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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 7

—Ese es el final del capítulo—murmuró Sirius tendiéndole el libro a Remus.

—El nombre del siguiente capítulo es "Halloween"—anunció este, sonriendo al ver como los rostros de Sirius y James se iluminaban en una expresión casi infantil al escuchar el nombre de la fiesta.

Malfoy parecía estar a punto de estallar, cuando vio que Harry, Ron y Lily todavía estaban en Hogwarts al día siguiente.

—Oh, créeme que me hubiera encantado muchísimo ver su cara…

—Creo que a todos nos hubiera gustado mucho verlo, Canuto… ¡Ha de estar muriéndose del enfado! —rió James, disfrutando de la idea.

 Mientras tanto, Harry y Lily le hablaron  a Ron del paquete que había sido llevado de Gringotts a Hogwarts.

—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Ron.

—Probablemente las dos cosas—opinó Lily— Debe de ser muy, muy, valioso para necesitar una protección así, pero si alguna vez llegara a estar en manos equivocadas, podría ser peligroso.

—O las dos cosas —opinó Harry

Todos en la sala sonrieron por la coincidencia. Lily y Harry se parecían mucho, y eso divertía a los presentes.

Ni Neville ni Hermione demostraron el menor interés en lo que había debajo del perro y la trampilla.

—Lo cual deberían hacer todos—dijo la Profesora McGonagall severamente— Entre más alejados estén de ese perro enorme, es mucho más seguro para ustedes.

Hermione le había dado a Lily un sermón la noche anterior, que duró casi una hora, antes de que las dos se acostaran y se negaba a hablar con Harry y Ron.

James y Sirius no parecieron disgustados ante la idea de que Hermione no hablara con Harry y Ron, ya que la chica era demasiado mandona y entrometida para el gusto de ambos.

  Lo que realmente deseaban en aquel mo­mento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran satisfac­ción, la posibilidad llegó una semana más tarde, por correo.

—¿Por correo?—preguntó James, desconcertado, pero ligeramente emocionado por la perspectiva de que los muchachos pudieran vengarse de Malfoy.

Lily hizo una ligera mueca, ya que no le gustaba que sus hijos pensaran en vengarse, pero muy, muy en el fondo, le parecía justo que Malfoy recibiera un castigo.

La atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas. Todos se sorprendieron cuando el paquete cayó frente a Harry, seguido de un sobre.

Una pequeña chispa de intuición fue perfectamente perceptible en los ojos de James, Lily, Sirius y Remus, que sonrieron lentamente.  Estaban comenzando a sospechar cuál era la razón de que los muchachos hayan podido vengarse de Draco Malfoy.

Todos escucharon con emoción cómo Harry leía la nota de la profesora McGonagall, que decía que el paquete contenía una Nimbus 2.000, y que anunciaba que ese día en la noche, sería su primer entrenamiento con Oliver Wood.

James se había quedado mudo. Después de unos minutos miró a la profesora McGonagall como si le hubiera salvado la vida de un incendio.

—No sé como agradecérselo…—susurró con voz temblorosa, parecía que de un momento a otro iba a levantarse para abrazar de nuevo a la profesora.

—No tiene que hacerlo Potter, todavía no lo he hecho—repuso la profesora sonriendo.

—¡Una Nimbus 2.000! —gimió Ron con envidia—. Yo nunca he tocado ninguna.

—Yo tampoco—gimió James con comprensión— Ahh… ¡Es triste vivir sin una escoba así! Son tiempos muy anticuados…

—Hasta hace unos días eras plenamente feliz con la escoba que tenías—le recordó Lily, negando con la cabeza, divertida. Habían veces en las que su esposo era todo un niño, y esto quedó más que comprobado cuando, leyendo, los presentes se enteraron de que al salir de el Gran Comedor, Malfoy perturbó la alegría de los muchachos, tomando la escoba de Harry, y mostrando mucha envidia al verla.

James parecía estar peleando como un muchacho de once años por la escoba, para diversión de todos. Y parecía que iba a estallar de la risa cuando notó lo que pasó a continuación.

—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rá­pidamente Malfoy.

—Chismoso, chismoso, chismoso, oh, espero de todo corazón que alguien le tome una fotografía cuando se entere de que Harry está en el equipo de Gryffindor…

—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, radiante—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter. ¿Y qué modelo es?

Muchos en la sala no se resistieron a estallar en carcajadas por la pregunta del profesor Flitwick. Al parecer, por las caras que Sirius y James tenían, ambos hubieran estado dispuestos a pagar por ver la cara de Malfoy en aquél momento.

Lily tuvo que taparse la boca con las manos y fingir una repentina tos para disimular su risa.

—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no reír ante la cara de horror de Malfoy—. Y realmente es gra­cias a Malfoy que la tengo.

—¡Excelente respuesta!—dijo Sirius todavía riendo— ¡Muy bien! Eso fue genial…—parecía realmente orgulloso— ¡Todo un merodeador, Harry!

Harry, Lily y Ron se fueron por las escaleras, intentando contener la risa.

—Bueno, es verdad —continuó Harry cuando llegaron al final de la escalera—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, yo no estaría en el equipo...

—Lo que hace que la situación sea aún mejor; Malfoy se atragantará cuando te vea subido en tu escoba de último modelo en el primer partido de quidditch…

—¿Así que crees que es un premio por quebrantar las re­glas? —Hermione su­bía la escalera, mirando con aire de desaprobación el paque­te de Harry

—Oh, pensé que la señorita yo-siempre-cumplo-las-reglas no les hablaba—comentó Sirius, dejando en claro que la idea no le desagradaba en lo más mínimo.

—Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry.

—Y sería mejor que continuara así—musitó James, haciendo como que si no veía la mueca desaprobatoria de su esposa.

—Sí, continúa así —dijo Ron—. Es mucho mejor para nosotros.

—¡Ron, basta!—****-dijo Molly muy enojada por el comportamiento de su hijo. No le gustaba que Ron se portara así con Hermione.

—¡Ron, por favor! —dijo Lily, pero**Hermione se alejó con la nariz hacia arriba.

Lily, Alice, Marlene y Molly hicieron una mueca. A las cuatro les caía bien Hermione.

Pero ninguna de las chicas tuvo oportunidad de reclamarles nada a James y a Sirius, (que no desaprobaban la actitud de Harry y Ron hacia la castaña), ya que los dos parecían muy emocionados conforme Remus iba relatando como los muchachos estaban a punto de abrir la escoba.

Lily se negó a quedarse abajo, así que, aunque estuviera contra las reglas, subió con ellos.

La profesora McGonagall hizo un ligero ruido de desaprobación.

—Oh —suspiró Ron, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la cama de Harry.

Pulida y brillan­te, con el mango de caoba, tenía una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».

