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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 21
Hola de nuevo, ya me tenéis por aquí otra vez =DBueno, quería deciros que espero que os guste este capítulo porque me he esmerado especialmente en él. Besos. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Eran más de las nueve cuando las tres muchachas entraron al Gran Comedor y, al cruzar el umbral, parecía que se hubieran transportado a un nuevo mundo. Las paredes viejas de piedra estaban cubiertas de lazos y adornos de colores. El techo había desaparecido y en su lugar podía verse un precioso cielo nocturno de estrellas. Las mesas se habían colocado al fondo cubiertas de comida como aperitivo y al retirarse habían dejado espacio para una gran pista de baile.
Los muchachos hacía rato que esperaban en una de las mesas particulares que rodeaban la pista. Había sitio para seis.
-¿Seis?
- preguntó Luna extrañada.
-La novia de Ron - le susurró Harry disimuladamente.
Claro, eso lo explicaba todo. Al parecer, no iba a quedarse con sus amigas esa noche, sino que vendría a acoplarse a la mesa de su "Rorro".
-Estás muy guapo - dijo la Weasley sentándose al lado de Harry. La verdad es que iba realmente genial. Se había disfrazado de pirata, igual que Ron, pero a Harry le daba un aire de rebelde que le sentaba muy bien.
-No más que tú, sirenita - y le dio un beso fugaz.
Los demás también se sentaron. No tardó mucho en aparecer Lavender. Se había disfrazado de ratoncita, pero en lugar de parecer mona y encantadora, había escogido un traje muy corto y provocativo que no dejaba nada a la imaginación. Había abusado del pintalabios y la sombra de ojos, al igual que del colorete. Nada más sentarse, la mesa se llenó de un intenso olor a perfume.
-Hola, chicos - dijo con su voz chillona y estridente - Hola Rorro.
-Hola, amor - dijo dándole un beso y se hizo a un lado para que pudiera pasar.
¡Genial! Ya estaban todos - pensó la castaña con ironía.
* * *
La noche transcurrió tranquila durante varias horas. La música sonaba con fuerza y había mucha gente bailando sin parar. Los que más parecían divertirse eran los de 1r y 2º curso, que corrían y saltaban como si todo fuera un juego. Pronto descubrieron el efecto mágico de los antifaces; era difícil, por no decir casi imposible, reconocer a los asistentes a la fiesta. Se veían sus disfraces, su pelo, sus sonrisas, pero había algo que les impedía reconocerse a simple vista. Tenían que estar muy cerca para que el efecto-antifaz desapareciera y reconocer a quien tenías delante.
Les pareció distinguir a una gata negra que parecía ser Pansy que bailaba sin cesar por toda la pista. A su lado, dos matones tenían pinta de ser Crabb y Goyle, pero no podían estar seguros. También había conejitas, espadachines, bailarinas, marineros, monstruos, etc… pero los más populares eran las criaturas mitológicas: nereidas, duendes, elfos, gnomos, hadas,… pero también fantasmas, ángeles y demonios.
-¡Dling!
- se oyó como alguien hacía sonar una copa. Todos se volvieron.
-Buenas noches - exclamó el anciano director Dumbledore. Iba vestido de druida - Gracias por haber venido a la fiesta. Pero no olvidemos su propósito. La señorita Theodora McGraff se marcha mañana para su fiesta de boda y no volverá. De manera que quisiera agradecerle de parte de todo el profesorado de Hogwarts sus largos años de servicio y desearle la mejor de las suertes.
Una mujer de unos cincuenta años vestida de elfo subió al palco de los profesores. Les dio la mano a todos y se despidió con unas tiernas palabras. Luego continuó la fiesta.
-¡Qué empiece el baile! - dijo la profesora McGonagall muy emocionada. Sin duda se refería a los bailes clásicos antiguos, porque al instante empezó a sonar música de violines y todos los presentes fueron obligados a bailar por parejas.
Lo más divertido fue ver a la profesora McGonagall vestida de duquesa de la mano de un disgustado Snape disfrazado de conde. Estaba claro que no le hacía ni pizca de gracia tener que estar ahí. Pero era impresionante lo bien que bailaba.
Ginny y Harry se colocaron uno frente al otro con una mano en la espalda y la otra rozándose en alto, como los bailes antiguos (, por la mitad). Ron y Lavender se colocaron de la misma forma. Y Luna y Hermione decidieron bailar juntas, como buenas amigas.
