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Embarazada de mi mejor amigo — capítulo 13

Capítulo 13

**:**El cambio radical de GinnyUn nublado grisáceo encapotó el cielo durante toda la mañana, y no era de extrañar, la ciudad de Londres no se caracterizaba por un sol reluciente.

La castaña acababa de terminar su trabajo, estaba feliz porque Kingsley la había readmitido, incluso le había dicho que hizo mucha falta en este puesto, pues cuando ella decidió dejarlo nadie lo ocupó. Esperaba no tener que hacerlo de nuevo, porque le encantaba su trabajo.

Mientras caminaba por los pasillos para dirigirse a la salida vió a una figura pelirroja acercándose a ella rápidamente.

-¡Herms! Menos mal que te encuentro.

Su mejor amigo pelirrojo se paró frente a ella y le dió dos besos.

-¡Ron! ¿Qué pasa?- preguntó Hermione.

-Bueno lo primero de todo es darte la bienvenida de nuevo, te echábamos de menos por aquí y sabes que me alegro muchísimo de que hayas vuelto- dijo el pelirrojo esbozando una radiante sonrisa.

-Oh muchas gracias Ron- la castaña se abalanzó sobre el pelirrojo y lo abrazó- eres el mejor.

-Bah no es para tanto, es la verdad- dijo separándose un poco de ella- ¡ah! casi se me olvida, venía a decirte que mamá nos ha invitado a almorzar en La Madriguera todos juntos, y me dijo que era importante que fuéramos todos.

-De acuerdo, ¿has avisado a Harry?- preguntó la castaña.

-¡Mierda! Ya no me da tiempo, he quedado en recoger a Luna, ¿puedes decírselo tú?- le pidió su amigo.

-¡Está bien!- su amiga soltó una risotada al verlo tan nervioso- de todas maneras habíamos quedado en irnos juntos a casa así que se lo diré y estaremos allí cuanto antes.

-En cuanto salga Harry de la oficina id para allá, ya sabes como es mamá- dijo el pelirrojo.

-Sí no te preocupes, nos vemos allí Ronald.

-Gracias- el pelirrojo le dió un beso en la mejilla y se alejó por el ajetreado pasillo.

Hermione suspiró. Su mejor amigo no había cambiado, seguía siendo igual de nervioso que siempre.

La castaña se dirigió a la salida, una vez allí se sentó en un banco cercano a esperar a Harry. Minutos más tarde el ojiverde apareció por la puerta, se paró en medio de la calle mirando hacia los lados y pudo ver la mano de Hermione que le hacía señas para que se acercara.

-Siento haber salido tan tarde- dijo el moreno dándole un beso a la castaña- tenía que terminar unos informes.

-No te preocupes- dijo Hermione levantándose del banco- por cierto, antes me he cruzado con Ron en el pasillo y me ha dicho que Molly nos ha invitado a almorzar.

-Genial- el ojiverde sonrió- ¿nos vamos entonces?

Harry tomó la mano de Hermione y juntos se desaparecieron.

Cuando sintieron el aire fresco azotando sus cabellos, ambos no pudieron más que sonreír, habían echado de menos sus estancias en esa casa.

Pegaron en la puerta y una sonriente Molly les saludó.

-¡Queridos! Cuanto me alegro de veros, pasad no os quedéis ahí.

Harry y Hermione pasaron por el largo pasillo atravesando la cocina.

-Nosotros también nos alegramos de verte Molly- dijo Hermione sonriendo.

-Oh vamos vamos, Ron y Luna ya están en el salón- la mujer les dió pequeños empujoncitos mientras conducía a los muchachos al salón.

Allí se encontraban efectivamente Ron y Luna, además de Arthur Weasley.

-¡Harry, Hermione!- exclamó Arthur que se levantó del sillón para saludarlos.

-Señor Weasley- dijo Harry estrechándole la mano.

¡Oh, vamos Harry!- exclamó el hombre- me conoces desde muchos años, ya es hora de que empiezes a llamarme por mi nombre.

-Oh lo siento- dijo Harry esbozando una sonrisa.

