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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 28

—El capítulo terminó—anunció Alice, bajando el libro, y pasándoselo a su esposo.

—No lo entiendo—comentó Sirius, sin dirigirse a nadie en particular— ¿Por qué no le dijo a nadie que me vio?

—Ya la oíste—contestó Remus, recitando lo que había escuchado en el capítulo anterior—: "… no lo delataría. Aquella sería la forma de agradecerle a aquél hombre el hecho de que no la hubiera matado."

—Sí, pero no entiendo por qué me lo agradece—repuso Sirius—. Quiero decir, sí, está bien que se sienta agradecida y bla-bla-bla, pero ¿por qué no se lo dijo a Hermione? Según ella soy un asesino loco que quiere matarla, y...

—Simplemente Ariana es una de esas personas que sienten que tienen una deuda con quien les ayuda—explicó Lily, queriendo que a Sirius le quedara clara la naturaleza de su hija—, claro, también podríamos decir que es una completa imprudente despreocupada, pero ese no es el punto.

—Oye, cambiando un poco el tema…—terció Gideon, dirigiéndose a Sirius— ¿Dónde te conseguiste un perro al salir de Azkaban…?

Sirius sonrió ante eso. Le echó una mirada a James, y otra a Remus, y notó que sus compañeros estaban pensando exactamente lo mismo que él: dentro de pronto ya no tendría más sentido ocultar que eran animagos.

Con la sonrisa aún en la cara, y sabiendo que sus dos amigos estaban de acuerdo con él, les contó a los demás presentes lo que James, Peter y él eran.

—Déjeme ver si comprendí, Black…—pidió la profesora McGonagall, que tenía los ojos muy abiertos y respiraba entrecortadamente— ¿Me está diciendo que Potter, Pettigrew y usted…?

—Así es, profesora—confirmó James, viendo a la mujer con una sonrisa— ¡Somos animagos!

Esa simple exclamación le valió una reprimenda de más de cinco minutos a James, y de paso, a Sirius también. Todo terminó con un grito de "¡CASTIGADOS!" que la profesora exclamó inconscientemente.

—Ni se le ocurra decirme que ya no son alumnos, Black—ordenó McGonagall, percatándose de su error, y de que el joven abría la boca—. Se perfectamente que ya no puedo castigarlos… ¡Sí, Potter, eso también va para usted!

A pesar de que Sirius y James se estaban divirtiendo con el enojo de la profesora, mientras respondían algunas preguntas de los demás ocupantes de la sala, Remus únicamente miraba al profesor Dumbledore, y lo hacía claramente apenado.

Sin embargo, el director de Hogwarts no se veía enfadado. Le dedicó a Remus una mirada tranquilizadora y amable, que le daba a entender que no había nada que a él le molestara. Remus sintió como la tranquilizadora mirada del director le quitaba un peso de encima.

Finalmente, comenzaron el capítulo y se encontraron con la repartición de horarios de los alumnos de tercero.

— ¿Cómo se supone que Hermione asistirá a todas esas clases? —inquirió Gideon, haciendo una mueca— Dudo mucho que alguien pueda con todo eso…

—Le sorprendería saber, Prewett, de los muchos métodos que hay para que la señorita Granger pueda asistir a todas sus clases—repuso la profesora McGonagall, con una pequeña sonrisa.

Siguieron escuchando como los cuatro muchachos se dirigían a su primera clase de adivinación, topándose de paso con el cuadro de Sir Cadogan, para luego entrar en lo que Harry describió como "el aula de aspecto más extraño que había vis­to en su vida".

A pesar de que el lugar era algo completamente raro, y que la profesora Trelawney hablaba de algo, Lily no alcanzó a escuchar nada. Durante la mayor parte del tiempo su mente estuvo vagando en un solo lugar: Black.

Sirius sonrió un poco ante eso. Aún seguía desconcertado por el simple hecho de que la Pequeña lo ayudara, pero eso no quitaba que estuviera muy agradecido.

¿Qué estaba haciendo él en aquél momento? ¿Estaba tragándose alguna rata, o simplemente vagaba por aquella casa desvaída? Sin embargo, lo que más la angustiaba no era precisamente él. Era Harry.

— ¿Creen que se anime a contárselo a Harry? —preguntó Remus, reflexionando sobre el asunto.

—No veo por qué no pueda hacerlo—repuso Frank.

—Seguramente no lo hará por la misma razón por la que no se lo dijo a Hermione—opinó James, encogiéndose de hombros.

