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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 27
—Fin del capítulo—declaró Molly, con una pequeña sonrisa en los labios ante lo último que acababa de leer. Imaginarse a los muchachos Potter dormidos era una escena muy tierna.
—Será mejor que continuemos—apremió Sirius, obviamente deseoso de seguir descubriendo todo lo que seguía en aquél libro.
—Me toca leer—declaró Arthur, sonriendo en el momento en el que su esposa le pasaba el libro— Ahora leeremos un capítulo que se titula "El Caldero Chorreante"
Nadie hizo mayores comentarios, ya que todos comprendían que ese era el lugar en donde Harry y Lily pasarían el resto de sus vacaciones.
Comenzaron el capítulo escuchando como el Caldero Chorreante era un lugar donde los dos chicos se sentían muy diferentes a como se sentían en Privet Drive.
—Eso es completamente obvio, cualquiera se sentiría en la gloria si después de vivir con una morsa, una jirafa un cerdo y una vaca desagradables, pudieran irse a pasar las vacaciones al callejón Diagon.
Aquella interrupción, en vez de molestar a alguien, (principalmente a Lily o a la profesora McGonagall), hizo que todos sonrieran. Ver a Sirius haciendo comentarios completamente innecesarios, insultando a los personajes que le desagradaban, o simplemente bromeando, después del capítulo anterior, era todo un logro, principalmente del merodeador.
James sonrió más ampliamente que todos. Le gustaba ver como su mejor amigo intentaba no resultar afectado por lo que el libro dijera, y siguió sonriendo conforme la lectura, imaginándose a sus hijos desayunando, haciendo sus deberes mientras comían helados de Florean Fortescue, y se animó mucho mientras escuchaba que entraban en Flourish y Blotts para comprar sus libros.
—Así que el libro que muerde será para una clase…—comentó Alice, mientras se reía dividida entre la compasión y la diversión por el dependiente de la tienda— Pobre señor, se nota que es muy difícil lidiar con esos libros…
—Y también van a comenzar con adivinación durante este curso—señaló Lily, arrugando ligeramente la nariz, en el momento en el que escuchó como Harry se fijaba en un libro titulado " Augurios de muerte: qué hacer cuando sabes que se acerca lo peor ."
—Leer ese tipo de libros no será una buena idea—murmuró la profesora McGonagall, negando con la cabeza—. De por sí el estudiar Adivinación es tremendamente impreciso, y hace que las personas se vuelvan paranoicas. No quiero ni imaginarme lo que le haría a alguien leer ese libro.
—Completamente de acuerdo—aseguró Marlene—, terminarían viendo la muerte en todos lados.
…Pero Harry siguió examinando la portada del libro. Mostraba un perro negro, grande como un oso, con ojos brillantes. Le resultaba extrañamente familiar...
—Genial, ahora pensará en mi como un augurio de muerte…—gruñó Sirius casi sin darse cuenta, haciendo que todos, a excepción de Remus, James y Lily, voltearan a verlo desconcertados.
— ¿Pensará en ti? —Inquirió Alice, alzando ligeramente las cejas— ¿Por qué habría de pensar en ti?
—Porque es imposible no pensar en perros una vez que conoces a Sirius—intervino James, sonriendo misteriosamente, desconcertando a todos una vez más.
Sin embargo, todos dejaron de preguntarse por qué relacionaban a los perros con Sirius en el momento siguiente. Especialmente los hombres, y la razón fue muy simple. Harry y Lily estaban pasando, de nuevo, por la tienda de Artículos de Calidad para Quidditch , para observar algo que los varones consideraron como la mayor divinidad sobre la tierra.
SAETA DE FUEGO
El ultimísimo modelo de escoba de carreras…
—Debe tener una…—susurró James, sin dirigirse a nadie en particular. Quería esa escoba. La necesitaba, y no le importaría pagar lo que seguro sería una cantidad ridícula de dinero por ella…
—Por favor, James, deja de babear.
— ¿Ah? —Replicó el joven mago, saliendo de sus ensoñaciones, para encontrarse con su esposa, que ponía los ojos en blanco en ese momento— ¡Lo siento Lily! ¡Pero no soy el único! —Señaló a Sirius, a Gideon, a Edgar, y a Fabian, que parecían estar viendo al amor de sus vidas— ¡Ellos también están…Eh, como yo!
— ¡Necesito comprar esa escoba! —exclamó Sirius, olvidándose de sus problemas futuros por un segundo— Me muero por poder comprar una…
—Ajá, y supongo que cuando salgamos de aquí vas a ir a una tienda de artículos aún no inventados, ¿correcto? —inquirió Remus con una pequeña sonrisa de suficiencia— Pensé que tú y James creían que la Nimbus 2.000 era la mejor escoba de todas…
—Aún seguimos pensándolo—aseguró James con vehemencia—, pero la Saeta de Fuego es…
—…especial—finalizó Sirius, imaginándose montado sobre una escoba así.
Después de que los muchachos de la sala terminaran de alabar y de soñar con las Saetas de Fuego, escucharon algo que animó a varios presentes: Ron y Hermione se habían encontrado con los muchachos, y ahora estaban juntos conversando.
— ¿Es verdad que inflaron a su tía? —preguntó Hermione seria.
—Y además la Pequeña la convirtió en una especie de vaca…—añadió Sirius, pensando que la magia de esos dos muchachos era simplemente genial.
—Harry la infló—puntualizó Lily, mientras se encogía de hombros—. Yo solo la convertí en vaca.
—Fue sin querer —dijo Harry, mientras Ron se reía—. Perdí el control.
—No entiendo por qué Ron encuentra eso gracioso—gruñó Molly, negando con la cabeza— ¡Cada día se parece un poco más a Fred y a George! —Se estremeció visiblemente, para luego rectificar—: Bueno, no tanto al estilo Fred y George, pero no debería encontrar eso gracioso.
—No puedes negar que imaginarse a una gárgola como ella convertida en un globo-vaca es algo muy divertido…
— ¡No, no es divertido, Fabian! Por mucho que esa mujer se lo mereciera, los muchachos pudieron haberse visto metidos en grandes problemas…
—Oh, vamos, Molly—terció Gideon, sonriéndole a su hermana—. Relájate.
Pero, ni Molly se relajó, ni Ron dejó de partirse de la risa. Todos escuchaban tranquilos y sonrientes las siguientes partes de la lectura, que mostraban como Hermione quería comprar una mascota, y como Ron estaba preocupado por la suya. Tanto así, que incluso fue a con la bruja encargada de la tienda de mascotas.
—Se trata de mi rata —explicó—. Desde que hemos vuelto de Egipto está descolorida.
— ¿Qué creen que le suceda a Scabbers? —preguntó Alice, con curiosidad.
—Quizá simplemente ya está demasiado vieja—opinó Arthur, haciendo una pequeña mueca, pensando que esa rata aparentemente era muy importante para Ron.
Oyeron como la bruja encargada de los animales le daba esa misma respuesta a Ron, como le daba un tónico para ratas y también como una especie de animal canela se le tiraba encima a Ron, buscando a su rata.
— ¡Alguien debería de cuidar que los animales no hagan eso! —comentó Molly, preocupada por el hecho de que algo le sucediera a la mascota de su hijo.
Pero la exclamación de Molly fue apagada por las estruendosas risas de sus hermanos, que comenzaron a ahogarse en sus propias carcajadas después de haber leído lo que ocurrió un segundo después: Hermione compró al animal, que resultó ser un gato llamado Crookshanks.
