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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 6
A la mañana siguiente, los habitantes de la Sala de Menesteres se levantaron temprano y disfrutaron de un desayuno silencioso. Había mucha curiosidad en el ambiente. Sin duda, aquél libro hacía que los miembros de la Orden se olvidaran por un momento de todos los sucesos que ocurrían en el mundo exterior, y se concentraran en lo que sería el futuro.
Cuando terminaron ocuparon nuevamente sus asientos y Sirius, quien era el que debía continuar la lectura, cogió el libro.
—El nombre del capítulo es "El duelo a media noche".
—¡Oh no!—gimió Lily—Esto no me suena nada bien—después le dirigió una mirada de enojo a su esposo—Si hacen algo tonto será tu culpa.
— ¿Mi culpa?—preguntó James extrañado— ¿Por qué será mi culpa?
—Porque estoy segura de que no heredaron de mi la idea de arreglar los problemas con duelos. Es más, casi puedo asegurar de que veremos una prueba de que esos niños son claramente hijos tuyos… ¡Tonta genética!
Todos sonrieron por el comentario y Sirius comenzó la lectura, complaciendo a sus expectantes compañeros.
Los hermanos nunca habían creído que pudiera existir un chico al que detestaran más que a Dudley, pero eso era antes de haber conocido a Draco Malfoy.
—Eso es algo perfectamente entendible—comentó Sirius— El pequeño demonio de Malfoy es claramente mil veces peor que el hijo del hipopótamo..
—Sí, aunque a fin de cuentas los dos son igual de insoportables—suspiró James, encogiéndose de hombros— La única diferencia es que uno es muggle y el otro no.
Sin embargo, los de primer año de Gryffindor sólo compartían con los de Slytherin la clase de Pociones, así que no tenían que encontrarse mucho con él.
—Eso es una suerte—opinó Alice— La situación sería insostenible si los muchachos tuvieran que pasar más de una clase con Malfoy, quiero decir, acabarían en problemas por estar riñéndose entre ellos…
O, al menos, así era hasta que apareció una noticia en la sala común de Gryffindor. Las lecciones de vuelo comenzarían el jueves... y Gryffindor y Slytherin aprenderían juntos.
—¿Qué? —gruñó James—No es posible, siempre me he preguntado por qué hacen que las serpientes y nosotros recibamos clases juntos.
—Yo también me he hice la misma pregunta durante siete años, Cornamenta—comentó Sirius negando con la cabeza— Bueno, al menos van a aprender a volar.
—¡Es cierto! —exclamó James, percatándose de ese detalle, sonriendo de oreja a oreja— ¡Mis hijos aprenderán a volar! ¡Al fin! Estoy completamente seguro de que lo harán increíble.
—Perfecto —dijo en tono sombrío Harry—. Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridículo sobre una escoba delante de Malfoy.
—No harás el ridículo, cariño—susurró Lily, tiernamente— Los niños de primero usualmente no son muy diestros en volar, pero estoy segura de que lo harás muy bien.
Lily lo miró con cariño, en el fondo ella comprendía cómo se sentía, sería extremadamente irritante tener que aguantar las burlas de Malfoy por no saber volar muy bien, sin embargo intentó darle ánimos a su hermano.
—Todo saldrá bien—le dijo— Ya verás.
Ambos deseaban aprender a volar más que ninguna otra cosa.
**-¡Así se habla!-dijo James contento por los deseos de sus hijos-¡Sabia que tenían mi cariño hacia el quidditch!**Claro, hubiera sido casi un milagro que no la heredaran, es algo que va en la sangre… Aún no existe un Potter que no sea fanático del quidditch.
Lily suspiró resignada.No era que no le gustara el deporte, pero a veces pensaba que algunas personas—James en primer lugar— tomaban demasiado en serio lo que sucedía con él.
Los hermanos no habían recibido una sola carta desde la nota de Hagrid, algo que Malfoy ya había notado, por supuesto.
Lily hizo una mueca de tristeza por el comentario, pero no dijo nada.****¿Qué no era suficiente con que sus hijos no recibieran correo? Ahora, encima de todo, parecía que Malfoy había encontrado otra manera de molestarles.
Un lechuzón entregó a Neville un paquetito de parte de su abuela. Lo abrió excitado y les enseñó una bola de cristal, del tamaño de una gran canica, que parecía llena de humo blanco.
Frank rió un poco, imaginándose qué sería lo que su madre le envió a Neville. En el fondo, lo que más le animaba era que, a pesar de que por algún motivo, aún desconocido, él y Alice no pudieran estar con su hijo, al menos su madre estaba con él y le daba cariño.
—¡Es una Recordadora! —explicó—. La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que te has olvidado de hacer.
**Alice sonrió a su abultado vientre, pensando en que Neville se parecía bastante a ella.**Ella también solía ser algo despistada y olvidaba cosas con facilidad. ¡Como le hubiera gustado ver a su Neville en aquellos momentos!
Neville estaba tratando de recordar qué era lo que había olvidado, cuando Draco Malfoy que pasaba al lado de la mesa de Gryffindor; le quitó la Recordadora de las manos.
La sonrisa de Alice se desvaneció al instante, pero antes de que dijera algo, su esposo se le adelantó:
**—¡Deja en paz a mi hijo! —parecía muy enojado.**Y no era la única persona en ese estado. Muchos de los demás presentes tenían en su rostro una mueca de claro enfado, que sugería que ninguno estaba contento con Malfoy.
Harry y Ron y Lily saltaron de sus asientos, pero la profesora McGonagall, que detectaba problemas más rápido que ningún otro profesor del colegio, ya estaba allí.