-¿Qué tal todo Arthur?- preguntó Hermione sentándose en el sofá tras saludar a sus dos amigos.

-No muy bien, si te soy sincero- dijo el anciano pelirrojo- Molly y yo estamos muy preocupados por Ginny.

Harry se sentó junto a Hermione y la miró durante unos minutos.

-¿Qué ocurre con Ginny?- preguntó Harry- Ron nos dijo...bueno que no se supieron nada de ella desde después de la boda.

-Así es hijo- dijo Molly- al día siguiente después de que se llevaran a Hermione al hospital, nos encontramos la casa patas arriba pero ni rastro de ella. La llamamos varias veces pero no nos cogía ese trasto muggle...

-Móvil querida, móvil- la corrigió su esposo.

-Lo que sea, nunca entenderé esos aparatejos- replicó Molly- bueno, el caso es que estuvimos contactando con ella, pero nada, no ha dado señales de vida. Ni una carta, ni una llamada, nada.

-Yo estuve en Australia y fuí a su bar, pero estaba cerrado- intervino Ron- como os dije, también me acerqué al apartamento que compartían ella y Harry, y también estaba todo patas arriba.

-Todo es culpa mía- dijo Hermione apenada.

Todos fijaron la mirada en la castaña.

-No digas tonterías- terció Harry- tú no tienes la culpa de nada.

-Sí la tengo- dijo Hermione con el semblante serio- he tenido una hija tuya Harry, de alguna manera la he traicionado, y la vida me ha devuelto la jugada arrebatándomela de mis brazos...-la castaña comenzó a derramar lágrimas por sus mejillas.

-Hermione querida no digas eso- dijo Molly acercándose a ella y abrazándola- tú no tienes la culpa de nada, mi hija nunca comprendió la relación tan estrecha que tú tienes con Harry.

-Mírame- Harry tomó a la castaña del rostro y la obligó a mirarlo- la culpa es mía, no debí aceptar casarme con Ginny sin estar seguro de mis sentimientos, porque yo siempre te he querido a ti Herms, solo que me dí cuenta demasiado tarde.

-¡Pero yo me dejé embarazar!- sollozó Hermione.

-Ni hablar, te dejaste llevar por el momento porque me amabas, y eso no es ningún pecado- dijo Harry- y nuestra hija es lo mejor que nos ha podido pasar, y donde quiera que esté ahora mismo, la vamos a encontrar, te lo juro.

Hermione lo miró con los ojos anegados en lágrimas. Sabía que Harry tenía razón. No podía culparse, el amor que sentía por Harry era más fuerte que todas las cosas, y ahora más que nunca debía enfrentarse a la realidad y encontrar a su hija.

-Harry tiene razón- Luna le tomó la mano a Hermione- tener un hijo es algo precioso, y no puedes culparte por ello, además como bien dice Harry, os amáis y contra eso nadie ha podido ni nadie puede, desde siempre os habéis tratado con tanto cariño que yo sabía que os unía algo más que una simple amistad- la rubio miró con sus intentos ojos azules a la castaña.

Ella no pudo más que sonreír y abrazar a su amiga.

-Que mi hermana no haya aceptado nunca vuestra estrecha relación, no es culpa vuestra- dijo Ron mirando a sus dos mejores amigos.

-Gracias a todos, de verdad- dijo Hermione sonriendo a todos los presentes.

-De nada cielo-dijo Molly- así que secate esas lágrimas que a ninguno nos gusta verte triste, y ahora, ¡todos a comer!

La señora Weasley, ayudada por Hermione y Luna, cubrió la mesa de su famosa comida casera, que a todos les encantaba. Disfrutaron de aquellos deliciosos manjares y pasaron un rato agradable todos juntos charlando y recordando viejos tiempos.


-¿Estás loca?

Un muchacho caminaba de un lado para otro algo nervioso. Se encontraba en una habitación en penumbra que solo era iluminada por una pequeña lamparita. El joven miraba con los ojos desorbitados a una muchaha que se encontraba sentada en la cama.

-No lo estoy- la joven lo miró con el semblante serio- simplemente es mi venganza, y como ya te dije, no me arrepiento de haberlo hecho.