Los hombres de la sala, a excepción de unos pocos, parecían haber visto sus sueños realizados ante la descripción de la escoba. En sus rostros se notaba una expresión de anhelo y adoración, que causo las risas de todos los demás.

—Mejor continúa leyendo, Remus—dijo Lily riendo— Creo que James está enamorándose de nuevo.

Cerca de las siete, Harry y Lily (esta había insistido en acompañarlo) salieron del castillo y se encaminaron  hacia el campo de quidditch

Casi todos sonrieron recordando el aspecto del lugar. Era una sensación gloriosa recordar cada maravilloso momento vivido en aquél campo. James no pudo evitar soltar un suspiro de anhelo. ¡Como extrañaba el quidditch!

Continuaron escuchando, James y Sirius estaban emocionados y expectantes.

Escucharon como Harry daba una vuelta alrededor del terreno de juego, y después Lily hacía lo propio. Al parecer, los dos muchachos tenían talento en el arte de volar, (como James estuvo encantado de decir en voz bastante alta), y que ambos disfrutaban mucho de hacerlo.

Luego escucharon como llegaba el capitán del equipo, ese tal Wood, y le comenzaba a explicarle a Harry cómo se jugaba el quidditch.

Algunos se mostraron desconcertados al escuchar que Harry comparaba lo que hacían los cazadores con lo que realizaban los jugadores de baloncesto.

— ¿Qué es el baloncesto? —preguntó Sirius, perplejo.

—Es un deporte muggle, Sirius—explicó Remus, pensando por centésima vez que sus amigos debieron haber tomado la asignatura de Estudios Muggles.

Continuaron escuchando cómo Wood explicaba las funciones de cada miembro del equipo, como los cazadores, los golpeadores, el guardián y el buscador componían el equipo.

James oía sonriente la explicación, pensando que el equipo de quidditch de Gryffindor ganaría la copa.

—La copa de quidditch llevará nuestro nombre este año —dijo Wood lleno de alegría mientras regresaban al casti­llo—. No me sorprendería que resultaras ser mejor jugador que Charles Weasley, Harry. Él podría jugar en el equipo de Inglate­rra si no se hubiera ido a cazar dragones.

Arthur sonrió con una mezcla de suficiencia y orgullo. ¡Su hijo era un gran jugador de quidditch!

En la mañana de Halloween se despertaron con el deli­cioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasi­llos.

—Extraño los banquetes de Halloween—dijo Sirius sonriendo nostálgicamente— ¡Eran platillos realmente deliciosos!

Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos.

Lily sonrió maternalmente. Encantamientos era una materia que se le daba muy bien, y le agradaba poder ver, o escuchar, cómo sus hijos recibían las clases.

Lily terminó trabajando con Neville (Alice sonrió con cariño) , Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con Hermione Granger.

James y Sirius hicieron una mueca, mostrando compasión por Ron, a lo que Alice, Lily y Marlene rodaron los ojos.

Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos. La muchacha no les hablaba desde el día en que Harry recibió su escoba.

**—Y estaban muy contentos por eso…—**masculló James, contrariado.

—Pobre Ron—se compadeció Sirius— Estoy seguro que Granger va a molestarlo…

Lily los observó molesta, estuvo a punto de replicarles, pero Remus siguió leyendo y ella no quiso interrumpir.

Ron no estaba teniendo mucha más suerte.

—¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos bra­zos como un molino.

—Ten más paciencia, Ron, desesperándote no conseguirás nada—razonó Molly pacientemente.

—Lo estás diciendo mal. —oyeron que Hermione lo reñía—. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.

**—Esto me recuerda tanto a alguien…—**comenzó Sirius, pero no terminó la frase, dado que una pelirroja que estaba sentada al lado de su mejor amigo lo miraba amenazadoramente.

—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.

**—¡JA!—**exclamaron James y Sirius, burlonamente.

**—Sí, eso Ron, demuéstrale que no es tan inteligente como se cree—**terminó este último.

Molly, Lily, Alice y la profesora McGonagall los veían desaprobadoramente, pero no dijeron nada, dejando que Remus continuara leyendo.

Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus ca­bezas.

Sirius y James pusieron una mueca de fastidio en el rostro ante las miradas de satisfacción de Molly, Lily, Alice y la profesora McGonagall.

¡Maldición! La chica sí era inteligente…

Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor.

Algo bastante parecido al estado de ánimo que tenían James y Sirius.

—No es raro que nadie la aguante —dijo a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo—. Es una pesadilla, te lo digo en serio.

**—¡Ronald Weasley! ¡Si vuelves a decir algo así te juro que voy a castigarte!—**exclamó Molly enfadada, olvidando que en aquél momento su hijo era un pequeño bebé.

Alguien chocó contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le sorprendió ver que estaba llorando.

—Creo que te ha oído.

**—Oh no…—**gimieron las mujeres de la sala.

Sabían que escuchar que hablaran eso de ti no era nada agradable. Se sintieron muy mal al imaginarse lo que Hermione debió haber sentido.

—¿Y qué? —dijo Ron, aunque parecía un poco incómo­do—. Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos.

—¡No seas insensible, Ron! —gruñó Molly exasperada— ¡Ya es suficiente!

Lily les dirigió una mirada molesta y sin decir nada fue tras Hermione.

Le costó un rato seguirla, ya que corría muy rápido, pero al final la alcanzó cundo se dirigió al  baño de las niñas y vio salir a Parvati  Patil y a Lavender Brown.

— ¿Hermione?—preguntó Lily al entrar—¿Dónde estás?

—Vete—contestó ella—Quiero estar sola.

—Hermione lo siento mucho—dijo Lily —Ron no debió decir eso…

—Pero es cierto—dijo Hermione con la voz rota—lo que tu amigo dice…Soy una sabelotodo insufrible  y por eso no tengo amigos.

Todos en la sala sintieron compasión  por la niña, incluso James y Sirius, que se sentían algo culpables.

—No digas eso—dijo Lily—No eres una "sabelotodo insufrible", eres muy inteligente y eso es bueno, además, no sé tú, pero yo pensé que éramos amigas…

Hermione salió del baño donde se había encerrado y vio a Lily durante unos segundos como tratando de descubrir si lo decía en serio o no.

— ¿Lo dices en serio? —preguntó—¿Somos amigas?

Lily le dedicó una sonrisa y asintió.

—Por supuesto, lo somos, eres oficialmente mi mejor amiga…—dijo, sin dejar de sonreír, pero antes de que terminara de decir algo, Hermione se había lanzado hacia ella y le había dado un abrazo, el cual ella correspondió.

—No deseo volver a clases—terminó diciendo la castaña— ¿Te molestaría quedarte aquí conmigo?

—Por supuesto. —aceptó Lily—Para eso son las amigas ¿no?

**—Eso es muy tierno—comentó Marlene sonriendo y luego se dirigió a Lily—**Tu hija sí que sabe levantar ánimos.

Lily se limitó a sonreír, orgullosa de su hija.

