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Embarazada de mi mejor amigo — capítulo 12

Capítulo 12:

DesapariciónLa noche había llegado, todo en el hospital era tranquilo. Los empleados se paseaban por los pasillos para vigilar que todo estuviera en orden en las habitaciones donde se encontraban los enfermos. En la habitación 112, Harry dormía profundamente en el sillón de cuero negro. Al principio le había costado conciliar el sueño, pues ese sillón no era muy cómodo, pero el cansancio lo venció. Mientras, a unos pocos metros de él, Hermione también dormía en la cama, ambos llevaban varias horas descansando y agradecieron que su pequeña también durmiera plácidamente sin causar ninguna molestia.

La puerta de la habitación se abrió sigilosamente, pero parece que solo fue el viento. La habitación estaba en penumbra, y el viento azotaba la ventana. El llanto de un bebé interrumpió la tranquilidad de la estancia...

  • ¡NO!

Hermione se despertó de golpe, su respiración era agitada y las gotas de sudor le chorreaban por la frente. Acababa de tener una pesadilla horrible. Miró la hora, eran las 9 de la mañana. ¿Había dormido tanto? Miró en dirección al sillón y allí estaba Harry, aún dormido, ni siquiera se inmutó al oír su grito. Deseaba irse ya de aquel lugar, no le gustaban nada los hospitales, esperaba que hoy le dieran el alta. La castaña se levantó de la cama con cuidado para no despertar a Harry, y se dirigió a la cuna donde dormía su pequeña. Le extrañaba que no hubiera llorado en toda la noche, tendría que tener hambre.

Cuando se acercó a la cuna se llevó las manos a la boca, su hija no estaba. Hermione se acercó rápidamente a Harry y lo zarandeó.

-¡Harry! ¡Harry!

-¿Mmm?- el ojiverde abrió los ojos y se incorporó en el sillón.

-¡¿Harry donde está la niña?!

-¿Qué?

Harry se levantó rápidamente del sillón y echó un vistazo a la cuna. Su hija no estaba ahí.

Hermione se llevó las manos al pecho y empezó a hiperventilar.

-Mi niña...-decía la castaña.

-Hermione- Harry la tomó de los brazos y la ayudó a sentarse en la cama- tranqulízate, quizás se la llevó alguna enfermera.

-¡Me habrían avisado!

En ese momento la puerta se abrió.

-Buenos días- saludó la enfermera.

Hermione se acercó a ella y la agarró de los hombros.

-¿Dónde está mi hija? ¿Usted se la ha llevado?- dijo la castaña desesperada.

-¿Disculpe?- la enfermera estaba confusa.

-La niña no está en la cuna- terció Harry- ¿usted se la ha llevado?

-Por supuesto que no- dijo la enfermera- no estoy autorizada a llevarme a los niños y menos sin el permiso de la madre.

Hermione miró a Harry horrorizada. Las lágrimas no tardaron en salir de sus castaños ojos.

Harry se acercó a la castaña y la abrazó.

-¿Entonces pueden explicarnos dónde está nuestra hija?- dijo Harry furioso- ¡es que aquí no vigilan las habitaciones!

-Yo...yo no entiendo lo que ha pasado- dijo la enfermera- yo me he paseado esta noche por la habitación y la niña estaba en la cuna, no sé que ha podido ocurrir.

-¡Haga algo!- lloraba Hermione- ¡encuentren a mi hija!

La enferma solo asintió y salió corriendo de la habitación.

Mientras, el ojiverde abrazaba a la castaña e intentaba tranquilizarla.

-Harry, nuestra hija...-balbuceaba Hermione- y si le ha pasado algo...

-Shhh, tranquilízate- le decía Harry, aunque ni si quiera él podía estar tranquilo- no te preocupes, nuestra hija aparecerá, todo habrá sido un mal entendido, ya verás...

La enfermera entró de golpe en la habitación.

-Hemos buscado a su hija por todo el hospital, ha desaparecido- dijo la enfermera con la voz ronca.

-¡NO!- gritó Hermione- ¡no puede ser!

La castaña se tiró de rodillas en el piso.