-¿Sabes en el lío que te puedes meter por esto? Pensé que eras un poco más sensata.

-Nadie lo tiene porque saber, y tú mantendrás la boca cerrada, sobretodo al estar cerca de ellos.

El joven aún mantenía la mirada fija en ella. No podía creer lo que había hecho, estaba perdiendo totalmente el juicio.

-Por supuesto que no diré nada, no quiero que me vean involucrado.

La joven se levantó de la cama y caminó hacia la venta. Se quedó un rato en silencio observando a lo lejos, luego se volvió al joven.

-¿No vas a ayudarme?- preguntó suplicante.

-Te ayudaré mientras no me involucres en lo que has hecho-el muchacho rodó los ojos- ¿qué quieres que haga?

-Que los separes, o por lo menos intenta que ella muestre más interés en ti.

-¿No están sufriendo ya bastante? Además, no creo que ella vaya a volcar interés en mí, ya me lo dejó bastante claro, solo me ve como un buen amigo, nada más.

-Lo que sufren es poco a lo que he sufrido yo- la joven arrastró las palabras, y sus ojos derramaron algunas lágrimas- no puedo creer que los defiendas.

-La defiendo a ella, él me da igual- dijo el muchacho- porque ella no se merece esto que le estás haciendo.

-La defiendes porque la quieres- dijo la joven- pero es una resbalosa que me quitó lo que más quería.

-Sabes que, tus razones tendrás, no pienso discutir contigo.

El llanto de un bebé interrumpió la conversación.

-¡Maldita sea!- chilló la joven- no se calla, me pone de los nervios.

El muchacho se acercó al bebé y lo tomó en los brazos.

-¿Y qué creías, que iba a estar callada para tí? Sabes las consecuencias que conlleva lo que has hecho, y las que quedan por venir- dijo el muchacho serio mientras mecía a la bebé en sus brazos.

-No me importa. Si yo no soy feliz ellos tampoco lo serán- sentenció la joven.

El joven suspiró.

-¿Y se puede saber que piensas hacer con ella?- dijo el joven mirando a la bebé, que se había callado y lo miraba fijamente.

-Nada. Retenerla el tiempo que sea posible.

-¿Y tú la alimentarás?

-Sí, la criaré junto a mí, esta niña solo tendrá una madre.

-¿Harás creer a la niña que eres su madre?- preguntó atónito el joven.

-Así es.

-Eso es una crueldad. No podrás seguir mucho tiempo con este juego.

-Todo el que sea necesario- concluyó la joven.

Le importaba muy poco lo que él pensara, ella sabía que podía seguir adelante con esto, y así lo haría. Estaba en una ciudad lejana, lejos de su familia y de los que, quizás, creyó sus amigos, y no dejaría que nadie la encontrara. Le arrebataron la felicidad, así que ahora ella les arrebató la suya. A la pequeña recién nacida. A su hija. Porque Ginevra Weasley no se rendía ante nada.


-¡Despierta dormilona!

Harry zarandeaba a Hermione. La castaña se movió bostezando y maldiciendo al ojiverde por haberla despertado, estaba demasiado agusto.

-Cinco minutos más- pidió Hermione abrazándose a la almohada.

-¡Vamos, te he traído el desayuno!- dijo Harry.

Hermione se enderezó y se sentó en la cama. Pudo ver a un Harry sonriente con una bandeja en las manos, la cual depositó encima de sus piernas.

-¿Y esto?- preguntó la castaña, que aún por la sorpresa, no le hizo ascos a las tostadas.

-Un desayuno especial para la cumpleañera- sonrió Harry sentándose junto a ella.

-Oh Harry, muchas gracias- dijo Hermione dándole un beso en la mejilla- aunque celebrar los cumpleaños me hace sentir más vieja.

-Bobadas, sigues igual de guapísima que siempre- dijo el ojiverde.

-¿Enserio lo crees?- dijo Hermione- pensé que el embarazo me habría dejado secuelas pfjajaja- la castaña no pudo evitar reírse.

-¡Anda ya! Yo creo que el embarazo te ha sentado la mar de bien, es más, el hecho de ser mamá te hace aún más linda- dijo Harry mirándola mientras ella mordía una tostada.

