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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 15
Hola a todas y todos de nuevo! Me alegra haber vuelto para seguir escribiendo este fic. Al final he conseguido sacar tiempo para escribir un poco. Espero que no os enfadéis mucho por haberos hecho esperar tanto.Disfrutad el capi y, como siempre, comentad! :)
Hermione estaba sentada a la mesa de su escritorio. Los deberes de Hechicería le parecían hoy bastante aburridos y no era capaz de concentrarse en ninguna de las letras. Llevaba así largo rato, mirando fijamente el pergamino sin darse cuenta de que en realidad no lo estaba leyendo. Su mente estaba lejos de allí, en la habitación en la que había estado ayer mismo, en donde descansaba una leona pelirroja que se había enterado de un desamor.
Si se paraba a pensarlo, la verdad es que era muy curioso. En realidad las dos acababan de pasar por lo mismo. Ginny y Harry, Hermione y Ron… ¿qué diferencia había? Bueno sí, una diferencia bastante importante; Harry y Ginny se amaban con locura, en cambio, Ron y ella….no.
La muchacha siguió contemplando el pergamino sin ser consciente de la velocidad con la que transcurría el tiempo a su alrededor. De repente, ya era de noche.
-¡Las diez y cuarto! - exclamó la chica sobresaltada, observando su reloj de pulsera - ¡Me he perdido la cena!
La leona suspiró un instante. Bueno, ¡qué se le iba a hacer! Ya comería algo mañana en el desayuno. Ahora no le quedaba más remedio que acabar de una vez los deberes e irse a dormir.
La puerta de la torre se abrió tan solo un rato después, a las diez y media…
-¿Aún haciendo deberes? - preguntó Draco sin pararse mucho.
-Sí - Hermione procuró poner tono de indiferencia.
El platinado dejó sus libros sobre la mesa y observó el pergamino casi en blanco.
-¿Acaso no tienes vida propia?
Las palabras fueron dardos hirientes, como siempre, pero la castaña seguía impasible; estaba aprendiendo a dominar la situación; a estar por encima de él.
-¿Qué quieres decir? - continuó con su inmutable tono de indiferencia.
El chico se paró un instante en seco y se volteó nuevamente para mirarla.
-Quiero decir que no haces nada divertido. Que eres una aburrida que sólo vive para hacer los deberes y darle clases particulares a los zopencos de tus amigos.
Los ojos de Hermione se tornaron fríos, sin vida; sabía que el Slytherin tenía razón.
-¿Y qué si fuera así? - le sostuvo la mirada, desafiante - ¿Acaso te importa?
Malfoy sonrió ligeramente. Este era un tipo de discusión nueva; aún no habían llegado a los insultos y la chica no reaccionaba de la forma habitual a sus desagradables comentarios.
-A mí no - respondió sin darle importancia - pero a ti seguro que sí.
La leona le sacó la lengua. No iba a entrar en su juego, solo lo justo y necesario para demostrar lo fuerte que era. Se estaba volviendo una luchadora, un espíritu indomable.
El muchacho volvió a sonreír.
-Reconócelo Granger - empezó - Seguro que lo has pensado más de una vez. Que se aprovechan de ti, de tu…inteligencia - recalcó la palabra - Y tú se lo permites a todo el mundo. Pierdes parte de tu tiempo libre en ayudar a gente que podría esforzarse por ella misma pero claro, es mucho más sencillo que venga la empollona de Gryffindor y me haga los deberes.
Hermione permanecía callada. Quería contestarle pero había un problema; de momento, todo era verdad.
-¿Y qué sugieres?
-Entonces, reconoces que es verdad - inquirió el rubio, pero la leona no contestó - Pues deberías aprender a decir lo que piensas y no decir siempre que sí. Apuesto a que no sabes decir que no.
-Claro que sé. Todo el mundo sabe decir que no - se cruzó de brazos algo ofendida.
-Bien, digamos que Harry te pide ayuda para un examen… - empezó.
-Lo ayudaría
- afirmó la leona rotundamente.
-No había terminado - la fulminó el muchacho - decía, que Harry te pide ayuda, pero tu mañana ya tienes dos exámenes muy complicados y necesitas estudiar.
-Pues le haría un hueco. No puedo dejar que suspenda.
-¡Mec! ¡Error! - se mofó - ahí está el problema.
Hermione se cruzó de brazos. Eso era absurdo.
-¿Es que no le ves? Has dicho que no puedes dejar que suspenda, pero es que no es de ti de quien depende si suspende o no; sólo de él.
-Sí pero, si yo no le ayudara, él…
-Sigues es las mismas. ¡Que se apañe! Es su vida y no la tuya - la miró con entusiasmo - Diviértete y deja de ser la niñera de tus amigos, y deja de ser una come libros sabelotodo.
Granger reflexionó un instante…
-Tú lo que quieres es pasarme de notas este curso.
Malfoy comenzó a reírse abiertamente. ¿De verdad Hermione estaba tan confundida?
-No necesito que tú te relajes para superarte - se mofó - siempre hemos estado en competencia y , a veces, te he superado.
Ella volvió a sacarle la lengua.
