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Historia 85504 — capítulo 42
El aire fresco acariciaba mi cara, y la luz del Sol se colaba entre las ramas del árbol bajo el cual estaba tumbado. De fondo solo se oía el agua del lago que se movía formando pequeñas olas cuando el calamar gigante asomaba algún tentáculo. A pesar de estar en Hogwarts, aquel rincón, mi lugar favorito de todo el colegio, parecía ser un mundo a parte. Se estaba tan bien allí…
Me encontraba tumbado con los brazos bajo la cabeza, el uniforme de Hogwarts de un negro reluciente (como si fuese una túnica nueva) y la mente en blanco. Lo único que quería era relajarme y disfrutar de aquella paz y tranquilidad, solo, sin nadie a mi alrededor. Inspiré y solté aire. Repetí la acción un par de veces y me dispuse a cerrar los ojos lentamente cuando…
-Hola, Ron.
Me levanté de golpe. Reconocería aquella voz en cualquier parte a pesar de que llevaba mucho tiempo sin oírla. Pasé mi mano por la túnica para quitarle las arrugas. Tenía que estar presentable.
-¿Qué haces aquí, Hermione?- pregunté intentando sonar lo más indiferente posible, aunque en el fondo mi corazón latía fuertemente.
Hermione arqueó las cejas con cara de enfado y puso los brazos en jarra.
-Venía a hablar contigo, pero bueno, ya veo que molesto- soltó en voz alta, y se dio media vuelta rápidamente.
"¡Ron, haz algo! ¡Que se va, que se va!"
Parpadeé un par de veces y miré a mi alrededor, como si allí pudiera haber algo que me ayudase a retenerla. Pero, obviamente, no había nada. No me quedaba otra… Salí corriendo a toda velocidad gritando su nombre y conseguí agarrarla por la muñeca.
-No te vayas, por favor- le supliqué, aunque la chica seguía mirándome con el ceño fruncido-. Vamos a hablar.
Nos quedamos así un rato, ella mirándome con odio y yo rogándole con la mirada que no volviese a dejarme solo. No más discusiones. No fue hasta que Hermione miró (echando chispas por los ojos) hacia abajo cuando me di cuenta de que todavía no le había soltado la muñeca. Me puse colorado de golpe.
-¡Ronald Weasley! ¿Qué haces aquí con ella?
Mi cuerpo se estremeció y mis piernas temblaron. Por detrás de Hermione vi llegar a Lavender, pegando gritos como una loca y tan enfadada que se podría decir que estaba rodeada de llamas. Se acercó a mí y me pegó tal empujón que me tiró al suelo. Desde allí, pequeño e indefenso, aguanté la reprimenda de mi novia, que me apuntaba con un dedo acusador y me gritaba insultos que jamás había oído. De hecho creo que se los estaba inventando sobre la marcha. Pero yo solo podía mirar a Hermione, que ahora parecía sorprendida. De repente vi cómo su figura se alzaba en el aire y una gran y radiante sonrisa aparecía en su cara. Ella extendió los brazos como queriendo abarcar todo el aire que había a su alrededor.
-¡Esto es lo que quería decirte, Ronald!- exclamó felizmente. ¿Cuántas veces tengo que decirle que no me gusta que me llamen Ronald?- ¡¡Tengo dos novios!!
¿Que QUÉ? Abrí mucho los ojos y miré hacia abajo. Dos chicos enormes y cuadrados como armarios, a los que reconocí horrorizado como Viktor Krum y Cormac McLaggen, la habían montado sobre sus hombros entre los dos y la elevaban en el aire. Tras mirarme con aire de superioridad y reírse de mí, se dieron media vuelta y se la llevaron en volandas.
-¡No! ¡Hermione! ¡¡Hermione!!
Intenté levantarme y correr tras ellos, pero Lavender volvió a empujarme y a tirarme al suelo. Sacó su varita y, haciendo un hechizo que yo desconocía, me ató con una cuerda y siguió gritándome y regañándome por el simple echo de haber agarrado a Hermione de la muñeca, recordándome que ella era mi novia y no la "estúpida de Granger". Pero eso ya no me importaba en absoluto. A Hermione se la habían llevado los dos chicos más deseados por todas las brujas, y yo ya solo podía ponerme a llorar como un bebé mientras notaba que me hundía en un oscuro agujero hasta lo más profundo del suelo…
-¡Ahh!
Me incorporé tan rápidamente que sentí una punzada de dolor en la espalda. Mi respiración era agitada y notaba gotas de sudor resbalar por mi frente. Me froté los ojos tan fuerte que podría habérmelos sacado y miré a mi alrededor.
