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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 5

En la sala todos se encontraban impacientes por conocer la reacción de los chicos al entrar en Hogwarts, así que sin dar pie a interrupciones, Frank le tendió el libro a Lily, que tenía un gesto impaciente en el rostro.

—El nombre del capítulo es "El sombreo Seleccionador"

— ¡Bien!—exclamó James contento— Gryffindor  tendrá los mejores alumnos del mundo.

—Todavía no han quedado en Gryffindor, James—le recordó Remus, aunque el también tenía la esperanza de que si lo hicieran.

—Pero son mis hijos, Lunático—respondió James, como si fuera lo más lógico sobre la faz de la tierra— Estoy seguro de que irán a Gryffindor.

—No necesariamente tiene que ser así—respondió amablemente el profesor Dumbledore—puede que tengan otras características más fuertes y queden en otra casa.

James no pareció muy contento con la idea, pero le indicó a Lily que siguiera la lectura, aun confiando en que sus hijos fueran a Gryffindor.

La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un ros­tro muy severo.

—Y aquí la tenemos otra vez Minnie—señaló Sirius riendo, tenía la sensación de que la profesora sería importante a lo largo de los libros.

—Black, por última vez, le prohíbo que me llame así—murmuró la profesora, que tenía el impulso de castigar al joven, aunque sabía que aquello era imposible, ya que ya no era su alumno.

—Los de primer año, profesora McGonagall —dijo Hagrid.

Sirius sonrió por el comentario, dándose cuenta de que, otra vez, había acertado en cuanto a las apariciones de McGonagall, pero no dijo nada, pensando que no era bueno para su seguridad enfadar más a la profesora.

 —Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Continuaron escuchando todos, muy emocionados, como la profesora los conducía a una habitación vacía y les hablaba sobre las casas de Hogwarts.

Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, Harry tra­tó de aplastar su cabello y Lily contuvo las ganas de reírse, ella misma había intentado ayudar a Harry a peinarlo , sin embargo sus intentos  nunca habían dado el mayor resultado.

—Espero que no lo regañe por el cabello, profesora—rió James— nunca van a poder controlarlo. Pasa de generación en generación siendo exactamente igual : despeinado, e incontrolable.

—Me bastaron siete años de pedirle que se lo arreglara, para comprender que si su hijo lo heredó, no hay nada que hacer, Potter—le respondió la profesora McGonagall.

—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremo­nia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperen tranquilos.

Todo el mundo en la sala sabía que era muy poco probable que los chicos principiantes del libro esperaran tranquilos. Absolutamente todos habían pasado por el momento previo a la selección, y si bien, algunos se habían sentido tranquilos (James y el profesor Dumbledore, por ejemplo) al momento de ponerse el sombrero, otros habían sido un completo manojo de nervios.

Aunque la petición de la profesora solo se cumplió a medias, ya que los muchachos de primer año estaban todos muy nerviosos.

Lily podía distinguir a muchos que hablaban entre sí, en voz baja, todos preguntándose qué tendrían que hacer para ser seleccionados.

 Harry mantuvo los ojos fijos en la puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y lo llevaría a su juicio final.

—Es algo melodramático ¿no creen?—dijo Marlene riendo, encontrándole gracia a que Harry pensara que se acercaba su juicio final .

—En eso se parece a su padre—comentó Remus— siempre tiende a exagerar las cosas…

— ¡Ey! Yo no exagero las cosas—musitó James mirando a su amigo.

—Sí, claro— dijo Sirius sarcásticamente— ¿Acaso no es exagerar las cosas decir " Si Evans no me acepta, voy a morir Canuto, hablo en serio ¿Qué más tengo que hacer? La he perseguido durante más de un curso, y nada. ¡Esto me está enloqueciendo! "?

Todos rieron por eso excepto James, que miro a sus amigos con resentimiento.

—Está bien—aceptó en voz baja— puede que lo haya heredado de mi…

Lily le dedicó una sonrisa a su esposo, y continuó la lectura, deseando que se animara un poco.

Disfrutaron bastante cuando escucharon de le intervención de los fantasmas, y en subió mucho la emoción cuando leyeron que la elección estaba muy cerca.

—En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.

La profesora McGonagall había vuelto.

El entusiasmo de todos los presentes era casi tangible. Continuaron, impacientes, escuchando como los muchachos (extremadamente nerviosos) iban caminando por Hogwarts, algunas chicas sonrieron con ternura al comprobar que los hermanos y Ron estaban algo asustados, preguntándose qué tendrían que hacer para la selección.

Continuaron sin hacer mayores comentarios, escuchando la canción del sombrero Seleccionador, y riendo al comprobar que los chicos se habían dado cuenta de que para la selección no habría que hacer nada peligroso.

— ¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero! —susu­rró Ron a Harry y a Lily.

Harry sonrió débilmente, mientras Lily componía una sonrisa radiante. Pero Harry no se tranquilizó demasiado. Lily puso los ojos en blanco al imaginarse lo que su hermano pensaba, seguramente estaría cavilando que élno tenía las características que el sombrero había mencionado.

—Claro que las tienes, Harry**—susurró Lily, sonriendo de forma maternal****— Los dos tienen muchas de las mejores características para entrar en cualquier casa.**

La profesora McGonagall se adelantaba con un gran ro­llo de pergamino.

—Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sen­taros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Bones, Susan!

— ¡Ey!—preguntó  Alice a Edgar— ¿Esa chica podría ser pariente tuya?

—Es probable—reconoció este sonriendo— pero no puedo asegurarlo a ciencia cierta**—aunque en el fondo, casi estaba seguro de que aquella chica, Susan, era su pariente.**

—¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.

—¡Boot, Terry!

— ¡Hufflepuff!****—exclamó Sirius sonriente.

— ¡Gryffindor!****—murmuró James con seguridad.

—¿Dos galeones?****—inquirió Sirius, proponiendo una apuesta.

