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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 18
18Sorteando obstáculos La sala a la que entraron a continuación era tan oscura como boca de lobo, y solo se divisaban los contornos plateados de las ventanas. Los muchachos avanzaron lentamente, caminando con precaución para no tropezar con nada; y de pronto la puerta se cerró detrás de ellos con un fuerte azote que los sobresaltó a todos. -¡Lumos! -musitó Albus y de la punta de su varita salió un halo de luz dorada, que no lograba alumbrar mucho. -Eso no nos servirá de mucho -puntualizó Scorpius con desánimo, mientras el grupo avanzaba unos cuantos pasos. Entonces una decena de lámparas se encendieron desde los muros; se trataba de elegantes y ornamentadas piezas de hierro negro, cuya luz era de un extraño color turquesa, casi azul. Finalmente se pudo vislumbrar todo lo que los rodeaba. Aquello no era precisamente una torre, sino una amplia sala cuadrada con arcos y altas columnas de mármol por todos lados. Un par de escaleras en forma de luna ascendían hasta un rellano al fondo de la habitación, en dónde una alta puerta de madera emitía un delicado resplandor celeste. -¿Se supone que debería haber algo aquí? -Preguntó James, un poco extrañado -, porque yo no veo nada además de columnas… Y de pronto, frente a ellos sonó una especie de gruñido bajo, aunque no pudieron ver la fuente de aquel ruido. -No creo que estemos solos… -añadió Rose con voz temblorosa. -Estamos buscando una varita, James -le explicó su hermano -. Estamos casi seguros de que esta noche un intruso entró a la torre, en donde está escondida una varita mágica muy poderosa, sino es que la más poderosa del mundo. -¿Hablas en serio? -Tan en serio como tú… Bueno, la idea es que es real -recapacitó. Los chicos siguieron avanzando por aquel laberinto de columnas, cuyas sombras se alargaban gracias a la luz azul de las antorchas. El techo abovedado estaba tan oscuro que parecía estar a kilómetros de distancia. Un nuevo gruñido resonó entonces y todos retrocedieron unos pasos, rebuscando a su alrededor, atentos a cualquier cosa que pudiera ocurrir. -Esto no está bien -susurró Rose con temor, tomando el brazo de Scorpius entre su mano. A continuación, frente a ellos se movió algo con agilidad, por debajo de las escaleras en forma de luna al final de la amplia habitación. Como un gato negro en medio de un callejón oscuro, una grande y elegante silueta dio unos pasos hacia ellos, internándose en el círculo luminoso de una de las antorchas; todos se echaron hacia atrás. Emergiendo de las sombras, un cuerpo de lo que parecía un león rojizo apareció, pero Albus no pudo evitar notar que aquel no era el cuerpo de un león cualquiera… -Es una manticora -señaló James absorto en aquella criatura, que seguía caminando con paso firme pero paciente hacia ellos. -¿Una qué? Pero el muchacho no tuvo que dar explicaciones, pues entonces el resto de aquel monstruo salió a la luz, revelando un par de alas coriáceas de color marrón pegadas a los costados del león. Su anormal cabeza era de cierta forma similar a la de un humano, pero envuelta en una suave melena guinda. Pero lo peor era su cola, parecida a la de un escorpión, pero bastante más grande y por tanto peligrosa. -Nunca había visto uno… -comentó Scorpius admirado, aunque de cierta forma se sentía intimidado por la presencia de la manticora. -Debemos salir de aquí. La bestia se dio cuenta de que sus presas pretendían huir, de forma que se acercó a ellos cada vez más, hasta estar a tan solo unos palmos de distancia de ellos. No podían darse la vuelta para salir, pues la manticora se abalanzaría contra ellos y los devoraría en cuestión de minutos. -He leído sobre estas criaturas -comentó James, hablando entre dientes -, me parece que no les gusta el fuego. -Entonces lancemos hechizos de fuego. La criatura se aproximó nuevamente, mostrando sus fauces de puntiagudos dientes amarillentos; se apoyó en las patas delanteras y lanzó un bajo rugido mientras su cuerpo salía disparado como flecha hacia ellos. -¡Incendio! -bramó James, lanzando de su varita una nube de fuego que detuvo en seco a la manticora, cuyos ojos refulgieron con enojo -, ¡Corran! Albus, Rose y Scorpius se desperdigaron hacia varios extremos de la habitación, mientras James retrocedía con varita en alto y conjuraba una nueva llama desde la punta; un poco confundido, el monstruo trotó rápidamente