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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 22

—Bien, así termina ese capítulo—declaró McGonagall, con un tono de voz ligeramente áspero.

—No puedo creer que el idiota de Malfoy haya hecho que usted se fuera, profesor—murmuró Sirius, enfadado— ¡Ese imbécil tendrá la culpa si algo malo sucede!

—Confío en que no suceda nada que tengamos que lamentar—dijo Dumbledore, en sus ojos brillaba un ligero brillo de enfado, que no se notó—. Pero si, por algún azar del destino, ocurriera algo, tenemos que recordar que se nos está dando la oportunidad de cambiarlo.

Aquella idea no era un gran consuelo, pero era un consuelo, a fin de cuentas.

—Mi turno de leer—informó Moody, con aparente tranquilidad—. Este capítulo se llama "Aragog".

— ¿Tu acromántula mascota? —inquirió Lily un poco nerviosa, dirigiéndose a Hagrid— Bueno… Supongo que en este capítulo los chicos se enterarán de que eres inocente—el semigigante sonrió un poco—. Oye, solo para extremar precauciones, tu amiga gigante no es peligrosa, ¿verdad?

— ¿Peligrosa? —Se extrañó el guardabosques— ¡Oh, no, claro que no! ¡Aragog es fantástica!

—Define, "fantástica" , Hagrid—pidió Molly, preocupada. No era que ella no confiara en el criterio del hombre, pero sabía que tenían ideas muy diferentes en lo que a criaturas peligrosas se refería.

Hagrid se limitó a encogerse de hombros, y todos comenzaron a escuchar.

Lo primero que Moody leyó, no fue del agrado de nadie. Aparentemente, en el castillo habría un aire de temor por todos lados. Ya no quedaba casi ninguna araña, por lo que las instrucciones que Hagrid les había dejado a Harry, Lily y Ron no servían de mucho. Y para terminar de barrer el suelo con el ánimo de los presentes, oyeron como Malfoy halagaba a Snape en todo momento durante una clase de pociones, y le sugería que solicitara el puesto de director.

—¡Ja! —se burló Sirius, negando con la cabeza— Snape de director, si claro. Entonces yo sustituiré a Filch como conserje…—puso los ojos en blanco—. ¡No cabe duda de que tanto padre, como hijo son completamente estúpidos!

—Completamente de acuerdo contigo, Canuto—le apoyó James, frunciendo el entrecejo—. Alguien debería de golpear a Malfoy para que cierre la boca.

—Me sorprende que los sangre sucia no hayan hecho ya todos el equipaje—dijo Malfoy—. Apuesto cinco galeo­nes a que el próximo muere. Qué pena que no sea Granger...

— ¡Maldito, puerco desgraciado! —Exclamó Alice furiosa— ¿Cómo puede ser que aún le desee la muerte a alguien!

— ¡Merlín! ¿Qué clase de persona le desea algo así a una compañera? —se escandalizó McGonagall, horrorizada.

—Idiota, malnacido, asqueroso…

— ¡Todo esto es culpa de sus padres! —Exclamó Molly, negando con la cabeza— ¡Ellos le inculcaron este tipo de ideas tan… repugnantes!

—Infeliz, y desagradable imbécil de pacotilla…

—Me da mucha tristeza que un ese muchacho piense así…—susurró Lily, con demasiada indignación dentro como para poder expresarla en forma de insultos, cosa que estaban haciendo Sirius y James.

Lily escuchó que la campana sonaba en aquél momento, y fue algo bueno, porque Ron trató abalanzarse sobre Malfoy.

— ¡Ron! —Exclamó Molly, enfadada— ¡Esa no es la forma!

Sin embargo, ni Arthur, ni James, ni Sirius, ni Frank, ni Edgar parecían ser de la misma opinión de la pelirroja.

—Déjenme —protestó Ron cuando lo sujetaron entre Harry y Dean—. No me preocupa, no necesito mi varita má­gica, lo voy a matar con las manos...

**— ¡Hazlo Ron! —exclamaron muchos en aquél momento, principalmente los hombres.**Pero a pesar de que pudieron retener a Ron, no pudieron imperdir que Lily sacara la varita y apuntara al cuello de Malfoy.