-Eso es porque me ves con buenos ojos.

-Ajá.

Harry se acercó a Hermione y comenzó a besarla. Ella le tomó el rostro entre las manos y el beso fue intensificándose...pero el timbre de la puerta los interrumpió.

-Parece que nos interrumpen- dijo Harry riendo divertido.

-Será mejor que vayas a abrir- dijo la castaña- así me dejas desayunar.

Hermione le sacó la lengua a Harry y este no pudo más que sonreír. La dejó en la habitación y bajó corriendo las escaleras para abrir la puerta.

-¡Hola Hola!- Ron saludó a su amigo y entró en la casa, seguido de Luna.

-Me alegra verte tío- dijo Harry abrazándolo- a ti también Luna.

-Y a nosotros también nos alegra verte Harry- dijo la rubia- ¿y dónde está la cumpleañera?

-Arriba desayunando, ahora bajará-dijo Harry- pero pasad, sentaros.

Los tres amigos andaron por el largo pasillo hasta llegar al comedor donde se sentaron a esperar a Hermione. Al cabo de una media hora la castaña apareció por la puerta.

-¡FELICIDADES!-Ron y Luna fueron corriendo hacia ella y la abrazaron.

-¡Oh gracias chicos!- dijo Hermione radiante de felicidad.

-Tu regalo- Ron le ofreció algo al parecer cuadrado envuelto en papel.

Hermione lo abrió.

-Oh Ron...

-Es el libro que querías, el que nunca tuviste oportunidad de comprar.

-Muchísimas gracias- la castaña abrazó a su amigo pelirrojo- no sabes las ganas que tenía de conseguirlo.

Ron sonrió a su amiga.

-Este es el mío Herms- ahora fue Luna quien le ofreció el suyo.

La castaña abrió el regalo, eran unos guantes de lana.

-¡Qué bonitos!- exclamó.

-Los he tejido yo misma- dijo la rubia.

-¿En serio?- dijo Hermione sorprendida- muchas gracias Luna, ya me hacían falta unos nuevos.

-De nada- respondió la rubia.

Harry se acercó donde estaban sus amigos.

-Ahora es mi turno.

Harry le ofreció a Hermione su regalo. Ella arrancó el papel y descubrió una bonita caja de madera. La abrió, dentro había un colgante engarzado en plata, que rezaba "Hermione" con unas pequeñas letras colgando.

-Harry es precioso- dijo Hermione- ¿me lo pones?

-Por supuesto.

El ojiverde tomó el colgante y se lo colocó alrededor del cuello a la castaña.

-Muchas gracias- dijo Hermione que se acercó al ojiverde y le dió un corto beso.

-De nada, todo es poco para ti- respondió Harry.

-Bueno, ¿vamos a celebrarlo no?- sugirió Ron.

Luna le dió un codazo a Ron.

-Esto Hermione...vamos a La Madriguera, Molly nos dijo que fuéramos, quería decirnos algo- dijo Luna rápidamente. Ésta le guiño un ojo a Harry.

-Está bien- dijo Hermione.

Los cuatro amigos se aparecieron en el hogar de los Weasley.

-¡SORPRESA!

El salón de La Madriguera estaba decorado con globos de todos los colores y guirnaldas. A la entrada se podía apreciar unas letras colgando de la puerta que decían "Feliz Cumpleaños Hermione". El lugar estaba abarrotado de gente, entre ellos se encontraban compañeros del colegio, además de los padres de Hermione y parte de la familia Weasley.

-Oh dios mío- dijo Hermione que aún estaba con la boca abierta.

-¿Te ha gustado la sorpresa?- preguntó Ron dirigiéndose a su amiga.

-Me ha encantado. Muchísimas gracias a todos, no me lo esperaba.

Hermione recibió todo tipo de felicitaciones y afectos por parte de sus amigos y familia.

-Muchas felicidades cariño- Jane Granger se acercó a su hija y la abrazó- sé que ahora mismo estás pasando por un mal momento, pero pensamos que quizás esto te animaría.

-Muchas gracias mamá.

