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Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) — capítulo 13
13 Navidad
La casa de los Potter estaba llena de la gente que Albus más quería; la Navidad se celebraría ahí aquel año, por lo que gran parte de los invitados se hospedaría en el pueblo unos días antes de las festividades: Estaban los Weasley, los mejores amigos de Harry y también tíos de Albus, que estaban compuestos por Ron, Hermione, Rose y su hijo menor Hugo. También habían llegado Ted Lupin y su abuela Andromeda. Ted siempre les había caído muy bien a Albus y a James pues los visitaba muy seguido; por su parte, Bill y Fleur Weasley llegaron a lo largo de la mañana junto a su hermosa hija Victoire, que era novia de Teddy. -Parece que este año George irá con la familia de Angelina, así que no vendrá -puntualizó Harry a todos los reunidos en la sala. -Qué lástima. Hace ya un tiempo que no lo veo -comentó Ginny mientras encendía la chimenea; afuera los copos de nieve se comenzaban a arremolinar en los alfeizares de las ventanas. -¿Ha estado bien el colegio? -preguntó Ted a Albus, alborotándole el cabello. -Si… Tengo buenas calificaciones y me la he pasado bien. No puedo quejarme -respondió el muchacho. -He visto que a las niñas les pareces mono -comentó Victoire sonriente; ella aún estaba estudiando en Hogwarts su séptimo año -, ¿has conseguido una novia? -¡Tengo once, Victoire! -reclamó el chico, aunque la idea de una novia no le parecía desagradable de cierta manera. -Eres tan simpático Al -dijo la rubia poniéndose de pie -, ¿vamos al jardín Ted? Ambos se salieron al parque de la mano; la idea de los dos dándose un beso bajo un árbol del parque mientras la nieve caía a su alrededor le dio un escalofrío al muchacho. -James está muy callado -dijo Rose interrumpiendo los pensamientos de su primo. -Ya lo he notado. Y creo que mis padres también lo han hecho; cada vez estoy más convencido de que pudieron haberle hecho algo aquella vez que desapareció, ¿pero qué? -No lo sé… Es muy extraño. -Vengan a cenar -pidió Hermione saliendo de la cocina, en dónde estaba junto a Ginny. -Genial. Muero de hambre -comentó Albus y se dirigió hacia la cocina. -Siempre tú, Albus -dijo Rose para sí misma, negando con la cabeza, y finalmente lo siguió a la habitación adjunta.
La mañana de Navidad Albus se levantó temprano, como niño de seis años esperando abrir los obsequios; compartía su habitación con su hermano James y con Ted, que como iba muy seguido a la casa de los Potter, tenía su propia cama. Su dormitorio estaba pintado con varias tonalidades de azul oscuro, con una gran imagen de un estadio de quidditch pintada en el techo; alrededor de las paredes había varios afiches de grupos musicales y equipos de quidditch, mientras que en las repisas reposaban numerosos objetos mágicos de lo más interesantes. Albus permaneció sentado en su cama unos momentos, desperezándose; tardó un rato buscando sus zapatillas de dormir, y finalmente las encontró debajo de la ropa interior de James. «Convenientemente James no ha cambiado en esto» pensó el muchacho. Abajo el recibidor estaba ampliamente iluminado por el blanco resplandor de la nieve, que caía profusamente en el exterior. La chimenea estaba encendida, expandiendo su halo luminoso hacia el alto árbol de Navidad, decorado magníficamente por Ginny. Debajo del árbol había una increíble escoba lustrada, envuelta en un listón rojo, el color favorito de James. Albus hizo de lado los regalos de Lily Luna. -La abuela ha enviado sus suéteres tradicionales -comentó el muchacho, sacando el suéter tejido color azul cobalto, su favorito. Encontró su ipod con emoción, aunque nunca se enteró de cómo encenderlo, así que se propuso esperar a que Rose le explicara al respecto; y había algo más: Un paquete largo con papel dorado que llevaba su nombre. Lo abrió lentamente y del interior sacó un largo trozo de tela sedosa y brillante como satín, de color morado oscuro veteado de estrellas y finos detalles plateados. -¿Una manta? -murmuró el muchacho para sí mismo, observando el objeto. Sacó una nota que estaba junto al objeto y comenzó a leer: Albus Severus: Entiendo que estés curioso respecto a este misterioso objeto que acabas de recibir. Nunca se los había enseñado a ninguno de ustedes, pues estaba seguro de que James no sería prudente al respecto (además, él ya tomó el mapa del Merodeador para sí mismo, así que a ti te corresponde algo aún mejor). Es una capa de invisibilidad, y tu abuelo me la dejó el primer año que asistí a Hogwarts, así que ha llegado el momento de que esté en tus manos, esperando que pases varios momentos especiales al igual que yo los pasé en mis tiempos. Úsala sólo para bien, y confío en que no le darás un mal uso. Feliz Navidad Tus padres PD.: Aléjala de la vista de James por su propio bien.
