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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 9
9Espía en el bosque prohibido La celebración en la sala común de Gryffindor se prolongó hasta altas horas de la tarde; Albus nunca había tenido tanta atención entre los estudiantes de su casa, y particularmente, notó entusiasmo por parte de las chicas de segundo y primero. Estaba emocionado con la victoria de su equipo, pero para la media noche él estaba agotado por tantas emociones y lo duro que había sido el partido físicamente hablando, por lo que se fue finalmente a dormir. Durante la clase de Pociones del día siguiente, el profesor Steer los puso a preparar una poción infladora con las instrucciones que había anotado en la pizarra, y que ahora todos seguían fielmente. -¿La tuya ya ha adquirido un color verde? -preguntó Albus a Rose, cuyo caldero brillaba alegremente con una tonalidad olivácea. -Casi lo consigo, pero creo que mezclé de más durante el paso cinco -respondió la pelirroja, un poco contrariada. La suya tenía un color verde claro, lo cual lo animaba bastante. -Has hecho tus tareas -comentó Adam, observando el resultado de su amigo. -Supongo que se me dan bien las pociones -admitió encogiéndose de hombros. Y entonces el timbre sonó, mientras todos los alumnos se ponían de pie, limpiaban sus calderos y llevaban sus resultados al escritorio del profesor. -Pueden retirarse muchachos -anunció el profesor mientras el barullo de los estudiantes se comenzaba a escuchar a fuera en las mazmorras -. Nos vemos la próxima clase. Y no olviden su redacción sobre las propiedades de la mandrágora; no les resultará difícil si ya las han visto en Herbología. Albus y Rose salieron del aula y esperaron a Scorpius, que venía saliendo de su sala común con la mochila al hombro; era su última clase del día, por lo que irían a comer al Gran Salón y luego podrían descansar un poco, pues afortunadamente no tenían muchos deberes. Los chicos se sentaron a mitad de la mesa y comenzaron a comentar los sucesos interesantes que habían ocurrido durante el día. -¿…Qué es lo que sospechas? -sonó una voz detrás de ellos. Albus se volteó hacia la mesa de Ravenclaw, y vio a Brent Dair y a una chica de cabello rubio y rizado que la iba siguiendo. -Ya te lo he dicho, Brent -decía la rubia, también perteneciente a Ravenclaw -. Me parece muy extraña la forma en que actúas últimamente. -¿A qué te refieres? -preguntó el chico de ojos morados. -Brent, estoy casi convencido de que tú fuiste el responsable de… -¡Chist! -le acalló él -. No lo digas en voz alta aquí, Marissa. Mejor vayamos a otro lado…Ambos muchachos caminaron entre las mesas y salieron al vestíbulo; Albus pensaba que aquello era resultaba sospechoso, pues ¿a qué se refería la chica? ¿Podría enterarse finalmente del secretismo que rodeaba a Brent Dair? -Eh, chicos. Ahora vuelvo -comentó poniéndose de pie mientras se iba detrás de ellos. -¡Pero Al…! -le hablaba su prima, pero el chico no se volvió y continuó persiguiendo a Brent y la tal Marissa. El muchacho de cabello cobrizo y la rubia salieron a los jardines apresuradamente mientras hablaban en voz baja, por lo que su perseguidor no logró percibir muchas palabras. -Debes dejar de indagar -le atajó Brent a su compañera -. Es algo que no te importa… Completamente intrigado, Albus los siguió por la explanada, hasta que se dio cuenta de que se dirigían al bosque prohibido. Dudó durante unos momentos, pero la curiosidad por descubrir algo sobre aquel niño tan misterioso le embargó, por lo que los siguió hasta los árboles, utilizando los troncos para ocultarse. El joven Potter nunca había estado en el bosque prohibido, por lo que su espesura y la altura de sus árboles lo hicieron sentirse abrumado y pequeño; ambos Ravenclaw se fueron internando poco a poco entre los cada vez más numerosos árboles, cuyas copas se entremezclaban entre sí ocultando por completo la luz del sol. Era un lugar bastante siniestro. Siguieron caminando durante un par de minutos hasta que se encontraron tan dentro del bosque que ya no se conseguía ver ni un solo rayo de luz solar; Albus se ocultó detrás de un arbusto, cuidando que su uniforme no se quedara atorado con las espinas y las afiladas ramitas que crecían por todos lados. Cerca de ellos se escuchó un aleteo en medio del silencio, pero el chico trató de mantenerse silencioso para que no lo descubrieran. -¿Y bien? Ya estamos en un lugar tranquilo Brent -comentó Marissa seriamente -, ¿ahora me contestarás mis preguntas? -¿Qué quieres saber? -¿Quién eres realmente? -dijo finalmente, y una breve sonrisa escapó del rostro del muchacho. -Soy solo un