-¿COMO ES POSIBLE?- Harry estaba furioso- ¡CÓMO HA PODIDO PASAR ESO!

-No-no lo sé señor Potter.

-Voy a denunciar al hospital por su pésima seguridad- terció Harry mirando desafiante a la enfermera.

-No, por favor, le prometo que haremos todo lo posible por encontrar a su hija. Ahora mismo llamaremos a la policía y les ordenaremos que busquen en cada rincón de Londres...

-Más les vale.

La enfermera asintió.

-La señorita Granger ya puede irse a casa, solo tiene que pasarse por recepción y firmar el alta, buenos días- fue lo último que dijo antes de marcharse.

Harry se pasó las manos por la cabeza. ¿Cómo podían ser tan incompetentes en este hospital?

El ojiverde ayudó a Hermione a levantarse.

-Herms vámonos a casa- dijo Harry- tienes que descansar...

-No sin mi hija- dijo Hermione seria, aún con lágrimas en los ojos.

-Ya oíste a la enfermera, más les vale que la encuentren, llamaran a la policía...

-¿Y mientras tanto qué Harry?- espetó Hermione- nuestra hija está desaparecida, y yo no voy a quedarme tranquila hasta saber que es de ella, quisiera morirme...

-¡Eh!- Harry la tomó del rostro- basta de decir tonterías, por nada del mundo nos podemos venir abajo ahora, tenemos que ser fuertes, tenemos que tenernos el uno al otro y ahora más que nunca, por nuestra hija- el ojiverde no pudo evitar derramar una lágrima.

-Explícame cómo soportar este dolor- dijo Hermione- mi hija no tenía la culpa de nada, ¿por qué se la llevaron?

-No lo sé- dijo Harry- alguien quiere hacernos daño.

-¿No hemos sufrido ya bastante? Demasiado daño nos hemos hecho ya- decía la castaña

-Lo sé. Pero ahora es cuando aún tenemos que mantener fuerzas.

-Quiero salir de este horrible lugar- dijo Hermione.

-Yo también, vayámonos a casa, pediré que te traigan la ropa.

Minutos después Harry apareció con una bolsa que le entregó a Hermione, ella entró en el pequeño baño que había en la habitación y se cambió.

-No quiero volver a Australia- dijo Hermione cuando salió del baño- no al menos hasta que aparezca nuestra hija.

-Estoy de acuerdo contigo- dijo Harry- nos trasladaremos a Grinmmund Place y estaremos allí el tiempo que haga falta.

Hermione asintió, Harry la tomó del brazo y juntos salieron de allí.


-¡RON!- Luna acababa de llegar al apartamento del pelirrojo, que hasta hace poco compartía con la rubia.

-¿Qué ocurre Luna?- preguntó el pelirrojo alzando la vista hacia la rubia.

-N-no...no sabes lo que ha pasado - la rubia se pusó la mano en el pecho, le costaba respirar.

-¿Qué ha pasado? - el pelirrojo se levantó y la ayudó a sentarse en el sofá.

-Esta mañana he ido al hospital para ver qué tal estaban Hermione y la niña, y...y...me han dicho que a Hermione ya le habían dado el alta y que...que la niña ha desaparecido- conlcluyó la rubia. La angustia se reflejaba en sus ojos azules.

-¿QUÉ?- exclamó Ron- ¿cómo es eso que la niña ha desaparecido?

-Al parecer ocurrió anoche, mientras Harry y Hermione dormían en la habitación. Nadie vió nada ni se dieron cuenta.

Ron se levantó del sofá y caminó de un lado para otro.

-Tengo que hablar con ellos- dijo el pelirrojo- imagino que deben estar en un sin vivir.

-Sí- asintió la rubia.

Sin pensarlo dos veces, Ron llamó a Harry a su móvil.

-¿Dígame?

-¡Harry! ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estáis? ¡Iré a veros...!

-Ron, tranqulízate- dijo Harry- imagino que ya te habrás enterado, Hermione y yo nos hemos mudado a Grinmmund Place un tiempo hasta que aparezca, no podíamos quedarnos en Australia.

-Entiendo- dijo Ron- Luna y yo vamos para allá ahora mismo.

