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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 12
12Sonsacando a Hagrid La mañana de Nochebuena, la nieve logró rebasar el primer escalón de la escalerilla a la puerta de la casa de los Potter, y parecía que aún caería más; el ambiente cálido se había reanimado con la llegada de todos los invitados a la cena de Navidad a la casa, entre quienes se contaban los Weasley (incluyendo a los abuelos Molly y Arthur), Hagrid y Neville Longbottom con su esposa Hannah, y su hija pequeña hija, Alice Enid Longbottom. De momento Albus prefería guardar para sí lo que había escuchado en la casa de Brent Dair, ya que estaba seguro de que Rose cuestionaría nuevamente sus aptitudes detectivescas. De esa forma, y sin tener a nadie a quién contarle de sus sospechas, el chico tuvo que tragarse aquellas teorías sobre Brent y se dispuso a pasarla bien en aquella fecha. Todos parecían de muy buen humor cuando Albus bajó al recibidor ya cambiado, con sus converse predilectos, unos jeans y su suéter de rayas azules favorito. -Te ves muy guapo Al -le dijo su prima Victoire removiéndole la coronilla del cabello. -Gracias Vic -dijo apenado. -Te has sonrojado -señaló Rose en cuanto su primo llegó hacia ella; él prefería no decirle la razón de sus mejillas rojas, y probablemente ni si quiera él lo sabía. -Si bueno… El frío. Oye, estuve pensando, ¿y si Hagrid sabe algo de la puerta secreta en Hogwarts? -Bueno, es posible -admitió la pelirroja -, él ya tiene muchos años en el colegio. Pero de todos modos no creo que nos diga qué hay al otro lado; por algo han sellado esa puerta. -Por eso es que esperaremos a que se termine la botella de whisky de fuego -explicó Albus, guiñándole un ojo a su prima. -Eres malévolo. -Ustedes definitivamente tienen algo entre manos -sentenció James aproximándose a ambos con curiosidad -. Desde hace semanas los he visto secreteando y hablando de cosas extrañas, ¿saben algo que yo no? -Quizás. -Pueden decirme. No le contaré a nadie -aseguró el muchacho con convicción. -No lo soportarías -le retó su hermano. -Claro que… -Olvídalo -le recomendó Rose con una breve sonrisa. -Pero… James no pudo responder su duda pues su hermano menor y su prima ya iban en dirección al estudio. Conforme transcurría la velada, los chicos discutieron lo que le preguntarían a Hagrid respecto a aquella puerta escondida, pues no querían ir a hacer una pregunta inadecuada que le causara malestar al hombretón y arruinara su oportunidad de averiguar algo; mientras tanto, la cena había resultado muy agradable: al calor de la chimenea, todos los invitados charlaban alegremente y comían de los variados platillos que se habían preparado para la ocasión y que iban desde el pavo al horno, pudín navideño, galletas de jengibre, ponche de frutas, pastas y frutos secos. Para suerte de Albus y Rose, Hagrid se encontraba enfrascado en una interesante charla con Charlie Weasley acompañada por una buena copa de whisky de fuego. De esa forma, tuvieron que esperar un rato hasta que la botella se hubo acabado (lo cual no tardó demasiado tiempo), así que cuando vieron la oportunidad, invitaron a Hagrid al recibidor, que en aquellos momentos estaba vacío. -Y bueno… Hagrid, ¿cómo has estado? -le preguntó Rose un poco apenada por aprovecharse de su amigo de esa manera. -Bueno, no puedo quejarme -respondió el hombre sonriente -. ¿Saben qué? Su tío Charlie me ha invitado hace un par de semanas a Rumania para que viera a Norberta. -¿Quién es Norberta? -¿Eh? ¿No se los he dicho? -Preguntó el hombre confundido -, pero si Roberta es la hembra de dragón más hermosa que hay. Y yo soy su padre… Sentimentalmente hablando, obviamente. -¿Dragón? -repitió Albus temeroso. Él ya conocía que a Hagrid le gustaban las criaturas peligrosas, pero nunca había oído que hubiera sido dueño de un dragón. -Sí, si… Mi querida Norberta -hipó Hagrid -. Era tan pequeña la última vez que la vi, y ahora es tan grande como una casa. ¡Imagínenlo! -Ah, bien, pues nosotros queríamos hacerte un par de preguntas -apuntó el niño, yendo directamente al punto. Rose lo miró con sorpresa. -No seas tan brusco -le susurró -, entre más entremos a la plática más fácil será que nos lo diga. -Sí, claro -aceptó el otro. -Bien, pregúntenme lo que sea -cedió Hagrid con una amplia sonrisa, mientras observaba una fotografía enmarcada de la familia Potter -. Ya saben que me encanta hablar con ustedes. -Nosotros queríamos saber si tú… ¿Sabes si en Hogwarts ha sido clausurada alguna… alguna sala o puerta? -¿Clausurada? ¿A qué se refieren? -Sabemos que tú has estado ya muchos años en