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Historia 81462 — capítulo 3
Una vez me enamoré.
No lo he sentido de nuevo, porque el momento en que la ví fue tan espontáneo.
El padre me dijo que enamorarme era un pecado. Yo no entendí en ese momento, pero en el futuro lo comprendería.
Cuando la ví fue un instante tan mágico. Me enamoré de sus ojos, de su boca, de sus labios, de sus manos, de sus piernas, de su cabello, de todo lo que la hacía ella. Pero algo estaba mal. Yo tenía prohibido enamorarme de ella y aún no sabía por qué; porque después lo entendería todo, después sabría que estaba mal, y no quieran reprocharmelo.
No bastaron ni dos segundos para que, aquello que sentía, se lo dijera a mi mejor amiga: mi madre. Todo se lo confiaba a ella, imaginen la sorpresa que me lleve cuando no me comprendió, ella también pensaba que yo estaba mal. ¿Por qué no había nadie que lo hiciese? Mi madre entonces me mandó a confesarme, porque lo que hacía estaba mal. Yo no sabía por qué, aún. ¿Era pecado enamorarme? No lo sé, o más bien no lo sabía.
Nada, en mis 10 años, me había causado tantos problemas hasta esto.
Al padre le dije que me enamoré de esa chica, era tan bonita, pero también coincidio con mi mamá, yo estaba mal.
Pero el padre no hizo escándalo como mi madre, el sí me entendió porque, también, una vez se enamoró de alguien de quien no debía, pero en ese entonces las tribulaciones lo atormentaron y me pidio que no pasara eso conmigo. Yo le hice caso, aun sin entender nada.
Pasaron los días y jamás la volví a ver.
Luego de unos años comprendí que no estaba bien enamorarme de una niña siendo yo también una.
Me dí cuenta después de que en realidad no era enamoramiento, porque me enamoré de nuevo de alguien y esta vez era un hombre, el hombre que se volvió mi esposo. Claro que el primero era una emoción de una niñita que no puede dicernir sus sentimientos, el segundo caso era de un verdadero sentimiento con base firme sobre lo que es enamorarse y lo que es amor.
Pero a decir verdad aún no sé todavía qué es amor.