— ¿Y según tu, cuál es esa razón? —inquirió Sirius con curiosidad.

—No tengo ni la menor idea—confesó James—. La verdad es que entender la mente femenina no es mi fuerte.

Ese comentario consiguió arrancar las sonrisas de algunos de los varones de la sala, y también que la mitad de las mujeres pusieran los ojos en blanco.

Estaba atravesando un dilema interno. ¿Se lo decía, o no se lo decía? ¿Cómo reaccionaría su hermano al enterarse de lo que había ocurrido la primera noche que habían pasado en Hogwarts?

— ¿Y bien? — llamó Hermione, sacando a Lily de sus pensamientos.

— ¿Eh? —inquirió esta, sacudiendo la cabeza— Perdona, ¿qué decías…?

—Estaba preguntándote qué vez en mi taza —puntualizó Hermione, dedicándole una mirada que reflejaba curiosidad.

—En tu taza…—murmuró Lily, mientras tomaba el objeto, sin comprender— Eh… Bueno, hay restos de té…

Lily soltó un resoplido ante eso.

—Esto es increíble—bufó, mientras ponía los ojos en blanco y sonreía con un poco de burla— ¿Te das cuenta de que Ariana no ha escuchado absolutamente nada de la clase por estar pensando en ti? —preguntó, dirigiéndose a Sirius, que le respondió con una sonrisa y un encogimiento de hombros.

Lily notó que Hermione estaba a punto de reprenderla, cuando se vio interrumpida por una carcajada de Harry.

Escucharon como el joven Potter se reía animadamente de lo que Ron había vislumbrado en su taza, y en consecuencia, la profesora de Adivinación se dirigía hacia él, y comenzaba a hacer predicciones, siendo la primera que "tenía un enemigo mortal"

— ¡Eso todo el mundo lo sabe! —Exclamó Marlene divertida— ¡Por algo le dicen "el niño que vivió"!

Hermione, sorprendiendo a todos, dijo en voz alta algo muy parecido a lo que Marlene acababa de exclamar.

Lo que siguió, fueron más exclamaciones de la profesora Trelawney como "peligro en tu camino" "no es una taza muy alegre " y otras por el estilo.

—Al parecer la taza de Harry no trae la mejor suerte…—comentó Molly preocupada.

—No creo que sea para tanto—replicó la profesora McGonagall, frunciendo ligeramente el entrecejo—. Como siempre he dicho, la Adivinación me parece de lo más impredecible.

Sin embargo, la última afirmación de la profesora de Adivinación sobre Harry consiguió sorprender a algunos.

—Querido mío —dijo—, tienes el Grim.

— ¿El qué? —quiso saber Lily, intrigada. No había comprendido bien el término, sin contar que la desconcertaba la mueca de exasperación en el rostro de Sirius.

—El Grim—repitió Sirius, para luego poner los ojos en blanco, incrédulo—, es un perro gigante negro considerado el peor de los augurios.

— ¿El peor de los…?

—Es un augurio de muerte, Lily—intervino James, anticipándose a la pregunta de su esposa.

—Quien diga que la vida no es irónica, está muy equivocado—gruñó Sirius, mientras soltaba un resoplido de exasperación. ¡Eso era precisamente lo último que faltaba para que Harry pensara en él como algo malo!

Remus le dio unas cuantas palmadas en la espalda a su amigo, y le sonrió, tratando de reconfortarlo. Sabía que todo aquello estaba resultando muy difícil para él.

Le lectura siguió, y, como había pasado hacía ya unos momentos en la sala, Harry también preguntó qué era eso que la profesora llamaba "el Grim"

El estómago le dio un vuelco a Harry. Aquel perro de la cubierta del libro Augurios de muerte, en Flourish y Blotts, el perro entre las sombras de la calle Magnolia...

—Odio Adivinación.

—La mayoría también la odiamos, Sirius.

—Pero yo la odio más, Cornamenta. Por culpa de esa clase ahora Harry y seguramente también la Pequeña piensan en mí como algo que trae la muerte—Sirius bufó, molesto— ¡Estupendo! —añadió con sarcasmo.

Lily sintió como si la sangre se le hubiera helado por un segundo. ¿Un perro gigante y espectral? ¿Qué significaba eso? Hasta aquél momento ella se había tomado la clase de Adivinación como una broma, pero que la profesora Trelawney dijera que un enorme perro estaba relacionado con Harry…

—… Es pura coincidencia—finalizó Lily, ligeramente exasperada—. Me parece que es pura casualidad el que un perro sea signo de muerte.

