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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 13
13Albus atacado Cuando enero llegó al Valle de Godric, el clima se tornó aún más temperamental y el viento que bajaba desde las montañas nevadas era más frío y húmedo. Las revelaciones que les había hecho Hagrid sobre la torre oscura habían resultado muy interesantes para los chicos, pero dado que estaban a una gran distancia del castillo de Hogwarts, se limitaron a hacer planes mientras regresaban al colegio. Tenían mucha curiosidad sobre lo que habría al otro lado de aquella puerta secreta, y casi en cuanto lo supieron le contaron mediante el correo a Scorpius sobre lo que habían averiguado. Su respuesta mostraba su emoción respecto a la revelación, y Malfoy ya comenzaba a realizar diversos planes y formas para poder obtener la llave que los llevaría hasta la torre oscura. -¿Para qué quieren ir a la torre? No sabemos que hay ahí -le recordó Rose a su primo, quien parecía ansioso por armar un complejo estratagema para burlar a Filch y entrar a su oficina. -¿No te da curiosidad saber qué hay ahí dentro? -inquirió el muchacho con un brillo muy particular en sus ojos verdes. Era el claro reflejo de la emoción por la aventura. -Bueno si, un poco. Pero ¿en qué nos beneficia averiguarlo? -Te falta espíritu aventurero -sentenció Albus, y dicho ello se marchó hacia la cocina. -No tienes ni idea -se dijo a sí misma la chica y encogiéndose de hombros siguió a su primo. Pasadas las festividades todo volvió a la normalidad en la casa de los Potter; un día después de año nuevo se habían marchado los Weasley, Hagrid, los Longbottom y el resto de los que habían sido invitados, de forma que la casa volvía a estar tranquila y solitaria como de costumbre. La mañana del tres de enero Albus se levantó temprano para ganarle a James la consola de videojuegos que le habían dado en Navidad. -Te has despertado temprano -comentó Harry, bajando la escalera mientras se arreglaba la corbata de su atuendo de trabajo. -Quería jugar un rato antes de que James viniera a quitarme -respondió el muchacho mientras le daba un buen golpe a un zombie en la pantalla. -Es una buena idea. Dile a tu madre cuando baje que yo llevaré su próximo artículo de quidditch al Profeta -prosiguió Harry tomando su maletín y dirigiéndose hacia la puerta principal -. Adiós, Al. -Adiós papá. El hombre compuso una sonrisa queda y luego se retiró; Albus se dirigió a la ventana y miró el blanco paisaje que se extendía ante sus ojos. La caída de la nieve había disminuido de manera considerable en los últimos días, pero dado que se aproximaba la temporada más fría del año, nadie se confiaba al respecto. Las ramas de los árboles se removieron inquietas afuera, como azotadas por una intensa ráfaga de viento. La señora Dale, vecina de los Potter, atravesó la acera con sus lentos andares, pero Albus creyó ver a alguien más en la calle, alguien joven de cabello castaño oscuro. ¿Se trataría de Brent? Albus se colocó su sudadera más gruesa y salió al jardín; el aire estaba tan helado que calaba en las mejillas, y cuando el chico respiró vio su aliento ascendiendo como una nube blanca frente a él. Y entonces cayó en la cuenta de que efectivamente era Brent quien iba caminando por el parque del pueblo, de forma que su rostro serio y determinado se veía atravesar las ranuras entre árbol y árbol. Lleno de curiosidad, el joven Potter lo siguió, con la intención de averiguar más sobre él. Brent Dair dio un vistazo hacia atrás, y Albus temió que lo hubiera descubierto, pero el otro volvió la vista nuevamente hacia el frente y siguió caminando; abandonó el parque tupido de nieve y siguió en línea recta por una calle que daba fin al pueblo del Valle de Godric. La calle empedrada terminaba a continuación en un puente que cruzaba de lado a lado el arrollo congelado; el muchacho sabía que al otro lado del arrollo se encontraba un conjunto de minas cerradas al público en el interior de la cadena montañosa que rodeaba el valle. A pesar de que la mina estaba abandonada, su padre nunca le había permitido entrar a él ni a James ahí, pues aseguraba que no era un lugar muy seguro. Por unos momentos el chico dudó si seguir a Brent o no, pero cuando lo vio perderse entre los árboles alrededor de la entrada de la mina, decidió aproximarse. Al final de cuentas no perdería nada, y quizás se enteraría de algún nuevo secreto de aquel misterioso niño. Determinado a seguir adelante, Albus cruzó el puente y miró hacia abajo, donde el agua y los trozos de hielo corrían por el arrollo mientras las tablas crujían y se tambaleaban bajo sus pies. Cuando atravesó un conjunto de coníferas nevadas esperó ver a Brent, pero este había desaparecido, y Albus no dudó que hubiese entrado a la mina. ¿Debía entrar? Lo dudó durante unos momentos, pero luego la curiosidad lo inundó y no pudo evitar atravesar el umbral de la caverna, que estaba atravesado por tablas y una señal que decía «Cerrado» Pero extrañamente las lámparas que colgaban del techo de piedra estaban encendidas; alguien había prendido la central eléctrica que parecía estar en el interior de un cuarto cerrado. La cueva iba en línea recta hasta que el fondo se perdía en la oscuridad. Albus avanzó lentamente, con el único sonido del resonar de sus zapatos en la piedra y un lejano goteo que parecía venir del techo. -¿Hay alguien? -preguntó el muchacho, dando un rápido recorrido al lugar con la mirada, pero nadie respondió. Parecía que estaba solo, pero ¿a dónde se habría ido Brent? El