Alice, Lily y Molly suspiraron aliviadas. Si había alguien que podía frenar hasta a los alumnos más rebeldes, esa era la profesora McGonagall. No importaba qué tan poderoso se creyera Malfoy, todos estaban seguros que no haría nada inadecuado en un lugar donde McGonagall pudiera descubrirlo, y por ende, reprenderlo.
—¿Qué sucede?
—Malfoy me ha quitado mi Recordadora, profesora.
—Idiota ¡Se parece tanto a su padre! Es una lástima para la humanidad que eso sea así…
—Lo sabemos, Sirius—suspiró Arthur— Y créeme cuando te digo que yo detesto a la gente así tanto como tú…
Malfoy dejó rápidamente la Recordadora sobre la mesa.
—Cof, Cof, cobarde, Cof, Cof
—Sabemos que es un cobarde, James—murmuró Remus divertido— Pero, vamos, deja que sigamos leyendo.
Frank, que no prestaba demasiada atención a la conversación de los dos Merodeadores, miró con agradecimiento a la profesora McGonagall y después a James, Lily, Arthur y Molly, ya que se sentía en deuda porque sus hijos habían defendido al pequeño Neville.
—Sólo la miraba —dijo, y se alejó, seguido por Crabbe y Goyle.
**—Imbécil—dijeron Edgar, Gideon y Fabián al mismo tiempo.**Y Frank no pudo estar más de acuerdo con ellos.
Aquella tarde, Harry, Ron y Lily se habían dirigido al Bosque Prohibido para recibir la clase de vuelo junto con los demás Gryffindor. Los Slytherin ya estaban allí.
En la sala se escuchó claramente un ruido despectivo, que daba a entender que habían algunos presentes (James y Sirius, por ejemplo) que no estaban contentos con tener que escuchar que allí había alguien que pertenecía a Slytherin.
Entonces llegó la profesora, la señora Hooch.
—Ahhh, ¡Que emoción! —exclamó James— ¡La señora Hooch! ¡Como extraño comenzar un partido con ella! Era muy muy divertido…
—Bueno ¿qué están esperando? —bramó—. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.Extiendan la mano derecha sobre la escoba y digan «arriba».
Continuaron leyendo, emocionados, cómo la señora Hooch les seguía dando indicaciones para montar en las escobas, y muchos se alegraron enormemente cuando escucharon como la maestra le decía a Malfoy que había estado sujetando mal la escoba todo el tiempo.
— ¡Sabía que era un completo inútil que solo alardea de lo que no hace! —exclamó James satisfecho.
—Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dan una fuerte patada —dijo la señora Hooch—. Elévense un metro o dos y luego bajen. Preparados... tres... dos...
Pero Neville, nervioso, dio la patada antes de que sonara el silbato.
—¡Neville! —exclamó Alice preocupada, tenía un mal presentimiento sobre su hijo subido en una escoba.
Neville subía en línea recta, como el corcho de una botella... Cuatro metros... seis metros y..
BUM... Un ruido horrible y Neville quedó tirado en la hierba.
Alice ahogó un grito, preocupada por su hijo y apresuró a Sirius para que siguiera con la lectura. —¡Apúrate, apúrate, apúrate! ¿Por qué te tardas tanto, Sirius? ¡Rápido! —Estará bien—dijo Marlene tratando de darle ánimos— Tu Neville estará bien. La señora Hooch se inclinó sobre Neville.
—La muñeca fracturada —la oyeron murmurar —. Vamos, muchacho... Está bien... A levantarse.
Neville, con la cara surcada de lágrimas y agarrándose la muñeca, cojeaba al lado de la señora Hooch, que lo sostenía, ambos se dirigían a la enfermería.
—Mi pobre bebé—gimió Alice acariciando su vientre—Espero que no le duela mucho. No me gustaría que pasara con la muñeca adolorida el resto del día… -No ha sido tan grave, cariño-le dijo Frank más tranquilo de lo que se encontraba antes—La señora Pomfrey lo curará, ya verás. Una muñeca rota se arregla rápido. Alice suspiró, deseando que su esposo tuviera razón.
Casi antes de que pudieran marcharse, Malfoy ya se estaba riendo a carcajadas.
Esto hizo que muchos se enfurecieran de verdad. ¡El accidente de Neville no tenía nada de gracioso!
— ¿Vieron la cara de ese gran soquete?
-¡Mi hijo no es ningún soquete, niño estúpido!-dijo muy molesto Frank— ¡No te atrevas a llamarlo así!
—¡Cierra la boca, Malfoy! —dijo Parvati Patil en tono cortante.
—Que alguien me recuerde que debo agradecerle a esa chica—murmuró Alice, sonriendo un poco— ¡Completamente de acuerdo con ella! ¡Cierra la boca, Malfoy!
—Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? —dijo Pansy Parkinson, una chica de Slytherin. — Nunca pensé que te podían gustar los llorones, Parvati.
—¡Oh, que alguien le cierre la boca a esa estirada! —exclamó Lily, frunciendo el entrecejo— ¡Neville no es un llorón! ¡Ya basta de hacer ese tipo de comentarios! —¡Neville no es ningún llorón! —dijo Lily enojada— ¿Por qué no haces algo bueno por el mundo, Parkinson, y cierras la boca? —¡Muy bien, pequeña! —exclamó Sirius, satisfecho por las palabras de la niña.
—¡Miren! —dijo Malfoy, recogiendo algo de la hierba—. Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.