-Felicidades Herms- un chico apareció tras ella. Era Jack.

-¡Jack!- Hermione lo abrazó- ¿tú por aquí?

-Me llamaron tus padres- dijo el joven sonriente- toma tu regalo.

-Oh no tenías porque hacerlo- dijo Hermione mientras lo abría.

La castaña se encontró con un par de pendientes de plata en forma de corazón.

-Son preciosos, gracias- dijo ella dándole un beso en la mejilla.

Harry observaba la escena desde la puerta. No sabía porque, pero ese tipo no le daba buena espina.

-Herms, ¿podemos hablar a solas?- le preguntó Jack.

-Eh...sí claro, vamos fuera.

Hermione y Jack se hicieron paso entre la gente y, tras varias felicitaciones que recibió la castaña mientras atravesaban el salón, salieron al jardín.

-¿Y bien, que querías hablar?- dijo Hermione.

-Mira Herms- comenzó Jack- sé que hace meses que te dije que no me interpondría entre tú y Harry, a pesar de mis sentimientos...pero estos meses he estado dándole vueltas y reflexionando, y he llegado a la conclusión de que no puedo hacer lo que me pediste, porque me he enamorado de ti . De veras que he intentado verte como una amiga, pero no puedo.

Hermione lo miró y suspiro.

-Jack- dijo ella- de verdad que lo siento, pero sabes que yo no puedo corresponderte. Estoy con Harry porque lo amo, además de que tenemos una hija, y en estos momentos lo estamos pasando muy mal por su desaparición y lo único que yo deseo en estos momentos es tenerla junto a mí.

-Lo sé Herms, solo me estoy sincerando contigo- dijo Jack tomándola de las manos- y he de decirte que no pienso renunciar a ti, no me importan las consecuencias. Lucharé por ti Hermione.

-Jack por favor...

-No me vas a convencer. Te ayudaré a buscar a tu hija.

-La policía ya se está encargando.

-¿Y crees de verdad que ellos la van a encontrar?

Hermione lo miró y luego bajó la cabeza. En ese momento alguien la estaba llamando.

-Por ahí viene tu amigo- dijo Jack.

Hermione giró la cabeza y vió a cierto pelirrojo corriendo hacia ella.

-¡Hermione!- dijo Ron que apenas podía respirar- Harry me dijo que estabas aquí con él- tras decir esto el pelirrojo le dirigió una mirada de indiferencia a Jack.

-Sí, ¿qué pasa?

-Creo que he llegado a una conclusión de donde podría estar Ginny- comenzó- he hablado con mis padres, y ambos mencionaron por casualidad que Ginny siempre quiso ir a la ciudad de Nueva York.

Por algún extraño motivo la cara de Jack se tornó a un rosa pálido.

-¿Ah sí? ¿Y que conclusión has sacado de eso?

-Si no lo sabes tú que eres la inteligente...

Hermione miró a su amigo pelirrojo durante unos minutos.

-¿No estarás insinuando que Ginny podría estar en Nueva York?

-Eso es exactamente lo que creo.

Hermione sonrió a su amigo, pues al fin y al cabo, ella no era la única que podía estrujar un poco su cerebro.

-Vamos dentro- dijo Ron tomando el brazo de su amiga- ¿vienes?- ahora se dirigió a Jack.

-No, voy en un rato- respondió el joven.

Hermione y Ron entraron rápidamente en la casa y con la mirada buscaron a Harry. El ojiverde los divisó a pocos metros.

-¿Se lo has dicho?-preguntó cuando llegó hacia donde estaban ellos.

-Sí- afirmó Ron- tendré que aparecerme en la ciudad y averiguar si de verdad está allí.

-¿Vas a ir solo?- preguntó Hermione.

-Así es, si con suerte la encuentro intentaré que entre en razón y que vuelva. Todos estamos muy preocupados.

-No tienes porque ir solo amigo, te acompañaremos- dijo Harry- en parte tenemos la culpa de que se haya ido.

-No tenéis la culpa de nada- terció Ron- es ella la que entró en una paranoia, yo sé como arreglármelas con ella.

-Tampoco estás tan seguro de que esté allí- intervino Hermione.