Había poca luz, pero distinguí un escritorio lleno de papeles arrugados, paredes de madera sobre las que había colgados carteles con fotos de caras que me resultaban vagamente familiares y un bulto liado en mantas que soltaba pequeños sonidos a mi lado en el suelo… ¡Claro, mi cuarto! Sentí un gran alivio al darme cuenta de que me encontraba en mi casa, en la Madriguera, metido en mi cama y con Harry roncando en un colchón a mi lado. ¡Todo había sido un sueño! Bueno, más que un sueño, una pesadilla.
Bostecé exageradamente y me estiré para relajar mis músculos. Realmente no era la primera vez que soñaba aquello, pero jamás había llegado a ver la cara de los chicos que se llevaban a Hermione hasta esta noche.
"Definitivamente, me estoy volviendo loco", me dije a mí mismo mientras tanteaba con los pies el suelo buscando mis zapatillas.
Solo encontré una, pero me dio igual. La ventana estaba casi por completo cubierta de nieve, por lo que apenas entraban los rayos del Sol. Sin embargo, no quise coger la varita para iluminarme para no despertar a Harry con la luz. Y así, medio descalzo y a oscuras, salí de mi habitación tropezando con la pata de mi cama y destrozándome el dedo meñique del pie.
-Mierda- gruñí.
Cuando salí al rellano me agarré a la barandilla y me arrastré por las escaleras hasta el cuarto de baño. Desde la cocina me llegaban voces alegres y un delicioso olor a huevos fritos que hizo que mi estómago rugiese. Llegué al baño, que por suerte no estaba ocupado (lo cual era difícil teniendo en cuenta que en una sola casa estábamos Ginny, los gemelos, Bill y Fleur, mis padres, Harry y yo) y entré a toda prisa por si acaso aparecía alguien de la nada y se me colaba. No me molesté en cerrar la puerta porque solo quería echarme agua fría en la cara para despejarme. Y así lo hice un par de veces. Me miré en el espejo. Mi pijama naranja que me estaba corto hacía juego con mi cabello despeinado. Y serán tonterías mías, pero me pareció que incluso tenía más pecas de o normal.
-Por qué, ¿eh? ¿Por qué?- le grité a mi reflejo.
No conseguía entender por qué noche sí y noche también soñaba con Hermione, al menos desde que nos dieron las vacaciones y abandoné Hogwarts. No me había atrevido a contárselo a Harry, pero deseaba que alguien me diera una respuesta. Ahora que lo pensaba, nadie había mencionado siquiera su nombre en estas semanas. Bueno, sí, mi madre dijo cuando nos recogió a Harry, a mi hermana y a mí en King's Cross: "Qué pena que Hermione no pase las vacaciones con nosotros este año", a lo que Ginny había contestado con una mirada de reproche llena de odio con la que me fulminó.
Bah, nada de esto tenía sentido. Para terminar de borrar ese nombre de chica de mi mente decidí abrir el grifo y meter directamente la cabeza debajo del chorro de agua helada.
En ese momento la puerta del baño chirrió cuando se abrió un poco.
-Oops, perdona Ron, no sabía que estaba ocupado- oí la voz de mi hermano Bill.
Saqué la cabeza de debajo del grifo.
-No pasa nada- contesté arrastrando las palabras.
Mi hermano estaba también en pijama, con la melena pelirroja suelta (en lugar de tenerla recogida en una coleta), el pendiente de colmillo que tan poco le gustaba a mamá y una barba de varios días. Traía la varita asomando de un bolsillo.
Me incorporé y mi hermano me lanzó una toalla que había colgada en la pared con las iniciales FW para que me secase la cara y el pelo.
-Gracias. Ya termino y te dejo que te afeites.
Envolví mi cabeza con la toalla y me sequé rápidamente.
-Bah, mi barba puede esperar. Es más importante tu intento de suicidio ahogado bajo el agua del grifo- dijo Bill en tono burlón, y sonrió de medio lado.
Él y yo éramos los únicos de todos los hermanos que sonreíamos de aquella manera, pero no sé por qué él conseguía hacer que las chicas babeasen. Yo no.
-Muy gracioso- solté con tono cortante, y tiré la toalla a una esquina.
Pero entonces se me ocurrió una idea… ¿Y si le contaba a él lo de Hermione? Bill es el único de todos mis hermanos en el que siempre he podido confiar, pues aunque en muchas ocasiones parezca más nuestro padre, nunca te juzga ni se ríe de ti le cuentes lo que le cuentes. Además, él es el que más entiende de mujeres, porque es el más atractivo de todos y siempre las ha vuelto locas.
Me armé de valor y abrí la boca.
1, 2, 3 segundos…
La volví a cerrar y meneé la cabeza. Por algún extraño motivo no era capaz de hablar de Hermione, jamás había sido capaz, y eso que simplemente es mi amiga. Finalmente pasé junto a mi hermano y salí del cuarto de baño.
-Por cierto- dijo el chico antes de cerrar la puerta-. Feliz Navidad, Ron.
¿Navidad…? ¡Navidad! ¡Claro, hoy es Navidad!