—Hecho**—asintió James, sonriendo.**

—¿Van a apostar sobre eso?—inquirió Molly alzando las cejas— ¿Cómo pueden estar seguros de las casas.

—No están seguros de nada**—intervino Remus sonriendo a medias, conocía lo que sucedía cuando sus dos amigos comenzaban a hacer apuestas****— Solo escogen las casas a la suerte…**

—¡RAVENCLAW!

James y Sirius hicieron una mueca, decepcionados. Todos los demás los miraban divertidos.

Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Los chicos  pudieron  ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando.

Arthur sonrió a la mención de sus hijos. ¡Como quería a esos gemelos!

Bulstrode, Millicent fue a Slytherin.

James hizo un pequeño sonido despectivo ante eso.

Algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.

—Eso usualmente ocurre porque algunos de los alumnos poseen muchas características que las cuatro casas aprecian**—comentó Dumbledore****— A veces alguien puede ser muy valiente, y muy inteligente, o muy valiente y muy leal, o muy astuto e inteligente, en fin, hay muchas posibilidades.**

—Finnigan, Seamus. —El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un mi­nuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.

—Granger, Hermione.

—Ravenclaw—dijo Sirius estando completamente seguro.

—No necesariamente—repuso Lily— ¿No acabas de escuchar lo que el profesor dijo sobre que puede tener otras características?

—Vamos pelirroja, esa chica es una Ravenclaw hecha y derecha, acéptalo.

—Puede que vaya a otra casa—le contradijo Lily, obstinada.

— ¿Quieres apostar?—preguntó Sirius sonriendo— tres galeones a que queda en Ravenclaw.

—Hecho—aceptó Lily sonriendo— me siento mal por quitarte tu dinero Black…

Sirius le hizo un gesto para que continuara leyendo, sin dejar de sonreír.

Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el som­brero, muy nerviosa.

—¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero.

— ¿Qué?—exclamó Sirius estupefacto— no puede ser posible…

—Paga Black—dijo Lily tendiéndole una mano a el mejor amigo de su esposo—Te lo dije, ¡podía ir a otra casa, y quedó en Gryffindor!

Sirius gruñó, pero le dio a Lily tres monedas de oro.

Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFIN­DOR!

—Creo que eso no deja lugar a dudas—exclamó Alice sonriendo encantada— ¡Ese chico es nuestro hijo, Frank!

—¡Felicidades!—dijo Gideon a la pareja.

—Es estupendo—dijo Lily viendo a Alice— Estoy segura de que nuestros hijos se harán amigos.

—Eso espero—comentó Frank, quien también sonreía— ¡Es estupendo que podamos leer esto!

Malfoy se adelantó al oír su nombre

—Slytherin—tosió Sirius, esta vez completamente seguro.

y de inmediato obtu­vo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!

Malfoy fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.

—Idiotas—dijo Fabian frunciendo el ceño. Aquellos chicos no traerían nada bueno a lo largo del año.

Ya no quedaba mucha gente.

Moon... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente:

— ¡Potter; Harry!

— ¡Eso es!— dijo James emocionado, se moría de ganas por escuchar la selección de sus hijos.

Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se exten­dieron súbitamente como fuegos artificiales.

—¿Ha dicho Potter?

—Sí, eso fue exactamente lo que dijo, ese es Harry Potter—repuso James, algo impaciente por las exclamaciones que dieron lugar en el gran comedor, esperando con ansias, deseando que, de una vez por todas, Lily comenzara a leer la selección de Harry, para luego seguir con la de Lily.

Lo último que Harry vio, antes de que el sombrero le ta­para los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien y a Lily sonriéndole. 

—Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo.(James sonrió orgulloso) Tampoco la mente es mala. Hay ta­lento,(Lily asintió, satisfecha) oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?

—Gryffindor—dijeron James y Sirius al mismo tiempo, como si el sombrero hubiera hecho una pregunta muy tonta.

Harry se aferró a los bordes del taburete y pensó: «En Slytherin no, en Slytherin no».

Sirius sintió que la escena le resultaba bastante familiar en ese momento. Recordó, como varios años antes, el le había dicho exactamente lo mismo al sombrero, deseando con todas sus fuerzas no seguir los (oscuros y repugnantes) pasos de su familia.

—En Slytherin no, ¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás se­guro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu ca­beza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza. No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!

La sala entera estalló en exclamaciones de felicidad, pero ninguna tenía tanta alegría en la voz como la del matrimonio Potter, que estaba muy contento por el hecho de que su hijo estuviera en Gryffindor. Ahora solo quedaba esperar a que Lily también fuera seleccionada.

James no cabía en sí de la emoción.

Harry oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Estaba tan aliviado de que lo hubiera elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el mo­mento.

—¡Excelente! ¡Genial! ¡Lo sabía! Sabía que estaría en Gryffindor…—decía James, extremadamente feliz.

Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley gritaban: «¡Tenemos a un  Potter! ¡Tenemos a un Potter!».

—¡Tienen a un Potter! ¡Tienen a un Potter! —exclamaban Sirius y James, contentos, mientras imitaban a los gemelos.

       — ¡Potter; Lily!

La sala quedó en silencio, de nuevo. Aunque todos estaban casi seguros de que Lily iría también a Gryffindor, querían escucharlo como lo habían hecho con Harry.

— ¿Ella es la hermana de Harry Potter?

—¿Esa es Lily Potter?

Lily se dirigió al taburete y con algo de nervios se sentó sobre él. Un segundo más tarde el sombrero le cubría los ojos.

En ese momento escuchó una vocecita susurrándole al oído:

 —Oh ¿Qué tenemos aquí?, Tan valiente como tu hermano … pero también con una mente muy aguda, eres astuta y muy audaz…cualidades de una Slytherin ya lo creo…

— ¡No!—gritaron James y Sirius sobresaltándolos a todos.

