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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 7
Hola, siento mucho la tardanza, pero he tenido muchos problemas con el ordenador. Disfrutad el capítulo, es un poco corto, lo siento. Muy pronto tendré el siguiente, besos.
En cuanto Draco entró en el dormitorio, Hermione sacó de detrás de su espalda la carta de A.L.S y se dispuso a contestarle. A pesar de que lo que más la intrigaba era que el rubio hubiera faltado todo el día a clase, sabía que ahora, lo más importante era esa carta misteriosa. ¿Habría sido una broma de mal gusto o de verdad el mundo mágico e incluso el mundo muggle estaban en peligro? No tenía ni idea, pero lo iba a averiguar, costara lo que costase.
Señor A.L.S,
Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario con tal de que no haya un nuevo señor oscuro y de que la época de terror no regrese, así que, sí, acepto ayudarlo, pero sólo con una condición: tiene que contarme todo lo que sabe hasta el momento y va a tener que darme muchas explicaciones pues, como ya habrá supuesto, no puedo confiar en usted así por las buenas.
PD: espero que todo esto no sea simplemente una broma de mal gusto, porque si lo fuera... Y más le vale que tampoco sea una trampa de la orden de los Mortífagos.
Atentamente,
Hermione Granger
La muchacha metió la carta en un sobre y se lo tendió a Narna. La pequeña lechuza la agarró con el pico y se fue volando con cierta dificultad.
Hermione se sentó en el sofá. La verdad es que estaba bastante confundida. Después de todo lo que habían hecho para acabar con el señor oscuro, después de todo lo que habían sufrido y a toda la gente que habían perdido, ¿Cómo podía ser que no hubiera servido para nada? ¡Todo podía volver a empezar! Y eso no podía permitirlo. Quería contárselo a Harry, necesitaba decírselo al menos a él, después de todo, él era el elegido, pero de momento no le quedaba más remedio que esperar y aceptar las condiciones del misterioso mensajero. Pero sabía que, a pesar de haber prometido no hablarle a nadie sobre la carta, no sería capaz de guardar el secreto durante mucho tiempo.
Entretanto, Draco se paseaba por la habitación, había arrojado su mochila y sus libros al suelo y apretaba los puñosbastante enfadado. Llevaba bastante tiempo sabiendo que esto ocurriría, pero había tenido la esperanza de que después de la gran batalla todo hubiera acabado, pero no era así, todo continuaba. Eran muy pocos los que sabían ese secreto, pero Draco estaba entre ellos, y no sabía cómo actuar.
Ese día había faltado a clase, pero no sería el último. Solamente el primero de una larga y misteriosa lista de ausencias que nadie salvo un único profesor sabría el motivo.
¿Qué podía hacer él?¿Rebelarse? No, no podía. Nadie lo respaldaría. No le quedaba más remedio que callar y seguir obedeciendo. Aunque su padre estuviera ahora en Azkaban, él seguía siendo prisionero de su apellido, de su linaje, de su familia y debía pagar muy caro la influencia sobre él de su padre.
Ahora lo tenía claro, su padre le había amargado la vida, había sido el peor padre del mundo y lo odiaba con todo su ser por eso.
El rubio se sentó sobre la cama realmente furioso. No tenía ganas de nada. De repente recordó unos ojitos castaños caramelo, unos labios carnosos, unas mejillas sonrosadas y una melena rebelde y rizada. Hermione. Estaba tan perdido en sus pensamientos que ni siquiera había querido discutir con ella, con esa Griffindor peleona y rebelde que no le tenía miedo por ser un Malfoy y que consentía que él la hiciera de menos. Siempre teniendo respuestas para todo y comentarios ingeniosos con los que herir a los dardos venenosos que le lanzaba el chico.
En ese momento el rubio sonrió. ¿Por qué le venía ella a la mente en un momento como ese?
Era mediodía y todos estaban en el gran comedor. La leona llegó y se sentó al lado de sus amigas Ginny y Luna. Las chicas hablaban de un tema que parecía ser algo serio.
-Buenos días, chicas - saludó Hermione cordialmente, pero ellas no contestaron.
