← Severus Snape a través de los años · de
Severus Snape a través de los años — capítulo 5
Bien, por mayoría de votos...gana el OC. No he podido contestar comentarios, olvidé mi contraseña y como Potterfics había desactivado (o ha en este caso) los correos al mail, no la podía recuperar. Pero ya lo solucioné. Pues bueno, lo justo es justo y el OC gana contra el Sevmione. Espero que no se decepcionen lo que lo esperaban, pero bueno... Saludos y besos. Cariños a todo mundo. Gracias por leer. Pese a querer disuadir a su hija de ello, no pudo evitar que lo convenciera de invitar a su "maestra" a casa. La mujer colocaba el abrigo cuidadosamente, sobre un perchero junto a la puerta. Admiró el lugar durante unos cortos minutos. Era distinto de como imaginaba. Pese a vivir solo, el calor de hogar podía percibirse en muebles suaves, finos y colores agradables en las paredes. Además de un par de muñecos que imaginó, por supuesto, le pertenecían a Erisabeth. Estaban sentados en el sofá y parecían una graciosa compañía en visita. Erisabeth corrió hasta su habitación, luego de haber soltado la mano de su padre. Severus le daba la espalda, mientras colgaba su largo abrigo y la bufanda negra que había estado usando, en el mismo perchero. Erisabeth había dejado caer su impermeable sobre el sofá y había ido directo a su habitación. Regresó en poco tiempo, mientras su maestra se sentaba en una esquina de aquel mueble. — ¡Maestra, maestra! Los cuentos de mi papi. La mujer sonrió tomándolos de sus manos, mientras Erisabeth se llevaba ambos brazos tras su espalda y subía, y bajaba sobre la punta de sus pies. Con una enorme sonrisa. — Erisabeth, recoge el impermeable y ponlo donde debe ser.— dijo Snape suavemente y ella había asentido con otra sonrisa, tomándolo entre sus manos y corriendo en dirección a su habitación. — Es una niña muy dulce, educada y obediente. — Y así debe ser— respondió Snape apenas en un susurro. Estaba parado frente a la mujer y ella había cerrado los ojos, con una sonrisa. — ¿Sabe, señor Snape? No creo que lo vaya a morder o que vaya a pegarle una extraña enfermedad, solo con que se siente a mi lado o se siente en alguna parte. Severus no contestó y sin embargo, pensaba que aquello había sido una especie de osadía. Pero bueno, así solían ser las personas. Descortesía. Por eso le enseñaba a Erisabeth, buenos modales. Quizá exageraba un poco. — Son unos cuentos fantásticos, ¡sin duda alguna!— comentó aquella mujer, apartando su largo y lacio cabello rubio, para hacer una coleta con una cinta que cargaba en su muñeca izquierda. Severus se sentó a un lado y la admiró, mientras ella sonreía pasando las páginas. — No creo que sean material publicable, didáctico. Aquella mujer se disponía a hablar, pero Erisabeth regresaba al salón, corriendo. Se detenía junto a su padre, llena de emoción. Apenas podía quedarse quieta y no dejaba de ver a su maestra con una sonrisa. — Le diré una cosa, señor Snape. Si me permite, se los llevaré a mi amigo editor de textos escolares y si a él le parecen un buen material, haremos entonces una cita. ¿Le parece bien? Snape no supo qué decir, mientras observaba a Erisabeth que sonreía como si frente a ella, estuviese el más grande oso de felpa que hubiera visto. Asintió entonces y la mujer hizo lo mismo. Erisabeth rió, mientras tomaba uno de los muñecos que estaba "sentado" en el sofá. Un largo perro de orejas negras y cuerpo marrón café. Una mancha negra en su ojo izquierdo y la panza resultaba ser de color blanca como sus patas. — Maestra ¿y mis cuentos? — Me los tengo que llevar, Eri. Para que el editor los vea y los estudie. — ¿Se los tiene que llevar? ¡No, no quiero que se los quede maestra! A mí me gustan y me los hizo mi papi. — No me los quedaré, te lo prometo. Se los devolveré a tu padre. Son los originales. Te prometo que en unos días volverás a verlos. ¡Lo antes posible! Erisabeth asintió, mientras apretaba aquel muñeco contra su pecho. La maestra se había despedido con un beso en la mejilla de la pequeña, pero ella no parecía contenta. ¿Con qué iba a dormirse aquella noche? Severus suspiraba, mientras ella durante la cena pensaba en eso. Miró su habitación, mientras su padre encendía la luz y ella, caminaba hasta su cama, dudosa. — Algún día tienes que aprender a dormir sin ellos, Erisabeth. Algún día crecerás y tendremos que remodelar la habitación y además, ya no necesitarás de los cuentos para dormirte. O de mí, para lo mismo. O quizá nunca vengas a casa. La pequeña miró a su padre con aprehensión, cruzándose de brazos y respirando hondamente. Snape sabía lo que venía. Una queja formal. — ¿Y por qué te dejaría solo, papi?— dijo, frunciendo el ceño— yo no te quiero dejar como nos dejó mami. Pero el asunto de todo eso, no era precisamente el quedarse solo. No. Era que su madre no los había abandonado. Y en realidad; no a él. Sino a ella. Chicos, tuve un viaje largo. Mañana les echo más, saludos y besos. Suerte y espero les guste.