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¿Cual es tu problema Malfoy? ¡Eres tú Granger! — capítulo 13
Hazme un favor, dime que es lo que piensas sobre mí, dime como quieres que sea esto. Sal de tu mundo y solo, sueña. Pinta un cuadro, elije los colores más sabios, especialmente los que te gustaría colocar en mi mente. Imagínate lo que sería tocar el cielo… Tú tienes mi cabeza en las nubes, tú me haces pensar en voz alta. Dime tu mayor sueño sobre mí, y lo que yo más creo, que nada está fuera de nuestro alcance. Asique sueña, sueña y sueña. Tú me estás dando la fuerza para intentarlo, ¿sabes qué? Creo que hay felicidad en nuestras vidas.
Hermione Granger
Al día siguiente, Ron y Harry vinieron a buscarme a la enfermería. Por fin me habían dado el alta, aun sentía dolor en mi cuerpo, pero no era tan grave, podría controlarlo.
Ronald, al verme de pie, se acercó y me besó. De nuevo esos besos a los que respondía como un robot, y cada vez que el me besaba yo solo pensaba en Draco.
Decidí que no podía continuar jugando a dos puntas. Yo estaba segura de que amaba a Draco, ese atractivo rubio de ojos grises, asique hoy mismo terminaría con Ron. Además, mi nuevo novio era muy celoso, y no quería que se enfadara por verme con el pelirrojo.
Los tres nos dirigimos al Gran Comedor, era la hora del desayuno.
Disfruté mucho las tostadas con huevos y el jugo de calabaza, ya que había pasado mucho tiempo inconsciente y sin comer, eso me había dejado hambrienta.
Se senté del lado opuesto de la mesa, de modo que podía echar un vistazo hacia Slytherin, y así ver como mi rubio me sonreía y no paraba de mirarme. Eso hizo que me sonrojara, al parecer Draco lo notó y comenzó a reírse.
Al terminar el desayuno, tenía un periodo libre antes de mi clase de Adivinación, asique decidí hablar con Ronald, por mucho que le fuera a doler tenía que terminar nuestra relación.
-Ron ¿puedo hablar contigo? - le pregunté, un poco temerosa.
-Sí, claro Hermione - respondió él. Lo tomé de la mano y caminamos hasta una ventana, donde nos sentamos y él me miró, esperando a que yo hablara. Busqué las palabras adecuadas y luego me dispuse a hablar.
-Ronald yo… quiero terminar nuestra relación - le dije sincera y directamente, el me miró atónito.
-¿quieres terminar? - estaba triste, sus ojos estaban llorosos, en cualquier momento soltaría una lagrima - ¿Por qué? - Tenía que contestarle con la verdad, el necesitaba saberlo.
-Yo… yo me enamoré de alguien más… - confesé un poco apenada. Le estaba causando mucho daño a mi amigo. El se quedó callado por unos minutos.
-Comprendo - dijo al fin - Supongo que no puedes decirme quien es - yo asentí - Quien quiera que sea es muy afortunado.
-Gracias Ron, pero… ¿podemos seguir siendo amigos?
-Claro Hermione, - me dijo tranquilamente - Nos vemos después - finalizó. Y se fue, caminando cabizbajo.
Me sentía una mala persona. Pero peor hubiera sido no decirle nada, no quería lastimarlo, asique era mejor decirle la verdad. Después de todo, podíamos seguir siendo amigos. Eso me ponía feliz.
Tomé mis libros y me dirigí a la clase de adivinación, pensando en que estaría haciendo Draco en ese momento, y ansiosa por contarle que ahora solo le pertenecía a él.
Draco Malfoy
El profesor de Filosofía se había tomado el día libre, ya que tenía unos asuntos que atender. Por lo tanto, tenía una hora libre.
Pensé en buscar a Hermione, pero seguramente ella si estaba en clases. Asique me dirigí a la sala común de Slytherin con mi mejor amigo Blaise.
Cuando llegamos, nos sentamos frente al fuego, listos para conversar.
-Bueno, cuéntame - me instó el, yo no sabía si decirle o no.
-Júrame que no dirás nada - le dije, el asintió, entonces yo le conté todo lo ocurrido con hermione y lo mucho que la amaba. Al finalizar la historia, el se quedó impresionado.
-Vaya, nunca te he visto así por ninguna chica - confesó impresionado - si que te tiene loco. ¿de verdad la amas?
-Más que a mi propia vida - le dije, sin dudarlo. El suspiró.
-Bueno, debo irme - me dijo, yo no sabía que traía entre manos.
-¿A dónde? - pregunté con curiosidad. El se puso un abrigo y luego me miró.
-Iré a Londres Muggle, estoy aburrido asique haré mi pasatiempo - me explicó. Yo me quedé helado, el pasatiempo de Blaise era lastimar y/o torturar muggles.
-Blaise, no estoy de acuerdo con eso - le reproché, el me miró con las cejas fruncidas.
-¿acaso Granger te convirtió en un bobo? - me preguntó, yo me enfadé.
-No, tú sabes que eso nunca me pareció correcto - me defendí - y ahora que mi padre está en azcaván, he decidido cambiar.
-Como quieras Draco, yo me voy - se despidió. Se paró frente a la chimenea con un polvo Flú, murmuró "Londres Muggle" y luego desapareció. Yo suspiré.
Al terminar todas mis clases, me dirigí a la cabaña. Cuando entré ella ya estaba allí, tan hermosa y como siempre leyendo un libro, que soltó al verme entrar.
Se acercó a mi muy contenta y me dio un pequeño beso en los labios.
-Te tengo una noticia - me informó con una sonrisa pícara, esa sonrisa que me volvía loco.
-¿Cuál? - pregunté muy intrigado.
-Terminé con Ronald - me conto. Yo la tome de la cintura y la alcé en el aire, eso quería decir que ahora ella solo me pertenecía a mí.
-Entonces hay que celebrarlo - dije muy contento.
Levanté mi varita e hice aparecer una mesa, con dos sillas, comida y bebidas deliciosas frente a nosotros.
-Sera nuestra primera cita - anuncié. La tomé de la mano y la llevé hasta su silla, Hermione se sentó y yo, como todo un caballero, la acerqué a la mesa y luego me senté frente a ella.
Comenzamos a comer. Charlábamos y reíamos por las cosas que nos contábamos. La amaba tanto, ella era perfecta, era tierna, dulce, inteligente y hermosa, todo lo que un chico buscaba. Yo tenía mucha suerte, y me arrepentía de no haberme dado cuenta antes.
Ahora éramos novios oficialmente. Hermione había terminado con Weasley, y ahora estaba comenzando conmigo.
Después de eso, Hermione y Draco no desperdiciaban su tiempo juntos. Les quedaba solo una semana más en la cabaña, asique lo aprovechaban al máximo.
Cuando estaban en periodos libres, se juntaban en la torre de Astronomía, el lugar favorito del rubio, para pasar el tiempo juntos. Cuando cenaban en el gran comedor, no se quitaban los ojos de encima. Y a la noche, dormían los dos juntos y abrasados en la cama.