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Severus Snape a través de los años — capítulo 7
A ver, seguimos. ¡Saludos y besos! :) Severus Snape la miró, a sus ojos grises, mientras ella esperaba pacientemente. ¿Qué iba a decir? Nunca le había mencionado que era un mago y no sabía si ella también lo era o si en realidad, su madre era muggle. Nunca había tenido tiempo de corroborarlo y ella no parecía dar algún signo de que era una bruja. Entonces, ¿debía intuir que era una niña común y corriente? — Te prometo que te lo diré en la mañana. Justo ahora, es tiempo de dormir. Es muy tarde para hablar. Pero Erisabeth negaba enfáticamente con la cabeza y suspiraba, en su cama. Había comenzado a llorar e hipaba para respirar. — ¿Quieres venir a dormir conmigo, en la cama?— preguntó, mientras se ponía en pie luego de estar hincado durante varios minutos. Erisabeth asintió rápidamente y se bajó de la cama, tomando su almohada. Severus fue el primero en recostarse en la cama y ella, gateó hasta él. Colocó su almohada sobre su pecho y apoyó su cabeza en silencio. — Te quiero, papi. ¡Te quiero mucho! El hombre sonrió, mientras acariciaba su cabello. Paulatinamente se había quedado dormida y él de igual forma. Pensando en lo que tendría que decir al día siguiente. Y fue el primero en levantarse, muy temprano. Trató de moverse lo más suave que podía, para evitar despertarla antes de tiempo. Al conseguirlo, ella se acomodaba en la cama a su antojo, para continuar durmiendo. Inspiró pesadamente, cubriéndola con las cobijas. Que le propusieran un platillo complicado de elaborar y lo intentaría. Pero no que le propusieran explicarle la verdad a su "hija". En teoría que no lo era tampoco. Se sentía mareado. Confundido. Y Erisabeth había despertado mucho más tarde, por supuesto. Estaba cansada como esperaba. Escuchó su voz en la habitación, mientras se bajaba de la cama. — ¿Papi? Caminó hasta el salón, para encontrarlo. Miró a su alrededor, pero no estaba allí. — ¿Papi? — Estoy aquí, Erisabeth. Ladeó la cabeza para encontrarlo sentado en una de las sillas del comedor, mirándola en silencio. — ¿Qué haces allí, papi? ¡Vamos a salir a comer! ¿Sí? — Querías que te explicara por qué no estaba dispuesto a publicar los cuentos, ¿no es cierto? Pues por eso estoy aquí. Asintió, subiéndose a una silla y colocando su manta sobre la mesa, para recostar su cabeza en ella y mirarlo. Severus respiró pesadamente y se preparó mentalmente, para decir todo menos la verdad tras los cuentos. Inventarse cualquier cosa. — No quiero ser reconocido. No quiero que las personas nos acechen. No quiero que vivas eso. Sentirte acosada por personas que traten de llegar a mí o que hagas amigos a quienes solo les importe de quién eres hija. Amigos interesados. Erisabeth lo miraba con mucha atención, curiosa. Pero ¡si todos aquellos cuentos iban a hacer felices a muchos niños, como la hacían feliz a ella! ¿Cómo no podría ser algo divertido si realmente, esas historias eran maravillosas? Ella se imaginaba cada detalle. Cada parte de aquel inmenso castillo que su padre llamaba "Hogwarts". No podía desistir. ¡Tenía que convencerlo de publicar! Sin importar lo que le pasara a ella. Si su padre era feliz así, ella también. Porque...era feliz ¿cierto? — ¡Pero papi! Si tus cuentos son ¡muy buenos! Harás feliz a muchos niños, como me haces feliz a mí. ¡Tienes que publicarlos, yo quiero que lo hagas y seas muy feliz! No importa qué pase con los demás niños y yo, papi. Estaba decidida. No se lo sacaría de la cabeza, ni aunque quisiera. Ni aunque forrara su habitación de muñecos de felpa. Bueno, su único consuelo era el editor de libros escolares. Si a él no le parecía material apropiado, se podría salvar hasta de eso. Aunque pensaba que la maestra insistiría. — Erisabeth, ¿sabes por qué tengo esa cicatriz en el cuello? — No, papi. ¿Por qué? ¿Te duele mucho? — La tengo por hombres malos, Erisabeth. Hombres que trataron de asesinarme, antes de que tú cumplieras un año. Y desde entonces no me han encontrado. Con los libros a mi nombre, quizá lo hagan. Y ella no querría perderlo. No a su padre. — ¿De verdad papi? ¿Por qué quisieron asesi...como se diga? — Eran hombres crueles, sin motivos y sin razones. Odiaban a cualquier cosa que se les cruzara enfrente. Realmente me preocupa que teniéndote justo en este momento, decidan regresar. Mentía. Sabía que no regresarían. Pero no tenía otras opciones. Estaba bien, estando muerto. No tenía sentido que lo vieran y volcaran su odio en él. Nuevamente. Tal vez. — Sí papi, está bien entonces. Le diré a la maestra. ¡Llévame llévame a verla! Lamentaba romper sus ilusiones de esa forma, pero en realidad sí sentía miedo de volver a la luz. Desde que lo recordaba, con exactitud, su muerte, todos creían que él era un traidor. ¿Qué sucedería si un día aparecía un libro escrito por él contando la historia? Dirían que se ha ensuciado en sus manos blasfemas. Dirían que no tiene sentido recordarla, si está manchada con sus palabras. Era mejor quedarse muerto y vivir una vida alejada, distinta. Con Erisabeth, claro.