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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 14
14La varita de saúco Albus había recibido un gran regaño tras el incidente en la mina abandonada; tenía mucha suerte de haber sobrevivido a un arrollo lleno de agua casi congelada, pero eso no había evitado que sus padres se enojaran mucho cuando se habían enterado que el chico había entrado a una mina que, antes que nada, estaba restringida. Y cuando le preguntaron la razón por la que él había entrado ahí, él no pudo explicarles que todo había ocurrido mientras perseguía a Brent Dair, el chico misterioso que vivía a unas cuantas casas de distancia de los Potter. Cuando finalmente llegó la fecha para regresar a Hogwarts, Albus deseó que no hubiera sido así; había contraído una infección en la garganta, sin mencionar que los síntomas del resfriado (además de su castigo) lo mantenían tumbado en su cama durante todo el día; aunque al menos tenía cobijas calentitas, chocolate caliente y a veces café (aunque él sospechaba que era descafeinado) y sus galletas de crema favoritas. Cuando informó a Rose de lo que había ocurrido, ella había pensado que él estaba completamente loco. -¿Estás hablando en serio? -había preguntado ella un poco turbada -. Albus, eres demasiado impulsivo. Sabía que te haría mal la influencia de James… -Pero no fue mi culpa… ¿Crees que yo planee tirarme a un lago subterráneo? -había dicho él. -No lo sé, Al. Pero fue demasiado tonto; ¡pudiste haber muerto!Albus se había quedado callado en aquel momento, pensando en lo que había ocurrido. -Sé que debí ser más precavido -añadió entonces -, pero es que Brent iba… -¿Brent? ¿Hiciste eso por Brent Dair? Albus, creo que esto está llegando muy lejos. Ese chico te tiene obsesionado. -Tú no lo entiendes -espetó él, pensando todo lo que sabía respecto a aquel extraño muchacho -. Brent esconde algo, Rose. Estoy seguro de ello… El problema es que no sé qué es. Pero estoy seguro de que es algo oscuro. -Es un niño de once años -le recordó la pelirroja, como lo hacía cada vez que tocaban el tema. -Sólo lo sé -se limitó a decir él. La mañana del regreso a Hogwarts, Albus se dio cuenta de que algo extraño estaba pasando por su casa; el chico conocía bien al Ministro de Magia en turno, Kingsley Shacklebolt, pues era muy buen amigo de su familia y lo había tratado en un par de ocasiones; pero dado que siempre estaba muy ocupado, las veces que podía visitar la casa de los Potter por lo general terminaban con una mala noticia. Y aquella mañana no fue la excepción. Kingsley se había aparecido a algunos metros de distancia de la casa de los Potter y se aproximó con paso firme a la puerta. Ginny abrió y sonrió al ver al Ministro, pero al notar su expresión seria y preocupada, la mueca de la mujer cambió por completo. -Buen día Kingsley, ¿qué te trae por aquí? -preguntó dándole paso al recibidor, y Albus vio al hombre desde la escalera. -Quisiera hablar con Harry, Ginny -respondió con su voz potente -. Hemos notado ciertas cosas entre la comunidad mágica y me gustaría comentarlo personalmente con él. -¿No lo esperarás en el Ministerio? -Me temo que no. Tengo que salir en un par de horas hacia Edimburgo para discutir algunas cosas con el representante escocés. -Claro, ya voy a buscar a Harry -añadió y se dirigió hacia el estudio de Harry, que se encontraba en la planta baja a un lado de la cocina. Albus se quedó sentado en un escalón, preguntándose qué clase de problema habría surgido en el mundo mágico. -¡Hola Al! -saludó Lily, llegando desde atrás y sobresaltando al muchacho. -Dios, Lily me has asustado -comentó atrayendo la mirada de Kingsley, que les sonrió a ambos. -Hola chicos, ¿todo bien? -Hola