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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 23
—El capítulo terminó—anunció Moody de una manera que para todos ya se había vuelto realmente familiar.
— ¡Uf! —Suspiró Molly—. Después de esto no puedo culpar a Ron por su temor a las arañas.
—A pesar de que no fue mi capítulo favorito, no puedo negar que consiguieron bastante información—admitió Lily—. Ahora el único problema será que encuentren una manera de ir a los baños para hablar con Myrtle.
—Después de haberse escapado durante la noche para hacerle una visita a nuestra amiga araña, dudo mucho que les cueste ir a un simple baño—comentó Sirius animado—. ¡Estoy seguro de que conseguirán saber todo rápido.
—Me toca leer—declaró Hagrid, mientras tomaba el libro—. Este capítulo se llama… ¡Oh! Se llama "La Cámara de los Secretos"
—No puedo creerlo—dijo Lily pasmada—, esto quiere decir que lo descubrieron, pero que también…—se estremeció— también….
—También entraron en ella—finalizó Remus, sorprendido—. No pensé que esto ocurriera…
—Sería mejor que comenzáramos a leer—les interrumpió James, algo nervioso por la salud de su esposa—. No necesariamente tienen que haber entrado a ella—añadió, poco convencido—, quizá simplemente descubrieron dónde está...
— ¿Myrtle? —dijo Lily sorprendida— ¿Myrtle la Llorona?
Estaba con Harry y Ron en el Gran Comedor, escuchando perpleja lo que habían descubierto.
—Con la cantidad de veces que hemos estado cerca de ella en los aseos —dijo Ron con amargura durante el desayuno del día siguiente—, y no se nos ocurrió preguntarle...
—Algo realmente irónico…—rió Fabian, mientras negaba con la cabeza—. Tantos problemas, y lo único que tenían que hacer era ir con Myrtle.
El buen ánimo que había demostrado el gemelo aumentó en cuanto escucharon la noticia que la profesora McGonagall del libro les dio a los alumnos.
—¡Es fantástico que las mandrágoras estén listas! —Exclamó Alice contenta—. Cuando los petrificados se recuperen, ellos podrán aclarar todo.
— ¡Hermione va a regresar! —Añadió Lily contenta, pensando que Ariana estaría encantada—¡Al fin!
— ¡Siendo así, no tendremos que preguntarle a Myrtle! —dijo Ron—. ¡Hermione tendrá la respuesta cuando la despierten!
—Parece que las cosas se están arreglando—comentó James, sonriente ante esa idea, olvidando por un segundo el título del capítulo.
En aquel instante, Ginny Weasley se acercó y se sentó junto a Ron. Parecía tensa y nerviosa.
Aquello alarmó a algunos, especialmente a Molly. ¿Qué le ocurría a su hija? ¿Por qué parecía tan nerviosa?
Lily vio que Ginny miraba de un lado a otro, aparentemente asustada. ¿Qué le pasaría?
—¿Creen que tenga algo que ver con el diario, o con la Cámara? —Preguntó Frank, mientras fruncía el entrecejo.
—Quizá sí vio algo la noche en que robaron el diario—sugirió Sirius—, entonces eso explicaría que esté tan nerviosa.
—Tengo algo que decirles —masculló Ginny, evitando mirar directamente a Harry.
—Esto está muy raro…—comenzó Lily. Sin duda algo le estaba sucediendo a esa niña, pero ella no podía comprender qué era.
¿Qué estaba sucediendo con Ginny?
Lily notó que Ginny volvía a parecer asustada. Algo le ocurría, pero ella no podía decir qué. Vio como Harry se inclinaba hacia ella.
— ¿Tiene que ver con la Cámara de los Secretos? ¿Has visto algo o a alguien haciendo cosas sospechosas?
—Eso es lo más seguro…—murmuró Alice preocupada— Posiblemente eso es lo que la tiene así.
—Pero en ese caso será mejor que hable—señaló la profesora McGonagall, frunciendo el entrecejo—. Si habla, entonces todos van a encontrar una solución para lo que está ocurriendo en el colegio.
Cuando por fin parecía que Ginny iba a hablar, escucharon como era interrumpida por Percy Weasley.
—Si has acabado de comer, me sentaré en tu sitio, Ginny. Estoy muerto de hambre. Acabo de terminar la ronda.
— ¡Demonios! —Gruñó Sirius desilusionado— ¡Esperaba que Ginny pudiera decir algo importante…!
—Seguramente nos enteraremos después…—dijo Remus—, No hay que impacientarnos.
Ginny saltó de la silla, echó a Percy una mirada breve y aterrorizada, y salió corriendo.
A Molly aquello no le gustaba ni un poco. Algo preocupaba a su hija, eso era obvio. ¿Tendría que ver con la Cámara? ¿Sería algo más? El no poder reconfortarla hacía que la madre se sintiera muy exasperada.
—Nos vemos después—dijo Lily, mientras se ponía de pie casi al instante.
— ¿A dónde vas? —inquirió Harry, desconcertado.
—Después les digo—murmuró ella apresuradamente—, no me esperen—Harry y Ron la miraron aún más confundidos—. Volveré más tarde. Confíen en mí—pidió ella, mientras les sonreía, se daba la vuelta, y salía rápido del Gran Comedor. Ella sabía que a Ginny le estaba ocurriendo algo extraño, e iba descubrir qué era.
— ¿Creen que pueda averiguar algo? —inquirió Frank, examinando la situación.
—Después de todo lo que he escuchado sobre el carácter de mi ahijada—respondió Remus, sin poder ocultar su orgullo—, estoy casi seguro de que logrará lo que se propone.
Un segundo después, oyeron a Percy darles una explicación a Harry y a Ron de por qué Ginny estaba tan extraña.
—Así que la pequeña Weasley vio al Prefecto Perfecto del futuro hacer cosas que no debía…—rió Sirius de manera burlona.
—En ningún momento se dijo que Percy estuviera haciendo cosas que no debía—le contradijo Molly, defendiendo a su hijo—, solo dijo que no quería que se enteraran.
A partir de allí, no escucharon nada trascendental o de suma importancia. Lo único extraño que había ocurrido era que Lily no había vuelto desde el desayuno, ni se había presentado a ninguna clase. Después de que los muchachos tuvieran clases normales, pasó algo que llamaba ligeramente la atención: Harry y Ron habían decidido ir a buscar a Myrtle, pero hubo algo que arruinó sus planes…
— ¡Potter! ¡Weasley! ¿Qué están haciendo?
— ¿Alguien apuesta dos galeones a que es la profesora McGonagall?
— ¡Black! ¡No es momento de estar apostando!
— ¡Yo acepto la apuesta, y apuesto a que es Snape el que está allí!
— ¡Potter! ¿No me escuchó cuando le dije a Black que no era momento de apostar?
—Perdón, profesora—dijeron los dos merodeadores sonriendo de manera que aparentemente pretendía ser inocente, ambos ganándose una mirada severa de la misma mujer.