— ¿Qué ocurre?—gruñó Moody, sobresaltándose.

—No puede poner a mi hija en Slytherin, no puede hacer eso.

—Cálmate James—dijo Lily viendo a su esposo, no le agradaba mucho la idea de que su hija fuera a esa casa, y mantenía la esperanza de que el sombrero no la llevara allí, pero en caso de que lo hiciera, a ella no le importaría. Intentando calmar a su esposo, decidió continuar con la lectura.

Lily en ese momento sintió que toda la seguridad que había tenido se esfumaba de pronto "Por favor, quiero ir a Gryffindor" pensaba con todas sus fuerzas…

—Con que otra que no desea Slytherin, ¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás se­gura? Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza, harías cosas muy grandes si sigues ese camino. No tienes  dudas, ¿verdad? Bueno, si estás completamente segura de lo que quieres serás… ¡GRYFFINDOR!

— ¡SI!—gritaron muchos en la sala, soltando las mismas exclamaciones de alegría que dejaron salir con Harry. Todos estaban muy contentos por la decisión del sombrero, especialmente Sirius, James y en el fondo, Remus, al que tampoco le habría gustado que la pequeña fuera a Slytherin.

Lily oyó como el  sombrero gritaba la última palabra. Se quitó el sombrero y radiante de alegría, se dirigió, hacia la mesa de Gryffindor. Recibió saludos de bienvenida muy calurosos mientras los gemelos Weasley gritaban: «¡Tenemos a los dos  Potter! ¡Tenemos a los dos Potter!». Pero lo que más le alegró fue cuando recibió el abrazo fuerte de Harry, que tenía en su rostro la misma expresión de felicidad que ella.

Lily sonrió, muy contenta. ¡Sus hijos estaban juntos, y en Gryffindor! Sentía como la satisfacción la invadía. Se imaginaba lo contenta que se hubiera puesto de haber estado ella viva… Aunque decidió que era mejor no pensar demasiado en eso, y concentrarse en que sus niños estaban muy felices en aquél momento.

Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccio­nar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa.(El matrimonio Weasley sonrió, comprendiendo como se sentía su hijo) Un segundomás tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!

Todos en la sala reanudaron sus felicitaciones y exclamaciones de felicidad, solo que ahora, felicitando a los Weasley, quienes estaban radiantes de alegría. Los  gemelos Fabian y Gideon  comenzaron un canto muy parecida al de Fred y George, solo que este decía "¡Esta en Gryffindor!" "¡Está en Gryffindor!"

Harry  y Lily aplaudieron  con fuerza, junto con los demás, mien­tras que Ron se desplomaba en la silla más próxima a ellos.

Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos.

—¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero decirles unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llo­rones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!

Todos rieron por las palabras del profesor, incluido el mismo. ¡Nunca, jamás, en toda la historia, se encontraría un director como Albus Dumbledore! De eso nadie tenía ninguna duda.

 Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Lily lo vio extrañada, ¿se suponía que tenía que reír, o no?

—Está... un poquito loco, ¿no? —preguntó con aire inse­guro a Percy.

—Lo siento mucho profesor—se disculpó Lily mirando apenada a Dumbledore.

—No te preocupes, Lily—dijo Dumbledore, que sonreía ampliamente, restándole importancia al asunto con un gesto de cabeza.

 —¿Loco? —dijo Percy—. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿Patatas?

Ahora fue el turno de Molly de ver apenada al profesor Dumbledore, pero el anciano profesor le hizo un gesto con la cabeza, diciendo que se sentía alagado por el comentario del chico.

De pronto, los platos que estaban en la mesa dejaron de estar vacíos, en ellos había todo tipo de comida. Resultaba realmente sorprendente.

—Hablando de comida—dijo Sirius interrumpiendo a Lily— ¿Cuánto tiempo falta para la cena?

Todos rieron por la pregunta y el profesor Dumbledore respondió a la pregunta de Sirius:

—Creo, Sirius, que sería conveniente terminar este capítulo y, si lo consideran apropiado, leer uno más. Opino que después podremos disfrutar de la cena.

Todos de mostraron conformes con eso, y continuaron leyendo.

Lily tomó un poco de comida, ya que había comido suficiente en el tren, pero se sorprendió y se divirtió bastante al darse cuenta de que Harry y Ron llenaban con todo sus platos.

Remus sonrió, recordando que Sirius y James tendían a hacer exactamente lo mismo cuando llegaban del expreso de Hogwarts al comedor.

—Eso tiene muy buen aspecto —dijo un fantasma, observando la comida que los chicos se llevaban a la boca.

— ¿No puede...? —comenzó Harry.

—No he comido desde hace unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, por supuesto. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.

—¡Nick Casi Decapitado! —exclamó Alice con cariño— ¡Siempre me cayó muy bien!

—A nosotros también—aseguró James, señalándose a sí mismo, a Sirius y a Remus— Había veces en que solía ayudarnos para que no nos atraparan en algunas bromas…

— ¡Yo sé quién es usted! —dijo súbitamente Ron—. Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!

—¿Casi Decapitado? ¿Cómo se puede estar casi decapi­tado?—preguntó Seamus Finnigan.

—Bueno, eso es lo que pasa si, a la hora de decapitarte, no hacen bien el trabajo y te dejan la cabeza colgando por medio de un musculo…

— ¡Sirius! —exclamó Lily haciendo una mueca— No necesitamos oír eso, ya sabemos cómo se puede estar casi decapitado.

Sir Nicholas pareció muy molesto, como si su conversa­ción no resultara como la había planeado.

—Así —dijo enfadado. Se agarró la oreja izquierda y tiró. Su cabeza se separó de su cuello y cayó sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. —¡Así que nuevos Gryffin­dors! Espero que este año nos ayuden a ganar el campeo­nato para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha ganado la copa seis veces segui­das! El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable... Él es el fantasma de Slytherin.