La música era animada y era realmente divertido moverse de forma tan rara, hasta que se dieron cuenta de que en esos bailes había que cambiar de pareja.
Hermione daba vueltas del brazo de Luna hasta que los pasos la llevaron a encontrarse con otra pareja. Luna se había ideo por el otro lado.
Sin dejar de moverse, Granger vio que iba de la mano de Seamus Finnigan, vestido de duende. Él se sonrojó un poco; le gustaba bailar tan poco como a ella.
En el cambio de música se agarró del brazo de Ginny.
-Hola, ¡qué casualidad! - exclamó la pelirroja.
-Sí.
-¿Has visto a Snape? ¡Está bailando!
-Si, lo he visto. ¡Y con McGonagall! - se rieron las dos.
Cambio de nuevo: ahora le había tocado con un muchacho de 4º; tres cursos menos que ella y se sentía un poco acomplejada. Por el rabillo del ojo podía ver a Pansy bailando con Lavender e intentando clavarle un tacón en el pie. Al menos estaba siendo divertido.
Nuevo cambio: Dumbledore.
-Buenas noches, Granger - sonrió afable.
-Buenas noches, señor director - sonrió acomplejada. Desde luego, bailar con el director no estaba en sus planes de vida.
-Ha quedado bastante bien la fiesta, ¿verdad? La señora Pomfrey nos ha ayudado mucho y también Hagrid. Querían que todo estuviera perfecto - siguió comentando.
-Me alegro. Sí, la verdad es que ha quedado precioso.
Cambio. Su peor pesadilla: Goyle.
Le cogió el brazo con manos rudas y giraron tan a des son que empujaron a la pareja que bailaba al lado. Ninguno de los dos dijo nada. Se sentían incómodos y deseaban que llegara el cambio de turno de una canción eterna que nunca parecía acabar.
Finalmente, la música paró y todos regresaron a sus mesas.
-La cena…está servida - se oyó al director Dumbledore gritar desde el fondo. Y con su habitual palmada, las mesas se llenaron de exquisiteces.
Comieron un poco de todo. La conversación era más o menos agradable, teniendo en cuenta que Lavender sólo tenía ojos para Ron y parecía haberse encaprichado en darle de comer ella misma. Era bastante infantil.
-Un poquito más, Rorro. Piensa que luego vamos a bailar más.
-¡Blejj!
- le hizo Ginny a Hermione en una mueca de asco hacia los tortolitos. La castaña asintió de acuerdo y Luna se rió disimuladamente.
Lo único malo es que hasta las doce no se podrían bailar más que bailes clásicos y aun faltaba una hora para eso. Pero a partir de entonces, los de 1º, 2º, 3º y 4º se irían a la cama y se habrían acabado los bailes antiguos y complicados y empezaría a sonar pop y rock. Pero hasta entonces….
-Hola, señoritas - dijo un moreno acercándose a la mesa de los chicos - vengo a bailar con el hada más guapa del baile - dijo sonriéndole tímidamente a Hermione.
-Entonces creo que te has equivocado de mesa - dijo la castaña de broma.
-Pues yo creo que no - Dean le tendía la mano caballerosamente - ¿Bailas?
-Claro.
La leona se levantó y le dio la mano al muchacho, que llevaba un traje de hombre lobo que le quedaba muy bien y comenzaron a bailar.
-Estás genial - le dijo la chica al oído. La música estaba tan fuerte que casi no se oían.
-Gracias
- contestó el moreno - Pero no me puedo comparar contigo. Estás preciosa - y le dedicó una de sus sonrisas tiernas.
Hermione se ruborizó.
-¡Oh!
- exclamó feliz - llevas la pulsera que te regalé.
-Claro. En realidad me la puse para que me reconocieras, pero supongo que estos antifaces lo ponen un poco difícil.
-Sí
- se rió - supongo que sí.
De repente, la leona se fijó un momento en la mesa de las bebidas. Un chico de negro estaba apoyado junto a la pared y los miraba intensamente. No podía reconocerlo debido al antifaz, pero le parecía que los observaba a ellos. Eso la hizo sentirse algo incómoda.
-El lunes después de clase ¿quieres venir conmigo al bosque a dar una vuelta?
-¿El lunes? No sé. Es que tengo mucho que estudiar.