—Es precioso, ¿verdad? —preguntó Hermione.
—Sí, lo es, si lo pones de cabeza, le tapas la cara y lo metes en una bolsa…
— ¡Deja en paz al gato, Black! A mí me pareció muy bonito…
—Lo siento, pelirroja—se disculpó Sirius, sin la menor señal de arrepentimiento en su rostro—, solo dije que se vería mejor así…
«Sobre gustos no hay nada escrito», pensó Harry.
Lily volteó la cara para no ver la expresión de burla en el rostro de Sirius. Estaba segura de que Canuto disfrutaba cada vez que alguno de sus hijos estaba de acuerdo con él.
— ¡Hola Crookshanks! —Exclamó Lily, sonriendo al acariciar al animal— ¡Qué lindo eres! —Ron hizo un ruido indefinido con la garganta, en señal de desacuerdo— ¡Yo soy tu tía Lily! —el gato maulló, haciendo que las dos muchachas lo acariciaran emocionadas.
—Hablando de gatos…—murmuró Lily, para luego dirigirse a James—Le dejaste comida suficiente al señor Luncornuto—bufó ante el nombre—, ¿verdad?
James sonrió, contento de no haberse olvidado de eso.
— ¡Por supuesto que le dejé suficiente comida, cariño! —Respondió— Y, además, agua y esa bonita foto de Sirius, ya sabes, la que usa cuando quiere aruñar algo…
— ¿Señor Luncornuto? —inquirió Edgar, alzando las cejas con desconcierto.
—Su gato—explicó Remus, sonriendo—. Desafortunadamente para el pobre animal, James y Sirius escogieron su nombre antes de que Lily o yo pudiéramos hacer algo…
— ¡Ey! —Exclamó Sirius, fingiendo estar ofendido— ¿ "Desafortunadamente" ? ¡Es un nombre genial! Es original y tiene personalidad…
—Tiene personalidad para nombre de una enfermedad—lo cortó Lily, mientras ponía los ojos en blanco, aún recordaba cuando su esposo y Sirius habían escogido ese nombre.
Aún discutiendo sobre si el nombre del gato tenía personalidad o no, continuaron escuchando la lectura, que siguió tranquilamente. Lo que siguió a continuación fue escuchar como los muchachos regresaban al Caldero Chorreante y se encontraban con el resto de los Weasley.
— ¡Ya extrañaba escuchar de Fred y George! —Rió James, contento, mientras escuchaba las bromas de los dos pelirrojos— ¡Ah, son tan geniales!
Y, curiosamente, lo que más lo divertía, junto con Sirius, eran las bromas que los gemelos Weasley hacían sobre Percy.
—Me parece extraño que vayan a utilizar autos especiales del Ministerio para ir a Hogwarts—comentó Lily, un segundo después, cuando escuchó que el Arthur del libro lo decía.
—A mi también—le apoyó Frank, frunciendo el entrecejo—, no es algo que se haga siempre…
Sin embargo, nadie logró encontrar una razón específica para que el Ministerio les prestara coches a los Weasley, así que siguieron leyendo, y lo siguiente que escucharon fue del día anterior a que los muchachos partieran a Hogwarts. Percy y Ron discutían por algo.
—Mi insignia de Premio Anual ha desaparecido —dijo Percy.
—Qué tragedia—rió Fabian, sin poder evitar bromear con eso, ganándose una mirada reprobadora por parte de su hermana.
—Lo mismo ha ocurrido con el tónico para ratas de Scabbers—añadió Ron—. Puede que me lo haya olvidado en el bar...
—Deberías de tener más cuidado con tus cosas, Ron—le reprendió Molly, como si el muchacho pudiera escucharla.
Siguieron escuchando como Harry y Lily decidían salir de la habitación para buscar el tónico de Scabbers, ya que, al parecer, Percy no dejaría que Ron se moviera de la habitación hasta encontrar su insignia.
A James y a Sirius les vinieron unos vagos recuerdos de cuando ellos estuvieron en Hogwarts, y su querido Lunático era prefecto.
— ¡Sirius! Más te vale que me digas dónde está…****— solía decir el licántropo, mientras rebuscaba por toda la habitación con impaciencia.
— ¡Yo no la he tocado! —Aseguraba siempre Canuto— ¡Fue James!
—James…
— ¡No es verdad! ¡Sirius lo hizo!
— ¡Claro que no, Cornamenta!
— ¡Sí, porque yo no tuve nada que ver esta vez, así que fuiste tú quien la tomó, Canuto!
—Ya te dije que no. ¡Dile algo, Remus! ¡Él fue el que la tomó!
— ¿Qué pruebas tienes de eso?
— ¡El simple hecho de que no fui yo el que la tomó, James!
— ¡Eso no cuenta como prueba, Sirius!
— ¡Si, lo hace!
— ¡No, no lo hace!
— ¡Sí!
—Em... ¿Chicos?
— ¡No!
— ¡Sí!
— ¡No!
—Chicos…
— ¡Sí!
— ¡No!
—¡¡Chicos!!
— ¿Qué quieres, Remus? —preguntaron los dos muchachos a la vez, mirando exasperados al licántropo.
—Aquí está—levantó la su mano derecha, en la que tenía su insignia, señalando la cama de Peter—. Creo que la dejé allí por error esta mañana…
Sin embargo, en aquél momento ninguno de los tres merodeadores de la sala podía pensar en los viejos tiempos. La lectura transcurría, y lo que sucedía en aquél momento era simple: Harry y Lily habían quedado detrás de una puerta, y escuchaban una conversación que Arthur y Molly estaban teniendo. Una conversación muy reveladora.
—No quiero asustarlos, ¡quiero prevenirlos! —dijo el señor Weasley—. Ya sabes cómo son Harry y Ron, que se escapan por ahí. Se han internado en el bosque prohibido dos veces. ¡Pero Harry no debe hacer lo mismo en este curso! Puede que no sea necesario decírselo a Lily, me conformo con que uno de los dos lo sepa…
Todos escuchaban con excepcional atención, especialmente Sirius. No estaba completamente seguro, pero tenía la impresión de que la razón por la que Arthur quería prevenir al menos a uno de los hermanos Potter, era por él. Era muy probable que si lo consideraban un asesino, estuvieran preocupados, pero no entendía por qué estaban tan preocupados con respecto a Harry y a la Pequeña. Quizá pensaran que por haber sido el mejor amigo de James el querría contactarlos… Sí, eso era muy probable, y la única explicación razonable que encontró. Decidió seguir escuchando lo que Arthur opinaba.
—Molly: dicen que Sirius Black está loco, y quizá lo esté, pero fue lo bastante inteligente para escapar de Azkaban, y se supone que eso es imposible. Han pasado tres semanas y no le han visto el pelo. Lo único que sabemos con seguridad es que Black va detrás de Harry y de Lily. Fue una suerte encontrarlos vivos.
Sirius comprendió todo en ese momento. Absolutamente todo. Así que esa era la razón de todo. El motivo de que Fudge se hubiera portado tan indulgente con Harry y con Lily era porque estaba radiante de alegría de haberlos encontrados vivos, y todo el mundo, incluidos Arthur y Molly, pensaban que él iba detrás de los dos Potter. Eso estaba afectándole más de lo que él estaba dispuesto a admitir, no podía creerlo. Eso era simplemente…
—Estúpido—murmuró James, rompiendo un silencio que se había extendido por toda la sala, y sobresaltando a Sirius—, eso es completamente estúpido. No entiendo como las personas del futuro pueden creer que Canuto quiera matar a mis hijos…
Sirius sintió como si James le hubiera quitado un enorme peso de encima con esas palabras. El no lo creía. Su mejor amigo no daba crédito a la idea de que él quisiera hacerle daño a sus hijos y eso valía mucho para él. Demasiado.