—Espero que le eche una maldición…

— ¡James! —Se escandalizó Lily— La violencia no es un recurso para poner en su lugar a ese chico—le dirigió una mirada severa a su esposo—. Sé que Malfoy se lo merece, pero no quiero que Ariana se meta en problemas.

—Mira, pedazo asqueroso de idiota—le amenzaó, con la furia reluciéndole en os ojos— vuelve a decir algo como eso, y terminarás en la enfermería.

Esta vez James no dijo nada para no molestar a su esposa, pero sonrió. Y no fue el único. Sirius también una sonrisa se formó en su rostro al escuchar que la pequeña estaba amenazando al idiota de Malfoy.

Lily suspiró hondo, pero también de manera entrecortada, y luego se dio la vuelta para recoger sus cosas. No, Malfoy no valía la pena.

Ahora fue el turno de Lily de sonreír. El que su hija se mostrara sensata en situaciones como aquellas le tranquilizaba un poco. Había comenzado a pensar que había heredado la parte impulsiva de James…—¿Ah, si?—inquirió Malfoy con aire burlón, una vez que Lily había comenzado a ir directo a su lugar— ¿Y quién va a impedirme que siga hablando de sangre sucia de Granger, Potter? ¿Tú?

Harry estuvo a punto de intervenir, al igual que Ron, pero los dos se quedaron pasmados en el momento en el que Lily, aparentemente olvidando que podía usar la magia, se volvía rápidamente y se abalanzaba sobre Malfoy, dándole un puñetazo en medio del rostro, lo  suficientemente fuerte para que el muchacho aullara de dolor.

Aquello fue inesperado.

—No te enfades, pelirroja—dijo Sirius, mientras su sonrisa aumentaba considerablemente—, pero no puedes negar que eso… ¡Eso fue genial! —explotó en una sonora carcajada— ¡Increíble!

A aquella carcajada se le había sumado James, sin poder evitarlo.

— ¡Bien hecho, hija! —Pensó, tratando de no incomodar a su esposa— ¡Eso estuvo muy bien!

—¡TE DIJE QUE TE CALLARAS, MALFOY!—Gritó Lily fuera de sí, mientras Ron y Harry se apresuraban a retenerla por los brazos. Aparentemente, quería tirársele encima al rubio— ¡Suéltenme! ¡Suéltenme!!

Remus se había quedado temporalmente estupefacto. En aquél momento su ahijada aparentemente estaba sacando todo lo "Potter" que tenía en las venas.

Lily también estaba sorprendida. Nunca hubiera pensado que su hija pudiera perder el control de esa forma… Aunque, claro, Malfoy se lo merecía.

Por otra parte, el lado menos maduro del grupo, (entiéndase James, Sirius, Gideon y Fabian), estaban prácticamente encantados con la actuación de la pequeña Lily. Y no paraban de reír, emocionados.

—¿Qué está sucediendo aquí?—El profesor Snape, seguramente atraído por las exclamaciones de dolor de Malfoy y por los gritos de furia de Lily se había hecho presente en medio del resto de todos los estudiantes que contemplaban atónitos la escena.

Eso paró la diversión.

—Quejicus—gruñó James, pensando que seguramente él encontraría una forma de hacer que se enfadara.

— ¡Auch! ¡Potter me ha roto la nariz, profesor!— Exclamó Malfoy, aún con las dos manos cubriéndose el rostro— ¡Se ha abalanzado sobre mí y me ha golpeado!

— ¡Maldito cobarde! —estalló Sirius— Si claro, ella te ha golpeado, pero tú no dices que le deseaste la muerte a Hermione, ¿no?

—¡Y todavía no te he hecho suficiente!—exclamó Lily, tratando de nuevo de zafarse de su hermano y de Ron— ¡Suéltenme ya!

—Malfoy, vaya a la enfermería—dijo Snape inexpresivamente— Potter, espéreme aquí— Lily asintió con la cabeza, sin dejar de mirar con odio a Malfoy—, los demás, ¿qué están esperando? Los llevaré a Herbología.

Aparentemente, eso no iba a complicarse. Todos se tensaron un poco. ¿Qué querría decirle Snape a Lily? ¿La regañaría?

Finalmente, escucharon como la niña se quedaba en el aula, mientras Snape se llevaba a todos los demás. Pasaron unos momentos, y luego el profesor de Pociones volvió.

—¿Qué se supone que estabas haciendo, Lily?—le preguntó Severus frunciendo el entrecejo— ¿Por qué golpeaste a Malfoy?