Más adelante, cuando la primera clase de Adivinación terminó, escucharon como la profesora McGonagall notaba que había algo extraño en su clase, y como después de averiguar lo que sucedía, expresaba su opinión sobre la Adivinación: una magia muy imprecisa.

Lily sonrió al escuchar que eso hacía que Harry se sintiera mejor por un momento.

—Gracias por decir eso, profesora—dijo, sonriéndole a la mujer, que correspondió al gesto con ánimo.

Lo que sucedió después de esa clase animó mucho más a todos.

— ¡Van directo a tu primera clase, Hagrid! —Exclamó Alice con entusiasmo— ¡Estoy segura de que serás un gran profesor!

—Gracias, Alice—sonrió Hagrid, con un aspecto entusiasmado—. Espero cumplir bien mi papel de profesor…

Lo que siguió confirmó que seguramente la clase del semigigante sería de lo más interesante. A diferencia de lo acostumbrado en Hagrid, las criaturas que se habían presentado en ese momento no eran nada terroríficas, ni tenían tres cabezas o echaban fuego.

—¡Hipogrifos!—gritó Hagrid—. ¿A que son hermosos?

— ¡Completamente de acuerdo! —Dijo Marlene contenta—. He visto hipogrifos y sé que son muy hermosos.

—Yo también pienso eso—comentó Lily, frunciendo ligeramente el entrecejo—, pero… el título del capítulo me pone algo nerviosa.

— ¿Y eso por qué? —preguntó James, con curiosidad.

—"Posos de té y garras de hipogrifo" —citó Remus, respondiendo la pregunta de su amigo, para luego dirigirse a Lily—. Supongo que piensas que la parte de "garras" es algo preocupante, ¿no?

—No tienes por qué inquietarte, Lily—intervino Hagrid, viendo que la pelirroja asentía ligeramente apenada—. Los hipogrifos no son peligrosos si uno sabe cómo tratarlos.

Para alivio de la pelirroja embarazada, el Hagrid del libro tuvo mucho cuidado en explicar que los hipogrifos eran orgullosos, y también mostró cómo era que las personas debían de tratarlos. Lo que siguió a continuación fue una petición de Hagrid para ver si alguien quería acercarse al precioso animal.

—Yo —se ofreció Harry.

Hagrid sonrió, agradecido con el aún inexistente joven Potter. Estaba seguro de que él querría que su primera clase fuera especial.

 Lily, que trataba de poner la mayor atención a la clase de Hagrid, alcanzó a escuchar a Lavender y a Parvati, que estaban aparentemente horrorizadas.

 — ¡No, Harry, acuérdate de las hojas de té!

—A Harry no le ocurrirá nada—aseguró Sirius con confianza—, esas chicas están exagerando.

Lily bufó, exasperada. La clase de Adivinación ya le había dado demasiado en qué pensar, como para que sus compañeras siguieran recordándosela. Ella aún no estaba segura de si el perro de la taza era algo relacionado con el hombre que ella había conocido. Había decidido que, si bien ella no creía que Harry fuera a hacerse daño por la aparición del extraño animal, no lo contaría nada sobre Black. Quizá las dos cosas no se relacionaban en lo más mínimo, pero estaba convencida, sin saber por qué,  de que eso sería lo mejor.

Sirius trató de no mostrase afectado por la reciente y extraña decisión de la hija de su mejor amigo. Aunque a él le habría gustado mucho poder conocer a su ahijado, quizá sería lo mejor  de confiar en el criterio de la chica.

Continuaron escuchando como Harry se aproximaba al animal, que, según Hagrid, se llamaba Buckbeak . Al principio, y para horror de Lily, el animal no se movió en cuanto Harry se inclinó hacia él.

 Pero entonces, ante la sorpresa de Harry, el hipogrifo do­bló las arrugadas rodillas delanteras y se inclinó profunda­mente.

— ¡Muy bien, Harry! —felicitó James, sonriente por el éxito de su hijo.

— ¿Ves que te lo dije, Pelirroja? ¡Nada malo iba a pasarle a Harry!

—Cállate, Black—rió Lily, mientras ponía los ojos en blanco, para luego bajar la voz—. Está bien, tenías razón.

 —¡Bien hecho, Harry! —dijo Hagrid, eufórico—. ¡Bien, puedes tocarlo! Dale unas palmadas en el pico, vamos.

Después del éxito de Harry, los demás alumnos también se animaron a probar suerte con el resto de hipogrifos.

