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Nacidas para ser diferentes — capítulo 2
-¡Alice, despiértate!
-¿Demi? ¿Ya te has vestido? ¿Qué hora es?
-Casi. Son las seis.
-¿Y Juno?
-¿Es que no te lo imaginas?-sonrió Demetria.
-Está arreglándose, ¿No?-dije yo.
-Y lo que queda.
-¡Eh, quiero estar presentable!-protestó Juno.
-Vaya, tiene unos oídos muy finos.
-Como si no lo supieras. ¡Oye, que nos va a adoptar, no vas a ligar con él, seguro que es un viejo millonario!-me llevé una mano a la cabeza.-ay... No debimos quedarnos despiertas hasta tan tarde... Cómo me duele la cabeza...
-Eso se alivia con una buena ducha matinal.
-Demi, ¿Te has vuelto loca?, no pienso darme una ducha a las seis de la mañana con el frío que hace.
-Bueno, lo que quieras pero date prisa.
-Ayy... todavía queda una hora...
-Venga, no me seas vaga...
-En fin...-sonreí.-Nos quieren adoptar. Supongo que eso es algo bueno. Por fin podré librarme de Collins. Sí, va a ser genial.
A las siete vino la supervisora a buscarnos.
-Esperad, aún no he acabado...
-Vamos, Juno.-tiré de ella y eché a correr tras Demetria.
-¡No corráis por los pasillos!-gritó la señorita Miranda Swift, la supervisora. Era una mujer de cuarenta años amargada con muy mala leche, aunque no la culpaba por ello, vivir en el internado desde que nació... Ella también había sido una huérfana.
A la que no entendía yo era a Dathilda Collins, era una ancianita encantadora... Hasta el día en que cumplí doce años. A partir de ese día empezó a tratarme mal sin explicación alguna.
Tocamos en la puerta de su despacho.
-¿Quién es?
-¡Somos Demi, Juno y Alice, señora Collins!-dijo Demetria.
-Adelante, señoritas.
Delante de la mesa de Collins había un hombre al que sólo se le veía el pelo, que le llegaba bajo las orejas.
-Señoritas,-dijo Collins.-aquí tienen al señor James Pevensie.-el señor Pevensie se dio la vuelta y la garganta se me quedó seca de pronto.
-J-J-J...-tartamudeé.
-Los dejo solos. Pueden irse cuando quieran.-dijo Collins y salió del despacho.
-¡Jim!-chilló Demetria y se tiró sobre él de tal forma que casi lo tira al suelo.
Juno se acercó a él y lo abrazó.
-Jim, ¿Tú eres el señor Pevensie? ¿Tú vas a adoptarnos?-preguntó entusiasmada.
-Sí,-sonrió él. Lo echaba tanto de menos... Pero estaba furiosa. Me miró.-¿Y tú, Al?, ¿No vienes a saludarme?
-No me acerco a los desconocidos, señor Pevensie.-dije muy seria conteniendo mi ira y salí dando un portazo tras de mí.
Se oyó una carrera y a la señorita Swift.
-¡No corráis por los pasillos! Oh, ha venido de visita, señor Jim.
-Hola, señorita Swift. Gusto en volver a verla.-a la señorita Swift se le veía a la legua que le gustaba Jim desde que éste tenía dieciséis años. Jim siempre había utilizado este hecho en su favor y la supervisora le dejaba hacer lo que quisiera. Cuando él se fue, Swift se volvió aún más antipática.-¿Podría decirle a la directora que Demi, Juno, Alice y yo nos vamos ya?-pidió con su voz persuasiva.
-Por supuesto, señor Jim.
-Alice, abre la puerta.-dijo Demetria aporreándola.
-Al, ¿Qué te pasa?
-¡¿Que qué me pasa?!-grité furiosa.-¡Que hace dos años que no sabemos nada de ti y ahora vienes como si nada!
-Oye, ¿Por qué no sales y lo hablamos con calma?
-¡No pienso salir!-lo oí suspirar y Demetria gruñó.
-Em... esperad un momento.-dijo Juno y al poco rato se oyó un ruidito.
-¡Juno!-grité.-No me puedo creer que estés haciendo lo que yo me estoy imaginando.
-Si piensas que estoy forzando la puerta con una de mis horquillas estás en lo cierto.
Se oyó un cloc y la puerta se abrió.
-Juno, eres una traidora.-mascullé.
-Al, tienes catorce años, no te com...
-Vaya, me sorprende que recuerdes cuántos años tengo.-fui a salir del cuarto pero me cogió por la cintura y me sujetó en el aire.-¡Ay, ¿Pero qué haces, te has vuelto loco?!
-Se acabó,-dijo Jim saliendo de la habitación conmigo en el aire seguido de Juno y Demi.-nos vamos.
Salimos a la calle y caminamos un largo trecho. Bueno, ellos, porque yo aún seguía en el aire.
-¡Suéltame! ¡A esto se le llama secuestro!
-Deja de llamar la atención, Al.
-Alice, no seas trágica.-dijo Demi.
-¡Dejádme en paz!-grité y me saltaron lágrimas. Jim me dejó en el suelo y me miró con preocupación.
-Al, ¿Qué pasa?-preguntó muy serio.
-¡Pasa que tú no entiendes nada!-chillé entre dientes.-Lo pasábamos tan bien haciendo travesuras los cuatro juntos, riéndonos juntos. Pero tú tuviste que marcharte.
-Tenía que hacerlo, Al. Tenía dieciocho años y...
-¡Eso no es lo que me molesta! Te fuiste y nunca volviste a visitarnos, ni nos mandaste una carta. No diste señales de vida ¡Y creíste que con dinero todo se arreglaría pero no! ¡Quizá a vosotras no os importe,-chillé ya con dolor en la garganta y la cara empapada en lágrimas mirando a Juno y Demi.-pero a mí sí!
-Alice...
-¡No sabes cuánto te odio, Jim!-lo interrumpí a voz en grito. Me di la vuelta pero me detuvo por un brazo. Le pegué un mordisco en la mano y salí corriendo.
-¡Alice!-gritó Juno.
Corrí hasta que quedé exhausta. Miré a mi alrededor y comprobé que me había perdido.
No vi una calle conocida hasta que el sol llegó a su cénit.
Eché a caminar y me metí en un callejón para atajar camino. Oí un ruido detrás de mí. Me di la vuelta, asustada, pero no había nadie. Suspiré y me giré para seguir mi camino y me encontré con una fila de cuatro hombres corpulentos que parecían llevar un uniforme y aparentaban cuarenta años cada uno.
-¿Quiénes...?-uno de ellos me lanzó algo redondo, habría jurado que era una bola... ¿De energía? Me eché hacia un lado con un grito.-¿Quiénes sois vosotros?,
¿Pero qué...? ¡Ah!-tuve que esquivar otra de esas cosas. Retrocedí pero me tropecé con una piedra que no debía estar allí y me caí al suelo. Me levanté al mismo tiempo que me daba la vuelta mirando hacia aquellos extraños hombres. Una de esas extrañas bolas venía directa hacia mí pero me empujaron y me caí hacia un lado.
El chico tenía unos diecisiete años y el pelo castaño oscuro. Estaba encima de mí pero miraba hacia los cuatro hombres.
