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Historia 8635 — capítulo 17
Antes que nada: Como me dejaron muchos comentarios y me han dejado de buen humor, publico el capítulo número 17 de esta historia, sin que hayan tenido tiempo de dejar más reviews. Punto extra para Maru! Ahora me deben muchos, muchos, muchos más reviews para que publique el próximo, jajajaja risa diábolica!!
Capítulo 17: Amor, citas y... amor
La alegría de aquella mañana se extinguió de inmediato con la noticia de que los mortífagos se habían escapado. En todo el colegio, por donde quiera que ibas te encontrabas a los estudiantes muy serios, con expresiones tan sombrías que daban miedo. Todas las mañanas El Profeta traía nuevas y espantosas noticias sobre asesinatos, desapariciones y torturas, tanto muggles como mágicas. Y así pasaron días y semanas, hasta que Diciembre llegó junto con la nieve y poco a poco, Hogwarts volvió a la normalidad, ya que eran tiempos de guerra, pero eso no era causa para dejar de vivir.
Con el objetivo de que los alumnos se quedaran en el colegio, ya que era mucho más seguro, se organizó un baile de Navidad, que además distrajo mucho a los estudiantes, dándoles otras cosas en que pensar: las túnicas de gala, los peinados, el maquillaje, lo que estaba de moda, la música, los pasos de baile, y sobre todo... las parejas.
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¿Con quién irás? –le preguntó Daphne a Ginny, una mañana en Alquimia, asignatura recientemente reinstaurada, dado que Flamel tenía muchos descendientes. La nueva profesora, Velma Flamel, era una mujer joven y muy atractiva, con un cuerpo perfecto.
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Supongo que con Neville –respondió Ginny con pesadumbre.
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¿Pudiendo ir con Eoin Whisp o con Draco Malfoy? –se asombró Daphne-. ¿Tú estás loca? Y Thot, deja de mirar tan descaradamente a la profesora –susurró la rubia a su novio, molesta.
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Malfoy es un cretino, no quiero saber nada más de él. Va a terminar como su padre –dijo Ginny amargamente, tomando un par de apuntes sobre lo que decía Velma Flamel-. Y sobre Eoin... es un payaso. Lo único que hizo cuando fuimos a Hogsmeade fue hablar de él todo el tiempo, y hechizar gente para impresionarme. Es un engreído insoportable, alégrate de que te quedaste con Thot y no con él.
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Bueno, pero el chico está increíble, ¿o vas a negarlo? Y sobre Malfoy... no te entiendo. Un día te gusta, al otro día no porque te remuerde la conciencia que te guste alguien tan idiota, al día siguiente te parece que cambió, después no... Y ahora te lo tratas de sacar de la cabeza. Odio decirlo, pero a este paso vas a acabar casándote con Harry, pero vas a pasar cada día de tu vida pensando en otro hombre.
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No seas ridícula. Lo de Malfoy es serio. Además, me odia. Francamente no entiendo nada yo tampoco... Pero lo que sí entiendo es que lo único que quiere es usarme. No me merece –siseó Ginny furiosa-. Ahora volvamos al tema del baile, por favor. Distráeme.
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Oh, ahora que lo recuerdo... Kitt dice si podemos conseguirle una cita con Blaise.
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Habla tú con él. Yo no tengo ganas –dijo Ginny, de mal humor.
En eso sonó la campana, y tanto Slytherins como Gryffindors recogieron sus cosas a toda prisa y se largaron. Ginny fue la primera de su curso en llegar al Gran Comedor. De mala gana, soltó su bolsa en el piso y esperó a sus amigas, que venían hablando.
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...Y pienso pedirle a Colin que vaya conmigo –decía Queen, en tono decidido. Se sentó a la izquierda de Ginny, sonriendo.
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No debes presionarlo, Queen –le aconsejó Daphne-. Mejor consigue una cita con él primero.
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Sí, nunca te fíes de alguien sin haberlo conocido bien antes –corroboró Gin, recordando su cita con Eoin y sus desgracias con Draco. Se fijó en la mesa de Slytherin: Malfoy estaba sentado dándole la espalda.
