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Historia 8635 — capítulo 3

Capítulo 3: Ésa idiota de Nefiyae

Después del desayuno, los Slytherins y los Gryffindors del quinto curso se dirigieron a los terrenos del colegio para su primer clase de Cuidado de las Criaturas Mágicas.

Hagrid, el guardabosques y profesor, los esperaba en un área donde había instalado una cerca muy alta de madera, en la cual tenía atados a por lo menos quince hipogrifos. Todos se estremecieron al verlos.

  • Hipogrifos –dijo Hagrid en cuanto los alumnos llegaron, a pesar de que no hacía falta dar explicaciones-. Hermosos, ¿verdad?

Los estudiantes intercambiaron miradas temerosas.

  • Bueno, ¿quién quiere ser el primero?

Ginny levantó la mano, sintiendo pena de Hagrid, pues sabía que si no lo hacía ella nadie lo haría. Pero apenas vio que lo había hecho, Nefiyae Nix también levantó su pálida y delgada mano repleta de anillos de oro y piedras preciosas.

  • Bueno, debo recordarles las reglas cuando tratamos con un hipogrifo. Primero, se colocan a una considerable distancia del animal. Luego, se inclinan levemente, lo miran a los ojos, y no parpadean hasta que el hipogrifo incline también la cabeza. Después se acercan con cautela y le dan unas palmadas en el pico. Y, si tienen suerte, quizás los deje montarlo.

Hagrid abrió la puerta de la cerca, desató a un hipogrifo de plumas doradas y tiró de la cadena para sacarlo. Luego cerró la puerta con cuidado y dijo:

  • Si no quieren terminar como Malfoy, les sugeriría que no hagan nada que pueda ofenderlo. Bien, repito... ¿quién quiere ser el primero?

Ginny levantó la mano de nuevo, justo al mismo tiempo que Nefiyae Nix lo hacía, murmurando algo a sus amigas.

  • Engreídas –murmuró algún Slytherin.

  • Bien, inténtenlo juntas.

Las dos se miraron y se encogieron de hombros. A Ginny no le caía nada bien la tal Nefiyae, sobre todo porque era una hueca que sólo quería llamar la atención, pero no quería acarrearle problemas a Hagrid.

  • Muy bien, muy bien. Mírenlo a los ojos. Sin parpadear. No se muevan...

El hipogrifo dorado inclinó la cabeza levemente ante Ginny, pero con Nefiyae sólo chasqueó el pico (N.A: la primera no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción ante esto).

  • Ehh... Nefiyae, mejor tú...

Hagrid le indicó a la chica que se quedara quieta. Pero la muy idiota se pasó una mano por el pelo, es decir que se movió. Entonces, sin previo aviso, el hipogrifo se puso en dos patas, chasqueando el pico y batiendo las alas, furioso. Toda la clase gritó.

  • ¡Agáchate! –le gritó Hagrid.

  • ¡Cuidado! –gritó Ginny a su vez, señalando a la cerca de los hipogrifos.

Las bestias aladas, que hacía mucho tiempo se movían ferozmente como leones acorralados en su jaula, finalmente rompieron la cerca, batieron sus alas y volaron al lugar del tumulto, arrastrando con ellos las maderas de la cerca a la cual estaban encadenados.

  • ¡NO! –gritó Hagrid-. ¡CORRAN!

Los alumnos obedecieron, excepto los mejores amigos de las víctimas. Las amigas de Nefiyae (o sea sus admiradoras y seguidoras) y Daphne, Thot y (para sorpresa de Ginny) Colin, permanecieron en sus sitios.

  • ¡Inmuvilus! –chilló Daphne, apuntándole con la varita a un hipogrifo plateado.

Acertó. El hipogrifo quedó congelado. Sin embargo, esto no les gustó a los demás, y empeoró la situación, si eso era posible. Un hipogrifo pelirrojo se acercó a Daphne, quien retrocedió tan rápido que se cayó de bruces, sin apartar la asustada mirada del animal. Thot se apresuró a tomarlo de la cadena y a jalar de él con fuerza, para apartarlo de su amiga.

