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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 13

Aquella mañana, Harry y Ron volvían a llegar tarde al desayuno, como ya era costumbre. Ginny ya no le daba tanta importancia, y ya ni siquiera comentaba nada al respecto, pero tanto Luna como Hermione sabían que las cosas entre Harry y ella seguían muy mal, y ninguno de los dos se atrevía a decirle nada al otro, así pues, nada podían hacer las dos amigas para animar a una pelirroja que, aunque guardaba silencio y aparentaba serenidad, estaba rota por dentro, tan rota como lo había estado la castaña el día en que su amor le dijo que no la amaba. Así que, empezaron a comer.

Unos minutos más tarde, llegaron los chicos, y traían la misma sonrisa pícara del día anterior.

-         Buenos días, muchachos - sonrió la simpática y dulce Lovegood.

-         Hola, preciosas - contestó Harry - ¿a qué no sabéis qué trae Ron?

Las tres negaron con la cabeza.

-         Mirad - Dijo Ron con una sonrisa de oreja a oreja tendiéndole un papel a las muchachas. Era ¿otra carta?

-         ¿Qué es esto? - preguntó tranquilamente su hermana.

-         Pues ¿qué va a ser? Una carta de amor - y se cruzó de brazos alzando la cabeza orgulloso, como si en lugar de haber recibido una carta de una admiradora le hubieran otorgado el Premio Anual al Mejor Mago - Vamos, leed - dijo algo arrogante.

Esta vez, fue la castaña quien comenzó a leer:

Queridísimo Ronald B. Weasley,

por favor, no olvides asistir hoy arnlas seis a la biblioteca tal como convenimos...

continuó Luna:

De no asistir supondré que tu corazón ya tiene dueña, aun así te prometo dar lo mejor de mí misma para que me quieras...

La pelirroja cogió la carta de las manos de la rubia y leyó el final con muchísima curiosidad.

Para que puedas reconocerme, llevaré un lazo rojo en el pelo.

Te quiere,

Tu pequeña admiradora

XXX

-         Está claro que está coladita por mí - anunció un pelirrojo con orgullo. Ahora sí podía decirse que esa carta se le había subido a la cabeza.

La castaña no pudo aguantar más; después de besarla, decirle que la amaba y que deseaba estar con ella, después de haberla luego ignorado y evitado, después de haber llegado al punto de tratarla mal y más tarde haberle roto el corazón, después de todo, ahora se dedicaba a presumir delante suya que ya había otra para sustituirla, y que sin saber cómo era su aspecto, o más importante aún; su corazón, ya se entregaba a ella y se lo refregaba a la cara como si deseara hacerla sufrir.

¿Acaso era eso lo que pretendía? ¿Hacerla sufrir?

La leona ya no pudo más, se levantó de la mesa y lo miró directamente a los ojos.

-         Ronald B. Weasley - sus ojos castaños se tornaron rojo brillante por el dolor y la rabia - ¡créeme cuando te digo que estas cartas no son más que una broma para reírse de ti! ¡Pero bien te lo mereces por hacer sufrir a la gente de esta manera y por haber demostrado no tener en cuenta a nadie; si bien sólo a ti! - Tragó saliva y se paró un momento para respirar - Así pues, ¡que te aproveche! - profirió, y ante la sorpresa de todos, recogió sus libros y su mochila y se marchó del Gran Comedor dando un portazo.

Las caras de todos estaban perplejas. Las únicas que podían comprender perfectamente a la leona eran sus dos amigas que, hora por hora y desgraciadamente, no podían hacer nada para animarla. 

                                                                                        *          *         *

La castaña se encontraba en los jardines que rodeaban el castillo; los mismos jardines a los que siempre acudía cuando estaba triste, aquellos en los que Dean y ella se habían hecho amigos por primera vez.