Rápidamente después de colgar, Ron tomó a Luna de la mano y se desaparecieron.

*¡CRACK!*Harry se sobresaltó y se dirigió hacia donde venía el sonido.

-Ron, Luna- Harry corrió hacia ellos y los saludó.

-¿Estáis bien?- preguntó Luna.

-La verdad es que no- dijo Harry- esto qué ha pasado ha sido una puñalada.

-Es lógico tío- dijo Ron dándole palmaditas- ¿dónde está Hermione?

-En el salón, ha estado toda la tarde de bajón.

Los tres amigos fueron al salón y allí vieron a Hermione sentada en el sofá.

-Herms- dijo Ron que corrió hacia su amiga y le dió un abrazo. La rubia hizo lo mismo.

-Todo va a salir bien- dijo Luna tomándole las manos.

-Eso espero- dijo Hermione con la voz ronca- ella no tenía la culpa, es tan solo un bebé apenas tiene un día de vida...-la castaña rompió a llorar.

Harry se sentó junto a ella y le besó la cabeza.

-¿Hay alguna novedad?- preguntó Ron.

-Nada- dijo Harry- cuando salimos del hospital fuimos a la comisaría, por lo visto el hospital ya los había puesto al tanto de la desaparición de la niña, nos dijeron que empezarían la búsqueda cuanto antes y que nos avisarían con cualquier cosa.

Ron asintió.

-No he podido hablar con Ginny- dijo- esta mañana he ido a casa y mis padres me han dicho que no ha ido por allí, no coge el móvil y no saben donde puede estar.

-¿Habéis ido a nuestro apartamento de Australia?- preguntó Harry.

-Sí, y nada- terció Ron- ni rastro de ella, y además sus cosas no estaban allí, la casa estaba patas arriba.

-Puede que se haya ido- comentó Luna.

-Lo doy por hecho- dijo el pelirrojo- se ha ido sin decir nada a nadie, y no sabemos a dónde.

-Seguramente aún estará dolida por lo ocurrido- dijo Hermione, que llevaba un buen rato callada.

-Pues tendrá que aceptarlo- terció Harry.

-Yo estoy preocupado- dijo Ron- que se haya ido así sin más...la conozco y ella no haría eso.

-Cielo, creo que deberíamos volver a Londres- dijo Luna- en Australia ya no hacemos nada, además tenemos que estar cerca de ellos- miró a Harry y Hermione- y apoyarlos, y con la desaparición de tu hermana...

-Tienes razón- dijo Ron- hablaré con mamá y nos mudaremos a La Madriguera mientras buscamos algún apartamento.

Luna sonrió a Ron y lo besó en la mejilla.

-Me alegro por vosotros- dijo Hermione- de verdad, se os ve muy felices.

-Gracias Herms- dijo Ron- sí, la verdad es que nos va muy bien, creo que por fin he encontrado a la mujer de mi vida.

-Oh Ronald- la rubia lo besó en los labios.

Harry y Hermione no pudieron más que sonreír al ver tan felices a sus dos amigos, fue el único momento de felicidad que pudieron sentir en medio de ese gran vacío que les habían dejado.


Nueva York era una de aquellas ciudades que ansiaba visitar, siempre quiso vivir allí. Y qué mejor lugar para alejarse del mundo que ése. Aunque ahora mismo no diría que estaba de "vacaciones". La habitación estaba oscura, la única luz que atravesaba las ventanas de aquella estancia era la de las farolas de la calle, y el único sonido eran sus sollozos y los coches pitando en la carretera de la Gran Manzana. Ni si quiera se preocupó de comer, ¿qué más daba? A estas alturas ya nada le importaba.

Basta de sufrir. Basta de mentiras y de engaños, era hora de poner las cosas en su lugar, era hora de que la felicidad llegara de verdad a su vida. No era justo que las personas que le arrebataron la felicidad fueran felices, porque se llevaron su felicidad sin ni siquiera importarles nada. Ya no le importaba nadie, le rompieron el corazón y todos estos años la mentira y la falsedad estuvieron presentes en su vida. ¿Cómo pudo permitirlo? ¿Cómo no pudo darse cuenta? ¿Por qué no luchó por lo que era suyo?