—¡Deja eso donde lo encontraste, engendro! —bramó Frank furioso.
La Recordadora brillaba al sol.
—Trae eso aquí, Malfoy —dijo Harry con calma.
James y Sirius sonrieron con orgullo. Frank con agradecimiento, Gideon y Fabian con satisfacción y Edgar contento de que alguien pusiera a Malfoy en su lugar.
La única que se mostró ligeramente preocupada era Lily. Algo le decía que el título del capítulo se derivaba de lo que estaba a punto de ocurrir.
Malfoy sonrió con malignidad.
—Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque... ¿Qué les parece... en la copa de un árbol?
—¡Eso es bajo! ¿Por qué Malfoy no puede demostrar un poquito de educación y dejar la recordadora en paz? —inquirió Marlene enojada— ¡Debería darle vergüenza comportarse así!
—¡Tráela aquí! —rugió Harry, pero Malfoy había subido a su escoba y se alejaba
—¡Ven a buscarla, Potter!
Harry cogió su escoba.
—¡No! —dijo Lily—¡No, no, no, no! ¡No hagas eso Harry!****¡Ve con la profesora McGonagall, o la señora Hooch!
Pero a pesar de la preocupación de su esposa, James no podía dejar de sentirse orgulloso de su hijo. Algo similar pasaba con Sirius y Remus. Frank miró a James agradecido, de nuevo y este le respondió con una sonrisa. Lily se había quedado sin habla, pero antes de que ella hiciera o dijera algo, escuchó a alguien gritar. —¡No! —era Hermione Granger—. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío.
-¡Eso es! ¡Hazle caso, Hijo! Deja que un profesor se encargue…-dijo Lily, que, aunque estaba orgullosa de su hijo, no podía dejar de pensar en que él no sabía nada sobre escobas y podía lastimarse.
Harry no le hizo caso. Lily miró pasmada como su hermano se montaba en la escoba y se elevaba en el aire. Parecía que no le exigía mucho esfuerzo, ya que manejaba la destartalada escoba muy bien.
James no hubiera podido ocultar su satisfacción ni aunque hubiera querido hacerlo. Sonrió, de una manera alegre y entusiasmada. Le llenaba de orgullo que su hijo pudiera hacer algo que, en su momento, a él e hizo muy feliz.
—¡Déjala —gritó Harry— o te bajaré de esa escoba!
Sirius fue otro de los que irradiaban orgullo sin disimularlo ni un poco. Estaba que explotaba por el orgullo que Harry le inspiraba.
—Ah, ¿sí? —dijo Malfoy, tratando de burlarse, pero con tono preocupado.
Eso aumentó en gran grado las sonrisas de algunos de los presentes, únicamente que ahora, había un matiz de burla en ellas.
—Aquí no están Crabbe y Goyle para salvarte, Malfoy —exclamó Harry
—¡Ese es mi Harry! —exclamó James con la voz llena de satisfacción— ¡Oh, si! ¡Ahora veremos lo cobarde que eres, Malfoy! ¡Ja!
Parecía que Malfoy también lo había pensado.
—¡Cobarde, cobarde, cobarde! —gritaron Gideon y Fabian en voz alta. Estban disfrutando de la escena.
—¡Atrápala si puedes, entonces! —gritó. Giró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba.
Lily observó desde el suelo, mitad petrificada, mitad sorprendida lo que Harry hizo a continuación. La pequeña pelota salió volando de la mano de Malfoy, y Harry, haciendo uso de una habilidad asombrosa, hizo una complicada maniobra con la escoba, atrapó la pelotita en el aire, y un segundo después, aterrizaba suavemente en el suelo, con la recordadora en una mano.
—Es todo un buscador—murmuró Remus asombrado— Eso ha sido… increíble. Realmente tiene madera de jugador de quidditch, sin duda alguna.
—¡Ese es mi hijo!—dijo James sonriendo ampliamente, bajo la mirada de su esposa, que aunque seguía muy nerviosa, también sonrió ligeramente. Ninguno de los dos podía ocultar el orgullo hacia Harry.
—¡HARRY POTTER!
La sonrisa de Lily se transformó en una mueca. ¿Quién habría gritado de esa manera el nombre de su hijo?
La profesora McGonagall corría hacia ellos.
—Nunca... en todos mis años en Hogwarts...
Todos voltearon a ver a la mencionada profesora, que parecía bastante extrañada con su aparición. No se le podía reprochar, ya que siempre resultaba algo extraño leer lo que uno hace en el futuro, pero lo que más preocupaba a los presentes era qué haría McGonagall por haber descubierto a Harry.
La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban de furia.
—¡No puede castigarlo profesora!—dijo Frank mirándola con un gesto de suplica. Harry había defendido de alguna manera a Neville, y eso era algo que él jamás olvidaría.
La profesora McGonagall se limitó a pedirle a Sirius que continuara con la lectura y, en el fondo, ella esperaba que su futuro yo no castigara al chico.
— ¿Cómo te has atrevido...? Has podido romperte el cuello...
—Si castiga a Harry voy a matar al chico Malfoy—dijo James apretando los dientes— ¡El también se subió a la escoba! ¡Harry solo estaba haciendo algo bueno por Neville! Malfoy solo estaba haciendo idioteces….
—No fue culpa de él, profesora...
—Silencio, señorita Potter.
—¡Pero profesora! —exclamó James, dirigiéndose a la mujer que tenía en frente— ¡No puede regañarlo!
—Pero Malfoy...
—¡El fue el que comenzó, profesora!
—Ya es suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo.