La profesora McGonagall puso un gesto de enfado en la cara, sin poder creer que su casa no hubiera ganado la copa en seis años ¡Seis años! Al parecer las personas en la sala que habían ido a Gryffindor se encontraban igual de decepcionadas, pero no dijeron nada, dejando que Lily continuara con la lectura.

 Un momento más tarde aparecieron los postres en la mesa, asombrando de nuevo a los nuevos alumnos.

Lily observaba desaprobatoriamente a Harry, que se estaba sirviendo una tarta, ya que la chica pensaba que ya había comido demasiado, la conversación se centró en las familias.

 —Yo soy mitad y mitad —dijo Seamus—. Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casa­ron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.

—Seguramente le dio un ataque o algo al pobre hombre…—comentó Gideon negando con la cabeza, aunque muy divertido— ¿Cómo reaccionarían ustedes si algo así les pasara?

—¿Te refieres a que, si todos fuéramos muggles, y viniera nuestra pareja y dijera "cariño, soy bruja, creo que olvidé mencionártelo, pero bueno…"?—inquirió Fabian sonriendo ante la idea.

—Exacto—confirmó Gideon, asintiendo con la cabeza.

—Bueno, a mí me daría un mini paro cardiaco primero—comentó Marlene, sopesando la idea— Aunque antes de eso pensaría que estaba hablando de broma…

—Yo le haría una cita para ir con un especialista en San Mungo…

—Se supone que no somos magos, ¿recuerdas? San Mungo es un lugar para magos, Sirius…

—Oh, bien, entonces la llevaría con… ¿cómo es que se llaman? Ehmm.. ¡A, sí! Con médicos de esos que curan a los que aparentemente están dementes…

—Psiquiatras—puntualizó Remus, dándole el nombre correcto de aquellos especialistas.

Los demás rieron.

—¿Y tú, Neville? —dijo Ron.

—Bueno, mi abuela me crió y ella es una bruja —dijo Ne­ville.

—Esto no me suena bien—dijo Frank frunciendo el ceño— ¿Por qué lo crió mi madre? ¿Dónde estamos nosotros?

—No creerás que nosotros también…—dijo Alice con miedo reflejado en sus ojos.

—Leyendo nos enteraremos—intervino Arthur tratando de apoyar a la pareja, que se notaba preocupada.

—Todo estará bien—dijo Lily mirando con cariño a Alice— No te preocupes.

—, pero la familia creyó que yo era todo un muggle, du­rante años. Mi tío abuelo Algie trataba de sorprenderme des­cuidado y forzarme a que saliera algo de magia de mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de Blackpool, pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba.

—No importa si estamos o no—dijo Frank negando con la cabeza— pero voy a tener una muy buena conversación con mis familiares. No estuvo bien eso de que casi ahogaran a Neville…

Harry, que comenzaba a sentirse reconfortado y somnoliento, miró otra vez hacia la Mesa Alta. La profesora McGonagall hablaba con el profesor Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un profesor de grasiento pelo ne­gro, nariz ganchuda y piel cetrina.

— ¡NOOO!— dijeron James y Sirius horrorizados.

—Se puede saber en nombre de las barbas más largas de Merlín ¿Qué demonios les pasa?— preguntó muy enojada la profesora McGonagall.

—Es por la descripción que da el libro profesora—explicó Remus, que aunque no había gritado, no le agradaba nada la posibilidad de quien podría ser esa persona.

Lily los vio durante unos segundos, ella tenía una idea de a quién se referían los muchachos pero no podría haber forma de que fuera posible…decidió seguir leyendo para enterarse.

Todo sucedió muy rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de Quirrell, directa­mente a los ojos de Harry... y un dolor agudo golpeó a Harry en la cicatriz de la frente.

— ¿Por qué le duele la cicatriz?—preguntó James preocupado.

—Es mejor seguir leyendo—dijo Dumbledore—tengo una teoría acerca de por qué el dolor de la cicatriz, pero no puedo comprobarla todavía. Necesito más información, más datos para concretar algo.

Lily obedeció al anciano profesor y continuó leyendo.

El dolor desapareció tan súbitamente como había apare­cido.

— ¿Quién es el que está hablando con el profesor Qui­rrell? —preguntó a Percy.

—Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape.

—Esto es imposible—dijo James furioso, arrastrando con dificultad las palabras.

— ¿Qué hace él allí?—preguntó Sirius, que estaba en el mismo estado que su amigo.

— ¿Cómo ha podido contratarlo?—exclamó James—¡El es un mortífago! ¡Estoy seguro! ¡Por favor! ¿Cómo demonios está en Hogwarts, enseñando ?

—Me temo muchachos—repuso el profesor Dumbledore— que no puedo contestar a sus peguntas, la única solución que veo es seguir leyendo, quizá mi futuro yo nos de algunas de las explicaciones que necesitamos escuchar.

Por último, también desaparecieron los postres, y el pro­fesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.

Escucharon con atención las advertencias del profesor Dumbledore, que se parecían mucho a las que siempre había dado año tras año, pero se detuvieron súbditamente al escuchar la última.

»Y por último, quiero decirles que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permi­tidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.

— ¿Qué quiere decir con eso?—preguntó Molly preocupada al profesor Dumbledore.

—Me temo que no lo sé—murmuró el profesor amablemente.

Pero había algo allí que hacía que Molly, Lily y Alice no estuvieran tranquilas.

—¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cante­mos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore. Los chicos  notaron  que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas.

La profesora McGonagall no pudo suprimir una mueca. ¡La canción del colegio! Bah, como detestaba que la hicieran cantar….

—¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dum­bledor—. ¡Y allá vamos!

Varios en la sala rieron animadamente al escuchar de nuevo aquella canción, pero rieron más aún al ver la cara que la profesora McGonagall ponía al escuchar la melodía.

Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando termina­ron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.

—¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!