-Gracias por el consejo, pero no creo que necesite de tu "amabilidad" - hizo las comillas con los dedos. Era una mofa.
-Como quieras. Yo sólo te he dicho la verdad pero, si tú te niegas a oír,...
Cuando Hermione se quedó sola en la sala, se planteó seriamente lo que aquel creído le había dicho. ¿Era empollona? Bueno, sí. Eso era verdad, pero no le importaba en absoluto. Le preocupaba más saber si sus amigos se estaban aprovechando de ella. ¿Sería verdad? ¿Tendría Malfoy razón?
No, claro que no. Sus amigos le daban las gracias por su ayuda. A veces incluso, le hacían regalos. Pero sí tenía razón en una cosa: ella siempre les hacía un hueco, fuera como fuese y pasara lo que pasase. Siempre les decía que sí. No podía negarse. No quería defraudar a nadie. A lo mejor, sólo lo hacía por tener más amigos, por no sentirse marginada por ser la más lista, por no ser envidiada, sino querida. Lo que la leona no sabía es que, tal vez en un principio sí era marginada y envidiada, pero hacía mucho tiempo que no, que sus compañeros le estaban agradecidos por ser una de las mayores heroínas de la historia, por haberlos ayudado siempre, por ser simpática, una buena ayuda. La querían por ser una buena persona…
* * *
El reloj de cuco de la sala común marcaba las once y media de la noche. Hermione se levantó sin hacer ruido para asegurarse de que el rubio no notaba su ausencia.
Se puso unos vaqueros oscuros y una camiseta del mismo color. Se anudó bien las zapatillas y, cogiendo su varita y una cuerda, salió a hurtadillas por la ventana de su torre que daba a la parte de atrás del jardín del castillo.
* * *
El Gran Abeto era un árbol de enormes dimensiones situado en una de las zonas más oscuras y terroríficas del bosque prohibido. Cuando la castaña llegó, aún faltaban cinco minutos para la medianoche.
Cogió la varita e hizo descender una rama del abeto para recogerla y llevarla hasta su cima. De esa manera podría ver llegar a ese tal A.L.S o, en caso de engaño, a quien quiera que quisiera hacerle daño.
Se oyeron las campanadas del castillo en la distancia. Las doce…
Multitud de sonidos se oían a su alrededor. La noche estaba nerviosa, intranquila. Un búho se oía en la distancia, algunos roedores corrían a los pies del árbol buscando refugio. Pero la chica sabía que aquellos no eran las criaturas más peligrosas que rondaban los la zona. Se oyó un aullido en la distancia; no estaba sola.
Las doce y cinco…
Se estaba empezando a poner nerviosa. El misterioso hombre no aparecía. Ya empezaba a pensar que todo era una trampa y que en cualquier momento surgirían los Mortífagos de entre las sombras y acabarían con su vida.
El viento seguía susurrando. De repente, descubrió unos ojos amarillos entre el ramaje del árbol que se acercaban sigilosamente. ¡Estaba en peligro! ¿Sería una serpiente? ¿Un gato salvaje? ¿O alguna criatura sumamente peligrosa?
Los ojos llegaron ante la muchacha.
-Lumus - le ordenó a la varita en un susurro. Y entonces… - ¡Narna! - exclamó aliviada - ¿Qué haces? ¿Dónde está tu amo?
El pequeño pájaro le tendió una carta, esta vez más acorde con su tamaño corporal.
La joven rasgó el sobre y leyó la carta:
Señorita Granger,
si Narna le ha entregado esta carta es que usted ha venido sola, tal y como le pedí. Gracias. Me encuentro escondido en el saliente rocoso que está un poco más abajo que el Gran Abeto. Cuando llegue, lance una piedra sobre el lugar y yo saldré de mi escondite.
Por favor, no intente nada. Yo también llevo varita, pero no voy a usarla y, por su bien, usted tampoco.
A.L.S
Hermione plegó la carta y se la guardó en el bolsillo de los vaqueros. Está bien, de acuerdo; no usaría la varita, pero no pensaba soltarla, empezando porque sin ella, no había suficiente luz.
-Vamos, guíame - le ordenó a la lechuza. Ésta se le posó en el brazo y luego comenzó a volar con lentitud.
- * *
La piedra rebotó sobre el saliente y se perdió por detrás ladera abajo.
Al principio no sucedió nada. Los ruidos de la noche y los aullidos continuaron martilleándole los oídos, impasibles.
De repente, se oyó un crujido muy cerca de ella. Se giró con rapidez y apuntó con la varita. Una silueta oscura acababa de salir de entre las rocas. Una silueta que también apuntaba con una varita…
¿Os ha gustado el capi? Espero que sí y espero que no os hubiérais olvidado de mi fic y de mí.
Bueno, comentadme algo, por favor, así podré saber vuestra opinión y saber cómo os gustaría más que enfocase el próximo capítulo; ¿más acción? ¿más misterio? o de misterio está bien ya? ¿está bien lo de Hermione y Draco o lo estoy alargando demasiado? ¿os gusta que meta historietas como la de Harry y Ginny o mejor no dedicarles tantos capis?
Vosotras diréis. Yo estoy aquí para escribir n_n
Gracias y un beso a todas las que seguís este fic :)