-¡¿Qué es lo que estás haciendo, mocoso?!-gritó uno de los hombres.-Eres un traidor.
-¡Ah!-grité. Uno de los hombres me agarró con fuerza.-¡Suélteme!, ¡Yo no he hecho nada malo!
El chico me apuntó con una mano y lanzó una bola de fuego. Cerré los ojos pero la bola no me dio a mí sino al hombre que me agarraba.
El chico tiró de mi brazo, me cargó al hombro y echó a correr. Anda que ya tenía suficientes meneos por ese día.
-¡Suéltame!-grité. Giró por una esquina y me bajó al suelo.-¡Déja...!-me tapó la boca.
-Ssshh, no hagas ruido.-pero ¿Por qué iba a hacerle caso?, me removí en sus brazos. Él respiraba entrecortadamente.
Entonces, me pegó contra la pared y me sujetó por los brazos. Y cuando me miró a los ojos se los vi por primera vez.
-¡AAAAHHHH!-me volvió a tapar la boca.
-No grites, ¿Quieres que te encuentren?-me deshice de su mano.
-¡Tú eres de los suyos! ¡Te conocen!
-Yo era de los suyos.
-¿Esperas que te crea? Tienes... Tienes los ojos...-sus ojos me habían dejado casi sin aliento.-Tienes un ojo azul y el otro... rojo...
-¿Y por eso me juzgas?
-¡Ellos te conocen! ¡Socorro, que alguien me ayude!-aparte de tener los ojos de color diferente, apenas pestañeaba...
-Cállate.
-¡Suéltame!-le pegué una patada en la canilla y eché a correr.
Logré llegar al internado y toqué como loca en la puerta.
-¡¿Qué forma es ésa de tocar? ¿Y por qué ha vuelto sola?!-gritó Swift. La ignoré y eché a correr hacia mi cuarto. Pero por el pasillo me choqué con Collins.
-¿Señorita Alice?, ¿Por qué llora?, ¿Y dónde están sus amigas inseparables y el señor Pevensie?
Yo la miré con confusión.
-¿Se encuentra bien?
-Déjeme, lo último que necesito ahora es que me eche un sermón.-dije entre lágrimas.
-¿Qué ocurre, querida?
-¿Que-querida?
-Ven conmigo, Alice.-me pasó un brazo por los hombros y me condujo a su despacho. No se portaba así conmigo desde hacía dos años.-Siéntate, ¿Quieres una taza de chocolate?
-No...
-¿Qué ha pasado, Alice? Pareces asustada.
-¿Por qué iba a creerme?
-Pruébame.
-¿Por qué está siendo amable conmigo? Hace dos años que no...
-Cuéntame qué ha pasado.-dijo con suavidad.
-He discutido con Jim y... luego me he perdido y... me han atacado unos hombres y un chico...
-¿Unos hombres y un chico? ¿Qué querían?
-No lo sé...-sollocé.-me han lanzado unas...-me callé.
-¿Qué te lanzaron?
-Nada...-dije apartando la mirada.
-Alice, ¿Qué te lanzaron?
-No quiero que me tome por loca.
Suspiró.
-¿No serían bolas de energía o fuego?-giré la cara hacia ella con brusquedad.
-¿Cómo ha dicho?
Suspiró.
-Voy a llamar al señor Pevensie para que sepa que estás aquí.-cogió el teléfono.
-Oiga, no me deje así...
-¿Señor Pevensie?, soy la señora Collins. Quería decirle que Alice está aquí, justo delante de mí.
-Señora Collins...
-Sí. Escuche, porque lo conozco es por lo que pasaré este incidente por alto. Aunque no debería permitirle que adoptara a las niñas dada esta irresponsabilidad por su parte. Nos vemos ahora.
-Señora Collins, ¿Qué es lo que ha dicho antes?
-Ve a ducharte. Mañana iréis a vuestro nuevo hogar.
-Pero... pero...-me condujo a la puerta.
-Escúchame, querida. Cuida de tu familia y de ti misma y de momento no te hagas preguntas. Las respuestas llegarán pronto.
-Pero ¿Por qué...?
-Escúchame, tú eres especial, y que estés tan unida a Juno, Demi y Jim quiere decir que ellos también lo son. No dejes que vuelvan a encontrarte.-fue hasta su mesa y luego se me acercó de nuevo.-Ten esto.
-Su pirámide de doce puntas... ¿Me la regala?
-Guárdala, te servirá de amuleto. Te será más útil que a mí.
-Pero, señora Collins...
-Vamos, vamos, ve a tu cuarto. Y recuerda lo que te he dicho.-me empujó fuera de la habitación y cerró de un portazo.
Volví llorando a mi habitación y me puse a recoger las pocas cosas que tenía.
-Oh, aquí estás.-dijo Demi un largo rato más tarde.-¿Sabes lo mal que lo hemos pasado durante toda esta tarde mientras te buscábamos?
-Sí, espero que no le hayas causado ningún problema gordo a Jim.
La miré y me vio llorando.
-Alice, Alice, ¿Qué te ocurre?-preguntó Juno corriendo hacia mí. Las dos me abrazaron.
-¿Te han hecho daño?, Alice, ¿Qué te ha pasado?-las abracé con fuerza y lloré con ganas.
-Alice, por favor... ¿Por qué lloras así? ¿Te encuentras mal?
-No me creeríais... Aunque... la señora Collins...
-¿Collins? ¿Le has contado a ella lo que te ha pasado y a nosotras no?
-Se ha portado... ha sido buena conmigo...
-¿En serio?-preguntó Juno separándose de mí.
-Venga, Alice, cuéntanos qué ha pasado.-dijo también separándose de mí.
-Sólo si quieres...
-Quiero contároslo pero... no me vais a creer.
-Alice, te juro que te creeré.-dijo Demi muy seria.
-Y yo.
Suspiré se lo conté con pocos detalles.
-¿Que unos tíos te...?-dijo Demetria enarcando una ceja.
-¿Y que un chico tenía un ojo...?
-Sabía que no me creeríais. No debí contaros nada.
Tocaron en la puerta.
-¿Quién es?-preguntó Juno.
-Soy Jim.
Sin decir nada fui al piso de arriba a darme una ducha. Estaba sudando y tenía mucho frío.
-¿Qué le ha pasado?
-Em...-dudó Juno.-... algo muy extraño...
-¿Le han hecho algo?-preguntó alzando la voz.-¿La han...?
-¡NO!-grité yo desde la ducha. La sola idea me dio escalofríos. Oí cómo subían las escaleras.
-Al, ¿Qué te ha ocurrido?
-Déjeme ducharme tranquila, señor James Pevensie.-dije escupiendo el nombre.
-Al, ¿Qué tengo que hacer para que dejes de tratarme así?
-¡Dejarme en paz!
Demetria suspiró.
-Jim, vamos abajo. Te contaremos lo que nos ha dicho que le ha pasado.
-Sí, algo muy raro...-intervino Juno.
Esa noche dormí fatal. No paraba de soñar con la escena de aquella tarde y con aquel chico de terroríficos ojos.
-¡Alice!-me llamó Demetria.
-¿Qué pasa...?
-Venga, vístete que nos vamos.
-¿Y Juno?