—Nunca comprenderé por qué te agrada la melodía del colegio Minerva—dijo el profesor Dumbledore a la profesora McGonagall, que torció el gesto, mientras todos los demás reían contentos.

Escucharon atentamente como los chicos salían del Gran Comedor, y se dirigían hacia las escaleras, para ir a los dormitorios. Algunos rieron un poco al escuchar de la aparición de Peeves, aunque Alice hizo una pequeña mueca ante su mención. Llegaron finalmente a la parte donde los alumnos se detenían frente al retrato de la señora Gorda.

—¿Santo y seña? —preguntó.

—Caput draconis —dijo Percy, y el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos pasaron por allí, para encontrarse con la sala común de Gryffindor. Era muy bonita y parecía bastante acogedora.

—Tal y como la recuerdo—dijo James sonriendo, memorando las múltiples cosas que él y sus amigos hicieron estando allí.

Percy condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Antes de que se fueran, Lily se despidió de Harry y de Ron  deseándoles buenas noches.

Harry y Ron pasaron por donde Percy les había indicado. Al final de una escalera de caracol (encontraron, por fin, sus camas, cinco camas con cua­tro postes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.

—¡Como extraño nuestra habitación! —comentó Sirius con algo de nostalgia— ¡Era lo máximo estar allí después de cada verano!

—Sí, recuerdo lo estupenda que se veía con todas nuestras cosas…—asintió James, sonriente. ¡Jamás olvidaría aquella habitación!

Remus se limitó a sonreír de una manera parecida a la de James. En aquella habitación, el guardaba muchos de los mejores momentos de su vida.

Mientras tanto las chicas subían a su dormitorio. Lily entró a uno y se encontró con que Hermione Granger también estaba allí.

—¡Oh, por favor!—exclamó James— Excelente, le ha tocado compartir habitación con esa chiquilla mandona.

—La chica no tiene nada de malo James—dijo Lily poniendo los ojos en blanco. Su esposo era tan infantil algunas veces…

—Hola—dijo Lily tranquilamente—Creo que nos toca compartir habitación.

 —Si, eso parece—contestó Hermione sonriendo—¿Qué cama quieres?

 Lily observó el dormitorio, no era muy grande, pero tampoco nada pequeño. Habían dos camas con cuatro postes cada una y unas cortinas de terciopelo rojo oscuro, y también vio que también habían dos baúles.

 —Esa—dijo al fin señalando la cama de la derecha.

 —Está bien—aceptó Hermione.

 Lily  se puso su pijama y se dirigió a su cama para acostarse, pero antes de que lo hiciera  vio a Hermione sentada en ella, sonriéndole. Lily correspondió a la sonrisa y se sentó junto a ella, algo confundida. Antes de que pudiera decir algo, Hermione le preguntó:

— ¿Qué te ha parecido el colegio? Es impresionante ¿verdad? Estoy ansiosa por que empiecen las clases ¿Qué materia te gustaría más?

Lily sonrió

—Bueno, me ha gustado mucho el colegio, si tienes razón, es muy impresionante, pero no conozco mucho sobre las materias que vamos a ver, a excepción de lo que tú y Percy mencionaron en la cena, así que no puedo decirte que me gustaría aprender.

 ermione continuó haciéndole preguntas a Lily  hasta que las dos terminaron profundamente dormidas.

—Bien, ese es el final del capítulo—dijo Lily con un suspiro y le tendió el libro a su esposo—Es tu turno de leer.

—El nombre del siguiente capítulo es… Oh Merlín no, ¡Maldición!—dijo James fulminando al libro con la mirada.

— ¿Qué sucede?—preguntó Sirius.

—El nombre del capítulo es "El profesor de Pociones"

— ¿Qué?—preguntó Sirius poniendo una mueca de asco en el rostro—¿Snape tiene su propio capítulo? ¡Eso es un ultraje!

—Apresúrate a leer James—interrumpió Lily sin prestar atención a lo que decían los dos jóvenes, ya que era un capítulo dedicado a el hombre que una vez fue su amigo…

El viernes fue un día importante para Harry y Ron. Por fin encontraron el camino hacia el Gran Comedor a la hora del desayuno, sin perderse ni una vez.

— ¿Tardaron una semana?—dijo Remus sonriendo, ya que él y sus amigos tardaron solo unos pocos días en hacerlo.

—¿Qué tenemos hoy? —preguntó Harry a Ron, mientras echaba azúcar en sus cereales.

—Pociones Dobles con los de Slytherin —respondió Ron—. Snape es el Jefe de la Casa Slytherin. Dicen que siempre los favorece a ellos... Ahora veremos si es verdad.

—Por supuesto que es verdad—dijo Sirius amargamente— No pueden esperar nada menos de Quejicus.

Lily le vio reprobatoriamente, pero no dijo nada, solo le pidió a James que siguiera leyendo. No le gustaba que ni James, ni Sirius hicieran ese tipo de comentarios. Le ponía incómoda que se refirieran de aquella manera a Severus.

Justo en aquel momento llegó el correo.Hedwig no les había llevado nada hasta aquel día. A veces volaba con ellos para mordisquearles una oreja o un dedo cariñosamente, pero nada más.

James hizo una pequeña mueca por eso. Estaba tratando de olvidar que Lily y él estaban muertos, pero cada vez se hacía más difícil…

Aunque ya había captado la idea de que él no estaba allí, le hubiera gustado que alguien sí estuviera. Se preguntó dónde estarían Sirius y Remus… Pero decidió que quizá más adelante se enterarían de eso.

Sin embargo, aquella mañana pasó volando entre la mermelada y la azucarera y dejó caer un sobre en el plato de Harry Este lo abrió de inmediato.

Queridos Harry y Lily:

Sé que tienen las tardes de los viernes libres, así que ¿les gustaría venir a tomar una taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que me cuenten todo lo de su primera semana. Envíenme la respuesta con Hedwig.