Ron se había quedado algo incomodo por lo sucedido con Hermione.

— ¡Menos mal! —masculló Molly, rodando los ojos.

Ni ella ni Lily  aparecieron en la clase siguiente y no las vieron en toda la tarde.

Lily y el resto de las mujeres de la habitación asintieron con comprensión.

Pero un momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las decora­ciones de Halloween les hicieron olvidar a las chicas.

Lily y Molly pusieron los ojos en blanco ante la última frase leída por Remus.

Harry se estaba sirviendo una patata, cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con cara de terror. Jadeaba:

—Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.

—¿Un trol?—exclamó Molly asustada— ¿Un…un trol?

**—¿Cómo ha entrado un trol al colegio?—**preguntó Lily, que se encontraba en el mismo estado que la otra pelirroja de la habitación.

**—Es imposible—**replicó la profesora McGonagall negando enérgicamente con la cabeza. ¡Era imposible!

**—Me temo que no lo es, Minerva—repuso el profesor Dumbledore—**Pero la pregunta en este caso no es cómo sino por qué hay un trol en el colegio, y creo que tanto usted como yo podemos deducir la razón…

**—Alguien está intentando robar la piedra—**susurró Remus, comprendiendo rápidamente la situación.

Dumbledore se limitó asentirle levemente y  a pedirle que siguiera la lectura.

Y se desplomó en el suelo.

—Creo que ese hombre necesita a alguien que le ayude a tranquilizarse de los nervios…

— ¡No es momento para fijarse en los nervios de Quirrel, Sirius! ¡Hay un trol en el colegio! ¡Un trol!

—¡Tranquilízate, Lily! —pidió James, preocupado por su esposa— Respira, y tranquilízate, los profesores van a sacarlo de allí.

Lily se tranquilizó un poco al escuchar a Remus leer cómo Dumbledore se hacía cargo de la situación en el libro. Todo parecía ser un pequeño contratiempo, hasta que escucharon lo que pasó a continuación.

Harry súbitamente se aferró al brazo de Ron.

—¡Acabo de acordarme... las chicas!

**—¡Por Merlín!—**gritó Lily asustada. ¡La chicas, las chicas, las chicas!

**—No te preocupes Lily, verás que no les pasará nada—**dijo Alice, tratando de tranquilizar a la pelirroja, aunque en el fondo ella también estaba asustada.

—¿Qué pasa con ellas?

Molly hizo un gesto de incredulidad ante la pregunta de su hijo. ¿Cómo que qué pasaba con ellas?

**—No es muy rápido que digamos ¿verdad?—**comentó Sirius, torciendo ligeramente el gesto.

Molly lo fulminó con la mirada, pero, a su pesar, estaba de acuerdo con el joven mago.

—No saben nada del trol.

— ¡Esto sí que es algo preocupante! —pensó James, desanimado y nervioso.

Ron se mordió el labio.

—Oh, bueno —dijo enfadado—. Pero que Percy no nos vea.

**—¡¿Qué?!—**exclamaron Molly, Lily y la profesora McGonagall al mismo tiempo, completamente horrorizadas.

**—¡Tienen que buscar a un profesor!—**gritó Lily, que estaba a punto de alcanzar la histeria.

**—¡No pueden ir a buscarlas ustedes!—**dijo Molly, la cual parecía estar a punto de sufrir un ataque.

Todos los demás estaban experimentando una mezcla de preocupación y admiración por los dos chicos, pensando en que tenían mucha valentía.

James y Arthur trataban de calmar a sus respectivas esposas, teniendo confianza en que todo saldría bien.

Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niñas.

Vieron a Snape. Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.

**—¿Hacia dónde se dirige?—**preguntó Fabián frunciendo el ceño, obviamente desconfiado.

Igualmente que James y Sirius, que parecían igualmente desconcertados.

—¿Qué es lo que está haciendo? —murmuró Harry—. ¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profe­sores?

**—Esa es una buena pregunta—**señaló Frank.

Todos los demás asintieron, desconfiando ligeramente de las acciones de Snape. Los únicos que parecían no encontrar nada malo o en el, eran Lily y el profesor Dumbledore.

—No tengo la menor idea. —respondió Ron

—Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Ron levantó la mano.

Con la declaración de Harry algunos no pudieron evitar aumentar en la desconfianza hacia Snape. ¿Qué pretendía subiendo al tercer piso?

Siguieron escuchando, todos muy nerviosos.

Las madres de los niños gimieron ante la descripción del trol, rogándole a los cielos que no les hiciera daño a ninguno de los dos muchachos.

Escucharon cómo Harry y Ron encerraron al trol en una habitación, para consternación de Lily y Molly.

Animados con la victoria, comenzaron a correr, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: unos gritos agudos y aterrorizados, que procedían del lugar que acababan de cerrar con llave.

—¡Oh Merlín! ¡Que alguien haga algo!—Decía Lily, que estaba a punto de sufrir un colapso—****¡Las niñas! ¡Alguien tiene que sacarlas de allí! ¡Puede ocurrirles algo! ¡Va a hacerles daño!

James intentó clamarla, pero en el fondo el también tenía los nervios a flor de piel, al igual que toda la sala.

Remus se apresuró a seguir leyendo:

—Oh, no —dijo Ron, tan pálido como el Barón Sangui­nario.

Aquella era la descripción acertada para la mayoría de los presentes que estaban en la sala. Todos habían palidecido mucho, todos estaban muy nerviosos.

—¡Es el cuarto de baño de las chicas! —bufó Harry.

Lily gimió, desesperada.

Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba?

**—¡Llamar a un profesor lo más rápido posible!—**exclamó la profesora McGonagall con una voz temblorosa.

Volvieron a toda velocidad hasta la puerta. Harry la empujó y entraron corriendo.

Hermione Granger  y Lily estaban agazapadas contra la pared opuesta, la primera  con aspecto de estar a punto de desmayarse y la segunda haciendo lo posible por cubrir a ambas  debajo de los lava manos.

Esto aumentó la desesperación de los presentes. ¿Dónde estaban los profesores? ¿Por qué no estaban allí? ¿Qué estaban esperando? ¡Había un trol, por todos los cielos! ¡Un trol! Los muchachos jamás podrían ahuyentarlo o detenerlo...

Lily había comenzado a llorar desesperadamente, al igual que Molly. Ambas parecían a punto de sufrir una crisis nerviosa. ¡Eran sus hijos los que estaban allí, en un baño encerrados con una bestia gigante!

—¡Vamos, corran, corran! —Harry gritó a las chicas, Lily trató de mover a Hermione, pero ella estaba completamente tiesa. Desesperada, comenzó a sacudirla bruscamente.

— ¡Vamos Hermione! ¡Despierta! ¿Qué pretendes, terminar como una galleta plana o algo así? —exclamó Sirius exasperado.

Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.

