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Historia 82078 — capítulo 4

¡No me maten! ¡No me maten! A ver, han pasado, no sé, ¿seis meses desde que no actualizaba? Si, está bien, mátenme si quieren, me lo merezco, pero hey ¡aquí hay nuevo capítulo!

Si no me quieres matar, entonces gracias, espero que lo disfrutes (:

Tonks despertó. Se dio cuenta en donde estaba y las imágenes de la noche anterior hicieron remolinos por su mente ya cansada. Sintió frio y miedo al mismo tiempo; una descarga no muy placentera por las mañanas.

Cuando salió del pequeño escondite que había conseguido encontrar, la cabeza le dio vueltas y se hubiera caído si no fuera por la puerta aun abierta de la entrada. La casa fantasmagórica no se veía tan grande ni terrorífica de día; parecía más bien solitaria, sin esperanzas, sin que nadie la llenara por dentro.

Empezó a buscar a Remus por el bosque. Los arboles tenían gotas de roció aun en las verdes hojas, la neblina lo cubría todo, como fantasmas madrugadores intentando esconder cosas horribles.

Tonks, blanca como la cera y tiritando de frio quiso darse por vencida y volver al bendito museo y acurrucarse en algo blando, esperarlo ahí. Sabía que estaba bien, siempre lograba volver luego de sus andanzas nocturnas, con alguno que otro rasguño y el alma cansada, pero siempre estaba bien.

Pero justo en ese momento vio un bulto bajo un gran árbol. Envuelto en una capa yacía un moribundo Remus, aun inconsciente de todo pensamiento. Tonks corrió hacia él y con los ojos llorosos puso sus manos en las frías mejillas del hombre lobo, la cual tenía más rasguños de lo normal. Este reaccionó apenas con un movimiento y, sin abrir los ojos, llevo una mano hacia la de ella. Tonks sintió el helado contacto que este despedía y se estremeció.

─Tenemos que volver ─dijo Tonks en un susurro, mientras Remus apenas lograba abrir los ojos.

Los dos caminaban en silencio. Remus con un pie cojo, aunque no tenía idea de donde se lo había lastimado. Tonks lo ayudaba a avanzar, con la vista fija en el camino, sin emitir sonido, fría y perdida en sus pensamientos, el recuerdo de aquellos dientes de anoche aún estaban en su retina.

El pueblo parecía más vivo que nunca, con gente demasiado bien alimentada gritando ofertas de frutas y verduras, pájaros cantando sus dulces melodías, el cielo limpio y azul gracias a la tormenta del día anterior, risas, cantos, mientras dos almas perdidas pasaban en blanco y negro entre la multitud, intentando encontrar su camino a casa.

─¿Te duele? ─preguntó Tonks mientras curaba los cortes de la ceja de Remus cuando ya habían llegado a la cabaña. El fuego estaba prendido en el living, en un intento de calentar sus fríos cuerpos.

─No, no duele.

─Me pregunto que habrá pasado con tu… manada para haberte dejado en este estado ─comentó ella, pasando un algodón con alcohol, haciendo que la sangre seca desapareciera.

─Ah, manada, una linda familia me toco ayer, supongo ─Remus sonrió, pero le salió quebrada─. Me dieron tal bienvenida.

Tonks frunció el ceño mientras observaba con ojo crítico un corte en el labio.

─Que fácil es hacer bromas sobre esto ¿no?

─Si no me rio de esto, la otra opción es llorar ─dijo Remus, mirándola a los ojos.

Tonks le devolvió la mirada y vio los mismos ojos que la habían atacado. El miedo le circulo sin aviso por las venas, su expresión se crispó y el frasco con alcohol se le cayó de la manos.

─¿Estás bien? ─le pregunto Remus recogiendo el frasco por ella, mientras esta empezaba a dar vueltas por el living con las manos en los ojos, alejando aquel recuerdo.

─Estoy… perfectamente ─dijo, intentando forzar una sonrisa─. Gracias ─tomo el frasco con alcohol siendo consciente de que Remus observaba cada uno de sus movimientos─. He terminado tus curaciones, ya no estás tan magullado ─se revolvió el pelo de color café, nerviosa─. Iré al pueblo otra vez, a comprar; apenas tenemos comida y ni siquiera hemos tomado desayuno…

─Te ataque anoche ¿no es cierto?

Tonks, que iba camino hacia el dormitorio, se quedo quieta en donde estaba. Remus tenía una expresión calmada, pensativa, y no dejaba de mirarla a los ojos, la estaba analizando, lo cual hacia todo mas difícil.

─¿Qué? No, claro que no, yo…. ─agarró el abrigo del perchero y se lo puso con rapidez. Al terminar, suspiró, cansada─. Voy y vuelvo. Luego hablamos.

Y con una mirada triste, cerró la puerta, y Remus la vio correr camino abajo a través de la ventana.

Las bolsas llenas de comida pesaban en sus manos mientras caminaba de regreso a la cabaña. No quería pensar, así que se entretuvo en el pueblo todo lo que pudo, hasta que vio que el sol se estaba empezando a esconder. Alrededor de ella solo había silencio entremedio del bosque, sus pasos lentos y pesados iban al ritmo de su respiración, y sus pensamientos, bueno, no le había funcionado, iban a la velocidad de la luz entre su mente perturbada.

No quería admitir que justo el hombre que amaba la había atacado, sabia como se pondría, sabía que si lo aceptaba ese viaje no habría valido la pena, todo se iría directo a la basura.