Hagrid

—Eso es muy lindo de tu parte—le dijo Lily a Hagrid—Muchísimas gracias. Es muy importante para nosotros—se señaló a sí misma y a James, que asintió con la cabeza— que alguien les demuestre cariño a los niños…

—No hay de qué, Lily—repuso el semigigante sonriendo.

—Oye Ron ¿Dónde se habrá metido Lily? —preguntó Harry, que no había visto a su hermana desde la tarde anterior.

Lily esperó que a su hija no se le ocurriera retrasarse, ya que eso podría meterla en problemas. Ya estaba bastante nerviosa por la clase de Severus, así que intentó no concentrarse mucho en la tardanza de la chica, aunque sin mucho éxito.

—No lo sé—dijo Ron—pero será mejor que nos apuremos, si no llegaremos tarde a pociones.

Fue una suerte que Hagrid los  hubiera invitado a tomar el té, porque la clase de Pociones resultó ser la peor cosa que le había ocurrido a Harry allí, hasta entonces.

James y Lily prestaron mucha atención a eso, ambos por razones distintas.

El primero daba por hecho de que Snape había hecho algo malo con Harry, así que simplemente encontró razonable que a su hijo no le gustara la clase.

Mientras que Lily, ella no comprendía a qué se refería su hijo y deseaba saberlo, lo necesitaba. No le gustaba que algo empañara la felicidad de Harry, y menos aún si eso tenía que ver con su antiguo amigo.

Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no le caía bien al profesor Snape. Pero al final de la primera clase de Pociones supo que no era sólo que a Snape no le gustara Harry: lo detestaba.

—Comparto el sentimiento—dijeron James y Sirius a la vez. Ambos detestaban a Snape, y sobraba decir que el sentimiento era completamente mutuo. Los dos merodeadores no parecieron muy extrañados de que Harry encontrara desagradable al profesor.

Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo.

Snape, comenzó la clase pasando lista y se detuvo ante el nombre de Harry

—Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.

Lily gruñó un poco ante eso. Celebridad. ¿A caso Severus no comprendía la razón por la que sus hijos se habían vuelto famosos?

Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapán­dose la boca.

—Idiotas—dijo Remus enojado, le parecía de muy mal gusto que tomara esa actitud con Harry.

 Snape también se detuvo en el nombre de Lily, pero nadie levantó la mano ni dijo presente, así que Harry se preguntó dónde estaría su hermana en aquel momento.

Los presentes se hacían la misma pregunta en aquél momento. ¿Dónde estaba Lily? Algunos incluso estaban preocupados por el hecho de que la chica llegara tarde a la clase de Snape…

Snape terminó de pasar lista y miró a la clase.

—Ustedes están aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de. No espero que lleguen a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relu­cientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, enga­ñando los sentidos... Puedo enseñarles cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si son algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

Sirius estaba tratando, inútilmente, de disimular su desagrado hacia Snape. ¿Qué demonios tenía de bello un caldero? ¡Nada! Absolutamente nada, y ¿Qué creía que estaba haciendo al hablarles así a los alumnos? Simplemente intimidaba y dejaba en claro lo imbécil que era…

¡Como detestaba a Quejicus! Estaba seguro de que él, seguía siendo aquél mortífago que James, él y el resto de sus amigos habían conocido durante el colegio.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas. Her­mione Granger estaba sentada en el borde de la silla, y pare­cía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.

James bufó después de leer eso, mientras ponía los ojos en blanco.

—¡Potter! —dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

— ¿Por qué estás preguntándole eso, Severus? —pensó Lily— ¡No puede saberlo! No tendrá ni idea de qué contestar…

¿Raíz en polvo de qué a una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron, que parecía tan desconcertado como él. La mano de Hermione se agitaba en el aire.

Sirius hizo un ruido desdeñoso al escuchar a lo de la chica. Sin duda, esa actitud de sabelotodo no le agradaba mucho que digamos…

—No lo sé, señor —contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

—Idiota, idiota y mil veces idiota—dijo Sirius que estaba muy enojado, pero no era nada comparado con el enfado de James, que había adquirido el color del cabello de su esposa. Lily simplemente se mantuvo en silencio, aunque no lo reconociera, le dolía que su antiguo amigo tratara así a su hijo.

—Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde busca­rías si te digo que me encuentres un bezoar?

—¡Por Dios, Severus! Es solo un niño que ha crecido con muggles toda la vida, ¿Cómo pretendes que te responda?****—pensaba Lily, comenzando a enfadarse.

Harry no tenía la menor idea de lo que era un bezoar.

—No lo sé, señor.

—Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?

—No puede esperar que lo sepa…—dijo la profesora McGonagall comenzando a molestarse por el comportamiento de Snape— Ningún alumno de primer año podría saber eso. ¡Es completamente absurdo que haga este tipo de preguntas!

Harry se obligó a seguir mirando directamente aquellos ojos fríos. Snape seguía haciendo caso omiso de la mano tembloro­sa de Hermione.

— ¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?

Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendi­do.

—Esto es injusto—dijo James temblando de la furia, interrumpiéndose a sí mismo— ¡El no tiene la culpa de todo lo que pasó entre nosotros Quejicus! ¡No lo ridiculices así! ¿Cómo demonios esperas que te dé respuestas de algo sobre lo que no ha oído jamás?

 —No lo sé —dijo Harry con calma—. Pero creo que Her­mione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?

—¡Así se habla!—dijo Sirius orgulloso de su ahijado—¡No te dejes intimidar por esa bola de pelo grasienta!

Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo. Snape, sin embargo, no estaba complacido.

—¿A quién le importa si está complacido o no? —inquirió Sirius alzando las cejas— A mi me da exactamente igual.

—Siéntate —gritó a Hermione—. Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo estáis apuntando todo?

McGonagall negaba con la cabeza. No había que ser adivino para darse cuenta de que desaprobaba tajantemente el comportamiento que Severus Snape estaba demostrando.