Finalmente, el ganador de la apuesta fue Sirius.
—Quiero ver mi dinero, Cornamentita… —canturreó contento, con un tono de burla realmente tangible en la voz.
— ¡Oh, cállate! —gruñó James, sacando los dos galeones y dándoselos a su amigo.
—Estábamos... estábamos... —balbució Ron—. Íbamos a ver...
—A Hagrid—sugirió Sirius.
—Estoy en Azkaban, Sirius—le recordó el semigigante.
—Ah… A Lockhart—sugirió James.
—Eso es estúpido. McGonagall jamás lo creería—le dijo Sirius, negando con la cabeza—, ¿A Filch?
— ¿Qué decías sobre propuestas estúpidas, Canuto?
—Oh, ¡no digas nada, Cornamenta! Para McGonagall sería mucho más creíble que vayan a ver a Filch, que a Lockhart.
—Claro que no.
—Claro que sí.
—Nop.
—Que sí.
—Dije que no.
—Yo dije que sí.
—Nah.
—Sip.
—No seas necio, dije que no.
— ¡Mira, yo estoy diciendo que sí, entonces…!
— ¡Potter, Black! ¡Merlín contrólense! ¡Yo no creería ninguna de las dos cosas, así que tengan la bondad de recordar que ya son adultos y que estamos intentando escuchar una lectura!
—A Hermione —dijo Harry—. Hace mucho que no la vemos, profesora y pretendíamos colarnos en la enfermería, ya sabe, y decirle que las mandrágoras ya están casi listas y, que no se preocupara.
—Eso fue malditamente brillante—dijo Sirius abriendo mucho los ojos, aparentemente hinchándose de orgullo—. Oh, Harry es un genio.
—Fantástico—alabó James, en un estado de satisfacción tan grande como el de Sirius—. Fue una excusa excelente, y lo mejor es que podría ser verdad, así que McGonagall va a creerla—fingió que se limpiaba una lágrima inexistente—. Mi pequeño Harry ya está avanzando en el arte de las excusas…
Aquellos dos jóvenes se emocionaron mucho más, si eso era posible, en cuanto escucharon la respuesta de McGonagall en el libro.
—Naturalmente —dijo, y Harry vio, sorprendido, que brillaba una lágrima en uno de sus ojos, redondos y vivos—. Naturalmente, comprendo que todo esto ha sido más duro para los amigos de los que están... Sí, Potter, claro que pueden ver a la señorita Granger. Informaré al profesor Binns de dónde están. Díganle a la señora Pomfrey que les di permiso.
—Brillante—repitió Sirius, asombrado.
—Increíble—coincidió James, contento.
La única que no parecía completamente satisfecha era la profesora McGonagall. ¡Sin duda, Harry Potter era un digno hijo de su padre…! Tenía que reconocer que aquella había sido una excusa razonable, y hasta cierto punto inteligente, pero eso no cambiaba el hecho de que no le hacía ninguna gracia que los chicos le mintieran. Escuchó como su "yo del libro" se alejaba, dejando solos a los hermanos.
—Ésa —dijo Ron emocionado— ha sido la mejor historia que has inventado nunca.
— ¡No está bien que mientan, Ron! —le reprendió Molly, deseando que eso no se convirtiera en un hábito para los chicos.
Finalmente, Harry y Ron terminaron yendo a ver a Hermione.
Pero algo increíble sucedió en aquél momento. La niña tenía un papel muy arrugado en la mano, que les dio a todos la información que tanto necesitaban saber.
…De las muchas bestias pavorosas y monstruos terribles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco, conocido como el rey de las serpientes
Y después de eso, seguía información sobre la criatura, y una anotación a mano hecha por Hermione que rezaba**«Cañerías.»**
—Un basilisco—susurró Lily, anonada—. El monstruo es un basilisco.
—Pero si mata con la mirada, ¿cómo es posible que nadie se haya muerto todavía? —inquirió James, estremeciéndose ante esa posibilidad.
—Bueno, al menos sabemos que es una serpiente, mejor conocida como basilisco, que mata con la mirada, y que es manejada por alguien que también habla pársel—recapituló Alice—, y ese hablante de pársel es Voldemort.
—Sí, hay que reconocer que hemos avanzado mucho desde el comienzo del libro—admitió Remus—, y por el nombre del capítulo, sabemos que se va a descubrir mucho más.
Cuando continuó la lectura, todos pudieron notar que Harry comprendía todo, incluyendo por qué nadie había muerto todavía.
—Tiene lógica—reconoció Marlene—, si nadie lo vio directamente, sino que a través de un espejo, agua, un fantasma u otra cosa, tenía que haber alguna reacción, pero no precisamente la muerte.
Ron cogió a Harry del brazo.
—¡La entrada de la Cámara de los Secretos! —dijo con la voz quebrada—. ¿Y si es uno de los aseos? ¿Y si estuviera en...?
—Los aseos de Myrtle—susurró Lily, abriendo mucho los ojos—. Es increíble como lograron descubrirlo todo…
Escucharon como Harry y Ron decidían que lo mejor sería decírselo todo a McGonagall, y como se dirigían a la sala de profesores, pero, en eso, la profesora McGonagall del libro les daba un mensaje a todos, que decía que los alumnos debían ir a los dormitorios, y los profesores a la sala de los mismos.
— ¿Habrá ocurrido algo? —dijo Alice nerviosa.
—Sería espantoso que pasara algo en ese momento—opinó Gideon, frunciendo el entrecejo.
—Será mejor que continuemos…—murmuró Edgar, deseando saber más— Así nos enteraremos antes de qué fue lo que ocurrió.
Siguiendo la sugerencia del mago, continuaron leyendo. Lo que ocurrió a continuación fue simple: Ron y Harry llegaron a la sala de maestros y se ocultaron en un ropero, mientras la profesora McGonagall decía algo increíble.
—Ha sucedido. Dos alumnas han sido raptadas por el monstruo. Se las ha llevado a la cámara.
— ¡Eso es horrible! —exclamó Lily, mientras se tapaba la boca con las manos.
—No puedo creerlo…—dijo la profesora McGonagall pasmada en su asiento, con los ojos muy abiertos y palideciendo considerablemente.
— ¡Pobres niñas! —se compadeció Molly, horrorizada.
El profesor Dumbledore, a pesar de que no dijo nada, estaba muy afectado por la noticia. Dos niñas a merced de aquélla bestia. Era algo terrible.
Todos se habían quedado en silencio por un momento. Estaban horrorizados de que eso hubiera sucedido. Nadie dijo una sola palabra, hasta que siguieron leyendo.
La reacción de los profesores fue horrible, sin duda.
—El heredero de Slytherin —dijo la profesora McGonagall, que estaba pálida— ha dejado un nuevo mensaje, debajo del primero: «Los huesos de ambas reposarán en la cámara por siempre.»
— ¡Eso es… espantoso! —Exclamó Alice, abrazándose a Frank—. ¡Espantoso!