—Porque es un maldito enfermo que tiene que aprender a respetar a las personas. —Esa pregunta no fue para ti, Canuto… — ¡Oh, vamos Remus! Sabes que es verdad. Es un completo idiota.

—Si pretendes que me disculpe con él, estás perdiendo tu tiempo, Severus—suspiró Lily, empleando un tono de voz educado, para luego sonreír burlonamente—¿Me vas a regañar?

—Solo quiero que me digas por qué lo golpeaste, Lily—repitió él, mientras se dirigía a su escritorio y se sentaba—. Por cierto, sí le rompiste la nariz—la niña sonrió satisfecha por eso—. ¿Vas a decirme ya?

—Si no vas a reprenderme—murmuró Lily, mientras se sentaba también— entonces, ¿por qué sigo aquí? No voy a decirte el por qué de lo que Malfoy considera que son mis instintos asesinos—se encogió de hombros—, confórmate con saber que me sacó de mis casillas.

—No debes permitir que la tristeza que sientes por lo que le sucedió a Granger te haga cometer este tipo de cosas, tienes que dominar tus sentimientos. Lily se quedó pasmada durante unos segundos. ¿Cómo demonios se había enterado...? Suspiró, ya le preguntaría más tarde. —Para ti es muy fácil decirlo—repuso ella en voz baja—. Es mi mejor amiga, Severus—levantó la mirada y se encontró con un par de ojos negros—. No puedo evitarlo. Sé que Malfoy te agrada—hizo una mueca despectiva— y no puedo hacer contra eso, pero no me pidas que me quede tranquila escuchándolo cada vez  que diga algo que me moleste. —Lo único que tienes que hacer, es disciplinar tus emociones—volvió a decir Snape seriamente—. Sabes que no voy a regañarte— Lily sonrió, imaginándose lo divertido que sería si sí lo hiciera—. Ahora levántate, te acompañaré a Herbología.

Lily obedeció, y siguió al hombre hasta la puerta del aula.

—Por cierto—comentó la niña, mientras caminaban— ¿Cómo supiste por qué golpeé a tu querido Malfoy?—Magia—admitió—. Eres francamente testaruda—sacudió levemente la cabeza—. En las distintas ramas que posee la magia, se encuentra la habilidad de descifrar los pensamientos de las personas.

—¿Algo como leer la mente?—preguntó Lily emocionada con la idea.

—Descifrar los pensamientos, Lily—puntualizó Severus—. Los pensamientos no pueden leerse. —La niña no comprendió del todo aquello, pero antes de que pudiera seguir preguntando, ya habían llegado a los invernaderos.

—Nos vemos más tarde, Severus—se despidió ella, dedicándole una sonrisa a su profesor, y entrando a clase. 

Lily esaba… contenta en ese momento. Sí, contenta de que al menos su hija tuviera una buena relación con el que una vez había sido su mejor amigo.

Por otra parte, James y Sirius estaban incómodos. Ninguno de los dos estaba disfrutando de aquella parte del libro. Tanto era así, que los dos se habían quedado inusualmente callados.

James no quería escuchar de la… amistad, que existía entre su hija y Snape. Simplemente le parecía una aberración que aquello sucediera.

Sirius estaba simplemente en contra de aquello. No podía imaginarse a la pequeña sonriendo, conversando, o llevándose bien con Snape. Era una imagen mental bastante molesta.

Afortunadamente para los dos merodeadores, escucharon pronto cómo Lily entraba a clase de Herbología y se encontraba con Ron y con Harry, quienes obviamente le hicieron preguntas sobre cómo le había ido con Snape.

Lily sonrió al escuchar el momento en el que su hija respondía. "Me fue bien, no me regañó, al menos".

Sin embargo, hubieron dos sucesos realmente importantes en esa clase: el primero, fue que Ernie Mcmillan, aquél chico al que Sirius tenía clasificado en la categoría de "idiota" les ofreció una disculpa a los hermanos. Asegurándoles que estaba seguro de que ellos jamás le habrían hecho daño a Hermione.

—¡A buena hora! —Exclamó Sirius, que aún no había perdonado al muchacho del todo— Es genial que se haya dado cuenta de lo tonto que fue…

—Trata de comprenderlo, Sirius—rió Alice, pero al ver la cara que ponía el mencionado, añadió—: No digo que no haya sido un tonto, sin duda lo fue, pero después de todo, simplemente es un niño y estaba asustado.