Lily le sonrió a Canuto en el momento en el que el merodeador buscó su mirada, queriendo saber si ella opinaba lo mismo que su esposo.
Sirius se sentía simplemente agradecido… y extrañado. Agradecido porque aparentemente ninguna de las personas que estaban en aquella sala lo juzgaban, simplemente parecían desconcertados.
La conversación que el matrimonio Weasley mantenía en el libro siguió, pero no reveló nada trascendental que los miembros de la sala no supieran ya. Finalmente, lo último que sucedió fue que Harry regresó rápidamente a su habitación, seguido por su hermana.
—No me van a matar —dijo Harry en voz alta.
—Por supuesto que no—susurró Sirius, sabiendo que por mucho que le sucediera en el futuro y por mucho que cambiara, el jamás le haría ningún daño ni a Harry, ni a su hermana. Jamás.
—Así me gusta, amigo —contestó el espejo.
James sonrió, y le dio unas cuantas palmadas en la espalda a Sirius. Deseaba que Canuto supiera que él confiaba plenamente en su amistad.
— ¿Hablando solo, Harry? —Inquirió Lily, mientras entraba en la habitación y trataba de componer una débil sonrisa. No quería que lo que acababan de escuchar les hiciera pasar los días siguientes con preocupación— Dicen que hablar solo es un síntoma claro de locura…—esperó a que Harry riera, o le hiciera una mueca, pero no sucedió nada—. Era una broma—informó, pero su hermano no reaccionó— ¿Sabes? Tienes que aprender a reírte de mis chistes malos…
—Terminamos el capítulo—declaró Arthur, haciendo que la sala quedara en silencio durante un segundo.
—Un capítulo interesante…—comentó Frank, pensando que sin duda, ese libro sería uno de los más importantes.
— ¿Podemos seguir leyendo? —preguntó Sirius. Quería seguir. Más bien, necesitaba seguir.
Todo el mundo lo comprendía, y nadie podía reprocharle nada. Ninguno de los demás presentes se imaginaba en aquella situación.
—Me toca el libro—informó Alice, mientras leía lo que seguía y hacía una pequeña mueca—, el capítulo que vamos a leer se llama "El dementor, y el perro de ojos grises"
—¿Dementores? —susurró Lily nerviosa, ella sabía que esas criaturas eran horribles.
James le pasó el brazo por los hombros, y le dedicó una pequeña sonrisa, tratando de asegurarle que todo estaría bien.
Remus, también notando que Lily estaba ligeramente alterada, decidió atraer la atención ante otro punto.
— ¿El perro de ojos grises? —inquirió, dirigiéndole una mirada discreta, pero entendible a Sirius.
—Un título extraño…—murmuró Edgar, frunciendo levemente el entrecejo.
— No tanto —pensó Sirius, preguntándose cómo aparecería él en aquella ocasión.
El siguiente capítulo comenzó de manera tranquila, dentro de lo que cabía. Casi todo el principio se trató de que los muchachos se dirigían a la estación, para tomar el Expreso de Hogwarts. Sin embargo, cada vez que se mencionaban los coches del Ministerio, o como Arthur mantenía vigilados a los hermanos Potter, Sirius no podía evitar sentirse realmente incómodo. Finalmente, llegaron a la estación, y todos pudieron comprobar que Arthur había decidido contarle la verdad a Harry. Como era de esperarse, el muchacho le aclaró a Arthur que él y su hermana ya lo habían descubierto todo, pero el futuro señor Weasley le dedicó una frase de despedida muy desconcertante.
—. Harry —dijo el señor Weasley, más serio que nunca— prométeme que no irás en busca de Black. Y tampoco dejes que tu hermana lo haga.
— ¿Por qué habrían ellos de ir a buscarme? —inquirió Sirius confundido. Aquello cada vez resultaba más desconcertante. ¿Por qué Arthur le pedía eso? Sería algo sumamente ridículo que Harry o Lily fueran a buscarlo, teniendo en cuenta que todo el mundo estaba seguro de que el único motivo por el que él había escapado de Azkaban era para acabar con ellos…
—Sigamos leyendo—pidió James, que se encontraba tan desconcertado, o quizá un poco más, que el resto de los presentes. No entendía qué era lo que estaba pasando.
— ¿Harry? —Preguntó Lily, mientras iban buscando un compartimiento— ¿Estás bien?
—Sí—respondió él, sacudiendo ligeramente la cabeza—.Será mejor que estemos en un compartimiento para contarles—señaló a Ron y a Hermione—. Vamos…
Oyeron como por fin, encontraban un compartimiento, pero no estaba completamente vacío. Había alguien allí, alguien que no pegaba con el resto de pasajeros del tren. Al parecer era un adulto, y estaba profundamente dormido.
El extraño llevaba una túnica de mago muy raída y remendada. Parecía enfermo y exhausto. Aunque joven, su pelo castaño claro estaba veteado de gris.
— ¿Quién será? —susurró Ron.
Muchos estaban tan curiosos como Ron. ¿Qué haría alguien como ese hombre en el tren? ¿Para qué iría a Hogwarts…?
—Es el profesor R. J. Lupin —susurró Hermione de inmediato.
Silencio de nuevo. Se estaba haciendo una especie de costumbre caer en un repentino silencio cada vez que se revelaba algo importante.
— ¿Dijo profesor? —inquirió James, pasmado, volteando lentamente la cara hacia Remus.
—No solo eso, Cornamenta—replicó Sirius, volteando el rostro de igual forma, dirigiéndole una para nada discreta mirada a su amigo licántropo—. Dijo "el profesor, R.J. Lupin"
Remus ni siquiera había terminado de asimilar la información. Se sentía en un lugar lejano, curiosamente todo blanco, y no habría salido de su estupefacción de no haber escuchado las carcajadas escandalosas de Sirius y de James. Apenas escuchaba palabras como "¡Profesor!" "¡Lunático, el profesor R. J. Lupin!" para terminar con una risotada tan potente como la del principio.
Así que el nuevo profesor de Defensa era él. Interesante. Estaba comenzando a aceptarlo, cuando notó que todo el mundo en la sala lo miraba con una sonrisa, llena de alegría sincera. Sin darse cuenta, comenzó a ruborizarse, apenado. ¿Profesor? ¿Él? ¿Con su condición? ¿Con el peligro que eso podía suponer? Dumbledore debía haber enloquecido de verdad… Era algo, completamente increíble. Remus buscó con la mirada al anciano director, y se dio cuenta de que, como todos los demás, él sonreía.
Poco a poco, se fue dando cuenta de que Sirius y James aún seguían ahogándose de la risa en sus respectivos asientos, pero, por alguna extraña razón, eso no le molestó. Más bien, lentamente, fue componiendo una pequeña sonrisa en su rostro, y pensó en todas las cosas que podría hacer siendo profesor. El profesor Remus J. Lupin. Sonaba bien. Pero lo mejor de todo era sin duda que en aquél libro conocería a Harry y a Lily… ¡No podía esperar!
La lectura continuó, y lo que siguió fue algo que todos sabían que iba a pasar. Lo único que bajó un poco los ánimos de los presentes, fue el momento en el que Ron y Hermione comenzaron a hablar de Hogsmeade, Harry y Lily les confiaron que no podrían ir.