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¡Ahí viene William! –exclamó Stephanie entre nerviosa y emocionada, y levantándose tan rápido que golpeó a Kitt, haciéndola a un lado-. ¿Cómo me veo?
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Hola, chicas –saludó William en voz seductora, y sentándose en frente a Stephanie, y al lado de Queen-. ¿Tienen alguna idea de con quién irán al baile? –preguntó, aunque parecía ser una pregunta dirigida exclusivamente a Queen, que no se dio por aludida.
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¡Colin! –exclamó la chica nerviosa, poniéndose de pie de un salto-. ¿Puedo hablar contigo?
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Es que quería hablar con Stephanie... –balbuceó Colin, poniéndose rojo. La aludida se puso de pie también.
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¡Perfecto! –dijo William sonriendo, y levantándose él también-. ¡Así yo hablaré con Queen!
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Pero... –vacilaron las dos chicas, intercambiando miradas de pánico-. Ok, pero después intercambiamos.
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Vaya lío que tienen esos cuatro –observó Kitt, viéndolos alejarse-. Por cierto... ¿hablaron con Blaise? –preguntó ansiosa.
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No –respondieron Daphne y Ginny a la vez. Kitt las miró con cara de cachorrita perdida-. Ella lo hará –dijeron de nuevo, a coro, y señalando a la otra con la mano.
Acabaron decidiéndolo mediante piedra, papel o tijera. Y la “afortunada” que hablaría con Blaise sería Ginny. Ustedes se estarán preguntando: “¿por qué no quieren hablar con Blaise, si es su amigo y es tan simpático?”; y yo les respondo: porque es más cabeza dura que todos los Weasley juntos (lo cual ya es decir mucho...). Así que, esa tarde y a regañadientes, Ginny se marchó al campo de quidditch, no para entrenar, sino para convencer a Blaise. Kitt esperaba ansiosa en las puertas de entrada al castillo.
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Pero Blaise... –decía Ginny, media hora después de discutir con el chico.
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No insistas, Ginny. No puedo creer que tu amiga tenga el rostro como para enviarte para arreglar una cita –replicaba Blaise, aún de peor humor que la pelirroja.
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Es que... ¿qué tienes que perder? ¿O acaso no quieres sacarte a Alissa de encima?
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Starlight no me dejaría en paz ni porque me casara.
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¡Es sólo una cita, no una boda! Además, si después no te cae bien o lo que sea, ¡no la vuelves a ver y punto! Me estarías haciendo un gran favor... Y nunca sales con nadie.
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Eso es porque Starlight siempre se aparece en mis citas y fastidia a la chica hasta que se larga.
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¿Es que no lo sabes? Alissa le tiene miedo a K... a mi amiga. No se atrevería a interrumpir su cita ni porque le pagaran –mintió Ginny. Kitt no le inspiraba ninguna clase de miedo a Alissa... ¿entonces cómo haría para que no se colara a la cita de sus amigos? Mmm... tenía un plan-. Entonces... ¿qué dices?
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De acuerdo. Pero sólo para recuperar mi reputación. Ya nadie quiere salir conmigo por culpa de Starlight.
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¡Sí! –Ginny lo abrazó de la alegría, ya que sino conseguía la cita, Kitt era capaz de dejarla como a sus muñecas (que ahora eran nuevas y representaban a todas las figuras femeninas que habían seducido o que habían salido con Blaise)-. ¡No te arrepentirás! Ahora los dejo para que se conozcan... –se volvió y le hizo señas a una impaciente y nerviosa Kitt para que se acercara.
En cuanto llegó a la Torre de Gryffindor, un poco de mejor humor que antes, se dejó caer en un sillón, abatida y congelada de frío. Todavía tenía que llevar a cabo su plan contra la pobre de Alissa, hablar con Neville para ver si iban juntos al baile, y un millón de cosas más.
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Mmm... Ginny, ¿podemos hablar? –le preguntó Harry, a sus espaldas.
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Claro –preguntándose de qué demonios querría hablar él con ella, Ginny lo siguió a un apartado rincón de la sala común-. ¿Qué pasa?