Ya daba igual, había desperdiciado el tiempo, ahora quería estar en soledad, reflexionar y pensar en frío las cosas. Sus sentimientos hacia esa persona no habían cambiado, pero le dolía pensar en esa persona. Siempre creyó en sus te quiero, en sus besos, en sus caricias, creyó que empezaría una nueva vida con esa persona. Pero no fue así, todo sus sueños se desvanecieron, y esa persona le hizo daño, mucho daño. ¿Se arrepentiría de lo que había hecho? Quién sabe, pero en el instante en que hizo aquello no se arrepintió ni un poco, ni siquiera sintió lástima o pena, no se apiadó de nadie ni de nada. No lo haría. ¿Tan difícil era ser feliz? Al parecer sí que lo era. Había vivido tantas cosas, había sufrido tanto, todo este tiempo había sido tan inocente, tuvo que tragarse su orgullo millones de veces y hubo momentos en los que se calló cuando tenía mucho que decir.

Lo peor es que las personas que la querían, o eso creía, consiguieron que se comportara como lo estaba haciendo ahora, y nunca fué así. Ahora sufrirían ellos, por todo el daño que le habían hecho, estaba cansada de ser la estúpida, ahora ella se vengaría. Y si ella no era feliz, ellos tampoco lo serían, pues al fin y al cabo, la venganza es un plato que se sirve en frío.


Ya habían pasado dos semanas desde que la niña desapareció. Hermione apenas dormía por las noches y Harry se pasaba en vela casi todas tan solo para tranquilizarla. La castaña solía tener pesadillas y al ojiverde le recordó cuando él las tenía con Voldemort. ¿Es que el mal iba a seguir persiguiéndoles? Bastante sufrieron pasada la guerra, en la cual perdieron a muchos seres queridos y cada vez que lo recordaba se le rompía el alma.

Hermione se acababa de despertar de golpe, de nuevo. Harry la miraba desde el otro lado de la cama.

-¿Estás bien?- preguntó Harry mirándola con preocupación.

-No mucho- respondió Hermione, que apenas podía respirar bien- ¿qué hora es?

-Las siete de la mañana- respondió el ojiverde.

-Tengo que arreglarme para ir a trabajar- dijo Hermione levantándose de la cama, pero el brazo de Harry se lo impidió, ella lo miró desconcertada.

-¿Estás segura que quieres ir a trabajar?- dijo Harry- no has dormido nada.

-Lo estoy Harry, necesito distraerme- dijo Hermione zafándose del brazo del moreno- además, quiero volver al Ministerio, ya no es necesario que vuelva a la consulta con mis padres.

-Puedo decir que estás enferma...

Hermione negó con la cabeza.

-No insistas Harry- dijo Hermione con firmeza- no puedo dejar que esto pueda conmigo, tú bien dijiste que teníamos que ser fuertes, y así será, así que levántate que vas a llegar tarde.

Harry vió como Hermione cogió su ropa y bajó las escaleras. El ojiverde suspiró. Hermione tenía razón, ahora no podían venirse abajo, tenían que superarlo y ser fuertes, tenían que hacerlo por su hija.

El moreno se levantó de la cama y decidió preparar el desayuno mientras Hermione terminaba de arreglarse. Se dirigía a la cocina cuando un fuerte CRACKlo sobresaltó.

-¡KREACHER!

El elfo doméstico acababa de aparecerse en la cocina. Kreacher escudriñó la mirada de Harry con el semblante serio que siempre le caracterizaba.

-Kreacher ha venido a servir al amo Harry Potter de nuevo- dijo el elfo con aquella voz ronca y apagada.

-Cuanto tiempo sin verte- dijo Harry mirándolo- gracias Kreacher, pero no es necesario, puedo preparar el desayuno solo.

-Kreacher debe servir al amo Harry Potter. Kreacher preparará el desayuno para el amo Harry Potter y la señorita Hermione Granger.

Sin que Harry pudiera evitarlo, el elfo se dirigió a la cocina y se pusó manos a la obra. El moreno no pudo más que suspirar y sentarse en el sillón del salón.

