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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 24

—El capítulo ya terminó.

— ¡Merlín, no saben cómo me alegro de que eso haya terminado! —exclamó la profesora McGonagall, que aún respiraba de manera levemente entrecortada.

—Créame que yo sí lo se, profesora—aseguro Lily, mientras soltaba un suspiro y cerraba los ojos durante una fracción de segundo.

—Bueno, supongo que debemos seguir leyendo, ¿no les parece? —murmuró James, impaciente por terminar la historia del segundo libro.

Todos soltaron un murmullo general de asentimiento, que hizo que el profesor Dumbledore tomara el libro, y leyera el nombre del capítulo siguiente.

—Vamos a comenzar a leer, "La recompensa de Dobby"

Nadie hizo ningún comentario ante eso, y dejaron que el profesor les contara como fueron recibidos Harry, Lily, Ron, Ginny y Lockhart.

Molly sonrió al escuchar que ella estaba en esa habitación, junto a Arthur, y que además, por fin, podía tener a su hija abrazada.

Lily también sonrió, pero ella de una manera más triste. A ella le habría gustado para abrazar a Ariana y a Harry en aquél momento. Sin embargo, su ánimo mejoro considerablemente cuando escuchó como Molly, después de abrazar a su hija, se abalanzaba sobre Ariana, Harry y Ron.

Las reacciones de los demás personajes del libro fueron también completamente esperadas: la profesora McGonagall apenas podía respirar bien, Arthur estaba atónito y aliviado, Lockhart con complejo de idiota, y Dumbledore con esa sonrisa  misteriosa que lo caracterizaba.

Oyeron como Harry les relataba a los alumnos su parte de la historia, y Lily la de ella, los dos teniendo mucho cuidado en culpar al diario y a Riddle.

—Estoy segura de que Ginny no va a tener problemas—murmuró Marlene convencida, a lo que el profesor Dumbledore sonrió, confirmando así que nadie culparía a la pequeña Weasley.

Finalmente, cuando Ginny reveló lo que le ocurría con el diario, y Arthur los dejó a todos con la frase de "nunca confíes en un objeto que pueda pensar, si no sabes donde tiene el cerebro", en ese momento, oyeron como cada persona iba a un lugar distinto.

Molly y Arthur salieron del despacho con Ginny, McGonagall fue a preparar un banquete por orden de Dumbledore, y, después el profesor les dijera a Harry y a Ron que serían premiados con un premio por Servicios al Colegio, y una cantidad enorme de puntos.

— ¡Al menos el esfuerzo tuvo una recompensa! —rió Alice, pensando que todo estaba bien ahora.

Más tarde oyeron como el profesor le pedía a Ron que llevara a Lockhart a la enfermería.

— ¿Creen que se recupere? —preguntó Lily, sintiendo una leve curiosidad.

—A decir verdad, a mi me agrada mucho más así—respondió Sirius, mientras se reía y se encogía de hombros.

Al final, Lily, Harry y Dumbledore se quedaron solos, y tuvieron una conversación que llamo la atención de muchos.

— ¿Así que Harry y Lily hablan pársel porque Voldemort puede hablarlo? —inquirió James, sin comprender bien todo aquello.

—Bueno, supongo que esa es la explicación más razonable que he podido encontrar—respondió el profesor Dumbledore, refiriéndose a su personaje del libro—. Tiene lógica, después de todo. Si Harry y Lily sobrevivieron a una maldición asesina, que es algo que nadie en la historia ha conseguido, no me sorprende que hayan quedado… efectos, especiales. Por llamarles de alguna forma.

A pesar de la explicación de Dumbledore, el matrimonio Potter no se sentía enteramente tranquilo con eso, y, ya sea por cuestiones de genética, o por casualidad, ni Harry ni Lily parecían contentos con aquellas similitudes tampoco.

—Lo que los diferencia de Tom Riddle—dijo Dumbledore, volviendo a sonreír—, es todo lo que ustedes hacen. Son nuestras eleccio­nes, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades. —Luego miró directamente a Harry—. Si quieres una prueba de que perteneces a Gryffindor, te sugiero que mires esto con más detenimiento.