-Juno se ha vestido ya. Venga, date prisa.
-¿Pero a dónde vamos que Juno se ha vestido tan deprisa?
-¿Es que ya no te acuerdas? Nos va...
-Ah, sí. Vamos a vivir con James Pevensie.
-Sí, nos vamos con Jim.-estaba muy brusca.
Me levanté de mala gana. Estaba cansada por culpa de aquella horrible pesadilla.
-Dejádme ir a despedirme de la señora Collins.-corrí por el pasillo y toqué en su despacho.-¿Señora Collins?
-La señora Collins está hablando con el señor Jim.-dijo Swift a mi espalda.
-Adiós, señorita.-dije y eché a correr.
-¡Por última vez, no corras por los pasillos!
Sí, era la última vez que me lo decía y no iba a echar de menos aquel internado.
Demetria corrió hacia mí.
-Alice, la señora Collins...
-Sí, está hablando con Jim, lo sé.
-Sí, pero... están hablando de ti.
-¿De mí?
-Cosas muy raras...-dijo Juno, que llegó en ese momento. Caminamos hacia la puerta de la calle y los espiamos.
-Sí, yo también puedo hacerlo, señora Collins. Pero de forma diferente.
-Entonces ella... ellas también. Estábais predestinados. Cúidalas, Jim, recuerda lo que pasó ayer.
-Señora Collins, no sabía que usted también...
-Haz que salgan a relucir, James.
-Lo haré. Bueno, al menos, lo intentaré.
-¿De qué están hablando?-intervine yo.
-¡Alice!-chilló Demetria.-Podríamos haber escuchado más.-dijo por lo bajo.
-No está bien escuchar a hurtadillas.-dijo Collins.
-Señora Collins, necesito hablar con usted.-dije corriendo hacia ella.
-Jim resolverá tus dudas.
-Ah, el señor Pevensie.-dije mirándolo de reojo.
-Está bien, señora Collins. Vamos, chicas.-me agarró del brazo.
-Eh, eh, tengo que coger mis cosas.-dije yo soltándome de su brazo.
-Vendrán a buscarlas luego.
-¿Quién, tú?-pregunté enarcando una ceja.
-El mayordomo.
-¿Ma-mayordomo?-repitió Demetria.
-¡Hala, una limosina!-exclamó Juno cuando el vehículo aparcó delante del internado.
-¡No te bajes, Jorge!-exclamó Jim para que el chófer lo oyera. Abrió la puerta y las chicas entraron en tropel. La verdad es que me moría de ganas de entrar.-Venga, Al, sube.
-Qué bajo has caído.-mascullé y entré en el coche. Jim entró detrás de mí y el chófer arrancó cuando Jim cerró la puerta.
-Ohhh...-murmuró Demetria.
-¡Cómo mola!-exclamó Juno.
-Sí, es genial.-dije cruzándome de brazos.
La limosina nos llevó hasta una mansión enorme con un gran jardín.
-Waala, ¿Tú vives aquí?-dije sorprendida mientras avanzaba por un caminito que separaba el jardín.
-No, nosotros vivimos aquí. ¿Te gusta?
-S... ¡No!
-Lo que tú digas, cabezota.
-Oye, que la Tauro soy yo.
-Qué bien, Juno.-dije sentándome en las escaleras del porche, enfurruñada.
Pasaron de largo y entraron en la casa.
-¡Impresionante!
-Pero Jim, ¿Cuál es tu trabajo?-preguntó Demetria.
-¿Te has ganado la lotería?-intervine yo con tono despectivo mirando la mansión. Era... simplemente maravillosa. El recibidor era tan grande que tenía acoplado un salón.
Había un sofá de cuatro plazas y dos sillones. Y en medio, una mesita de madera y cristal.
En frente de la puerta había unas escaleras de mármol con barandilla de hierro. Y entre las escaleras y la puerta, colgada del techo había una lámpara de cristal.
-Soy actor de teatro.
-Oh,-dijo Juno.-conseguiste tu sueño.
-Sí.-sonrió Jim.
-Mira qué bien.-mascullé yo por lo bajo.
-Al, te pareces al gruñón de los siete enanitos.
-Genial, ¿Puedo irme a mi cuarto?
-Em... elegid el que queráis... Pero antes quería deciros una cosa.
-¿Que no te veremos por la casa casi nunca?-sonreí yo. Me estaba portando de forma muy infantil pero estaba muy enfadada.
-No,-dijo muy serio.-que vais a seguir dando clases en el internado.
-¡¿Qué?!-exclamamos las tres a la vez.
-Pero-pero... ¿Entonces tendremos que seguir llevando esos feos uniformes?
-Echaba de menos tus arrebatos de moda, Juno.-sonrió.
-¡¿Pero por qué?!-intervino Demi.
-Porque sentía nostalgia de vuestras... oh, lo de las clases. Pues... porque no es conveniente separaros de vuestros amigos ahora.
-Pero si no tenemos amigos, Jim.-dijo Demetria.
-¡Jolines!-bufó Juno.
Jim se rió.
-Bah.-dije yo y subí las escaleras.
-¿Queréis jugar en el jardín?
-¡Voy a pasar!-grité sin mirarlo desde el segundo piso ya metida en un pasillo.
-Vale, Aliantipática.-volví sobre mis pasos y le eché una mirada asesina a Jim.
-¡No me llames eso!
Me miró con gesto disgustado y negó con la cabeza.
Luego se dio la vuelta y salió al jardín.
-¡Yo quiero jugar!-chilló Juno y corrió tras él.
-Y yo.-dijo Demi y la siguió.
-Bah.-dije y recorrí el pasillo. Abrí una puerta y no tuve que seguir buscando.
La habitación era preciosa. Tenía las paredes pintadas de blanco como toda la mansión. En medio de la pared que estaba en frente de la puerta había una ventana que llegaba desde el techo hasta casi tocar el suelo. La cama estaba justo al lado. Era una cama enorme...
Había un armario empotrado en la pared que estaba a mi izquierda.
Y al lado de la puerta había un escritorio de madera marrón claro con miles de cajones. La mesa de noche, al otro lado de la cama, era de madera de un marrón oscuro.
Alguien tocó en la puerta.
-¿Quién es?
-¿Puedo pasar, señorita Pevensie?
-¿Señorita... Pevensie?-abrí la puerta. Allí había un hombre de unos cuarenta años. Vestía una especie de traje negro y llevaba gafas.
-Oh, lo siento... señor...
-Pablo.
-Lo siento, señor Pablo.
-No me diga señor, sólo Pablo.-sonrió.
-¿Quién es usted?
-El mayordomo. Usted es la señorita Alice Pevensie, ¿Verdad?
-Sólo Alice.-lo apunté con un dedo.-Y no me llames señorita... ¿Cómo has sabido que yo soy Alice?
-El señor Jim también me dice que no lo llame señor.-sonrió.-Me ha hablado tanto de usted que es como si la conociera.
-¿Ah, sí?, ¿Qué te ha dicho de mí?-pregunté sentándome en la cama.-Ven, siéntate.
-Oh, no, yo no...
-Sién-ta-te. Por dios, estamos en España no en Sudamérica.
Se sentó a mi lado.