La sala quedó de nuevo sumergida en un silencio sepulcral, mientras esperaban a que las palabras que estaban escritas en el libro continuaran.
—¿Quiénes han sido? —preguntó la señora Hooch—. ¿Qué alumnas?
—Ginny Weasley —dijo la profesora McGonagall— y Lily Potter.
—No—dijo Lily, negando con la cabeza frenéticamente—. No es verdad. Ariana no. No…
—Ginny—susurró Molly, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas— Ginny…
—Lily—murmuró James, que parecía estar teniendo muchas dificultades para hablar—. Amor, escúchame…
—No, James—negó Lily de nuevo, volviendo a negar con la cabeza, mientras sus ojos se humedecían— No es verdad. ¡No es verdad! ¡No puede ser! ¡No, no, no!
—Pelirroja…—trató de decir Sirius, pero fue cortado por la mujer que se había puesto a gritar, desesperada. Al igual que Molly.
— ¡Ginny! ¡Ginny, no! —Sollozaba ella— ¡Mi niña no! ¡No, por favor!
—Molly—dijo Arthur, que, al igual que James, parecía a punto de perder el control—, cariño por favor…
Pero ninguna de las dos mujeres se tranquilizaba. Las dos habían roto a llorar desesperadamente, horrorizadas.
— ¡No, no, no! ¡Por favor no! ¡Esto no puede estar pasando!
— ¡No puede ser verdad, no puede! ¡Ellas no…! ¡No!
Lily sentía como si alguien la estuviera asfixiando. Como si alguien le hubiera dado una bofetada tremendamente fuerte. Como si el mundo se estuviera derrumbando frente a sus ojos.
Molly se negaba a aceptarlo. Lloraba, presa de la angustia total, sin poder retener las lágrimas que contenían y expresaban todo su dolor.
James estaba sin habla. Simplemente utilizaba todo su autocontrol para no ponerse a gritar desesperado mientras abrazaba a Lily con todas sus fuerzas. No podía creerlo. Su pequeña Lily… No. No podía pensar en la amenaza escrita en la pared, no podía imaginarse a su niña tendida en el suelo, pálida y fría, no podía. No quería hacerlo.
Remus tampoco podía decir nada. Era una suerte que estuviera sentado, ya que de haber recibido esa noticia estando de pie hubiera desfallecido allí, sin más. Su ahijada. ¿Cómo había podido ocurrir eso? ¿Por qué el libro no mostró nada?
Sirius, inusualmente callado, estaba completamente serio por primera vez. Su Pequeña. Esa chica que él se imaginaba como una Evans en miniatura, sonriente y traviesa. No podía asimilar que esa bestia de Slytherin se la hubiera llevado. Pensó en Harry, en lo mucho que seguramente eso le afectaría, en lo impotente y mal que se sentiría..
Harry sintió como si alguien le hubiera dado una patada en el estómago, y notó que Ron se dejaba caer en silencio.
Molly y Lily no podían parar de llorar. Quizá no sirviera de nada derramar lágrimas, quizá fuera estúpido, inoportuno, y desgastante, pero lo necesitaban. Necesitaban que alguien las abrazara y les dijera que las dos niñas estaban vivas, que había sido un error, que no les había ocurrido nada. Querían oír como reían en los libros, querían escuchar que dijeran algo. No podían soportar la incertidumbre, el no saber dónde o cómo estaban.
Un momento después, como si la situación o el destino quisiera burlarse más de los presentes, apareció una persona que hizo que todos se exasperaran: Lockhart.
No parecía darse cuenta de que los profesores lo miraban con una expresión cercana al odio.
El rostro de la profesora McGonagall adquirió una expresión que no era cercana al odio: era de odio completamente. No podía si quiera imaginar como su "yo" del futuro aguantaba a aquél inepto.
Snape dio un paso hacia delante.
—Espero que le eche una maldición—susurró Sirius, que se encontraba realmente afectado por lo que le había ocurrido a su pequeña y a Lily—. De preferencia que lo deje inconsciente durante muchos días.
—He aquí el hombre —dijo—. El monstruo ha raptado a dos chicas, Lockhart. Se la ha llevado a la Cámara de los Secretos. Por fin ha llegado tu oportunidad.
—No lo está diciendo en serio, ¿verdad? —susurró Arthur, que apenas podía dejar salir palabras de su boca.
—Obviamente no lo dice en serio—aseguró Marlene, que tenía una expresión triste en su rostro—. Ni Snape, ni nadie que pueda considerarse inteligente mandaría nunca a Lockhart para realizar una tarea así.
Escucharon como todos los profesores apoyaban a Snape, y como Lockhart anunciaba que iría a su despacho para "prepararse".
Aquél fue, seguramente, el peor día de la vida de Harry.
Lily acarició su vientre. Estaba tratando de encontrar algún consuelo en la idea de que los dos, Harry y Ariana, estaban allí. Nada les había sucedido. Y ella no dejaría que nada les sucediera.
Molly y Arthur desearon poder estar allí para consolar a sus hijos. A pesar de que el dolor que sentían por no saber de Ginny, no podían olvidar que ellos también seguramente estaban pasándola desdichadamente mal.
—Ella sabía algo, Harry —dijo Ron—. Por eso la han raptado. Había averiguado algo sobre la Cámara de los Secretos. Lily salió detrás de ella. Seguramente descubrió lo que Ginny había averiguado y se las llevaron a ambas. Debe de ser por eso, porque ellas eran... —Ron se frotó los ojos frenético—. Quiero decir, ninguna de ellas es hija de muggles.
Aquella parecía una explicación bastante coherente. La única explicación que se podía percibir en el lugar.
—Ron tiene razón—susurró Hagrid, mientras se mecía en su asiento, nervioso—. Ellas… ellas debieron haber descubierto algo y por eso… por eso—tragó saliva, desesperado. —Ninguna de las dos era…
— ¡No están muertas, Hagrid! —gritó Molly, mientras rompía en llanto de nuevo— ¡No lo están!
— ¡Ellas no pueden estarlo! —le apoyó Lily, mientras se abrazaba aún más a James— No pueden…—sintió como las lágrimas volvían con más intensidad, de nuevo—. No…
Harry nunca se había sentido tan mal. Si pudiera hacer algo..., cualquier cosa... «Confíen en mi» había dicho Lily antes de irse. Esas habían sido sus últimas palabras. Harry quería obedecerla. Quería confiar en que ella estaría bien, en que ella encontraría una forma de escapar junto con Ginny…
—Ni siquiera sé que fue lo que le pasó, James—sollozó Lily con voz ahogada—. No sé cómo fue que se las llevaron. No puedo imaginármelo. Ella no sabe que el basilisco puede matar con la mirada—se estremeció, desesperada— N-o… n-no lo s-sabe, James.
El hombre simplemente la abrazó aún más fuerte, sin saber qué decir. ¿Cómo podía consolar a su esposa, si estaba pasando y experimentando el mismo dolor que ella, y no encontraba cómo salir de él?