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Pues... me preguntaba si querrías venir conmigo al baile –explicó Harry, mirándola a los ojos. Ginny pensó que se derretía... pero fue porque por un instante le pareció que no eran los ojos verdes de Harry, sino los grises de Malfoy, los que le devolvían la mirada.
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C-c-claro –accedió la pelirroja, un poco sorprendida. Había soñado por años con ese momento... y sin embargo ahora no era lo que quería. Sonrió a Harry débilmente, y un poco confundida, fue a sentarse con Hermione junto al fuego. Iba a contarle quién era su nueva pareja para el baile cuando...
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Ginny, tenemos que hablar –dijo la chica con seriedad. Miró a su alrededor y bajó la voz a un susurro apenas audible-. El otro día estaba en el baño y... escuché a Nix hablando con sus amigas. Planean hacerles otra maldad... y fueron ellas las que hechizaron a Thot Caulfield para que se comportara como un tonto la otra noche.
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¿Y cuándo las escuchaste?
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El sábado que estuvimos encerrados en el Gran Salón.
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¿Y por qué no me lo dijiste antes? Han pasado dos semanas...
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Me lo olvidé, perdona. ¡Tengo tantas cosas en la cabeza! –miró de reojo a Ron, que jugaba al ajedrez mágico con Seamus-. Pero hasta ahora no les han hecho nada, y eso que trabajan juntas en el bar...
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Probablemente porque quieren acabar ese castigo. O porque se traen algo muy gordo entre manos...
Y Ginny no sabía la razón que tenía, porque mientras ella estaba encerrada en su dormitorio, perdiéndose una clase de no recordaba qué pero que le daba igual, y sollozando por cierto rubio mientras se abrazaba a su almohada, otras chicas también se habían perdido las clases...
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¿Y tú dices que nos escuchaste hablando en el baño y que... te quieres unir a nosotras? –le preguntó Nefiyae a Cho, perpleja. ¿Es que las buenas noticias no le dejarían de llegar? Porque, recapitulando: 1) la habían elegido Reina de Invierno; 2) había conseguido un pequeño contrato para posar para los pósters de moda en Madam Malkin’s; 3) tenía una cita con Eoin Whisp; 4) su plan contra las idiotas de las salamandras iba a la perfección... y 5) había encontrado algo en el baño de chicas del primer piso, algo que le iba a ser muy útil.
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Exacto –confirmó Cho con una sonrisa maliciosa-. Ya me enteré de quien fue la que me hechizó para hacer el ridículo la otra noche en el bar...
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¿Weasley? He escuchado que te tiene envidia –dijo Nefiyae con ese espantoso tono de aduladora disfrazada.
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No, aunque es probable que ella también tenga algo que ver. Después de todo, son todas amigas, ¿verdad? –comentó Cho acomodándose el pelo con superioridad-. Fue Kitt Snow, tu amiga Amanda me lo contó...
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¿Mandy? –Nefiyae alzó sus perfectas cejas teñidas de rubio con sorpresa.
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Sí, ella me lo contó. Bueno, ¿qué necesitas para tu plan?
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Muchas cosas, Cho, muchas cosas... –Nefiyae puso una de sus blancas palmas sobre el hombro de su nueva amiga, sonriendo de pura maldad, al tiempo que anotaba mentalmente un memorándum: felicitar a Mandy y coronarla como su mejor amiga (N.A: el sueño de toda chica :S... Hasta siento pena de Mandy! Mmm... no, se lo merece. Jajajaja risa diabólica).
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Y las vacaciones de Navidad llegaron a Hogwarts a fines de diciembre. La mayoría de los alumnos se habían quedado por el ansiado baile, pero Ginny no disfrutaba de las vacaciones tanto como ellos.