—¡No, por favor!—exclamó Molly suplicante, temblando por el llanto—****¡Que no le haga daño! ¡Que no le haga daño! ¡Por favor!

Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido: corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo.

—Es todo un Gryffindor—se lamentó Lily, cubriéndose el rostro con las manos—****¡Maldita valentía! ¡Solo eres un niño, Harry! ¡Quiero que salgan ya de allí!

Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada y Lily estaba a punto de sufrir un desmayo.

De una forma exactamente parecida a la de dos pelirrojas que habían en la habitación.

Ron empuñó su propia varita y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:

—¡Wingardium leviosa!

**—¡Tiene que ser un chiste!—**exclamó Moody, que hasta ese momento se había mantenido callado.

Era obvio que los demás estaban demasiado consternados para decir algo al respecto de eso.

El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó y se dejó caer con fuerza so­bre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.

Las personas en la sala suspiraron de alivio. Ya no había peligro de que el trol lastimara a ninguno de los cuatro niños.

**—Para  ser el último hechizo que yo habría utilizado, funcionó bien ¿no creen—**preguntó Sirius tratando de bromear para aligerar la tensión, con éxito. Más de una persona sonrió ante sus palabras.

Lily fue la que habló primero.

— ¿Está... muerto?

—Lo dudo mucho—murmuró Alice, arrugando la frente— Simplemente perdió el conocimiento.

—No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desma­yado.

Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los cuatro se sobresaltaran. La profesora McGonagall entraba apresuradamente en la ha­bitación, seguida por Snape y Quirrell.

**—Están muertos, chicos—comentó James meneando el cabeza, ya mucho más tranquilo y sonriendo levemente—**La profesora McGonagall va a matarlos.

—Y estaría en mi derecho de hacerlo, Potter—replicó la profesora enfadada—****¡Enfrentarse a un Trol! ¿En qué cabeza cabe que unos niños de once años se enfrenten a un trol?

**—Espero que no los castigue muy duramente profesora—**dijo sonriendo Sirius de una forma casi burlona.

La profesora se limitó a pedirle a Remus, el cual también sonreía con tranquilidad, que continuara leyendo. ¡James Potter y Sirius Black eran todos unos niños!

Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba los miraba. Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos.

—Wow—dijo Sirius, alzando las cejas—creo que no van a salvarse de un buen y gran castigo…—conocía muy bien cuando alguien y en especial la profesora McGonagall, estaba completamente furiosa.

—¿En qué estaban pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada.—. Tienen suerte de que no los haya matado. ¿Por qué no estaban en los dormi­torios?

—Eso es exactamente lo que a mí me hubiera encantado saber, por supuesto**—gruñó Molly, recuperando su tranquilidad y un carácter bastante malhumorado en aquél momento****— Pudieron ir con un profesor y hablarle del problema para que les ayudara… ¡Pero no! Tenían que arriesgarse….**

Entonces, una vocecita surgió de las sombras.

—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban bus­cando a mí.

James, Sirius y la profesora McGonagall se quedaron boquiabiertos. ¿Habían escuchado bien? ¿Habían sido imaginaciones de los tres?

—¡Hermione Granger!

—Yo vine a buscar al trol porque yo… pensé que podía vencerlo, porque, había leído mucho sobre el tema.

**—¿Acaso le está mintiendo a una profesora?—**preguntó Sirius estupefacto, abriendo los ojos desmesuradamente.

**—Eso creo Canuto—respondió James, que estaba en el mismo estado de estupefacción—**Pero eso no es lo peor… esta mintiéndole a la profesora McGonagall, ¡A la profesora McGonagall! El mundo se ha vuelto loco…

La profesora en cuestión también se encontraba asombrada, no le gustaba la idea de que la niña le mintiera, pero la perspectiva de que lo hiciera le parecía sorprendente.

Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora?

**—Comprendo tu estupefacción—**murmuró Marlene incrédula, eso era algo que no se escuchaba a diario.

—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. No tuvieron tiempo de ir a bus­car ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.

—Esto entra directamente en las cosas más extrañas y locas que he escuchado en mi vida—comentó James, con una expresión bastante parecida a la que tiene una persona cuando está viendo una de esas cosas increíbles que solo suceden por la magia.

Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro y Lily de no sonreír a Hermione.

Lily, a diferencia de su hija, sí sonreía abiertamente, satisfecha. Sabía que Hermione era estupenda.

—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?

La profesora McGonagall se sintió incomoda ante su propio comentario, sintiéndose mal por la niña, pero no podía dejar de estar de acuerdo con su propia reacción futura, teniendo en cuenta de que no sabía cómo habían ocurrido las cosas y nadie se había tomado la molestia de explicarle.

Hermione bajó la cabeza.

La profesora McGonagall se sintió aún peor. No le gustaba haber tratado a la niña así.

El profesor Dumbledore notó la incomodidad de la mujer, así que le dedicó una sonrisa alentadora.

—Por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—. Si no te ha hecho daño, Hermione, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor.

Hermione se marchó.

Muchos sintieron compasión por la niña, al fin y al cabo, nada había sido culpa de ella. Fueron las circunstancias las que los llevaron a todos a enfrentarse al trol.

La profesora McGonagall se volvió hacia Lily, Harry y Ron.

—Bueno, sigo pensando que tuvieron  suerte, pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. (**—Creo que sería más apropiado decir que nunca había pasado algo semejante—rió Sirius, negando con la cabeza)**Cinco puntos cada uno para Gryffindor. Pueden irse.

Salieron rápidamente.

—Tendríamos que haber obtenido más de quince  puntos —se quejó Ron.

—Deberías considerarte afortunado—dijo Molly dividida entre la molestia y el orgullo con el menor de sus hijos varones— Pudiste haber terminado con el cuello roto, y estás vivo.

—Diez, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione. —dijo Harry.

—Creo que no deberían quejarse—murmuró Lily—agradezcan que todavía seguimos vivos…

Molly asintió aprobadoramente ante eso.

—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—. Claro que nosotros la salvamos.

—Aunque si no hubieran encerrado a nuestro grandote amigo en el baño, no habría habido necesidad de salvarla—repuso Sirius sonriendo.

—No habría necesitado que la salváramos si no hubiéra­mos encerrado esa cosa con ellas —le recordó Harry.

**—En eso tiene razón—**señaló Alice.

Lily, que ya estaba mucho más tranquila, no pudo evitar sentirse orgullosa de su hijo, y pensó que si ella hubiera estado allí, además del orgullo que hubiera sentido, lo hubiera castigado por, mínimo, dos meses.

Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.

Algunos suspiraron, ya completamente aliviados. Ya todos estaban a salvo.

Hermione estaba cerca de la puerta. Se produjo una pausa muy incómoda. Luego, sin mirarse, todos dieron: «Gracias» y corrieron a buscar platos para comer.