La castaña esperaba secretamente que el moreno la hubiera visto pelearse y la siguiera hasta allí para consolarla, en realidad, ese era uno de los motivos por los que no había ido a refugiarse a su torre, pues sabía que hasta allí no podía acceder su querido Dean.

La muchacha se abrazó las piernas con fuerza y enterró su hermoso rostro entre las rodillas, dejando correr unas cuantas lágrimas. ¿Cuándo dejaría de sufrir por amor? ¿Cuándo llegaría el chico que la amara de verdad? Que la amara por ser ella misma y no la abandonara después de haberla probado, como a un cachorro inocente del cual se deshace como si no pudiera recordar quién fue su último amo.

De repente oyó un ruido a sus espaldas. ¡Dean! Seguro que era él, que había venido a consolarla. La muchacha se giró para verlo y saludarle pero...

No fue al moreno a quien encontró tras de sí. Un platinado alto y apuesto se encontraba recostado en una columna de piedra, colocado de una forma bastante sexy y sugerente, y con una manzana roja en la mano.

La castaña se sorprendió al verlo allí y se mosqueó aun más de lo que ya estaba.

-         ¿Vienes a burlarte? - dijo volviendo a girarse para no ver al rubio.

-         La verdad es que hoy no - dijo con voz tranquila y pausada - En realidad esperaba que me dieras las gracias, aunque claro, teniendo en cuenta que eres una sangre sucia tampoco espero gran cosa de ti - dijo en un tono entre divertido y arrogante.

La leona hizo caso omiso a sus insultos y se centró en la conversación, si es que a eso se le podía llamar conversación.

-         Y ¿por qué debería yo agradecerte nada? - preguntó totalmente desconcertada - ¿Cuándo has hecho algo tú por mí?

El rubio se enderezó y empezó a acercarse lentamente a la chica.

-         Pues la otra noche, mismamente.

-         ¿La otra noche? - la Gryffindor estaba cada vez más perpleja.

-         Cuando nos castigaron, ¿es que ya no te acuerdas? - dijo con su típica sonrisa pícara.

-         ¡Ah, si! - exclamó la castaña - ¡Cómo olvidarlo! - dijo irónicamente mientras recordaba como los habían castigado por culpa de una discusión que había comenzado Malfoy. Entonces se dio cuenta - ¡Tú! - exclamó - ¿Tú terminaste de ordenar los libros? - más que una pregunta, era un descubrimiento.

-         Así es - asintió el platinado - Y ahora, me debes un favor - dijo sonriendo de medio lado.

-         ¡Ja! - rió la castaña - yo no te debo nada, y más teniendo en cuenta que este lío fue por tu culpa.

-         ¿Mi culpa? - dijo poniéndose delante de la castaña, que seguía sentada en el suelo.

En ese momento se oyeron crujir unos arbustos, y pudieron ver un poco más allá a un muchacho pelirrojo paseando feliz por los alrededores. Entonces la leona recordó por qué estaba allí, y la tristeza volvió a apoderarse de ella, de manera que volvió a enterrar de nuevo el rostro entre las rodillas y se le escaparon unas cuantas lágrimas más.

El Slytherin también había visto pasar a Weasley, y había notado enseguida la reacción de la castaña al verlo. Al principio no se movió, esperando a que el pelirrojo se marchara, y luego se quedó contemplando a la muchacha. En realidad no era la primera vez que la veía así. Ya la había visto el primer día que compartieron torre, con las mejillas mojadas y algo coloradas. Ahora no podía verle el rostro, pero en su cabeza podía imaginárselo perfectamente. Y ahora ¿qué hacía? ¿Se burlaba como tantas veces lo había hecho ya? Era una gran tentación, y una buena oportunidad. Pero, al igual como todas las veces anteriores desde que habían empezado el curso, no pudo. Algo había cambiado en su interior y ahora era incapaz de dañarla, al menos cuando ella estaba en una situación tan delicada de la que parecía no recuperarse.