Después, escucharon el segundo suceso importante: arañas. Habían varias arañas caminando en dirección al Bosque Prohibido.

—¡Genial! —murmuró James en voz alta, emocionado con el recuerdo del lugar.

—No tiene nada de genial, James—le contradijo Molly nerviosa—. Ron teme a las arañas, y ¡quién sabe con qué puedan encontrarse en ese lugar!

—No te preocupes, cariño—la tranquilizó Arthur—, verás que no pasa nada malo.

El sentimiento de nerviosismo acompañó a Molly durante todo el tiempo que Moody leyó como, ayudados por la capa invisible, y llevando a Fang con ellos, Harry, Lily y Ron se internaban en el Bosque, persiguiendo a las arañas, ya bastante tiempo después de que salieron de clases.

Entonces, ocurrió algo que le levantó los ánimos a muchos en la sala.

— ¡Así que el auto-perro volador se internó en el bosque! —Rió Fabian— ¡Y además se ha vuelto salvaje!

—¡Y creíamos que era un monstruo que nos iba a ata­car! —dijo Ron, dándole unas palmadas—. ¡Me preguntaba a dónde habría ido!

—Le tengo mucho cariño a ese auto…—comentó Arthur sonriendo.

—Pues yo no—gruñó Molly, mientras rodaba los ojos—. Todavía recuerdo que casi se matan volando en el.

Aparentemente, los muchachos habían perdido el rastro de las arañas.

—Al parecer aún funciona—comentó Lily, observando el auto, mientras escuchaba como Harry buscaba alguna araña—, ¿crees que podríamos sacarlo de aquí, Ron? —Esperó, pero el pelirrojo no le contestó— ¿Ron? —Nada de nuevo— ¿Por qué no me contestas? —quiso saber, mientras se volteaba, pero en un segundo la esa pregunta se hizo completamente innecesaria.

Algunos se tensaron ante esa revelación, y por supuesto, un segundo después toda la sala comprendió qué era lo que le estaba sucediendo al pelirrojo.

— ¡Acromántulas! —Exclamó Molly nerviosa— ¡Oh, Merlín…!

Todos comprendieron perfectamente buen aquella reacción, ya que Moody acababa de revelar que aquellas arañas enormes habían cogido a los tres muchachos y habían comenzado a llevar quién sabe dónde.

—Esas criaturas suenan aterradoras, Hagrid—comentó Lily, que parecía mareada y nerviosa en partes iguales—, ¿cómo fue que conseguiste hacerte amigo de uno… de ellos?

—Ehh… bueno, no estoy seguro—confesó el semigigante—. Simplemente nos llevamos bien.

—No van a lastimar a los niños, ¿verdad? —susurró Alice, que estaba comenzando a entender por qué Ron odiaba a las arañas.

—No lo creo—afirmó Hagrid—, yo he ido allí muchas veces y nunca me han lastimado.

Finalmente, oyeron como las enormes arañas llevaban a los tres chicos y al perro frente al que todos reconocieron como Aragog.

James no podía creer que, después de tanto tiempo de haber estado corriendo libremente por el bosque, junto con Remus, Sirius y Peter, jamás se hubieran dado cuenta de que esas criaturas también estaban allí.

Sin embargo, dejó de preguntarse eso en el momento en el que la lectura llegó a un punto donde la acromántula amiga de Hagrid se enteraba que ninguno de los niños que tenía enfrente era el guardabosques.

—Mátenlos —ordenó con fastidio—. Estaba dur­miendo...

— ¡¿Cómo que "mátenlos" ?! —gritó Molly horrorizada.

— ¡Dijiste que no les harían daño Hagrid! —exclamó Lily extremadamente alterada.

El semigigante no supo que contestar, no comprendía por qué su amiga acromántula había ordenado eso.

Lily palideció. ¿Matarlos? Escuchó aterrorizada como Harry trataba de arreglar la situación, asegurándole a la descomunal araña que ellos eran amigos de Hagrid, y que él estaba metido en un enorme problema.

—Cuando la acromántula dijo "mátenlos" , ¿estaba diciéndole a sus hijos que se los comieran…?