El profesor se refería a la espada, que curiosamente terminó siendo…

— ¿La espada de Gryffindor? —exclamó James atónito.

—La cual solo pudo haber sido extraída de allí por un verdadero miembro de Gryffindor—complementó Dumbledore, haciendo que James, y además Sirius, sonrieran con orgullo.

En ese momento, todos supieron que la conversación con Dumbledore había terminado, y parecía que todo estría magnifico, hasta que llegó una persona que nadie esperaba: el padre de Draco Malfoy, que no solo importunó a todos, sino que también cuestionó a Dumbledore por haber vuelto al colegio.

— ¡No sé cómo se atreve a reclamar! —Exclamó Frank, indignado— Claro, seguramente él estaba encantado con la idea de que algo malo le sucediera a los hijos de muggles…

—¡Este es tan despreciable como Lockhart!  —gruñó Sirius — O incluso aún peor. ¡Bah, los dos un par de inútiles con cabello teñido con productos muggles!

—Lucius Malfoy jamás usaría productos muggles para teñir su cabello, Sirius  —rió Marlene, divertida ante eso — Además, yo he visto a muggles que tiñen su cabello, y a muchos se les ve muy bien.

—Quizá a los muggles se les vea bien, pero a Lockhart y a Malfoy no.

—Bueno, Lucius, verá —dijo Dumbledore—, he recibido una petición de los otros once re­presentantes. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley y también Lily Potter habían sido asesinadas**(Molly y Lily se estremecieron un poco al escuchar eso)**, me pidieron que vol­viera inmediatamente. Además, me con­taron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus fa­milias si no accedían a destituirme.

—Idiota, Malfoy—gruñó Arthur en voz baja, sintiendo como su desprecio por ese hombre aumentaba.

Siguieron escuchando como Malfoy le hacía preguntas a Dumbledore.

Lily miraba enojada al padre de Draco.  No sabía por qué, pero no le caía nada bien. Quizá estuviera más susceptible en aquellos momentos porque aún le dolía la cabeza, pero eso no cambiaba su aversión hacia el hombre.

Sintió como Harry le daba un suave codazo en la cintura, y le señalaba algo.  Volteó la cabeza, y notó sorprendida lo que Harry quería enseñarle. Era Dobby. Estaba haciendo cosas muy extrañas, señalaba el diario de Riddle, luego al señor Malfoy, para después comenzar a golpearse.

—Eso es extraño—murmuró Remus mientras fruncía el entrecejo—. Creo que Dobby está tratando de decir algo, y el que sea el elfo de los Malfoy nos da una idea de qué puede ser.

— ¿A qué te refieres, Lunático? —inquirió James.

—Me refiero a que lo primero que supimos sobre lo que pasaría en Hogwarts, fue gracias a una advertencia que hizo Dobby, ¿lo recuerdan? —Muchos asintieron con la cabeza— Bien, entonces yo creo que deberíamos preguntarnos cómo es que Dobby lo sabía, y la respuesta más lógica a eso es…

—Malfoy—concluyó Lily, sorprendida por no haberlo deducido antes—, Malfoy fue quien había hecho la supuesta "conspiración" de la que habló Dobby, entonces debió ser él quien hizo que el diario llegara a manos de Ginny.

—Maldito desgraciado—murmuró Arthur, furioso. ¡Ese hombre había hecho que su hija casi resultara muerta! ¡No podía creerlo!

—¡Idiota!

— ¡Casi mató a dos niñas!

— ¡Idiota!

— ¡Es un maldito inconsciente!

— ¡Idiota!

Harry también se había dado cuenta de lo de Malfoy, por supuesto. Y, como si fuera algo que tenía que pasar, escucharon como el muchacho le preguntaba a Malfoy si sabía como era que Ginny había conseguido el diario.

—No saben cuánto me gustaría ver la cara de ese imbécil en este momento…

—Estoy seguro de que a todos nos encantaría, James—aseguró Edgar, sintiendo asco por Malfoy.