Mientras tanto, Colin, Melodie Hawn (una chica gordita, entrometida e insoportable) y Sophie Must (una chica delgada como un palo, con media neurona y menos personalidad que una almeja) intentaban congelar a más hipogrifos, pero con muy poca suerte. Lo único que lograron fue enfurecerlos aún más, y el hipogrifo más grande y temible de todos, de plumas negras y ojos rojos, se les acercó amenazadoramente.

Hagrid consiguió capturar a un par de hipogrifos, pero estaban tan furiosos, que de poco sirvió.

  • ¡Iré por Dumbledore! –resolvió Daphne, en cuanto pudo congelar al hipogrifo rojo.

Pero Dumbledore ya estaba llegando, corriendo, y acompañado de McGonagall y Snape. Sacó su varita, hizo unos complicados movimientos, murmuró algo incomprensible y pasaron muchas cosas en poco tiempo: la cerca se reparó, los hipogrifos fueron metidos de nuevo en ella y un montón de hurones muertos fueron colocados con ellos, probablemente para tranquilizarlos.

Hagrid estaba muy pálido y avergonzado. Miró a Dumbledore y dijo:

  • Lo siento, profesor. No volverá a pasar, lo prometo.

  • Hagrid, fue solo un accidente –lo calmó el director, aunque también se lo veía preocupado.

  • No. Ha sido mi culpa. No volveré a poner a los alumnos en semejante riesgo, profesor. No lo haré porque no volveré a enseñarles.

Y Hagrid se alejó dando grandes zancadas, se metió en su cabaña y cerró la puerta con un ruido seco.

  • ¡No! –exclamaron Ginny, Daphne, Thot y Colin a coro.

  • Ha sido mi culpa... Si yo no me hubiera movido, nada de esto habría pasado... –se lamentó Nefiyae, con muy poca convicción.

  • ¡No fue tu culpa! –chilló Melodie- ¡Es culpa del viento, que te movió el pelo!

  • No ha sido culpa de nadie. Los accidentes pasan. Ahora, diríjanse a la enfermería –ordenó Dumbledore, caminando con paso decidido hacia la cabaña de Hagrid.

  • Obedezcan. No se ven muy bien –corroboró la profesora McGonagall, observándolos con aprensión.

Y no era para menos: tenían las túnicas desgarradas y llenas de barro y tierra, rasguños en la cara, heridas y sangre por todos lados.

De modo que siguieron a sus jefes de casa hacia el castillo, en silencio.


El rumor del accidente con los hipogrifos se había esparcido por toda la escuela, a pesar de que las versiones que llegaban a oídos de Ginny eran cada vez más exageradas y estúpidas. Una de ellas, contada por Melodie Hawn, decía que Nefiyae había salvado las vidas de sus compañeros mientras que todo había sido culpa de un huracán misterioso.

Ginny y sus amigos salieron de la enfermería justo a tiempo para la clase de Herbología. Nefiyae fingió sentirse enferma, pero Madam Pomfrey no se tragó el cuento y la obligó a asistir a clases.

  • Bienvenidos –saludó la profesora Sprout en cuanto llegaron a las puertas de los invernaderos, junto con los de Ravenclaw-. Hoy pasaremos al invernadero cuatro. Estudiaremos una planta carnívora: la harlana.

Aquella clase fue curiosamente divertida e interesante. Sprout los dividió en grupos e hizo que cada uno elaborara su propio resumen de la harlana, sin libros y sin conocimientos previos, sólo basándose en la planta que les había tocado. Desafortunadamente para Ginny, le tocó con Nefiyae, Melodie y el chico más guapo del curso, Eoin Whisp (que además de todo era un ricachón, pues su padre era nada menos que Kennilworthy Whisp, el famoso autor de “Quidditch a Través de los Tiempos”).

  • ¡Ya cállate, Melodie! –gritó Ginny, pues la chica no dejaba de “coquetear” (N.A: lo pongo entre comillas porque esa vaca no puede coquetear propiamente con alguien, ¿no?) a Eoin-. ¡Me tienes harta!

  • Pleitos de mujeres... Interesante. –rió Eoin divertido.

  • Tú cállate –le espetó Ginny, de mal humor. Hacía siglos que lo trataba así, pero él había optado por ignorarla a lo largo del tiempo. Sin embargo, ahora la miraba de forma extraña.-. ¿Qué? –le dijo ella al percibir esa mirada.

