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Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) — capítulo 11
11 Misión de rescate
Albus, Rose y Scorpius regresaron corriendo al castillo de Hogwarts, mientras que los amigos de James se habían quedado en los terrenos buscando al muchacho. -¿No estaría jugando tu hermano? -inquirió Scorpius mientras atravesaban el vestíbulo en dirección al Gran Comedor. -No lo creo. Estuvimos mucho tiempo buscándolo y no lo encontramos. -Tal vez trataba de sorprenderte apareciendo luego -sugirió su prima. -Las bromas de James nunca van tan lejos -respondió el otro entrando al comedor. La celebración aún no comenzaba, pero los profesores ya se encontraban ahí terminando las decoraciones de la fecha; las calabazas flotaban en el aire con sonrisas malévolas y los murciélagos revoloteaban por sobre sus cabezas. -¿Qué está ocurriendo? -preguntó la profesora Mcgonagall, viendo a los tres alumnos que corrían hacia ella. -Es… Mi… Es mi hermano profesora -respondió tomando aire -, estábamos… estábamos en los terrenos de Hogwarts… No estábamos en el bosque prohibido. Y entonces escuchamos algo y… Y mi hermano fue hacía allí y desapareció. Sus amigos lo están buscando ahora, pero no lo hemos encontrado por ningún lado. -¿Dices que James está perdido en el bosque? -Preguntó la mujer alarmada -, ¿pero cómo? -Vimos a una persona que caminaba por allí. No sabíamos quién era, pero estoy casi seguro de haber visto una silueta entre los árboles… Y James fue hacia allí para investigar, pero ya no regresó. La profesora Mcgonagall compuso una mueca de preocupación casi inmediatamente. -¡Profesores! La celebración puede esperar un poco; debemos ir al bosque a buscar a un alumno. Profesor Longbottom, por favor envíe una lechuza a Harry Potter. Dígale que es necesario verlo aquí urgentemente. Y señor Filch, revise todos los pasadizos que den al exterior de Hogwarts. Si encuentra al profesor Cepheus pídale ayuda para recorrer el perímetro. Tenemos que verificar si ha entrado algún intruso al colegio. -De acuerdo, profesora -dijo Neville y salió inmediatamente del comedor, dirigiéndose a la lechucería. -Andando -urgió la mujer y todos los profesores presentes salieron a los terrenos con varita en mano -, llévanos al lugar, Albus. Corrieron aceleradamente hacia el sitio en el que habían acampado, reconociéndolo por los rescoldos de la fogata que habían encendido y que ahora no era más que una ligera columna de humo; los amigos de James se encontraban ahí, sin ninguna noticia acerca del desaparecido. -Sepárense en parejas, profesores. Y tengan cuidado. No sabemos si se ha perdido o si alguien se ha introducido en el castillo. Y dicho ello todos se separaron con sus varitas preparadas para cualquier cosa; Albus fue con el profesor Flitwick y Mcgonagall, mientras que Rose y Scorpius acompañaron al profesor Steer de Pociones y a la profesora Fornax de Encantamientos. La directora serpenteó por entre los árboles con la varita iluminada, fijándose en cada pequeño movimiento a su alrededor. Albus iba muy pendiente detrás de ella y el profesor Flitwick miraba el entorno desde un arbusto. -Dirijámonos a la cueva que está al este del colegio, profesor. Está cerca de uno de los pasadizos de entrada -sugirió Mcgonagall. Todos emprendieron apresurados hacia una pequeña caverna que estaba en los límites del colegio, cuyas entradas estaban alumbradas por un par de antorchas en los flancos. El interior estaba oscuro. -¿Hay alguien? -exclamó el profesor Flitwick con su voz chillona, haciendo que sus palabras resonaran contra los muros. Nadie respondió, pero a lo lejos se escuchó una especie de murmullo. -Creo que hay alguien -dijo la mujer, entrando lentamente a la boca del túnel. Todo quedó en completo silencio, como si todo sonido se hubiera apagado de repente. -Deberíamos entrar a examinar… -pero entonces fue interrumpida por una voluta de luz blanquecina que provenía desde el interior de la cueva. -¡Cuidado! -exclamó Albus, y la profesora se apartó. El rayo de luz se estrelló contra el tronco de un árbol, cuya superficie quedó marcada por un pequeño cráter. Todos se pusieron alertas al interior de la cueva, mientras una nube de polvo se levantaba en la entrada y lo desaparecía todo de la vista; los presentes tosieron, rodeados por la gran masa neblinosa que les impedía ver a su alrededor. Hubo una ráfaga de viento y una sombra negra voló hacia el exterior velozmente, acompañado de un destello rojo. Ambos profesores entraron en acción y de sus varitas salieron despedidos un par de rayos de luz. La sombra se detuvo en el suelo, y Albus comprobó que se trataba de un hombre encapuchado, cuyo rostro era imposible de ver. James estaba a su lado, amordazado y con los ojos muy abiertos. El desconocido sacó su varita y comenzó a luchar contra los profesores, que lanzaban continuos hechizos, uno detrás de otro; hubo una larga llamarada y un árbol comenzó a incendiarse tras el impacto. Varios destellos nuevos salieron disparados de las varitas, como pequeñas explosiones de luz que se perdían en la oscuridad. El profesor Flitwick hizo estallar un tronco en miles de astillas, pero el desconocido creó un escudo que las convirtió a todas en polvo; ambos profesores se acercaron para tratar de rodearlo, haciéndolo orillarse a una alta pila de rocas en donde no tendría escapatoria. Aquel hombre