— ¡Cállate Sirius! —gritaron Lily, Molly, Remus y James al unísono. Este último le había dado un golpe en la nuca.

—Eres un completo insensible  inoportuno, Canuto—le susurró Remus, negando con la cabeza, mientras miraba a su amigo con exasperación.

Sin embargo, un momento después, todos dejaron de prestarle atención a los merodeadores para centrarse en la lectura.

Aragog estaba dando información muy importante. Por el momento, al menos les había dejado claro a los chicos que Hagrid no había abierto nunca la Cámara que contenía el monstruo, y también que la niña que había muerto fue asesinada en el baño.

—Lo que habita en el castillo —dijo Aragog— es una antigua criatura a la que las arañas tememos más que a ninguna otra cosa. Recuerdo que le rogué a Hagrid que me dejara marchar cuando me di cuenta de que la bestia rondaba por el castillo.

—¿Qué podría ser tan temible para asustar a arañas que poseen el tamaño de caballos? —murmuró Alice asustada—. Tendría que ser algo… horripilante.

—Y también muy grande en lo que se refiere a tamaño—puntualizó Frank, con el entrecejo fruncido—,  y eso nos lleva de nuevo a lo que ya habíamos hablado. ¿Cómo es que nadie lo ha detectado?

—Solo espero que esto se solucione rápido—suspiró Lily, cansada. No veía la hora de que alguien, de preferencia Dumbledore, se enterara de cómo acabar con el monstruo.

—¿Qué es? —dijo Harry.

—¡No hablamos de eso! —dijo Aragog—. ¡No lo nombramos! Ni siquiera a Hagrid le dije nunca el nombre de esa horrible criatura, aunque me preguntó varias veces.

—Es una lástima que no hayas conseguido sacarle algo, Hagrid—comentó Sirius, ligeramente desanimado—. Si al menos supiéramos qué tipo de serpiente es…

Lily notó que la araña ya no diría nada más, y seguramente su hermano también lo hizo. Veía asustada a todos lados, pero no conseguía ver un solo lugar donde no hubieran arañas enormes. Cada vez se acercaban más. Atemorizada, la niña se aferró al brazo de alguien. No supo si era Harry o Ron, pero apretó con todas sus fuerzas.

—Ahora que saben que son tus amigos, no van a hacerles daño, ¿verdad? —susurró Marlene, dirigiéndose a Hagrid.

Todos voltearon a ver al semigigante, y lo único que comprobaron era que parecía muy nervioso.

—En ese caso, ya nos vamos —dijo Harry desesperada­mente.

—Sí, ya se van, ya se van, ya se van…—susurró Lily para sí misma, tratando de convencerse de que las arañas los dejarían ir.

—¿Irse? —dijo Aragog despacio—. Creo que no...

—Por favor—suplicó Molly, que parecía a punto de desmayarse—, alguien dígame que no escuché eso.

Lily parecía incapaz de hablar. Simplemente había abierto mucho los ojos, completamente asustada, mientras apretaba con demasiada fuerza la mano de su esposo.

—Tienen que salir de allí—dijo, con voz débil, para luego comenzar a ponerse histérica— ¡Tiene que salir de allí! ¡Oh, Merlín! ¡Alguien tiene que sacarlos, o tienen que correr!

Molly no tardó ni un segundo en unirse a las exclamaciones desesperadas de aquella pelirroja. Las dos estaban alcanzando la cima de los nervios, y nadie las culpaba por eso.

—Pelirroja, mira, si no te calmas puede hacerte daño…

— ¡Cállate Sirius!

—Solo trato de decirte…

— ¡Cállate, Sirius!

—Pero…

— ¡Maldita sea! Si no te callas voy a echarte una maldición… ¡Mis hijos, y Ron están solos en el maldito bosque a punto de ser usados como comida! ¡No me pidas que me calme!

—Solo trataba de tranquilizarla…—se justificó Canuto entre susurros dirigidos a Remus—. Yo también estoy muy preocupado por los chicos—frunció los labios, nervioso—, pero si Lily no se tranquiliza puede hacerle muy mal…

—Me alegra que comprendas la gravedad del asunto, Sirius—aseguró Remus, que parecía realmente preocupado en aquél momento—, pero será mejor que dejes que James calme a Lily.