—Lo hiciste bien, Harry—lo felicitó Lily, mientras le daba suaves palmaditas a un hipogrifo color gris.

El interpelado sonrió, mientras se encogía de hombros.

Sin embargo, el buen humor de todos por la clase de Hagrid se desvaneció demasiado rápido.

 —Esto es muy fácil —dijo Malfoy— ¿A que no eres peligro­so? —le dijo a Buckbeak—. ¿Lo eres, bestia asquerosa?

— ¡Oh, rayos! ¡Díganme que el idiota no dijo eso!

—El idiota sí que dijo eso, James—aseguró Remus, negando con la cabeza. ¡Qué inconciente había sido Malfoy!

Y, por supuesto, su inconsciencia tuvo consecuencias. Todos escucharon, horrorizados, como Buckbeak y sus garras arremetían con el joven Slytherin.

—Se lo tenía merecido.

— ¡Es posible que se lo mereciera, Sirius! —le espetó Lily, alterada—, pero eso no quiere decir que esto no vaya a traerle problemas a Hagrid!

—¡Me muero! —gritó Malfoy—. ¡Me muero! ¡Me ha matado!

— ¡Por Merlín! ¡Eso es patético! ¡Realmente patético! —Exclamó Frank, mientras negaba con la cabeza— ¿Realmente está diciendo que el hipogrifo la mató?

—Seguramente no le pasó nada—suspiró James, encogiéndose de hombros—. Conociendo a Malfoy, lo exagerará todo lo que pueda.

Oyeron como el Hagrid del libro, que estaba tan nervioso como el de la sala, tomaba a Malfoy en brazos y lo llevaba a la enfermería.

Por supuesto, los miembros de Slytherin no reprimieron ningún comentario para culpar al semigigante de lo ocurrido.

—¡Deberían despedirlo inmediatamente! —exclamó Pan­sy Parkinson.

—No sé por qué no me sorprende que esa chica haga sus indeseables comentarios…—comentó Alice, haciendo una mueca.

— ¡La culpa fue de Malfoy! —lo defendió Dean Thomas.

—El muchacho tiene razón, Hagrid—aseguró Gideon, mientras le daba unas palmadas en el hombro al guardabosque, que parecía realmente consternado con lo ocurrido.

Finalmente, los miembros de Slytherin y de Gryffindor se retiraron, para después ir a cenar.

Hagrid aún seguía preocupado.

—Deja de preocuparte, amigo—lo consoló Edgar, dedicándole una sonrisa—. La culpa de todo la tuvo Malfoy, que no pudo seguir unas simples instrucciones. No te desanimes.

Lo único que consiguió que Hagrid se sintiera un poco mejor, fue un momento después cuando escuchó que Harry, Ron, Hermione y Lily comenzaban a tener intenciones de visitarlas.

—Si nos diéramos prisa, podríamos bajar a verlo. Toda­vía es temprano...

Arthur sonrió con aprobación en el momento en el que Ron pronunciaba esa sugerencia.

—No sé —respondió Hermione, y Harry vio que los miraba a él, y a Lily, que estaba distraída de nuevo.

—Tengo permiso para pasear por los terrenos del cole­gio —aclaró—. Sirius Black no habrá podido burlar a los de­mentores, ¿verdad?

— ¿Alguien además de mí se da cuenta de lo graciosa que resulta esa oración?

— ¿Te refieres al hecho de que no solo burlaste a los dementores, sino que conociste a mi hija, Sirius? —Inquirió James, con una pequeña sonrisa—. Sí, resulta algo muy gracioso…

Lily se quedó paralizada al escuchar eso. No quería ni imaginarse la cara que Harry, Hermione y Ron pondrían si ella les contaba… ¡Y no era para menos! ¿Quién podría imaginarse que Black había burlado a los dementores?

—Hay que reconocer que verdaderamente eres muy hábil, Canuto—comentó Remus, mirando a Sirius dividido entre la diversión y la admiración—. Escapar de Azkaban y lograr que los dementores no te atrapen es todo un reto.

—Gracias, Lunático—rió Sirius, sin saber qué más decir, realmente sorprendido por el comentario halagador de su amigo.

Mientras caminaban directo a la cabaña de Hagrid, Lily no dejó de pensar en eso ni un solo minuto. Seguramente terminaría por volverse loca… Suspiró, haciendo que Hermione volteara a verla interrogante. Gracias al cielo Hagrid les abrió la puerta en aquél instante.

El aspecto y humor de Hagrid en el libro consiguió desanimar a varios. Una gran mayoría se enfadó principalmente con Malfoy, ya que él tenía toda la culpa.