joven se internó en un nuevo túnel cuyo camino estaba bordeado por un barandal de hierro negro; se trataba de una amplia galería con estalagmitas de color rojizo que goteaban sobre una laguna subterránea. Todo estaba en completo silencio. Se aproximó cautelosamente a un conjunto de instrumentos de minería adheridos a la pared, por dónde transitaba un vehículo de vía cuyo aspecto daba a entender que la mina había sido explotada varios años atrás, quizás inclusive siglos atrás; el muchacho se aproximó a la vía para corroborar que fuera segura, y parecía que así era. Y entonces vio pasar a varios metros de distancia de él una alta sombra negra; no supo si había sido un efecto del reflejo del agua sobre las paredes de roca o si realmente alguien había pasado justo frente a él, pero estaba seguro de que a lo mejor no había sido tan buena idea entrar a aquel lugar. Siguió por el borde de piedra que daba paso a la laguna y bajó por una pendiente hasta la próxima galería. Echó un vistazo, pero esta también estaba completamente vacía… Y el sonido de una piedra cayendo al agua resonó por toda la caverna de repente. Albus se dio la vuelta violentamente, y consiguió ver una silueta moviéndose de un lado a otro, pero luego se dio cuenta de que era la suya propia a la luz dorada de las lámparas eléctricas. La oscuridad se pronunció de pronto, como si la intensidad de las lámparas disminuyera, lo cual no resultaba una buena señal por ningún motivo. El muchacho caminó lentamente mientras las luces parpadeaban suavemente, produciendo un sonido de energía chisporroteante recorriendo el cableado que recorría el techo. -¿Hola? ¿Hay alguien? -repitió con nerviosismo. Hubo un repentino chapoteo en el interior de la laguna subterránea y el muchacho se aproximó al borde del camino para asomarse; una serie de ondas concéntricas se expandían en el agua, y Albus supo entonces que algo no iba bien. Trató de mirar al fondo, pero no lo consiguió del todo; estaba a punto de volverse, pero entonces sintió un par de manos empujándolo con fuerza desde la espalda; el chico trató de equilibrarse, pero finalmente no lo consiguió y cayó innevitablemente al agua. Chocar contra el agua helada se sentía como si mil agujas de hielo le atravesaran el cuerpo, pero afortunadamente la profundidad de la laguna era mayor de la que él pensaba, por lo que al menos no se había golpeado de lleno en la cabeza contra el fondo de roca sólida; el agua tenía una extraña tonalidad azul celeste, y los haces de luz dorada de las lámparas se fragmentaba al chocar contra la superficie. La corriente del lago era veloz por alguna razón, de forma que el agua arrastró a Albus por su superficie hacia una larga pendiente. Atravesó un túnel y un remolino de agua lo llevó hacia el fondo de piedra, donde luchaba contra la corriente que cada vez era más veloz; trató de nadar contra la fuerza del agua, pero la laguna se convertía a continuación en un inclinado arrollo que rugía como una cascada y corría de forma desparpajada. La cabeza del muchacho salió momentáneamente del agua y consiguió advertir lo que había sobre su cabeza: una larga estructura metálica que era seguramente parte de la vía para los carros mineros; siguió atravesando una galería tras otra, viendo numerosas estalactitas y estalagmitas a los lados del arrollo. Peleó poderosamente para zafarse de la corriente nadando hacia un lado para tratar de aferrarse a alguna roca. Finalmente Albus consiguió ver un punto de luz a lo lejos, mientras se debatía en medio de un río cada vez más violento y helado. Trató de sacar su varita para ayudarse, pero luego recordó que la había dejado en su habitación, justo sobre el buró. El chico dio una gran bocanada de agua fría accidentalmente, y trató de aproximarse pataleando a la orilla; le resultaba muy difícil, hasta que por fin el punto de luz que había visto al final del túnel se fue extendiendo hasta convertirse en un gran círculo de refulgente luz blanca, que resultaba ser del exterior. Miró como a unos metros de distancia un árbol cercano a la orilla del arrollo derramaba sus gruesas ramas a una altura accesible a las manos de Albus, entumidas y congeladas, así que se determinó a atrapar una de ellas y salir del agua; dio varios manotazos en aquella dirección y se ayudó de un trozo de hielo sólido que flotaba para aproximarse, y justo cuando pasó por debajo del árbol, alzó su cuerpo con la escaza energía que le quedaba y logró sostenerse a una rama gruesa y levemente congelada. La presión que ejercía la corriente contra su cuerpo lo empujaba violentamente, pero él se aferró con todas sus fuerzas y consiguió asirse al borde del arrollo, justo sobre unas piedras. Y consiguió salir. Tenía las manos rojas y lastimadas por el fuerte roce con la rama, por lo que cuando se tumbó sobre la gruesa capa de nieve, esta quedó teñida del rojo de su sangre. Respiró una y otra vez escupiendo agua, mientras unos puntos blancos pasaban frente a sus ojos y un intenso dolor le escocía en la garganta. Lo había logrado; había conseguido sobrevivir a un claro intento de asesinato... Y entonces cayó inconsciente sobre la nieve.
**Hola a todos, que tal están? Espero perfectamente. Bien, sé que me he tardado un poco con el último capítulo, pero a decir verdad vi un poco lentas las cosas por aquí, así que no me animé a subir el capítulo hasta hoy. Cabe aclarar también, que me ha faltado un poco más de tiempo para corregir los capítulos. Pero bueno, espero les agrade este último, y claro, ojalá dejen sus comentarios al respecto.**Saludos!