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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 8
8El primer partido de Albus Scorpius giró el pomo de la puerta secreta, ansioso igual que su amigo por descubrir lo que había al otro lado de aquel trozo de madera… Pero la perilla se atascó a medio transcurso. -¡Está cerrada! -Se quejó el rubio -, estoy sí que es malo. -Déjame ver -le apartó Albus, apuntando su varita a la cerradura -, ¡Alohomora!Pero no ocurrió nada. -Parece que solo podrá abrirse con una llave -adivinó el ojiverde, un poco decepcionado -. Lástima, me habría gustado ver que hay al otro lado. -Debe esconder algo interesante, si no, no la habrían escondido. -Ven, vámonos. -Espera, ¡Reparo! -Los trozos de pared flotaron en el aire y uno a uno se fueron uniendo para reconstruir nuevamente la superficie de piedra -, listo, nadie se dará cuenta de lo que descubrimos. -Mejor nos vamos de aquí antes de que nos vean -sugirió Albus en voz baja, y ambos avanzaron por el corredor hacia la escalera principal. Ahí había un misterio muy interesante que resolver; el problema era, ¿cómo iban a encontrar la llave de esa puerta? Cuando llegaron al aula de Transformaciones, que era su siguiente clase, le contaron lo que habían encontrado en el séptimo piso a Rose. -¿Una puerta secreta? ¿Cerca de la torre de Gryffindor? Ustedes tratan de verme la cara -sentenció la pelirroja durante la práctica de esa clase, que consistía en transformar canarios en pequeñas cestas de mimbre. -¡De verdad había una puerta! Un trozo de la pared estaba hueca, y nos pareció extraño. Scorpius destruyó una parte de la pared y lo que vimos fue una puerta, sólo que estaba cerrada con llave. -Pues es extraño, ¿no te parece? ¿Por qué habrían de esconder una habitación del colegio? -No lo sé… Pero quizás haya algo interesante al otro lado. -¿No has pensado en que la sala al otro lado de esa puerta pudiera haberse destruido durante la batalla de Hogwarts? Quizás quedó tan inservible, que simplemente la sellaron. -Podría ser, aunque no me convence. -En fin, es un misterio más que resolver en nuestra lista -comentó la pelirroja un poco distraída, consiguiendo por tercera vez que su canario se transformara. -Bien hecho, señorita Weasley -le felicitó el profesor Flitwick con su voz chillona; iba dando la vuelta al aula mientras aplaudía a quienes conseguían la tarea -, aunque debería guardar un poco de silencio junto al señor Potter. Han parloteado toda la clase. -Lo sentimos profesor -se disculpó Albus, cuyo cesto tenía un par de alas amarillas. -¿Estás nervioso? -le preguntó Christian al chico -. Por el partido, digo. -Bueno, Marcus ha insistido en que practiquemos mucho -explicó el otro, tratando de corregir su cestito con amplios movimientos de varita -, dice que es de los mejores equipos que se han visto en Gryffindor en los últimos años. Espera que este año sí ganemos la copa. -Harás un buen papel, ya lo verás -le animó su prima. -Pero ser el buscador no es cosa sencilla. Espero que me vaya bien. ¿Sabes que papá fue el buscador cuando estuvo en Hogwarts? -Tenía una ligera sospecha de ello después de ver el millón de placas que tienen tus padres en su casa -comentó la pelirroja risueña. -En fin… Sólo espero salir vivo del estadio. El día del partido de quidditch resultó un tanto desastroso; en el campo se arremolinaba una densa neblina blanca que resultaba incómoda a la hora de jugar, y mientras tanto, el cielo no daba mejores indicios. Llovía copiosamente y los relámpagos refulgían a lo lejos uno detrás de otro. -Excelente clima para los patos -dijo James mientras estaban en los vestuarios preparándose. El muchacho estaba animado de que su hermano formara parte del equipo, aunque por alguna razón, Albus sospechaba que James no quería ser opacado por él. -Estoy frito, no sé como veré esa snitch entre la neblina, la lluvia, el barro y la sangre de los jugadores -comentó él, asomándose de vez en cuando por las rendijas que había entre los tablones