-¡Asombroso! -dijo el chico con los ojos brillantes, extendiendo la capa para verla detenidamente. Cubrió su brazo con el objeto, y de un momento a otro este desapareció. Anonadado, el muchacho sonrió y guardó nuevamente la capa en la caja, dispuesto a colocarla luego en su baúl. Tal vez le sería de mucha utilidad en Hogwarts…
La comida de Navidad resultó fabulosa pues habían preparado varios platillos muy buenos. Albus había probado el pavo, la pasta (receta de la abuela Weasley), y la ensalada. El postre había sido también fantástico, siendo este un delicioso pastel de cereza y chocolate. Cuando todos estuvieron satisfechos, James se puso en pie y se dirigió al vacío recibidor. Lily y Hugo jugaban con sus regalos en el suelo de la escalera y el muchacho les pidió que se fueran; Lily pareció enojada, pero finalmente ambos niños se dirigieron hacia el segundo piso. Albus entró en la habitación, viendo a su hermano mayor que miraba ansiosamente por la ventana. -¿Estás bien? -inquirió. -Necesito ir al colegio. Debo encontrar el libro -comentó el otro distraídamente. -James… Has estado muy extraño últimamente. ¿Te ha pasado algo que no hayas comentado aquella vez que desapareciste en Halloween? -No ocurrió nada -respondió James -. Necesito ese libro. Debo ir a Hogwarts cuanto antes. ¿Me ayudarás a conseguir el libro? -¿De qué libro hablas? -No importa -le espetó James -, sólo lo necesito, ¿de acuerdo? -y siguió mirando por la ventana, como si esperara que su estúpido libro apareciera volando, fue lo que se dijo Albus. El chico se frustró y se decidió a salir un poco a la calle para dar una vuelta al parque. Se puso su abrigo y bufanda y se internó en el mundo helado del pueblo del Valle de Godric, cubierto de una gruesa capa de nieve; el parque estaba a solo un par de calles de la casa de los Potter, con sus altos árboles veteados de blanco. En el parque solo había unos cuantos muchachos que se lanzaban bolas de nieve los unos a los otros. La calle estaba tan bloqueada con la nieve que los automóviles estaban intactos en sus lugares. Todo estaba muy silencioso y tranquilo, envuelto en un ambiente casi místico. Albus limpió la superficie de la pileta de la fuente al centro del parque y se sentó con un suspiro, admirando el hermoso espectáculo de hielo que había a su alrededor. Miró entonces a los jóvenes que jugaban con la nieve, quienes se derribaron sobre la sustancia blanca y crujiente, riendo. Después de unos momentos se marcharon finalmente, y todo quedó tan solitario que pareció como si el pueblo estuviera completamente abandonado. Las farolas distribuidas alrededor se encendieron, y un extraño frío recorrió a Albus, cuyo aliento salió como nube de vapor por la boca. Y entonces el silencio se vio roto. -Eres Albus Potter, ¿verdad? El chico casi cayó de espaldas cuando escuchó esa voz detrás de él; no había oído a nadie aproximarse, pero de pronto, ahí a su lado, había aparecido un muchacho que tenía más o menos su misma edad. El otro se incorporó con el corazón latiéndole violentamente y miró detenidamente al recién llegado. Era alto y de reluciente cabello cobrizo y alborotado, con un par de ojos de un sorprendente color púrpura. Su rostro dibujaba una sonrisa ligeramente torcida y desdeñosa, misteriosa de cierto modo; por alguna razón Albus se sintió extraño en presencia de aquel muchacho. -¿Eres Potter? -repitió. -Si -dijo él, asintiendo con la cabeza -, ¿Quién eres tú? El otro sonrió de forma enigmática. -¿Por qué quieres saberlo? -Yo te he dicho mi nombre -repuso -, creo que deberías hacer lo mismo, por cortesía. -Me limitaré a decir que soy alguien que sabe algunas cosas sobre ti. ¿Vas a Hogwarts? -¿Eres un mago? -siguió Albus con la fuerte duda en la cabeza sobre cómo había averiguado su nombre. Además, ¿Qué sabía sobre él? -Tal vez lo sea. Supongo que ya nos veremos pronto -dijo con una risita. -¡Albus! -se escuchó gritar la voz de Rose desde la calle. Seguramente lo estaban buscando. El muchacho volteó a ver hacia su casa, y vio a Rose en mitad de la calle. -Pero no entiendo que… -pero cuando Albus se volvió hacia dónde estaba el chico que recién había conocido, se encontró con la sorpresa de que este había desaparecido.
Hola a todos! Espero les haya gustado el capítulo, que lo he escrito con mucho afecto para ustedes. No quedan muchos capítulos para el final de la historia, pero como dije, pronto actualizaré con un par de novedades que creo les gustarán a algunos, así que estén pendientes. Por cierto, no pierdan de vista al personaje que acaba de aparecer, pues luego será MUY importante. Saludos!