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¿Cual es tu problema Malfoy? ¡Eres tú Granger! — capítulo 15
JPonte tu vestido más fresco, y tu más caluroso par de zapatos. Entra en mi coche, enciende la radio en un volumen muy alto, dije alto. Nada nos va a detener ahora, déjame que te lleve. ¿Estás lista? Déjame que te lleve.
Draco Malfoy
Hermione estaba muy triste, toda la semana se la había pasado llorando. Yo no podía ayudarla mucho, ya que ahora cada uno vivía en su torre. Pero se notaba que se había descuidado, estaba pálida, en los almuerzos no comía nada, no prestaba atención en clases, y sus ojos estaban rojos e hinchados de lo mucho que lloraba.
Me partía el alma verla así, sobre todo porque yo sabía quién era el culpable y se lo estaba ocultando. Sentía ganas de hablar, de estar junto a ella, pero estaba muy deprimida y casi nunca salía de la torre Gryffindor, y las pocas veces que lo hacía iba acompañada de sus odiosos amigos.
Por mi parte, yo rogaba que su padre se recuperara. No había tenido oportunidad de conocerlo, pero tal vez en un futuro deseara hacerlo y presentarme formalmente como el novio de su hija. Eso ocurría en mis sueños más locos.
Decidí que no podía ver más a Hermione en ese estado. Asique, durante la noche del sábado, le mande una carta a su habitación, donde le pedía que me buscara en la torre de astronomía, nuestro sitio favorito.
Estaba sentado pensando y contemplando las estrellas, era una noche verdaderamente hermosa. Cuando sentí el ruido de la puerta. Ella estaba allí, entrando.
Cuando me vio se acercó rápidamente a mí y me abrazó fuertemente. Yo la tomé de la cintura, no quería soltarla. De repente, escuché como ella comenzó a sollozar. Necesitaba distraerla, y tenía el plan perfecto.
-Hermione, tengo una propuesta que hacerte - le dije, rompiendo el silencio. Ella se separó de mí y me miro. Sus ojos café eran hermosos.
-¿Qué propuesta? - me preguntó con curiosidad, su voz sonaba triste, no era la misma Hermione.
-Quiero que mañana vengas conmigo a mi mansión, para que conozcas a mi familia.
-¿a tu familia? Pero… soy una impura ¿Qué tal si no me aceptan? - exclamó ella, preocupada. Al menos se había olvidado de su padre por un momento.
-Mi padre está en Azkaban - le informé - y a mi madre no le interesa todo ese rollo de la sangre. Además, conocerás a mi abuela, es muy cariñosa. - ella no parecía muy convencida - por favor, di que si - le puse carita de perrito triste. Ella no se resistía a mis pucheros.
-Mmm…está bien - aceptó, yo la tomé de la cintura y la besé, un beso tierno, pero a la vez apasionado. - ¿Cuándo? - preguntó cuando terminamos de besarnos.
-Mañana al amanecer, es domingo asique no habrá problemas.
-¿A dónde nos vemos para partir? - preguntó ella, siempre pendiente de cada detalle. Amaba eso.
-En la cabaña, mi coche nos esperará allí - le dije, ella asintió - ahora ve a dormir. Te quiero - me despedí con un beso, y luego ambos partimos a nuestras torres.
A la mañana siguiente, los dos nos encontramos en un pasillo y nos dirigimos tomados de la mano hasta nuestro punto de salida.
Uno de los autos voladores de mi familia nos estaba esperando. Ayudé a Hermione a subir, ignorando las miradas que el chofer nos lanzaba.
Ya les había notificado a mi madre y a mi abuela que iría a la mansión. Ellas estaban felices de conocer a mi nueva novia, pero claro que no sabían que era Hermione. Me aliviaba un poco saber que a mi madre no le interesaba nada del rollo de la sangre, y mi abuela solo quería herederos que continuaran con el apellido Malfoy.
-Draco… estoy nerviosa - confesó hermione, mirando por la ventanilla y frotándose las rodillas.
-No te preocupes, nos irá estupendo - la tranquilicé, luego le di un beso en la frente.
-¿estás más aliviado ahora que tu padre está en Azkaban? - me preguntó con curiosidad, yo me sorprendí.
-Si… al menos ya no tengo que ser su imagen y hacer todo lo que él me pide - respondí con sinceridad - el siempre quiso que yo tuviera su mismo trabajo, pero ahora puedo tomar mis propias decisiones.
-Me alegro por ti - me dijo ella, depositando un tierno beso en mis labios.