-Lo sé, pero hasta ahora es la única pista a la que podemos aferrarnos.

Hermione sintió un gran alivio. Al menos tenían la esperanza de poder encontrar a Ginny y evitar que hiciera alguna locura.


Una pelirroja caminaba de un lado a otro mientras mecía a una bebé entre sus brazos.

-Tranquila, conmigo estás a salvo- decía la pelirroja mirando a la niña.

De repente el móvil le vibró en el bolsillo.

-¿Qué quieres?

-Más vale que te vayas de ahí, van a descubrir tu paradero- Jack hablaba al otro lado del teléfono.

-¿De qué hablas?

-Tu brillante hermano ha llegado a la conclusión de que quizás te encuentras en Nueva York.

-¿Y como ha llegado a esa conclusión?- preguntó Ginny asustada.

-Tus padres le dijeron que Nueva York era la ciudad que más deseabas visitar.

-Maldita sea- dijo la pelirroja- bueno al menos no les resultará fácil encontrarme.

-Yo que tú no subestimaría a los magos.

-Olvidas que yo también soy bruja.

-Cierto. Ten cuidado.

-Lo tendré.


En La Madriguera todos se encontraban recogiendo el salón tras la fiesta de Hermione.

Harry y Ron bajaron rápidamente las escaleras.

-Estamos listos- dijo Harry.

-¿Para qué?- preguntó Bill.

-Para ir a Nueva York a buscar a Ginny- dijo Ron.

Hermione acababa de entrar en el salón. Tenía su pequeño bolsito de cuentas en la mano.

-Por si acaso- dijo mirando a Harry y Ron.

-Como en los viejos tiempo- dijo Harry sonriéndole.

-Hijo- Molly se dirigió a Ron- si la encontráis hazla entrar en razón, y traedla de vuelta.

-Lo haremos mamá- dijo Ron.

-Buena suerte- les dijo Bill.

Los tres amigos se tomaron las manos y se desparecieron. Todo les daba vueltas, sintieron unos retortijonens horribles en el estómago, y al fin pisaron el centro de Nueva York. Al aparecerse en una ciudad más lejana el viaje fue algo más movido.

-¿Cómo vamos a encontrarla aquí?- preguntó Harry- ¡esto es enorme!

Hermione sacó su varita del bolsillo y dijo en voz alta: ¡Accio colgante de Ginny!

-Brillante- dijeron Harry y Ron al unísono.

-¡Mirad!- señaló la castaña.

De la ventana de un edificio cercano salía el colgante de Ginny, el cual flotó hacia ellos.

-¡Allí tiene que estar!- exclamó Ron exasperado- ¡vamos!

Los tres amigos corrieron hacia el portal de aquel edificio que, con suerte, estaba abierto. Tomaron el ascensor y subieron hasta el sexto piso.

-¿Y ahora qué puerta es?- preguntó Ron.

De repente escucharon un llanto tras una de las puertas. Hermione miró alarmada a Harry.

-No puede ser- dijo la castaña, que no tardó en salir corriendo hacia donde provenía el llanto.

-Hermione no sabemos si...

-¡ABRAN LA PUERTA!- la castaña comenzó a aporrear la puerta. Nadie contestó pero el llanto de ese bebé le atravesó el pecho.

Ron apartó a Hermione y gritó: ¡Alohomora!

Los tres entraron rápidamente en el apartamento. No había nadie, pero el llanto del bebé provenía del dormitorio.

-Vamos- susurró Harry.

Ron y Hermione siguieron al ojiverde con las varitas en alto. Harry empujó la puerta. Los tres amigos se sobresaltaron ante la imagen que veían sus ojos: Ginny Weasley se encontraba en medio de la habitación con la varita en alto apuntándoles, y con la mano libre sostenía a la niña.

-¡¿TÚ?!- gritó Hermione.

La niña rompió en llanto de nuevo.

-No os acerquéis- amenazó la pelirroja.

-¡GINEVRA MOLLY WEASLEY!- chilló Harry- ¡DEVUÉLVENOS A LA NIÑA!

-Ni lo sueñes- dijo Ginny con frialdad.