-¿Qué ha sido ese ruido?- Hermione acababa de salir del baño.

-Ha sido Kreacher- dijo Harry- insistió en preparar el desayuno.

-¿Qué?- exclamó Hermione- ¡no tiene por que hacer eso, no es nuestro sirviente! Ahora mismo voy a decirle que pare.

-No lo vas a convencer Herms, sabes que los elfos están acostumbrados a servir a los dueños de la casa.

-Lo sé pero...

-Vamos, siéntate- dijo Harry.

La castaña se desplomó en el sofá al lado de Harry.

-¿Vas al turno de las ocho?- preguntó Harry.

-Sí, quiero hablar cuanto antes con Kingsley y pedirle que me readmita- dijo Hermione- ¿y tú vienes conmigo?

-No, hoy entro una hora después, McLaggen hará mi turno a primera hora.

-Oh vaya, tendré que irme sola entonces- dijo Hermione apenada.

-Puedes usar la red flu de la casa.

-No me apetece, prefiero ir andando y así hago un poco de ejercicio.

Harry sonrió y la besó en los labios.

-¿Y eso?- dijo Hermione mirándolo con una sonrisita.

-¿Qué pasa? ¿No puedo besar a mi novia?- dijo Harry riendo.

Hermione esbozó una sonrisa y le devolvió el beso.

-Me encanta verte así- dijo Harry mirándola con ternura.

-¿Cómo?- preguntó la castaña.

-Feliz.

Hermione esbozó una débil sonrisa pero luego bajó la cabeza.

-Solo puedo ser feliz cuando tenga a mi hija junto a mi- dijo Hermione con la voz apagada.

Harry la abrazó y le besó la cabellera castaña.

-Muy pronto estará con nosotros, te lo prometo- dijo el ojiverde.

Kreacher acababa de llegar con una bandeja en la que había dos zumos y cuatro tostadas con mermelada.

-Gracias Kreacher- dijo Hermione- no tenías porque hacerlo.

-Kreacher ha de servir a los amos. Kreacher siempre servirá a la noble casa de los Black.

-Puedes retirarte Kreacher, gracias- dijo Harry. El elfo se desapareció.

Harry y Hermione desayunaron tranquilamente. Momentos más tarde, el reloj de la sala marcaba las ocho menos veinte. Herrmione se levantó rápidamente con una tostada en la boca.

-Debo irme ya o llegaré tarde. ¡Nos vemos luego Harry!- la castaña le dió un corto beso al ojiverde y salió por la puerta.

Aún llevaba el último trozo de tostada en la boca que se comió rápidamente. Mientras caminaba hacia el Miniserio, la castaña no dejaba de pensar en su hija. No podía imaginarse donde estaría ahora y con quién, le estaba resultando muy duro estar sin ella, eran ya demasiados días y no sabía si podría aguantar mucho más el dolor de no tenerla a su lado. Pero debía ser fuerte y ahora más que nunca. Se consoló al pensar que tenía a Harry a su lado, como siempre ha estado durante toda su vida. Ella lo amaba con todas sus fuerzas y agradecía que él también lo hiciera estando a su lado y ayudándose mutuamente a ser fuertes, y a pensar en que su bebé aparecería pronto.

De repente alguien le vinó a la cabeza, cierta pelirroja que hacía ya bastante tiempo que no veía, y eso le preocupaba. ¿Le habría afectado demasiado la situación? Sería algo lógico, pues que el amor de tu vida se vaya con tu mejor amiga de un día para otro no es muy agradable, y menos enterarse de que él es padre de un bebé que no es suyo. Se sentía demasiado culpable por Ginny, tenía que saber algo de ella, rogaba por que no hubiera hecho ninguna locura, pues la conocía demasiado bien como para saber que esa pelirroja era capaz de todo.

Alguien apareció por detrás y le tapó los ojos. La castaña se sobresaltó.

-¿Quién soy?

-¡¿Jack?!

Hermione se apartó las manos del muchacho y lo miró de frente.

-¡Jack!- exclamó Hermione que se abalanzó sobre él.