Lily gruñó, molesta con Petunia. Y aún más molesta con su esposo y con su desagradable hermana. Ellos tenían toda la culpa de que sus hijos no pudieran disfrutar de un tercer año como todos los demás. Suspiró, mientras decidía que sería mejor dejar de molestarse por el injusto y estúpido comportamiento de los Dursley.
La otra persona que escuchó incómodo aquella escena, fue Sirius. Le afectaba, sin que él pudiera evitarlo, oír como Harry y la Pequeña contaban que él había escapado de Azkaban para hacerles daño. Obviamente Hermione estuvo conforme con que ninguno de los dos Potter fuera a Hogsmeade y así evitar que algo les sucediera.
…A la una en punto llegó la bruja que llevaba el carrito de la comida.
— ¿Crees que deberíamos despertarlo? —preguntó Ron, señalando al profesor Lupin.
James y Sirius le dedicaron una mirada ligeramente preocupada a Remus. Sabían que, si uno había estado muerto y el otro en prisión, Lunático tendría que haber pasado solo. A menos que Peter hubiera estado con él… Pero el libro no había dado ninguna referencia de que su antiguo compañero estuviera presente.
Siguieron escuchando, y aparentemente no sucedió nada del otro mundo. Remus no despertó en ningún momento, lo que hizo que Sirius y James comenzaran a hacer bromas. (—¡Y decías que era yo el del sueño pesado, Lunático! —reía James, sonriendo ampliamente), también oyeron como Lily compraba unos bocadillos, y como volvían a quedarse en el compartimiento. Parecía que el viaje a Hogwarts iría completamente normal, hasta que sucedió algo extraño.
— ¿Qué sucede? —Inquirió Marlene, desconcertada— ¿Por qué se fueron las luces? ¿Y por qué se detuvo el tren…?
Ni en la sala, ni en el libro, hubo alguien que pudiera contestar esa pregunta. Lo que ocurrió a continuación fue que Ginny y Neville (Alice sonrió al pronunciar su nombre), entraron al compartimiento, pero todo era confusión, ya que no se podía ver nada. Se escucharon exclamaciones como "¿Quién eres?", "¿Qué haces?", "¿Ginny?", "¿Lily?" "¿Hermione?", "¡Ay!", y otras así, pero la que más llamó la atención de todos, fue la última.
—¡Silencio! —dijo de repente una voz ronca.
— ¡Y aquí entra Lunático, en su papel de " el profesor al mando "!
De no haber sido porque Remus estaba contento de que Sirius volviera a hacer ese tipo de interrupciones, seguramente le habría arrojado algo.
— ¡Vamos a verte en acción! ¡Señor profesor!
Sin embargo, no era lo mismo con James, así que Remus no tuvo ningún remordimiento en el momento en el que le pidió que se callara.
—En serio, Cornamenta, cada día te pareces más a Canuto…
—¡¡Ey!! —Protestó el mencionado, fingiéndose ofendido— ¡Por mucho que Cornamenta tenga buen gusto para las bromas, yo sigo siendo el mejor en lo que a comentarios inoportunos en momentos inadecuados se refiere!
A pesar del buen humor que se había desatado en ese momento, la diversión no duró mucho. Aparentemente en ese momento sabrían a qué se debía una parte del título del capítulo.
Lily notó que el profesor Lupin se había despertado, y apretujada, como estaba, no distinguía bien qué era exactamente lo que estaba sucediendo.
Entonces, sin comprender qué era lo que estaba pasando, y sinprevio aviso, sintió mucho frío de repente.
Aquella fue la señal de confirmación: Dementores. Oyeron como Harry miraba uno, y comenzaba a caer en los efectos que aquellas criaturas producían.
Lily estaba desconcertada, trató de ponerse de pie, desesperada. Harry. Algo estaba sucediéndole, y a ella misma estaba ocurriéndole algo que no podía describir. Frío. Sentía mucho frío, y de lejos, alcanzó a escuchar unos gritos… no escuchaba nada, y tampoco no pudo salir de su desconcierto, hasta que finalmente tropezó con algo y cayó al suelo, quedando curiosamente más apretujada que cuando había estado sentada, intentó pararse y entonces notó que no era la única que había caído en la superficie del compartimiento.
Estaba a punto de perder el conocimiento, cuando la luz volvió, y pudo distinguir todo, oyendo como primera exclamación a Hermione.
— ¡Harry! ¡Harry! ¿Estás bien?
James escuchó preocupado como aparentemente ya todo estaba solucionado, y como sus hijos habían tenido un efecto nada positivo ante los Dementores. Agradeció mucho a Remus en el momento en el que les entregó un poco de chocolate a los dos muchachos.
—Al fin un profesor competente—alabó la profesora McGonagall, haciendo que Remus se sonrojara de manera considerable.
—Mira, Lily—señaló Hermione, agachándose en el suelo y recogiendo algo— Tu varita—la levantó en la mano y se la tendió a la muchacha.
—Quédatela tú—pidió Lily, mientras levantaba su mano y se tocaba la frente, estaba empapada en sudor—. Lo único que me falta es perder la varia… ¿Me la devuelves cuando estemos en la habitación?
Un segundo después, parecía que todo estaría mejor. Sin contar la alegría que les causó a los Potter escuchar como Remus se comportaba amable con todos los jóvenes del compartimiento, hubo algo que desconcertó a todos un poco.
«Ninguno de nosotros esconde a Sirius Black bajo la capa. Vete.»
Esa era la frase que, según Hermione, Remus había utilizado para ahuyentar al dementor, además de lo que todos reconocieron como un patronus.
Los más desconcertados ante esa simple frase fueron Sirius, y el mismo Remus. ¿Acaso el licántropo creía que Sirius había sido culpable y por eso hablaba así con el dementor? Las dudas atormentaban a los dos magos, pero decidieron no interrumpir.
Lo que siguió en la lectura fue sencillo: por fin el expreso llegó a Hogwarts, y, naturalmente, Malfoy no pudo faltar en la "bienvenida"
—Idiota—gruñó Sirius, en el momento en el que escuchó como molestaba a Harry por haberse desmayado.
Un segundo después, cuando ya habían llegado al castillo, oyeron como la profesora McGonagall llamaba a Harry, a Lily y a Hermione. A los primeros dos fue para que la enfermera los revisara.
—Muchas gracias, profesora—agradeció Lily, dirigiéndose a su maestra, con una tímida sonrisa.
Y a Hermione, la llamaron para algo de lo que nadie se enteró. Por fin, los muchachos regresaron al Gran Comedor.
— ¿Cómo te sientes, Lily? —Preguntó Harry, usando un tono de voz preocupado y seco— No debiste decirle a la profesora que estabas bien…
—Estoybien, Harry—zanjó la muchacha, mintiendo con descaro. No estaba bien. En cualquier momento le vomitaría a alguien encima…— ¡Y mira quién lo dice! El señor «¡No soy delicado!»
Remus se mostró algo inconforme con eso. Sabía que estar en la presencia de un dementor debía de ser realmente desgastante, y le preocupaba que Harry o Lily pudieran verse afectados por eso más adelante.
La cena de bienvenida en Hogwarts transcurrió alegremente, en especial por otra noticia fantástica: Remus no sería el único profesor nuevo.
— ¡Felicidades, Hagrid! —Exclamó Alice alegremente, interrumpiéndose en la lectura— ¡Me alegro mucho por ti!
— ¡Profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas! —añadió Marlene, sonriéndole al semigigante— ¡Es genial!