Lily sonrió. Sabía que a partir de ese momento la relación entre sus hijos, Ron y Hermione sería mucho mejor.

Pero desde aquel momento Hermione Granger también se convir­tió en  amiga de Harry y de Ron. Hay algunas cosas que no se pueden com­partir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres me­tros y medio es una de esas cosas.

—Vaya que lo es—dijo riendo Gideon— No derribas a alguien de ese tamaño todos los días.

Remus le tendió el libro a Edgar, el cual lo tomó con gusto y sonrió de oreja a oreja al decir el nombre del siguiente capítulo:

**—El nombre de lo que leeremos a continuación es "Quidditch"—**murmuró, pero antes de que pudiera leer algo más, James y Sirius se pusieron a soltar exclamaciones de alegría.

¡Quidditch! Al fin, después de tanta espera, iban a leer un capítulo dedicado al mejor deporte mágico sobre la faz de la tierra.

Una vez acabadas las muestras de felicidad por parte de Sirius y James, Edgar continuó:

Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió muy frío. Iba a comenzar la temporada de quidditch.

**—¡Sí!—**exclamaron Sirius, James, Arthur y los gemelos Prewett, sin poder evitarlo, emocionados ante la perspectiva de en partido de quidditch.

Aquel sába­do, Harry jugaría su primer partido, después de semanas de entrenamiento: Gryffindor contra Slytherin.

James sonrió con orgullo, estaba seguro de que su hijo sería un gran buscador y, aunque le hubiera gustado que su hija también jugara, estaba seguro de que más adelante ella también llegaría a ser una gran jugadora.No podía ser de otra manera, y él tenía una ciega confianza en eso.

La profesora McGonagall también sonreía, pero lo hacía porque la idea de vencer a Slytherin era sumamente satisfactoria, aunque ella jamás lo admitiría en público.

Hermione se había vuelto un poco más flexible en lo que se refería a quebrantar las reglas, desde que Harry y Ron la salvaron a ella y a Lily  del monstruo, y era mucho más agradable.

Aquello representaba un cambio muy agradable para todos los presentes. Era bueno que los muchachos, (Harry y Ron) comenzaran a tener una buena relación con Hermione, ya que la chica había demostrado que podía ser muy amigable.

Los tres estaban fuera, durante un recreo, y la muchacha había he­cho aparecer un brillante fuego azul, que podían llevar con ellos, en un frasco de mermelada. Lily se había quedado durmiendo en la habitación de las chicas, ya que al parecer se había acostado tarde la noche anterior.

Remus y Sirius voltearon casi inconscientemente para ver a James. Ya se habían dado cuenta mucho antes de esto, pero en ese momento quedaba reafirmado que Lily había heredado la manera de dormir de su padre.

Estaban de espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruzó el patio. Cojeaba.

—¿Cojeaba?—repitió Remus, algo desconcertado—****¿Pero cómo fue que se lastimó la pierna?

**—Esto no me suena nada bien…—**dijo Frank frunciendo el entrecejo. Snape cojeaba… ¿cómo se habría lastimado? No es que le gustara desconfiar de nadie, pero los hechos resultaban sospechosos.

.Snape se dio la vuel­ta, arrastrando la pierna. No había visto el fuego, pero pare­cía buscar una razón para regañarlos.

**—Idiota—**dijeron Sirius y James al mismo tiempo, haciendo una mueca. Nunca podrían cambiar de opinión acerca de ese hombre.

—¿Qué tienes ahí, Potter?

Era el libro sobre quidditch.

—Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio —dijo Snape—. Dámelo. Cinco puntos menos para Gryffindor.

**—¡No puede quitarles puntos por eso!—**exclamó enojada la profesora McGonagall, sabiendo que no estaba bien. El muchacho no estaba haciendo nada malo para que Snape le quitara puntos a su casa.

**—Repito lo dicho—dijo Sirius, molesto—:**Idiota, Quejicus.

Lily se encogió levemente, deseando que Sirius no le llamara así a Severus. Aunque, en el fondo, ella estaba casi de acuerdo con él en ese momento. Severus estaba siendo muy desagradable con su hijo.

—Seguro que se ha inventado esa regla —murmuró Harry con furia, mientras Snape se alejaba cojeando—. Me pregunto qué le pasa en la pierna.

—No sé, pero espero que le duela mucho —dijo Ron con amargura.

**—Nosotros también—**volvieron a decir Sirius y James al mismo tiempo, solo que esta vez acompañados de Gideon y Fabian. Los cuatro tenían una opinión no muy favorable de Snape.

En la sala común de Gryffindor había mucho ruido aquella noche. Harry, Ron Lily y Hermione estaban sentados juntos, cer­ca de la ventana.

Algunas expresiones de nostalgia se colaron en los rostros de diferentes jóvenes. Muchos extrañaban aquella agradable sensación de seguridad que la sala común daba.

Lily  sentía mucho frio, a pesar de estar en la usualmente cálida sala común, así  que les dijo a los chicos que subiría a su habitación por un suéter.

Harry se sentía inquieto. Quería recuperar su libro so­bre quidditch, para mantener la mente ocupada. Se puso de pie y dijo a Ron y Hermione que le pre­guntaría a Snape si podía devolverle el libro.

Bueno, eso no era nada insensato, pensó Lily, algo esperanzada, Severus no tenía por qué negarle el libro a Harry, quizá nunca llegaran a llevarse bien, pero no le parecía correcto que su hijo y su ex-amigo se odiaran mutuamente.

**—Yo no lo haría—**dijeron Gideon y Fabián al mismo tiempo. Ambos completamente seguros de que Harry no obtendría nada de Snape, al menos, nada que fuera bueno, de Snape.

—Yo no lo haría —dijeron al mismo tiempo, pero Harry pensaba que Snape no se iba a negar, si había otros profeso­res presentes.

Eso sonó razonable para algunos. Snape no tenía razón para no devolverle el libro, y menos si habían otros profesores presentes.

Bajó a la sala de profesores y llamó. No hubo respuesta*¿Tal vez Snape había dejado el libro allí? Valía la pena intentarlo.*

Lily tuvo un mal presentimiento que le indicaba que no era buena idea que su hijo**lo intentara.

Empujó un poco la puerta, miró antes de entrar... y sus ojos captaron una escena horrible.

Snape y Filch estaban allí, solos.

—¡¿Qué?!—gritó Sirius completamente pasmado— ¿Filch… y Snape? ¡Oh, vamos! ¿Filch y Snape? ¿Qué clase de mundo es este? Ya sabía yo que Quejicus no era normal… Pero… Pero... ¿con Filch?

—¿Por qué haces tanto escándalo, Sirius…?—preguntó Lily sin comprender, hasta que notó la cara que tenía el mencionado, y la cara que tenía su esposo— ¡Sirius! ¿Qué clase de… depravado eres? ¡Entre Severus y Filch no… ellos no…! ¡Aggh! ¡No pienses esas cosas! ¡Filch tiene suficientes años para ser el padre de Severus!