Lily estuvo a punto de discutir, pero la profesora ya caminaba con Harry.
—Si la profesora castiga a Harry por tu culpa juro que voy a matarte, Malfoy—dijo la chica, con muchas ganas de quitarle a Malfoy del rostro esa estúpida sonrisa de satisfacción que tenía.
James, Sirius y Remus sonrieron por la amenaza de la niña. En el fondo, los tres muchachos deseaban que alguien le borrara la sonrisa a Malfoy de la cara.
Continuaron escuchando como la profesora conducía a Harry, que estaba aterrado, por el castillo, y se detenían en la clase del profesor Flitwick, mientras la profesora pedía hablar con un muchacho llamado Wood.
—¿Wood?—preguntó James a la profesora McGonagall—¿Quién es Wood?
La profesora negó con la cabeza, en señal de que no tenía ni idea. Quizá sería un alumno del futuro, aunque no podía asegurar mayor cosa.
Pero Wood era un muchacho corpulento de quinto año, que salió de la clase de Flitwick con aire confundido.
Toda la sala estaba igual de confundida que ese chico Wood. Nadie tenía ni idea de qué era lo que la profesora McGonagall se planteaba hacer.
—Síganme—dijo la profesora McGonagall.—Aquí.
La profesora McGonagall señaló un aula en la que sólo estaba Peeves, ocupado en escribir groserías en la pizarra.
Hubo algunas risas entre los presentes, que se apagaron de inmediato cuando vieron el semblante de la profesora McGonagall.
—¡Fuera, Peeves! —dijo con ira la profesora.
Peeves tiró la tiza en un cubo y se marchó maldiciendo. La profesora McGonagall cerró la puerta.
—Potter, éste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado un buscador.
—Va a ingresarlo al equipo—susurró James conmocionado viendo a la profesora McGonagall. Había comprendido muy rápido lo que la mujer había dicho en el libro.
La cual sonrió para sus adentros, imaginando que seguramente ganarían los partidos de quidditch con el niño Potter.
Pero antes de que ella pudiera decir o hacer algo, James se había levantado de su asiento y la había corrido a abrazarla, con tal fuerza, que incluso la levantó del suelo y comenzó a dar vueltas mientras gritaba con una voz llena de felicidad "¡Mi hijo está en el equipo! ¡Mi hijo está en el equipo !" Todos reían por la actitud del joven, excepto la profesora McGonagall que gritaba:
—¡Potter! ¡Bájeme ahora mismo! ¡Oh por Merlín, Potter! ¡Es una orden! ¡Bájeme, bájeme, bájeme!
James tardó unos segundos en abandonar su euforia, pero cuando se sentó de nuevo en su asiento tenía una sonrisa de oreja a oreja. ¡La profesora McGonagall era lo máximo!
—¿Está segura, profesora?
— ¡Claro que está segura! —exclamó Sirius emocionado— ¡Mi mini-Cornamenta será el mejor buscador de todo el mundo!
—Totalmente —dijo la profesora con vigor—. Este chico tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. ¿Ésta ha sido tu primera vez con la escoba, Potter?
—Sí, es su primera vez—murmuró James, como si estuviera diciendo lo más increíble e importante sobre la faz de la Tierra— Aunque no ha practicado mucho, puede estar segura de que con los entrenamientos se hará un gran jugador. Solo unas pocas sesiones de práctica y será todo un profesional, ya lo verá, estoy completamente seguro…
—¡Potter! —lo cortó la profesora McGonagall— Sé perfectamente todo lo que está diciendo, serénese.
Harry asintió con la cabeza en silencio.
—Atrapó esa cosa con la mano, después de un vuelo de quince metros —explicó la profesora a Wood—. Ni un rasguño. Charlie Weasley no lo habría hecho mejor.
Arthur sonrió con satisfacción al notar que la profesora McGonagall opinaba que su Charlie era un gran jugador, pero la alegría que el pelirrojo pudiera llegar a tener no era ni la mitad que estaba demostrando James en ese momento. Parecía que de un momento a otro iba a echarse a llorar de pura felicidad.
Wood parecía pensar que todos sus sueños se habían hecho realidad.
James estaba en exactamente la misma situación que el joven Wood.
—¿Alguna vez has visto un partido de quidditch, Potter? —preguntó excitado.
—No, no lo ha hecho, pero como ya dije, un poco de práctica y explicaciones y todo será fantástico…
—¡James! —se exasperó Lily, dividida entre el fastidio y la diversión— Sé que estás emocionado, pero contrólate.
—Wood es el capitán del equipo de Gryffindor —aclaró la profesora McGonagall.
James, que estaba pasándosela muy bien escuchando ese capítulo, se imaginó cómo se sentiría si algún día alguno de sus hijos llegara a capitanear al equipo de Gryffindor.
—Y tiene el cuerpo indicado para ser buscador —dijo Wood, paseando alrededor de Harry Ligero, veloz... Vamos a tener que darle una escoba decente, profesora, una Nimbus 2.000 o una Cleansweep 7.
El rostro de James se iluminó aún más (sí, eso era posible). ¡Ese era, sin duda, uno de sus capítulos predilectos! Y ahora, Harry tendría una escoba decente. Según sabía, las mejores escobas del mercado en el futuro eran esas Nimbus 2.000 y no podía esperar a que su hijo tuviera una.
—Hablaré con el profesor Dumbledore para ver si podemos suspender la regla del primer año. Los cielos saben que necesitamos un equipo mejor que el del año pasado. Fuimos aplastados por Slytherin en ese último partido. No pude mirar a la cara a Severus Snape en varias semanas...