El hombre sintió como su cara se ponía de todos los colores posibles, y como balbuceaba al profesor Dumbledore en agradecimiento.
—No tienes nada que agradecer, Hagrid—repuso el director, sonriendo de manera amable.
Sin embargo, fue algo obvio que en el momento en el que anunciaron el nombramiento de Remus, no todos los personajes del libro estaban contentos.
—¡Mira a Snape! —le susurró Ron a Harry en el oído.
—Seguramente está a punto de sufrir una crisis de cólera…—comentó James, dejando claro con su expresión que la idea no le desagradaba ni un poco.
A pesar de que ese comentario no iba dirigido a ella, Lily no pudo evitar escuchar, y cuando volteó la cara pudo notar a qué se refería Ron. Severus parecía mucho más que simplemente enojado. Miraba al profesor Lupin con una emoción que se asemejaba al… odio.
Para Remus aquello no fue una sorpresa, ya se había imaginado que algo así sucedería. Y como había estado esperando que Snape se mostrara inconforme con su nuevo puesto de profesor, entonces no se mostró tan afectado.
Lo que siguió a continuación fue el común discurso de bienvenida que daba el profesor Dumbledore, únicamente que ahora daba también la mala noticia de que los Dementores custodiarían Hogwarts, lo cual hizo pensar a Sirius que el profesor también lo creía culpable en el futuro.
Sin saber por qué, Lily sintió como sus nauseas de hace algunos momentos se reanudaban. Sintió que el exceso de conversación y de ruido que había en todo el Gran Comedor la molestaba.
—Oigan, chicos—murmuró de pronto, sintiéndose muy mareada— Creo que saldré a dar una vuelta a los jardines…
Sí, eso sería ideal. La experiencia de aquellas criaturas del tren la habían afectado más de lo que ella estaría dispuesta a reconocer.
— ¿Qué? —Preguntó Hermione extrañada— ¿Te das cuenta de qué hora es? ¡No es momento para ir a dar una vuelta, Lily!
—Lo sé, pero estoy algo… sofocada. ¿Nos vemos en el dormitorio, Hermione? —dijo Lily levantándose, para luego dirigirse a Harry y a Ron— Buenas noches, chicos…
—Lily, no deberías…—comenzó Harry, pero su hermana no lo dejó terminar.
Lily se mostró completamente de acuerdo con el razonamiento de su hijo. No era sensato que Ariana saliera a esas horas…
—Aún no está muy oscuro, y necesito un poco de aire—lo cortó, sonriéndole a medias— No te preocupes.
Y, sin hacer caso de la mirada reprobatoria de Hermione, salió del Gran Comedor, y comenzó a caminar apresuradamente por los pasillos de Hogwarts, para luego salir al aire libre.
Aquello era extraño. No era normal que la joven Potter quisiera salir así, aunque, pensándolo bien, y tomando en cuenta la sensación que daban los Dementores a las personas, resultaba algo razonable.
Se sentía bien respirar aire puro. La noche estaba comenzando aún, así que todavía se podía distinguir todo perfectamente bien.Comenzó a caminar de un lado a otro, disfrutando de la noche.
Sirius comenzó a preguntarse cómo se sentiría el después de haber pasado tanto tiempo a merced de los guardianes de Azkaban. Seguramente las ganas de vomitar que la Pequeña tenía se quedarían bastante cortas ante lo que él debía de estar sintiendo…
De pronto, Lily vio algo que la hizo detenerse durante una fracción de segundo. Le pareció notar el destello de unos ojos grises…(Sirius, Remus, y James escucharon de madera muy atenta en ese momento) Comenzó a forzar un poco la vista y se detuvo en un punto exacto.
Allí, a unos pocos metros de ella había un inmenso perro negro, realmente parecido a la criatura que Lily y Harry habían visto un momento antes de abordar al autobús noctámbulo. Pero no era posible…
Aquello sí que era posible, y eso los tres merodeadores de la sala, junto con Lily, lo sabían perfectamente bien.
Lily se acercó lentamente al animal, que aún no se había percatado de su presencia. Visto más de cerca, el perro parecía algo enfermo y bastante delgado.
—Hola, amiguito—saludó Lily, arrodillándose junto a él, al mismo tiempo que el animal se sobresaltaba, y se alejaba de un salto, observando para todos lados.
Sirius apenas podía asimilar que él mismo estuviera allí, en frente de la Pequeña, caminando por Hogwarts. Así que a eso se refería el título del capítulo, o al menos la última parte de ese.
—No te asustes—dijo ella, acercándose de nuevo. El animal parecía estar petrificado por alguna extraña razón que Lily no llegó a comprender—Ven, no voy a lastimarte…
Eso Canuto lo sabía muy bien. Sabía que esa muchacha no lo lastimaría, y también sabía que él no le haría daño a ella, ni en su forma de perro, ni en su forma de humano.
El perro pareció entrar en confianza, ya que no volvió a moverse, simplemente se quedó allí plantado.
Lily, pensando que era muy extrañoencontrarse un perro así en Hogwarts, comenzó a examinarlo. Al observarlo de cerca, pudo notar que estaba algo lastimado y al parecer no había comido en días…
— ¿Quieres algo de comida? —el perro movió la cola con frenesí ante eso, haciendo que Lily sonriera y tomara de su túnica uno de los bocadillos que había comprado en el tren —Ten—se lo dio, y el perro lo aceptó gustoso. La miró durante un segundo, y luego salió corriendo.
—Qué descortés eres, Sirius—le reprendió James, con una sonrisa—. Las personas no deben salir corriendo después de recibir comida…
—¿A qué te refieres? —inquirió Frank, sin haber comprendido de todo la frase, haciendo que Sirius, James e incluso Remus sonrieran de manera misteriosa.
— ¡Eh! —Exclamó Lily, indignada, mientras perseguía al animal— ¡Regresa aquí!
Pero el perro no volvió. Sin embargo, Lily continuó corriendo tras él, y alcanzó perfectamente a distinguir como, de una forma muy extraña, el animal desaparecía debajo de… ¿las raíces? Sí, de las raíces de, el que ella reconoció, como el Sauce Boxeador.
Los merodeadores supieron en ese momento a dónde había ido Sirius. Pero lo que no esperaron, fue que Lily se animara a seguirlo.
Había algo realmente extraño con ese animal, y con ese árbol en aquél momento. Lily recordaba que, el año anterior, la planta casi había intentado hacerla puré, junto con Harry, Ron y el viejo coche del señor Weasley.(Molly y Lily bufaron ante eso, aún incrédulas ante lo que había ocurrido en el principio del curso anterior) Sin embargo, en ese momento sus ramas estaban quietas. Se acercó, y, con asombró, comprobó que había una especie de orificio, casi invisible, en la parte inferior del árbol.
Aquello desconcertó a todos los que no tenían ni idea de por qué estaba ese orificio allí.
— ¿Por qué hay un agujero allí…?—inquirió Frank, perplejo.
—Lo usaban para mí—respondió Remus, decidiendo que seguramente era cuestión de tiempo para que el libro lo dijera, y sin más, les contó toda la historia, únicamente omitiendo el hecho de que Sirius, James y Peter eran animagos ilegales.
Todos se mostraron sorprendidos ante la historia de Remus, pero les pareció algo perfectamente razonable e inteligente lo del árbol y lo de la Casa de los Gritos, así que decidieron no seguir insistiendo con ese tema.
Así que el perro había pasado por allí. Lily no pensó muy bien lo que hacía, pero no pudo evitar apresurarse y entrar también, de una forma casi inconsciente. Se arrastró por el hueco, y cuando se dio cuenta de que ya había entrado, se levantó lentamente.