Sin embargo, ella era la única indignada, ya que todos los demás encontraban divertido que Sirius considerara posible que existiera algún tipo de relación sentimental entre Snape y Filch.

Snape tenía la túnica levantada por encima de las rodillas. Una de sus piernas es­taba magullada y llena de sangre. Filch le estaba alcanzando unas vendas.

Sirius pareció comprender que se había apresurado a formar conclusiones, así que lo único que pudo hacer, fue desternillarse de la risa en su asiento.

—Esa cosa maldita... —decía Snape—. ¿Cómo puede uno vigilar a tres cabezas al mismo tiempo?

**—¡El intentó robar la piedra!—**exclamó James, con un brillo acusador en los ojos.

**—James, tú no puedes saber eso—le contradijo Lily—**Tal vez fue a vigilarla para que no la robaran…

—¡Oh, vamos pelirroja!—se exasperó Sirius—****¡No lo defiendas!

**—No lo defiendo—respondió esta, fríamente—**Pero es una posibilidad. No pueden apresurarse a hacer conclusiones sin tener suficiente información para afirmar nada.

Sirius estuvo a punto de discutir, pero fue interrumpido por el profesor Dumbledore.

**—Las dos opciones son completamente posibles—dijo—**Les aconsejo no apresurarnos a hacer conclusiones, podríamos arrepentirnos después si lo que pensamos resulta estar equivocado. Ahora, señor Bones, por favor…

Edgar asintió con la cabeza y continuó leyendo.

Escucharon cómo Snape regañaba a Harry y le gritaba que saliera de la habitación (cosa que molestó mucho a Sirius y a James), y luego, escucharon cómo Harry le contaba esto a Lily a Hermione y a Ron, y cómo el muchacho sospechaba que Snape había intentado robar lo que sea que el perro estuviera cuidando.

**—¡Eso es!—exclamó James—¿Lo ves Lily? Harry piensa igual que nosotros—**terminó, señalándose a sí mismo y a Sirius con un aire de complicidad.

Lily entornó los ojos, pero no dijo nada.

Lily adquirió una expresión de incredulidad y Hermione tenía los ojos muy abiertos.

—No, no puede ser —dijo—. Sé que no es muy bueno, pero no iba a tratar de robar algo que Dumbledore está cus­todiando.

Varios se mostraron de acuerdo ante eso, señalando que sería muy arriesgado y estúpido por parte de Severus intentar algo, cuando Dumbledore era perfectamente capaz de descubrirlo.

—De verdad, Hermione, tú crees que todos los profeso­res son santos o algo parecido —dijo enfadado Ron—. Yo es­toy con Harry. Creo que Snape es capaz de cualquier cosa

Sirius y James tomaron las palabras de Ron como muestra de apoyo para su causa, y sonrieron encantados. ¡Harry y Ron tenían la misma opinión de Snape que tenían ellos! Eso era muy reconfortante.

—Yo pienso que Hermione tiene razón—intervino Lily completamente convencida—. El profesor Snape  seguro se dirigió allí para proteger lo que sea que el perro esté guardando. Ahora, si nos disculpan, tenemos que irnos a dormir—dijo señalándose a sí misma y a Hermione— Y ustedes deberían de hacer lo mismo. Ya dejen de hacer suposiciones sin sentido. Buenas noches.

Lily sonrió con satisfacción y con un toque de burla en la voz le dijo a James:—¡Eso es!—comenzó copiando la frase de su esposo—¿Lo ves James? Lily opina igual que yo.

Todos rieron por el comentario de la pelirroja, excepto James y Sirius que negaron con la cabeza y le pidieron a Edgar que continuara. No comprendían que les pasaba a las dos Lily, ¿Sería demasiado pedir que dieran cuenta de cómo era Snape?

Le dio un beso en la mejía a Harry y otro a Ron, y subió las escaleras seguida de Hermione.

Para algunos era evidente, que el hecho de si Snape era malo o no, se convertiría en un tema de discusión entre Lily, Hermione, Harry y Ron, y eso hacía que algunos se sintieran algo exasperados.

La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las sal­chichas fritas y las alegres charlas de todos.

*Sirius pareció intentar ignorar la palabra "**salchichas"*sin mucho éxito. Tenía algo de hambre, pero no quería interrumpir lo que prometía ser un gran capítulo.

—Tienes que comer algo para el desayuno. —dijo Lily a Harry por enésima vez.

—No quiero nada.

—Mini-Cornamenta—suspiró Sirius, fingiendo que se enjugaba una lágrima falsa— Oh, sí. Esa era la típica discusión de las mañanas cuando había un partido de quidditch…

Harry se sentía muy mal. En cualquier momento echa­ría a andar hacia el terreno de juego.

—Todo saldrá muy, muy bien—aseguró James, con completa confianza. Sabía que su hijo era un excelente jugador, y se sentía muy feliz de poder verlo, o leerlo, lo que fuera que estuviera haciendo, en su primer partido.

A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch.

Lily, Ron y Hermione se reunieron con Seamus y Dean en la grada más alta. Para darle una sorpresa a Harry, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers había estropeado. Decía: «Potter; El mejor», y Dean, que dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego Hermione había realizado un pequeño hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color.

—Eso es genial—dijo James sonriendo, encantado— Simplemente genial. Alguien tiene que recordarme de hacer eso en los futuros partidos de quidditch en los que vea jugar a mis hijos…

**—Ha sido algo muy lindo de parte de los niños—**dijo Lily con lágrimas en los ojos. Le habría encantado poder ver eso con sus propios ojos. Le parecía un gesto muy hermoso que alguien hiciera eso por su hijo y se sintió agradecida con Ron, Hermione, Seamus y Dean, pero especialmente con Lily, que estaba demostrándole mucho apoyo a su hermano.

Escucharon atentamente el discurso del capitán del equipo de Gryffindor, y como los muchachos salían de los vestuarios hacia el campo.

Oyeron la habitual advertencia de la señora Hooch, que siempre hacía de árbitro, para luego escuchar cómo daba comienzo el partido.

Harry subió a su Nimbus 2.000.

James sintió como una extraña emoción le invadía el pecho. Ya estaba todo muy cerca de comenzar.

La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata.

Sirius y James casi pudieron escuchar el sonido que debió haber salido del pequeño artefacto.

—Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta jo­ven y, a propósito, también es muy guapa...

—Ese comentarista me agrada—dijo Sirius sonriendo—****. Parece tener un buen sentido del humor…

**—A nosotros también nos agrada—**comentaron Gideon y Fabián al unísono, también sonrientes.

—¡JORDAN!

Instintivamente, Sirius volteó a ver a la profesora McGonagall, tenía la vaga sensación de que ella era la única que regañaría a un comentarista por hacer ese tipo de comentarios.