—Usted se lo dio —dijo Harry—. En Flou­rish y Blotts. Usted le cogió su libro de transformación y metió el diario dentro, ¿a que sí?

— ¡Por supuesto que sí, el muy cobarde no puede atreverse a negarlo! —estalló Lily, sintiendo como la furia surgía en su interior. ¡Sus dos hijos casi habían muerto por la estupidez de ese hombre! ¡Le habría gustado tenerlo enfrente para decirle todo lo que se merecía.

Entonces Lily lo comprendió todo. ¡Claro! ¿Cómo era que no lo había pensado antes? Resultaba muy obvio todo, y más aún si recordaba que había sido Dobby quien les había advertido a Harry y a ella que algo malo ocurriría en Hogwarts.

 —Demuéstralo —dijo Malfoy, furioso.

 Lily lo miró más enojada aún. No podía creer que estuviera evadiendo así su responsabilidad…

Nadie en la sala podía creer tampoco que ese hombre evadiera su responsabilidad. ¡Era indignante lo que estaba haciendo!

—Alguien debería golpearlo…

—Que violento eres, Sirius—negó James, mientras reía animadamente—, pero tienes razón, alguien debería golpearlo—luego tuvo una idea absurda que le resultó divertida—. Creo que incluso sería genial que Lily le rompiera la nariz, como hizo con su querido e indeseable hijo…

—Sí, claro—bufó Remus, mientras ponía los ojos en blanco—. Lo único que habría que hacer es prestarle una silla a Lily para que se suba en ella y pueda alcanzar a Malfoy en altura y darle un buen golpe.

Nadie pudo evitar reír, o como mínimo sonreír, ante la conversación de los tres magos.

—Nadie puede demostrarlo —dijo Dumbledore—, puesto que ha desaparecido del libro todo ras­tro de Riddle. Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de lord Voldemort. Si al­gún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se ase­gurará de que le sea devuelto a usted...

—Por supuesto y estaré encantado de hacerlo—aseguró Arthur, imaginándose con profunda satisfacción la cara que pondría Malfoy si él lograra atraparlo y exponerlo frente al Ministerio, junto con todos sus objetos oscuros.

Lo que siguió a continuación, fue algo que no sorprendió a nadie. Malfoy simplemente gritó a Dobby y los dos salieron de aquél lugar. Un segundo después, ocurrió algo extraño.

Harry le pidió a Dumbledore que le prestara el diario, luego salió del despacho, se quitó un calcetín que introdujo rápidamente en el pequeño libro para luego después dárselo a Lucius.

Lily siguió a su hermano, sin comprender qué era lo que se proponía, hasta que vio como el señor Malfoy tiraba el calcetín, dándole la posibilidad a Dobby de cogerlo.

— ¡Liberó a Dobby! —Exclamó Marlene contenta— ¡Harry liberó a Dobby!

— ¡Eso va a poner enfermo a Malfoy! —estalló Gideon, prorrumpiendo en una tremenda carcajada.

— ¡Sin duda eso fue magnífico! ¡Magnífico! —aseguró Fabian, mientras se le unía a la risa desenfrenada de su hermano.

—Dobby tiene un calcetín —dijo Dobby sin poder creérselo—. Mi amo lo tiró, y Dobby lo cogió, y ahora Dobby... Dobby es libre.

Todos sonrieron ante eso. ¡Ahora Dobby podría disfrutar y ser feliz en su nueva libertad!

Un momento después, escucharon como, Malfoy, furioso, levantaba la varita, pero era detenido con Dobby, haciendo que cayera de espalda por las escaleras  y diciéndole que no permitiría que lastimara a nadie.

— ¡Ese elfo es lo máximo! —exclamó Sirius, mientras se desternillaba de la risa en su asiento.

—Y ahora es libre—agregó Lily animada, pensando en que Dobby había sido muy bueno con sus hijos, a pesar de las numerosas veces en las que casi los mataba.

Dobby abra­zó con fuerza a Harry.