Estaba en un túnel bastante oscuro, y con un techo muy bajo. Antes de seguir avanzando, se preguntó si sería buena idea.Casi pudo escuchar a Hermione en su cabeza. «¡No des un paso más, Lily! ¡Regresa al castillo en este momento! ». Sí, eso sería seguramente lo que su amiga le estaría diciendo.
Lily estuvo completamente de acuerdo con la Hermione ficticia del subconsciente de su hija. Ariana no demostraría ser muy sensata si seguía caminando por allí, más sencillo sería que se regresara como una buena chica...
Sin embargo, Lily sabía que esperar que su hija no siguiera sus instintos de curiosidad era como esperar que el mar se volviera morado.
Dio un paso más, indecisa. De pronto, le vino un vago recuerdo de una película muggle, en donde había una chica estúpida que entraba en un lugar que tétrico, que además de todo,tenía un enorme letrero de «No entrar, peligro».
Se sintió ligeramente identificada con la chica durante un segundo, y luego decidió que estaba siendo tonta. Aquél lugar sí que tenía un aspecto tétrico, pero no tenía ningún letrero de o ninguna advertencia que dijera «No entrar».
Suspiró y siguió caminando a paso decidido. Podía escuchar sus propias pisadas. Era un pasadizo realmente largo. Lily comenzó a preguntarse si no sería una mala idea continuar… Pero no. Ella quería encontrar al perro, aunque no sabía muy bien por qué…
De pronto, llegó a una abertura. Se podía ver que de allí procedía una luz muy tenue…
Entró en una habitación desierta, que tenía a la derecha una puerta abierta que daba a un vestíbulo oscuro.
¿Qué era aquél lugar? Lily nunca había estado en nada parecido.
Los recuerdos invadieron la mente de Remus. Casi resultaba gracioso que su ahijada se hiciera esa pregunta mientras inspeccionaba aquél lugar.
James fue el que más contento se mostró ante eso. Le gustaba que al menos uno de sus hijos se paseara por lugares que habían significado tanto para él.
Entró en el vestíbulo, y se dio cuenta de que habían muebles destrozados. Todo estaba cubierto de polvo.
Comenzó a asustarse, ya que tenía la sensación de que alguien la estaba observando, pero por más que volteó a ver por todos lados, no consiguió divisar nada.
Empezó a subir por unas escaleras, que parecía que iban a desmoronarse en cualquier momento. Crujían bajo sus pies, y eso no le agradaba nada. Terminó de subir, siguió caminando, y se encontró con una sola puerta abierta.
Ya no podía fingir que el lugar no le daba algo de miedo. Lentamente, cruzó por la puerta, esperanzada de encontrar al perro con los ojos grises.
Sirius sonrió, sabiendo que lo más probable, y lo más inteligente por su parte, sería que no se dejara ver.
Entró, y vio que era otra habitación, de un lado de esta, había una cama con dosel y colgaduras polvorientas.
—Perrito…—susurró Lily, sintiendo una extraña sensación, como si alguien estuviera detrás de ella— ¿Estás aquí?
Sin duda, Sirius sabía que él estaba allí.
No había nada. Lily decidió quesería mejor irse. No le gustaba estar sola en aquella casa, pero le gustaba mucho menos sentir que no lo estaba, que había alguien más allí.
Lily bufó, exasperada. ¡Típico! Ninguno de sus hijos podía resistir el impulso de meterse en lugares desiertos en donde nadie con un poco de sentido común entraría…
—Tonterías, Lily—se dijo a sí misma— Te estás volviendo paranoica—intentó convencerse a símisma de eso, mientras regresaba y se apresuraba a bajar las escaleras.
Aquello fue un error. Bajó sumamente rápido, por lo que las débiles piezas de madera no pudieron soportar su peso, y antes de que pudiera seguir bajando, sintió como una de las escaleras se quebraba debajo de ella, y hacía que perdiera el equilibrio.
Estuvo segura de que iba a golpearse muy fuerte la cara, ya que se había inclinado para adelante, pero entonces, sintió algo completamente fuera de lugar.
Casi fugazmente, percibió un par de manos sosteniéndola con fuerza por la cintura, impidiéndole que cayera. Ella, en un acto de reflejo, también había intentado sostenerse de aquél nuevo e inesperado apoyo, levantando las manos y aferrándose a algo, sin darse cuenta si quiera de lo que era.
Escuchó a alguien maldecir entre dientes, pero estaba demasiado confundida como para reaccionar de inmediato.
En medio de la confusión que había causado el que Lily se cayera, y que alguien la sostuviera, nadie se animó a comentar nada, pero todos sabían perfectamente quién era la persona que había impedido que la muchacha estampara su rostro con el suelo.
Recuperó el control de sí misma, y levantó la cabeza, todo en cuestión de segundos. Lamentó haberlo hecho.
Durante una fracción de segundo, no supo qué hacer. Lo único que sus ojos alcanzaron e ver, eran un par de ojos grises. Eran iguales a los del perro, pero no tardó mucho en darse cuenta de que aquellos ojos en definitiva no eran del animal.
Instintivamente, las cabezas de una gran parte de los presentes se dirigieron hacia Sirius.
Asustada, se dio cuenta de la posición en la que estaba. Sola, en una casa que cada vez se hacía más oscura, con los dos brazos alrededor de un cuello, y un par de manos en su cintura, sosteniéndola.
Casi automáticamente, se echó para atrás, de una forma exageradamente brusca. Se empujó a sí misma lo más lejos de aquél personaje, y, sin darse cuenta, terminó entrando en la habitación de la que había salido hace un momento.
Cuando se dio cuenta, ya estaba pegada junto a la pared. Sin embargo, aquellos ojos grises y el propietario de los mismos no se movieron en lo absoluto.
Lily hizo un esfuerzo por distinguirlo entre la oscuridad que cada vez se hacía un poco más profunda. Tenía frente a ella a un hombre alto, su cabello era largo, y vestía una túnica bastante sucia.
Sirius hizo una mueca imaginándose su aspecto. Doce años en Azkaban deberían de haberlo dejado en un estado lamentable…
Sin embargo, la muchacha todavía no había descifrado la identidad de aquél hombre. No lo había hecho, hasta que él se acercó.
Entonces lo vio. Y lo reconoció también.
Era Sirius Black.
Aunque todos sabían que la persona que aparecería allí era Sirius, por simple intuición, el hecho de escuchar como Lily lo reconocía lo hizo mucho más real.
Lo distinguió mejor a medida que se movía. Parecía igual de enfermo y lastimado que el perro.(James y Remus hicieron una mueca ante eso) Pero, a pesar de eso, era bastante atractivo.(Aquello hizo que Sirius sonriera un poco, y que Lily pusiera los ojos en blanco) Sin duda, los años que había pasado en prisión no le habían quitado eso. Tenía una expresión extraña en el rostro, pero ella no supo descifrarla.Parecía como si no hubiera comido nada en mucho tiempo. Después de examinarlo, se dio cuenta de que seguía observándola con una intensidad que la asustaba.
Lily trató de retroceder más, pero la fría pared de madera no se lo permitía.
—No voy a hacerte daño…—susurró él. Su voz se escuchaba ronca, al parecer no había hablado en mucho tiempo.
James frunció los labios durante un momento. Imaginarse a Sirius callado durante mucho tiempo era sinónimo de imaginarse a Hermione reprobando cada materia que escogiera. Y no le hacía ninguna gracia que así fuera.