niño común y corriente, igual que tú -respondió. -Hay algo muy extraño en ti, Brent -prosiguió la chica, dándole la espalda a su compañero para mirar la vegetación a su alrededor -. ¿Sabes que fuiste el primer hombre al que le hablé en Hogwarts? -Y te lo agradezco Marissa, pero ¿por qué quieres averiguar más cosas? -Haz actuado muy extraño últimamente. Y estoy convencida de que tú fuiste el que trató de entrar al despacho de Mcgonagall aquella vez, ¿Qué querías sacar de ahí? -¿Por qué crees eso? -Brent, no sé qué estás haciendo últimamente, pero sé que planeas algo extraño. Sé que has estado explorando el castillo buscando algo, como si tu vida dependiera de ello. -Mi vida no depende de nada -se limitó a contestar el otro, reflejando su marcado acento extranjero. -No te mudaste a Inglaterra solo porque si, ¿verdad? -inquirió ella, con un temblor en la voz. Ambos aproximaron sus rostros el uno al del otro y se miraron fijamente -, estás buscando algo. -Tienes una mala imagen de mi, Marissa. No soy una mala persona. -Entonces ¿Qué ocurre? -No lo entenderías. Pero te suplico que dejes de entrometerte en donde no te llaman; sabes demasiado y no quisiera que salieras lastimada -sugirió el muchacho, alzando la mano para tocar con sus yemas una telaraña que se tejía frente a su rostro -. Debes olvidarlo. Por alguna razón Albus sintió que Brent había volteado a ver al lugar en donde él se encontraba, pero la mirada del muchacho se desvió rápidamente, por lo que rezó para que no lo hubiera visto. -Pero tú… -Es suficiente Marissa -exclamó el chico, esta vez con tono enojado. Sus ojos púrpuras destellaron en la oscuridad -. Me agradas, pero lo que soy y lo que quiero no es de tu interés. Sabes demasiado… más de lo necesario. -Pero... -No he dañado a nadie. Me juzgas por cosas que yo no he hecho. -Eso es lo que yo quiero creer -señaló con la voz quebrada. -Entonces hazlo. Y con esas palabras Brent Dair se alejó por donde había llegado, siguiendo un sendero invisible mientras la rubia lagrimeaba silenciosamente desde su lugar; y luego la Ravenclaw le siguió, hasta perderse entre la oscuridad y dejando solo a Albus. El chico estaba confundido; ¿de qué se había tratado aquella conversación? Cada vez sentía mayor curiosidad por Brent Dair, y ahora estaba convencido de que escondía un secreto, ¿pero cuál? Pero no pudo pensar en eso ni en ninguna otra cosa en aquel momento, pues el crujido de una rama siendo pisada resonó detrás de él; el niño se sobresaltó y se volteó de inmediato, descubriendo ante él un grupo de más o menos cinco animales similares a perros grises con ojos rojos, y hocicos con dos hileras de afilados dientes ensalivados. Albus dio un par de pasos hacia atrás, pero los extraños perros se aproximaron peligrosamente, gruñendo ferozmente. Uno soltó un ladrido y los cinco perros se abalanzaron hacia él. El moreno salió disparado por donde había llegado, obligándose a tener cuidado para no tropezar con las ramas y obstáculos que le impedían avanzar por el suelo. Los perros ladraban y soltaban espumarajos mientras trotaban hábilmente por el bosque, saltando arbustos y sorteando troncos a gran velocidad. Potter siguió corriendo frenéticamente entre los árboles, respirando dificultosamente; una rama se interpuso con su pie y el muchacho tropezó inevitablemente, haciéndolor rodar por una pequeña ladera hasta chocar con un helecho. -¡Desmaio! -exclamó apuntando su varita al perro que lideraba al resto, haciéndolo caer y dar varias vueltas, pero este se incorporó de inmediato y siguió marchando hacia él. Trató con varios hechizos más, pero su magia no era tan poderosa como para aturdir a aquellas criaturas por más de unos cuantos segundos. Siguió corriendo a toda velocidad hasta que consiguió divisar algunos puntos de luz filtrándose entre las hojas de los árboles. Trató de acelerar todo lo que pudo, mientras los perros saltaban y esquivaban toda clase de objetos interpuestos en su camino. Albus sintió el aliento cálido de aquellos animales en su espalda, y estaba seguro de que los tenía pisándole los talones; en cualquier momento se cansaría y ellos aprovecharían la oportunidad para derribarlo. Y entonces una voz le gritó, mientras una persona aparecía por entre los árboles. -¡Detrás de mí, Potter! El chico volteó precipitadamente; había llegado su salvación.
**Hola a todos chicos! Cómo están? Espero que excelente. Bien, si han disfrutado el capítulo, me da mucho gusto y espero que publiquen sus comentarios, sino, pues también jeje. No tengo mucho que decir el día de hoy, solo que espero que sigan disfrutando de la historia pues se vienen cosas emocionantes.**Saludos!