emitió una feroz llamarada azul que salpicó por todos lados como lava, pero los profesores fueron lo suficientemente rápidos como para actuar a tiempo y levantaron un sólido muro de luz blanca que deshizo de inmediato el hechizo enemigo. -¡Ahora Filius! -Ambos lanzaron hechizos a la vez contra su oponente, quien finalmente soltó a James, quién cayó de rodillas al suelo. Un par de cuerdas amarraron al encapuchado, quien estaba acorralado contra las rocas. -¿Quién eres y por qué estás aquí? -inquirió Minerva. La persona no contestó y forcejeó para soltarse de las cuerdas que lo apretaban. -¡Habla! -le exigió Flitwick. Pero entonces se levantó del suelo una nube de humo y todo quedó inmerso en una espesa neblina blanca. Para cuando esta se había dispersado, el mago había desaparecido. -Demonios -dijo la directora apartando el humo de su rostro -, ese hombre se ha escapado. -James, ¿estás bien? -Albus se arrodilló al lado de su hermano, que se encontraba inconsciente en el suelo. -Estará bien -dictaminó Mcgonagall -, pero debemos llevarlo a la enfermería cuanto antes…
Albus estaba sentado en una silla afuera de la enfermería del castillo; era aproximadamente la una de la madrugada y por su puesto ya no quedaba nadie celebrando el Halloween en el colegio. El muchacho tenía las manos pegadas al rostro y trataba a toda costa de mantenerse despierto; inclusive había conseguido que le llevaran una taza de café cargado (el cual él detestaba) para poder estar pendiente de su hermano. Le había dicho a Scorpius y a Rose que se retiraran a sus dormitorios a descansar, pues ellos insistían en acompañar al muchacho en su estadía ahí. Harry, su padre, había llegado hacía una hora más o menos, y en aquellos momentos se encontraba dentro de la enfermería, platicando con los profesores acerca del incidente. Todos los adultos habían insistido en que Albus esperara afuera, lo que a él le parecía muy injusto. Entonces madame Pomfrey, la enfermera, abrió la puerta de la sala y asomó la cara. -Deberías irte a dormir Potter -dijo la mujer con cara de preocupación -, mañana tienes clases, y además, tu hermano está perfectamente. Solamente recibió un hechizo Desmaius que lo dejó atolondrado. -¿Está segura? -Por su puesto muchacho; ahora mejor será que te vayas a la cama. Buenas noches. El chico asintió de mala gana mientras la mujer volvía a cerrar la puerta. -Ya se ha ido -se escuchó su voz desde el interior. -Bien. Así podemos hablar tranquilamente -comentó la voz de Harry Potter, que parecía agotada y preocupada a la vez. Albus, quien no quería perderse ningún detalle, desobedeció a la enfermera y aproximó el oído a la puerta. -Esto no está nada bien, Minerva -se escuchó la voz de uno de los profesores -, ¿intrusos en Hogwarts? Usted sabe que tenemos las más grandes protecciones mágicas alrededor del colegio. -Es lo que me preocupa Cepheus. No me atrevería a mencionar nombres, pero temo que pueda haber algún intruso en el castillo… -¿Habla de un profesor, Minerva? -preguntó la voz del profesor Breoghan Kalen. -No lo sé -admitió la directora -, quizás sea una teoría equivocada. Pero no encuentro una forma en que haya podido entrar alguien desde el exterior. Los pasadizos han sido sellados, hemos destruido los armarios evanescentes. Inclusive buscamos filtros en los túneles del castillo y no encontramos nada. -Primero ocurrió lo de Albus con la escoba -recordó la profesora Arwen Fornax -, ahora esto. ¿Será pura casualidad? -No estoy seguro -comentó finalmente Harry, que se había mantenido muy silencioso hasta el momento -. Los sueños de Albus me inquietan mucho desde que me enteré de que los tenía. ¿Podría estar teniendo alguna especie de conexión oscura como yo la tuve en mi momento? -No lo creo. Él no tiene una cicatriz o algún vínculo que pueda unirlo con la magia oscura -apostilló el profesor Kalen -. La única respuesta posible podría ser que haya heredado alguna especie de conexión por tu sangre, cosa que aún sería improbable dado que esa clase de magia no suele transmitirse a través de las venas. -Sea lo que sea me parece sospechoso -apuntó Flitwick -, ¿has dicho que esos sueños se referían a mortífagos? -Es lo que me ha dicho Hagrid cuando hablé con él -prosiguió Harry, un poco afectado -, no creo que sean pesadillas casuales. Él ni si quiera conoció a Voldemort, y dudo mucho que supiera de sus mortífagos a tal punto de poder soñar sus nombres. Es muy extraño. -¿Entonces qué harás? Han ocurrido cosas raras, y temo que no sea ninguna casualidad. El otro se quedó callado, y solo se escucharon los zapatos de madame Pomfrey resonar en el suelo de piedra. Albus se quedó atento, tratando de averiguar qué estaba ocurriendo al otro lado de la puerta. -¿Crees que alguien trate de vengar la muerte de Voldemort a costa tuya? -No lo sé -admitió su padre luego de un prolongado silencio; -no lo sé. No le he comentado nada a Ginny porque creo que no lo tomaría bien, pero he empezado a temer por la vida de mis hijos…
Hola! Qué tal están hoy? Espero que estén pasando un excelente fin de semana, sobre todo a quienes están entrando a clases en estos días. Bien pues aquí está un capítulo más de la historia, y poco a poco la cosa se irá complicando más. He estado trabajando estos días en una nueva historia, y muy pronto les daré unos cuantos detalles al respecto. Gracias por todo su apoyo, son muy importantes para mí. Saludos!