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Historia 82078 — capítulo 5

¡Bueno! ¿Cierto que ahora actualizo más seguido? Este capítulo sea quizá uno de los más largos, pero lo escribí en una sola noche. Espero que lo disfruten, ¡porque yo disfrute mucho al escribirlo! Que tengan un lindo día, y semana, y mes, y año.

Remus caminaba sin ánimos. Tampoco veía hacia donde iba, tan solo le interesaba caminar, y caminar, y seguir caminando, hasta que sus pensamientos dejaran de atormentarlo. Cada vez que daba un paso, se convencía de lo inevitable: lo que acababa de pasar era para mejor. Tonks ya no pasaba peligro, ya no tenía a una bestia a su lado, ahora podía ser libre y encontrarse a un humano joven, de su edad, sano, con quien pudiera ser feliz.

Y solo ese pensamiento hacia que la rabia y los celos burbujearan en su mente. Sabía que no iba a soportar verla con otro hombre, sabia cuanto le dolería verla feliz sin él. A cada paso que daba más se convencía que con alejarse hacia lo correcto, si, pero también se afirmaba cada vez más su amor hacia ella.

"Te amo y quiero estar contigo aunque creas todas esas cosas malas sobre ti… Ya te acepte hace mucho tiempo, ¿no te diste cuenta?"

La voz de Tonks le carcomía el cerebro. Claro que se había dado cuenta. Quiso decirle que los días que estuvo con ella fueron quizá los más hermosos de su vida, estando con alguien que no lo miraba con ojos desconfiados por ser lo que era.

Quiso decirle que la amaba también.

Las gotas de lluvia empezaron a caer sin fuerza. La gente sonriente que andaba al lado de Remus reía y hablaba mientras intentaba refugiarse de la lluvia, aunque algunos hacían todo lo contrario: algunas parejas se iban a plena calle a disfrutar de las suaves gotas, bailando y saltando. Remus nunca había visto a gente tan feliz como en ese pueblo y se sintió desgraciado. Había muchas risas a su alrededor, mucha cercanía, mucha calidez y luces provenientes de los negocios y restaurantes cercanos que ofrecían comida y un techo para refugiarse a los turistas, como un hogar mas, mucha amabilidad, mucha cortesía ¡el no pertenecía en ese lugar!

Con el pensamiento de que Tonks probablemente hubiera empezado a bailar bajo la lluvia también, Remus se metió en un callejón oscuro y olvidado por la alegría. Ahí se estaba mejor, en esa oscuridad, ahí pertenecía.

Se sentó en el suelo, mientras sus ojos se cerraban ante los espasmos de tristeza.

─Ah, feliz día ─dijo una voz en un costado.

Remus se sobresaltó y abrió los ojos con rapidez. No pudo ver nada porque todo lo nublaba la oscuridad, pero de pronto escucho una respiración dificultosa a unos pocos metros de distancia.

─¿Pe-perdón?

─¡Que es un lindo día! ─volvió a decir la voz llena de optimismo. Una voz de anciano, áspera y grave.

Remus no pudo conectar la lógica de sus palabras.

─Pero, señor, es de noche, y está lloviendo ─dijo, mirando el cielo. Las gotas le cayeron en el rostro, como haciéndole cariño.

─Oh, ¿ya es de noche? ─el hombre rió a boca suelta─. ¡Vaya! ¡Sí que me he pasado horas aquí! Y si que me había dado cuenta que estaba lloviendo, amigo mío, ¡por algo digo que es un hermoso día, o noche, ya no sé!

La risa de aquel hombre retumbó por las paredes de aquel callejón. Aunque todo parecía mucho más alegre en las calles alejadas que en ese callejón con basureros, su risa estaba llena de vida. Remus se quedó callado, sin saber que decir.

─Me gusta escuchar la lluvia, y a la gente divirtiéndose en las calles, ¡esos bastardos con suerte! ─siguió aquel hombre─. Ahora, ¿qué haces aquí en lugar de estar allá?

─La alegría no me persigue en estos momentos, como a esa gente.

─Oh, ya veo. ¿Qué ha ocurrido?