Arthur le acariciaba el cabello a su esposa, que tenía la cabeza apoyada sobre su hombro. Él comprendía lo mucho que Molly deseaba una hija, y no podía permitir que ese sueño se perdiera…
Escucharon como Harry y Ron, incapaces de quedarse más tiempo en la sala común, iban en busca de Lockhart, para decirle todo lo que sabían.
—No deberían ir con él—se apresuró a decir McGonagall, comenzando a enfadarse—. Sería mejor que fueran con cualquier otro profesor, con cualquiera. Pero no con ese inepto bueno para nada…
Sin embargo, a pesar de las palabras de la profesora McGonagall, los dos chicos fueron a buscar a Lockhart y lo que encontraron hizo que la sala entera explotara de indignación.
Lockhart no había mentido cuando había dicho que iría a preparar sus cosas. Había ido a prepararlo todo, para escapar.
— ¿Y mi hermana? —preguntó Ron con voz entrecortada.
— ¿Y la mía? —le apoyó Harry, usando un tono de voz gélido.
—¡Es un maldito cobarde!****—Gritó Lily completamente furiosa— ¡MI HIJA Y GINNY ESTÁN EN PELIGRO Y EL SOLO PIENSA EN LARGARSE! ¡COBARDE!
—¡Es un idiota, estúpido cobarde! —Estuvo de acuerdo Sirius, que estaba furioso— ¿Qué se supone que va a pasar con las chicas? ¿AH? ¡CLARO, COMO A ÉL NO LE INTERESA! ¡A ESE IMBÉCIL SOLO LE IMPORTA SU PROPIO PELLEJO, ¿NO?!
Muchas exclamaciones similares a esa llenaban la sala por completo. Era muy indignante que Lockhart fuera tan cobarde. Lo único revelador de aquél momento fue cuando el increíblemente ególatra y estúpido de Lockhart declaró que él no había sido el escritor de sus libros.
—Así que el muy sinvergüenza solo desmemorizaba a las personas y luego se quedaba con los créditos—susurró James lleno de cólera y amargura—, bueno, eso demuestra y explica por qué siempre fue tan exageradamente idiota.
Un momento después, oyeron como Harry desarmaba al maldito imbécil de Lockhart, y como él y Ron se dirigían con él hacia los aseos de Myrtle, que les contaba cómo había muerto, y además les señalaba el grifo donde había visto los ojos que le habían sorbido literalmente la vida.
—Harry —dijo Ron—, di algo. Algo en lengua pársel.
—¡Claro! —exclamó Frank, mientras se golpeaba la frente con una mano— ¡Tiene lógica! ¡Es por eso que solo el heredero podía encontrar la Cámara, porque era muy poco probable que alguien pudiera abrirla si no hablaba pársel!
Lo que ocurrió a continuación fue tan confuso, que todos escucharon que el tiempo en el libro transcurría realmente rápido. Demasiado rápido. Quizá era porque todos querían saber ya de una buena vez qué ocurriría, o cómo estaban las niñas. Escucharon como Harry, Ron y Lockhart conseguían abrir la entrada, gracias a que Harry consiguió hablar en pársel.
Más adelante, una vez estuvieron adentro, escucharon como Lockhart trató de pasarse de listo, y, con la varita de Ron, conjuró un hechizo desmemorizante.
—Idiota—masculló Remus, escupiendo con odio cada palabra—. La varita de Ron está dañada, así que lo más probable es que…
—¡Se hechizó a sí mismo! —exclamó Alice, una vez que el libro confirmó la teoría de Remus—, ¡Oh, Merlín! ¡Qué estúpido!
Y sí que había sido estúpido, porque además de quitarse a sí mismo la memoria, había conseguido derrumbar el lugar en el que se encontraban, y separar por medio de muchas piedras a Harry y a Ron.
—Intentaré quitar algunas piedras —dijo Ron—. Para que puedas... para que puedas cruzar al volver. Y...
Lily cerró los ojos. Había sido de esperarse que, como en el primer libro, Harry tuviera que ir solo. La única diferencia en aquella ocasión, pensó desolada, era que Ariana ya estaba allí, y nadie sabía si estaba bien o no.
James sintió como la preocupación surgía dentro de él. Suspiró, mientras escuchaba como Harry se abría paso solo ante el resto de la Cámara, lo único que podía desear era que sus dos hijos y Ginny pudieran salir de allí y que estuvieran sanos y salvos. Finalmente, escuchó como su hijo llegaba a otra especie de puerta cerrada.
—¡Ábrete! —dijo Harry, con un silbido bajo.
—Estarás bien, cariño—susurró Lily, mientras acariciaba su vientre y se secaba las lágrimas—. Yo sé que estarás bien. Los tres. Tú, Ariana y Ginny.
Las serpientes se separaron al abrirse el muro. Y Harry, temblando, entró.
Todos estaban tan nerviosos, que cuando fue anunciado que ése era el final del capítulo, lo único que quisieron fue poder seguir con más.
—Este capítulo se llama**"El heredero de Slytherin"—fue declarado.**
—Voldemort—murmuró James con furia en la voz—. No sé por qué me sorprende que él tenga algo que ver con todo esto e incluso que aparezca.
Quizá no lo sorprendía, pero sí lo intrigaba. A él y al resto de la sala, principalmente a Dumbledore.
El anciano director tenía el presentimiento de que el diario que los muchachos habían encontrado tiempo atrás sería una pieza fundamental en aquél capítulo.
Finalmente, comenzaron a escuchar el capítulo y lo primero que se oyó fue una descripción del lugar. Nadie nunca había imaginado que todo aquello pudiera ser posible. Pero lo era. Si que lo era. También escucharon que una de las primeras cosas que Harry consiguió divisar fue una cabellera pelirroja encendida.
—¡GINNY! —exclamó Molly, sin saber si sentirse aliviada o de otra manera—¡Ginny, Ginny, Ginny!
—¡Ginny! —susurró Harry, corriendo hacia ella e hincándose de rodillas—. ¡Ginny! ¡No estés muerta! ¡Por favor, no estés muerta! —Dejó la varita a un lado**—**Ginny, por favor…
Molly estaba desesperada por no saber por qué su hija no despertaba, y Lily estaba desesperada porque al parecer Harry aún no había distinguido a su hermana.
Esa preocupación, sin embargo, duró muy poco. Escucharon como Harry se volteaba un poco, y unos metros a distancia de la pequeña Weasley, se encontraba con Lily.
—¡Ariana! —Gritó Lily, completamente ansiosa— ¡Por favor, Harry! ¡Despiértalas y váyanse de allí! ¡Por favor, hijo!