Kingsley. Sí, todo perfecto…Harry hizo aparición en el recibidor y saludó al Ministro con entusiasmo. -¿Qué pasa Kingsley? ¿Qué te trae por el Valle de Godric? -¿Crees que podemos discutirlo en privado? -dijo él. -Claro… Vamos a mi oficina -le invitó Harry y ambos desaparecieron, pero antes de salir del salón, Albus notó como una carta caía desde el bolsillo del traje del hombre. -¡Eh, Kingsley…! -le llamó el muchacho, pero él ya se había ido. Levantó la carta del suelo y la miró detenidamente. Se la había escrito la profesora Mcgonagall al Ministro. Miró el sobre extrañado y le dio curiosidad respecto al contenido, pero dado que la carta no era suya, la colocó en su bolsillo y se determinó a entregársela a Kingsley en cuanto lo volviera a ver. -¡Albus! -Exclamó su madre desde el patio -, ¿podrías venir a ayudarme? -Si claro -respondió. Se dirigió afuera para dar ayuda a su madre, sin saber que luego se olvidaría de entregarle aquella carta tan importante a Kingsley Shacklebolt. Llegado el final de las vacaciones, los chicos se alistaron para regresar a King's Cross y emprender un nuevo viaje a Hogwarts; abordaron el expreso tras despedirse de sus padres y fueron a buscar un compartimiento disponible en donde sentarse. -¡Eh, Scorpius! ¡Aquí! -llamó Albus al rubio, que se aproximó por el pasillo del tren y entró detrás de sus amigos. -¿Han pasado buenas vacaciones? Luces enfermo Al -comentó el muchacho acomodándose en su asiento. -No tienes una idea -dijo él. Albus y Rose le contaron todo lo que había ocurrido durante las vacaciones, y él había escuchado toda la conversación con mucho interés. -Así que por favor dile a Albus que está completamente chiflado -le pidió la chica Weasley. -De hecho estoy comenzando a creer que él tiene razón -dijo Scorpius. -¿De verdad? -inquirió el mencionado con sorpresa. -Bueno, no sé si todo lo que sospechas sobre Brent es real -prosiguió el rubio -, pero estuve investigando sobre el linaje de las familias Dair en Reino Unido, y extrañamente no llegué a mucho. Hay una familia Dair de origen irlandés, todos de sangre limpia, pero parece que se extinguió hace años. Recordé su acento Danés, y lo extraño es que encontré que los últimos Dair viajaron desde Irlanda a Dinamarca. -¿Cuál es tu conclusión, entonces? -Bien, pues definitivamente hay algo extraño respecto a Brent -aseguró -, creo que esconde algo respecto a su pasado, y el hecho de que viva completamente solo con un elfo doméstico en una casa claramente costosa resulta aún más extraño. -No negaré que todo esto huele a chamusquina, pero algo mal está detrás de todo lo que dices -admitió la pelirroja y miró por la ventanilla el agreste paisaje nevado. -Sea lo que sea debes tener cuidado -añadió luego Scorpius, un poco preocupado -. No creo que Brent sea capaz de hacer gran cosa, pues tiene solo once años. Pero si él fue realmente el culpable de lo que le ocurrió a esa chica Maryssa y fue quien te empujó al lago en la mina, entonces significa que es peligroso. -Envíen una lechuza al Profeta, tenemos un gran titular "Aparece asesino psicópata de once años" -comentó Rose con desdén, y sus dos compañeros no pudieron evitar reírse. No pasó mucho tiempo hasta que la mujer que empujaba el carro de caramelos atravesó el pasillo del expreso, mientras los estudiantes se apiñaban en las puertas de los compartimientos para comprar algo. -¿Podrías comprarme una rana? -preguntó Albus a Scorpius, que se había puesto de pie para salir. -Claro -dijo él. El joven metió la mano en su bolsa para sacar el dinero, pero lo que encontró fue una textura suave, similar al papel; y entonces lo recordó: Aún tenía la carta de Kingsley ahí. -¿Y bien? -preguntó Malfoy esperando el dinero -. Olvídalo…Albus