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Historia 82078 — capítulo 3
Tonks despertó. Lo primero que vio fue oscuridad mientras sus ojos intentaban acostumbrarse a ella. La lluvia allá afuera, que ya había apaciguado un poco, seguía golpeando las ventanas sin parar, dando la típica sensación de tranquilidad que da cuando alguien regresa a su casa luego de una larga jornada y duerme con una sonrisa en la cara debido a la suave lluvia. Este no era el caso de Tonks, porque, en primer lugar, se encontraba en un lugar lleno de muggles, atrapada, y en segundo lugar, se acababa de dar cuenta de que Remus no estaba.
De pronto se dio cuenta de otra cosa aterradora: una vez que sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, pudo ver a los turistas perfectamente, gracias a la luz que entrabarnde las ventanas, la luz de la luna, que brillaba fantasmagóricamente. La luna… ¡Era luna llena!
Se sentó en un respingo desesperado. A su lado solo estaban las mantas desparramadas que Remus había dejado. Los turistas dormían apaciblemente alrededor, sin sospechar que, tal vez, un hombre lobo andaba dando vueltas en el bosque.
Pero Tonks no podía quedarse ahí, tenía que cerciorarse de que Remus estaba bien.
Se puso de pie con dificultad, y empezó a caminar cuidadosamente (o lo más cuidadosamente que pudo debido a la agitación) hacia la salida. La puerta se abrió y el viento se apoderó de ella, haciéndole cerrar los ojos y que su cabello aún color rosa se agitara sin control. Pero sin darle importancia al frio y al viento o a la lluvia, salió del museo y cerró la puerta tras ella. Sabía que estaba haciendo algo estúpido, pero el amor y la desesperación estaban dentro de ella, no podía hacer nada más.
―¿Remus? ―susurró a la luz de la luna mientras se alejaba del museo.
Caminó y caminó, repitiendo el mismo nombre infinitas veces, hasta que, sin saberlo, se había adentrado al bosque. Se dio cuenta de esto cuando una enorme casa se presentó en frente de ella. Una casa gigante, con una gran escalera que llevaba hacia la puerta. Parecía extremadamente vieja y abandonada, con los vidrios rotos, la madera magullada, las flores marchitas en lo que parecía un pequeño jardín. De pronto a Tonks le entro un miedo indescriptible, de esos en que sientes ganas de correr pero tus piernas no se mueven, y entre tanto jaleo en su mente, se dio cuenta de que era estúpido que estuviera allí afuera buscando a Remus, así que se dio la vuelta y empezó a caminar de vuelta al museo.
Pero no dio ni un paso porque a unos seis metros de distancia, entre los árboles, veía dos ojos brillantes que la observaban. Se quedó quieta, y su corazón empezó a latir como nunca antes lo había hecho. Los ojos se movieron en la oscuridad, y avanzaron hasta situarse debajo de la luz de la luna. Entonces un hombre lobo enorme le devolvía la mirada desde la distancia, olfateándola, y el miedo se internó en el cuerpo de Tonks como si fuera un electroshock.
―¿Remus? ¿E-eres tú? ―preguntó inútilmente.
La bestia movió las orejas cuando ella hablo, y avanzó otro paso, al mismo tiempo que Tonks retrocedía uno. Entonces tuvo que correr, porque el hombre lobo hacia lo mismo. Corríó hacia ella, con hambre en los ojos, con deseos de matar, deseos que lo hicieron mas veloz que nunca.
Pero Tonks era rápida también. Corrió hacia la enorme casa que tenia detrás de ella con la cara compungida por el miedo. Básicamente no pensaba, el instinto que teníarnde sobrevivir y la adrenalina le inundaban el cerebro. Descubrió en la pared exterior de la casa una puerta entreabierta, y se metió ahí como una rata huyendo de un gato salvaje. Cerró la puerta sin importarle que al hacerlo se inundara en la oscuridad, y con todas sus fuerzas, apretó la manilla de la puerta hacia ella. Al instante se sintió como el hombre lobo luchaba con la puerta, se tiraba encima, la arañaba, pero para suerte de Tonks, esta parecía ser muy firme y resistia olimpicamente a los feroces intentos de la bestia por abrirla. Tonks empezó a llorar mientras los gruñidos de impaciencia del hombre lobo se hacían cada vez más fuertes al no poder sacar la presa de su escondite. La puerta se movía bruscamente debido a la fuerza del animal, y cuando Tonks creyó que esta cedería, el aullido lejano de otro hombre lobo llenó el bosque. De inmediato, los forcejeos cesaron, y Tonks escuchó como el hombre lobo se alejaba corriendo.
Dejo de sujetar la manilla, sintiendo el dolor de las manos al haber hecho tanta fuerza, y se desplomó en el suelo. Las lágrimas le salían solas de los ojos, todo su cuerpo temblaba y su respiración hacia que el pecho le subiera y le bajara con brusquedad. Remus… ¿Remus acababa de atacarla? Pero… No, no era Remus, era un hombre lobo. No estaba en su juicio. Remus se lo había advertido tantas veces…
Con el susto aún en el corazón se acurrucó como pudo en un especie de colchón en el que había caído. Ahí se quedo, sin siquiera mirar en donde se había metido, solo sumergida en la oscuridad, mientras sus pensamientos la acosaban.
¡Hola!, sé que han pasado, no sé, ¿meses? desde la última vez que actualicé aquí, y les pido perdón (si es que hay alguien leyendo). Ahora he salido del colegio y la gira de estudios ya se hizo y demás, así que estoy libre hasta nuevo aviso de mi padre cuando quiera ir a acampar a lugares que nadie conoce (cosa que ocurre todos los veranos). Pero hasta entonces, espero escribir más seguido (: Gracias a los que han firmado en los capítulos anteriores, son un amor.
Besos.