-Ginevra-empezó Ron- no me puedo creer lo que has hecho, tú no eres mi hermana.

-Me importa un bledo lo que sea o no sea para ti- terció Ginny- ¿creías que iba a ser la tonta e inocente Ginny? De eso nada. Me he vengado de todo el daño que me habéis causado.

-Ginny, por favor- rogó Hermione con los ojos anegados en lágrimas- devuélveme a mi hija.

Hermione miraba a la pequeña. Su hija paró de llorar al ver a la castaña, la pequeña alzó los brazos en dirección a ella.

-Sufre Hermione- dijo Ginny- ¡sufre como yo he sufrido!

Harry dió un paso adelante mientras apuntaba a Ginny.

-Sabes que no puedes hacerme nada Harry- dijo la pelirroja- si me haces algo, se lo harás también a tu hija.

-Eres una maldita traidora Weasley- Harry arrastró las palabras con desprecio.

-¿Por qué haces esto Ginny?- preguntó Ron.

-Já- rió Ginny con sorna- te diré el porque querido hermanito. Ustedes me hicistéis demasiado daño. Harry me engañó con la que creía mi amiga, y lo peor...¡lo peor es que la deja embarazada! ¿y yo qué? Os importó una bledo como me sentía, el día que iba a ser todo maravilloso, el día de mi boda, de repente todo se volvió negro. Corristéis todos a ver a Hermione al hospital, y os olvidásteis de mí. No pensastéis en cómo me sentía...

-Tienes que entender de una vez por todas que nunca te amé como amo a Hermione- la interrumpió Harry- nunca debí aceptar casarme contigo, iba a cometer un gran error. Mi intención nunca fue hacerte daño Ginny.

-El daño ya está hecho- dijo Ginny- si yo no soy feliz, vosotros tampoco lo seréis. Esta es mi venganza por todo el daño que me habéis causado.

-¡ELLA NO TIENE LA CULPA!- gritó Hermione.

-Oh por supuesto que no la tiene- terció la pelirroja- pero ella es vuestra felicidad, y yo os la arrebato.

-Se acabo el juego- dijo Harry- suelta a mi hija Ginevra.

La varita de Harry apuntaba amenazadoramente a la pelirroja.

-Dejadme en paz- dijo Ginny con la voz ronca- ¡Desmaius!

Un chorro de luz roja atravesó el pecho de Harry y lo derrumbó en el suelo.

-¡HARRY!- gritó Hermione que se arrodilló junto a él.

Ahora fue Ron el que apuntó a la pelirroja, pero para su sorpresa, había desaparecido.

-¡Se ha ido!- gritó Ron.

Hermione no podía asimilar aquella situación. Harry estaba inconsciente junto a ella, mientras que Ron solo sabía soltar gruñidos. Aún no podía quitarse de la cabeza la imagen de Ginny con la niña en brazos. Jamás se habría imaginado que la pequeña de los Weasley fuera capaz de hacer semejante barbaridad. Ahora que sabían su paradero no podría ir muy lejos, la encontrarían sea como sea.

Harry comenzó a moverse.

-Harry- dijo Hermione volviéndose hacia él.

El ojiverde se enderezó. Tenía un dolor de cabeza insoportable.

-¿Q-que ha pasado?- dijo llevándose ambas manos a la cabeza- ¡auch, mi cabeza!

-Ginny te lanzó un desmaius- dijo Hermione mirándolo con preocupación.

-Maldita sea, ¿dónde está ese demonio?- exclamó Harry enfurecido.

-Se ha ido tío- Ron se arrodilló frente a él- ha vuelto a escapar con la niña.

-¡NO!- gritó Harry- auch...la mataré.

-Ahora que sabemos su paradero no debe andar lejos- dijo su amigo pelirrojo, el cual le tendió una mano y lo ayudó a levantarse.

-No dejaré a mi hija en manos de esa loca- espetó Harry.

-Paró de llorar cuando me vió-la voz de Hermione retumbó en la habitación- alzó sus brazitos...

La castaña comenzó a derramar lágrimas sin poder evitarlo. Harry le pasó un brazo por el hombro y la estrechó contra él.

