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Désir Interdites — capítulo 7

Acá tienen, un nuevo capítulo. Espero que les guste y que no les decepcione de que va.

Algo que tengo que decir es que a pesar de que Rose, Albus y Scorpius son importantes, ellos no son los únicos protagonistas.

Agradezco a Myri_Weasley28 tomarse su tiempo pare checar la redacción. Los dejo leer


Parado en una de las esquinas del Brick Lane, una de las calles del East End, con la espalda apoyada en esa derruida pared que todos veían observaba hacia el cielo, las gafas oscuras cubriendo sus ojos, una pierna recargada sobre la pared y ambas manos dentro de los bolsillos. Tenía esa pose despreocupada que le sentaba bien, realmente bien, en los menos de diez minutos que llevaba recargado en esa pared había ya obtenido un cierto número de miradas nada envidiables. Cualquier otro día o sería más justo decir que tan solo un par de meses atrás, se habría asegurado de que no se quedarán solo en miradas. Ahora tenía cosas más importantes en la cabeza, como saber si Amaya acudiría o no a su encuentro, o como repasar una y otra vez en su mente lo ocurrido aquella tarde en la clase de Disfraces, por más que se concentraba en ella siempre terminaba haciéndolo mal. Decir que le avergonzaba fallar precisamente en ésta era algo cierto.

Sacudió la cabeza y se paso una mano en el de por si despeinado cabello. No tenía caso seguir pensando en eso ahora, sabía lo que tenía que hacer, pedir asesorías pero ¡era demasiado vergonzoso! ¿Qué diría su padre? Era ya suficiente decepcionar a Ted como para que encima su padre pensará que no prestaba atención, o peor… que no tenía nada que hacer en la Academia.

Un bufido a su lado lo saco de sus pensamientos, colocó la cabeza en posición normal y ladeo el cuerpo. La sonrisa se poso de manera inmediata en sus labios

-No estaba seguro de que vinieras -dijo con ese tono entre incredulidad y satisfacción, un nuevo bufido se escucho y la chica frente a él cruzo ambos brazos a la altura del pecho

-Sinceramente, no es como si te lo merecieras, James Potter -su ceño fruncido revelaba bastante bien que no se encontraba precisamente contenta de estar ahí.

A pesar de eso James no perdió la sonrisa, le importaba un bledo que Amaya estuviera frente a él mirándolo como si quisiera matarlo, estaba ahí y eso era lo único que importaba

-Maya, Maya…. -se acerco a la chica despegándose de la pared, le paso el brazo por la cintura y le dio un beso en el cuello a manera de saludo- … mi tierna, dulce y querida Maya. ¿Cuánto tiempo más vas a seguir enojada conmigo?

-Cuando Merlín reencarne, me pensaré el ya no estarlo -rebatió esta sin molestarse en descruzar los brazos o cambiar su ceño.

James se carcajeo, ¡Por Merlín que por eso precisamente Amaya Mcmillan era su mejor amiga! No era como las demás chicas, vacías, sosas y sin cerebro. ¡No señor! Ella estaba muy lejos de serlo y era la única chica (sin contar a sus primas, por supuesto) capaz de resistirse casi totalmente a los encantos de James. Chasqueo la lengua y sonrió revolviéndole el cabello

-Vale, mientras a Merlín se le ocurre reencarnar ¿podemos ir por un Banana Split de chocolate?

Quiso disimularlo pero fue muy tarde, James había detectado enseguida ese ensombrecimiento en sus pupilas que las hizo ligeramente más oscuras de lo que se encontraban un momento atrás. Por supuesto, la palabra mágica fue "chocolate", se mordió el labio inferior y asintió bruscamente, como si se estuviera obligando a hacerlo.

-Está bien, te dejaré invitarme a un Banana Split de chocolate, tú vas a pagar, desde luego, y ya me pensaré si te dirijo la palabra mientras como -contesto con cierto aire de petulancia, como si le estuviera haciendo el favor de su vida a James, entorno los ojos antes de agregar-, o si te dejo dormir dentro del departamento en lugar de en el balcón, para variar.


El Londres muggle era un hervidero de gente a esa hora, las fiestas estaban próximas y la marea de gente yendo de un lado hacia otro o simplemente descansando en algunos de los cafés tras una cansada tarde de compras no se hacía esperar. Tardaron un poco más de lo usual en llegar a su cafetería favorita, pero valió totalmente la pena, estaba semiescondida en un callejón casi sin transitar y su asiento habitual se encontraba libre.

James solía ir ahí seguido con sus compañeros de la Academia de Aurores así que el dependiente lo conocía, no era tampoco la primera vez que Amaya lo acompañaba, no necesitaron ordenar, basto con hacer un gesto a modo de saludo con la mano mientras decía "Lo de siempre" y señalaba con la cabeza la mesa en la que se sentarían.

La charla se centro en trivialidades, en parte porque siempre era fácil hablar de cualquier tontería entre ellos y en parte porque ninguno quería aún tocar temas serios, ambos sabían que acabarían discutiendo y querían prolongar el momento previo a que eso llegará. En Hogwarts, a pesar de estar en casas diferentes, pasaban todo su tiempo libre juntos, ahora a pesar de vivir en el mismo departamento en el centro de Londres, casi no se veían. James se encontraba demasiado ocupado en sus estudios de Auror y Amaya profundamente inmersa en su preparación como Inefable.

