semana había resultado traumática para él.

—¡No, Myrtle, tu y yo no podemos ser nada! —había gritado por enésima vez, tratando de alejarse de la fantasma— ¡Lo siento, pero tu no me interesas!

—¡Pero Sirius! ¡Amely me dijo que tú estabas enamorado de mí! —le había respondido la fantasma, de nuevo— ¡No seas tímido y acéptalo! —las lágrimas comenzaron a caerle por el rostro*—¡SIRIUS! ¡Regresa aquí!*—exclamó, como histérica, al notar que el merodeador había salido corriendo.**

De pronto, el joven mago notó que James había continuado leyendo, y escuchaba algo sobre que Peeves estaba siendo malo con la fantasma.

—Ahora mismo la señorita Granger estaba hablando de ti —dijo Peeves a Myrtle al oído, maliciosamente. —Al igual que la señorita Potter…

—Chismoso —gruñó Alice con resentimiento, para diversión de su esposo, que la observaba con adoración en los ojos.

—¿Creen que no sé cómo me llama la gente a mis espaldas? —dijo Myrtle entre sollozos—¡Myrtle la gorda! ¡Myrtle la fea! ¡Myrtle la desgraciada, la llorona, la triste!

—Pobre—comentó Lily con tristeza—Al principio uno intenta acercarse a ella, pero luego te das cuenta de que entre más sea la distancia, mejor.

Nadie pudo rebatir eso, era completamente verdad.

—Se te ha olvidado «la granos» —dijo Peeves al oído.

Myrtle la Lloronaestalló en sollozos angustiados y sa­lió de la mazmorra corriendo.

—Peeves es muy cruel—comentó Molly con desagrado—No debería molestarla de esa forma… ¡Después de todo es una niña!

Siguieron escuchando cómo Harry, Ron, Lily y Hermione caminaban, y se encontraban con Nick Casi Decapitado, y con un fantasma llamado Patrick, que era el líder de aquél Club de Cazadores sin Cabeza, a quien le afirmaron que Nick era terrorífico.

Un momento después escucharon como los cuatro niños perdían la paciencia.

—Vámonos —dijo Harry.

—¡Al fin! —suspiró Sirius— Esto ya me estaba llevando al límite del aburrimiento…

Y, con muchos contentos, todos pusieron atención ante James, que leía alegremente como los niños salían y se dirigían a las escaleras que estaban en el vestíbulo.

Y entonces Harry y Lily lo oyeron.

—...         Desgarrar... Despedazar... Matar...

Todos volvieron a tensarse de nuevo.

—La voz otra vez—murmuró Remus en un susurro. Pero, ¿Qué era aquello?

Nadie comprendía qué era lo que estaba sucediendo.

— ¡Escuchen! —dijo Harry, y Ron y Hermione se queda­ron inmóviles, mirándole a él y a su hermana, que seguía sin decir nada.

—Ron y Hermione tampoco lo escuchan—murmuró Frank—No lo comprendo…

—... matar... Es la hora de matar...

—El que los chicos escuchen eso, me da miedo—mustió Lily con un hilo de voz—Me asusta que nadie más lo oiga…

Y no era la única. Todos estaban ansiosos por lo que la voz decía.

—Harry—susurró Lily asustada, observando en la misma dirección que su hermano—Arriba… se dirige hacia arriba…

Escucharon, aterrorizados, como Harry salía corriendo disparado.

Lily salió disparada inmediatamente tras él. Esa voz hacía que le recorrieran por todo el cuerpo miles de escalofríos.

—¡Será mejor que no lo sigan! —Exclamó Molly asustada, después de escuchar que los cuatro muchachos iban corriendo—¡Váyanse a un lugar seguro, donde hayan profesores, o más gente!

No pararon hasta que dobla­ron la esquina del último corredor, también desierto.

—Ha parado—jadeó Lily sin aliento—Ya no escucho nada…

—¡Vayan a la sala común! —suplicó Lily, aferrándose a la mano de su esposo— ¡O al Gran Comedor!  ¡Salgan de allí, puede ocurrir algo malo!

Tenía un mal presentimiento. Aquello no era normal.

—Lily, ¿qué pasaba? —le preguntó Ron, secándose el sudor de la cara. —Yo no oí nada...

¿Por qué Ron y Hermione no escuchaban nada? ¿A quién pertenecía aquella horrible voz?

Pero Hermione dio de repente un grito, y seña­ló al corredor.

Todos saltaron, alarmados. ¿Habría aparecido el dueño o dueña de la extraña voz? ¿Qué era lo que estaba sucediendo?

—¡Miren!

En el espacio entre dos ventanas, brillando a la luz que arrojaban las antorchas, había en el muro unas pa­labras pintadas de más de un palmo de altura.

LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA.

TEMED, ENEMIGOS DEL HEREDERO.

Todos palidecieron notablemente. Pero ninguno tanto como Hagrid, que en aquel momento estaba dando la impresión de que iba a desmayarse en cualquier momento.

— ¿La Cámara existe de verdad? —Susurró Sirius después de unos minutos de silencio—¿No era solo un mito…?

—Me temo, señor Black—respondió el profesor Dumbledore—Que la Cámara existe, y por el título del libro…supongo que tiene mucha importancia lo que sea que suceda a continuación. Lo único que podemos hacer, es seguir leyendo.

—¿Qué es lo que cuelga ahí debajo? —preguntó Ron, con un leve temblor en la voz.

Escucharon como los cuatro niños se acercaban al lugar señalado por Ron, y casi al instante, como retrocedían horrorizados.

La Señora Norris, estaba colgada por la cola en una argolla de las que se usaban para sujetar antorchas.  Estaba rígida como una tabla, con los ojos abier­tos y fijos.

—¡Por Merlín! —exclamó McGonagall con la voz temblorosa.

Todos abrieron desmesuradamente los ojos, sin comprender qué era lo que había sucedido. Lo único que tenían seguro, era que la Cámara de los Secretos había sido abierta, y eso significaba un peligro inminente.

 Luego dijo Ron:

—Vámonos de aquí.

—Eso será lo mejor—murmuró Lily con los nervios de punta—Váyanse rápido de allí…

La criatura que le había hecho aquello a la gata podría regresar en cualquier momento, y eso no era bueno.

—No deberíamos intentar... —comenzó a decir Harry, sin encontrar las palabras.

—Harry, váyanse—suplicó Lily, con la voz temblorosa— Por favor, váyanse de allí.

—Ron, puede que esté sufriendo…—murmuró Lily  con la vista fija en dirección a la gata—No podemos dejarla…

—Es mejor que se vayan, Lily—dijo Remus negando con la cabeza—Antes de que alguien los encuentre…

—Sí, sí podemos, Lily—la contradijo Ron con urgencia—Yo sé lo que digo, vámonos…

Pero era demasiado tarde

Todos comprendieron lo que había sucedido en ese momento. James leyó, aparentemente muy apesadumbrado, que todos los alumnos que estaban saliendo del gran comedor, se encontraban con Harry, Lily, Hermione y Ron.

Todos parecían pasmados y estupefactos.  Y, por supuesto, no era para menos.

Luego, alguien gritó en medio del silencio:

— ¡Temed, enemigos del heredero! ¡Los próximos serán los sangre sucia!

Era Draco Malfoy.

—Idiota—gruñeron Sirius y James. ¿Qué no se daba cuenta de la gravedad de aquella situación? ¿No lo entendía? ¿A caso era tan imbécil?

Claro, pensaron los dos con amargura, seguramente él debía estar feliz de que los hijos de muggles se vieran amenazados.