—Lily—dijo Harry con un hilo de voz, mientras corría hacia donde ella se encontraba— ¡Lily! —se hincó, e intentó acercarla lo más delicadamente que pudo hacia donde estaba Ginny— ¡Lily dime algo! —su hermana estaba pálida, fría, tenía los ojos cerrados— ¡Lily por favor! —Comenzó a sacudirla, pero ella no abría los ojos— ¡Lily! ¡No puedes dejarme! —Pudo notar que tenía una herida sangrante en la cabeza—. Estoy confiando en ti—aseguró, recordando las últimas palabras que la niña le había dicho—, confío en ti,no puedes irte. Despierta, por favor…
Lily lloraba a lágrima viva sobre su esposo, y Molly hacía lo propio con el suyo. Ninguna de las dos chicas despertaba. ¿Qué les habría ocurrido?
James no podía parar de pensar en lo que había escuchado. "Tenía una herida sangrante en la cabeza…". ¿Qué le había sucedido a su hija? ¿Cómo se había lastimado?
—No despertará —dijo una voz suave.
Eso fue suficiente para tensar a todos. Había alguien allí, y todos sabían quién era la única persona capaz de entrar.
— ¿Cómo es posible? —Preguntó Remus— ¿Cómo puede… él, estar allí? No parece dice que parezca un fantasma, entonces, ¿qué es?
Nadie supo contestarle, a pesar de que el profesor Dumbledore comenzó a hacer conclusiones. Aquello no era un fantasma. Pero tampoco podía ser algo real de carne y hueso…
Mientras el profesor continuaba con sus cavilaciones, todos escucharon como Riddle, que había sido descrito igual que en la ocasión en la que vieron sus recuerdos, le hablaba a Harry.
—Todavía están vivas —dijo Riddle—, las dos, pero por muy poco tiempo. De hecho, la pelirroja es la que va a morir primero.
Eso fue un golpe fuerte, principalmente para Molly. ¿Su hija moriría primero? No. ¡No! Ella no podía, no quería aceptar que su Ginny estaba allí, muriendo, a merced de aquél desalmado. Sintió como Arthur la abrazaba fuerte de nuevo, tratando así de sanar un poco la ansiedad.
Un segundo después, Riddle reveló que no era un fantasma, sino que era " un recuerdo guardado en un diario durante cincuenta años." Para el profesor Dumbledore aquella fue toda una revelación. Había magia allí. Magia oscura. Esa era la única explicación contundente a que Tom Riddle estuviera allí.
Continuaron la lectura, y a medida que seguían leyendo James se sentía peor. Se sentía enfermo. No podía creer lo que estaba sucediendo. Con cada palabra que escuchaba se imaginaba a su hijo solo, pidiéndole ayuda a aquél maldito de Voldemort, aún sin sospechar que él era el causante de todo.
Sirius estaba igual. Le hubiera gustado estar allí para apoyar a su ahijado, y de paso darle un golpe en la cara a aquél estúpido de Riddle.
Harry siguió sin comprender que Riddle no era de fiar, hasta que él mismo se lo reveló, y eso hizo que Molly y Arthur se pusieran furiosos.
El matrimonio Weasley estaba impactado mientras escuchaban la historia del recuerdo de Riddle, como Ginny había confiado en el diario, como él la había poseído, como la había obligado a matar a los gallos, y a abrir la Cámara de los Secretos…
—Es un maldito engendro—masculló Arthur, escupiendo con odio las palabras—. No comprendo cómo pudo hacerle esto a mi hija.
Siguieron escuchando como Riddle contaba que él había sido quien había abierto la Cámara, que había inculpado a Hagrid, y que solo Dumbledore había confiado en él.
Pero lo que más había enfurecido a los presentes, y sin duda al matrimonio Potter, había sido que todo lo que había ocurrido durante aquél año, todo lo que Riddle le había hecho a Ginny Weasley, todo eso, había sido con el único propósito de encontrarse con Harry, y con Lily.
»Sin embargo, tu hermana se adelantó. Tengo que reconocer que estuvo a punto de arruinar mis planes, pero al final no consiguió nada. Todo comenzó cuando la pequeña señorita Weasley trató de confesarles lo que le estaba ocurriendo con el diario. No dijo nada, por supuesto, pero tu hermana, que fue muy entrometida, por cierto, no se quedó tranquila. Ella fue detrás de Ginny, y no la dejó sola en ningún momento. Incluso la siguió al dormitorio de las chicas de Gryffindor, y descubrió que su amiga tenía el diario que fue robado de tu habitación.
—Ginny no quería hacerlo—sollozó Molly—. Yo sé que ella jamás habría… No...
—Lo sabemos, Molly—le aseguró Alice, mirándola con compasión. Ella no podía ni imaginarse lo que las dos madres pelirrojas estaban sintiendo.
— ¿De dónde sacaste eso, Ginny? —le dijo, era obvio que se negaba a creer que hubiera sido Weasley quién había robado el valioso objeto.
Sin embargo, y después de una pequeña discusión, no le quedó de otra que aceptarlo. Como dije, fue muy entrometida y persuasiva además.
—Yo solo quiero ayudarte—le aseguró, tratando de que la pelirroja confiara en ella—. Dame el diario. Te prometo que no tendrás problemas. Yo sé que el profesor Dumbledore entenderá que fue lo que ocurrió si se lo cuentas…
»Para ese momento Potter ya había descubierto que su querida amiga había hecho mucho más que robar el diario, pero aún así, seguía insistiendo en que todo estaría bien. La estúpida de Weasley terminó por creerle, y le hubiera entregado el diario si yo no hubiera intervenido. Utilicé el poder que la misma Ginny me había dado sobre ella, y la persuadí para que saliera corriendo con el diario. Potter fue tras ella, claro. La perdió de vista por un segundo, y luego volvió a verla a lo lejos. Entonces intentó alcanzarla, hasta que vio que entraba a los aseos. Sin embargo, cuando ella entró, no vio a nadie.
— ¿Ginny? —Había preguntado, mirando a todos lados—. Ginny vamos, salgamos de aquí. Confía en mí, por favor…
Sin embargo no era Ginny quién estaba escondida en aquél lugar, ni tampoco fue ella la que utilizó magia que una niña de primero jamás podría ni siquiera imaginar, para hacer que tu dulce e indeseable hermana perdiera el conocimiento.
Lily gimió, desesperada. Se había imaginado que algo así había ocurrido, pero nunca habría pensado… Era muy difícil asimilar toda aquella información.