-Sólo será un rato, como el otro día. Además, así podré volver a dibujarte.
La castaña se rió nerviosa. Estaba empezando a avergonzarse.
-¿No tienes a nadie más que haga de modelo? - se rió.
-Sí, pero me gusta más que seas tú. Digamos que eres mi musa de inspiración.
-¡Anda ya! Tú no necesitas inspiración. Ya dibujas genial. ¿Dónde aprendiste?
-Me enseñó mi abuela. También dibuja, aunque lo hace mejor que yo.
-Bueno, eso lo dudo un poco. De ser así, tu abuela tiene que pintar cuadros maravillosos.
-Oh, sí. Lo son. Tiene uno que…
Pero la música se acabó en ese instante.
-Bueno, te vuelvo a sacar después, ¿vale? - y antes de que pudiera pronunciar palabra, se inclinó y le dio un beso en la mejilla. A la castaña se le encendieron las mejillas de rubor. Mientras, un chico desde la mesa de bebidas se removía disgustado. Eso no le había parecido bien.
-Vale
- dijo tímida y regresó a su mesa.
* * *
Había pasado mucho rato desde que Dean la sacó a bailar. En todo ese tiempo nadie más la había sacado y la verdad es que se sentía un poco deprimida.
Ron y Lavender estaban cerca del centro de la pista y se divertían sobremanera. Los graciosos movimientos de cadera de Brown y los traspiés que daba Weasley los hacían ver como una pareja muy compenetrada. Por otra parte, Ginny y Harry también habían bailado mucho. El ojiverde estaba ya algo cansado, así que en ese momento estaba sentado a la mesa con Luna y Hermione, pero Ginny, que parecía tener una energía inagotable, ahora estaba bailando con Gregor, un chico de su curso.
-Hermione, no pasa nada - empezó a decirle su amiga Luna - A ti al menos te han sacado una vez, a mí ninguna - dijo haciendo un pucherito - Ves, no pasa nada.
-Disculpa
- se oyó una voz a sus espaldas. Un chico alto y bien vestido se inclinó ante Lovegood - ¿querrías concederme este baile?
Luna se quedó asombrada ante la mirada de Neville, que iba vestido de elegante conde, pero se notaba que era él.
-Claro
- dijo sonriendo. Y le dio la mano.
-Luna - la llamó Harry - después te saco a bailar yo.
-Vale
- y enseñó la mayor de sus sonrisas.
Entonces la castaña se empezó a deprimir de verdad. Al menos se alegraba por su amiga. Una vez habían estado hablando y sabía que Luna sentía algo por Neville. Ojalá que él sintiera lo mismo por ella, pero eso era algo que aun quedaba por descubrir.
La leona siguió mirando a los bailarines mientras charlaba animadamente con Harry. Al menos con él se divertía un poco.
-Siento que tengas que pasar por esto - le dijo el pelinegro señalando a Ron y a su novia - Sé que te duele.
-No, no. No te preocupes. La verdad es que ya no me molesta nada - confesó la castaña con sinceridad - Ronald ya no me gusta.
-¿De verdad? - preguntó Harry asombrado - Bueno, me alegro. Esa es una buena noticia. Entonces, ¿qué te pasa?
-¿A mí? Nada. Es sólo el cansancio.
Su problema era que no podía parar de pensar en Dean ni en Malfoy. Se acordaba de lo que Ginny le había dicho y no podía estar más confundida: *"**Ay, Hermione. He pasado por eso. Sé lo que sientes. Dean te parece encantador y tu mente te dice que es él quien debería gustarte y, de hecho, te gusta y te sientes bien con él, ¿no es así?*Pero Malfoy, sin ser tierno, ni dulce, ni simpático ni nada de lo que sí tiene Dean, te atrae con mucha más fuerza, pero tu mente te grita que no deberías pensar así. ¿Quieres que te diga lo que te pasa? Te has enamorado de Draco Malfoy"
¿De verdad se abría enamorado de Malfoy? ¿O era tan sólo un capricho tonto? O tal vez ni siquiera fuera eso. Simplemente una confusión, un error tonto, algo que no era amor pero que ella confundía y creía que sí. Sinceramente, no estaba segura de nada.
Volvió a mirar hacia las bebidas, inquieta. Ya no estaba el chico que la había mirado tan intensamente. Y a todo esto, ¿dónde estaría Ángel? ¿o acaso habría sido él el de la mesa de las bebidas?