Varios gruñeron por el último comentario de la profesora, incluida ella misma. Pero las expectativas que todos tenían en ese momento para el equipo de quidditch eran muy altas. Con Harry en el, estaban seguros de que aplastarían a Slytherin.
La profesora McGonagall observó con severidad a Harry, por encima de sus gafas.
—Quiero oír que te entrenas mucho, Potter, o cambiaré de idea sobre tu castigo.
—Él entrenará con todo el entusiasmo del mundo—aseguró James, sonriendo— Estoy completamente seguro.
Luego, súbitamente, sonrió.
—Tu padre habría estado orgulloso —dijo—. Era un excelente jugador de quidditch.
—Muchas gracias—dijo James mirando a la profesora, conteniendo el impulso de correr a abrazarla de nuevo— Profesora, de verdad… no tengo ni idea de cómo agradecerle…
Ella respondió con un leve gesto de cabeza. Conteniendo las ganas de sonreírle al joven.
Era la hora de la cena. Harry había terminado de contarles a Ron y a Lily todo lo sucedido cuando dejó el parque con la profesora McGonagall.
—Oh, esto será emocionante—suspiró James, sonriendo con una expresión de profundo bienestar en el rostro.
—¿Buscador? —dijo Ron—. Pero los de primer año nunca... Serías el jugador más joven en...
—Un siglo —terminó Harry—. Wood me lo dijo.
Si había algo que podía aumentar el ego, el orgullo y la felicidad de James en aquél momento, era eso. ¡Un siglo! Su hijo era el jugador más joven en un siglo entero… ¡La vida era maravillosa!
Sirius también rebosaba de alegría, tenía ganas de mandar a hacer una estatua de su ahijado y ponerla en el centro de la sala común de Gryffindor.
Lily simplemente se encontraba radiante y le dio un abrazo tan fuerte que casi le hizo daño.
—Estoy muy orgullosa de ti— dijo, sin dejar de abrazarlo—Estoy segura de que serás el mejor jugador del mundo.
—Yo también estoy segura de eso—comentó Lily sonriendo, hablando por fin antes de que James hiciera algún comentario.
Harry le sonrió agradecido.
Siguieron escuchando sin hacer mayores interrupciones, hasta la aparición de los gemelos, que felicitaban a Harry y le hacían conocer que ellos también estaban en el equipo de quidditch como golpeadores.
—Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio.
—Mmm… seguro está hablando del que está atrás de la estatua de Gregory Smarmy—razonó James para sí mismo, sonriendo un poco.
—Seguro que es el que hay detrás de la estatua de Gregory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra primera semana.
Sirius, James, Remus, Gideon y Fabián e incluso Arthur, sonrieron con orgullo, mientras que la profesora McGonagall y Molly suspiraban reprobatoriamente.
Pero luego sus sonrisas flaquearon al oír que Malfoy, Crabbe y Goyle se aproximaban a molestar a Lily, Harry y Ron.
A muchos les molestó que el grupo de reptil y gorilas estúpidos , como Sirius les había apodado, estaban provocando a los muchachos.
—Nos veremos cuando quieras —dijo Malfoy a Harry—. Esta noche, si quieres. Un duelo de magos. Sólo varitas, nada de contacto. ¿Qué pasa? Nunca han oído hablar de duelos de magos, ¿verdad?
—Oh no—dijo Lily comprendiendo ahora el por qué el título del libro, le echó a James una mirada de enojo y le dijo a Sirius que continuara.
Aquello no estaba bien. Esperaba que sus hijos no aceptaran la provocación de Malfoy, pero en el fondo, ella sabía que el maldito duelo sí se llevaría a cabo.
—Por supuesto que sí —dijo Ron, interviniendo—. Yo soy su segundo. ¿Cuál es el tuyo?
— ¡Ron!—dijo Molly comenzado a enfadarse— No le sigan el juego, niños. Estoy completamente segura de que ninguno tiene los conocimientos suficientes sobre duelos para estar retándose. ¡No lo hagan!
Malfoy miró a Crabbe y Goyle, valorándolos.
—Crabbe —respondió—. A medianoche, ¿de acuerdo? Nos encontraremos en el salón de los trofeos, nunca se cierra con llave.
—¡Maldita sea! No pueden estar pensando en aceptar—explotó Lily— ¡No saben nada de duelos! ¡Nada! James.
Cuando Malfoy se fue, Ron Lily y Harry se miraron.
—¿Qué es un duelo de magos? —preguntó Lily
Lily se cubrió la cara con las manos, enojada. A las únicas personas a las que se les ocurriría aceptar un estúpido duelo sin tener ni idea de qué es, eran sus hijos. ¡Tontos genes Potter!
— ¿Y qué quiere decir que seas mi segundo? —dijo Harry.
—Un segundo, Harry, es el que sigue luchando después de que te matan…
—Ya lo sabemos, Sirius, haz el favor, y sigue leyendo, ¿Quieres?
—No te enfades, Lunático—rió el mencionado tranquilamente— Está bien, ya voy, ya voy…
—Bueno, un segundo es el que se hace cargo, si te matan —dijo Ron sin darle importancia.— Pero la gente sólo muere en los duelos reales, ya saben, con magos de verdad. —luego vio directamente a Harry— Lo máximo que pueden hacer Malfoy y tú es mandarse chispas uno al otro.(McGonagall suspiró, exasperada) Ninguno sabe suficiente magia para hacer verdadero daño. De todos modos, seguro que él esperaba que te negaras.
