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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 6

6La prueba    La curiosidad que había por lo ocurrido con la gárgola que protegía la entrada al despacho de la profesora Mcgonagall se había extendido por todo el colegio como la humedad, de forma que todos los alumnos especulaban sobre quién podría haber hecho tal acto de vandalismo. Aquella noche durante la cena en el Gran Comedor, la directora realizó un breve comentario al respecto:  -Quiero asegurarles, que el hecho de haber tratado de acceder a mi oficina de una manera tan escandalosa, resulta muy grave -había dicho la mujer -. No sé qué pretenden obtener de ahí, o qué clase de objetivo tenía el responsable, pero créanme que la investigación continuará. No permitiré que alguien mantenga al colegio en tensión mientras disfruta de sus actividades ilícitas. No me importa si ha sido una broma, un accidente o algo con objetivos más profundos, pero fuera lo que fuera ha sido un acto en contra de las leyes del colegio, no solo destruyendo sus instalaciones, sino también dejando inconscientes y modificando las memorias de dos estudiantes, que afortunadamente se encuentran bien. Sepan muchachos, que no lo permitiré más.    La directora se sentó lentamente y lo único que se escuchó en todo el salón fue el repiqueteo de una suave lluvia y los murmullos de todos los estudiantes que se miraban los unos a otros, sin la menor pista de quién habría sido el responsable.   -¿No habrá ido muy lejos? Digo, solo fue una gárgola -Albus, Rose y Scorpius habían ido a visitar a Hagrid en su cabaña la mañana siguiente para verificar si él sabía algo al respecto.  -Piénsalo de esta forma -apuntó Rose -, el responsable pudo haber pretendido robar o atacar a Mcgonagall.  -Rose tiene razón -convino Hagrid -, puede que suene excesivo hacer tanto alboroto por una vieja gárgola, pero la cosa es que no sabemos cuál fue la intención del responsable.  -¿Crees que haya sido un alumno?  -Bueno, quizás un alumno de sexto o séptimo curso… Modificar la memoria de una persona no resulta del todo sencillo. No quiero pensar que tengamos a otro profesor traidor dentro de Hogwarts -comentó el hombretón mientras la tetera silbaba en el fuego.   La cabaña de Hagrid era un lugar muy agradable, sobre todo durante los días fríos y lluviosos, pues era un espacio caldeado y luminoso, lleno de objetos interesantes por todos lados.  -En fin… Cuéntenme, ¿cómo están sus padres?  -Creo que papá está resfriado -dijo Rose mientras observaba una jaula llena de pequeñas criaturas similares a topos reducidos al tamaño de un puño.  -Huy, Ron siempre fue el más susceptible de los tres a los resfriados. ¿Qué tal Harry?  -Está bien, supongo, dice que le gustaría que fueras a pasar la Navidad con nosotros.  -Estaría encantado… Tu padre siempre tan amable -y luego cayó en la cuenta de que Scorpius también estaba allí, serio y con los ojos escrutando el suelo de la cabaña -, ¿y qué tal Draco?   El rubio se sobresaltó y miró al guardabosque a los ojos; Hagrid siempre trataba de ser amable con el Slytherin a pesar de que estaba más que consciente de la enemistad que habían tenido Harry, Ron y Hermione con Draco Malfoy.  -Creo que está bien -se limitó a contestar -, y afortunadamente ya no lo buscarán los mortífagos.  -¿Mortífagos? -repitió Hagrid.  -Si… estuvieron insistiendo un tiempo a mi padre para que se uniera a ellos, pero él les dio su merecido -explicó con una amplia sonrisa.   El guardián de los terrenos se quedó callado, sin saber qué decir; aquella charla resultaba un poco incómoda.  -Eso me da gusto. Pero ¿ellos siguen realizando planes?  -Eso creo. Tengo entendido que pretenden hacer su regreso pronto, aunque no ahora.  -Ah, ya veo. Esperemos que se mantengan al margen por mucho tiempo.Afuera comenzó a caer una suave lluvia que se conseguía divisar al otro lado de las ventanas.  -¿Irán a las pruebas de quidditch? -Cambió de tema el hombre, tratando de alegrar más el ambiente -, seguro que has heredado el talento de tus padres, Albus. Tu hermano también es muy bueno.  -No lo sé -respondió el muchacho -, sería divertido, pero no sé si soy lo suficientemente bueno.  -¿Qué dices? Eres genial -le animó Rose sonriente -, quiero decir, tus dos padres son muy buenos. Tu mamá inclusive jugó para las Hollyhead Harpies.   -Sí, bueno. Mi tía Hermione es muy inteligente, y tú no eres lo que se dice brillante…La pelirroja alzó una ceja.  -¡Sólo bromeo! -se apresuró a decir riendo, pues sentía la aguda mirada de su prima fija en él.  -Pues yo creo que deberías intentarlo; -puntualizó Scorpius -no te he visto jugar, pero supongo que has de ser muy bueno.   -Haré la prueba si tú la haces para Slytherin -le retó el chico.  -En realidad Albus, ya tenía planes de asistir a las pruebas -un leve rubor recorrió sus pálidas mejillas, pero se esfumó casi tan rápido como había llegado. Rose le sonrió para darle ánimos.  -Genial, así podré hacerte polvo doblemente -añadió Albus alegremente.  -Bien, creo que mejor se van al castillo -intervino Hagrid poniéndose de pie y recogiendo las tazas de los chicos -, pronto anochecerá, y no querrán meterse en problemas.  -Ya nos hemos metido en problemas antes -susurró Albus a Rose, quien recordó la ocasión en que habían tenido que huir de Peeves y Filch por haberse quedado hasta tarde con Hagrid.  -Bien, hasta luego Hagrid, nos ha dado mucho gusto verte.  -Vuelvan pronto.  -En cuanto nos sea posible -aseguró Albus, abrochándose la capa de su uniforme -. Nos vemos.   Y así los tres salieron a la fresca tarde, internándose en la lluvia velozmente antes de que esta se intensificara.    Las pruebas para el equipo de quidditch de Gryffindor se llevaron a cabo la mañana siguiente, después de las de Ravenclaw; el día había amanecido sin lluvia, aunque el cielo no estaba del todo despejado y había un aire fresco que envolvía al castillo como una nube. El estadio de quidditch estaba en condiciones para las pruebas, y un grupo de espectadores animaba a sus amistades para esforzarse en sus pruebas correspondientes. Y ahí estaba Albus, con una de las viejas escobas del colegio en la mano; no se sentía tan tonto pues a su alrededor había varios chicos de su misma edad que presentarían la prueba, pero en general parecían estudiantes de cuarto para arriba.  -¿Te sientes listo? -inquirió James, aproximándose a su hermano, que miraba distraídamente hacia los postes de gol.  -Estoy un poco nervioso. ¿Son muy rudos?  -Sí, un poco, pero no te preocupes, lo harás bien -le aseguró guiñándole el ojo -. Si perdieras un brazo, la señora Pomfrey te lo curaría en un periquete.    James formaba parte del equipo de Gryffindor, y sus habilidades, según Albus, no eran muy diferentes a las de él.  -Te irá bien hombre -dijo Christian Bennet, aproximándose a su amigo desde las gradas.  -¿Por qué no haces la prueba tú?  -Digamos que no duraría un minuto sobre la escoba…  -¡Albus Potter! -llamó el capitán del equipo, Marcus Moore.   Al joven le saltó el corazón, pero se aproximó hacia el capitán con su mano temblando sobre la escoba.  -Bien, Albus, ¿para qué puesto quieres presentar? -preguntó Marcus, que estaba en sexto.  -Quisiera presentar para buscador -contestó.  -De acuerdo. Soltaré una snitch en el campo y tú tendrás que atraparla; enviaré a un miembro del equipo para que la persiga también, así que trata de hacerlo antes que él. No te preocupes, no será muy rudo contigo.  -De acuerdo.   El capitán sacó de su bolsillo una pequeña bola dorada, de cuyos extremos salieron un par de alas plateadas; el chico la soltó y esta voló presurosa.  -¿Listo? ¡Ahora!   Sonó un silbato y Albus se elevó de inmediato en su escoba; casi toda su vida había jugado quidditch en la colina al otro lado del pueblo en donde vivía, por lo que no estaba muy nervioso. James siempre le lanzaba cosas para que atrapara en el aire.   El muchacho salió disparado tras la snitch al momento que un segundo silbatazo resonaba y el otro miembro del equipo se dirigía hacia él; el otro tenía una complexión robusta y musculosa, lo que Albus sabía que era una ventaja para él mismo pues un buscador debía ser ágil y ligero. Dio una voltereta con su escoba, buscando con la vista la diminuta y escurridiza snitch, hasta que finalmente la encontró al otro lado del campo, alrededor de un poste. La escoba salió volando vertiginosamente hacia el destello dorado que dejaba la pelota tras de sí, mientras su contrincante se le aproximaba peligrosamente. Albus logró frenar antes de chocar contra el poste y dio una sacudida para ascender hacia el nublado cielo, en donde la pelotita se escurría como un ave.    Su contrincante aceleró y golpeó con uno de sus fuertes hombros la espalda del niño, que tembló en el aire y se vio obligado a descender un par de metros. Aceleró todo lo que su escoba podía y dio un giro en espiral para distraer al otro Gryffindor, que tuvo que bajar la velocidad e ir en línea recta. El chico se precipitó al frente del mango de la escoba y extendió el brazo, quedando a tan solo unos palmos de tomar la snitch… Y entonces una corriente de aire lo empujó hacia el lado contrario, distrayéndolo súbitamente. Y su oponente ya se encontraba a pocos centímetros de tomar la pelotita.   El silbato volvió a sonar, esta vez para dar fin a la sesión de prueba. El otro jugador había atrapado la snitch, y esta iba aleteando torpemente desde su mano; Albus bajó decepcionado de sí mismo… Había estado tan cerca de lograrlo.  -Bien hecho Albus, has hecho un buen trabajo.   Él estaba cabizbajo, pero dio una leve cabezada de asentimiento; su hermano James le dio un par de palmadas cuando este llegó al suelo. Mientras tanto, Marcus comenzó a hacer unas anotaciones en una serie de pergaminos.  -Yo… He observado tu presentación -comentó distraídamente el capitán, mientras su pluma fluía por el papel -. Te avisaré mediante una lechuza los resultados, ¿de acuerdo? Toca el turno a ¡Sarah Blade!   Albus apoyó la escoba contra el muro de los vestuarios mientras sus amigos bajaban de las tribunas para acercarse a él.  -Has estado genial, Al -comentó Rose sonriente.  -No te ves muy alegre -apuntó Scorpius, que había sido de los primeros en presentar su prueba para el equipo de Slytherin aquella mañana.  -No la conseguí atrapar. Apesto como jugador de quidditch.  -Está bien… Piensa en que jugaste contra un jugador de sexto curso.  -Sí, bueno. ¿Nos vamos?  -Adelante.   Albus se volvió a cambiar y se retiró un poco desanimado al lado de sus amigos, quienes insistían en que no había estado tan mal, e incluso le habían dicho que no era tan divertido formar parte del equipo para animarlo. Aunque la verdad es que él no estaba muy convencido; de verdad quería entrar al equipo.

**Hola chicos! Que tal están? Espero que perfectamente; bien, pues entre viajes emocionales, problemas con el internet y preparativos para mis estudios, yo me reporto nuevamente con otro capítulo y me disculpo si me ha faltado un poco de tiempo para actualizar la historia, pero es que estoy un poco liado con todo esto. En fin, disfruten el capítulo y espero sus comentarios.**Saludos!