¿Que no iba a hacerle daño?, eso era absurdo. Bueno, quizá le habría creído si muchas personas no le hubieran afirmado lo contrario.
—No voy a lastimarte, Pequeña—gruñó Sirius, molesto con las circunstancias en las que su personaje estaba conociendo a la joven Potter. Ella le tenía miedo y probablemente si hubiera sido Harry el que estuviera en su lugar se hubiera comportado de una manera exactamente igual.
La joven movió discretamente su mano hacia sí misma intentado encontrase con su varita… pero no la encontró. Tratando de no mostrase alarmada, intentó recordar dónde la había dejado y entonces cayó en cuenta. ¡Se la había dejado a Hermione! No podía ser posible. De todos los días en los que podía andar sin varita, ¿por qué había tenido que ser precisamente aquél en el que ella lo olvidara? ¡Rayos! ¡La suerte debía de odiarla!
¿Cómo demonios se las arreglaba ahora para salir? Tenía que distraerlo, o quizá podría ponerse a gritar…
—Nadie alcanzaría a escucharla—comentó James, sabiendo que las únicas personas que podrían oírla estarían en el pueblo y seguramente pensarían que eran "los espíritus" que habitaban en la Casa de los Gritos.
—Nadie te escucharía por más ruido que hicieras—comentó él, adivinando sus pensamientos y sonriendo de manera burlona… y extraña— Estamos bastante alejados del castillo, por lo que dudo mucho que alguien venga.
Lily bufó. Así que además de resultarle intimidante, ahora también podía descifrar lo que pensaba. Eso sería demasiada mala suerte… Entonces abrió un poco más los ojos, recordando algo. Hacía ya bastante tiempo, en una de sus múltiples pláticas con Severus, él le había contado que habían magos capaces de saber lo que una persona estaba pensando. No recordaba el nombre de aquella magia, pero… ¿Sería posible? Tendría que intentar ser lo más sincera posible con él, y también tendría que evitar pensar en lo que se proponía.
Sirius no pudo mostrarse más contrariado ante esa idea. Él no sabía emplear la Legeremancia, así que la Pequeña no tenía nada de qué preocuparse…
Entonces, él volvió a hablar, y la sacó de sus ensoñaciones.
—No te asustes—pidió—. Ya te dije que no pienso hacerte daño—entonces, hizo una mueca de dolor. Lily pudo notar que tenía una herida algo profunda en un brazo, ya que, aunque estaba cubierto, su vieja y remendada túnica estaba manchada de sangre.
— ¿Está bien? —preguntó la muchacha con voz ligeramente temblorosa. Luego cayó en cuenta de que esta había sido una pregunta estúpida por muchas razones. La primera: obviamente él no estaba bien. La segunda: ella se encontraba en una situación en la que era completamente tonto hacer ese tipo de preguntas.Y la tercera: a ella no tenía por qué interesarle si estaba bien o no.
Aparentemente a él también le sorprendió esa pregunta, y no dijo nada durante un momento, con los ojos fijos en la joven.
Lily no pudo dejar de intuir que seguramente a Sirius le había sorprendido esa pregunta por el simple hecho de que durante los doce años que había estado en prisión, probablemente muy pocas personas, o ninguna, le habían preguntado nunca si estaba bien.
Lo único que se movió en aquél momento fue una de las manos de Black, y entonces Lily pudo ver que traía consigo el bocadillo que ella le había dado al animal que había hecho que ella entrara en aquella situación.
— ¿Dónde está el perro? —preguntó, sintiéndose increíblemente idiota. Se encontraba con un hombre que supuestamente había escapado de la mejor prisión de Inglaterra con el propósito de matarla junto con su hermano,(Sirius dejó escapar un suspiro cargado de frustración. ¡Él no quería matarlos! ¡No podía ser que quisiera eso!) ¿Y lo único que se le ocurría preguntar era dónde estaba aquél animal? Y, para colmo, un segundo después su estómago rugió, recordándole lo hambrienta que estaba. Quiso darse de bofetadas por no haber comido lo suficiente en el banquete.
A Black pareció divertirle esa pregunta. Levantó la mano con la que sujetaba el bocadillo.
—Así que tú se lo diste…—murmuró, sin dejar de usar un tono que sugería que estaba divirtiéndose— Debo agradecerte por alimentar a mi perro**(James y Remus pusieron los ojos en blanco. Seguramente el Canuto del futuro estaba divirtiéndose con Lily en aquél momento)** —continuó—, y lamento no poder ofrecerte algo para calmar a tu estómago—Lily no pudo reprimir una mueca—, pero a menos que te gusten las ratas, no hay nada aquí que puedas comer.
— ¿Ratas? —murmuró la profesora McGonagall con voz chillona, viendo horrorizada a Sirius.
Y no fue la única. James, Remus, y muchos otros miraron al mago con una mezcla de tristeza y compasión. Todos conocían a Sirius, y no podían dejar de imaginarse lo duro que era para él estar sin sus acostumbradas y deliciosas comidas preparadas por elfos domésticos. Azkaban debió ser un infierno para él…
Lily abrió los ojos, sorprendida. ¿Ratas? ¿Había dicho…ratas? La idea de que el perro comiera ratas era asquerosa, pero la idea de que Black comiera ratas era… algo mucho más allá de lo repugnante. La joven comenzó a desesperarse. ¿Por qué Black no hacía nada de una buena vez? Estaba poniéndose cada vez más nerviosa…
—Si va a matarme, ¿le molestaría hacerlo rápido? —murmuró, diciendo sus pensamientos en voz alta. No le gustaba pensar que iba a matarla, pero no veía una forma de escapar de allí.
—No voy a matarte**—pensó Sirius, exasperado. ¡Vaya que estaba enojándose en ese capítulo! No solo la hija de su mejor amigo lo consideraba un asesino, sino que encima había descubierto que en una época de su vida se vería obligado a comer ratas. Además de que la Pequeña seguía insistiendo en que él iba a matarla, que era lo que lo contrariaba más.**
—No voy a matarte—dijo él, con un tono aburrido, como si hubiera estado repitiendo las mismas palabras durante mucho tiempo—, y, por favor, deja de hablarme de usted—hizo una pequeña mueca—, me haces sentir viejo.
—Parece que además de tu "atractivo" —comentó Lily, sonriéndole burlonamente a Sirius— , tu vanidad tampoco se ha ido mucho que digamos…
—Eso es porque sigo siendo joven, pelirroja—repuso Canuto, correspondiendo a la sonrisa—, no pude haber envejecido demasiado…
¿Sería posible que ese hombre estuviera tan retorcidamente loco como para importarle si alguien pensaba que era viejo o no? Lily, trató de encontrar una manera de distraerlo…
— ¿Así que no vas a matarme? —Inquirió, decidiendo que sería mejor complacerlo y comenzar a tutearlo— Oh, bueno, esa es una buena noticia—sonrió con la burla reluciéndole en los labios—. Entonces tengo que suponer que si escapaste de Azkaban fue simplemente para cambiar un poco de aires, ¿no? Tendrás que disculparme, Black…
Sirius sonrió. Al menos ya estaba hablándole sin tanta formalidad, lo cual suponía todo un logro, sin contar con que ella seguía pensando que él iba a lastimarla.
—Sirius—la cortó él, mientras recostaba su hombro en la pared de madera que estaba cerca de la puerta.
