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Los chicos de enfrente — capítulo 38

Hola, holaaa.

¿me echabais de menos? Yo se que si… por eso ya estoy aquí con un capítulo que estoy segura de que os va a gustar.

Recordad, cuando pongáis varias opciones en vuestra respuesta cogeré la primera que pongáis, porque ya sabéis que no vale poner más de una.

¿Cuántas acertaron en sus suposiciones?

Y como siempre, muchísimas gracias a las que participaron y me dejaron su comentario, enserio, no sabéis mi emoción al abrir cada día el correo:

(aquí lo tienes)

por cierto, la última canción de la historia, por si quereis escucharla:

deseos de cosas imposibles, amaya montero

http: //www. youtube. com/ watch?v =3LM VZuL6too (sin espacioos)

Ginny entró por la puerta de su casa seguida de Harry. En el interior, las otras dos parejas cenaban en el suelo, seguramente Luna se habría empeñado en hacer un picnic en casa. No sabían si Ginny vendría, así que no la habían esperado.

-mirad a quien me he encontrado hoy - dijo la pelirroja sonriendo. - Siéntate Harry - dijo señalándole el sofá.

-hola Harry - dijeron las chicas confusas. Theo le saludó con un movimiento de cabeza y Draco con un gruñido molesto.

-¿quieres unirte al picnic?

  • le dijo amablemente Luna.

-creo que no, gracias.

-parece que Potter no quiere ensuciarse el trasero - le susurró Draco a Hermione y Theo, que estaban más cerca.

-Draco… - le riñó Hermione también susurrando- tu antes tampoco querías ensuciarte el trasero.

-pero ahora me parece divertido - dijo sonriendo a Luna, que le devolvió la sonrisa.

-¿quieres tomar algo, Harry?

  • dijo Ginny al chico, que parecía incomodo por la presencia de los dos Slytherin.

-un zumo por favor.

-el señorito lo querrá natural, exprimido directamente de la naranja - susurró esta vez Theo haciendo reír a Draco. Era como reírse de ellos mismos hace un tiempo.

-chicos… - les gritó-susurró Hermione - ¿pero qué os pasa?

-les pasa que su amigo está lejos de aquí porque Ginny no quería estar con él y en cambio ahora trae a Harry - explicó Luna, captándolo todo como siempre a la primera.

Hermione observó a la pelirroja en la cocina.

-iré a hablar con ella. - la castaña se levantó y sonrió a Harry al pasar por su lado - Ginny, ¿Qué hace Harry aquí?

-¿no es maravilloso? - la castaña no daba crédito a lo que oía - nos encontramos en el ministerio y me invitó a un café, estuvimos mucho tiempo hablando y riendo, fue como hace tiempo, como en hogwarts - dijo la chica emocionada - no intentó hacerme nada, ni sacó el tema sobre nosotros, quizá quiera volver a empezar, ir despacio…

-pero Ginny…

-disculpa, Harry espera su zumo - la pelirroja no quería escuchar lo que su amiga iba a decirle, estaba harta de verlas a ellas felices con sus parejas y a sí misma sola.

Sintió otro pinchazo de culpa mientras regresaba con Harry.

Hermione volvió al suelo con los chicos.

-creo que está pensando en darle otra oportunidad - susurró preocupada.

-¿Qué? - dijeron ambos chicos. Luna negó con preocupación. Harry era buen chico, pero no era su chico. Su chico estaba a muchos kilómetros de allí.

Los cuatro los observaron discretamente, haciendo como que estaban a lo suyo, hasta que, después de escuchar risitas, tonteos, caricias y cumplidos, Draco se levantó y se dirigió a ellos.

-disculpa Ginny, ¿podría hablar contigo un segundo? - la muchacha asintió con la sonrisa en la boca, esperando a que el rubio hablara, Harry le miró mal por la confianza de llamarla por su nombre - en la cocina - añadió Draco.

-claro… - dijo Ginny contrariada dejando a Harry y siguiendo al rubio hasta la cocina.

-¿se puede saber que haces? - le preguntó alzando el tono de voz.

-oye creo que te has equivocado de chica, la tuya esta allí. - dijo señalando el lugar donde Theo, Luna y Hermione hacían como que hablaban, pendientes de lo que pasaba en la cocina.

-él se ha ido para poder olvidarte, si no te das prisa puede que sea tarde. - le dijo Draco serio. Echaba de menos a su amigo y no quería saber que seguía sufriendo por una chica que no sabía valorarlo.