Oyeron como Harry, que parecía el único de los tres niños que no había perdido la capacidad de hablar, intentaba encontrar una manera de razonar con la bestia… sin éxito.

Molly estaba a punto de comenzar a sollozar desesperada. ¡No quería que su hijo, y que los amigos de este terminaran siendo comida de acromántula!

Gideon y Fabian trataron de hacerla sentir mejor, lo mismo que Arthur, pero la tensión en el ambiente no cesaba ni un poco.

Al coger su varita, Harry sabía que no le iba a servir, que había demasiadas arañas, pero estaba decidido a hacerles frente, dispuesto a morir luchando.

James no pudo evitar hincharse de orgullo en el momento en el que escuchó esas palabras, a pesar de lo nervioso que estaba. Lo mismo que Sirius. El chico era todo un Gryffindor.

**—**Tomen la varita—susurró Harry, mientras observaba como Lily le obedecía, mientras lo miraba a los ojos. Harry pudo ver el terror reflejado en aquellos ojos tan parecidos a los suyos.

Todos se habían tensado de una manera realmente preocupante. Nadie parecía encontrar una forma en la que los hermanos y Ron consiguieran salir de aquél embrollo, pero nadie podía siquiera imaginarse que se quedaran allí.

Cuando todos estaban a punto de perder la cabeza, al igual que le estaba sucediendo a dos pelirrojas en la habitación, ocurrió algo completamente extraño, pero al mismo tiempo muy oportuno: el coche volador.

— ¡Merlín! —Saltó Gideon pasmado— ¡Ese auto es lo máximo!

— ¡Completamente de acuerdo! —Exclamó Sirius, pasando de la preocupación a la emoción en cuestión de segundos, mientras se imaginaba como los muchachos y el perro se subían apresuradamente en el coche y escapaban a toda velocidad— ¡Ese es un coche de verdad!

—Te prometo que jamás volveré a quejarme de ese auto…—prometió Molly, dirigiéndose a Arthur, ya mucho más tranquila.

—Sirius—llamó Lily, mientras respiraba hondo y cerraba los ojos— perdóname—el merodeador abrió mucho los ojos, sorprendido. No se había esperado eso—. Sé que fui un poco grosera contigo—Lily abrió los ojos, y le sonrió al hombre—, y sé que solo tratabas de hacerme sentir mejor, así que lo siento.

—No te preocupes, pelirroja, no tienes que disculparte. Me alegra que mi encanto te haya hecho sentir mejor…

—El hecho de que te pida disculpas no significa que deje de gritarte o golpearte cada vez que digas algo tonto—le cortó Lily, mientras ponía los ojos en blanco.

Ya bastante más relajados, oyeron como los muchachos y Fang entraban en la cabaña de Hagrid, y cogían la capa invisible.

—Sigan a las arañas —dijo Ron sin fuerzas—. Nunca perdonaré a Hagrid. Estamos vivos de milagro.

—Ron tiene razón—dijo Hagrid abatido—. ¡No sé cómo pude mandarlos solos allí!****—No te tortures, Hagrid—le consoló Edgar—. Tú jamás habrías imaginado que Aragog dejara que sus hijos se alimentaran de los chicos…

Un segundo después, Harry dijo casi la misma frase que había sido pronunciada por Edgar, haciendo sonreír un poco al semigigante.

Mientras James escuchaba como los tres niños volvían a la torre de Gryffindor, no podía evitar sonreír un poco. Quizá había sido algo peligroso el ir de tras de las arañas, pero, después de todo, ¿qué era la vida sin un poco de riesgo? ¡Había sido una enorme aventura!

Sin embargo, sus pensamientos quedarían en secreto, ya que si Lily se enteraba, seguramente le culparía por cualquier cosa riesgosa que sus hijos hicieran…

—Nunca, jamás, volveré a ver a las arañas de la misma manera—dijo Lily, una vez que llegaron a la sala común de Gryffindor—. Nos vemos mañana, chicos.

Y, sin esperar más, subió a su dormitorio. Cuando entró, sintió un horrible nudo en la garganta cuando notó la cama de Hermione vacía.

— ¿Qué hubieras dicho si hubieras estado con nosotros hoy? —Preguntó en voz alta, mirando a la almohada que reposaba sobre la cama de su amiga—. Seguramente nos hubieras advertido que esas cosas podían comernos, o que hubiera sido mejor encontrar una manera de ir de día…

Se sentó en su cama.