del vestuario; el público, a pesar de las inclemencias del tiempo, parecía animado. -Lo harás bien, hombre -aseguró Marcus, el capitán, quien parecía pálido y nervioso. Y es que aquel era su partido de presentación como líder -. Ya hemos entrenado con lluvia y neblina antes. -El problema es que nunca habían estado los dos factores juntos -replicó Albus. -¡Eh, Al! Ha llegado este paquete para ti. Se retrasó en llegar por la lluvia -se trataba de Evan Mcgregor, un alumno de tercero que iba cargando un paquete alargado envuelto en plástico. -¿Un paquete? ¿Era necesario traerlo ahora mismo? -Hagrid ha dicho que urgía que lo recibieras ahora. Dice que lo envían tus padres. El chico tomó el paquete y comenzó a desenvolverlo, hasta que finalmente descubrió el brillante palo de lo que era una hermosa escoba de carreras, de madera oscura y brillante, cerdas finamente colocadas y una larga espiral dorada que enroscaba al mango y descendía a un par de finos reposa pies. -¡Increíble, es una Nimbus 3.000! Es mucho mejor que la última de la línea 2.000. -Vaya Al, es genial -le dijo Sarah Blade, otra de las nuevas adquisiciones del equipo -, jugarás estupendo con ella. -Sólo no la rompas -gruñó James, con una nota de envidia en la voz, pero su hermano lo ignoró y se dedicó a ver cada delicado detalle que integraba la escoba. A fuera de los vestidores atronaron los gritos del público, y la voz del narrador resonó por sobre todo sonido, anunciando el comienzo del partido. -Bien, ¿están listos? -preguntó Marcus, pero nadie respondió y se limitaron a asentir. Y entonces las puertas del vestidor se abrieron, dando paso a un fuerte viento acompañado de la fresca brisa; siete jugadores vestidos de túnicas escarlata salieron volando hacia el campo al tiempo que una feroz lluvia golpeaba sus cabezas; arriba el cielo relampagueaba, pero no era impedimento para que los otros siete jugadores, estos con las túnicas amarillas de Hufflepuff salieran también al campo y comenzaran a volar alrededor de este. La profesora Blair, que había sustituido a Cepheus Bode como instructor de vuelo, hacía de árbitro para aquel partido y se encontraba ya al centro del estadio, que vitoreaba a sus jugadores predilectos. La profesora Blair gritó las instrucciones, pero a penas fueron entendidas por el ruido de la lluvia, y las cuatro pelotas de juego aparecieron en el campo. Hubo un silbatazo lejano, y el partido comenzó. El rojo y el amarillo se entremezclaron súbitamente en una nube de jugadores que trataban de obtener la pelota roja -la quaffle -, para poderla llevar al lado del oponente y anotar; la lluvia resultaba agradable, aunque se tornaba peligrosa cuando golpeaba la cara de los jugadores, que trataban de esquivar a sus adversarios con peligrosas maniobras en el aire. Albus logró percibir como su hermano James obtenía la quaffle y se dirigía al lado contrario a gran velocidad, mientras dos jugadores particularmente corpulentos se dirigían hacia él con el propósito de derribarlo. James descendió repentinamente, distrayendo a los chicos que habían estado persiguiéndolo, que fueron a estrellarse contra uno de sus cazadores; el chico lanzó la quaffle a uno de sus compañeros y este dio una voltereta muy cerrada que consiguió quitarse de lado a uno de los Hufflepuff. Un trueno resonó en todo Hogwarts, pero los miembros del equipo no parecían tenerle miedo alguno; Marcus Moore salió disparado hacia medio campo y con su bate de golpeador arremetió una bludger, que dio de lleno en el hombro de un contrincante. Para ese entonces, la quaffle estaba en manos de Hufflepuff, quienes crearon una maniobra evasiva que constaba de cuatro jugadores; volando como aves de rapiña, ágilmente se aproximaron a los postes de gol, protegidos por Ruth Grey. La maniobra funcionó perfectamente, pues habían hecho una finta hacia el poste de la izquierda, pero cuando Ruth la guardiana se dirigió hacia allí, la bola roja cambió de manos a otro Hufflepuff que realizó su tiro hacia el poste