—Sirius—repitió ella con cautela, para luego terminar su comentario sarcástico—. Bueno, tendrás que disculparme, Sirius, pero se me hace muy difícil creerte…
Él pareció disfrutar esas palabras, debido a que soltó una pequeña risa entre dientes que hizo que Lily se estremeciera. ¿Cuánto tiempo más tendría que esperar allí?
—No voy a matarte—volvió a interrumpir el— Ni tampoco voy a hacerte daño—, en ese momento, sus ojos mostraron una emoción que Lily no pudo reconocer. Eran casi… suplicantes—. Pero eso no significa que el hecho de que salgas de aquí no vaya a causarme problemas—dio un paso indeciso, hacia adelante—. Eso quiere decir que tengo que pedirte que, por favor, no comentes nada sobre mí—bufó, como si la simple idea de pedir eso resultara estúpida hasta para él mismo.
¡Y claro que le había resultado una petición estúpida! Sirius no podía creer, más bien sabía , que en el momento en el que la pequeña copia de Evans saliera de la Casa de los Gritos lo primero que haría sería informarle a todo el que se le pusiera en frente que lo había visto, y también en dónde estaba.
Lily supo que él sabía que lo primero que ella haría al salir de allí sería gritar a los cuatro vientos que lo había visto.
Lo miró desesperada. ¿Qué pasaría con Harry si Black la mataba? Se quedaría solo, con los Dursley como única familia… Tendría que soportar otra pérdida más…
De nuevo, los pensamientos de la muchacha exasperaron a Canuto, pero ahora también molestaron a James. Él no quería que ninguno de sus hijos pensara en Sirius como un asesino. ¡Él era el padrino de Harry, por Merlín! ¡No podía creer que toda esa situación estuviera teniendo lugar!
—Por favor…—suplicó Lily, pensando en Harry. No quería dejarlo solo…
Escuchar una súplica procedente de esa joven hacía que Sirius se sintiera como una auténtica porquería. ¿Por qué tenía que pasarle eso a él? ¡Con un demonio! ¡Ya no soportaba esa situación! El simplemente no podía aceptar que las personas del futuro lo consideraran un delincuente asesino capaz de todo. No quería aceptarlo.
El la observó de una manera que ella no supo entender, y luego, soltando un suspiro de frustración, la miró claramente a los ojos.
—Vete—gruñó, secamente.
Remus le dio una suave palmada en la espalda a Canuto, y le dedicó una pequeña sonrisa para animarlo. Sabía que su amigo seguramente no la estaba pasando bien, ni en el presente, ni en el futuro.
Lily no dio crédito a sus oídos.
— ¿Qué?
—Que te vayas—parecía estar en un dilema interno. Y la pregunta de Lily pareció exasperarlo más.
— ¿Que… que me vaya?
— ¿Tengo que repetirlo? —inquirió él con fastidio. Y Lily no lo dudó dos veces, tratando de mantenerse lo más alejada posible de él, y de una manera lenta que pretendía ser cautelosa, pasó a su lado para traspasar la puerta, y una vez cerca de las escaleras, bajó corriendo.
Volteó la cabeza hacia atrás, y notó que él se había quedado parado bajo el marco de la puerta. Lily fue alejándose poco a poco, y luego decidió que entre más rápido saliera de allí, mejor.
Corrió con todas sus fuerzas, sin poder creer que Black la estuviera dejando escapar. Volteaba frenéticamente la cabeza para ver si la seguía, pero aparentemente el hombre se había quedado plantado en aquella vieja habitación.
Sin poder detenerse, siguió corriendo, hasta salir de aquél lugar. Apresuradamente, y sin tener el cuidado de no hacer ruido, siguió usando todas sus fuerzas para seguir corriendo hasta que llegó al retrato de la señora Gorda.
— ¿Contraseña? —pidió ella, y a Lily se le fue el alma a los pies.
No tenía ni la menor idea de cuál era la maldita contraseña.
Escucharon como Lily intentaba convencer a la señora Gorda que la dejara entrar… sin éxito. Aparentemente pasaron al menos diez minutos en los que la joven perdió completamente la paciencia.
— ¡Mire! ¡Usted no sabe lo que me acaba de ocurrir, así que por favor…!
Pero Lily no había llegado a terminar su petición, porque en ese momento el retrato se abrió, y la joven soltó un grito ahogado.
— ¡Hermione! —Gritó, indignada, en el momento en el que reconoció que la persona que había salido era su amiga— ¡Casi me matas de un infarto…!
— ¡No estás en posición de reclamarme Lily! —le espetó la castaña, viéndola con desaprobación— ¿Te das cuenta de qué hora es? ¿Dónde estabas? ¡Estaba muy preocupada! En este momento iba a ira buscarte…
— ¡Hermione, tengo que decirte algo! —Exclamó, olvidando de pronto la discusión que estaban teniendo— Mira, ¿recuerdas que te dije que necesitaba salir? Pues no vas a creerlo, cuando estuve afuera…—en ese momento se paró en seco, ante la mirada desconcertada de Hermione. «Por favor, no comentes nada sobre mí.» «Vete.» Por un momento, escuchó clara mente como él la había dejado ir… —Y… no vas a creerlo —continuó, hablando mucho más despacio—, pero creo que perdí mi varita, así que por eso… por eso estuve tanto tiempo afuera, buscándola…
Oyeron como Hermione le respondía exasperada que ella tenía su varita, y que tenía que ser más cuidadosa, señalando que no era seguro que se paseara sola por el castillo a horas inadecuadas.
—Sí, tienes razón—aceptó Lily, mientras le echaba una última mirada a los oscuros pasillos del castillo, para luego entrar en la sala común.
No sabía por qué, pero en ese momento fue consciente de que no le contaría a nadie sobre Black. Lily suspiró, pensando que estaba siendo completamente insensata. Por muy fastidioso que fuera admitirlo, Black la intrigaba. Y ella no lo delataría. Aquella sería la forma de agradecerle a aquél hombre el hecho de que no la hubiera matado.
¡Hola a todos! :D ¿Qué tal están? Antes que nada, quiero disculparme, porque sé que este capítulo tardó mucho más tiempo del que yo hubiera querido. La razón es simple, esta semana ha estado llena de convivios navideños, cumpleaños y fiestas, así que no tuve mucho tiempo de sentarme a escribir xD
Bueno, dejando eso allí, me gustaría que me contaran ¿qué les pareció el capítulo? ¿Muy largo? ¿Hubo algo que no quedó bien?
Haciendo un poco de historia sobre la última parte (síp, esa donde Canutito hace su aparición), verán: esa escena estaba escrita mucho antes de que comenzáramos con el Prisionero, e incluso antes de una gran parte de la Cámara. La escribí sin pensar en incluirla en el fic, pero después de pensarlo detenidamente decidí que quizá podría ponerla aquí. También decidí que sería mejor ponerla en este capítulo, aunque quizá parezca muy apresurado, pero después leer mi libro de El Prisionero llegué a la resolución que si quería meterla, sería mejor hacerlo en este capítulo, ya que en los siguientes no encontraría una ocasión para poner en orden todos los detalles. ¿Qué opinan ustedes? ¿Fue un error que la incluyera? ¿O les gustó? Ya sé que ando muy preguntona, pero de verdad me gustaría que me dijeran qué piensan. xD
Ya, dejando por la paz las preguntas, solo me queda pedirles que me dejen sus hermosas opiniones en los maravillosos comentarios. :) Y recuerden, si hay algún error, por favor, díganme.
¡Espero que estén disfrutando de las fiestas! ¡Nos leemos pronto!
¡Travesura Realizada!