—No sabes cuánto te extraño, Hermione—suspiró, mientras se ponía el pijama—, no es lo mismo estar aquí sin ti—luego sonrió para sí misma—. Tu ausencia me afecta, ¿sabes? —Continuó— Ahora en vez de charlar contigo, estoy hablando sola con la almohada**—**soltó un bufido y luego sacudió la cabeza—. Será mejor que me duerma antes de que termine contándole a tu cama cómo nos fue…

Lily sintió compasión por su hija en ese momento. No podía imaginarse lo duro que era para ella estar sola en su habitación, sabiendo que su amiga estaba petrificada.

—Todo va estar bien, Ariana—prometió la mujer entre susurros, mientras acariciaba su vientre—. Verás que regresará más pronto de lo que te imaginas.

Un segundo después, la escena cambió y todos se encontraron escuchando como Harry reflexionaba, en su cama, sobre lo que habían averiguado.

—No descubrieron nada trascendental…—opinó Gideon, mientras examinaba todo lo que la araña había dicho—. Quiero decir, nosotros ya sabíamos que Hagrid era inocente, y también que la niña muerta fue Myrtle…

— ¡Eso es! —Le interrumpió Remus, cayendo en cuenta de algo—, ellos solo saben que la niña murió en el baño, no saben quién es, pero si se enteran, entonces ellos podrían…

—…Descubrir qué es el monstruo—lo complementó Lily, abriendo los ojos sorprendida—, Myrtle fue asesinada por él, seguramente ella sí lo vio y puede decir qué es…

Todos se miraron emocionados. Si Harry, Lily o Ron llegaban a comprender aquello, sabrían qué es el monstruo, y podrían decírselo a alguien. Como Dumbledore no estaba en el castillo, entonces la persona indicada para conocer lo que se había descubierto.

Un momento después, haciendo que los presentes sonrieran emocionados, oyeron como Harry lo comprendía todo.

—Ron: la chica que murió. Aragog dijo que fue hallada en unos aseos —dijo Harry—. ¿Y si no hubiera abando­nado nunca los aseos? ¿Y si todavía estuviera allí?

— ¡Muy bien, Harry! —Susurró Lily orgullosa de su hijo— ¡Muy bien!

— ¡Ya lo sabe! —Exclamó James contento— ¡Ahora solo tienen que ir, y decírselo a McGonagall!

La profesora sonrió un poco al escuchar las palabras de su ex alumno.

Ron se frotó los ojos y arrugó la frente.

— ¿No pensarás... en Myrtle la Llorona?

Parecía que, después de todo, no había sido mala idea que los muchachos recurrieran a Aragog.

¡Nuevo capítulo! :D ¡Hola! ¿Qué tal están, apreciables y estimadísimos lectores? :) Espero que bien y que hayan disfrutado leyendo esto.

Lo único que tengo que decir, es que cuando Lily A. le da un puñetazo a Malfoy fue algo completamente improvisado, no tenía planeado hacerlo. Simplemente quería que Lily A. y Severus tuvieran una conversación, y pensé que esta era una buena forma de inducirla.

Otra cosa: sé que este es un poco corto, ya que solo tiene un cap. del libro original, pero quiero que los dos capítulos que siguen del libro de J.K. estén juntos, ya verán por qué :D Ah, y por cierto, hablando de capítulos, ¡quedan dos actualizaciónes para que comenzemos con el Prisonero de Azkaban! Gritos emocionados

¿Serían tan amables y lindos de dejarme sus hermosos comentarios?

¡Por cierto, este capítulo va dedicado a medina ! ¿Quién es y porqué le dedico el capítulo? Es una nueva lectora que me sacó una sonrisa cuando me hizo una pregunta sobre la historia en uno de sus comentarios. Hoy estaba con un poco de malhumor, y leer eso me animó. ¡Gracias! Y también va para todos los que comentaron en el capítulo anterior. Después de tanto tiempo, leer y responder sus comentarios me hizo realmente feliz.

Y, una última cosa, solo para aclarar: Snape y Lily A. son solo amigos . Lily ve a Severus como un amigo, y él la ve a ella de la misma forma. Snape siempre estará enamorado de Lily (mamá) hasta el día de su muerte.

¡Nos leemos pronto! ¡Travesura Realizada!