-no sé de qué me hablas - dijo dándose la vuelta para llenarse un vaso de agua. Sabía perfectamente que Blaise podría olvidarla para siempre, y el temblor de sus manos mientras llenaba el vaso la puso nerviosa. No se comprendía a sí misma.

-¿acaso crees que Blaise se ha comportado con alguna chica como contigo? ¿crees que alguna vez ha estado enamorado? Eres la única para él. En cambio Potter - dijo el nombre con desprecio, escupiendo el nombre y Ginny miró en dirección al moreno, que les miraba desde el sofá - ¿con cuantas crees que se comporta así? Te aseguro que no eres la única a la que encuentra por casualidad, invita a tomar un café y hace reír. Sabes cómo es Blaise. Lo conoces bien, aunque lo niegues. ¿Acaso no ha estado siempre contigo? ¿Comportándose como un imbécil por llamar tu atención? ¿A cuántas mujeres le has visto declararle su amor? - Ginny dejó caer el vaso lleno de agua al suelo, que se rompió salpicando los pies de ambos, pero ninguno se movió. Se acababa de dar cuenta de algo ¿a cuántas había declarado su amor? Solo a ella. El era conocido por ser un mujeriego, no por declarar su amor a cualquier chica. Eso significaba mucho, pues ella había sido única en ese sentido. Nunca había sido única en nada… quizá esta vez su amor era sincero… - creo que esa lágrima que cae por tu mejilla quiere decir que tu corazón siempre ha estado ahí y que solo late por una persona.

Ginny se llevó la mano a la mejilla y recogió la lágrima silenciosa que recorría su mejilla. La miró un segundo antes de salir corriendo de allí, sin decir nada a nadie, solo corriendo para no aceptar que más de esas lágrimas seguían saliendo de sus ojos.

Llegó sofocada hasta los baños que llevaban al ministerio de magia. Era tarde, muy tarde, no habría trabajadores ya, pero alguien tenía que haber de guardia. Entró en uno de los retretes y tiró de la cadena para aparecer segundos después por una chimenea. Corrió hasta el guarda.

-necesito hablar con la persona que esté de guardia en asuntos internacionales.

-lo siento señorita, el ministerio está cerrado. - dijo el guarda molesto.

-verá, usted no lo entiende, esto es algo urgente, necesito un traslador hacia…

-como ya le he dicho está cerrado, puede volver mañana a primera hora…

Ginny respiró hondo para no ponerse a gritar, ¿Cómo iba a esperar hasta mañana? Ya había pasado un mes ¿y si esperaba otra noche y él por fin la olvidaba? No podía permitir eso, no ahora que se había dado cuenta que su corazón solo latía por él. Que tonta había sido ¿acaso no notaba cuanto se le aceleraba cuando él estaba cerca, o como le dolía cuando faltaba?

-me llamo Ginevra Weasley, trabajo aquí - con las prisas había olvidado su carnet del ministerio, no había cogido nada - puede comprobarlo. Me han avisado de que en Nueva York han encontrado un mortífago prófugo de la ley. Al estar registrado en este ministerio necesitan un miembro del Wizengamot urgentemente para juzgarle, si prefiere que despertemos al ministro…

Sabía que mentir le traería problemas, pero ya no le importaba, además siempre podía decir que ella no había salido de casa, y seguro que sus amigos lo corroborarían. Cualquiera con la poción multijugos podría haberse hecho pasar por ella.

-no creo que sea necesario señorita, pase. - dijo el hombre sumiso al nombrar al ministro.

Ginny corrió al interior, no pensaba ir al departamento de trasladores y volver a inventar una historia para que le hicieran uno. Corrió y se metió en el despacho de Hermione, del cual sabía la contraseña. Una vez allí se dispuso a hacer un traslador por ella misma, solo en el ministerio se podían hacer trasladores, si lo hubiera hecho fuera habría sido detenida. Cogió una grapadora y la convirtió en traslador. Miró su reloj y lo programo desde las doce y veinte de la noche, que iban a ser, hasta las doce del día siguiente. No sabía cuánto podría tardar en encontrarlo. Sabía en qué barrio vivía, se lo había escuchado decir a Theo cuando el moreno le envió una carta contándole que se había instalado ya.

Agarró con fuerza la grapadora y unos minutos después sintió un hormigueo tirando de ella.