-Me ha dicho que la quiere muchísimo. Que le encanta lo alegre que es. Pero anoche llegó muy triste... Y me he tomado la... libertad de escuchar lo que decían hace unos instantes.
Creo que no debería ser tan dura con él, la echaba mucho de me...
-¿Que no sea dura con él? ¡Él debió demostrarme que me echaba de menos como yo a él!-grité y salí del cuarto. Bajé las escaleras mientras la voz de Pablo sonaba en mi mente:
Anoche llegó muy triste...
Me asomé a la puerta de la entrada.
Estaban jugando a lanzarse una pelota. Demi la lanzó tan fuerte que le dio a Jim en la cara y éste se cayó al suelo.
-¡Jim, ¿Estás bien?!-se alarmó Juno y las dos corrieron hacia él.
-Sí, tranquilas.-sonrió.-Demi, ¿Desde cuándo tienes tanta fuerza?
-Pues...-pero Jim me vio espiando.
-Disculpad un momento, ahora vuelvo.-fui al salón y me tumbé en el sofá. La cabeza de Jim apareció sobre el sofá.
-¿Seguro que no quieres venir?
-¡Ah!-me senté en un lado.-Qué susto me has dado, Jim.
-Oh, veo que me vuelves a llamar Jim.
-¿Por qué finges que no te molesta el modo en que te trato?-pregunté mirando el suelo. Se sentó en el otro extremo del sofá.
-Creo que no lo sé.
-Lo siento, pero es que...
-Te comprendo, Al. Yo también lo siento. Estuve un año buscando trabajo y preocupándome por pagar una renta y luego me preocupé tanto por mandaros dinero que...
-Perdóname, Jim. Yo también te he echado de menos.-dije y lo abracé con fuerza. Él me correspondió con la misma intensidad.-Ah, y la casa es preciosa.
Él sonrió.
Luego nos pusimos a jugar los cuatro a la pelota.
El ambiente se calmó por completo.
Esa noche dormí fatal otra vez. Aquel extraño me observaba con fiereza. Sus ojos de color extraño me habían inquietado bastante.
-Alice...-¿Cómo sabía mi nombre? La respuesta llegó enseguida.-¡Alice!
-¡Ah!-era Demi la que me estaba llamando.-¡¿Por qué siempre vienes a despertarme?!
-Porque Jim dice que quiere enseñarnos una cosa antes de ir a clase.
-¿Pero qué hora es?
-Las seis y media.
-¡Las seis y media! ¡Pero si entramos a clase a las ocho!
-Venga, deja de quejarte y vístete.
Cuando estuve lista bajamos las escaleras y nos reunimos con Jim en el salón.
-Espero que valga la pena haberme sacado tan temprano de la cama.-refunfuñé.
-Olvidaba el mal genio que tienes por la mañana.-sonrió Jim.
-Sólo cuando me despiertan. Venga, Jim, ¿Qué es eso que quieres enseñarnos?
-Oh, cierto, venid conmigo.-fuimos hasta la enorme cocina. Con suelo de mármol y muebles muy bonitos y limpios. En la cocina había una puerta por la que entramos y bajamos al sótano.-No le podéis decir esto a nadie.
-¿Ni siquiera a Pablo?-preguntó Juno.
-Oh, yo ya lo sé.-dijo una voz detrás de nosotros. Era Pablo.
El sótano era enorme, como el resto de la casa. Y estaba vacío salvo por un baúl enorme que había en un lado.
-Aquí vengo a practicar.-dijo Jim.
-¿Practicar el qué?-preguntó Demi. Jim se acercó al baúl y lo abrió. De allí sacó un palo, aunque más bien parecía una rama y un libro gordísimo.-Jim, ¿Qué es eso?
-Sí, sí, ¿Para qué quieres eso?
-Em... es una varita y un libro de hechizos.
-Jim, ¿Te has dado un golpe en la cabeza?-dijo Demi.
-No me creéis, ¿Verdad?
-Yo sí.-dije.-Entonces, ¿Tampoco me creísteis a mí?-las acusé.
-Está bien, os lo demostraré. Mirad.-apuntó con la varita a un sitio vacío del sótano.- ¡Floris apparesce! -gritó y de la punta de su varita salió un resplandor de color púrpura que se estrelló contra la pared y unas flores aparecieron allí.
-¡Oh, qué bonitas, Jim!-exclamé.
-Hala... una varita mágica...
-No, Demi, es una simple rama, la magia la tengo yo.
-¿Sí o qué?
-Sí, Juno.-rió.-La rama me sirve para canalizar mi magia.
-¡Cómo mola!-exclamó Juno.
-Collins tiene la teoría de que vosotras también poseéis magia.
-Collins tiene la teoría de que vosotras también poseéis magia. Mi magia es acuática. Pero cuando uso mi varita puedo utilizar hechizos.
-¡Cómo mola!-repitió Juno.
-Cuando vayáis hacia el internado coged una rama y luego buscad a Collins. Y
ahora... ¡A desayunar!-exclamó y corrió escaleras arriba.
-¡Eh!-exclamó Juno y lo siguió.
-Cómo corre el condenado.-rió Demi y también subió corriendo.-¡No ha perdido
su vitalidad!
-¿Sube señ… Alice?
-Después de ti, Pablo.-sonreí señalándole las escaleras con la mano.-Y no me
trates de usted, que eres mayor que yo.-dije subiendo tras él.
Jim hizo el desayuno y luego Juno, Demetria y yo caminamos hacia el internado.
-¡Mirad, un parque!-exclamó Juno y corrió hacia el lugar.
-¿Cómo puede correr con la mochila llena de libros?
-Yo ya no me pregunto lo que hace Juno.-dijo Demetria encogiéndose de
hombros.
-¡Mirad, Mirad! ¡Hay muchas ramas!
-Juno, ¿Quieres dejar de gritar? Queremos que esto siga siendo un secreto.
-Lo siento, Alice, me he emocionado.-dijo dándose un golpecito en la frente.
Miramos la cantidad de ramas que había esparcidas por todo el parque.
Demi cogió una en la que había tallada sin querer una "D" en mayúscula. La de
Juno estaba perfectamente recta, decía que no quería una que estuviera
cambada.
La mía sí estaba retorcida. Hacía unas eses desde la mitad de la rama.
Echamos a andar hacia el internado.
-Me encanta Janea.
-¿Janea? Juno, ¿Le has puesto nombre?-dije asombrada.
-Sí, ¿Por qué? Seguro que la de Jim también tiene nombre.
-Guay, yo voy a hacer lo mismo.-dijo Demi.-Hum… Didú.
Juno y yo nos miramos y nos echamos a reír a carcajadas.
-¡¿Qué pasa?! ¡Dejad de reíros!
-Me hace gracia,-dije yo.-pero el nombre es muy bonito, de verdad.
Cuando llegamos al internado tocamos en la puerta del despacho de Collins.
-¿Quién es?
-Las hermanas Pevensie.-dije yo con orgullo.
-Oh, adelante.
Entramos y tomamos asiento.
-Hola, señora Collins.-dijo Demi.-Jim nos dijo que viniéramos aquí.
-Sí, os indicaré dónde daréis vuestra nueva clase.
-¿Nueva… clase?-repetí yo.-Lo siento, señora Collins…
-¿Por qué?-preguntó desconcertada.