Amaya termino el último bocado del Banaba Split extra grande que había estado comiendo, lamio la cuchara hasta no dejar en ella ni el más mínimo rastro de chocolate y la deposito en la copa ahora vacía frente a ella. Se acomodo un mechón de cabello detrás de la oreja observando a James que tenía esa expresión, la reconocía bien, el pelinegro se estaba preparando para colocar su cara de "No he liado ninguna", evito rodar los ojos.

-¿Y entonces? -pregunto la chica, él sabía bien a qué se refería, al motivo de su último pleito.

-Entonces… -comenzó James con aparente seriedad pero en cuanto ladeo la cabeza y tamborileo en la mesa Amaya frunció en automático el ceño-, ¿sabías que los Chudley Cannons le ganaron por primera vez en 100 años al Puddlimere Units?

-¡Oh! ¿En serio? -inquirió a su vez Amaya poniendo esa falsa voz chillona que modulaba siempre que quería fastidiar a James- ¿Sabías tú que conozco un hipogrifo que estaría más que encantado de picotear tu escoba?

La sonrisa de James se difumino en el acto. Era un obsesivo del Quidditch, todo mundo lo sabía; como su padre, como todos sus tíos y dos de sus tías, como sus primos. Pero cuando se refería a su escoba… ¡Por los calzones bombachos de Merlín! James amaba esa escoba, Lily decía incluso que sospechaba que con ella había tenido su primera cita. Su boca se cerró y apretó la mandíbula, no dudaba un solo segundo que Amaya diera de juguete a un hipogrifo su amada escoba. Gruño por toda respuesta. La chica solo sonrió de manera maliciosa y satisfecha.

-Bien, ahora que nos entendemos, volveré a preguntar -dijo mientras jugaba con la copa vacía de helado entre las manos- ¿Y entonces? ¿Has hablado ya con Albus?

-Sabes bien que no -contesto James evitando por todos los medios gruñir la respuesta, puso ambas palmas sobre la mesa y tamborileó con ellas

-Perfecto, sigue disfrutando del balcón entonces.

No, no había sido una broma. James Potter realmente llevaba días durmiendo en el balcón de su departamento en lugar de dentro de él, cinco días para ser más exactos. Le dirigió a su amiga una mirada molesta, realmente no lo entendía.

-No sé porque insistes en tomarte esto así. No es la primera vez que discuto con él, ¿sabes? -inquirió con sorna, odiaba hablarle así a ella pero cuando se trataba de hablar de Albus no era precisamente la templanza en persona-. Hemos tenido peores.

Amaya bufo y rodó los ojos, quería decir "Eres imposible". James estaba siendo un dolor de cabeza en ese tema, siempre lo había sido y ella no podía aceptarlo, ¡Era su hermano por el amor de Merlín! ¡Su hermano! No un desconocido que conoció en el subterráneo. Se masajeo la sien y murmuro para sí misma

-El Buda era una personalidad única, predestinada a recibir iluminación -era como una especie de mantra, el mismo que decía siempre cuando James la sacaba de quicio, carraspeo y miro a su amigo directamente a los ojos-. Es tu hermano, James, es tu hermano y lo quieres -levantó un dedo para silenciar la réplica de James-, ni siquiera trates de negármelo que se que es así. Te conozco -lo dijo con una rotundidad tal que demostraba que era verdad-. Haz estado desconcentrado desde que pelearon, si a ti te gusta estar con la cabeza como en Venus perfecto, pero no me pidas a mí que te vea con ese aire de nostalgia que te mandas últimamente.

Amaya se puso de pie, aventó la servilleta contra la mesa, cogió su bolso bandolera underground color cobalto y colocó una mano en la cadera.

-No quiero que regreses al departamento hasta que hayas hablado con Albus -la sentencia fue clara y James pensó que tendría que ir buscando donde quedarse, con el carácter Mcmillan-Valmont no se jugaba, lo sabía bien, y no pensaba hablar con su hermano. Vamos, ni siquiera tenía una puta idea de donde se encontraba-, o hasta que estés dispuesto a decirme que rayos es lo que te pasa con él. Me niego a creer que todo esto siga siendo por una estupidez tal como que haya quedado en Slytherin en Hogwarts.

No le dio tiempo ni de abrir la boca, tras decir esto se dio la media vuelta y desapareció por la puerta en un abrir y cerrar de ojos. James se quedo un momento ahí, unos cuantos minutos más, hasta que finalmente se puso de pie, deposito dinero en la mesa suficiente para pagar el consumo sin olvidarse de la propina, tomo la chaqueta y salió del lugar también. No quería hablar con nadie sobre el tema pero si no era con ella entonces ¿con quién? Amaya tenía razón, no era por una niñería. Ni él ni Albus estaban ya en Hogwarts, y que su hermano hubiera quedado en Slytherin le dejo de importar a la semana de suceder. El problema era que las cosas iban mucho más allá, no le resultaba fácil hacerlo pero tendría que intentarlo.