La calle en la que se había aparecido estaba oscura, los trasladores te llevaban a sitios donde la gente muggle no pudiera transitar con normalidad. Por lo menos sabía que estaba en el barrio de Blaise. Corrió hacia una calle iluminada por unas farolas y habitada por apenas unas cuantas personas que seguramente volvían a casa o iban a algún bar. Quizá alguien fuera vecino o vecina del chico al que buscaba.-disculpe - dijo parando a una chica que iba con su pareja paseando - ¿conocen algún Zabinni que viva por aquí? - la pareja negó.

La pelirroja siguió caminando, leyendo los buzones de cada una de las casas por las que pasaba ¿Por qué no había preguntado antes de salir corriendo? Era tonta e impulsiva. Preguntó a una persona más, de la que no obtuvo una respuesta afirmativa, así que paso a la calle paralela a seguir buscando y siguió preguntando a cada persona que encontraba. Algún vecino debía de tener ¿no?

Por fin, casi una hora después, encontró a un chico, algo más mayor que ella, que le indicó que lo conocía.

-te refieres a Blaise - Ginny asintió aliviada - vive enfrente de mi casa, es justo ahí - dijo señalando una de las casitas - el número 17. Es posible que no esté ahora en casa, solemos encontrarnos en ese Bar de ahí - le indicó señalando un local en la esquina de la misma calle -es posible que este con su…

Pero Ginny ya no lo escuchaba, desde que sabía que el moreno podía estar a unos cuantos pasos de ella, su corazón se había acelerado, su estómago se había cerrado y sus pies habían corrido hacia el número 17.

Abrió la puertecita de la valla que daba al jardín. Este no estaba demasiado cuidado, sino que se veía demasiado largo y con algunas malas hiervas. No quiso seguir fijándose en detalles, pero la verdad es que ahora se sentía nerviosa ¿y si ya la había olvidado? Al fin y al cabo le había hecho mucho daño…

Cerró los ojos y dejó de pensar en eso. Caminó hasta la puerta y se alisó un poco el pelo y la ropa antes de llamar. No obtuvo respuesta pasados unos minutos, así que volvió a llamar. Se asomó por una de las ventanas, no había luz en el interior.

Volvió a salir a la calle. El chico que la había ayudado ya no estaba. Miró a ambos lados y al ver un bar con música saliendo del interior recordó que el mismo chico había dicho algo sobre un bar cuando ella ya se marchaba.

Corrió hacia allí y entró atropellando a unas cuantas personas que salían en ese momento. En el interior estaba oscuro y luces de colores alumbraban a la gente que bailaba alegremente en una pista. No lo encontró allí, así que se dirigió hacia la barra del bar de fondo.

Por fin, allí lo pudo ver, ahí lo tenía. Sentado en la barra tomando una copa con… con una mujer. Ginny detuvo su paso. Había conseguido pasar a la muchedumbre que bailaba y ahora podía ver al chico a tan solo unos metros. Tomaba una copa charlando con una hermosa mujer, la cual ahora se arrojaba a sus brazos, abrazándole mientras él le rodeaba la cintura.

Noto como alguien le ponía una mano en la cintura detrás de ella.

-¿quieres bailar guapa? - le pregunto una voz masculina.

Ginny se dio la vuelta haciendo que el chico la soltara y de un manotazo le giró la cara por haberla tocado, o más bien por descargar su dolor con alguien. Después salió de allí y corrió de nuevo, como había estado haciendo toda la noche, pero ahora alejándose.

Dejó de correr cuando llegó a un parque oscuro y solitario. Caminó silenciosamente.

Por supuesto que ya era tarde, después de un mes él la habría conseguido olvidar, y más si esa bella mujer se había cruzado en su camino para ayudarle a olvidarla, una pelirroja bajita y pecosa que no tenía nada de especial. ¿Cómo compararla con esa morena explosiva? Había tenido mucho tiempo para darse cuenta del amor que sentía por él, no lo había querido ver por no pasarlo mal de nuevo, y ahora… ahí estaba, sufriendo por amor otra vez sin haberlo probado siquiera, cuando lo había tenido tan cerca. Solo que supo que esta vez no se recuperaría. El amor que había estado negando por tanto tiempo parecía desbocarse ahora en su interior y supo que había perdido al hombre de su vida. El único con el que podría haber sido feliz ¿Qué iba a hacer ahora?