  • ¿Dije algo? –preguntó Eoin, volviendo la vista al balde lleno de ratones muertos con los que debían alimentar a la harlana.

  • Idiota –murmuró Ginny.

En eso sonó la campana, y todos recogieron sus cosas y se incorporaron del suelo.

  • Me rocé con Nefiyae Nix... ^^ –suspiró Thot.

  • Tenías que hablar, ¿no? –dijo Daphne, que obviamente estaba de muy mal humor.

Neville, que salía de una clase de Pociones, se les unió enseguida. Caminaba en silencio. Estaba más pálido de lo normal y lucía pensativo.

  • ¿Te ocurre algo? –le preguntó Ginny, retrocediendo un poco, para dejar que Daphne y Thot encabezaran la formación-. Estás muy... raro.

  • Enfrenté a Snape –respondió él como asombrado de su propio valor.

  • ¿De veras? –preguntó Ginny tan sorprendida como él. El chico asintió-. ¡Eso es genial, Nev!

  • Si genial se considera que te pongan detención por una semana... –fue la vaga respuesta de Neville.

  • Oh... ¿Qué tienes que hacer?

  • Podar el invernadero seis. Sin magia. Sólo con unas tijeras roñosas...

Apuraron el paso después de que Thot consultó su reloj pulsera y anunció que estaban retrasados por cinco minutos. Se desplazaban en grupo con el resto de los Gryffindors, aunque un poco apartados del resto. Se cruzaron con los Slytherins de 6°. Lógicamente, el cretino de Malfoy (“awww...” pensó Ginny, y enseguida se reprimió, asustada) les soltó algún insulto u ofensa. Todos sus compañeros rieron como idiotas, pero Eoin les dijo algo que hizo que se callaran, aunque Ginny no llegó a oír que fue.

  • Llegan tarde –anunció el profesor Flitwick en su habitual chillido, una vez que ingresaron a su aula-. En fin... Bienvenidos otra vez a Encantamientos. Este curso estudiaremos...

Eoin dijo algo en la otra esquina del salón y todos se rieron, de nuevo.

  • Ah, no, no –dijo el profesor Flitwick, al percatarse del ruido-. Señor Whisp, usted se pasará para allá –señaló el pupitre que se encontraban precisamente detrás de Ginny y Daphne-. Usted solo –añadió, al ver que Colin, su compinche, se levantaba también.

Eoin bufó pero obedeció. Ginny apartó la vista del lugar donde estaba y murmuró algo sobre lo injusta que era la vida. Daphne soltó una risita:

  • Te gusta, ¿verdad?

Ginny no le dirigió la palabra en el resto de la clase.

Justo cuando el profesor iba a entregarles la tarea, sonó la campana, lo que provocó la alegría general. Todos recogieron sus cosas y salieron en estampida rumbo al Gran Salón para la comida.

Después de comer, fueron a la clase del profesor Snape, y eso fue lo peor del día, pues los de 6° tenían razón: el 5° era muy exigente. En especial con Snape, que últimamente andaba peor que de costumbre. Les hizo hacer una complicadísima poción en clase, y el que no la tenía perfecta debía empezar todo de nuevo. Los ingredientes debían ser agregados en las cantidades, tiempos y proporciones exactas. Y cuando sonó la campana no fue muy relajante, porque Snape les encargó un ensayo de ocho pergaminos sobre los usos de todos los ingredientes que habían usado para preparar aquella poción (que en total eran ocho).

La profesora Delacour resultó ser muy irritante y exigente, y a la mayoría los volvía locos escuchar ese acento francés por dos horas seguidas. Cuando sonó la campana, todos estuvieron muy aliviados, aunque no tanto cuando Fleur les prohibió salir hasta no haber terminado de dictar las tareas (tres en total, y muy largas y difíciles).

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FIN DEL CAPÍTULO 3.

Voy mejorando, no? De todos modos, estos tres capítulos han sido tan sólo una introducción a la vida diaria de Ginny en Hogwarts. Próximo capítulo “Quidditch”. Deben saber de que se trata. Pero por lo pronto no redactaré partidos hasta el sexto o el séptimo capítulo.