—El Consejo Escolar está informado—dijo Hagrid—. Piensan que empecé muy fuerte. Debería haber dejado los hipogrifos para más tarde... Tenía que haber em­pezado con los *gusarajos…*Creía que sería un buen comienzo... Ha sido culpa mía...

— ¡Tengo razón! —Gimió Hagrid— ¡Fue una estupidez de mi parte comenzar así…!

— ¡No digas tonterías, Hagrid! —Le reprendió McGonagall— ¡Todos nosotros escuchamos cuando tu dijiste claramente cómo se debía de tratar a un hipogrifo! ¡Malfoy no prestó atención, y allí están sus consecuencias!

—¡Lo que la profesora dice es cierto, Hagrid! —Terció Lily, tratando de hacer que el semigigante se sintiera mejor— ¡No tienes por qué culparte! Fue una clase estupenda, pero Malfoy no supo apreciarla y por ende, salió lastimado.

— ¡Toda la culpa es de Malfoy, Hagrid! —dijo Hermione.

— ¡Escucha a la chica, Hagrid! —exclamó Marlene, sonriéndole— ¡Date cuenta de que todos estamos de acuerdo en que no fue tu culpa.

—Somos testigos —dijo Harry—. Dijiste que los hipogri­fos atacan al que los ofende. Si Malfoy no prestó atención, el problema es suyo.

—Potter tiene toda la razón en eso—señaló la profesora McGonagall con satisfacción por las palabras de su alumno.

—Sí, Hagrid, no te preocupes te apoyaremos—confirmó Ron.

Arthur y Molly sonrieron complacidos con su hijo. A ambos les gustaba notar como Ron trataba de levantarle el ánimo a Hagrid.

—Haznos caso, Hagrid—pidió Lily, dándole unas palmadas en el brazo—. Ya no te deprimas más…

Oyeron como Hagrid, sin poder evitarlo, dejaba escapar unas cuantas lágrimas, para luego recuperarse y dirigirse a los cuatro muchachos que seguían en su cabaña.

—Han sido muy amables por ve­nir a verme. —dijo—. Yo, la verdad...

Sin embargo, antes de que Hagrid terminara de pronunciar su oración, se quedó observando a Harry y luego a Lily.

—¿QUÉ CREENQUE HACEN AQUÍ? —bramó—. ¡NO PUEDEN SALIR DESPUÉS DE ANOCHECIDO!

—Creo que tú también me crees culpable, Hagrid…—comentó Sirius con tristeza, haciendo que el guardabosques se sonrojara profundamente, apenado.

Lo último que escucharon, fue cómo Hagrid se llevaba a los muchachos de vuelta al castillo.

—Tienes suerte, Sirius—susurró Lily, mirando por la ventana, una vez que ella y Hermione se encontraron solas en su habitación y esta dormía—. Nadie más que tú, el perro y yo sabemos que estás aquí.

 Puso los ojos en blanco, ligeramente exasperada. Tenía que volver a verlo y dejarle claro en qué condiciones ella se quedaría con la boca cerrada.

¡Protejo! ¡Hola! :D Antes que nada, quiero disculparme por la horrible y enorme tardanza. De verdad, lo siento muchísimo.

Sobre el capítulo: sé que no es el mejor de la historia—particularmente, a mí no me gusta mucho—pero quiero que sepan que tengo una muy buena razón para no haber incluido el otro cap. del libro original que estaba planeado aquí:

¡Tengo un regalo de Navidad para ustedes! :D Y esa es la razón por la cual me tardé tanto en actualizar. Dentro del poco tiempo libre que tenía, me dediqué a escribir mi pequeño obsequio—lo repetí más de tres veces u.u Nunca quedaba satisfecha—, y eso absorbió todo mi tiempo de escritura.  Es para todas las personas que comentaron, o simplemente que agregaron esta historia a favoritos.

En el caso de que estés leyendo esta historia por primera vez, créeme cuando te digo que el regalo también es para ti :)

Aquí está el link: http://potterfics.com/historias/95608

Y, si quieren una pista de qué se trata, solo puedo decir que el capítulo anterior les resultará familiar. xD Ahhh, y también que JaaviPotter24 se sorprenderá bastante:)

¡Nos leemos pronto! ¡Travesura Realizada!

P.D. ¡Llegamos a los 300 comentarios, y los pasamos! :'D

P.D2: Les deseo la mejor de las Navidades. Los quiero mucho a todos, de verdad. ¡Felices fiestas!