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Désir Interdites — capítulo 2

Acá un nuevo capítulo, espero haber seguido bien los consejos de Villa sino lo hice se que se encargará de recordarmelo ;)

Pues sin más... Espero lo disfruten

xxx

La palabra del día parecía ser "traición", era la que seguía rondando con un sabor agridulce en su mente, ni montar en su escoba sobrevolando el campo de Quidditch le había permitido escapar de ella. Si bien el deportista de la familia era James y a Albus nunca le había interesado particularmente practicar el Quidditch lo que si disfrutaba era volar, casi imposible no hacerlo viniendo de una familia donde prácticamente aprendías a volar y a caminar a la vez. Diez minutos atrás se la paso dando vueltas sin ningún rumbo particular, ahora se limitaba a flotar a una altura de unos 50 metros observando el panorama que se extendía desde Hogwarts.

Si había algo que Albus Severus Potter no perdonaba eso era la traición, en cualquiera que fuera la definición que quisiera darle a este acto, variaba dependiendo de las personas, casi nadie parecía saber a ciencia cierta qué era lo que el pelinegro esperaba de cada quien, casi nadie, salvo Rose. Pero Rose era… Rose Weasley, su prima predilecta, su mejor amiga; y no tenía nada que ver con que fueran de la misma edad sino con el vínculo especial, la complicidad, que desde siempre se había dado entre ellos dos así que eso no tenía nada de sorprendente: Rose era la única que parecía entender del todo a Albus y viceversa. No había más, sin necesidad de explicaciones, todos lo daban por sentado.

Pero Rose era parte del problema en esta ocasión y no porque la pelirroja hubiera hecho algo más que lo que hacía siempre: confiar en Albus. En sí, se trataba de dos personas, sus mejores amigos, ambos confiando en él más que cualquiera y eso Albus bien que lo sabía, por algo los tres eran inseparables desde que pisaron Hogwarts, ¿Qué problema podía haber en que Rose y Scorpius confiaran en Albus y ambos hubieran recurrido a él para tratar de solucionar un problema por separado? Ahí comenzaba el verdadero dilema, era donde hacía eco la palabra "traición" en la mente del pelinegro desde hacía horas.

Rose y Scorpius habían sido otra de las sorpresas que al parecer Albus y su prima no se cansaban de dar en su familia, nadie lo veía venir, salvo Albus desde su privilegiado puesto de mejor amigo de ambos. Los problemas comenzaron cuando a la vez tanto la pelirroja como el rubio parecieron darse cuenta de que estaban ya en su quinto año a tan solo dos años de tener la mayoría de edad y de salir de Hogwarts, de enfrentarse al mundo real, no era que le tuvieran miedo, era que cada uno por separado pensaba en el otro y la reacción de su familia cuando se dieran cuenta de que lo que tenían era más que un simple juego de niños como insistían en llamarlo Draco Malfoy y Ron Weasley. ¿Cómo termino involucrado Albus en eso?

Una mañana Rose lo había arrastrado fuera del Gran Comedor apenas dándole tiempo de coger una tostada, lo obligo a subir hasta la torre de astronomía, a tomar asiento y escucharla. Recurría a él porque no confiaba en nadie más, había dicho, nadie la entendía como Albus y estaba segura de que solo él podría dar una opinión imparcial respecto a su problema, agregó, para después ponerse a hablar sin conceder siquiera una pausa durante los próximos diez minutos. Albus la conocía, cuando hablaba sin parar era porque tenía que soltarlo todo antes de arrepentirse, porque estaba nerviosa, ¿y que había hecho él? Para empezar le omitió información, su primera falta grave, y como si eso no fuera poco le dio la solución que era la más fácil no la que sabía Rose quería escuchar.

Lo peor de todo había sido que su prima, con su confianza ciega depositada en él y en su forma de ver las cosas siempre libre de influencias acepto lo que él le dijo sería la mejor solución a su problema. Horas después fue cuando el sentimiento de traición comenzó a instalarse en el pecho del chico y no lograba sacárselo desde esa tarde, cas a finales de su quinto curso, cuando Rose lo encontró a la salida de su clase de Herbología para decirle que ella y Scorpius habían terminado su relación. Tras la sonrisa de su prima y su semblante de calma pudo ver más allá el dolor en sus ojos y supo que actúo mal, aún así no hizo nada por remediarlo. Estaba de más decir que Albus no se reconocía en ese suceso.