-Por… interrumpirla…
-Bueno… Alice, discúlpame tú a mí. Te traté mal porque necesitaba que tus poderes salieran a la luz. Porque no habías dado señales de poseerlos. Y quería que salieran aunque fuera a causa de la ira.
-Quizá sea… porque no tengo magia.
-¡Sí la tienes!-gritó.
-¿Cómo está… tan segura?
-Porque tienes… En fin, seguidme.-se levantó y se dirigió a la estantería que había en
una de sus paredes. Tocó la puerta con la palma de una mano y se abrió un hueco en
la pared.
-Vaya…-murmuramos mis hermanas y yo.
-Entrad.-obedecimos pero yo estaba en ascuas. Collins iba delante de nosotras.
Caminábamos por un pasadizo oscuro, alumbrado sólo por la luz de unas antorchas.
-Directora, ¿Qué iba a decirme? ¿Qué es lo que tengo?
-Olvídalo, Alice.-se aclaró la garganta.-Vais a dar las clases aquí, las clases de magia.
-¿Clases de magia?-repitió Juno asombrada.-¿Y las otras clases? Matemáticas, Historia…
-Daréis alguna que otra de vez en cuando. Por ahora es más importante.
-¿Y nosotras seremos las únicas alumnas?-preguntó Demi.-¿Quiénes nos darán clase?
-Sí, ¿No nos va a dar un horario o un papelito de orientación o algo?-apoyó Juno.
-Tranquilizaos, chicas. Tomad el horario de clases.-hizo aparecer unos papeles que se metieron solos en nuestras mochilas.-Y no, no sois las únicas. No sabéis la cantidad de chicos que dan clases de magia en este internado.
-Y no sabíamos nada.-dije yo.
-No, las meigas y los magos somos así. Ahora nos ves, y ahora no nos ves.-sonrió Collins.
-Bueno, aquí está.-pero se había parado ante una pared.
-Yo no veo nada.
-Demi, si no crees en la magia, ¿Cómo vas a utilizarla?
-Pero es que es sólo una pared…
-¿Por dónde hemos entrado aquí?
-Por… una pared…
-Pues por esta pared entraremos a clase. Estarán a punto de empezar.
-Señora Collins,-dije yo.-¿Usted también es…?
-Sí. Esa pregunta está un poco de más.-cuando todas estuvimos delante de la pared-puerta, ésta se convirtió en una puerta de madera con ventana y todo.-Creo que aún no ha empezado la clase. Entrad y sentaos.
Luego saldréis por esa puerta.-dijo señalando la pared de enfrente un poco más allá.
-¿Qué puerta?-preguntó Demetria.
-Esa puerta.-tras otro parpadeo. Aquel pasadizo se convirtió en un enorme hall. Ahora sí parecía un colegio de magia. Había varias puertas y alumnos caminando de allá para acá con carreras y demás.-Necesitaréis libros. Luego lo hablaré con James, ¿De acuerdo? Bien, ahora entrad en clase.
Cuando nos dimos cuenta, ya no estaba allí.
-¿Pero qué…?-dijo Juno.
-Ahora la ves, ahora no la ves.-dije encogiéndome de hombros.
-Venga,-dijo Demi.-entremos.
Abrió la puerta y entramos. Era una clase como todas las demás.
Había alumnos sentados en las mesas, caminando por la clase, hablando unos con otros, dibujando en la pizarra sin tiza… pero había uno sólo que estaba sentado con la cara metida en un libro.
-¿Jim?-dije yo. Mi hermano levantó la cabeza y me miró.
-Hola, niñas.-sonrió.
-¿Qué haces tú aquí?-preguntó Demetria.
-Pues… lo mismo que vosotras.-dijo.-Dar clase de magia.
-¿Por qué no nos has dicho nada?-intervino Juno.
-Es que… yo también empiezo hoy…
-Pero si hiciste un truco de magia antes.-dije yo.
-Lo leí en el libro. Pero creo que no se pueden usar hechizos fuera de clases como si nada. Sólo se pueden usar los que sean necesarios.
-¿Pero por qué no has venido con nosotras?-preguntó Juno.
-Porque quería daros una sorpresa.
-Pues nos la has dado.-dije yo.
-Al, ¿Estás enfadada?
-¿Yo? ¿Por qué iba a estarlo? ¡Es genial!
Él sonrió.
-Oye, ¿Tu varita tiene nombre?-le pregunté.
-Sí, se lo puse mientras venía.
-¿Cómo se llama?
-Shonen.
-Así que Alice es la única que no le ha puesto nombre a su varita.-se burló Demetria.
-Yo también le he puesto un nombre.-dije yo con el ceño fruncido.-Se llama Awa.
-¿Awa?-repitieron las dos.
-Sí, ¿Qué pasa?
-Mola.-dijo Jim.
-Gracias.-dije y lo abracé por el cuello.
-Oye, si me aprietas así cada vez que te halago no te voy a decir nada.
-Jolines, Jim.-bufé.
-¡Todos a sus asientos!-exclamó un hombre que acababa de entrar. Seguro que era el profesor.
Era un hombre de unos cincuenta años con el pelo blanco, una barba bastante grande, tenía gafas, los ojos marrones y vestía una indumentaria que parecía ser la normal para los magos. Llevaba una capa encima de la ropa.
Me senté en el pupitre que Jim tenía al lado y Demi y Juno se sentaron juntas pero delante de nosotros.
-Oh, vosotros cuatro sois nuevos, ¿Cierto?-dijo mirándonos.
-Em... sí.-dije yo.-Somos...
-Alice, Juno, Demetria y James Pevensie.-dijo él.-Bienvenidos,-sonrió.-supongo que la señora Collins no os ha puesto al corriente de las normas.
-Lo hará cuando acabe la jornada de hoy.-dijo Jim poniéndose de pie.
-De acuerdo. Bueno, yo soy Gedeon Wizard, profesor de magia protectora.
Muy apropiado el apellido ya que si lo traduces significa ''Mago''.
-Por favor, no me llaméis ''profe'' como hacen los alumnos normales. Prefiero que me digáis ''profesor''.
-Está bien, profesor.-sonreí.
-Chicos, dadle la bienvenida a los hermanos Pevensie.
-Hola, chicos.-dijeron algunos a coro.
-Hola... ¿Tú eres Alice?-me dijo un chico de ojos verdes, pelo rubio y pequitas en la cara.
-Em... sí. Hola.-sonreí con timidez.
-Soy Alejandro Hernández. Puedes llamarme Alex.
-Encantada, Alex.-saludé también a los de atrás desde mi asiento.-Hola, chicos.
-Soy Jemma.-dijo una chica pelirroja de pelo largo, con pecas en la cara y los ojos grises.
-Está bien, alumnos,-dijo Wizard.-podéis levantaros a saludar pero daos prisa.
-Yo me llamo Edward.-dijo un chico de pelo negro y ojos marrones.
Todos los chicos de la clase eran guapísimos incluso uno que no se levantó. Tenía los ojos azules y el pelo castaño claro. Casi parecía rubio.
Me levanté y me acerqué a él.
-Em... hola... ¿Cómo te llamas?
-Aléjate de mí, estúpida.-masculló.
