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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 14
Para cuando Hermione llegó ante la puerta cerrada de la habitación de Ginny, Harry ya se encontraba allí. Ambos se miraron un instante, como si buscaran la respuesta a una pregunta aún sin formular en los ojos del otro.
-Hermione, ¿pero qué… - empezó a preguntar el pelinegro, pero Hermione le interrumpió.
-No lo sé, Harry, por eso he venido - la castaña lo escudriñó con la mirada. El ojiverde pareció darse cuenta de la mirada cautelosa y desconfiada que le dirigía su amiga. Abrió levemente los labios como si fuera a decir algo, pero no salió sonido alguno por su boca.
Ambos sabían que últimamente Ginny estaba muy sensible y cualquier cosa la preocupaba, pero ¿qué era lo que le había llevado a su amiga a actuar de esta manera?
Harry golpeó una vez más la puerta de la habitación de la pelirroja.
-¡Ginny, por favor!
No hubo respuesta.
-Finalmente lo ha descubierto, ¿no? - la castaña lo miró con decepción.
-¡¿Que ha descubierto el qué?! - se alteró Harry - ¡No sé de qué hablas! ¡No sé por qué Luna me ha mirado de esa manera! ¡Y desde luego no sé por qué Ginny me ha dejado! ¿Quiere alguien explicármelo?
El rostro de Harry se enrojeció bastante. Hermione nunca lo había visto tan alterado. Las palabras de su amigo parecían sinceras, muy sinceras, pero tanto Luna como ella misma lo habían visto con Annie Lavrad. Su amigo había intentado ocultarlo, pero las mentiras no son algo que se pueda esconder eternamente, y Ginny, finalmente, los había descubierto.
La muchacha miró una última vez a su amigo antes de entrar en la habitación.
-Harry, tú quédate aquí, ¿de acuerdo?
-¡Pero yo necesito hablar con ella!
La mirada de la Gryffindor fue severa, así que al pelinegro no le quedó más remedio que aceptar.
-¿Ginny? - la joven llamó a la puerta con suavidad
- Soy yo, Hermione. ¿Puedo pasar?
Se oyeron unos pasos. De repente, la puerta fue abierta y Hermione entró. La puerta se cerró de nuevo.
* * *
Ginny se encontraba tendida en la cama boca abajo. Sus brazos abrazaban fuertemente un cojín morado y se podían entrever unas lágrimas en sus mejillas. Ni siquiera miró a su amiga cuando entró en la habitación.
-Lleva así ya un rato - comentó Luna mientras se sentaba en una silla - Me llamó hará unos veinte minutos. No ha parado de llorar desde entonces.
La castaña miró tiernamente a su amiga.
-¿Qué ha pasado? - le preguntó cariñosamente mientras le acariciaba el cabello.
La pelirroja la miró un instante.
-Ha… Harry… - consiguió expulsar - yo…no…aaaaahhhh
- y continuó llorando de forma lastimera.
-Pero Ginny… - empezó la castaña, pero Luna la interrumpió.
-No te dirá nada más. Habrá que esperar a que pare de llorar para poder enterarnos de algo. De momento, sólo ha dicho que odia a Harry y que no quiero volver a verlo nunca más.
La cara de la Gryffindor se ensombreció. Harry, su mejor amigo Harry. ¿Cómo podía haber tratado así a Ginny? ¿Cómo podía haberla engañado de esa manera? La castaña se puso una mano en el corazón. Ginny y Luna estarían dolidas, pero ella mucho más. Acababa de perder a su mejor amigo y el mejor chico que hasta ahora había conocido.
* * *
Entre tanto, el pelinegro seguía esperando al otro lado de la puerta. ¿Por qué su novia se había puesto así? ¿Qué le había pasado?
Recordaba que esa tarde había ido a "Las Tres Escobas". Había quedado allí con Annie Lavrad. Tenían algo que celebrar. Se sentaron en una de las mesas del fondo para que nadie los viera brindar. La gente les hubiera preguntado el por qué y ellos no querían preguntas.
Estuvieron charlando cosa de media hora más o menos. El muchacho sacó un trozo de papel con un poema muy romántico, parecido al que le leyó Annie una tarde en la biblioteca. Luego se rieron, en especial él. ¡Qué cursi sonaba aquel poema! Y sin embargo, qué efectivo había sido. Continuó leyendo y riendo. Pero no le dio tiempo a terminar, una voz conocida sonó a sus espaldas. Harry se giró. De detrás de una mesa tapada por una columna salió Ginny. La miró asombrado. La chica tenía las mejillas coloradas y algunas lágrimas corrían por sus mejillas.