Subió la colina con ojos melancólicos. Cuando llego a la cima vio que el sol se reflejaba en las montañas y en la laguna, era demasiado hermoso como para no detenerse a mirar. Sonrió,los labios se movieron hasta formar una sonrisa sincera, pero se detuvo cuando vio a Remus sentado en las rocas, mas allá de la cabaña, tal vez mirando el paisaje, tal vez perdido en su mente.

Dejo las bolsas en el suelo, y fue en dirección a él, de pronto tuvo la necesidad de abrazarlo, aunque sentía que todo estaba roto, y aunque sabía que tal vez no le devolvería el cariño, quería sentirlo cerca, aunque fuera por última vez.

─¿No es lindo? ─dijo ella cuando llego a la altura de Remus. Este tenía los ojos abiertos hacia el paisaje, pero como había previsto parecía totalmente sumido en algún lugar lejano.

─Muy, muy hermoso ─dijo Remus, sin mirarla ni sonreír.

Tonks se sentó a su lado situando sus brazos alrededor de su cuello, y se quedo ahí, sintiendo su calor y su olor a libro viejo, quizá demasiado sabio para ella, quizá demasiado difícil de explorar, silencioso y rodeado de recuerdos que hieren. Quizá nunca lo entendería.

Entonces Tonks pensó que si iban a estar así de fríos el uno con el otro, era mejor decir la verdad de todos modos. No podía posponer algo que seguro iba a pasar tarde o temprano.

─Remus ─empezó, cerrando los ojos─. Sí esto era lo que quería saber, entonces sí, me atacaste anoche, cuando eras un… un hombre lobo.

Hubo un silencio, y pasaron varios segundos, Tonks abrió los ojos y apretó el abrazo. La brisa helada pasaba entre ellos dos, queriendo separarlos.

─Supongo que ya sabes hacia qué lado va esto ─dijo Remus despacio, ahora mirando el suelo.

─No entiendo…

─Tu misma lo dijiste, ¿no notaste lo absurdo que suena eso? ─Remus la miró, y aunque aun hablaba calmadamente, ella pudo notar la ira que iba naciendo en sus ojos─. Estas con un hombre lobo, un maldito hombre lobo.

─¿Cuántas veces tengo que decirte que eso no me interesa en absoluto?

─¡Pude haberte matado! ─Remus se paró, una mano la pasaba por su cara, la otra permanecía en su bolsillo izquierdo─. Y eso… Eso no me lo hubiera perdonado jamás.

Remus se quedó en donde estaba, mirándola, mientras Tonks miraba sus manos, nerviosa. ¿Cuántas veces habían discutido aquello? ¿Cuántas veces había luchado para que esas conversaciones terminaran sin corazones rotos? Ya se estaba agotando.

─No me interesa que cada luna llena te transformes en algo que no eres ─dijo Tonks, intentando mantenerse firme─, porque aunque quieras o no, me he enamorado de lo que si eres, de lo que eres el resto del mes, eso eres Remus ¡no dejes que tu maldita lógica te diga lo contrario!

─¡No entiendes nada de esto! ─saltó el, esta vez sin controlarse─. ¡No sabes lo que es perder la conciencia por noches enteras sin saber que podrías estar matando al ser más importante en tu vida!

─¡Entonces déjame entenderlo! ─Tonks se paró también, al borde de las lagrimas─, ¡dime tus pensamientos! ¡No es fácil para mí adivinarlos! ¡Quiero estar contigo en los tiempos difíciles y que no tires a un lado!

─¡No es así de simple! ¡No sabes el daño que puedo hacerte si estás conmigo!

─¡Diablos! ─las lágrimas caían por las mejillas de Tonks, acribillando a Remus con su mirada de profunda frustración. Ella dio un paso, y el retrocedió ante tanta desesperación─. ¡Intenta pensar con el corazón, Remus! ¡Te amo! ¿No lo ves? ─se acercó a él, pero Remus desvió la mirada─. Te amo y quiero estar contigo aunque creas todas esas cosas malas sobre ti… Ya te acepte hace mucho tiempo, ¿no te diste cuenta?

Remus no dijo una palabra. Ningún sonido salió de su boca, y Tonks se sintió más herida por eso que por cualquier otra cosa. Respiro hondo, se limpió las lagrimas, e intento mantener la compostura.

─Claro, tú tienes que amarme también para que esto funcione. Así que ¿me amas? Porque si no es así, entonces todo esto es inútil.

Y el sol se escondió por fin, quizá para no ver la escena tan llena de tristeza y suplica que se estaba desarrollando. Los rayos amarillos se fueron y todo perdió color. El viento soplo fuerte, como diciendo algo que nadie alcanzo a oír.

Remus miró a Tonks, la mirada de profunda tristeza que ella reflejaba hicieron que su semblante cambiara repentinamente desde una expresión fría, a una de melancolía infinita. Pero no dijo nada, y desvió la mirada otra vez.

Tonks miró el suelo.

─Bien… Ya lo has dejado claro. Puedes irte.

Se dio la vuelta y corrió hacia la cabaña, agarró las bolsas llenas de comida que había dejado en la entrado y se encerró con un portazo. Las lágrimas se acumularon con velocidad, al igual que el vacio, y el corazón roto le latió con fuerza, consciente de que lo había perdido.

Allá afuera, mientras la oscuridad intentaba llenarlo todo, Remus caminó lentamente, intentando no llorar, intentando llegar a algún lugar que no le recordara a ella, intentando convencerse a sí mismo que era para mejor. Pero a quien engañaba, había perdido lo único que lo hacía feliz.