Podría haberse acercado, podría haberle gritado que estaba ahí, que dejara a esa desconocida y se fuera con ella, pero ya había hecho bastante daño, prefería callarse, prefería pensar que había hecho cuanto estaba en su mano, cuando no era cierto, porque había ganado la razón al corazón.

Se sentó en un banco, subiendo sus rodillas y sacó su varita. Hizo aparecer de la nada un pergamino y una pluma, sin importarle demasiado que pudiera haber algún muggle cerca.

"Igual que el mosquito más tonto de la manada, yo sigo tu luz aunque me lleve a morir, te sigo como les siguen los puntos finales, a todas las frases suicidas que buscan su fin. Igual que el poeta que decide trabajar en un banco, sería posible que yo en el peor de los casos, le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón, haciendo que firme llorando esta declaración: Me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón. Pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré tan sólo a ti. Igual que el mendigo cree que el cine es un escaparate, igual que una flor resignada decora un despacho elegante, prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño y reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado. Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo, procuro encender en secreto una vela no sea que por si acaso, un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver, reduciendo estas palabras a un trozo de papel. Me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón, pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré tan sólo... Me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón, pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré, en silencio te amaré, en silencio pensaré tan solo en ti."

Ginny firmó la carta que acababa de escribir con una de las lágrimas que salían de sus ojos y ahora estaban corriendo por sus mejillas sonrosadas por el frio de la noche.

-espero que esas palabras y esa lagrima sean por mí. - dijo alguien detrás de la chica asustándola. Al girarse encontró la cara de Blaise a centímetros de la suya y se levantó del banco sobresaltada.

-está mal espiar a las personas mientras escriben

  • le dijo bajando la cabeza para que no pudiera ver sus mejillas húmedas.

El chico rodeó el banco y se colocó frente a ella, a apenas un metro.

-¿todavía a la defensiva? ¿Qué haces aquí entonces? - le preguntó él, más serio de lo que habría pretendido.

Ginny prefirió esquivar la pregunta ¿Qué le iba a decir ahora que estaba con otra? No tenía derecho…

-¿Cómo sabías que estaba aquí?

-bueno… - dijo rascándose la nuca - tiendo a perseguir a todas las mujeres pelirrojas que veo hasta que les veo la cara y compruebo que no son tú. - dijo algo avergonzado - Siempre he tenido la esperanza de que me detuvieras, de que vinieras a buscarme… - dijo él sinceramente - vi tu pelo en aquel bar, y cuando le giraste la cara a aquel chico - dijo divertido - casi me da un vuelco el corazón, solo tú eres tan impulsiva. Tuve que correr para alcanzarte, y mientras caminaba detrás de ti confirme que eras tú, reconocería tu cuerpo en cualquier sitio - dijo el moreno recorriendo de nuevo el cuerpo de la chica, como solía hacer mucho tiempo atrás. Ginny se estremeció. Él alargó el brazo y cogió la carta que la chica tenía en la mano. Creyó que ella no le dejaría, que ofrecería resistencia, pero solo soltó el papel cuando él lo cogió. Lo había estado leyendo mientras escribía, pero lo quiso releer para asegurarse. - no lo entiendo ¿Por qué saliste del bar si me viste? ¿Por qué estas palabras son de resignación y de adiós?

-¿y no me preguntas porque te amo? - dijo ella mirándolo por fin a la cara. Al fin y al cabo también eso ponía en la carta.

-sé que me amas desde hace mucho, solo que no querías admitirlo. - dijo él sonriendo - hasta ahora.

-hasta ahora… - repitió ella bajando la vista de nuevo - hasta ahora que ya es demasiado tarde.

Blaise camino hasta ponerse más cerca de ella y levantar su barbilla para que le mirara.

-¿por qué es tarde, princesa?

Princesa… Una nueva lágrima escapo de sus ojos castaños y la piel se le erizo. Se odio por ser tan ciega y tan tonta como para haber perdido a alguien así. Jamás se arrepintió tanto de haber sido tan fría con él, cuando el chico solo le había dado cariño. Aún ahora se lo daba.

-porque tu ya me has olvidado - dijo mirándolo a los ojos a través de los suyos llenos de lágrimas. Cuando pestañeó, las lágrimas acumuladas cayeron.