Lo que Rose no sabía era que no fue la única en tener esa conversación con su primo. Scorpius lo había buscado un par de días antes para hablar de lo mismo y la respuesta de Albus había sido diferente, fue la que debió darle a Rose, pero tras hablar con la pelirroja se vio a si mismo buscando a su amigo para volver a hablar del tema y decirle que tras pensarlo bien llego a otra conclusión. Si, por donde lo viera había cometido traición, lo único que él no perdonaba, y aún así y dejando de lado esa sensación de desazón que sentía cuando se encontraba solo en realidad no lo lamentaba. Probablemente fuera su parte Slytherin, la que le decía que no era nada malo, que había actuado como más le convenía dadas las circunstancias.

Era eso lo que planteaba otra disyuntiva, la parte en que pensaba que era lo que le convenía, ¿Por qué le convenía? Siempre creyó que tener a Rose como pareja de Scorpius era una ventaja para sus planes a futuro, esos de los que la única que conocía el esbozo era su prima. De un momento a otro eso había cambiado, no tenía sentido, no mirándolo objetivamente porque fuera de su escepticismo, de su frialdad para ver las cosas, una parte de Albus sabía que era lo que pasaba: celos, así de llano y simple.

Sentía celos cada vez que los veía juntos, era ese pequeño retortijón en el estomago, lo que los había ido alejando poco a poco los últimos meses y no porque ellos lo excluyeran sino porque el propio Albus no soportaba estar mucho tiempo en el mismo lugar viendo cómo eran felices juntos. Por eso las circunstancias le habían convenido o eso pensó en un principio. Descendió un poco la altura hasta situarse al nivel de los aros de anotación. Habían terminado, si, pero sus encuentros no cesaron y el bien que lo sabía. No tenia por que importarle, frente a los demás nada pasaba, cuando estaban solo los tres era otra historia. Negó con la cabeza y siguió descendiendo.

Por donde lo viera no tenía ni pies ni cabeza y eso era lo único cierto.

-Sabía que iba a encontrarte aquí -una voz que conocía bastante bien interrumpió sus cavilaciones- No has ido a comer

Rose, sin que se diera cuenta, apareció colocándose a su lado, a la misma altura, en su escoba. Traía el pelirrojo cabello recogido en una coleta como siempre que montaba en escoba, pero en esa ocasión traía la falda del uniforme debido a que aún no terminaban las clases de la tarde, el viento la alzaba dejando ver el nacimiento de sus muslos.

-No tenía hambre… -comenzó a responder cuando vio a su prima arquear la ceja haciéndole saber que eso se lo dijera a alguien más por que ella no le creía- … quería volar.

-Esa si te la creo -acoto la pelirroja dando vueltas alrededor de él mientras echaba la cabeza hacia atrás.

Aprovechó para descender, no llevaba ni diez segundos de haber tocado el suelo cuando se topo con la mirada inquisitiva de Rose, viéndolo con esos ojos brillosos que él podía interpretar siempre, teñidos de preocupación.

-¿Qué tienes, Al? -inquirió la pelirroja, y no era solo sus ojos los que contenían preocupación sino también su voz. Rose sabía que Albus siempre se cerraba cuando tenía algún problema, pero nunca a ella, no saber qué ocurría la preocupaba aún más.

Albus tomo por el mentón a su prima y le dio un beso en la mejilla. Rose sonrió, con esa sonrisa tan suya que desde siempre uso para ganarse el cariño instantáneo de toda su familia, sacar tal arsenal debería estar prohibido, era lo que pensaba Albus.

-No es nada, Rosie. De veras -agrego antes de que su prima protestará- Es el estrés, solo eso. Además James estuvo insoportable en la última salida a Hogsmeade, no se detuvo en sus comentarios ni siquiera por la presencia de Maya. Ojala hubieras estado ahí, de esa forma mi querido hermano se hubiera salvado de mi retórica.

Rose frunció el ceño y le dio un abrazo. De nuevo estaba ahí, ese retortijón en el estomago.

-La próxima vez estaré, lo prometo. Scorpius puede ir con Zabini, después de todo

Y entonces fue cuando todo quedo claro para Albus. El problema no era la traición, podía vivir con eso porque su escalade moralidad decidió que no era malo haber realizado esa acción. No, el problema eran los celos por que acababa de aceptar, al escuchar las palabras de su prima y sentir el roce de sus labios contra su mejilla, que lo que ocurría era simplemente que quería ser elegido por encima de Scorpius.