La fría y blanca nieve cubría todos los techos de las pequeñas casas y comercios de Hogsmeade, dándole el aspecto de un pueblito navideño. Ginny se frotó las manos para entrar en calor, al tiempo que miraba a sus amigos, contenta de que al menos ellos la pasaran bien: Thot, Daphne, Neville, Luna, Hermione, Ron y Harry se lanzaban bolas de nieve; Kitt y Blaise andaban dando vueltas y conversando animadamente; y Queen, William, Stephanie y Colin tenían una cita doble. Incluso sus enemigos parecían estarlo pasando de maravilla: Nefiyae iba del brazo de Eoin Whisp, Cho y Michael se besaban sentados en un banco del pueblo, y las otras merrows daban más vueltas que un tiovivo, sin dejar de hablar y de reírse con alegría.
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¡Brr! Hace frío, ¿no? –comentó Ron, abandonando la guerra de nieve-. ¿No quieren ir a tomar algo?
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No puedo, he quedado con una amiga –dijo Neville, quitándose la nieve de la capa. Ginny se sonrió a sí misma: la amiga de Neville era nada más ni nada menos que Alissa Starlight. Ginny le había contado del fracaso sentimental de Nev con Parvati, y le había pedido si podía distraerlo un poco. Y como Alissa le tenía simpatía a Neville, había accedido, dejando a Kitt el camino libre en su cita con Blaise.
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Y nosotros nos vamos a ir solos –alegó Daphne, tomándole la mano a Thot, el cual parecía morirse de ganas por irse con Harry y Ron (sus ídolos), aunque no se quejó.
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Sí, y... Harry, no te ofendas, pero Ron y yo tenemos que vigilar la Casa de los Gritos. McGonagall nos lo pidió después de que unos de cuarto intentaron entrar –dijo Hermione, poniéndole una mano en el hombro a Harry a modo de consuelo.
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Y yo tengo cosas que hacer –dijo Luna vagamente, y se marchó. Los otros también lo hicieron, aunque tomaron caminos separados.
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Bueno, creo que sólo quedamos tú y yo –suspiró Harry, mirándola-. A no ser que te vayas a ir.
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No –negó Ginny con una sonrisa que le costó trabajo hacer, ya que no deseaba estar sola con Harry en ningún lado. Era incómodo, y la hacía sentir como que estaban en una cita.
De todos modos echaron a andar a Las Tres Escobas, sin hablar. Era un silencio algo incómodo, que por suerte duró poco, dado que apenas entraron al pub el sonido de conversaciones ajenas lo interrumpió.
Harry pidió dos cervezas de manteca y él y Ginny se instalaron en una mesa libre, lo más lejos posible de la que estaban ocupando Nefiyae y Eoin.
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Harry, ¿puedo preguntarte algo? –pidió Ginny un instante después, acometida por una duda repentina.
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Adelante –accedió él algo sorprendido.
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¿Por qué me invitaste al baile? Quiero decir, yo pensé que a ti te gustaba Luna.
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¡Claro que no! Es sólo que pasaba mucho tiempo con ella porque... no lo sé, cuando... cuando murió Sirius... es como si ella fuera la única que me entendía, y... –explicó Harry, balbuceando, incómodo.
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OK. Era sólo una pregunta –se apresuró a decir Ginny, algo arrepentida del tema que había escogido para romper el hielo.
Ginny abrió la boca para comentar sobre el próximo partido de quidditch, pero la cerró de inmediato: Malfoy acababa de entrar en el bar, solo (qué raro). Harry no lo veía porque estaba de espaldas, lo cual era una suerte. Las miradas del rubio y la pelirroja se cruzaron por unos segundos que parecieron eternos, pero ella la apartó enseguida. Quería sacárselo de la cabeza de una jodida vez, y verlo a los ojos no era una ayuda exactamente. ¡Pero es que no podía! Jamás se había sentido así por un chico, ni siquiera por Harry. Pero eso tenía que acabar. Debía olvidarse de él, por su propio bien.
Pero no podía. Ya era demasiado tarde, o más bien demasiado pronto para intentar enamorarse de otro.
- Lo siento, Harry, pero no puedo ir contigo al baile –dijo con voz temblorosa-. Perdóname. No puedo.
Harry no dijo nada: estaba demasiado sorprendido como para hacerlo.
- Adiós, y... lo siento mucho.
Ginny tomó su abrigo, se lo puso y se levantó. Caminó hacia la puerta lo más rápido que pudo, y en cuanto llegó tuvo que ponerse de costado para pasar: Malfoy no parecía querer moverse.