*»Así que hice que Ginny escribiera en la pared su propia despedida, la de tu hermana, ah, y también que la arrastrara por la Cámara, y bajaran a esperarte.**Ginny estaba más consiente que su amiga. Luchó y gritó y se puso muy pesada. Pero ya casi no le quedaba vida: había puesto demasiado en el diario, en mí. Lo suficiente para que yo pudiera salir al fin de las páginas.*He de admitir que fue realmente fastidioso cuando tu queridísima Potter se le unió. Ni siquiera pude hablarle de manera civilizada como contigo al principio, ya que ella había intuido todo lo que yo acabo de contarte, y por lo tanto comprendía que yo no era bueno. Conseguí que Weasley se quedara así como la ves ahora, y supe que Potter no iba a dejarla aquí. Otro punto a mi favor. Y también estaba el hecho de que ella no sabía que aquí habitaba un basilisco, claro. Cuando lo solté tuve la delicadeza de decirle que cerrara los ojos, porque no la quería muerta hasta que tú llegaras. También tengo que confesar que olvidé que ella traía su varita consigo. Casi acabó con mi basilisco en el momento en el que consiguió que la serpiente, mientras la perseguía, fuera a una parte rocosa de la Cámara y con un hechizo le derrumbó gran parte de todo encima. Pero no fue suficiente. Claro que no. Potter no contó en ningún momento con que ella también estaba debajo de las rocas, y como puedes ver, una le dio en la cabeza. Supongo que pensó que si lograba acabar con la bestia no habría ningún impedimento para que ella misma sacara a Weasley de aquí, porque yo no podría detenerla. Admitiré que tenía razón. No hubiera podido impedir que saliera. Pero dejemos ya la historia. He estado esperándote desde que llegamos. Sabía que vendrías. Tengo muchas preguntas que hacerte, Harry Potter.
— ¿Qué tipo de preguntas quiere hacerle ese… infeliz, maldito a mi hijo? —Murmuró James con odio— ¿Qué no le basta con todo el daño que ha hecho?
Remus no podía creer todo lo que había escuchado. Esa "historia" como le llamaba a Riddle, le hacía sentir terriblemente impotente. ¿Por qué el no estaba allí? ¿Por qué no había podido ayudar a su ahijada y a Harry? ¿Por qué ellos tenían que sufrir de esa manera?
Gideon y Fabian tampoco estaban nada contentos. Esa chica pelirroja que se encontraba en problemas era sobrina suya. A los dos les dolía saber que ella no estaba bien, y que Molly y Arthur estaban sufriendo por ella.
Siguieron escuchando lo que Riddle decía. Aquellas preguntas que le tenía a Harry, eran simplemente las mismas que se hacían todos. ¿Qué había ocurrido la noche de la muerte de los Potter?
Harry, naturalmente, no había comprendido por qué aquél recuerdo quería saber eso, hasta que el mismo Riddle se lo explicó. Él era Voldemort.
—Es un nombre que yo ya usaba en Hogwarts —susurró—, aunque sólo entre mis amigos más íntimos. ¿Crees que iba a usar siempre mi sucio nombre muggle? ¿Yo, que soy descendiente del mismísimo Salazar Slytherin? No, Harry. Me di un nuevo nombre, un nombre que sabía que un día temerían pronunciar todos los magos, ¡cuando yo llegara a ser el hechicero más grande del mundo!
—¡El no es, de ninguna forma, el hechicero más grande del mundo! —gritó Lily, mientras temblaba de furia— ¡No lo es! ¡Ni nunca va a serlo!
—Eso todos lo sabemos, pelirroja—aseguró Sirius, con vehemencia— ¡Ese maldito desquiciado jamás se comparará con Dumbledore!
Y, como si Harry estuviera en sintonía con Sirius, escucharon como le decía lo mismo, con distintas palabras, pero el mismo significado: Riddle jamás superaría a Dumbledore.
A Voldemort no le hizo gracia, por supuesto, y aseguró que a Dumbledore lo habían sacado del colegio por su simple recuerdo, a lo que Harry respondió que no debía estar tan seguro.
— ¡Bien dicho, Harry! —exclamó Sirius con la voz llena de orgullo.
Si James hubiera dicho algo, seguramente su voz también hubiera dejado que se notara el fiero orgullo y la enorme satisfacción que sentía por su hijo en ese momento.
Cuando continuaron con la lectura, pasó algo realmente extraño. Como si las palabras que Harry había pronunciado hubieran sido un conjuro, en la Cámara aparecieron dos cosas.
—¿Fawkes?—musitó Harry.
— ¿Su Fénix? —inquirió Edgar en dirección a Dumbledore, que asintió con la cabeza.
Eso era extraño. ¿Qué estaba haciendo el Fénix de Dumbledore allí? Todos posaron la mirada en el hombre, y lo único que distinguieron fue que les estaba sonriendo misteriosamente, lo cual daba a entender que el profesor quería que siguieran leyendo.
—Y eso —dijo Riddle, mirando el fardo que Fawkeshabía dejado caer—, eso no es más que el viejo Sombrero Seleccionador del colegio.
La pequeña sonrisa misteriosa de Dumbledore hizo que muchos se exasperaran. ¿De qué le serviría un Fénix y un Sombrero a Harry?
Un segundo después, oyeron como Harry le decía a Riddle lo que quería saber, que era prácticamente lo que todos ya sabían. Y, si a todos les había parecido que aquella situación era terrible, lo que sintieron a continuación no tuvo comparación.
— ¡Espera un momento! —Exclamó Lily, que ya no lloraba, pero que sí parecía realmente horrorizada— ¿Qué es lo que Riddle está haciendo…? ¿Qué…? ¡No puede llamar al basilisco! ¡No puede!
Pero para desgracia de la mujer, Riddle sí podía llamar al basilisco. De hecho, lo había hecho.
—Mátalo.
— ¡NO! ¡No, no! —Gritó Lily desesperada— ¡Por favor, Harry no!
Si a Harry le ocurría algo, ella no podría con eso. El dolor que sentía al imaginarse a Ariana tendida en el suelo, que ya de por sí era inmenso, aumentó al imaginarse a Harry junto a ella. No. Ella no podía permitirlo, pero ¿cómo podía ayudarlo? ¿Cómo podía sacar a sus hijos de aquél lugar?
Todos siguieron escuchando, presas del horror, como Harry intentaba escapar del basilisco con los ojos cerrados. Parecía que el niño no podría con eso.
Sirius estaba desesperado, no podía soportar escuchar como su ahijado se enfrentaba a eso solo. ¿Dónde demonios estaba él, maldita sea? Quizá de haber estado allí habría podido proteger a ese chico que tanto significaba para el. La incertidumbre resultaba frustrante.
Un segundo después, escucharon algo que los sorprendió a todos: Fawkes. El fénix había hecho algo que nadie consideraba posible. Había cegado al basilisco.
…el fénix lo había picado en los ojos, aquellos grandes y prominentes ojos amarillos.
—¡Siempre supe que ese pájaro era lo máximo! —exclamó Sirius con un rugido de júbilo, al que se unió James en tan solo cuestión de segundos.
—¡Así se hace, Fawkes! —Gritó Cornamenta, realmente agradecido con el ave— ¡La bestia ya no puede matarlo con la mirada!
Ese momento de emoción duró muy poco. Después de unos segundos de analizar la situación, se dieron cuenta que aunque era una ventaja que el basilisco no pudiera matar ya con la mirada, aún podía matar de muchas formas.
—¡Ayuda, ayuda! —pedía Harry enloquecido—. ¡Que alguien me ayude!
Las lágrimas volvieron a ganarle a Lily. Su hijo estaba pidiendo ayuda… El la necesitaba y ella estaba malditamente muerta. No podía hacer nada por el y eso la enfurecía. Siguió escuchando como Harry tomaba el Sombrero Seleccionador, y le pedía ayuda.