-Oye, ¿Yo qué te he hecho?-pregunté confusa.
-Existir.
-¡¿Pero qué...?!
-Anda, vuelve con tus insignificantes hermanos, que ni siquiera lo son.
-¡Eres un...!
-¿Ocurre algo, señorita Pevensie? ¿Señor Verander?
-Este...
-No, nada en absoluto.-sonrió el tal Verander.-Creo que le he causado una gran impresión a Pevensie.
Lo fulminé con la mirada y me fui a mi sitio.
-Bien,-dijo el profesor.-hoy nos protegeremos contra lo que más miedo nos da. Mirad la página cuatrocientos treinta y dos del libro.-se oyó un ruido procedente de las páginas que iban pasando los alumnos. Miré a mi alrededor sin saber qué hacer.-Oh, Pevensie, vosotros no tenéis libro. Tomad mientras éstos.-giró su varita en el aire y aparecieron dos libros.-No tengo más. Poneos juntos.-Jim y yo pegamos nuestras mesas y Juno y Demetria hicieron lo mismo.
''Cómo contrarrestar lo que más miedo nos da''
El miedo sólo es algo psicológico pero cuando se manifiesta de forma real hay que neutralizarlo de alguna forma. Para ello existe el hechizo****Non Timus .''
No pudimos seguir leyendo porque el profesor tomó la palabra de nuevo.
-Bien, ¿Habéis leído la página?
Se oyó un murmullo en toda la clase.
-Está bien, levantaos.-cuando lo hicimos, agitó su varita y los pupitres se apartaron hacia el fondo de la clase.-Poneos en fila.
Jemma ya estaba a la primera. Le seguían Juno, Demetria y Jim. Luego estaba yo y detrás de mí se había apostado Verander.
-A ver, tenéis que concentraros en pensar ''No tengo miedo'', y decir con énfasis ''¡Non timus!'' -se apartó un poco y con un movimiento de su varita una caja parecida a una caja fuerte salió de la pared en la que estaba empotrada.-Bien, esto es ''La Cámara de los Miedos''. Entrad de uno en uno. Señorita Sánchez, cuando quiera.-le hizo un gesto con la mano y la caja se abrió. Por dentro era tan grande como la clase.
Jemma entró en ''La Cámara de los Miedos'' con la varita en ristre. Cuando estuvo dentro, una serpiente con patas de araña apareció de la nada.
Jemma soltó un grito pero cuando aquel híbrido fue a atacarla, alzó la varita y gritó:
- ¡Non Timus! -la serpiente-araña se convirtió en un conejo de color rosa pastel.
-¡Felicidades, señorita!-exclamó el profesor cuando ella salió de la cámara mientras todos aplaudíamos. Todos salvo Verander y cuatro chicos más.
**Idiotas.**Mascullé en mi fuero interno.
Le tocaba a Juno, que estaba muy nerviosa.
-Tranquila, señorita Juno.-sonrió el profesor. Empezaba a caerme bien.
Juno, aún indecisa, entró en la cámara. Miré con curiosidad.
Habíamos vivido juntas prácticamente toda la vida y no sabía cuál era su mayor miedo. Ni tampoco el de Demetria y el de Jim. Ni siquiera el mío, aunque sospechaba que era estar sola en la oscuridad.
De repente, apareció un espejo frente a ella pero su reflejo no le hacía justicia, era el de una anciana.
Cuando me fijé bien, comprobé con horror que era su reflejo, pero con setenta años de más, arrugas, el pelo completamente blanco, la mirada cansada y con postura encorvada.
Ella no gritó como Jemma, sino que chilló de tal forma que casi me rompe los tímpanos.
-¡Señorita, no tiene miedo! ¡Ésa no es usted!
-Pero lo seré...-gimoteó.
-¡Vamos, Juno!-gritó Demi.-¡Siempre tendrás a las personas que te quieren!-se hizo el silencio.
Y de repente...
- ¡Non Timus! -el hechizo rebotó contra el espejo y le dio a ella. El reflejo comenzó a rejuvenecer hasta quedar hermosa.
Volvimos a aplaudir mientras salía.
-El hechizo ha rebotado contra el espejo del alma. Bien hecho. Le toca, señorita Demetria.
-Sí...-dudó mi mejor amiga y luego entró en la cámara.
Al principio no ocurrió nada pero luego me vi a mí misma, a Juno y a Jim.
-Demetria, me voy a Alemania.-dijo el Jim falso.
-Y nosotras también.-dijo la doble de Juno.
-¿No puedo ir con vosotros?-preguntó mi pobrecita Demi.
-No. Y no vamos a volver más.
-¿Pero qué...?-murmuré al oír a mi doble.
-¿Pero por qué? ¿Es que ya no me queréis?
-No.-dijo el falso Jim.
-Yo jamás diría eso.-oí que murmuraba el Jim de verdad.
-¡Demi, no te dejes engañar!-grité yo con el corazón encogido.-¡Nosotros estamos aquí!-hice miles de gestos para llamar su atención.
Me miró con la mirada perdida y luego miró a los Jim, Juno y yo falsos y frunció el sueño.
- ¡Non timus! -los dobles desaparecieron.
-Bien hecho, señorita Demetria.
-Dichosa caja.-masculló mi mejor amiga, que estuvo a punto de pegarle una patada a la cámara.
-Su turno, señor James.
-Sí.-dijo Jim y entró en la cámara con paso decidido.
Volvimos a aparecer Juno y yo pero esta vez estaba Demetria también.
-Chicas, creí que estabais ahí fuera.
Pero nuestras dobles no le hicieron caso.
-¿Chicas?
-¿Habéis visto a James?-dijo la falsa Demi.
-¿A ése?-rió mi doble.-Pero si no es nadie.
-Chicas, ¿De qué habláis? Hacedme caso.
-Y además, es un hortera.-dijo Juno.
-Yo jamás diría esa palabra.-dijo la verdadera Juno.
-Niñas...
-Ah, estás ahí.-dijo Demetria con displicencia.-Déjanos en paz.
-Sí, eso.-dijo mi doble.-Pringado.
-Vámonos de aquí, chicas.-intervino Juno. Le dieron la espalda y echaron a caminar.
-¡Eh, chicas!
Se dieron la vuelta.
-¡¿Qué es lo que quieres ahora?!-gritó Demetria.
- ¡Non timus! -los dobles desaparecieron y Jim salió de la cámara con un suspiro.
-¡Muy bien!-exclamó el profesor.
Cuando Jim pasó a mi lado lo agarré por un brazo y le dije:
-Jamás te haré eso.
-Lo sé.-dijo muy serio y caminó hasta el fondo de la clase.
-Su turno, señorita Pevensie.
-¿Yo?
-Sí, vamos. Tranquila, recuerde que el miedo es sólo una ilusión de su mente.
-Eh... sí.-entré con la varita en ristre, dispuesta a usarla en cuanto todo se oscureciera.
En efecto, todo se quedó a oscuras y la entrada de la cámara desapareció, estaba yo sola.
Me quedé desconcertada.
Entonces, en medio de la oscuridad, apareció un pequeño círculo de color azul y luego, a su izquierda, apareció uno de color rojo vivo.
Y después un cuerpo entero. El chico sonrió malévolamente.