—Y así debió haber sido—dijeron Molly y Lily al mismo tiempo, ambas enfadadas. Ni Harry, ni Ron, ni nadie con once años de edad debería haberse comprometido para un duelo.
A las dos pelirrojas les parecía ridículo que muchachos de esa edad arreglaran sus problemas por medio de duelos, ¡Ni siquiera tenían suficiente conocimiento en hechizos!
Lily los miró durante un segundo, no estaba segura de que hacer eso fuera una buena idea, pero ya le habían dicho a Malfoy que se verían y ella no pensaba dejar que Harry y Ron fueran solos.
Lily suspiró resignada, pensando que, aunque su hija había heredado parte de su sentido común, era igual de impulsiva y orgullosa que su esposo, que intentaba disimular el orgullo que sentía ante los dos niños.
—¿Y si levanto mi varita y no sucede nada? —preguntó Harry.
—La tiras y le das un puñetazo en la nariz —le sugirió Ron.
—Excelente consejo—dijo Sirius, deteniendo momentáneamente la lectura, sonriendo ante la idea. Un puñetazo en la fea nariz de Malfoy no le vendría nada mal…
Molly suspiró resignada al igual que Lily. ¡Hombres!
—Excelente consejo—aprobó Lily sonriendo.
Sirius sonrió por la coincidencia de la lectura con sus palabras.
—Disculpen.
Los tres miraron. Era Hermione Granger.
—Genial—dijo James sarcásticamente—ahora va a delatarlos o va a intentar que desistan de hacerlo.
—Y es eso lo que deben hacer James—dijo Lily viendo molesta a su esposo— Deben desistir de hacerlo. Es completamente ridículo, ¡por favor! Un duelo de magos, ¡Sí, cómo no!
—¿No se puede comer en paz en este lugar? —dijo Ron.
Molly frunció el entrecejo, deseando que Ron fuera un poco más amable con Hermione.
Lily le dedicó una mirada reprobatoria, pero Hermione no le hizo caso y se dirigió a Harry
—No pude dejar de oír lo que tú y Malfoy estaban diciendo...
—No esperaba otra cosa —murmuró Ron.
—¡Ron!—le reprendió Molly molesta porque su hijo se estaba comportando grosero con la niña. ¡Esa no era manera de tratarla!
— ¡Ron! —dijo Lily.
—... y no debes andar por el colegio de noche. Piensa en los puntos que perderás para Gryffindor si te atrapan, y lo harán.
La profesora McGonagall sonrió aprobadoramente al comentario de la niña, pensando en que los muchachos debían hacerle caso. Sería mejor que se concentraran en cosas más productivas que estarse peleando con Draco Malfoy.
— ¡Escúchenla!—pidió Lily— ¡Por favor escúchenla!
—Y la verdad es que no es asunto tuyo —respondió Harry.
—¡Harry James Potter!—dijo Lily bastante enojada.
—Tranquilízate pelirroja—dijo Sirius apresurándose a leer para que Lily no estallara en un discurso de "Por qué no se debe salir de noche por la escuela" , pero lo único que consiguió, fue que la embarazada lo mirara molesta.
—Adiós —añadió Ron.
Lily le dedicó una mirada de disculpa a Hermione y salió de tras de los chicos.
De todos modos, pensó Harry, aquello no era lo que llamaría un perfecto final para el día. **(****—No me digas…—gruñó Lily molesta— ¿Y desde cuando es un gran final del día comprometerte a una tontería?)**Estaba acostado, despierto, oyendo dormir a Seamus y a Dean (Neville no había regresado de la enfermería).
Alice se mostró muy interesada por esa información. ¿Su hijo estaría bien…?
Además de todo, estaba la discusión que había tenido con Lily antes de subir a su dormitorio.
—Creo que no deberían tratar a Hermione de esa forma—decía su la chica mientras los acompañaba a la sala común—Si tan solo le dieran una oportunidad….
—No, Lily, es simplemente una entrometida—había dicho Ron.
Al final la chica suspiró y dijo:
—Está bien, dejaré de insistirles con eso de momento, ahora hay que ponernos de acuerdo para encontrarnos en la sala común antes de ir con Malfoy.
—Tú no vas a ir Lily—dijo Harry en tono decidido, mientras Ron le decía la contraseña a la señora Gorda.
— ¿Qué? —preguntó ella— y ¿Qué te hace pensar eso?
—Lily esto es algo entre Malfoy y yo, no voy a dejar que vayas, además si nos atrapan tendrás problemas…
—Al igual que tú—repuso ella comenzando a enfadarse— No pienso dejarlos ir solos.
—Lily hablo en serio, tú te quedarás aquí—Harry también comenzaba a enfadarse ¿Qué no se daba cuenta que él solo intentaba cuidar de ella?
—Nada de lo que me digas va a hacerme cambiar de opinión—dijo ella obstinándose.
Ron observaba la discusión de los hermanos en silencio.
—Lily basta, tu no vas a ir—dijo Harry remarcando cada palabra.
Lily le dedicó una mirada de enojo y sin decir nada más subió a la habitación de las chicas.
—Once y media —murmuró finalmente Ron—. Mejor nos vamos ya.
Molly gruñó audiblemente, pensando en las ganas que tenía de castigar a Ron por hacer ese tipo de incoherencias.
Se pusieron las batas, cogieron sus varitas y se lanzaron a través del dormitorio. Ya casi habían llegado al retrato, cuando una voz habló desde un sillón cercano.
—No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry.