Blaise las recogió colocando ambas manos sujetando su cara y con el dedo pulgar acarició las mejillas húmedas de la pelirroja.

-juro que lo intenté. Hasta que comprendí que jamás olvidaría a la chica más maravillosa que ha pasado por mi vida.

Ginny agarró su camiseta sobre su pecho, pues ahora venía la pregunta que podría acabar con todo.

-¿y la mujer del bar?

-¿mi prima helena? - preguntó él confundido.

Ginny le miró con ojos desorbitados.

-tu tu pri… tu… - se soltó de él y dio dos pasos atrás, primero sonrió y luego comenzó a reír al sentirse tan tonta y avergonzada de haber montado aquella montaña de un grano de arena - tu prima… - reía Ginny - tu prima Helena.

Blaise sonrió caminando hacia ella y la cogió de la cintura para, segundo después, atrapar sus labios, haciendo que las risas cesaran de golpe. Ginny no perdió tiempo para devolverle el beso y rodear su cuello con sus brazos. Apretando los ojos fuertemente por el placer de sentirlo de nuevo. Esta vez con los sentimientos aceptados por parte de ambos.

-Blaise, regresa a Londres conmigo, por favor - le pidió ella cerca de sus labios acariciando el pelo de su nuca - no quiero que estés lejos de mi de nuevo.

El chico sonrió estrechándola más contra él.

-si quieres que regrese… - sonrió juguetón, Ginny conocía bien cada una de sus sonrisas - quiero que te declares…

-¿Cómo? No… - dijo ella entre divertida y avergonzada.

-¿Cómo que no? ¿Quiero que me declares tu amor?

Ginny sonrió de nuevo.

-está bien - Ginny se aclaro la garganta y recitó: - te quiero mucho, como la trucha al trucho.

-¡Ginny! - le riñó él divertido - hazlo bien.

La pelirroja le dio un suave beso antes de hablar. Ahora, con el rodeándola, se sentía en su antiguo refugio, tranquila y feliz. Esta vez se puso seria.

-Blaise, de verdad siento todo lo que te he hecho pasar, no quería sufrir de nuevo y te hice pasar todo lo que yo pase, a alguien como tú, que me dio su cariño desde el principio, que me ayudó y me apoyó en todo. Y solo hoy, cuando me han gritado mi error a la cara, me he dado cuenta que mi corazón solo late por ti, solo vive por ti, y que yo solo te amo a ti.

-eso está mucho mejor - dijo él satisfecho para después abrazarla, escondiéndose entre su pelo rojo. Oliéndola con fuerza, reteniéndola para que no escapara más. Arrugó el papel que tenía todavía en la mano y lo tiró lejos por detrás de su espalda.

-¿Qué haces?

-reducir esas palabras a un trozo de papel - dijo el divertido, parecía como si entre ellos no hubiera pasado el tiempo, como si estuvieran justo donde lo dejaron, pero juntos al fin - ¿tienes donde pasar la noche, princesa?

-la verdad es que no. Mentí al guarda del ministerio para hacer un traslador ilegal y venir hasta aquí.

-esa es mi chica - dijo el riendo desde su cuello, sin dejar de abrazarla.

-pensaba que a lo mejor me darías cobijo por esta noche - dijo acariciando la ancha espalda del chico, con los ojos cerrados, disfrutando del contacto y de su respiración en su cuello.

-claro que si, pequeña - dijo separándose y tirando de su mano para que caminara junto a él - solo que mi casa tiene una única cama… tendremos que compartirla.

-¿acaso pensabas que iba a ser de otra forma? No pienso separarme de ti - dijo agarrando su brazo como para reiterar sus palabras.

El joven rió, rodeando sus hombros para que ella estuviera más cómoda y para que supiera que no iría a ningún otro sitio donde no estuviera su pelirroja.

-vaya, veo que esta vez tu obsesión maníaca compulsiva dio resultado - dijo una voz femenina cuando pasaron por el bar cercano a la casa del moreno.

-hola Helena - dijo Blaise sonriendo - esta es Ginny.

-así que tu eres la pequeña cruel y fría pelirroja asesina de corazones… - dijo la chica morena sonriendo.

-¡Blaise! - dijo Ginny mirando al chico que la rodeaba con el brazo, pero sonriendo.

-estaba dolido contigo… - se excusó.

-bueno - dijo Ginny acercándose a la prima de Blaise - prefiero que me llamen Ginny - y le tendió la mano.