Afuera hacía más frío que en el iceberg del Titanic. Ginny reprimió unas lágrimas silenciosas y se marchó a paso apresurado. Pero no había dado tres pasos cuando alguien la detuvo. Se volvió.
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¡Malfoy! –exclamó, con una curiosa mezcla de “¡ya era hora!” y de “¿qué haces aquí?”, de valentía y de miedo, de felicidad y de tristeza.
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¿Qué hacías con Potter? –preguntó él con brusquedad.
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Eso no es de tu incumbencia –casi le gritó Ginny-. Tú y yo no somos nada –esto último dicho como si fuera culpa suya, como si de verdad lamentara que no fueran nada. Y era cierto, sólo que no quería que sonara así. Mucho menos que fuera verdad.
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Tienes razón –admitió él con frialdad e indiferencia-. Pero quiero decirte algo, y no voy a hacerlo a menos que me digas tú una cosa.
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¿Qué cosa? –esta vez la brusca era Ginny. El corazón le latía a una velocidad alarmante, y el frío parecía haberse ido a otra parte.
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¿Hay algo entre tú y Potter? –preguntó Draco con toda la indeferencia que era capaz de reunir. Ginny, que hasta ese momento había evitado verlo a los ojos, lo hizo, esperando hallar algo de celos en ellos... pero eran tan fríos como la nieve que había empezado a caer del cielo plomizo.
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Ya te lo dije –le espetó fríamente-. Eso no te importa.
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Como quieras –esta vez, la voz del chico sonaba muy molesta y hasta algo decepcionada.
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Bien –dijo Ginny, también molesta-. ¿Por qué no te largas y me dejas en paz?
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¿Por qué no lo haces tú? –la voz era furiosa ahora.
Pero ninguno de los dos se movió, sino que se quedaron lanzándose miradas de la más intensa furia. Finalmente Ginny habló:
-
Eres un idiota. Igual que tu padre –añadió. Ya no le importaba herirlo. Es más: quería hacerlo.
-
Eso no te lo niego –le dijo Draco, y la voz era ahora enojada, triste y fría a la vez.
-
¿Qué? –preguntó Ginny, segura de que había oído mal.
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Pensé que lo sabrías. Todo el mundo lo sabe –repuso él, más triste y frío que nunca.
-
¿Estás bien? –le preguntó Ginny preocupada. Le apoyó una mano congelada en el hombro para intentar verlo a los ojos: Draco había bajado la mirada.
-
¡No me toques! –bramó él, apartándose de golpe.
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¡Bien! ¡Haz lo que quieras! –replicó Ginny, más furiosa que nunca en su vida.
Dicho esto, dio media vuelta y se marchó al castillo lo más rápido que podía sin llegar a correr. Todo el camino esperó que Draco la detuviera, pero eso no pasó. Sin embargo, ella no miró atrás en ningún momento. Estaba tan furiosa como preocupada. ¿Qué sería lo que tendría así a Draco?
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FIN DEL CAPÍTULO 17.
Hola! Bueno, ¡por fin llegó el invierno a Hogwarts! Es que me demoro mucho... Les gustó? Espero que sí, porque le puse lo mejor de mí, en especial a esta última parte. Es que ya era hora de que Ginny comenzara a tener más problemas de vida amorosa que de venganzas y cosas así. ¿O no? Pero cumplí con varias cosas: Cho se unió a las merrows, le conseguí a Nefiyae su alma gemela, y todos tuvieron citas. Aunque no lo crean, éste capítulo va a ser decisivo en las vidas de los personajes.
Y para el próximo:
· Lo que le pasa a Draco.
· MUCHO Draco/Ginny.
· Parejas.
· Las merrows les arruinarán la vida a las salamandras, sobre todo ahora que tienen a Cho como aliada.
· Qué será lo que encontró Nefiyae en el baño de niñas y que le va a ser útil?
Besos y POR FAVOR si les gusta la historia dejen reviews. Si no veo al menos 10 nuevos me negaré a publicar el capítulo.
Maru Malfoy G