Espera, sí. El chico que la había estado observando estaba sentado a una mesa hablando con un par de chicas. Los antifaces le impedían reconocer quienes eran, pero estaba segura de que el chico era el mismo. Más que hablar, parecía estar ligando. Por su pose seductora, la cara que ponía y las expresiones de las chicas, que se morían de ganas por rodear al chico. ¿Quién conocía ella que fuera tan sexy y fanfarrón? Mmm… tendría que acercarse para comprobarlo.
-Ahora vuelvo, Harry. Voy a por algo de beber - le dijo al ojiverde esbozando una sonrisa.
La castaña dio un rodeo para no chocarse con ninguna de las parejas de la pista y se acercó a las bebidas. El chico que ligaba, al verla dirigirse hacia allá, se levantó de su mesa excusándose ante las muchachas y se le adelantó.
Cuando la leona llegó, él ya la esperaba recostado en la pared de una forma muy sexy. Se acababa de servir una copa.
-Hola Granger - saludó el rubio.
Ahora que lo tenía tan cerca, la leona podía distinguirlo perfectamente. Malfoy estaba guapísimo aquella noche. Iba disfrazado de vampiro, con un traje negro muy elegante, una camisa blanca debajo y cubierto con una capa negra larga con el cuello hacia arriba. Su piel era tan pálida como siempre y llevaba unos largos colmillos blancos que sobresalían de sus labios mentolados y lo hacían parecer peligrosamente deseable. Sus ojos grises, sin embargo, no eran tan fríos como de costumbre.
-Hola
- respondió ella algo cortada. No había sido capaz de mirarlo a la cara ni de hablar con él desde el beso. Y ahora no sabía cómo actuar.
-¿Quieres algo? - lo que el muchacho había querido decir en realidad era "¿Te sirvo algo?", pero no le había salido tan educado como pretendía.
-¿Ahora eres el barman? - dijo en tono de burla, como tantas veces le había hecho él para dejarla en ridículo.
-No, graciosa - dijo algo más molesto
- Sólo intentaba ser educado, pero ya se ve que contigo no vale la pena, sangre sucia - y se cruzó de brazos enfadado. Para él era todo un mérito hablarle bien a aquella hija de muggles. No es que no supiera ser agradable. Entre sus conquistas era famoso por lo delicado y agradable que era. Pero de sus ligues a la realidad había un gran trecho.
-Siempre tan agradable - exclamó también enfadada, porque ella no lo había insultado…todavía - ¡eres un estúpido!
-¿Es que te gusta discutir, mocosa?
-¿Mocosa? Perdona, pero soy de tu misma edad, serpiente.
-¡Eres detestable! - el chico ya se estaba empezando a impacientar.
-¿Es que siempre vamos a estar igual? Es una fiesta. ¿No puedes olvidarme ni siquiera hoy?
¿Olvidarla? Draco se paró a contemplarla. Era la primera vez en toda la noche que se fijaba en cómo iba vestida. Su traje era de hada, pero estaba tan hermosa. Había más hadas en la fiesta, pero como ella, ninguna. Llevaba un traje ajustado corto que acababa con vuelos en punta, como las hadas de cuento. El color era una explosión mezclada entre el verde oscuro, verde claro, marrón canela y marrón rojizo, como si su vestido reflejara las muchas tonalidades de las hojas en otoño. Llevaba unos zapatitos planos dorados de purpurina brillante que le hacían juego con su antifaz. El cuello lo rodeaba una discreta gargantilla de florcitas diminutas y llevaba el pelo suelto recogido con un pasador de mariposa que hacía que varios de sus tirabuzones le cayeran en cascada. Pero el detalle más importante eran las alas. Con un hechizo, Luna había conseguido que a Granger le crecieran dos alas enormes y transparentes de la espalda que relucían con todo su esplendor. Eran tan finas y delicadas que le daban un aspecto de hada de verdad y de hecho, gracias al hechizo, esa noche lo era. ¡Se veía ahora tan frágil y delicada con esas alas que movía a voluntad! No necesitaba colorete para conseguir enrojecer sus mejillas, pero sí un ligero toque de sombra de ojos que la hacía parecer mucho más guapa de lo que ya era.