—Yo tampoco puedo creerlo—murmuró Lily molesta, cruzándose de brazos. Su hijo estaba haciendo muchas tonterías después de haberse salvado de un castigo. Eso no le gustaba nada a Lily, la ponía furiosa.
Una luz brilló. Era Hermione Granger; con el rostro ceñudo y una bata rosada.
—Maldición—gruñó James por lo bajo, sabiendo que si su esposa lo escuchaba, se enojaría mucho más de lo que ya de por sí estaba.
—¡Tu! —dijo Ron furioso—. ¡Vuelve a la cama!
—¡No le hables así, Ronald! —musitó Molly muy enojada.
—Estuve a punto de decírselo a tu hermano —contestó enfadada Hermione—. Percy es el prefecto y puede deteneros.
—Nunca he conocido a nadie más entrometido—terminó diciendo James, molesto. Sentía que una persona que se estaba detrás tuya diciéndote cada dos segundos algo sobre tus asuntos era muy fastidiosa.
Harry no podía creer que alguien fuera tan entrometido.
James sonrió ante eso, a lo que Lily le dedicó un gesto de enfado total.
Pero en ese momento los chicos escucharon a alguien más bajar por las escaleras : era Lily.
— ¡Lily!—dijo Harry enfadado—¿Qué demonios haces aquí?
—Oh, Harry—suspiró Sirius— No me digas que creíste que la pequeña iba a quedarse tranquilita en su dormitorio toda la noche mientras tú y Ron salían a buscar a Malfoy…
— ¿De verdad pensaste que yo iba a dejar que hicieran tonterías sin mi?—preguntó ella alzando las cejas, haciendo que Harry se sintiera tonto. Él conocía a la chica desde que tenía memoria, había sido realmente absurdo que creyera que iba a quedarse tranquila en su cuarto.
—Vamos —dijo a Ron. Empujó el retrato de la Dama Gorda Harry pasó por él, seguido de Lily y luego se metió por el agujero.
Sirius siguió relatando cómo Hermione decía que no deberían de estar haciendo esas cosas mientras los muchachos salían, y que para la mala suerte de la chica, el retrato de la señora Gorda se cerró, impidiéndole entrar.
Luego, todos se mostraron algo confundidos cuando Sirius leyó que Neville estaba durmiendo en el suelo de el pasillo que llevaba a la sala común.
— ¿Qué hace mi bebé solo durmiendo afuera?—dijo Alice frunciendo el ceño.
—¡Gracias a Dios que me encontraron! Hace horas que estoy aquí. No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.
Alice hizo una mueca, pero después sonrió con ternura a su vientre. Su precioso Neville… ¡Como lo adoraba!
—¿Cómo está tu muñeca? —preguntó Harry
—Bien —contestó, enseñándosela—. La señora Pomfrey me la arregló en un minuto.
—¡Eso es estupendo! —murmuró Frank contento de que su hijo ya no estuviera lastimado. Alice simplemente sonreía, como cada vez que alguien le mencionaba a su hijo.
—Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos más tarde...
—¡No me dejen! —dijo Neville—. No quiero quedarme aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pasado dos veces.
Alice sintió muchas ganas de abrazar a su pequeño en ese momento. No sabía por qué, pero sentía que, en cuanto su hijo naciera, tendría que aprovechar todo lo que pudiera al máximo.
Ron miró su reloj y luego echó una mirada furiosa a Hermione y Neville.
Frank frunció el ceño y Arthur le miró con gesto de disculpa.
—Si nos atrapan por su culpa, no descansaré hasta aprender esa Maldición de los Demonios, de la que nos habló Quirrell, y la utilizaré contra vosotros.
Continuaron escuchando cómo los muchachos se dirigían a la sala de Trofeos, y como una vez estando allí, descubrieron que no solo Malfoy no estaba, sino que Filch andaba husmeando por allí.
—Te... lo... dije —añadió Hermione, apretándose el pecho—. Te... lo... dije.
—Oh, cállate—dijo James molesto— No necesitamos escuchar lo inteligente que eres, ni que lo dijiste, ni nada.
Lily no pudo evitar sonreír. ¡Eso le pasaba a su esposo por apoyar ideas descabelladas!
—Malfoy te engañó —dijo Hermione a Harry—. Te has dado cuenta, ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle.
James y Sirius bufaron molestos. Hermione tenía razón, pero los dos se comerían un brazo antes de admitirlo. Quizá eran demasiado orgullosos, pero les molestaba que la niña tuviera razón.
Harry pensó que probablemente tenía razón, pero no iba a decírselo.
—Haces bien—dijeron James y Sirius al mismo tiempo, ganándose una mirada reprobatoria por parte de Lily, Molly y la profesora McGonagall.
—Vamos. —dijo Lily
No sería tan sencillo. Habían caminado un poco, y cuando se dieron cuenta, ya tenían a alguien frente a ellos.
Era Peeves.
—¡Maldición!—dijo Lily negando con la cabeza. Peeves no se quedaría callado para servirles de coartada a los muchachos.
A la pelirroja embarazada se le hizo un nudo en la garganta pensando en qué diría la profesora McGonagall del futuro si atrapaban a los chicos.
—¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! —gritó Peeves—. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!
—Ahora sí que están perdidos…—gimió Alice nerviosa— ¡Tienen que salir corriendo de allí! ¡Rápido!
Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... que estaba cerrada.
Las mujeres de la sala se cubrieron la cara con las manos. Ahora sí que de verdad se habían metido todos en un buen lío.
—Oh, muévete —le ordenó Hermione a Ron. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!
