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Severus Snape a través de los años — capítulo 10

Continuamos. Besos ;). Severus dormía, pero por alguna extraña razón en particular, escuchaba voces sobre su cabeza. ¿Es que acaso estaba ya muerto y alguien pisaba su tumba? Despertó ligeramente sobresaltado y escuchó una risilla, que conocía muy bien. Erisabeth estaba despierta y no estaba sola. La maestra le acompañaba. — ¡Papi! Buenos días. — Lo siento, señor Snape. Solo estaba de paso. Vine a traer algunas cosas que los niños de la guardería, hicieron para Erisabeth. Estaban un poco conmocionados con lo ocurrido, así que decidimos dibujar lo que más le gustaba a cada uno para que escribieran algunas palabras de aliento para ella. Además de que algunos, te compraron dulces. Mira. Eran chocolates pequeños, de colores diversos. Erisabeth sonrió llena de emoción, mientras Snape se sentaba en el sofá, ligeramente confundido. — ¿Quieres uno, papi? Severus negó con la cabeza, mientras ella comía aquellos chocolates. Gustosa. La maestra había sonreído suavemente. — Y estarán ansiosos de firmar tu yeso y hacer dibujos sobre él. Señor Snape, sobre los cuentos. Si no quisiera que los redistribuyera... Erisabeth miró a su padre, con curiosidad. Severus negó con la cabeza y sonrió suavemente, mirando a su hija. Ya había sido suficiente de eso,. — Véndalos si eso quiere. Además, Erisabeth y yo tenemos algo de que hablar. La pequeña había alzado la cabeza para mirarlo, mientras la maestra salía de aquella habitación, asintiendo. En silencio. — Erisabeth— dijo, mientras se sentaba junto a ella en la cama.— hay algo que quiero decirte y quiero que prestes mucha atención. ¿De acuerdo? — Sí papi. Explicar que había sido un "mago" y que además de ello, había sido un hombre "malo", no resultaba sencillo. Pero todas aquellas pesadillas que quería evitarle, tenía que referírselas. No podía esconder al mundo y sus crueldades. Y aún no sabía si ella resultaba ser una bruja o solo una muggle. — Entonces ¿el niño de tus cuentos, eres tú papi? ¿¡Puedes hacer magia!? ¡Enséñame, enséñame! ¿Sí? Severus había sacado su varita de uno de sus bolsillos, cuidadosamente. Había apuntado la pequeña lámpara de noche junto a Erisabeth y esta se se había encendido. Con un movimiento de su brazo, aquella luz que provenía de ella, parpadeaba. Una y otra vez. — ¡Es muy divertido! ¡Haz un truco papi! — No soy de esos magos que lees, Erisabeth. No hago trucos. — ¡Algo lindo, sí! Lo único que tenía en mente, era su patronus. Y ella sonreía feliz, mientras aquella cierva corría alrededor de la habitación y movía su nariz, mientras Erisabeth trataba de tocarla. Y se disolvía entre sus manos. — ¡Qué bonita! ¿Y qué es? — Es una cierva. Se llama patronus y es un encantamiento que sirve para defenderse. Como un escudo. También para enviar algún mensaje a otro mago. — ¡Le diré a mi maestra papi!— exclamó, mientras intentaba bajarse de la cama. Severus había negado con la cabeza y ella regresó a su postura original. — No. Es un secreto. Las personas que no son como yo, no deben saberlo bajo ninguna circunstancia. No puedes decírselo a alguien, Erisabeth. La pequeña asintió en silencio. — ¿Y si mi maestra fuera como tú, papi? ¿O yo? — Pues no lo sé. Quizá tú sí lo seas. Aunque en lo que llevas de vida; no has hecho nada sorprendente aún.  Esa era su nueva meta. ¡Aprender a ser una bruja como su padre era un mago! Porque, se podía aprender... ¿Cierto? — Enséñame papi, ¡enséñame! Pues tenía que saber si realmente era bruja o no, para todas esas cosas. Quizá si hacía un par de pruebas. A lo mejor ella también resultaba ser parte de su mundo y entonces, podría entender muchas cosas. Y además de ello, no sentirse solo como "mago", dentro de un universo de muggles. EDITO D: ando cansada pero ya mañana termino ;D.