—¡Harry Potter es mucho más grande de lo que Dobby suponía! —sollozó—. ¡Adiós, Harry Potter!

Luego hizo lo propio con Lily, que le dio unas suaves palmaditas en la espalda.

—Adiós, Dobby—se despidió la muchacha con una sonrisa.

Y dando un chasquido, Dobby desapareció.

Aquella escena enterneció a muchos, y también hizo que varios sonrieran emocionados. Todos tenían el presentimiento de que ahora todo estaría bien, y no se equivocaban.

La alegría en Hogwarts comenzó en el momento del banquete recién organizado por Dumbledore.

Nadie sabía que había sido lo más alegre de esa parte. Quizá podían comenzar con Hermione des-petrificada corriendo hacia Harry y diciéndole « ¡Lo has conseguido! ¡Lo has conseguido!», para después abrazar con fuerza a Lily.

—Eres una imprudente, Lily—la regañó, aún sin soltarla.

 —A estas alturas ya deberías de estar acostumbrada, Hermione—rió ella, sonriendo ampliamente, plenamente alegre—, no deberías de sorprenderte.

Continuaron oyendo como el chico petrificado de Hufflepuff, Justin, se disculpaba con Harry, a lo que James y Sirius sonrieron satisfechos, como Gryffindor ganaba la Copa de las Casas, a lo que la profesora McGonagall se mostró encantada, y como Ginny Weasley volvía a estar plenamente contenta.

Pero la noticia que hizo que Sirius, James, y Remus sonrieran felices, fue sin duda la de Lockhart.

— ¡A Merlín gracias que Lockhart no volverá a dar clases el otro año! —exclamó Sirius, riendo contento— ¡No habría podido soportar escucharlo de nuevo dando sus supuestas clases!

— ¡Sí! —Le apoyó James— ¡Me hubiera dado un ataque a los nervios si hubiera tenido que escucharlo de nuevo diciéndole a todo el mundo lo encantador que es!

—Yo solo espero que el siguiente profesor sea mucho mejor que los que hemos conocido hasta ahora—murmuró Remus, sonriendo como sus dos amigos.

—Y, además, hay que hacer lo que sea para que conozca sobre la Defensa—puntualizó Moody.

La profesora McGonagall sonrió al escuchar eso, y, respecto al siguiente profesor de Defensa, simplemente se conformaba con que no fuera tan inepto como Lockhart.

Finalmente, escucharon como el resto de las clases transcurrieron de forma normal y feliz. Casi sin que se dieran cuenta, oyeron como los gemelos Weasley, Harry, Lily, Ron y Hermione iban en el tren, listos para regresar al mundo muggle.

—Eso quiere decir que el libro está por terminar—señaló Lily, sorprendida.

—Tienes razón—admitió Remus—, y la verdad es que no puedo imaginarme de qué tratará el siguiente.

—Con que no sea otro monstruo que habita en el castillo o algo así lo que aparezca, yo seré feliz—aseguró la pelirroja embarazada, dando un hondo suspiro.

Estaban llegando a Kings Cross cuando Harry recordó algo.

—Ginny.., ¿qué es lo que le viste hacer a Percy, que no quería que se lo dijeras a nadie?

—¡Ah, eso! —Dijo Ginny—. Bueno, es que Percy tiene novia.

—¿Qué? —dijeron Molly, Gideon, Fabian, Sirius y James al mismo tiempo. La primera con un tono de ilusión contento, y el resto con una nota burlona.

—Así que por eso estaba tan apurado…—rió Sirius—, Nuestro futuro Prefecto ya tiene novia…—fingió que se limpiaba una lágrima— ¡Y pensar que hace solo un tiempo lo vimos como todo un niño!

—Lo que ocurre es que aún sigue siendo un niño, Canuto.

—Qué aguafiestas eres, Remus—gruñó el merodeador, fingiendo que se indignaba mucho, para luego reír, sin poder evitarlo.