Ahora, mientras discutían, se apretaba las caderas con las manos como siempre que estaba enfadada y se le marcaba la cintura, cosa que a Draco lo volvía loco. ¿Cómo podía pedirle que la olvidara? ¡No podía! Era sin duda la chica más hermosa de todo el baile, quisiera o no quisiera admitirlo. Nadie podría olvidarla.
-Está bien, ¿quieres bailar? - preguntó el chico soltando su copa. No le había incomodado hacerle la pregunta.
-¿Qué?
- la castaña no podía creérselo. ¿Malfoy le pedía bailar a ella? ¿Sin importarle que los vieran juntos? - ¿Dónde está el truco?
El platinado empezó a reírse.
-¿Tan mala impresión tienes de mí?
La castaña ladeó la cabeza en señal de duda. No sabía si decir o no la verdad.
-¿Acaso tienes miedo de que te muerda?
A Hermione le hizo gracia el chiste, ya que lo había dicho por sus colmillos de vampiro.
-Pues no te preocupes - continuó - a ti no te morderé - dijo en tono seductor.
-Está bien - acabó accediendo la castaña - Pero sólo un baile.
El Slytherin asintió.
La música era, por desgracia, algo lenta, pero enseguida se convirtió en un tango sensual, cosa que los incomodó todavía más. Habían elegido mal momento para ponerse a bailar.
-Y esto ¿a qué viene?
-¿El qué? ¿Sacarte a bailar?
-Sí - quiso saber la castaña.
El rubio la miró enigmático.
-Bueno, tengo un par de chicas esperando en mi mesa - dijo en su habitual tono egocéntrico - Estaba siendo demasiado fácil. Tenía que ponerlas un poco celosas, ¿no te parece?
-Ya, ¿y piensas que conmigo lo vas a conseguir? - preguntó incrédula.
-Yo creo que sí - dijo guiñándole un ojo.
-Vale, Malfoy, creo que has bebido un poco de más, porque estás diciendo incoherencias - intentó dejar de bailar para poder irse, pero el rubio se lo impidió colocándole una mano en la cintura y atrayéndola hacia él.
-¿Ya te vas? Pero si acabamos de empezar - dijo en tono travieso. Estaba claro que no iba a dejarla ir tan fácilmente.
Los dos bailaban el tango muy bien, de forma muy profesional. Pronto se convirtieron en el espectáculo de la pista. Todos los miraban asombrados. Eran el centro de atención. Y eso a la chica la ponía de los nervios.
-Me parece que a tu amiguito el hombre lobo no le gusta que bailes conmigo - se burló.
-Dean sólo se preocupa por mí, a diferencia de otros - dijo escrutándolo con la mirada.
-Y ¿por qué me iba a preocupar yo por ti? ¿Acaso estás enferma?
-Porque es lo que hacen las personas cuando son amigas - ya se había enfadado.
-Pero tú y yo no somos amigos, ¿o sí?
- quiso saber. Su cara reflejaba lo mucho que se estaba divirtiendo con la conversación.
-No, no lo somos - sentenció la castaña - Pero eso es por tu culpa. Siempre ha sido por tu culpa.
El rubio suspiró sin darle mucha importancia. La verdad es que era cierto.
-Bueno, pero yo no te hablo de mí. Te hablo de Thomas. Vamos, Granger, ¿es que aún no te has dado cuenta? Está coladito por ti - empezó a reírse con su voz dulce y melodiosa - Si pudieras verlo ahora. Me mira como si quisiera matarme. ¡Pobrecito!
-Pobrecito ¿por qué? - ahora la leona estaba indignada - ¿Quién te dice que él no me guste a mí también?
-¡Ja! - se burló - Dean no te gusta Hermione. Eso es mentira.
-¡¡¿Pero tú que sabrás?!! - dijo alzando un poco la voz - No quiero seguir bailando contigo - intentó soltarse, pero Malfoy seguía en las mismas y volvió a agarrarla de la cintura. La inclinó un poco hacia adelante y se inclinó sobre ella de una forma muy profesional, pero que a la chica le hizo subir el color. Luego la levantó y, tras un par de vueltas, la pegó a su cuerpo y siguieron moviéndose.
-Ya te he dicho que no te librarías de mí tan fácilmente - su tono era seductor. El mismo que usaba para sus conquistas pero, ¿sería esta otra conquista más?
-¡Está bien! - ahora Hermione también quería entrar en el juego. Quería demostrarle que ella también sabía dominar la situación.
-¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! Que te gusta Dean - insistió el Slytherin mientras le daba otra pirueta.
-Puede…
-Antes has dicho que sí - le corrigió.
-Bueno, acabo de cambiar de opinión.
-¿Respecto a qué?
-Respecto a lo que te voy a contar o no. Y he decidido que los chicos que haya en mi vida no te importan.
-Con que esas tenemos, ¿eh, Granger? No me hagas reír. Tú y yo sabemos que esto es sólo un juego. Dime la verdad y acabaremos antes.
-No sé de qué me estás hablando.
-De la verdad, Granger. Dime quién te gusta.
-¿Qué verdad? - se intentaba hacer la loca pero no podría aguantar mucho más frente a esa serpiente seductora que la tenía hipnotizada.
Malfoy se la pegó al tórax y le dijo suavemente al oído.
-Que te vuelvo loco - le susurró muy dulcemente con su aliento mentolado.
La castaña no sabía qué contestar. Quería gritarle, decirle que era mentira, que no era más que una sucia serpiente creída que iba de flor en flor, un mujeriego, un estúpido. Pero no podía. No podía porque tenía razón, porque el león se había enamorado de la serpiente.
El platinado estaba expectante. Quería una respuesta antes de que se acabara el baile y estaba a punto de acabar.
-Te equivocas - respondió al fin - el que está loco por mí eres tú, Malfoy. ¿Por qué si no me besaste aquella noche?
La serpiente se paró en seco. Aparte de no haber respondido a la pregunta lo había dejado en evidencia. Pero en cuanto vio que la gente los miraba, continuó bailando como si no pasara nada y sonrió de nuevo de forma seductora.
-¿Acaso te molestó?
-No me has respondido - le dijo de forma inteligente la castaña.
-Tú a mí tampoco - y volvió a sonreír.
Ahora ella también sonreía. Era tan elocuente como ella. Un chico que, aunque no quisiera reconocerlo, estaba a su nivel y, a veces, le ganaba en ingenio, cosa que no le pasaba con nadie, excepto con él, claro.
-¿Empate, entonces? - preguntó el muchacho.
-No - dijo la leona tomando las riendas del juego - Quiero que reconozcas que te mueres por morderme.
El chico la miró con ojos traviesos. Esa Gryffindor nunca dejaría de sorprenderle.
-Pero he prometido que no lo haría.
-¿Por qué? Si es lo que quieres… Tú siempre haces lo que te apetece sin rendirle cuentas a nadie. ¿Por qué ahora doblegarte ante lo que te pida otro?
-Por mi bien - rió - Porque si te mordiera, luego no podría parar.
Hermione estaba totalmente hipnotizada. Ginny tenía razón, su problema era que estaba loca por Draco Malfoy. Eso era terrible, pero cierto. Y no sabía si él estaba siendo sincero o si sólo era un juego, pero si no se separaban inmediatamente, él la tendría enredada en una locura para siempre, y eso sería peligroso para los dos. Tenían que soltarse o sería su perdición.
De repente, una mano le tocó el hombro al rubio y éste se giró.
-¿Sí?
- preguntó molesto. Su expresión de chico malo y sexy había cambiado y ahora estaba mucho más serio.
-¿Te importa cederme a la señorita un momento? - dijo el chico amablemente.
-Claro.
Las palabras del rubio habían sido amables y enseguida había soltado a la castaña y le había cedido su mano al joven que preguntaba por ella, pero sus ojos reflejaban su descontento y lo mucho que eso le molestaba. Miró a Hermione con su sonrisa torcida y le guiñó un ojo antes de marcharse. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Bueno, este capítulo creo que me ha salido especialmente apasionado, tal vez es un poco extraño o incluso ridículo que bailen un tango, pero no se me ocurrió nada mejor. Como habréis visto también hay más "amor", cosa que quiero recalcar que me lo pidió "fherHP" hace unos cuantos capítulos; para que veáis que yo escucho a mis fans. Y en el PRÓXIMO EPISODIO: "Capítulo 22: En manos del duque" ¿quién será el duque? ¿a qué se refiere con "en manos de"? ¿será que está atrapada? Todo eso y mucho más la semana que viene (o a lo mejor el fin de semana, depende de los exámenes finales que me queden por hacer) Como siempre, os invito a comentar y a hacerme cualquier ruego, pregunta o petición que tengáis. Besos =D