Aquella cámara era más horrible de lo que parecía.
-¿Quién es ése?-oí la voz de Juno desde algún sitio en la oscuridad.
Ni siquiera grité, estaba paralizada de miedo.
-¡Alice, es sólo una ilusión!-gritó Demi.
Tragué saliva y apunté a aquel espejismo con mi varita. Aquello no era de verdad y yo lo sabía.
- ¡Non timus! -grité pero el espejismo no se desvaneció. ¿Por qué?, yo no le tenía miedo, sabía que no era de verdad.- ¡Non timus!, ¡Non timus! -grité desesperada. Si el hechizo no resultaba, ¿Quería decir que aquello era real?
-No escaparás de mí.-rió.
-¡No!-grité. Se me cayó la varita a causa del miedo.
-¡Profesor, sáquela de ahí!-gritó Jim.
-¡Vamos, señorita Pevensie!-gritó el profesor.-¡No tiene miedo!
-¡No le hacen efecto mis hechizos!
-¡Tiene que pensar que no tiene miedo!
-¡No puedo, no puedo!-chillé con lágrimas en los ojos. Estaba hasta mareada. Cuando el chico estaba a punto de cogerme, Warwick se puso delante de mí con gesto protector.
El chico desapareció y en su lugar apareció una mujer de cabellos rubios, que aparentaba unos cuarenta años. Estaba tirada en el suelo y parecía herida o... muerta.
Me agarré a la capa del profesor, que temblaba de arriba a abajo. Aquel era su mayor temor. ¿Pero qué o quién era su mayor temor?
-¿Profesor?-murmuré.
-Hábleme, señorita.
-¿Qué?, yo... profesor, recuerde que es una... una ilusión...
-Siga, siga.
-Usted... usted no tiene miedo...-aún estaba confusa.
- ¡Non timus! -salimos inmediatamente de la cámara.-Se acabó la clase.-movió la varita, la cámara volvió a empotrarse en la pared, su maletín se recogió solo y Warwick salió de la clase como alma que lleva el diablo.
-¿Pero qué...?-murmuró Edward. Luego se formó un barullo en la clase. Noté la mano de Jim en mi hombro.
-Era el chico que te atacó, ¿Verdad?-corrí hacia la puerta y salí de la clase.
Corrí por el pasillo, que en aquel momento estaba vacío. Encontré una puerta que tenía un cartel que decía algo raro. No eran letras, sino signos:
CHICAS
A saber en qué idioma estaba, si es que era un idioma.
Me dio igual. Entré y vi que era el baño de chicas. Me encerré en uno de los compartimentos y me puse a llorar.
-¿Alice?-oí a Juno. Eché el cerrojo.-Alice, sal, por favor. ¡Demi, está aquí!
-¿Pero qué es esto? En el cartel de la puerta ponía algo raro.
-Creo que es el baño de chicas.
-¿Alice?, escucha, perdóname por no haberte creído.
-Alice, abre la puerta, por favor.
-Dejádme en paz.-gemí.
-Hola, chicas. ¿Está bien?-era la voz de Jemma.
-Ha echado el pestillo,-dijo Demi.-y no quiere salir.
-Mmm... puedo remediarlo.
-¿Qué vas a hacer?
-Tranquila, Juno. ¡Aperio! -se vio un pequeño resplandor de color rosa pastel y el pestillo se abrió solo.
-¿Es que no me podéis dejar sola?
-Yo os dejo. Espero haberos sido útil. Por cierto, la siguiente clase se da en el aula que está en el fondo del pasillo.
-Gracias, Jemma.-dijo Demi.
-No hay de qué. Hasta luego.
-Por favor, perdónanos.-dijo Juno.
-¿Por qué no me ha salido el hechizo?
-Porque no pensaste en que no tenías miedo.
-¡Sí lo pensé, Demi! ¡Logré no tenerle miedo, pero perdí el valor cuando el hechizo no funcionó!
-Hum... Podemos hablar con Collins...-dijo Demi.
-Pero sale. Vamos a la siguiente clase, venga.
Tardé en salir pero luego me sequé las lágrimas con la manga del uniforme.
Llegamos hasta un aula y tocamos en la puerta.
-Llegan tarde, señoritas.-dijo la profesora. Era una mujer de unos cuarenta años. Iba vestida como cualquier mujer de su edad. Tenía el pelo de color castaño claro y los ojos de un color verdoso.
-Perdone, profesora...
-Rosa Álvarez, señorita Demetria.
-Perdone, estu... ¿Cómo sabe mi nombre?
-La señora Collins no se cruza de brazos.
-De verdad que lo sentimos...
-Su hermano, el señor James, me ha contado lo que ha ocurrido.
-Sí, que se ha cagado al ver al raro de su novio.-rió Verander y sus amigotes le siguieron el juego.
-¡Ese chico no es mi novio!
-Eso es lo que tú dices.
-Silencio.-dijo la profesora con firmeza pero sin alzar la voz.-Señor Verander, tal vez le apetecería a usted dar la clase por mí.
-No, profesora.
-Señoritas, pueden sentarse.-los pupitres eran contiguos y me senté con Edward porque Jim se había sentado con Jemma.
-¿De qué va la clase?-murmuré.
-De convocar objetos.-susurró él.-Escúchala o se enfadará. Puede oírnos.
-Oh, lo siento.
-Como iba diciendo, el hechizo convocador sería perfecto si se pudiera hacer sin la varita.-levanté la mano.-¿Sí, señorita Pevensie?
¿Por qué a mí me llamaban señorita Pevensie y a mis amigos-hermanos los llamaban por su nombre?
-¿Quiere eso decir que no podemos convocar a nuestra varita si se nos cae?-pregunté.
-No, señorita Pevensie, por eso hay que tener bien a mano la varita y no perderla nunca. Porque, aunque podamos usar los poderes naturales...
-¿Qué son los poderes naturales?
-Los que usamos sin varita.
-Como los de fuego, ¿No?
-Sí, como... ¿Por qué ha puesto ese ejemplo? ¿Ha visto a alguien... usar ese poder...?
-... Sí...-un escalofrío me recorrió al recordarlo.-Lanza bolas de fuego, ¿Por qué?
-¿Es amigo suyo?
-¡NO! No... no lo es...
-Em...-cogió su libro.-fin de la clase.-salió del aula con rapidez.
-Al final me vas a caer bien y todo con esto de que nos dejes sin clase.
-Déjame en paz, Verander.
-Bah, no, jamás podrás caerme bien.-no le hice caso y salí de la clase pero la profesora ya no estaba.-¡¿Pero qué demonios pasa?!-me enfadé tanto que caminé por el pasillo para ir al despacho de Collins a quejarme.
Pero cuando llegué a la puerta, oí un murmullo de voces y me detuve en lo alto de las escaleras, delante de la puerta.
-Entonces la han encontrado.-era la voz de Álvarez.
-Sí, tenemos que protegerla de ese chico.-dijo Collins.-De ese chico y de todos ellos. Sobre todo de ella.-se hizo el silencio.
La puerta se abrió y vi a Collins delante de mí.
-Es de mala educación escuchar detrás de las puertas, Alice.
-También lo es hablar de alguien a sus espaldas.-dije ceñuda.-¿Por qué hablan de mí? ¿Por qué tienen que protegerme del chico de un ojo azul y otro rojo?