mientras Scorpius le lanzaba un relámpago a los cuartos traseros, y este se daba la vuelta con furia y se dirigía hacia él. Uno tras otro, varios torbellinos de fuego cruzaron la habitación. Uno de ellos chocó contra un conjunto de tapices púrpuras en la pared, haciéndolos arder rápidamente. La manticora aceleró y subió por la escalera curva que llevaba al rellano y desde ahí se impulsó por los aires, dando un impresionante salto con dirección al rubio. Malfoy trató de apartarse, pues aquellas atemorizantes garras estaban a punto de golpearle el pecho; pero entonces Rose lo empujó por el hombro y ambos cayeron al suelo de bruces, mientras la bestia aterrizaba a unos metros de ellos. Lanzó un nuevo rugido y su cola de escorpión se levantó amenazadora, lista para disparar un ataque de su veneno mortal. -¡Confringo! -exclamó James, y una explosión salió disparada contra la criatura, que consiguió apartarse rodando, de forma que el hechizo golpeó a una columna, lanzando trozos de piedra por todos lados. Una nube de polvo se levantó alrededor de los chicos, pero Rose ejecutó un hechizo de forma que una cortina de llamas se levantara a su alrededor, evitando que aquel animal los tomara por sorpresa; una vez se hubo despejado el polvo, la bestia trotó hacia ellos con la ferocidad impresa en sus extrañas facciones mientras los chicos se apartaban y lanzaban un nuevo conjunto de hechizos en su dirección, creando una voluta tan ardiente y brillante como la lava. La manticora trató de apartarla con sus patas, pero fue una mala decisión pues solo logró quemarse, por lo que soltó un alarido de dolor. -Hagamos una maniobra -les pidió James, aprovechando la distracción -, cada quien diríjase a una dirección distinta de la sala, todos apunten al centro y acorrálenla. Todos asintieron y se dispersaron alrededor de la sala, y mientras tanto la bestia se había incorporado, dispuesta a atacar. James lanzó un latigazo con su varita en dirección a una de las antorchas azules en la pared y consiguió crear un anillo de fuego, que rodeó peligrosamente al animal. El resto siguieron actuando, consiguiendo una magnífica barrera explosiva. La manticora lanzó su rugido más prominente hasta el momento, mientras varias columnas se recalentaban por tanto fuego y se desprendían en explosiones de polvo y escombros. James miró hacia el techo entonces. -Tengo una gran idea… Suerte que siempre cargo con una de estas. El muchacho se sacó del bolsillo un largo cilindro de numerosos colores, con una delgada mecha saliendo por un extremo. -Una de las bengalas del tío George -señaló Albus con interés. Su hermano encendió la mecha con la punta de su varita, creando una chispa. La bestia corrió hacia ellos con paso trepidante, pero James se apresuró a actuar y lanzó la bengala hacia el techo. -¡Confringo! -exclamó señalando el objeto, cuya chispa estaba a punto de estallar. La explosión del hechizo y la de la bengala se combinaron con un tremendo sonido, y miles de chispas, aros de fuego y estallidos de colores salpicaron por la habitación, mientras el techo colapsaba y los escombros caían sobre la manticora, encerrándola debajo de un montón de trozos de piedra. La bengala de larga duración siguió rezumando columnas de humo de color, serpientes de chispas resplandecientes y girándulas de fuego. -¡Bien hecho, James! -le felicitaron el resto, cerciorándose de que la criatura estuviera inmovilizada bajo los escombros. El techo tenía ahora un amplio boquete que dejaba ver las estrellas del cielo. -Andando, debemos apresurarnos -les recordó Rose, prosiguiendo por la habitación para dirigirse hacia la puerta que subía hasta la torre oscura. Cuando atravesaron la alta puerta de madera, se encontraron en una sala redonda bastante alta, seguramente una torre. Sobre sus cabezas subía en espiral una gran escalera de caracol que se perdía en la oscuridad. Los chicos vieron con inquietud como el silencio aunado a la negrura consumía todo. -Debemos seguir -anunció Scorpius encendiendo su varita para alumbrar la habitación, pero no tuvo mucho éxito. El resto realizó la misma acción. Avanzaron por los inclinados escalones, atravesando de vez en cuando espectrales reflejos de luz que penetraban por las ventanas. Uno de los escalones crujió extrañamente por debajo de los pies de Albus, y este miró asustado como una delgada cuarteadura recorría la madera de la escalera. -Esta estructura parece muy vieja -comentó el muchacho -, tengan cuidado, podría destruirse en cualquier momento. El resto siguió la indicación y avanzaron lentamente, mientras numerosos chirridos de madera podrida resonaban a sus pies. -Siento que alguien nos observa -murmuró James, mirando a su alrededor sin poder evitar sentirse inquieto debido a lo espeluznante de aquel lugar. -¡AGACHENSE! -exclamó de pronto Rose, y todos se lanzaron de rodillas mientras una flecha negra salía disparada silbando hacia ellos; el objeto quedó clavado en otro extremo de la escalera. -¿Qué fue eso? ¿Nos están atacando? -Son trampas -auguró Albus, mirando debajo de sus pies para encontrarse con un pequeño interruptor oculto, que seguramente había activado a la flecha -. Los escalones están llenos de interruptores secretos que activan trampas. Tengan cuidado de no pisarlos. Siguieron avanzando cautelosamente hasta que se encontraron de pie sobre un rellano que parecía seguro; Scorpius se recargó en el muro para respirar, e imprevisiblemente, al menos cinco pequeños sacos rellenos de algo muy pesado cayeron sobre la escalera, haciéndola temblar. -¡La pared! Malfoy se apartó apresurado y quitó a tiempo a Rose antes de que uno de aquellos sacos le cayera en un hombro. La estructura entera de madera lanzó un feroz crujido al tiempo que la escalera se comenzaba a partir por la mitad en la parte baja. -¡Corran! Esto se caerá -los advirtió James mientras los cuatro subían a tropel por la escalera, sin importarles mucho los interruptores. En un par de ocasiones una nube de flechas pequeñas de un color plateado hondaron el aire, pero James era muy diestro para los hechizos, por lo que conseguía crear escudos o convertir aquellas armas en un montón de polvo antes de que estas los alcanzaran. Los escombros de la escalera se extendieron, hasta que el suelo quedó lleno de tablones y trozos rotos de madera, mientras los escalones seguían partiéndose como frágiles láminas de cristal. El proceso de destrucción se fue extendiendo hasta que se volvió como un efecto dominó, cayendo un escalón detrás de otro. Los chicos subieron a gran velocidad, haciendo lo posible para evitar los obstáculos que se presentaban; de un momento a otro algunos escalones comenzaron a romperse por la mitad, derramando tablones por el suelo. Un gran agujero quedó frente a ellos cuando al menos tres escalones se deshicieron, tomando por sorpresa al grupo. -¡Salten! -exclamó Albus y todos lo siguieron, dando un amplio salto para llegar al otro lado del boquete. Pero para James no funcionó. Unos trozos de madera se entrecruzaron bajo los pies del muchacho, y cuando había intentado saltar, tropezó quedando colgado del borde y con los pies meciéndose al aire. -James, ¿estás bien? -Estoy bien… Sigan ustedes. Yo trataré de bajar y buscaré a algún profesor que venga a ayudarlos… -De acuerdo, ten cuidado -le pidió su hermano menor. -Tengan cuidado ustedes… El chico se apoyó en unas tablas alargadas, que no parecían muy resistentes. James apoyó su peso por un momento ahí, pero entonces la madera emitió un gran crujido y se rompió por la mitad, dejando caer al muchacho contra el suelo. -¡JAMES! Su hermano impactó el suelo, rodando sobre un montón de escombros y polvo. Él se incorporó lentamente, con un corte severo en una mejilla y con el brazo en un ángulo incómodo. -Creo que me he lastimado el hombro -musitó con el rostro crispado de dolor. -¿Te has roto algo? -inquirió Rose con preocupación. -No importa… Sólo sigan, iré lo más rápido que pueda a buscar ayuda. Los chicos asintieron, con la adrenalina al tope, y siguieron ascendiendo por la escalera, cada vez más cerca de su objetivo. Y finalmente saltaron sobre el último rellano, viendo como todo detrás de ellos se desmoronaba como si estuviera hecho de frágil arena. Frente a ellos se alzaba una nueva puerta de madera, en cuya parte superior se encontraba un letrero con letras doradas que rezaba "Torre Oscura" -Hemos llegado, chicos -anunció Scorpius, con la vista fija en el letrero. -Habrá que ver qué es lo que nos espera ahí dentro -asintió Albus, y tomó el pomo de la puerta. Lo giró lentamente y la puerta se abrió.
**Hola chicos! Feliz año nuevo a todos ustedes. Espero que se la hayan pasado bien, pero sobre todo les deseo que tengan un exitoso 2012 lleno de salud, seres queridos y felicidad. Yo me reporto con un nuevo capítulo, que espero que les guste. Cada vez estamos más cerca del final, así que espero que les guste.**Saludos!