Remus no supo por qué ni como, pero de pronto no le parecía nada de extraño hablar de sus sentimientos con un extraño al cual aun no le conocía el rostro.

─Pues… ─Remus no sabía por dónde empezar─. Deje a alguien que me hace feliz.

Decirlo en voz alta hacia que todo pareciera más real y doloroso de lo que ya era.

─¿Amor? ─el viejo no espero respuesta─. El mejor sentimiento que podría existir.

─Creo que estoy a punto de volverme loco ─suspiró Remus sin prestar atención─. Ella estaba llorando y es mi culpa…

─¿La amas?

─¿Qué?

─Que si la amas, a la chica.

Hubo un silencio.

─Si.

─¿Y ella?

─¿Qué?

─¡Que si ella te ama!

─¡Si, si! Ella… ella me ama.

El viejo rió, lo que hizo que Remus frunciera el ceño.

─¡¿Entonces cual es el problema, mi amigo?!

─Usted no lo entendería, hay muchas cosas de por medio, tuve que hacerlo…

─No, no ─le interrumpió─. Las cosas son más simples de lo que parecen. Nosotros, idiotas por naturaleza, somos los que le ponemos la parte complicada.

De pronto dejó de llover, y las nubes hicieron que la luz de la luna en cuarto menguante hiciera aparición. Esta alumbro el callejón, dejando en descubierto a aquel viejo.

Era un anciano con el pelo corto y muy blanco. Sentado encima de unas cajas, usaba un bastón que sujetaba con ambas manos,  el cual movía constantemente. Sus ropas estaban gastadas, al igual que su piel que estaba inmensamente arrugada, y el bigote y barba eran demasiado largos. Pero lo que a Remus le llamó la atención, fueron sus ojos, o mejor dicho, la falta de estos. Era completamente ciego, y sin embargo, tenía una sonrisa en sus viejos labios.

─Dime una razón por la que tu no deberías recibir ni entregar amor ─dijo el viejo.

Remus salió de su ensimismamiento luego de la sorpresa de ver su estado visual, y miró el suelo.

─Soy una bestia ─respondió de un tirón─. Le podría hacer mucho daño. Lo más lógico y correcto es que yo me aleje para que sea libre de…

Remus y sus argumentos fueron interrumpidos por un zapato que le pasó rozando por la mejilla izquierda.

─¡Eh!

─¡Por Dios, hijo! ─gritó el anciano y frunció el ceño─, ¡Dejas que tu cerebro te guie! ¡Si sigues así serás infeliz por el resto de tu vida! ¡Déjate llevar! ¿Te llego el zapato que te tire?

─No -contestó un malhumorado Lupin.

─Oh, mala puntería. ¿Me lo podrías pasar, por favor?

Lupina así lo hizo, con las últimas gotas de paciencia que le quedaban, pero apenas el zapato toco la mano del viejo, este volvió a lanzarlo con una rapidez asombrosa. Esta vez le atinó a la cabeza de Lupin, quien dejó escapar un grito de dolor al mismo tiempo que se echaba hacia atrás, frotándose el lugar en donde había recibido el impacto.

─¡Ja! ─rió el viejo y golpeó sus rodillas con las manos debido al ataque de risa. Luego intentó calmarse, mientras Lupin lograba sentarse como debía otra vez─. A ver si así tu cerebro deja de decirte que hacer.

─Usted está loco.

─De remate, si.

Lupin empezó a reír ante tantas incoherencias, y luego le siguió el viejo con su característica risa.

─¿Ves? ─dijo el viejo luego de unos segundos─, no eres un monstruo.

─¿Cómo lo sabe?