-¿Diferente... color? Alice... te lo contaré en otro momento... vuelve a clase...
-No puedo, ella ha terminado la clase, igual que él. Y después de que interviniera yo. ¿Qué está pasando?
-¡Alice!-exclamó Demi.
-¡Está bien!-grité.-¡No volveré a abrir la boca por si hago suspender otra clase!
La siguiente clase era Pociones.
Nos lo pasamos genial porque teníamos que hacer pociones explosivas y mientras que a mí, por fin me salió algo mágico bien, a Verander le explotó la poción en la cara y se quedó tiznado.
-¡No te rías, Pevensie!-me gritó.
-Si te parece voy a llorar.-dije entre carcajadas.-Sí, lo haré, pero de risa.
-Cuando ocurra, vas a llorar de verdad.-masculló furioso y salió del aula.
-¿Cuando ocurra?-corrí tras él.-¿Cuando ocurra el qué?
-Ya lo verás, sucia Pevensie.-masculló con una sonrisa.
-¡No le digas eso!-gritó Jim adelantándose un paso.
-Uy, qué miedo.
-Quizá ella aún no sepa sacar su magia, pero yo sí.-dijo agarrándolo por el cuello del uniforme y apuntándolo con la varita.
-No puedes... no puedes atacarme... te castiga...
-¿Crees que me importa? ¿De qué estabas hablando, Verander?
-¡De nada!-se libró de la mano de Jim.-¡No hablaba de nada! ¡Ahh!- se fue corriendo.
Todos rieron menos Jim y yo.
En las dos siguientes clases estuve muy preocupada. Nadie me explicaba nada y me empezaba a cansar de ello. ¿Por qué me tenían que proteger del chico de ojos raros, por qué estaba yo en peligro, qué era lo que iba a ocurrir?
-¿Podemos ir volviendo a casa?-preguntó Demi.
-Sí, id vosotras. Yo iré cuando termine de hablar con Collins.
-¡Chicas!
-Hola, Jemma, creí que te habías ido.
-Edward y yo os estábamos esperando para indicaros dónde está la salida, Demi. No podéis entrar y salir por el despacho de Collins. Sería un caos.
Caminamos por un pasillo enorme y luego fuimos a parar a la parte de atrás del internado, el cual había visto yo tantas y tantas veces.
-¿Qué pasa, Alice? ¿Por qué estás tan callada?-preguntó Juno cuando íbamos a mitad de camino.
-Estoy preocupada por demasiadas cosas.
-Te saldrán más canas.
-Juno... ¿Qué te preocupa, Alice?
-¿Por qué no me salió aquel hechizo? ¿Qué es lo que va a ocurrir? ¿Por qué tienen que protegerme de...?
-¿De quién?-preguntó Demi. Las agarré a las dos y eché a correr.-¡Alice, ¿Qué haces?!
-¡Corred, me ha vuelto a encontrar!
-¡¿Qué?!-corrieron incluso más deprisa que yo y acabaron ellas tirando de mí.
-¡¿Pero qué es lo que quiere?!
-¡No lo sé, Juno!
Conseguimos perderlo de vista y llegamos a casa.
Subí las escaleras a toda velocidad y cerré de un portazo la puerta.
-¡Alice!
-¡Dejádme en paz! ¡Y ni se os ocurra utilizar un hechizo para abrir la puerta!
-Pero...
-¡No, Demetria, quiero estar sola!-me tumbé en la cama sin quitarme el uniforme y me eché a llorar. Al final me quedé dormida.
Volví a soñar con aquellos ojos espantosos y desperté sobresaltada.
Estaba confusa y por eso no grité cuando me incorporé y vi a un encapuchado delante de la puerta. Me levanté con agilidad de la cama.
-¿Quién... quién eres tú?-se acercó a mí rápidamente, me tomó la mano y me la besó.
-Soy Khaden Puolin.-dijo estrechándome la mano.
-¿Khad...?-abrí los ojos como platos cuando le vi la cara.-¡Aahh! ¡Demi, Juno!-aún me tenía agarrada por la mano.
-Shh. No grites.-susurró. Empecé a sudar de terror.
-¡DEMI, JUNO!
Tiró de mi mano y me agarró por los brazos.
-En serio, no grites.-dijo mirándome profundamente con aquellos ojos horrorosos.
-Suél-suél-suél... ¡Déjame!-dije forcejeando con él pero yo era muy floja.
-¡Alice, Alice, ¿qué pasa?!
-¡Demi, ayú...!-el chico me tapó la boca.
-¡Alice!
-¡Demi, ¿qué ocurre?!
-¡No sé, Jim, está gritando!
- ¡Aperio! -chilló Juno y se vio un resplandor azul antes de que la puerta se abriera de par en par.
-¡¿Pero qué...?!-gritó Jim. Khaden me soltó.-¡Tú eres...!
-No quiero hacerle daño.-dijo muy serio y saltó por la ventana. Yo seguía tirada en el suelo, temblando de miedo.
-¡Alice, ¿Estás bien?!-gritó Jim ayudándome a incorporarme, pero yo no podía moverme del pánico.-¡Llamad a Collins!-Demi ayudó a Jim a sentarme en la cama.
-Yo-yo-yo-él... Jim...-pude decir y lloré en su hombro.
-Tranquila, pequeña.-dijo atusándome el pelo con cariño.
-No pasará nada, Alice.-dijo Demi poniéndome una mano en la espalda.
-Sí, pasará,-gemí muerta de miedo.-quiere matarme.
Nos quedamos así hasta que vino Collins.
-Lo sabía.-murmuró Collins.
-¿Por qué no me explica las cosas?-dije temblando, sosteniendo una taza de chocolate caliente con las manos.
-Un momento, tengo que proteger la casa.-se acercó a una ventana, alzó los brazos y los mantuvo así un rato.-Ya está.-dijo bajando los brazos.
-¿Qué ha hecho?-preguntó Jim.
-He puesto un escudo protector alrededor de la casa.
-Yo no veo nada.-dijo Demetria.
-Es casi invisible. ¿Quieres que los zinacares vean el escudo?
-¿Zinacares?-repitió Demi.
-Los que no poseen magia.
-¿Qué es lo que está pasando?-me hice notar.
Collins suspiró y se sentó en el sofá.
-En fin... lo sabrías en algún momento. Te buscan porque eres poderosa.
-¿Poderosa yo?, ni siquiera he sabido hacer un hechizo que a los demás les ha salido a la primera.
-Eso me empezó a preocupar cuando cumpliste los doce años y tu poder no se manifestaba de forma alguna. Por eso te traté tan mal. Pensé que así podrías sacar tu poder a través de la ira. Pero no funcionó.
-¿Y ya está?, ¿Eso es todo?
-El escudo no dejará ni entrar ni salir magia. Y sólo podrán traspasarlo los que tengan buenas intenciones.
-Veo que es muy útil.-comentó Jim.
-Tengo que irme, un internado-colegio mágico no se dirige solo.
-¡No, espere!-pero no me hizo caso y salió de la casa. Entonces lo vi. El escudo parecía una fina tela sedosa que ondulaba alrededor de todo el perímetro de la casa. Era algo precioso.