Lily se sintió agradecida con la niña. ¡Bendito sea el cielo que sabía realizar ese hechizo! No quería ni imaginarse lo que hubiera pasado de no haber sido así.
El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.
Peeves y Filch discutían.
—¿Ha habido alguna vez en que Filch y Peeves no discutan? —preguntó Sirius con curiosidad, a lo que todos negaron con la cabeza.
Todo el mundo sabía que Filch detestaba a Peeves aún más que a los estudiantes, y eso era decir mucho.
—Él cree que esta puerta está cerrada —susurro Harry—. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! —Porque Neville le tiraba de la manga desde hacía un minuto—. ¿Qué pasa?
Esa misma pregunta se la hacían muchos, pero principalmente Alice y Frank, ¿Qué le sucedía a Neville? ¿Por qué parecía tan asustado.
Harry se dio la vuelta y vio lo que pasaba. No estaban en una habitación. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabían por qué estaba prohibido.
—Oh no, por Merlin, no, no ,no ,no—dijo Molly cubriéndose la cara con las manos. Recordaba claramente cuando el profesor Dumbledore del futuro había advertido lo que pasaría si alguien se aproximaba a ese lugar.
Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.
Todas las mujeres de la sala soltaron un gemido ante la descripción del animal, mientras algunos de los jóvenes comenzaban a preocuparse, el único que parecía encantado con la idea de un perro así era Hagrid.
Lo que algunos se preguntaban, era qué estaría haciendo un animal así en Hogwarts. ¿Para qué lo utilizarían allí?
Todos llegaron rápidamente a la misma conclusión, pero decidieron que sería mejor hablar de eso más tarde.
Harry abrió la puerta. Entre Filch y la muerte, prefería a Filch.
—Buena elección—dijeron Gideon y Fabián al unísono. De verdad creyendo que era más razonable un castigo, que arriesgarse a ser dividido por tres mandíbulas llenas de dientes.
Pero para su incomprensión, al parecer su hermana no parecía de la misma opinión. La chica miraba al perro como hipnotizada. Así que jalándola con todas sus fuerzas la arrastró fuera de aquella sala, en la cual no tenía intención de volver a entrar.
Sirius encontró ligeramente divertido que su pequeña encontrara interesante al perro. Aunque no prestó demasiada atención a eso y continuó leyendo.
Les anunció a las preocupadas madres, que los muchachos se dirigieron corriendo hacia la sala común, y después de decir la contraseña rápidamente, entraron, para alivio de todos.
Pasó un rato antes de que nadie hablara. Neville, por otra parte, parecía que nunca más podría decir una palabra.
Alice suspiró y acarició su vientre tiernamente. ¡Su pobre hijo! Al parecer, además de ser algo tímido, no estaba familiarizado con las criaturas terroríficamente aterradoras que el mundo mágico podía llegar a tener.
—¿Qué pretenden, teniendo una cosa así encerrada en el colegio? —dijo finalmente Ron—. Si algún perro necesita ejercicio, es ése.
Todos en la sala se mostraron de acuerdo con la opinión del chico, y el profesor Dumbledore intentaba atar cabos con la reciente aparición del animal.
Hermione había recuperado el aliento y el mal carácter.
—¡Cómo no! —se burló James, negando con la cabeza— El mal carácter lo carga casi siempre…
—¿Es que no tienen ojos en la cara? —dijo enfadada—. ¿No vieron lo que había debajo de él?
—¿Quién se iba a fijar en el suelo, teniendo un perro descomunal con dos cabezas demás enfrente?
—¿El suelo? —sugirió Harry—. No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.
—Lo cual es razonable—dijo Remus— Es completamente lógico que las cabezas le preocuparan más.
—No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo. —respondió Lily que ya había recuperado el aliento.
La sala se quedó en silencio, prestando mucha atención a las palabras de la chica.
—La piedra filosofal—susurraron Lily, Remus y Frank al mismo tiempo.
El profesor Dumbledore los observó durante un segundo y dijo:
—Es lo más probable.
Hermione se puso de pie, mirándolos indignada.
—Espero que estén satisfechos. Nos podía haber matado. O peor, expulsado. **(****—¿Desde cuándo la muerte es mejor que la expulsión—preguntó Fabian alzando las cejas.)**Ahora, si no les importa, me voy a la cama. Y tu vienes conmigo—dijo tomando a Lily de la mano, la cual se despidió de los chicos con un gesto de cabeza.
Lily suspiró. Ya no estaba tan enojada como antes. Ahora simplemente estaba haciendo teorías sobre por qué estarían vigilando así la Piedra filosofal, y también estaba rogándole al cielo porque a ninguno de sus hijos se le ocurriera volver a tener una aventura como la que habían tenido en ese momento.
Ron contempló a Hermione boquiabierto.
—No, no nos importa —dijo— Nosotros no la hemos arrastrado, ¿no?
Molly resopló. Habían veces en las que Ron no demostraba demasiada comprensión hacia los demás, eso tenía que reconocerlo.
Pero Harry pensaba en otra cosa. El perro vigilaba algo... ¿Qué había dicho Hagrid? Gringotts era el lugar más seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocultar... excepto tal vez Hogwarts.
—Creo que Harry ya descubrió qué es lo que el perro está guardando—comentó Remus, con una nota de satisfacción y orgullo en la voz.
Todos asintieron, comprendiendo. Ahora solo faltaba saber de qué estaban resguardando la Piedra y quién era la persona que quería robarla.
Parecía que Harry había descubierto dónde estaba el paquetito arrugado de la cámara setecientos trece.