-¡Harry James Potter! - profirió en tono severo - ¡No quiero volver a verte! ¡Tú y yo hemos terminado! - y sin dar más explicación se marchó corriendo de la taberna.
Harry la había seguido. La había llamado por su nombre mientras la perseguía por el camino, mientras la gente los miraba. Procuró no dar un espectáculo, pero en ese momento le preocupaba más su pequeña novia.
No llegó a alcanzarla, pues, no sabe cómo, ella consiguió una escoba y se alejó de allí precipitadamente, dejándolo confuso y tristemente dolido.
* * *
Hermione y Luna estaban sentadas a la cama de Ginny. Después de haberse llorado profundamente, era hora de hablar con sus amigas. De contarles lo que había visto. Se sentó en la cama abrazándose las rodillas y se secó las últimas lágrimas que habían resbalado por su pecoso rostro. Con tristeza levantó la mirada hacia sus dos mejores amigas. Ambas la contemplaban expectantes.
-Como sabéis, estos días he estado pensando que Harry tenía otra novia por todas esas veces que faltaba a nuestras citas y bueno, eso ya lo sabéis.
-Sí - asintieron las dos muchachas - pero tú continúa.
-Vale - dijo simplemente y prosiguió su relato - hace un tiempo descubrí que pasaba bastante tiempo con Annie y pensé que tal vez me engañara con ella, pero no había pruebas; no los había visto más que una vez juntos y no habían hecho nada que me pudiera dar lugar a malpensaciones, pero sí me di cuenta que parecían llevarse muy bien: hablando en cuchicheos, risitas tontas,…etc.
En fin, que me puse algo celosa.
-Lo entendemos - le dijo Luna con una pequeña sonrisa para darle ánimos.
-El caso es que esta tarde ya no podía más. Me dijisteis que fuera a hablar con Harry, que se lo preguntara directamente a él. Ese fue vuestro consejo, ¿no?
Hermione asintió con vehemencia.
-Bien, pues eso era o que iba a hacer, sí, necesitaba saberlo. Yo nunca he desconfiado de Harry, siempre he creído en él, por eso me era tan difícil preguntárselo, porque ¿y si yo era la equivocada? entonces ¿qué hacía? He tardado muchos días en atreverme pero al fin iba ir hoy a preguntárselo, pero él no estaba en su habitación. Lo estuve buscando pero nada. Entonces me encontré con Jessica y me dijo…
-¿Jessica? - la interrumpió la castaña - ¿Aquella chica tan alta que duerme en el mismo cuarto que Annie?
-Exactamente. Y me dijo que Harry estaba en "Las Tres Escobas".
-¿Y cómo lo sabía ella? - preguntó Luna algo inquieta.
-Eso no lo sé - continuó Ginny - pero bueno, da igual. El caso es que fui a hasta allí y entré en el local. Al principio no lo vi, porque estaba en la mesa del fondo del todo, la de detrás de la columna. Me acerqué a él, pero entonces la vi.
-¿A Annie? - preguntaron las dos a la vez.
La pelirroja asintió con tristeza.
-Estaban riendo. Quise saber de qué. En cualquier otra ocasión no lo hubiera hecho. Yo jamás haría algo así, pero al ser ella precisamente la chica de la que sospechaba no pude evitarlo. Me puse detrás de la columna y les escuché.
-Pero Ginny, eso no está bien - replicó Luna - Ya te dijimos que no era buena idea espiarlo, sino preguntárselo directamente.
-Sí, sí, lo sé - la pequeña pelirroja se abrazó a Hermione - ¡Oh, Herms! ¡¿qué he hecho?!
La castaña le devolvió el abrazo con ternura y le acarició el pelo.
-No pasa nada. Todos cometemos errores - y le sonrió de forma dulce para animarla a proseguir.
La Weasley se enjugó una lágrima.
-Oí como brindaban. Estaban muy contentos. Me pareció algo extraño, pero entonces él se sacó un trozo de pergamino y comenzó a leer. Era un poema - las miró severamente - Un poema de amor. Entonces lo comprendí todo. ¡Todo! - comenzó de nuevo a llorar - en realidad nunca me quiso. Se ha estado riendo de mí. Ha quedado con las dos a la vez. Pero seguro que Annie sí lo sabía. Seguro que se han reído los dos de mí. Si hubiera sabido antes lo del poema…¡Soy tan estúpida!
Las otras dos Gryffindor se miraron un instante con complicidad.
-Lo sentimos Ginny - empezó la castaña.