-¿Os encontráis bien? - insistió. Esta vez si que le respondieron.
-Perdona, Hermione, es que estábamos hablando y… no importa - Ginny estaba algo seria.
La castaña se sentó sin saber qué decir. Algo preocupaba a sus amigas y deseaba ayudarlas, pero si ellas no se prestaban a contarles el problema, no podría hacer nada.
Luna llevaba largo rato mirando el plato sin decir nada, hasta que, al final, rompió el silencio.
-Se trata de los chicos - dijo en tono distraído - al parecer guardan un secreto, y eso tiene preocupada a Ginny.
-¿Un secreto?
-Sí. Pero yo no creo que sea nada por lo que preocuparse.
Ginny alzó la mirada.
-¿Tú crees? - dijo algo molesta - Claro que es para preocuparse.
-¿Por qué? - preguntó la leona - ¿Qué tipo de secreto crees que guardan?
-Pues, la verdad… - los ojos de la joven pelirroja se llenaron de lágrimas amenazando con desbordarse de un momento a otro - … al principio pensé que era Ron, que estaba enamorado de alguien o algo por el estilo, pero me equivoqué… - las primeras lágrimas empezaron a brotarle de los ojos.
-Tranquila, Ginny - la abrazó Luna con toda su dulzura.
-…en realidad - prosiguió algo más calmada - es Harry - hizo una breve pausa - se ha estado viendo a escondidas con,…con… - ya no podía parar de llorar. Había estado intentando ocultar su dolor pero ya no podía más.
-¿Con quién? - espetó con curiosidad la cataña.
-Con Annie Lavrad. Se ven por las tardes a escondidas, creo que Harry me engaña con ella - continuó sollozando en los brazos de Luna.
La castaña no sabía qué decir. Eso que su amiga le contaba era muy grave, pero por otra parte Harry era su mejor amigo, y sabía cuánto amaba a su querida pelirroja, así que no logró comprender cómo era eso posible.
-Pero Ginny - dijo algo dudosa - ¿cómo puedes saber que te engaña? ¿Cómo te has enterado?
-Al principio Ron y él me guardaban secretos y no consentían en contármelos, y eso que siempre nos contamos las cosas. Entre Harry y yo no hay secretos, bueno, hasta ahora. Así que empecé a sospechar. Luego algunas tardes empezó a faltar a nuestras citas, y nadie sabía dónde estaba. Y ayer, ayer… - nuevas lágrimas surcaron sus mejillas, ahora tan coloradas como su cabello zanahoria.
-Ayer vio a Harry con Annie Lavrad en la biblioteca. Parecían tenerse mucha confianza y él le susurraba algo a ella al oído - concluyó tristemente Luna, que tampoco podía creerse que su mejor amigo estuviera engañando a su novia.
Hermione y Luna se miraron un momento, intentando leer sus expresiones.
-Por eso no están ahora aquí, ¿verdad?
Ginny asintió con pesar. De repente Luna sonrió.
-Ginny, yo no creo que debas preocuparte. Conoces a Harry tanto o más que nosotras, sabes lo mucho que te quiere y lo que ha luchado por ti. Y también sabes que puedes confiar en él. No deberías sentirte de esta manera. Habla con él si lo necesitas y aclara tus dudas, pero por favor no llores, no me gusta verte así - la cara de la dulce luna acababa de formar un pucherito - no llores, ¿vale? Harry te quiere, de eso estoy segura. Y ni los narggles ni nada podrán separaros.
Ginny pareció tranquilizarse un poco y Hermione también la abrazó. Ella tampoco soportaba ver a su amiga así, sólo esperaba que las cosas entre Harry y ella se arreglaran pronto.
¡Ya está, lo había decidido! Mañana mismo vigilaría a Harry de cerca y se enteraría de si su amiga tenía por qué tener sospechas. Pero lo que la leona no sabía es que no sólo se enteraría de los secretos de Harry…
Gracias por haberos leído este capítulo. Siento la tardanza y siento que sea tan corto, pero pronto os pondré el siguiente.
Espero que lo disfrutéis y que os siga pareciendo misterioso. Por favor, comentad y decidme si os gusta y si os parece misterioso, gracias.