-Ya llegamos
- anuncié, señalando mi casa a través de la ventanilla.Mi novia suspiró.Al aterrizar, bajamos el coche y nos quedamos parados frente a la puerta. - ¿estás lista? - le pregunté tomando su mano.
-Si… - murmuró, no muy convencida.
Las puertas se abrieron y juntos entramos en mi mansión. Pude observar que mi casa no le traía tan buenos recuerdos, ya que aquí había sido maltratada por mi difunta tía Bellatrix.
Llegamos al salón principal, donde mi madre y mi abuela materna estaban esperándonos. Se sorprendieron al ver a mi acompañante, pero cuando me miraron y yo la miré con amor, no dijeron nada.
-Madre, abuela, ella es Hermione granger - anuncié - hermione, ella es mi madre y mi abuela Esther Hill.
-Hola… - saludó cortes pero tímidamente hermione.
-Querida ¡Qué bonita eres! - le dijo cariñosamente mi abuela, tirándole sus cachetes.
-Gracias Esther - contestó ella. Yo sonreí.
-Hermione, se que nuestra relación no es la mejor - comenzó mi madre - pero, ahora que Lucius no está ¿comenzamos de nuevo? - le pregunto amablemente, tendiéndole la mano.
-Claro Narcisa - respondió mi novia, estrechando la mano de mi madre.
-Dime Cissy
- le pidió, ella asintió.
Hermione Granger
Mientras Draco y Cissy preparaban la mesa, yo estaba sentada charlando con Esther. La anciana era muy buena. Debía tener unos ochenta años, era bajita, de pelo blanco y enrulado, con unos penetrantes ojos celestes. Sin dudas, Narcisa había heredado la hermosura de su madre.
-Cuéntame querida ¿a que se dedican tus padres en el mundo muggle? - me preguntó, tomándome de la mano.
-Ellos son dentistas, se dedican a cuidar la salud dental de la gente - le expliqué, ella me miro fascinada.
-Ahora comprendo por qué tienes tan hermosa sonrisa - me alagó, yo me ruboricé. Esther era muy tierna.
En ese momento, Draco y su madre aparecieron con los platos de comida. Nos sentamos en la mesa y comenzamos a comer. El platillo de hoy eran camarones con salsa de verdura y carne a un lado, estaba delicioso.
Hablábamos entretenidamente sobre temas del mundo mágico y a la vez del mundo muggle, pero después, Cissy sacó a relucir un tema que a Draco no le agradó mucho.
-Tu padre ha mandado otra carta, está arreglando desde Azkaban para que al graduarte puedas ocupar su oficina - le informó Narcisa a su hijo, pero él no dijo nada, solo se limitó a comer.
Durante la tarde, mi novio y yo tomamos el té con su abuela. Que nos contaba millones de anécdotas de ella y sus novios, y otras cosas de su vida cuando aún era joven. Pero yo notaba que Draco estaba algo absorto, quizá era por la noticia que le había dado su madre.
Decidí no tocar el tema, hasta que estuvimos de nuevo en el coche, viajando de regreso a Hogwarts.
-Draco ¿no dijiste que ya no tendrías que hacer lo que tu padre te pedía? - le pregunté con un tono acusador. El me miró con amargura.
-Es complicado Hermione… - murmuró.
-Explícame - lo insté, el tomó mi mano buscando apoyo y se dispuso a hablar.
-Creí que no tendría que preocuparme más por mi padre, pero ahora está haciendo trámites desde Azkaban y nadie puede contradecirlo. - me explicó, un poco indignado.
-Es tú vida draco, haz lo que tú quieras - le aconsejé, aunque sabía que él estaba pasando por una situación difícil.
-Ojalá fuera así de fácil - susurró y después de eso nadie volvió a hablar.
Al llegar, me despedí de mi novio con un tierno beso y fui a la torre Gryffindor.
Harry y Ginny estaban sentados frente al fuego, charlando.
-Hermione ¿Dónde estuviste todo el día? - me interrogaron.
-En Hogsmeade - mentí - necesitaba estar sola. Me voya dormir.
Entre a mi habitación y me recosté en mi cama. Ese día la había pasado estupendamente, había conocido a la dulce abuela de Draco, y había comenzado desde cero con Narcisa. Después de todo, mi relación con Malfoy estaba resultando de lo mejor, excepto por nuestra última conversación, pero eso no importaba por el momento.
Entonces otras cosas invadieron mi mente. Mi padre, que se encontraba en grave estado en un hospital, cerca de la muerte. Yo no podía hacer nada, y aun no habían descubierto quien le había causado todo eso. Las lágrimas inundaron mis ojos y de nuevo, comencé a llorar.