derecho; y esta atravesó el aro. Hubo un clamor victorioso de la tribuna de Hufflepuff, y mientras la lejana voz del comentarista anunciaba la anotación, la quaffle ya había entrado nuevamente en juego. Los cazadores se vieron inmersos en una violenta batalla aérea mientras contendían por la posesión de la pelota, que cambiaba de manos en una interesante jugada en zigzag entre los jugadores de Hufflepuff. Una potente ola de lluvia llegó repentinamente, haciendo retroceder a los jugadores mientras uno de los Hufflepuffs se aproximaba peligrosamente a los postes; era una chica la que traía la quaffle, y dio un precipitado ascenso para evitar a un Gryffindor que iba hacia él a toda velocidad. Lanzó la bola y esta atravesó el aro. Albus desesperado, se dio cuenta de que tenía que evitar que los Hufflepuff siguieran ganando más puntos; tenía que encontrar la snitch dorada cuanto antes. Afortunadamente su nueva escoba tenía un gran desempeño aún en la lluvia, lo que le ayudaba a viajar a gran velocidad a lo largo del campo; y entonces lo distinguió: un destello dorado que iba al ras del suelo. El chico salió disparado hacia la pelotita, y se dio cuenta de que su contrincante, el buscador de Hufflepuff, también se dirigía a toda velocidad hacia su meta, que aleteaba y volaba como una estela. La snitch subió repentinamente y Albus se vio obligado a desacelerar antes de chocar contra un golpeador del equipo contrario, pero se recuperó a tiempo y se dirigió con determinación hacia arriba. La lluvia le golpeaba el rostro y tenía mechones de cabello empapado por toda la frente, pero aún así presionó a su escoba para que acelerara y se aproximó cada vez más a la diminuta bola dorada… El buscador de Hufflepuff se aproximó peligrosamente y golpeó con su hombro el de Albus, quien hizo lo posible por mantener el equilibrio; él mismo devolvió el golpe, causando que el otro muchacho diera una veloz espiral en el aire. Se recuperó y lo alcanzó rápidamente, quedando ambos hombro a hombro. Albus puso toda su concentración en acelerar y descubrió con emoción como el palo de su escoba se adelantaba a la de él. El buscador contrincante trató de desviar la escoba de Potter, pero no lo consiguió y sus pies terminaron resbalando de los reposa pies de su escoba, haciéndolo perder el equilibro y precipitarse al campo de juego. El chico dio de lleno contra un gran charco de agua acumulada en el césped, salpicándolo todo mientras el público emitía un abucheo. Y entonces el camino estuvo libre par Albus… -¡Lánzale una bludger! -escuchó gritar al capitán de Hufflepuff, y su golpeador obedeció, dirigiendo una bludger con su bate hacia el chico, que dio un brinco sobre su escoba y se desvió en el último segundo antes de que la bola lo golpeara de lleno en la espalda. Un estruendoso relámpago cruzó el cielo y el viento se intensificó, siendo acompañado más tarde por una cortina de lluvia helada que lo dificultaba todo. Alargó el brazo y pudo tocar con las yemas de los dedos la fría superficie metálica de la snitch, cuyas alas subían y bajaban como nunca. Y la atrapó. -¡Albus Potter atrapa la snitch dorada en su primer partido! ¡GRYFFINDOR GANA! -Bramó el comentarista, y la tribuna de Gryffindor irrumpió en aplausos y gritos -, ¡Qué gran partido! Albus bajó emocionado; se posó en el suelo mientras el resto de su equipo se aproximaba para celebrar. No importaba que el cielo se estuviera cayendo sobre ellos; la emoción de haber ganado el primer partido de quidditch era insuperable. Había ganado, había atrapado la snitch dorada.
**Hola chicos! Que tal están? Ojalá excelente. Pues aquí va un capítulo más, espero que les haya gustado mucho, y claro, también espero sus comentarios que tanto me animan a continuar escribiendo; he podido reportarme un poco menos seguido debido a todo este rollo de los diferentes horarios entre países, pero hago mi esfuerzo y aquí estoy, así que solo puedo esperar que les gusten los caps. Bien, nos leemos en el siguiente capítulo.**Saludos!