tomó el sobre doblado y ligeramente arrugado y lo miró detenidamente. -¿Qué es eso? -inquirió su prima apartando su vista de El Profeta. -¿Esto? -Tomen chicos -Scorpius regresó del pasillo del tren con un montón de paquetes de golosinas entre los brazos -. Yo invito. -Gracias -dijo Albus. Mientras los chicos abrían los envoltorios, Albus les explicó como había obtenido la carta que se le había caído a Kingsley Shaklebolt. -Pero no sé si deba abrirla -añadió, arrancando la cabeza de una rana de chocolate. -¿Para qué se enviarán mensajes Mcgonagall y el Ministro? -Tal vez tengan un romance secreto -comentó el muchacho riendo. -O quizás sea por asuntos de seguridad de Hogwarts o algo por el estilo -increpó el rubio, barajando su nutrida colección de cromos de brujas y magos famosos. -Puede ser. Ábrela -le animó Rose. -Vaya, pero si se revela la chica obediente -comentó su primo con tono burlón que ella no recibió muy bien. -Bueno, no tiene caso guardarla si se le ha caído al Ministro. Dudo que se la puedas entregar estando en Hogwarts. -Bien, le echaré un vistazo sólo para verificar -aceptó sacando la carta, y luego leyó en voz alta. *Querido Kingsley:**Como acordamos varios años atrás, la varita de saúco no está a salvo en la tumba de Albus; por lo tanto he decidido mudarla a un lugar mejor mejor mientras determinamos si nuestra mejor opción es destruirla o mantenerla con nosotros. Como sabrás, recientemente han ocurrido diversos sucesos incriminatorios que apuntan el regreso de los mortífagos, lo cual me tiene muy preocupada, como ya te lo he comentado anteriormente.**Cuando Harry Potter devolvió la varita al sepulcro de Albus, temí que hubiera algún mago tan osado (o probablemente tonto) como para intentar la hazaña de Voldemort y robarla como éste lo llegó a hacer en alguna ocasión. La varita se encuentra bien oculta en la Torre Oscura de Hogwarts, protegida por un par de trampas especialmente preparadas para cualquiera que intente robarla. Si te lo digo, es para que autorices la utilización de aquello que discutimos previamente.**Espero tu respuesta para saber cómo podemos proseguir al respecto.**Atentamente:*Minerva Mcgonagall. Albus arrugó la carta y la guardó en un compartimiento independiente de su baúl. Todos se quedaron en silencio, analizando las palabras que acababa de leer su compañero. -¿Lo has entendido? Lo que decía esa carta, digo. -No del todo -admitió el joven pensando las palabras -, pero podemos estar seguros de algo: Lo que está escondido en la Torre Oscura es la Varita de Saúco…
**Hola chicos! Cómo están? Espero que excelente. Bien, se preguntarán como es que me atrevo a subir capítulo después de tanto tiempo sin reportarme... Y si, la verdad me apena decir que he estado muy desconectado de Potterfics. Pero me explico: No solo he estado algo ocupado últimamente, sino que perdí algunos datos de mi computadora debido a un virus que me infectó recientemente. Entre los documentos, perdí el resto de esta historia; afortunadamente, tengo una copia de seguridad en mi casa, a la cuál no tuve fácil acceso debido a que yo me encuentro estudiando en otro país. La idea es que pude recuperar la historia, y me animé a seguirla publicando a pesar de que seguramente habré perdido lectores. En fin... Si veo ánimo por parte de algún lector, entonces terminaré la historia, sino, tendré que dejarla de lado por un tiempo.****Además de todo lo anterior, quería recalcar que esta historia está basada en lo que se dice en los libros, no lo que aparece en la película. Con ello me refiero a la varita de saúco, pues en el libro Harry la devuelve al sepulcro de Dumbledore, mientras que en la película es destruída. En fin, solo quería aclarar eso ;)**Saludos!