Otra de las personas que no estaba contenta, era Lily, que había adquirido una mueca de seriedad en el rostro, intentando no dejar salir sus emociones.

Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergami­nos. Por encima del ruido,

Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la clase de Pociones. Snape los puso en pare­jas, para que mezclaran una poción sencilla para curar fo­rúnculos. **(Lily suspiró, deseando que se entretuvieran lo suficiente con la poción para terminar de una vez la clase)**De alguna forma, Neville se las había ingeniado para convertir el caldero de Seamus en un engrudo hirviente que se derramaba sobre el suelo, quemando y haciendo agujeros en los zapatos de los alumnos. En segundos, toda la clase es­taba subida a sus taburetes, mientras que Neville, que se ha­bía empapado en la poción al volcarse sobre él el caldero, ge­mía de dolor; por sus brazos y piernas aparecían pústulas rojas.

Alice ahogó una exclamación de preocupación por su hijo. ¿Por qué tenía que pasarle eso en su primera clase de pociones? Le hubiera gustado estar allí para ayudarle, para curar las heridas que le había causado la poción…

—¡Chico idiota! —dijo Snape con enfado, haciendo desa­parecer la poción con un movimiento de su varita—. Supongo que añadiste las púas de erizo antes de sacar el caldero del fuego, ¿no?

— ¡No te atrevas a hablarle así a mi hijo!—dijo Frank muy molesto. ¿Quién se creía Snape para hablarle de esa manera a Neville?

Neville lloriqueaba, mientras las pústulas comenzaban a aparecer en su nariz.

Alice puso un semblante preocupado, estaba muy molesta con Snape por la forma en que había tratado a su hijo, pero le angustiaba más saber si estaba bien.

—Llévelo a la enfermería —ordenó Snape a Seamus. Luego se acercó a Harry y Ron, que habían estado trabajan­do cerca de Neville.

—Tú, Harry Potter. ¿Por qué no le dijiste que no pusiera las púas? Pensaste que si se equivocaba quedarías bien, ¿no es cierto? Éste es otro punto que pierdes para Gryffindor.

— ¡¿Qué?!—preguntaron muchos en la sala, incluida Lily, que de la tristeza había pasado al enfado en segundos.

—¡Eso es una injusticia!—dijo la pelirroja embarazada— ¡No tiene ningún derecho a decirle eso! Y menos a quitarle puntos, ¡él no sabía nada! Es una completa tontería lo que está diciendo…

—Tranquilízate Lily—dijo Sirius, haciendo una mueca—ya nos vengaremos de Snape.

—Yo les ayudo—murmuró Frank, que seguía enojado con él.

Aquello era tan injusto que Harry abrió la boca para dis­cutir, pero Ron le dio una patada por debajo del caldero.

—No lo provoques —murmuró—. He oído decir que Sna­pe puede ser muy desagradable.

—De hecho, lo es—murmuró James, interrumpiéndose de nuevo—Es un grasiento, idita aficionado a las Artes Oscuras completa y totalmente muy, muy, muy desagradable.

En otras circunstancias, Lily hubiera reprendido a James por ese comentario, pero estaba tan molesta con Severus, que lo dejó pasar.

Unos minutos después, se oyó a alguien bajar a toda prisa por la escalera y entrar a el aula, y esa persona resultó ser Lily, Harry temió por la reacción de Snape con su hermana, pero esta fue muy distinta a lo que él había imaginado, ya que en lugar de reclamarle o descontarle puntos a Gryffindor cuando ella le explicaba que se había quedado dormida, Snape se limitó a mirarla, parecía lívido.

 —Lo siento mucho… no volverá a pasar—dijo Lily y esperó a que el profesor le dijera algo, pero permaneció callado.

Finalmente el profesor le indicó a Lily que se sentara, pero solo quedaba un lugar y era la mesa más cercana al profesor. Harry intentó hacerle señas para que no aceptara el lugar, pero era demasiado tarde, su hermana ya se había sentado.

—Más le vale no portarse igual de desagradable con ella—dijo Sirius frunciendo el ceño, pensando que si le hacía pasar un mal rato a la pequeña, eso aumentaría en gran cantidad la fuerza de la venganza que James, Remus, Frank y él planeaban darle.

Lily tomó el asiento que le indicaba el profesor y comenzó a preparar lo que todos los demás hacían, únicamente que sin pareja.

De pronto sintió que alguien se acercaba a ella y al levantar la vista, vio al profesor Snape observándola.

—Lo haces muy bien—aprobó, señalando su trabajo.

La sala se quedó en un silencio que expresaba la incredulidad de los presentes ¿Snape le había dicho a Lily que " lo hacía muy bien "?

James y Sirius fingieron no haber escuchado/leído eso, aunque Lily sin duda que lo había oído, y sentía curiosidad por lo que Severus haría a continuación.

Lily se limitó a asentir con la cabeza, preguntándose por el motivo de las miradas de incredulidad de todos los demás en la clase.

 —Pero me temo que tendrás que quedarte después de clase para compensar el tiempo perdido—terminó el profesor Snape y luego se dirigió unas mesas atrás.

Los de Slytherin rieron ante las palabras del hombre.

—Así que piensa molestarla durante un castigo…—dijo Sirius pasando de la incredulidad al enfado renovado. El no podía permitir que Snape molestara a la péquela a solas, eso era sin duda algo que hacía que se sintiera furioso.

—Maldito Quejicus—dijo James entre dientes. ¿Ahora aprovecharía para fastidiar a su hija por tiempo indefinido? ¡Eso era caer muy bajo! Estaba cruzando los límites al meterse con sus hijos…

Lily suspiró. Ella sabía que no podía tener tanta buena suerte, se reprendió mentalmente y se dijo a sí  misma que la próxima vez le haría caso a Hermione cuando esta intentara despertarla.