Finalmente se puso en cuclillas frente a ella y la llamó.

-         Granger - dijo con voz suave, mucho más dulce de lo que era habitual en él, incluso se sorprendió a sí mismo. Pero la muchacha no se movió.

El platinado le cogió la barbilla con delicadeza para obligarla a mirarlo. Entonces la muchacha enfocó sus enormes ojos hacia él. Cuando lo hizo, el joven se quedó sin respiración. Tenía la cara empapada y algo enrojecida, tal como se la había imaginado, pero los ojos, esos ojos grandes y tiernos lo habían descolocado. Ahora estaban brillantes por las lágrimas y, aunque algo enrojecidos, eran dulces y preciosos, y reflejaban su angustia y su dolor. El muchacho podía ver perfectamente el corazón de la castaña a través de ellos. Podía ver toda su alma, ahora frágil y delicada como las alas de una mariposa.

Por su parte, la castaña también se había quedado sin respiración. Nunca se hubiera imaginado a Malfoy agarrándola de la barbilla y mirándola a la cara de esa manera. Sus ojos grises ya no eran fríos como glaciales, ni tampoco hostiles, tan solo eran ojos curiosos, ojos que querían ver a través de los suyos y descubrir qué se escondía tras ellos.

-         ¿Qué? - preguntó la castaña al fin, rompiendo el mágico silencio.

Malfoy la soltó y se levantó, algo turbado por su propio comportamiento hacia la Gryffindor.

-         No deberías preocuparte por el pobretón - dijo refiriéndose al pelirrojo - ¿No ves que no pegáis nada? Ya lo has visto, vive en las nubes.

-         Ya, pero yo... - la castaña seguía angustiada.

-         Mira, Granger, olvídate de él y búscate a un hombre de verdad, y ya está, deja de llorar como si fueras una niña pequeña - dijo cruzándose de brazos y mirando hacia otra parte, sin querer mirarla a la cara. Se había ruborizado un poco.

La verdad es que la castaña también. Nunca podría haberse imaginado que Malfoy, Draco Malfoy, pudiera llegar a ser tan ¿humano?

Lo miró dudosa, sin comprender la situación.

-         ¿Un hombre de verdad? - repitió las palabras del rubio.

-         Sí, eso he dicho - dijo mirándola por última vez antes de marcharse - ¡Ah, por cierto! - dijo lanzándole la manzana roja que había traído en un principio - ¡Cómetela! No has desayunado - y sinrndar opción a réplica, se marchó hacia el castillo.

¿Cómo sabía él que no había desayunado? ¿Acaso se había estado fijando en ella? ¿Pero a qué venía ese cambio tan repentino?, y a todo esto ¿dónde estaría Dean? La verdad es que todos esos detalles daban vueltas en su cabeza intrigándola cada vez más.

                                                                           *          *         *

Esa misma tarde, después de haber hecho todos los deberes, decidió ir un rato a la biblioteca a leer un poco y poder tranquilizarse.

Entró en la estancia evitando mirar a la anciana bibliotecaria que recientemente los había castigado, fue a coger algún libro interesante que aún no se hubiera leído y fue a sentarse a su mesa habitual, la que más le gustaba.

Cuando estaba a un solo pasillo de llegar, oyó algo que la dejó de piedra, como si fuera una estatua. Las voces de Ron y una chica se podían escuchar muy de cerca.

La castaña asomó con cuidado la cabeza para ver qué pasaba. ¡Claro! Eran las seis y cinco de la tarde. ¡La cita de Ron!

Con mucha cautela para no ser descubierta se acercó al pasillo en donde había oído la voz de Ron. No podía verlos, pues en cuanto sacara la cabeza se vería descubierta, así que se tuvo que conformar con escuchar, aunque supiera que estaba mal, pero después de cómo la había tratado, sentía que el pelirrojo se lo debía.

Agudizó un poco más el oído hasta poder entender.