-Tranquila, la encontraremos y pronto la tendremos con nosotros- le decía Harry mientras la abrazaba.

-Será mejor que volvamos a casa- dijo Ron- aquí ya no hacemos nada.

-Tienes razón- dijo Harry, que apenas podía moverse sin poner una mueca de dolor.

Los amigos se tomaron de las manos y desaparecieron de allí.

*¡CRACK!*La señora Weasley corrió escaleras abajo al escuchar ese sonido. En el comedor se encontró con Harry, Hermione y Ron, y a juzgar por sus caras temió que traerían malas noticias.

-¿Qué ha pasado?- preguntó Molly desesperada.

-Hemos encontrado a Ginny- respondió Ron. Su cara no expresaba el menor indicio de felicidad.

-¿Y dónde está?- volvió a preguntar la anciana bruja.

-Se...se fue- fue lo único que logró decir el pelirrojo antes de desplomarse en una de las sillas.

-¿Cómo que se fue? Será mejor que seas más concreto querido- repuso la señora Weasley.

-Mamá- dijo Ron, que no sabía como empezar a hablar, las manos le sudaban y no era capaz de mirar a su madre- encontramos a Ginny en un apartamento de Nueva York, y ella estaba...ella ha...

-Suéltalo ya Ronald- le espetó su madre, que empezó a perder la paciencia.

-Ginny fue la que se llevó a la hija de Harry y Hermione- soltó por fin, quitándose un gran peso de encima.

Molly Weasley cerró los ojos con fuerza, no sin antes mirar a su hijo, y luego a Harry y Hermione durante unos minutos, que a los muchachos les parecieron eternos. Minutos más tarde se sentó en una de las sillas frente a Ron, se llevó las manos al pecho y comenzó a respirar agitadamente.

-Eso no...puede ser- dijo casi sin respiración- mi hija no es así.

-Mamá no sabes cuanto siento tener que decirte esto, pero es la verdad- dijo Ron, cuya voz sonaba más ronca de lo normal- esto es tan difícil para ti como lo es para mí. Ginny ya no es la misma. Ha cambiado. Nos guarda demasiado rencor a todos, y según ella, como venganza, fue capaz de hacer lo que hizo.

-No puedo creer que Ginny haya sido la culpable de la desaparición- dijo la señora Weasley, ahora un poco más calmada- ¿y a dónde se fue?

-No lo sé- dijo Ron- no pudimos detenerla, ella...ella nos estaba apuntando con la varita cuando la encontramos, intenté detenerla pero ella...se desapareció de allí.

Molly se quedó un rato en silencio, y luego con gesto de desaprobación, movía la cabeza negativamente de un lado a otro.

-Creemos que no ha podido ir lejos- intervino Harry sentándose junto a Ron- ahora que sabemos su paradero seguramente haya huído a algún lugar cercano.

-Lo siento muchísimo- dijo Molly dirigiéndose a Harry y luego a Hermione- siento tanto que mi hija haya cometido esa locura...

-Molly- dijo Hermione que se había acercado a ella y le pasó un brazo por el hombro- no es culpa suya, sino de su hija. Ha perdido completamente el juicio.

-Querida me imagino como te sientes ahora- dijo Molly tomándole la mano a la castaña- pudiste ver...bueno, ¿pudiste ver a la niña? ¿está bien?

Hermione respiró hondo, pero tardo unos segundos en poder contestar.

-Sí, la vimos- dijo por fin- Ginny la tenía en brazos, no quería soltarla y... se la llevó de nuevo.

Hermione tuvó que morderse el labio para evitar llorar, de nuevo. Odiaba que la vieran llorar en público.

No sabía cómo, pero tenía que encontrar a su hija ahora que ya sabía quién se la había arrebatado. Sea donde sea que estuviera Ginny, iba a encontrarla, esa pelirroja aún no había conocido la ira de Hermione Granger.

Esta capítulo ha sido más largo, para compensarles jejeje, pues estoy ya en clases y no sé cuando voy a poder actualizar. A la historia le queda poco, 3 capítulos más o así. Gracias por seguirla. Un beso