Esa idea consiguió espabilarme y me hizo sonreír. Comencé a subir los escalones de tres en tres hasta mi cuarto y, cuando llegué, esquivé de puntillas a Harry (que aún continuaba roncando tapado con la manta tejida a mano por mi madre hasta la barbilla) y salté sobre mi cama. Efectivamente, a los pies había una serie de paquetes en los que antes no había reparado.
Como si fuera un niño chico mi cara se iluminó y comencé a arrancar papeles y desenvolver mis regalos. El primero era, como es tradición, un jersey cosido a mano por mamá con la letra R en medio. Este año había cambiado un poco y me lo había hecho de color verde en lugar de rojo. Me desabroché los botones de la camisa del pijama y me puse mi nuevo y calentito jersey, pero al cogerlo una pequeña nota salió de una de las mangas y cayó entre las sábanas. La cogí y la abrí. Escrito con la redonda letra de mi madre había un par de frases que rezaban:
Feliz Navidad, Ronnie. A ver si este jersey te dura; creces tan rápido…
PD: Esta vez te lo he hecho de otro color. Espero que no te parezca demasiado atrevido.
No pude evitar soltar una carcajada, pero al momento me llevé el puño a la boca. Harry se revolvió un poco. Continué abriendo paquetes y encontré una caja llena de golosinas de todo tipo de parte de Bill y Fleur y unos calcetines de parte de Ginny. Entonces me percaté de un pequeño paquete de color rosa chillón y un lazo celeste. De él colgaba un trozo de pergamino perfectamente enrollado y sellado. Lo cogí con mucho cuidado. No solo la apariencia, sino también ese olor que desprendía a vainilla, gritaban que se trataba del regalo de Lavender.
"¡Mierda, Lavender!"
El otro día había ido a comprar los regalos de Navidad para mi familia y Harry, pero se me había olvidado por completo comprarle algo a ella. Aún no me acostumbro a tener novia… Me dije a mi mismo que ya pensaría en algo más tarde y seguí con mi tarea.
Estaba ansioso de ver qué me había comprado, y una pequeña punzada me golpeó el estómago mientras abría con toda la delicadeza de la que era capaz el rollo de pergamino. Al termina de abrirlo me encontré con una letra regordeta y redonda llena de florituras de color celeste. A simple vista llamaba la atención los corazones y estrellas que había pintado por los bordes y un beso que había estampado al final de la carta.
Arrugué el ceño. No estoy acostumbrado a ese tipo de cosas, y ciertamente me parece demasiado cursi. De hecho, no conozco a nadie tan cursi como mi novia. Ginny y Hermi… Ejem, Ginny es más normal. De todas formas, es mejor callarse y fingir me que gusta, por si acaso…
Cogí aire y comencé a leer.
Querido Ro-Ro:
Feliz Navidad. Esta semana y media sin ti ha sido taaaan larga. Te echo mucho, mucho, mucho de menos. Te he comprado este regalito para que no se te olvide cuánto te quiero.
Besos de vainilla, Lav. ♥
Me sorprendí a mi mismo cuando me di cuenta de que tenía una sonrisa de bobo en la cara, así que corrí a abrir la caja para ver cuál era mi regalo. ¿Tal vez una chapa de los Chuddely Cannos? ¿O un chivatoscopio de los colores de Gryffindor? O… o…
-¿Esto qué es?
¿Qué será? ¿Qué será?...
¡HOLA A TODOS! Sí, ya sé que muchos querréis lanzarme un Avada Kedavra ahora mismo por llevar siglos y siglos sin actualizar. ¡Mi culpa! Lo siento mucho de verdad, pero entre los exámenes de fin de curso y ahora en las vacaciones que se me rompió el ordenador, la poca inspiración y la pereza (tengo que reconocerlo)… Pero que sepáis que jamás me olvidaré de vosotros, queridos lectores, y que yo también os he echado muchísimo de menos J.
He cortado aquí el capítulo por volver a la historia metiendo un poquito de intriga (aunque si volvéis a mirar el sexto libro sabréis qué le ha regalado Lavender a nuestro pelirrojo favorito), y también porque no me gusta cómo me está quedando el final. Tengo una idea, pero no consigo escribirlo de una manera que me guste… De todas formas no desesperéis, intentaré tardar lo menos posible y esta vez de verdad :P
Este capítulo se lo dedico especialmente a mi querida sister Mackis, a HJWeasley y a MaYhe Radcliffe W., aunque espero como siempre que ha todos os haya gustado mucho (aunque no sea, ni de lejos, uno de los más interesantes).
PD: Ya queda muy poco para que esta pareja se rompa y todo vuelva a la normalidad entre Ron y Hermione, cosa que creo que me costará menos escribir.
¡BESOS! OS QUIERO Y GRACIAS POR VUESTRA INFINITA PACIENCIA
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