—Lo siento, profesora. —dijo Lee Jordan, el co­mentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profeso­ra McGonagall.

Sirius no pudo evitar soltar una risa divertida, que le valió una mirada de advertencia por parte de McGonagall.

—Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, los postes de gol están ahí... el guardián Bletchley se lan­za... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR!

En la sala, casi todos los hombres estallaron en vítores por el primer gol de Gryffindor. Ante la mirada divertida de todos los demás. La profesora McGonagall estaba muy contenta, y le estaba costando disimularlo. ¡Estaban comenzando a ganar! ¡Gryffindor ganaría, estaba segura!

—Venga, déjenme lugar.

—¡Hagrid!

Lily, Ron y Hermione se juntaron para dejarle espacio a Hagrid.

El guardabosques sonrió, seguro de que para él sería muy emocionante estar en el primer partido del chico Potter. ¡No habían nacido aun, y él ya les tenía mucho cariño!

Por encima de ellos, Harry volaba sobre el juego, espe­rando alguna señal de la snitch.

—Manténte apartado hasta que veas la snitch —le ha­bía dicho Wood—. No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo.

James asintió, comprendiendo lo que pretendían con eso. Le pareció lo más sensato, ya que así podría estar más alerta sin arriesgarse a que alguien le lastimara o le lanzara una bludger.

Continuaron poniendo máxima atención en el partido, hasta que escucharon como la snitch había aparecido. La mayoría de los hombres contuvieron la respiración, expectantes.

Harry la vio. En un arrebato de excitación se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado. (James estaba dando pequeños saltos en su asiento a casusa de la emoción) Harry era más veloz que Higgs, el buscador de Slytherin. Podía ver la pequeña pe­lota, agitando sus alas, volando hacia delante.

Muchos contuvieron la respiración, ¡Iba a atrapar la snitch! ¡Iba a atraparla!

Aumentó su velocidad y..

¡PUM! (**—¿Pum? —repitió James de manera desesperada—¿Pum? ¿Qué quiere decir con eso?**Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Harry, para desviarle la dirección de la escoba.

**—¡FALTA!—**gritaron casi todos en la sala, muy indignados.

—¡Maldito cerdo tramposo!—exclamó James enojado—****.¿Cómo te atreves? ¡Eso fue una asquerosa trampa! ¡Algo indigno! ¡Que alguien le tire una bludger!

Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.

—¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!

**—¿Qué es una tarjeta roja?—**preguntaron Gideon y Fabián a la vez.

—Es una pequeña tarjeta que se utiliza para indicar faltas en el futbol—explicó Lily, encogiéndose de hombros. A su padre siempre le había gustado aquél deporte— O creo que esa es su función, la verdad nunca fui muy aficionada al deporte.

Pero los gritos de Dean no eran  nada comparados con los de Lily, que prácticamente había mandado a Flint a «pudrirse en el infierno por ser un maldito tramposo» en menos de diez segundos, y que había adquirido un tono de color rojo fuerte en el rostro, que combinaba perfectamente con su atuendo.

A Lee Jordan le costaba ser imparcial.

—Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa...

**—Muy buen comentario—**aprobó, para sorpresa de algunos y diversión de otros, Remus, que, a pesar de ser tranquilo, no quería quedarse callado con su opinión acerca de lo que acababa de pasar.

—¡Jordan, no digas que no te aviso...!—lo reprendió la profesora McGonagall.

**—Está diciendo la verdad, profesora—**le dijo Marlene, torciendo ligeramente el gesto.

La profesora McGonagall no dijo nada, ya que en el fondo estaba muy de acuerdo con los comentarios.

Escucharon lo que seguía, y se quedaron repentinamente desconcertados al notar que Harry estaba teniendo problemas con su escoba, ya que esta se sacudía de una manera nada normal.

—¡Alguien esta hechizando la escoba!—dijo James indignado— ¡Esto es vil y muy anti-deportivo! ¿Cómo pueden caer tan bajo?

—No sé qué está haciendo Harry —murmuró Hagrid. Miró con los binoculares—. Si no lo conociera bien, diría que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser...

—¡Es obvio que alguien le hizo algo! —exclamó Sirius, enojado— Alguien está manipulándola…

La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry quedó colgan­do, sujeto sólo con una mano.

Lily gimió, asustada. Si su hijo caía desde las alturas podría lastimarse seriamente y eso la llenaba de temor…

Ante eso, Hermione cogió los binoculares de Hagrid, pero en lugar de enfocar a Harry comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud.

—¿Qué está haciendo? —susurró Alice, nerviosa por lo que pudiera ocurrir a continuación.

—¿Qué haces? —gimió Lily, con el rostro grisáceo, asustada por Harry.

—Lo sabía —resopló Hermione—. Snape... Mira.

**—¡JURO QUE VOY A MATAR A QUEJICUS!—**bramó James rojo de furia. ¡Estaba saboteando la escoba de su hijo!

**—¡Yo te ayudo!—**exclamó Sirius muy enojado. ¡El maldito de Quejicus podía lastimar seriamente a su ahijado! ¿Qué no se daba cuenta, el muy idiota?

Lily  cogió los binoculares y luego se los pasó a Ron. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos. Tenía los ojos clavados en Harry y murmuraba algo sin detenerse.

—Está haciendo algo... Mal de ojo a la escoba —dijo Her­mione.

**—¡Maldito, Maldito, Maldito!—**decía James cada vez más molesto, había comenzado a adquirir el mismo color que el cabello de su esposa, que escuchaba la lectura sin hacer ningún tipo de interrupción, muy nerviosa.

—No necesariamente—dijo Lily—Ya sabes que también puede estar haciendo el contra maleficio…

**—¡No lo defiendas, pequeña!—**saltó Sirius furioso. El que la pequeña defendiera a Snape lo sacaba de quicio.

—Ella puede tener razón, Sirius—murmuró el profesor Dumbledore tratando de calmar el ánimo  de los jóvenes— Recuerda que no hay pruebas contundentes que señalen que Severus esté haciendo el maleficio, o el contra maleficio.

Pero ni Sirius ni James hicieron caso a aquello, ellos no creían que Snape tratara de ayudar a Harry.

Lily por otra parte, tenía la esperanza de que lo que su hija había dicho fuera verdad. No quería ni siquiera imaginarse la posibilidad de que Severus estuviera tratando de lastimar a Harry.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó Ron ignorando a Lily.

Sirius casi pensó que el comportamiento de Ron era razonable, ya que él también hubiera pasado olímpicamente ese comentario.

—Déjamelo a mí—dijo Hermione.

Continuaron escuchando como Hermione se movía rápidamente e iba directamente hacia donde se encontraba Snape.

Ni se detuvo para disculparse cuando atropelló al profesor Quirrell y, cuando llegó donde estaba Snape, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras.

