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Severus Snape a través de los años — capítulo 6

Severus se mantuvo sentado a un lado, mientras ella intentaba dormirse. Apretaba aquel muñeco contra su pecho, mientras lo miraba a él. Snape solo esperaba, pero parecía que ella no se dormiría. — De acuerdo, te contaré una historia. Solo si prometes que vas a dormir luego. La niña asentía con una sonrisa, mientras Severus pensaba qué podía contar. Había prometido una historia con un final feliz, pero era pésimo para esas cosas. Incluso en hechos reales, había tenido una historia trágica. — Intentaré que esta sea una historia feliz. Estaba contando aquel primer día de Harry Potter, desde el punto de vista del muchacho y cómo había ganado la copa de las casas y el Quiddicht. Lo más feliz que se le ocurría e historia que tenía que escribir para su próximo cuento. La admiró, mientras dormía luego de aquella historia. El perro de felpa estaba próximo a resbalar de sus brazos, así que lo acomodó entre ellos. Ella lo abrazó y se dio la vuelta, para continuar durmiendo. Sonrió suavemente, mientras acariciaba su cabeza. Recordaba aquel momento en el tiempo, cuando la había visto. Ella era solo una bebita. Pero por supuesto que ella jamás lo sabría, no estaba preparado para decírselo. No estaba preparado para decirle que su madre había muerto. No en sus manos, pero sin embargo, él no había hecho nada por ayudar. Más bien, había visto enormes llamaradas, casas derrumbarse y mujeres llorar. Gritar y ser separadas de sus hijos, de su familia. Ese había sido el caso de Erisabeth. La buscó por mucho tiempo y a sus tres años de vida, se había enterado de que la mujer era su única familia y estaba tan muerta como su esposo y bueno, resultaban ser una familia pequeña. Casi tanto como Harry Potter, solo que él no había tenido tanta suerte. Como fuere, se inclinó hasta depositar un beso sobre su cabeza. Si algo sentía que hacía bien, era educarla como quizá, su verdadera familia hubiera querido. Y bien, esperaba que fuera mayor para explicarle qué había sucedido. Fortuitamente y como cosa del destino, ella era parecida a él. No se notaban muchas diferencias. O casi. Apagó las luces y se dejó caer en su cama, meditó durante largo tiempo. ¿Qué hubiera sido de su madre si aún viviera? ¿Seguiría buscando a su hija, desesperadamente? Hasta que seguramente ambos se encontraran. Era el destino, que siempre le traía nuevos retos que no sabía cómo enfrentar. Respiró hondamente y se preguntó si el aparecer como escritor, no le daría aquella fama y lo daría por vivo, dentro de la comunidad mágica y muggle. Prefería un seudónimo. Seguir muerto. Y pensando en ello, se había quedado dormido. Sin haberse siquiera puesto pijama alguna. Así como se había vestido, se había dormido. Con la mente a miles de revoluciones por segundo, imaginándose en pinturas móviles, la continuación de aquellas historias. Estaba "inspirado". Si se quería. A mitad de la noche, mientras dormía, sintió una especie de "movimiento". Bueno, realmente había escuchado. Abrió los ojos, adormilado, confundido. Erisabeth estaba parada en la puerta, con el perro entre sus brazos. — ¿Qué sucede?— preguntó, mientras trataba de encender la luz, pero había tropezado con la mesa de noche. Luego de encenderla, se había dado la vuelta pero ella ya no estaba allí. Se levantó de un salto. No podía estar alucinando. O tal vez sí. — ¿Erisabeth? Había caminado hasta el salón, pero ella no estaba allí. Caminó hasta su habitación y bueno, estaba en su cama. ¿Alucinaba? ¿Acaso se convertía en producto de sus pensamientos? ¿De haberse llevado a una niña cuyos padres habían muerto y él no había hecho nada para detener aquel suceso? Sí había hecho, pero no podía salvarlos a todos. — Papi... Aquello lo había sacado de sus ensoñaciones. — ¿Erisabeth...qué? — No puedo dormir. — ¿Estabas parada en mi habitación, no es cierto? La niña había asentido en cuanto él había encendido la luz. Se inclinó hasta estar a su altura, mientras ella estaba sentada en la cama. — No quise molestarte, papi. Es solo que me duele el estómago. — Has comido mucho últimamente, en el desayuno. — No papi, es otra cosa. Me duele algo que no sé qué es. Lo siento en el estómago y quiero llorar. Había sentido algo similar. Severus había inspirado y posado una mano sobre su pecho. Alzó la vista y ella había asentido en silencio. — Y por algo que no entiendo, papi, siento que estás triste. ¿Estás triste? ¿Facilidad para presentir cosas? No lo creía posible. Negó con la cabeza, suavemente, mientras sonreía apenas de forma perceptible. Bueno, no quería mentir pero tampoco preocuparla y verse obligado a explicarle en realidad, lo que sucedía. — No quieres que alguien vea esos cuentos ¿verdad papi? — Realmente no importa tanto. Si es lo que tú quieres... — No quieres que todos sepan que tú los hiciste, papi. ¿Verdad? No quieres que todos escuchen lo que escribiste para mí o que lo miren. ¿Por qué, papi? ¿Qué hay de malo en eso? No lo entiendo. ¿Me lo puedes explicar, por favor? Bien, tenía cinco pero no había criado a ninguna tonta. No a Erisabeth. Dedicado a una querida amiga en twitter :D. Espero que te guste y te mando muchos besos y cariños :P.