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Désir Interdites — capítulo 3
Los dejo con el tercer capítulo, espero que lo disfruten.
Sin más preámbulos...
¡A leer!
xxx
Bufó observando hacia la puerta de entrada, el reloj de pared indicaba que llevaban 17 minutos de retraso, paso la hoja del libro que tenía frente a ella con furia, como si fuera el culpable de tener que estar esperando. Si había algo que Rose Weasley odiaba en el mundo era esperar; en particular odiaba tener que estar esperando por las únicas dos personas a las que había querido ver tras esa semana de exámenes.Si bien no habían sido los EXTASIS, solo los parciales de medio año, la chica de Ravenclaw se había perdido todo ese tiempo en la Biblioteca con el fin de salir más que airosa. No era que lo necesitará, Rose rara vez pasaba tanto tiempo ahí, pero ese año fue como si el espíritu de su madre se poseyera de ella, de repente comenzó a frecuentarla más.
Albus Potter y Scorpius Malfoy tan acostumbrados a los cambios radicales de humor de la pelirroja no dijeron una sola palabra, la acompañaban a la Biblioteca pero ni el rubio ni el moreno necesitaban tanto estudio. Scorpius tenía además los entrenamientos de Quidditch, era el capitán de Slytherin y conllevaba gran responsabilidad, por lo que cuando los exámenes comenzaron dejaron de acompañarla, Rose se había vuelto demasiado quisquillosa y se enojaba solo por que alguno respirará con más rapidez de lo usual.
Ese día en la mañana el último examen había llegado, se suponía que iban a verse a las 4 pm en la Sala de los Menesteres, ninguno podía entrar a la Sala Común del otro y preferían la privacidad. Lo que hicieran era asunto suyo, de nadie más, menos de los miembros de su familia que aún quedaban en Hogwarts. Pero resultaba que Albus y Scorpius llevaban casi 20 minutos de retraso. Rose estaba por ponerse de pie para averiguar qué había pasado cuando escucho la puerta abrirse, sus ojos se dirigieron hacia ella y fulmino con la mirada a las dos figuras que entraban.
-Antes de que te pongas a gritar como una banshee juro que podemos explicarlo, petit-fue la primera oración en salir de la boca de Scorpius Malfoy al entrar a la sala.
El rubio platino se dirigió hacia Rose saludándola con un leve beso en los labios, como siempre. Albus desvió la mirada un segundo y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Cuando fijo de nuevo la vista en su prima esbozo una media sonrisa al ver la cara de enojo que tenía la pelirroja, en su para nada humilde opinión, era molesta como se veía mejor.
-Pues más les vale que empiecen a hablar, pequeñas serpientes, y que su excusa sea buena porque si no juro que ni todo el veneno en su cuerpo será suficiente para protegerlos de la que les espera -espeto la pelirroja aún molesta cruzándose de brazos y sin devolverle el saludo a Scorpius.
Albus soltó una carcajada, eran contadas las veces que el joven Potter dejaba que la risa fluyera de esa forma en su garganta, era una persona bastante parca que tan solo expresaba lo necesario. Eran solo esas dos personas quienes conocían todos sus lados, especialmente el divertido, ese que guardaba de la mayoría de su familia desde que había entrado a Hogwarts, cuando quedo en Slytherin y los problemas con James habían comenzado.
-Cálmate pequeña fiera -Albus había caminado hacia Rose, le revolvió el cabello ganándose un bufido por parte de su prima y se inclino hacia ella para darle un beso en la sien- Nos hemos topado con Hagrid de camino hacia acá después del entrenamiento de Scorpius
Rose alzo una ceja invitándolo a continuar con la explicación, seguía con los brazos cruzados pero su gesto se había relajado un poco desde el momento en que escuchará reír con tanta soltura a su primo. Scorpius por su parte se había acercado a un estante y hojeaba un libro que acababa de sacar de ahí.
-Se va de viaje por una semana y nos pidió que alimentáramos a Fang, sabes cómo es de obsesivo -el pelinegro rodo los ojos pero no pudo evitar una sonrisa cálida al hablar del semigigante- No paró hasta darnos todas las recomendaciones sobre cómo cuidarlo bien. Creo que si por él fuera lo habría adoptado como hijo hace mucho -termino con un gesto algo extraño en el rostro Albus
Las risas de Scorpius y Rose no se hicieron esperar ante esa declaración, bien podía ser cierto, pero si había algo que Rose apreciaba sobremanera de Hagrid era ese compromiso que iba más allá de todo lo aceptable con las criaturas mágicas, especialmente con aquellas a las que les tenía mas estima por compartir su vida con él.
-¿Quieres decir que la cabaña esta sola y tenemos permiso para entrar? -pregunto llevándose el dedo índice a los labios, Albus pudo prácticamente ver como su cerebro trabajaba en ese momento
-Ajá -respondió antes que su amigo Scorpius volteando hacia ellos, le regalo una sonrisa ladeada a la chica- Completamente sola… y es Viernes
Rose intercambio una sonrisa cómplice con el rubio, se alzo de hombros, paso un brazo por la espalda de Albus y observo a su primo con esa mirada inocente que a él no lo engañaba nada. Sabía bien que era lo que pasaba por su mente, no por nada la conocía desde que llevaba pañales.
-Bueno, eso lo decide todo, ¿no? -pregunto la chica echando a andar con Albus aun abrazado hacia donde se encontraba Scorpius
-Supongo que sí -contesto el rubio tomando su brazo libre mientras dejaba el libro de nueva cuenta en el estante
-Y yo supongo que mi opinión poco importa a estas alturas -agrego de manera sarcástica aunque divertida Albus, entre ellos muchas veces no eran necesarias las palabras, con el paso de los años parecían haber desarrollado un entendimiento que iba más allá de lo normal.
-¡Ay, por Merlín! Como si no hubieras venido exactamente con la misma idea, Al -exclamo rodando los ojos la pelirroja, se soltó de ambos amigos en menos de un segundo, deposito sendos besos en las mejillas de cada uno y les guiño el ojo- Los veo en lo de Hagrid en 15 minutos… ¡Y ni se les ocurra llegar tarde esta vez porque se quedan sin descendencia! -agrego de manera amenazante antes de dar la vuelta para salir por la puerta.
Albus y Scorpius se quedaron ahí, parados en medio de la sala que siempre se materializaba cuando los tres se encontraban en ese lugar. Poco a poco idénticas sonrisas se dibujaron en sus rostros y negaron con la cabeza a la par sabiendo que cada uno estaba pensando lo mismo. Salieron poco después del lugar sabiendo de antemano que esa amenaza iba muy enserio y que más les valía no llegar con retraso.