-          ...entonces tú - se oyó la voz chillona de una muchacha.

-         Si, ehem - carraspeó el muchacho, sin saber muy bien qué decir - yo, no me esperaba esto.

-         Si, mmm...la verdad, yo tampoco.

Hubo un instante de silencio. ¿Que no se esperaban el qué? ¿Qué ambos hubieran venido? Si, probablemente sería eso.

Ron iba a decir algo, pero la chica se lo impidió.

-         ¡Shhh! No digas nada - y sin darle tiempo a reaccionar lo besó, y él le correspondió gustoso al beso.

Finalmente la castaña no pudo aguantar más y echó un pequeño vistazo a la pareja y ¡Se estaban besando! "Crash"- hubiera podido oír alguien que hubiera estado suficientemente cerca de la castaña, pues su corazón se acababa de hacer trizas de nuevo.

Entonces se separaron un instante y pudo ver el rostro de la chica, era ¡Lavender Brown!

Los ojos de la leona se llenaron nuevamente de lágrimas y su débil y frágil corazoncito comenzó a tiritar. Iba a seguir sufriendo más y mucho más. No se acababa nunca. Era como una pesadilla. ¿Qué tenía que hacer para dejar de sufrir? ¿Para encontrar el amor por fin?

Los observó un instante más. ¿Cómo podía haberla cambiado por su ex-novia? La novia de la que siempre se quejaba y decía que, en el fondo, no la quería. ¿Cómo podía hacer esto ahora? ¿Simplemente, cómo podía?

Cuando vio que volvían a besarse desesperada y salvajemente decidió abandonar la estancia. Ni siquiera se molestó en devolver el libro, simplemente se marchó para perderse en los pasillos y encerrarse en la torre enredada en la pesadilla que la perseguía desde principio de curso.

                                                                             *          *         *

No habría pasado más de media hora cuando la muchacha recibió una noticia aún más alarmante y dolorosa que la del nuevo noviazgo de Ron y Lavender.

La punta de la varita de la leona se tornó azul y empezó a proyectar luz intermitentemente, producto de un hechizo de llamada que las tres amigas habían colocado en sus varitas para poder avisarse en cualquier momento si alguna vez había una emergencia, ya que Luna y Ginny no acababan de entender muy bien cómo funcionaban esos aparatos muggles llamados móviles.

Cada una tenía un color diferente, y cuando se enviaban un mensaje, la que lo recibía veía NO su propio color, sino el color de la varita que le hubiera enviado el mensaje.

De esta manera, el color de Ginny era el verde, el de Hermione el rojo y el de Luna el azul.

Así pues, con la luz azul parpadeando, la castaña se dispuso a escuchar el mensaje que su amiga le había enviado. Con un giro de muñeca, salió más luz de la varita y empezaron a oírse palabras.

-        Hermione, ¡Ven rápido, por favor! Ha ocurrido algo terrible - anunciaba la voz de Luna realmente alarmada - Todo era cierto, todo lo que vimos - pero ¿de qué estaba hablando? ¿A qué se refería con eso de "lo que vimos"? -¡Ven deprisa a la torre de Gryffindor! ¡Ginny ha cortado con Harry!...


Muchas gracias por leer mi capi. Y gracias también a los estimulantes comentarios que me dejáis. Me hacen muy feliz :D 

Sé que estáis deseando ya un beso, que es eso lo que más deseáis que ocurra en el fic. Pues está bien, así sucederá. Sólo os pido que no os perdáis el siguiente capi, porque el amor, llegará.

Pero antes de despedirme, debo avisaros de una cosa. Esta semana que viene tengo 5 exámenes muy duros, así que es probable que no pueda escribir nada, por tanto y lamentándolo mucho, el capi no será la semana que viene, sino la otra. Lo lamento mucho, pero tendréis que perdonarme.

PD= Espero que os haya gustado el capi; besos :D