—Es esa prefecta de Ravenclaw, Penélope Clearwater —dijo Ginny—. Es a ella a quien estuvo escribiendo todo el verano. Se han estado viendo en secreto. Un día los descubrí besándose. ¿No se reirán de él, verdad?

—No debió haber dicho eso en frente de Fred y George…—comentó James, sabiendo que los dos muchachos Weasley no desaprovecharían ninguna oportunidad para hacerle bromas a su hermano.

Un segundo después, Fred y George negaron que fueran a molestar a Percy, lo cual les dio a entender a todos que haría todo lo contrario. Oyeron como el tren ya estaba demasiado cerca de la estación.

Harry sacó la pluma y un trozo de pergamino y se volvió a Ron y Hermione.

—Esto es lo que se llama un número de teléfono**( — ¿Teléfono?  —Preguntó Sirius, desconcertado — ¿Eso se come?)—dijo Harry—. Tu padre ya sabe cómo se usa el teléfono, porque el verano pasado se lo ex­pliqué.(Arthur sonrió contento. ¡Sabría cómo funcionaba el felétono!)** Llamen a casa de los Dursley, ¿sí? No podría aguantar otros dos meses sin hablar con nadie más que con Dudley...

—Comprendo que sería un peligro para tu salud mental, Harry…

— ¡James! Te estás olvidando de que tu hija también estará en esa casa, así que Harry no estará tan solo.

—Oh, lo siento cariño. —Se disculpó Cornamenta sonriendo de una manera que él consideraba como encantadora  —, ¡Pero yo jamás me olvidaría de mini-Lily! ¡Te lo aseguro!

— ¡Qué encantador eres, Harry!  —Exclamó Lily, mirando a su hermano mientras ponía los ojos en blanco — ¿Entonces quién se supone que soy yo, la mascota del vecino?

— ¡Buena esa!  —rió Sirius, divertido por la broma.

Siguieron escuchando como los muchachos bajaban por fin del tren. Era increíble que hubiera terminado todo el segundo curso.

—Pero sus tíos estarán muy orgullosos, ¿No? —dijo Hermione—. ¿Y cuan­do se enteren de lo paso en este curso?

— ¡Ja! Petunia aceptaría que yo cambiara el color de su cabello a pelirrojo antes de enorgullecerse de eso —aseguró Lily, mientras ponía los ojos en blanco, recordando que su hermana detestaba el color rojo.

—¿Orgullosos? —dijo Harry—. ¿Estás loca? ¿Con todas las oportunidades que tuvimos de morir, y no lo logramos? Estarán furiosos...

—Eso es lo que yo llamo humor negro.

— ¿Te das cuenta de que, aunque es el final, no dejaste de interrumpir ni una sola vez, Sirius?  —comentó Remus, divertido.

—Quizá tengas razón, pero no sería un "gran final" si no se escucharan mis interrupciones, Lunático—repuso Sirius—. Por cierto, ¿a qué hora es la comida?

—Haré como si no preguntaste eso, Sirius—gruñó Lily, negando con la cabeza—. Eres un caso perdido…

Y juntos atravesaron la verja hacia el mundo muggle.

—Ese—murmuró Dumbledore, con una sonrisa—, fue el final de la Cámara Secreta.

Wow. No puedo creer que termináramos con la Cámara. Aunque tengo que admitir que estuve esperando esto mucho tiempo, porque en el próximo capítulo, como ya todos sabemos, El Prisionero de Azkaban**comienza. :D

¡Gracias por sus comentarios del capítulo anterior! ¡Ya los contesté toditos!

Sean lindos conmigo y díganme qué les pareció el final. Para ser honesta, no fue mi capítulo favorito,   (quedó algo cortito, ¿no), pero espero haber alcanzado sus expectativas ;) ¿Qué más tengo para decirles? Creo que ya fue todo. Espero poder ver qué les pareció el capítulo :D (Sí, sé que ya lo dije, pero ¡Ah, no importa! xD)

¡Gracias, mil gracias por haberme acompañado hasta aquí! ¡Feliz comienzo de Diciembre!

¡Nos leemos pronto! ¡Travesura Realizada!