 Una hora más tarde, cuando todos salían de las mazmorras, Lily se quedó sentada en su asiento, preguntándose cuál sería su castigo.

Una vez que todos se fueron el profesor Snape se acercó a ella y le dijo que tendría que ayudarle a organizar los ingredientes de sus pociones.

Lily obedeció, pensando que aquello pudo haber ser mucho peor.

Una vez empezado el trabajo, Lily no pudo evitar darse cuenta de que el profesor no le quitaba los ojos de encima, hizo un esfuerzo muy grande para no preguntarle por qué lo hacía, pero no fue suficiente, así que terminó por preguntarle.

El profesor la miró por unos segundos más y luego respondió tranquilamente:

—Te pareces mucho a tu madre.

Lily se quedó petrificada ante eso, la curiosidad en su interior explotó. Aquella frase había hecho que se quedara sin habla por al menos un minuto.

— ¿Conoció a mi madre? —preguntó, al fin, sin poder contenerse.

—Sí, fuimos amigos hace mucho tiempo.

¿Amigos?, se preguntó Lily mentalmente. Con que el profesor y su madre habían sido amigos hace tiempo.

James no podía soportar leer eso, no podía creer que Snape se atreviera a hablar de Lily después de todo lo que le había hecho, después de haberla lastimado, porque aunque Lily lo negara, a ella le había dolido cuando Snape la llamó con ese nombre despreciable con el que molestaban a las personas como ella.

Sirius se encontraba en igualdad de condiciones, y sin poder contenerse exclamó: —Fueron amigos y ahora tú tratas a su hijo de una manera horrible. ¡Que bonita forma de demostrar tu amistad!

James, que ya no deseaba leer eso, le tendió el libro a Remus, ya que, por el rostro que tenía, Sirius dejaba en claro que tampoco sería capaz de leerlo. Así que Remus tomó el libro, y continuó leyendo:

 —Entonces ¿también fue amigo de mi padre? —preguntó Lily sintiendo emoción por dentro, estaba hablando con alguien que había tenido amistad con sus padres, algo que solo había hecho con Hagrid.

 —No—respondió él secamente y de manera cortante— Tu padre y yo nunca nos llevamos bien.

Pero el entusiasmo de la chica no cedió en lo más mínimo, así que volvió a preguntar:

—Y ¿por qué dejaron de ser amigos usted y mi madre?

Lily sabía que aquella era una pregunta muy personal, pero no pudo evitar hacerla, sentía curiosidad al límite, y no había pasado por alto aquél cuando el profesor le indicó que había sido amigo de su madre, lo hizo de una forma que sugería que la amistad había terminado.

—Yo me equivoqué—murmuró él dándole la espalda, mientras acomodaba algunos libros, y luego se dirigía de nuevo a su escritorio— Hice algo que tu madre nunca pudo perdonarme y después, cuando se casó con tu padre ya no hubo ninguna posibilidad de volver a ser amigos.

A Lily se le secó la garganta al escuchar eso, sí era cierto; ella había estado demasiado enojada y dolida con Severus como para perdonarlo y luego ya no hubo ninguna posibilidad una vez que se casó con James.

Lily lo observó durante un minuto. Pensó que, aunque debería de sentirse ofendida por lo que el acababa de decirle y enojada por haberle hecho daño a su madre, ella no estaba enfadada en lo absoluto, tal vez se debía a que, en el fondo, ella pensaba que el profesor estaba arrepentido.

Lentamente puso su mano sobre la del profesor, que estaba sentado en su escritorio, aún arreglando sus cosas y al parecer, se quedó helado. Un segundo después le dijo:

 —Estoy segura de que ella lo perdonó—y le dedicó una sonrisa amable.

Luego se percató de que ya era tarde, así que le pidió al profesor para irse. Este asintió con la cabeza y no dejó de observar a la niña mientras que esta salía de las mazmorras.

Remus continuó relatando, y fueron escuchando sobre la visita que Harry y Ron le había hecho a Hagrid, se divirtieron un rato escuchando la conversación que tenían, y todos escucharon con excepcional atención cuando Remus mencionó lo del Profeta que estaba en la casa de Hagrid, el cual indicaba que habían intentado robar en Gringotts el 31 de Julio, todos recordaron que ese había sido el día en que Hagrid y los hermanos Potter habían estado allí.

—¡Hagrid! —dijo Harry—. ¡Ese robo en Gringotts suce­dió el día de nuestro cumpleaños! ¡Pudo haber sucedido mientras tú, Lily y yo  estábamos allí!

Hagrid decididamente evitó su mirada. Gruñó y le ofreció más pastel. Harry volvió a leer la nota. «La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.» Hagrid había vaciado la cámara setecientos tre­ce, si puede llamarse vaciarla a sacar un paquetito arrugado. ¿Sería eso lo que estaban buscando los ladrones?

—Fue algo relacionado con lo que Hagrid sacó de la cámara ese día—dijo Frank muy seguro. Todo parecía tener relación, y parecía muy claro.

Todos se mostraron de acuerdo con él. Tendría que ser mucha coincidencia si no se tratara de la misma cámara. Habían intentado robar aquella cosa que Hagrid había sacado del banco, no había dudas.

Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar; Harry pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como aquella me­rienda con Hagrid. ¿Hagrid habría sacado el paquete justo a tiempo? ¿Dónde podía estar?

—Ese es el final del capítulo—anunció Remus.

—Bueno, no sé ustedes, pero yo me muero de hambre, además necesito un poco de tiempo para quitarme todo el enfado de encima—dijo Sirius, obviamente refiriéndose a la parte que había mencionado a Snape.

Todos asintieron y el profesor Dumbledore llamó al Elfo domestico que les había ayudado en el almuerzo.

Una vez terminada la cena, decidieron que lo mejor era irse a descansar, así que todos se fueron a las respectivas habitaciones que la sala les proporcionaba. Mañana sería otro día para seguir descubriendo el futuro.