-Hola Herms- dijo Jack sonriéndole.

-¿Qué haces aquí?- preguntó Hermione- ¿no trabajas hoy?

-Tengo el día libre- dijo Jack- Herms, me he enterado de lo que ha pasado...lo siento de verdad, estoy aquí para lo que necesites, si puedo ayudar en algo...

-Gracias Jack- dijo Hermione- no te preocupes, puedo sobrellevarlo.

-No me gusta verte así Herms...

-Estoy bien- dijo la castaña esbozando una suave sonrisa.

-Te he echado de menos- dijo Jack acariciándole la mejilla.

Hermione se puso nerviosa.

-Esto Jack...tengo que dejarte, debo ir al trabajo- dijo Hermione separándose de él.

-Eh claro, ¿nos vemos pronto?- dijo Jack notablemente decepcionado.

-Sí, claro, hasta luego.

La castaña prosiguió su camino hacia el Ministerio. No se esperaba encontrase con Jack, lo que si le resultó extraño fue su comportamiento, esperaba que no estuviera intentando de nuevo algo, pues su corazón le pertenecía a Harry, y sobretodo ahora que estaban saliendo juntos, y más, siendo el padre de su hija. Pensó que Jack lo había comprendido, al fin y al cabo era su amigo y así debía seguir siendo.


Su móvil empezó a sonar retumbando en la habitación. Se despertó de golpe y saltó de la cama para cogerlo.

-¿Dígame?

-Por fin consigo contactar contigo, ¿se puede saber dónde te has metido?

-¿Y a ti que más te da?

-Simplemente quería contactar contigo, no te he vuelto a ver desde la boda.

-¿Cómo has conseguido mi número?

-Eso no importa- el muchacho hablaba en voz baja- me interesa hablar contigo, quiero que nos veamos.

-Eso es imposible, no quiero que nadie me vea.

-¿Qué te traes entre manos? Puedes confíar en mi.

-¿Por qué debería confiar en ti? Apenas te conozco de un día.

-Porque sé lo que quieres, yo también lo quiero.

-¿De qué hablas?- la muchacha comenzó a ponerse histérica.

-Conmigo no te hagas la santa, aunque te conozca de un día pude ver el tipo de carácter que tienes, y seguro que no me equivoco pensando en que eres capaz de hacer cualquier cosa por lo que quieres.

-¡Ve al grano! Estoy perdiendo mi tiempo.

-Sé que te has ido lejos porque no quieres verlos felices, y a mi tampoco me agrada verlos así.

-¿A ti? Creí que eras su amigo.

-Y lo soy, pero no puedo sacármela de la cabeza. Y ahora es cuando tengo que meterme en medio como el buen amigo que soy y ayudarla a sobrellevar el peso que carga.

-Se lo merece.

-Estás alimentando demasiado odio, no hagas nada de lo que después puedas arrepentirte.

-Demasiado tarde, ya he actuado y no me arrepiento de nada.

-¿Qué has hecho?

-No tengo porque decirte nada.

-Confía en mí, deseo lo mismo que tú, lo sabes.

La muchacha se quedó un rato en silencio.

-Está bien- dijo por fin- recibirás una llamada mía para concretar día y lugar.

Sin decir una palabra más, la joven colgó.

No sabía si confíar en aquel chico, ya no quería confiar en nadie. Ella podía sola con esto, podía salir adelante, aunque quizás al oír que él deseaba lo mismo que ella, cosa que le extrañó, su tentación por conocerlo un poco más aumentó. Incluso se le estaba pasando por la cabeza que quizás él podría ayudarla, ¿por qué no? al fin y al cabo estaba cerca de ellos y podría hacerles la vida imposible, aunque podía ser que el no quisiera hacerlo, después de todo se había enamorado de su ahora enemiga, aquella que no tuvo reparo en traicionarla. Poco a poco las cosas irían tomando el rumbo que ella quería.

Siento no haber actualizado pronto, he estado ocupada, y lo estaré más ya que el jueves comienzo las clases. Intentaré actualizar lo más pronto que pueda. Mil besos y gracias por sus comentarios.