No se escuchaba ni un solo ruido en la sala, todos estaban concentrados en la lectura, bastante tensos. Todo sonaba perdido, hasta que escucharon como algo fuerte golpeaba a Harry en la cabeza, que aparentemente salía del Sombrero que él se había puesto.
Era la espada de Gryffindor.
—¿Cómo llegó la espada de Gryffindor allí?
—¿A quién demonios le importa? ¡Lo que sea sirve con tal de que Harry pueda defenderse! —repuso Sirius, pensando que peor sería que Harry siguiera sin absolutamente nada que le permitiera defenderse.
Siguieron escuchando como la descomunal serpiente intentaba atacar a Harry, y él se defendía o trataba de defenderse, con la espada.
…El basilisco atacó de nuevo, pero esta vez fue directo a Harry, que hincó la espada con todas sus fuerzas, hundiéndola hasta la empuñadura en el velo del paladar de la serpiente.
—¡SIIIIIIIIII! —El grito de emoción que soltaron James, Sirius, Gideon, Fabian y muchos otros fue completamente inesperado.
— ¡Acabó con esa bestia! —Saltó James, casi saltando— ¡Ese es mi hijo!
— ¡Y mi ahijado!
—¡Eso fue genial!
—¡Increíble!
—¡Magnífico!
—¡Estupendo!
—¡Fantabuloso!
—Eso no es una palabra, Canuto.
—Yo la estoy inventando en este momento, Cornamenta, así que sí existe.
—No, no existe.
—Ya te dije que sí.
—No.
—Sí.
—No..
— ¡Potter, Black! ¿Les parece que este es momento para discutir si eso es una palabra o no? Que por cierto, no lo es. ¡Hagan el favor de callarse y escuchar!
—Te dije que no lo era—susurró James con satisfacción, con el cuidado suficiente para que la profesora McGonagall no lo escuchara.
—Hazle caso a la profesora, y cállate Cornamentita.
A pesar de que la discusión de James y Sirius había animado a muchos, el buen humor no duró mucho cuando escucharon la siguiente oración de la lectura.
… mientras la sangre le empapaba los brazos, sintió un agudo dolor encima del codo. Un colmillo largo y venenoso se le estaba hundiendo más y más en el brazo, y se partió.
— ¡No! —Gritó Lily, aparentemente enloquecida— ¡No puede haberle insertado el colmillo! ¡Es venenoso!
Nadie supo como consolar a la pelirroja, porque todos sabían que tenía razón. ¿Cómo le iba a hacer Harry para salir de eso?
Escucharon como el fénix de Dumbledore se acercaba a Harry, mientras Riddle se regodeaba en verlo así. Escucharon como el Fénix , se acercaba a Harry.
Entonces, todos oyeron algo que hizo que el ambiente se animara de nuevo: lágrimas de fénix. Fawkes estaba llorando sobre la herida de Harry, y eso significaba que estaba curándolo…
—Márchate, pájaro —dijo Riddle—. Sepárate de él. ¡He dicho que te vayas!
—Ya comprendió que Harry no va a morir por el veneno del basilisco—razonó Remus, sintiendo un pequeño alivio momentáneo por Harry.
Harry levantó la cabeza. Riddle apuntaba a Fawkes con la varita de Harry…
Todos se tensaron, nadie quería que Riddle lastimara a Fawkes. Y todos sabían que era perfectamente capaz de lograrlo, que nada lo detendría para lanzar un hechizo capaz de matar…
—¡Expelliarmus! —había sido un grito débil y casi inaudible, pero el propósito final se logró: a Riddle se le había escapado de la mano la varita de Harry.
— ¿Quién…?—comenzó Alice, completamente desconcertada.
— ¿Podría ser Ron…?—preguntó Edgar, sin estar completamente seguro de eso.
Riddle y Harry voltearon a ver para saber quién había lanzado el encantamiento, y al último le dio un vuelo al corazón cuando comprobó quién había sido.
Parecía que ni siquiera podía sentarse bien, y que en cualquier momento cerraría los ojos, pero allí, tendida en el suelo, con la varita levemente levantada, Lily miraba a Harry como si toda la vida se le fuera en eso.
—Ariana—susurró Lily, estaba viva, estaba allí, incluso estaba despierta…
Escucharon como Riddle ignoraba a la niña, y se aproximaba a donde Harry estaba.
…Entonces, con un batir de alas, Fawkes pasó de nuevo por encima de sus cabezas y dejó caer algo en el regazo de Harry: el diario.
Lily vio como su hermano tomaba lo que parecía un colmillo, y se lo clavaba en el cuaderno.
A Dumbledore le brillaron los ojos en ese momento. Él sabía lo que pasaría con ese artefacto y con el recuerdo de su dueño, pero aún estaba resistiéndose a creer que una de sus más fuertes teorías se cumpliera.
Un segundo después escuchó un grito desgarrador, Riddle estaba retorciéndose, al parecer le estaba sufriendo mucho… Al diario le estaba sucediendo algo, y entonces, de pronto, Riddle desapareció.
— ¿Desapareció? —susurró Alice, sin creerlo completamente—. ¿Ya no está más…?
Poco a poco todos fueron asimilando lo que acababan de escuchar. Había desaparecido. Riddle había desaparecido…
— ¡Genial! —Exclamó Sirius contento— ¿Ahora ya puedo preguntar si después de esto vamos a comer, sin sentirme culpable?
El propósito que había tenido Sirius al hacer ese comentario, tuvo el efecto que él había esperado. Muchos rieron ante él, algunos simplemente sonrieron, e incluso Molly y Lily se relajaron considerablemente.
—Sí, Sirius, podremos comer después de leer los próximos dos capítulos—rió Lily, mientras se secaba las lágrimas que habían quedado en su rostro, y ponía los ojos en blanco—. Ah, y te agradezco que no hayas mencionado la palabra "comida" en todo el capítulo.
—Está bien, pelirroja—murmuró Sirius mientras reía animadamente—. No fue nada, simplemente no quería que la pasaras peor por mis comentarios—aquello sonó tan gracioso en la voz de Canuto, que el merodeador y Remus no pudieron evitar largarse a reír.
Siguieron con la lectura, y escucharon como Harry se levantaba, algo desconcertado, y tomaba la espada de Gryffindor, que había quedado estancada en el paladar del basilisco.
Entonces, recordó a su hermana.
— ¡Lily! —Exclamó, mientras corría para arrodillarse junto a ella— Lily…
Ella seguía tendida en el suelo, aparentemente haciendo un esfuerzo por mantener los ojos abiertos.
—Me duele la cabeza—se quejó—. Las piedras son malditamente pesadas…
— ¿Acaba de despertar después de que casi se mata allí, y después de ver como Riddle desaparece, y lo único que dice es que las piedras son muy pesadas?