Al parecer la chica prefirió darle un abrazo, aunque sospecho que fue para que Blaise no supiera de su amenaza:

-como vuelvas a hacer sufrir de esa manera a mi primito, tendré que matarte - le susurró, pero cuando la miró, esta sonreía.

Por si acaso, Ginny prefirió alejarse hasta los brazos del chico, que como siempre, la esperaban para refugiarla.

-nos vamos a casa, Helena.

-supongo que ahora volverás a Londres - dijo la chica triste. Su primo asintió - te echaré de menos primito - dijo arrojándose a sus brazos, abrazando también a Ginny, que se había quedado en medio - promete que vendréis a visitarme.

-lo haremos, ahora déjanos irnos a disfrutar de nuestro reencuentro.

-claro, claro, id a hacer cosas malas - dijo.

-lo haríamos si nos soltaras - le dijo su primo, divertido.

-oh, claro…

-adiós - se despidió Ginny mientras el chico la arrastraba calle abajo.

Cuando ya se habían alejado unos metros, escucharon gritar a Helena:

-¡usad poción anticonceptiva! ¡Aunque no quiere decir que no quiera tener sobrinos! - Blaise se frotó la cara con la mano mientras Ginny reía.

-por cierto - le dijo mientras la invitaba a entrar en su casa. No era nada del otro mundo, solo una casa de alquiler decorada al estilo del dueño - ¿puedo saber quién te gritó tu gran error a la cara?

-¡pues ese oxigenado que tienes por amigo! - dijo ella molesta.

Blaise había caminado hasta la habitación y había encendido la lamparita con la varita.

-¡no hables así de mi Draco! - dijo haciéndose el ofendido mientras se sentaba en un lateral de la cama.

-¿tu Draco? ¿Acaso no sabes lo que tu Draco le hace a mi amiga por las noches? - dijo ella sentándose a su lado.

-puedo imaginarlo - dijo él divertido - a lo mejor se parece a lo que pienso hacerte a ti esta noche - dijo tumbándose y tirando de ella para que se colocara sobre él.

Ginny sonrió antes de besarlo. Se besaron tiernamente, sin prisa, con toda la noche por delante. El moreno impulsó su cuerpo para tumbar a Ginny y colocarse sobre ella, sin hacerle daño, pero pudiendo disfrutar de su pelo como el fuego sobre el colchón y su cuerpo bajo el suyo propio.

-te he echado mucho de menos. No quiero dormirme y descubrir que mañana no estás, que todo fue otro sueño. - le confesó.

-estaré aquí, mi amor - dijo ella acariciándole la mejilla. - además, ¿Quién te ha dicho que vayas a dormir?

Él sonrió y volvió a atrapar sus labios, los que besó delicadamente. La ropa sobró pronto, se la quitaron el uno al otro, despacio, sin prisa, siempre mirándose a los ojos, como temiendo que el otro pudiera desaparecer, disfrutando de los besos y las caricias. Todo había sido fácil, Blaise no la culpaba de nada, era como si supiera que solo tenía que esperar, que esa chica era suya y tarde o temprano se daría cuenta, que no tenía de que preocuparse. Aunque tenía que reconocer que había llegado a hacerlo.

Esa noche hicieron el amor lo más dulce y tiernamente que ninguno jamás lo había hecho, y fue una experiencia inolvidable para ambos. Fue algo único, compartido por primera vez y que jamás lograrían olvidar, cuando sus corazones se unieron complementándose, haciendo más fuerte el de Ginny y más cálido el de Blaise.

Esta vez Harry había decidido portarse bien para arreglar las cosas con ella, así que todavía no había intentado besarla, aunque estoy segura de que si lo hubiera hecho, Ginny no habría podido quitarse de la cabeza los besos del morenito Blaise, solo que esta vez fueron las palabras de Draco, que le debía una jeje. Creo que ya estarán en paz.

¿y qué hará Harry ahora, que se quedó como pasmarote viéndola salir de casa corriendo y con lágrimas en los ojos? ¿la tomará con Draco? ¿se quedará a esperar que vuelva y le de una explicación? ¿se irá sin más, ya la verá otro día que esté más calmada?

¿Qué pensáis?

Bueno solo avisaros que quedarán unos diez capítulos para acabar. ¡esto llega a su fin! No quiero… jeje pero bueno aun quedan algunas sorpresas.

Hasta otra.

Besos.