─Mi querida esposa me lo dijo ─el viejo sonrió ampliamente─. Los vio a ti y a tu amada paseando por el pueblo. Ella estaba encantada, me dijo que hacía mucho tiempo que no veía amor del puro ─hizo una pausa─. Ustedes pasaron a nuestra venta de frutas frescas ayer. Mi esposa atendió a tu amada; escuche tu voz, nunca olvido las voces, por eso ahora te reconocí. Cuando ustedes se fueron, mi esposa me comentó la forma en que tú mirabas a tu amada, como si ella fuera la única persona en el mundo, quizá por eso no me recuerdas. ¡Estabas muy ocupado mirándola a ella! Y de todos modos, ¡quién iba a recordar a un viejo decrepito como yo! ─rió como si nunca antes hubiera escuchado un chiste tan bueno─. Mi esposa nunca se equivocaba y dijo que lo de ustedes era amor de verdad, y que tu parecías encantador. Ella veía cosas que los demás no pueden ver, estaba tan segura de ustedes dos. Y yo le creo, le creo, y también creo que tu no eres un monstruo.

Remus, quien escuchaba atentamente, no supo que decir cuando el anciano terminó de hablar. El viejo encendió una pipa con mucha destreza a pesar de no poseer el sentido de la vista, y disfruto del humo que inhalaba hacia sus pulmones.

─Disculpe, ¿por qué se refirió a su esposa en termino pasado?

─Oh, ella ya no está aquí, se fue al cielo, la muy suertuda ─el humo le salió por la boca haciendo deformes figuras en el aire─. Murió ayer por la noche, durante el temporal.

─Lo siento mucho, de verdad.

─Ah, las cosas se terminan, hijo, por eso hay que aprovecharlas al máximo cada día. Yo lo hice, disfrute a mi esposa todo lo que pude. Ahora la extraño, por supuesto, pero no estoy triste, porque supe cada uno de sus pensamientos, la hice reír, recorrí cada milímetro de su cuerpo, ¡oh, nadie como ella hace el amor así! ─Remus no pudo contener una risa─. La hice feliz, si, siempre me lo decía, puedo estar tranquilo, ya está descansando en un lugar mejor, oh si, y la amaba, si que la amaba, chico.

Remus se quedo mirando al viejo, que sonreía radiante. Conversar con el de pronto hacia que las cosas no fueran tan pesadas, como si le hubieran quitado unos cuantos ladrillos de los hombros. Esto hacia que empezara a abrir los ojos, empezara a abrir el corazón.

"¡Intenta pensar con el corazón, Remus!" le había gritado Tonks. Remus cerró los ojos, dándose cuenta de lo estúpido que había sido.

─Hijo, estoy segura que ella no podrá ser feliz si no está contigo ─Remus contestó con un fuerte suspiro─. Y tú, apuesto a que estas destrozado por dentro, todo lo que necesitas es amor, como dijeron unos ingleses amigos míos, tu estas falto de aquello, me parece.

─De verdad la amo ─dijo Remus en voz baja.

─¡Tienes que celebrarlo entonces! ─el viejo parecía estar radiante de alegría─. Estas enamorado, ¿Qué podría salir mal? El amor lo puede todo, lo supera todo. La soledad te envuelve y te hace creer que eres un monstruo, no dejes que te gane -el viejo fumó de su pipa otra vez─. Ah, que bella que esta la noche, ¿cierto? ¿Se pueden ver las estrellas?

Remus miró al cielo, las nubes ya no estaban.

─Si, señor ─sonrió─. Miles de ellas, como salpicadas, nos saludan.

─Ah, perfecto, perfecto.

Remus se quedo pensando acerca de todo lo que el viejo le había dicho, y de pronto la desesperación lo embargo, Tonks estaba sola en la cabaña, tenía que hacer algo. Se paró energéticamente, sintiéndose vivo.

─¿Te has parado, mi amigo?

─¡Tengo que decirle que si la amo!

El viejo empezó a aplaudir, muerto de risa.

─¡Muy bien, muy bien, mi amigo! ¡Así se hace!

─Me gustaría hacer algo por usted.

─Ah no, mi amigo, déjame aquí, estoy bien…

─Como su amigo, debo hacer algo. Devolverle el favor por hacerme entrar en razón, por favor.

El viejo iba a replicar, pero se quedo callado, y simplemente sonrió. Remus le tomó de la mano y lo ayudo a ponerse de pie. La noche de pronto parecía nueva, hermosa, pulida, los colores ya no molestaban. Remus se sentía bien, porque supo algo: el merecía amar también.