Oyeron cómo de pronto, la túnica de Snape se estaba incendiando (para alegría de Sirius y James), y como Hermione regresaba hacia su asiento.

Fue suficiente. Allí arriba, súbitamente, Harry pudo su­bir de nuevo a su escoba.

**—Juro que jamás volveré a quejarme de ti Hermione—**dijo James agradecido, como si la muchacha pudiera oírlo.

Sirius asintió, en señal de que él también haría exactamente lo mismo.

—¡Neville, ya puedes mirar! —dijo Ron. Neville había estado llorando dentro de la chaqueta de Hagrid aquellos úl­timos cinco minutos.

Alice puso una expresión de ternura en su rostro y Frank sonrió ligeramente ante la mención de Neville.

Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse.

—¿Qué…?—comenzó Remus, algo desconcertado.

Tosió y algo dorado cayó en su mano.

—¡Tengo la snitch! —gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.

**—¡SI!—**gritaron muchos en la sala, pero principalmente James, el cual parecía que iba a echarse a llorar de un momento a otro por la emoción.

—¡Ganamos, ganamos, ganamos! —decía, completamente eufórico.

—¡Harry atrapó la snitch, Harry atrapó la snitch! —le acompañó Sirius, que también parecía sinceramente encantado.

—No es que la haya atrapado, es que casi se la traga —to­davía gritaba Flint veinte minutos más tarde.

—¡En tu cara idiota!—dijo James, que todavía estaba radiante de alegría— ¡Trágate esa! ¡Ja,ja!

Lee Jordan seguía proclamando alegremente el resultado. (Todos sonrieron, contentos ante eso, imaginándose la alegría de los leones) Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesen­ta. (La profesora McGonagall no pudo evitar esconder su satisfacción) Pero Harry no oía nada. Tomaba una taza de té fuerte, en la cabaña de Hagrid, con Ron  Lily y Hermione.

—Era Snape —explicaba Ron—. Hermione, Lily  y yo lo vi­mos. Aunque Lily lo defiende, pero estaba maldiciendo tú escoba.

Todos adoptaron un semblante más serio al notar el giro que había dado la conversación de los muchachos en el libro.

—Tonterías —dijo Hagrid, que no había oído una pala­bra de lo que había sucedido—. ¿Por qué iba a hacer algo así Snape?

Lily sonrió con satisfacción ante la pregunta del gigante.

En la sala, James y Sirius negaron con la cabeza y pusieron los ojos en blanco. Pero Lily sonrió con la misma satisfacción que su hija. ¡Ella sabía que Severus era bueno! Quizá muy, muy en el fondo, pero lo era.

Harry, Ron y Hermione se miraron, preguntándose qué le iban a decir. Harry decidió contarle la verdad y le dijeron lo de que Snape había intentado burlar al perro de tres cabezas, para robar lo que estaba custodiando.

Sirius y James asintieron, pensando que aquello tenía todo el sentido del mundo. Snape tenía que haber querido robar lo que el perro custodiaba, ¿Por qué otra razón entraría allí, si no fuera así?

La sonrisa de Lily se desvaneció al instante, ella no creía que Snape hubiera hecho eso, y no sabía por qué, pero no iba a creerlo.

De una forma completamente parecida a la de su madre, que seguiría teniendo esperanzas sobre Severus, hasta que alguien le demostrara con hechos que no era bueno.

Hagrid dejó caer la tetera.

—¿Qué saben de Fluffy? —dijo.

**—¿Fluffy?—**preguntó Remus mirando incrédulo al semigigante.

—Claro—dijo Frank, comprendiendo algo de pronto—****¿Quién más tendría un perro de tres cabezas?

Todos voltearon a ver a Hagrid.

El guardabosques sonrió pensando en la idea de que el perro fuera suyo, le agradaba aquella perspectiva.

—¿Fluffy?

—Ajá... Es mío... Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año pasado... y se lo presté a Dumbledore para guardar...

**—La Piedra—**susurró Lily, cayendo en cuenta.

—¿Sí? —dijo Harry con nerviosismo.

—Bueno, no me pregunten más —dijo con rudeza Ha­grid—. Es un secreto.

Todos miraron con compasión a Hagrid, imaginándose que estaría realmente en una situación comprometida con los muchachos.

—Pero Snape trató de robarlo.

**—¡Así es!—**afirmaron Sirius y James, al mismo tiempo.

—Tonterías —replicó Lily—. Snape es un profesor de Hogwarts, nunca haría algo así.

Los dos animagos de la sala hicieron un gesto de impaciencia ante la obstinación de la chica y decidieron pasar por alto su comentario.

*—Entonces ¿por qué trató de matar a Harry? —gritó Hermione.*Los acontecimientos de aquel día parecían haber cam­biado su idea sobre Snape.

—¡Sí!—dijo Sirius molesto—****¿Ves pequeña? La chica tiene razón ¿Por qué trato de matar a Harry, si es el noble angelito que tú dices?

—¡Oh, vamos, Sirius! —saltó Lily, empecinada— Ya deja de sacar conclusiones sin pruebas.

—Yo conozco un maleficio cuando lo veo, Lily. Lo he leído todo sobre ellos. ¡Hay que mantener la vista fija y Sna­pe ni pestañeaba, yo lo vi!

— ¡Pudo haber estado haciendo el contra maleficio—respondió Lily cansada ya de la situación.

En la sala todos analizaban lo que estaba ocurriendo en el libro. Algunos sentían sinceramente que los muchachos estuvieran peleando por las diferentes opiniones que tenían de Snape, pero era lo mismo que estaba ocurriendo en la sala, ya que James y Sirius se mostraron completamente firmes en su postura anti-Snape.

—Les digo que están equivocados —dijo ofuscado Ha­grid a Harry, Ron y Hermione—. No sé por qué la escoba de Harry reaccionó de esa ma­nera. .. ¡Pero Snape no iba a tratar de matar a un alumno! Olvídense de ese perro. En eso sólo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicolás Flamel...

—¡Ah! —dijo Harry—. Entonces hay alguien llamado Nicolás Flamel que está involucrado en esto, ¿no?

**—Tienes que tener  más cuidado Hagrid—**dijo la profesora McGonagall viendo al semigigante, pensando que debería ser un poco más cauto con la información que manejaba.

Este pareció molesto consigo mismo y se ruborizó ligeramente.

**—Especialmente cuando esos chicos estén cerca—**añadió Marlene, notando que Harry, Ron, Lily y Hermione eran hábiles para conseguir información-

**—Lo siento mucho, profesor—**se disculpó Hagrid viendo a Dumbledore.

—No te preocupes Hagrid, es algo que no ha ocurrido—dijo tranquilamente el profesor— Solo te recomiendo que, como bien dijo la señorita McKinnon, ten más cuidado cuando estés con nuestros jóvenes amigos.

Hagrid pareció enfurecerse consigo mismo.