Hogwarts, y nos preguntábamos si tienes conocimiento de algún lugar que haya sido cerrado dentro del castillo… Tenemos que realizar un mapa del colegio incluyendo las salas y pasadizos secretos conocidos; ya sabes, son deberes para entrando de vacaciones. El hombretón pensó durante unos momentos y finalmente respondió. -Bueno, sí. Hay un par de lugares obviamente -admitió con un gesto extraño en las manos -. Está, claro, la Cámara de los Secretos. Fue bloqueada por seguridad de los estudiantes… Y está ese pasadizo secreto en el segundo piso que se derrumbó hace ya muchos años. Los chicos esperaban que Hagrid hiciera referencia de alguna habitación en el séptimo piso, pero él se quedó callado unos momentos. -¿Algo más?El guardabosque de Hogwarts reflexionó durante unos momentos. -Ah, por poco lo olvidaba… estaba esa torre siniestra. ¿Cómo la llamaban? Si, era la Torre Oscura -añadió levantando un dedo con semblante misterioso -. Con la batalla de Hogwarts que llevaron a cabo sus padres hace muchos años, hubo que arreglar montón de cosas en el castillo. Creo que la profesora Mcgonagall selló una de las torres del séptimo piso, pero nunca nos dijo la razón. -Es extraño -musitó Rose -, ¿por qué habría de desaparecer una torre? -Puede que haya quedado muy dañada tras la pelea -sugirió Albus pensando en las posibilidades. La nueva revelación le había devuelto una chispa de emoción. -No lo creo. El ministerio reconstruyó gran parte del edificio, ¿por qué se olvidarían de la torre oscura? -Tal vez… -y luego el muchacho bajó la voz para que Hagrid no escuchara su voz -, tal vez haya algo escondido en esa torre.Rose sonrió y luego se giró hacia el semi-gigante. -Eh, Hagrid, ¿crees que aún exista una llave para abrir la Torre Oscura? -inquirió la pelirroja con interés. -¿No pensarán en buscar esa torre? Porque si es así debo decirles que no estoy nada… -No, no... Nosotros solo tenemos curiosidad.El guardabosque se removió en su asiento y el sillón crujió bajo su peso. -Eso espero; pues sí, supongo que debe de quedar alguna llave de la torre, aunque no tengo idea de si la puerta fue desaparecida, así que no estoy del todo seguro de si eso podría funcionar. La profesora Mcgonagall tiene llave de cada puerta en el castillo. -En ese caso será imposible obtener la llave -murmuró Albus a su prima, un poco decepcionado -, no podemos quitársela a Mcgonagall. -Y Hagrid, ¿alguien más tiene copia de las llaves? -prosiguió Rose precavidamente. -Supongo que Filch, naturalmente. Él es quién suele abrir las aulas de clase y las puertas a los terrenos -respondió con mirada cómplice -, aunque acá entre nos, Filch es muy celoso al respecto. Me parece que incluso pidió que fuera activado un hechizo antirrobos en su oficina. Albus y Rose se miraron fijamente, y Hagrid no lo pasó desapercibido. -¿Por qué lo preguntan? -Inquirió con recelo -, no quiero que se metan en problemas. -Solo curiosidad -se apresuraron a responder, y el hombre asintió sin mucho convencimiento. -La curiosidad mató al kneazel, dicen por ahí -sentenció Hagrid poniéndose de pie -. Sean cautelosos, Al. Por herencia, a toda tu familia le gustan las aventuras, pero a veces es mejor mantenerse alejado de ellas… Y dicho ello se retiró de la habitación, dejando solos a los pensativos muchachos que analizaban las palabras que acababan de escuchar; pero había algo claro: detrás de aquella puerta secreta en el séptimo piso (la entrada a la torre oscura, según Hagrid) se escondía algún secreto muy importante. Pero, ¿cuál era? En aquellos precisos momentos, cuando Hagrid estaba contando lo de la torre oscura a Albus y a Rose, al otro lado de la ventana del recibidor se encontraba una persona escondida entre los nevados arbustos; tenía el rostro casi pegado al congelado vidrio, tratando de escuchar todo lo que se hablaba en el interior de la casa de los Potter. Aquel desconocido llevaba una larga túnica negra que ondeaba con el viento, y la capucha le protegía la cabeza del helado aire que bajaba por el valle. «Así que se trata de la torre oscura» pensó aquella persona con una sonrisa desagradable en el rostro. «Sólo eso necesitaba saber. Ahora ya sé en dónde escondió Mcgonagall la varita de saúco…»
**Hola a todos! Cómo han estado últimamente? Espero que perfectamente, porque yo he andado de lo lindo. Pero bueno, hace rato que no me reportaba, pero sé que me entienden respecto a los grandes cambios que he atravesado este mes, así que les agradezco su paciencia y sobre todo que sigan comentando la historia. Es muy importante para mí. En fin, los dejo con este capítulo y me despido hasta la siguiente.**Saludos!