—Deja a mi ahijada tranquila, Canuto. Tú tampoco sabrías como reaccionar si algo así te hubiera pasado…
—No sabes cuánto me alegra que estés bien, Lily—susurró Harry, mientras suspiraba de alivio—, pensé que algo horrible te había pasado…
Lily comenzó a levantarse, y a sentarse con cierta dificultad, mientras se llevaba una mano a la cabeza, y miraba a su hermano, aparentemente divertida.
—Les dije que confiaran en mí, ¿no? —le recordó a Harry, sonriéndole de una manera que pretendía ser burlona—. Bueno, sin contar que Ginny y yo terminamos aquí con eso—señaló al basilisco—, creo que tengo razones para que no dudes que cuando diga «volveré» es porque lo haré—su sonrisa se ensanchó—, aunque tengo que confesar que me alegra mucho verte aquí, Harry—y, sin esperar que el muchacho reaccionara de alguna manera, se abalanzó hacia él y lo abrazó con fuerza—, gracias por venir—murmuró, aún sin soltarlo—. Sabía que vendrías.
Aquella escena resultaba tierna para muchos, especialmente para Lily, que estaba encantada de que sus hijos tuvieran esa relación tan unida.
Un segundo después, escucharon como los dos hermanos notaron que Ginny se movía, y con algo de ayuda por parte de Harry, los dos se acercaron a ella, que se había despertado, había notado todo y se había echado a llorar.
—Harry..., ah, Harry, intenté decirles en el desayuno, pero delante de Percy no fui capaz. Era yo, Harry, pero te juro que no quería... Riddle me obligaba a hacerlo, se apoderó de mí y... ¿Dónde está Riddle? Lo último que recuerdo es que salió del diario. ¡Lily! —Le dirigió a la niña una mirada desesperada— ¡Lo siento tanto! ¡No quise lastimarte, yo no quería…!
Escucharon como Lily y Harry trataban de tranquilizarla, y además, como el muchacho le enseñaba el diario atravesado.
Molly, por fin, pudo respirar tranquila. Ginny estaba bien. En cualquier momento ella, Lily, Harry y Ron saldrían de allí y estarían seguros bajo la protección de los profesores.
Escucharon como los tres niños salían de aquél lugar, para luego encontrarse con Ron, que abrazó a las dos muchachas completamente feliz.
Sin embargo, Ginny aún estaba llorando, incluso cuando escucharon como Fawkes los sacaba a todos, incluso a Lockhart, que aparentemente había perdido la memoria por su propio hechizo.
—Que idiota.
—Bueno, creo que eso ya todos lo sabíamos—rió James contento—. Pero tienes razón, Edgar, ¡que idiota!
Un segundo más, oyeron como salían en los aseos, y se encontraban Myrtle la Llorona , que parecía estupefacta.
—Estás vivo —dijo a Harry sin comprender.
—¡Nah! Es un fantasma, solo que se le olvidó morir y aún conserva su cuerpo…
— ¿Jamás pararás de hacer tus comentarios sarcásticos, verdad, Sirius?
—Nop, eso no está en mis planes, Remus.
—Es que... había estado pensando. Si hubieras muerto, aquí serías bienvenido. Te dejaría compartir mi retrete —le dijo Myrtle, ruborizándose de color plata.
Sirius no pudo con eso, se largó a reír de manera escandalosa y James no tardó en unírsele.
—¡No puedo creerlo! —se carcajeaba el padre del muchacho— ¡Mi pobre hijo se parece a ti en eso, Sirius! ¡Aunque parece que Myrtle logró superarte y ahora va por algo mejor…!
De no haber estado ahogándose por la risa, Canuto seguramente se hubiera mostrado ofendido por ese comentario, pero no le prestó atención.
—¡Uf! —dijo Ron, cuando salieron de los aseos—. ¡Harry, creo que le gustas a Myrtle! ¡Ginny, tienes una rival!
Molly no pudo evitar poner los ojos en blanco, ¡Ron!, le habría gustado decirle que aquél no era momento para bromear con su hermana, sin embargo, era difícil concentrarse mientras Gideon y Fabian se unían a las carcajadas de los dos merodeadores, a los que Remus miraba divertido.
—¡Myrtle y Harry, sentados en su inodoro…!—Lily había comenzado a canturrear eso felizmente, debido a que estaba muy contenta de que todo hubiera terminado, pero paró en cuanto vio que por el rostro de Ginny aún caían lágrimas.
A Molly le habría gustado poder abrazar a su hija en aquél momento, y decirle que todo saldría bien, que ella no tenía nada de qué preocuparse, que todos la seguían queriendo y que ya lo malo había pasado.
—¿Adónde vamos? —preguntó Ron, mirando a Ginny con impaciencia. Harry señaló hacia delante.
Escucharon como los muchachos y Lockhart seguían a Fawkes, que terminó dirigiéndose al despacho de la profesora McGonagall.
Harry llamó y abrió la puerta.
¡Tarán, tarán, tarán, tarán, taráaan…. tararan! Eso de allí, fue la música de fondo de la pantera rosa ¡Hola a todos! Se estarán preguntando qué demonios fue eso que puse al principio de mi nota de autor, bueno, no lo sé XD Simplemente me acordé de la Pantera Rosa en este momento, y ¡bah, dejemos eso!
Primero que nada, quiero agradecerles por sus hermosos comentarios. ¡Llegamos a los 200 y los pasamos por poco! :D ¡Fui feliz en cuanto me di cuenta, y por eso me puse a escribir como desesperada! Y, ¿qué es lo que pasa cuando me pongo a escribir como desesperada? ¡Un nuevo capítulo, eso es lo que pasa! ;)
Se estarán preguntando por qué hice que Lily A. también fuera a la Cámara con Ginny, ¿no? Bueno, es simple. No sé por qué, en este libro no quería hacer que los dos fueran juntos a enfrentarse con Voldy, como ocurrió en el libro anterior. Además, quería que Harry fuera el héroe aquí. ¿Por qué? No sé xD Simplemente quería que así fuera.
Ahora, solo espero que me den sus opiniones. ¿Creen que sería mucho pedir un hermosísimo comentario?
También tengo que comentar algunas cosas:
—Me he dado cuenta de que muchos de ustedes están muriendo de la curiosidad por saber quién será la pareja de Lily A. No pienso decirles, porque aún no lo sé, pero eso así, la pareja tiene que tener algunas características y la principal de ellas es que no puede estar casado o tener hijos en el libro original. ¿Por qué? Porque quiero que la historia quede lo más canon posible.
—**: ¡Hola! Verás, leí tu comentario en el capítulo anterior, y me hizo muy feliz :D Pero no sé por qué, Potterfics no me deja contestarlo ): Ya he pedido ayuda, y seguro dentro de pronto podré hacerlo.
—La próxima actualización es el final de la Cámara Secreta, ¿saben lo que eso significa, no? Dentro de una actualización, comenzaremos con el Prisionero de Azkaban.
Creo que ya les dije todo, así que solo me queda despedirme, y pedirles que me digan qué les pareció el capítulo:D ¡Nos leemos pronto!
¡Travesura Realizada!