-Lo sentimos mucho. Por favor, perdónanos - coreó la rubia.
La Weasley levantó la mirada.
-¿Por qué tengo que perdonaros? No es culpa vuestra.
-La verdad - respondió la castaña algo nerviosa - nosotros ya sabíamos lo del poema.
Ginny se paró en seco y la miró de hito en hito.
-¡¿Qué?! - exclamó sin comprender - ¿Cómo es eso posible?
-Veras, nosotras…
-Nosotras queríamos ayudarte y seguimos un día a Harry hasta la biblioteca. Y los vimos juntos, y leyeron un poema de esos.
-No te lo dijimos porque no queríamos hacerte daño. No sabíamos cómo te lo ibas a tomar.
-Exacto, pero de haber sabido lo que iba a pasar te lo hubiéramos contado antes para que hubieras podido pensar con claridad antes de….bueno, antes de esto.
La expresión de Ginny estaba sombría. La confesión de sus amigas en un momento tan delicado como ese la había cogido totalmente por sorpresa, sin embargo sus sentimientos no habían cambiado.
-No estoy enfadada - dijo al fin - Comprendo por qué no me lo contasteis, pero eso ahora da igual. No cambia nada. Harry me ha traicionado, así que tarde o temprano iba a ocurrir. Supongo que el destino lo ha querido así - miró por la ventana melancólicamente y volvió a abrazarse las rodillas.
-Ginny, es mejor que nos vayamos para que puedas pensar en todo lo que ha pasado.
La pelirroja asintió desganada y las dos muchachas salieron de la habitación.
Una vez estuvo sola en la habitación, miró a través de la ventana. El cielo estaba oscureciendo y las estrellas comenzaban a salir.
- y lo peor... - se dijo a sí misma - ...es que aún le quiero... - y suspiró.
* * *
El pelinegro se encontraba sentado en el suelo, recostado contra la pared de enfrente. Llevaba tanto rato esperando que se había dormido. La verdad es que le dolía bastante la cabeza. No había parado de pensar en Ginny, en su pelirroja. En esa sonrisa preciosa que le dedicaba todas las mañanas. En esas sutiles pecas tan graciosas que le adornaban el rostro. En sus bonitos ojos azul cielo grandes como dos lunas resplandecientes en mitad de la noche. En sus curvas perfectas y en la elegancia con la que caminaba siempre. Y sobretodo, pensaba en su carácter fuerte y maduro y en su valor. Siempre la había admirado por eso. Él mismo era muy valiente, sobretodo después de haberse tenido que enfrentar tantas veces al temible Señor Oscuro, pero ella en valentía tampoco se quedaba atrás. Era preciosa y fuerte de espíritu, aunque él también sabía que la chica era delicada como una flor, como una rosa. Sí, decir que la chica se asemejaba a una rosa era una comparación bastante acertada; su belleza, su aroma delicioso, su elegancia, su serenidad. Y aunque tenía espinas y podía ser hiriente, era sensible, no dejaba de ser una flor sensible, y precisamente, eso era lo que la hacía frágil. Y él la había hecho daño en esa fragilidad.
Lo sentía mucho. Todavía no sabía ni cómo le había hecho tanto daño, pero quería arreglarlo, quería compensárselo, de la manera que fuera. Y ya llevaba mucho tiempo sentado en ese pasillo húmedo y sombrío, pero no le importaba. Esperaría. Esperaría si así lo quería ella. ¿Quería que él sufriera? Tal vez, pero al chico le daba igual. Esperaría lo que ella le hiciera esperar. Todo era por ella. Por Ginny. Por su Ginny…
Hola, queridos fans de Potterfics y de los Dramiones. Siento mucho haber tardado tanto en volver a escribir. Primero estuve en época de exámenes, después tuve problemas con el ordenador, en fin, que no he podido escribir nada.
Espero que os siga gustando mi fic tanto como antes y perdonad que este capi sea tan corto. Ya estoy escribiendo el próximo y creo que os va a sorprender. Sobretodo porque he decidido darle un giro a la trama.
Gracias por seguir leyendo mi fic. Os estoy muy agradecida.
Muchas gracias…
Por cierto, quería comentaros que, a pesar de que lo intento, nunca tengo tiempo para escribir, así que os lo diré sin rodeos: no puedo continuar escribiendo hasta que acabe mi cusrso escolar, y eso sera a mediados de junio. Así que, hasta entonces no actualizaré nada, pero en cuanto acabe el curso, empezaré a escribir tanto como pueda. os lo prometo.
Gracias por seguir teniéndome en favoritos :)
Rin J