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Nacidas para ser diferentes — capítulo 4

**Me cayó una semana de castigo limpiando los calderos de pociones de todos mis compañeros de clase y ordenando los libros de la biblioteca.**Como Jim no me dejaba salir a la calle sola siempre se quedaba junto con Juno y Demetria a ayudarme. Jemma y Alejandra se habían ofrecido también para ayudarme. Edward se mostró algo reacio a colaborar pero después de que Jemma le insistiera unas trescientas veces accedió. Edward cada vez empezaba a caerme más mal. Parecía como si me tuviera asco o como si algo de mí no le gustara.

Le di las gracias a todos mil veces por ayudarme. Verander, sabiendo que tenía que encargarme de su caldero, me dejó una sorpresita. Unos restos de poción que si la tocas te salen granos verdes y asquerosos como los de los trolls por todas partes pero al menos las pociones se me daban bien y reconocí el olor. Así que no la toqué y al día siguiente le dije a la profesora que habían hecho una poción sin su consentimiento y además no la habían vertido en un frasquito. Le cayó otro castigo a Verander aunque no tan grande como el mío. En venganza colocó un libro a mi alcance con el que tuve problemas. Se llamaba Criaturas Bestiales . El libro pesaba por lo menos dos toneladas, como si todas las fieras de las que se hablaba allí estuvieran metidas en el libro. Cosa que comprobé luego, cuando lo abrí para ojearlo. Una especie de león mezclado con un troll estuvo a punto de comerme de no ser por un hechizo de Alejandra. Luego leí sobre esa criatura ya que me dio curiosidad.

Los leones mezclados con trolls tienen un nombre muy simple, trolleos. Son criaturas enormes. Miden aproximadamente veinte metros de altura. Tienen patas y melena de león y es verde con granos igual que los trolls. Nadie sabe cuál es el origen de esta criatura ya que es fisiológicamente imposible que un troll y un león puedan tener descendencia juntos. A propósito de que los trolls son tan estúpidos que a penas saben cómo reproducirse a parte de que son criaturas mágicas y los leones simples animales zinacares, y las criaturas mágicas no se juntan con las no mágicas.

No leí más porque tenía que seguir ordenando los libros y porque ya no me interesaba seguir leyendo sobre ese tema.

En fin, con todo esto no pude hablar con Collins en toda la semana, así que me decidí a ir cuando quedé libre.

Toqué en la puerta y me dejó pasar.

-Hola, señora Collins. No he podido venir antes debido a mi castigo pero necesito hablar con usted.-le dije muy seria.

-Siéntate. ¿Quieres una taza de chocolate caliente?

-No, gracias.-dije tomando asiento.-Quiero hacerle unas preguntas. Necesito que me las responda.

-¿Sobre qué?

-De lo que está pasando.

Collins guardó silencio.

-¿Quiénes eran mis padres? ¿Quién es la bruja que está detrás de mí?

-¿Cómo? ¿Cómo sabes que quien te busca es una bruja?

-Me lo dijo... el chico de ojos diferentes.

-Khaden Puolin...

-¡Entonces lo conoce!-exclamé.

-¿Cuándo has hablado con él?

-La semana pasada, cuando me escapé del colegio... ¡No me ha respondido!

-Lo que quiere esa bruja es tu magia y tu poder. No la he visto nunca. Y en cuanto a tus padres... tu madre murió en el parto y tu padre te trajo aquí y me pidió que cuidara de ti porque él estaba enfermo.

-¿No eran magos?

-No.

-¿Y qué pasa con mis hermanos? ¿Sus padres eran brujos?

-No, sus padres eran zinacares como los tuyos. Los poderes de los elementos son únicos, no se heredan. Pero el destino quiso que los tres vinieran a parar aquí junto a ti.

-Pero yo no tengo ningún poder de elementos.

-Eso no importa. Hay alumnos aquí que tienen padres zinacares, como por ejemplo Alejandra Gómez.

-¿Y qué tienen que ver Demi, Juno y Jim conmigo?

-Tu poder y los suyos se complementan.

-¿Pero cuál es mi poder? ¿Y por qué Khaden es un peligro? También tiene un poder elemental.

-Los Puolin siempre han estado de lado... de ella.

-¿Pero sus padres...?

-Sus padres sí son magos. Pero no tienen poderes pirotécnicos.

-¿Cómo está usted tan segura de que tengo magia o poderes? No he dado señales de ello.

-¿Por qué crees que te buscan? Por eso es.

-Quizá me confundan con otra persona.

-No, no te confunden.

-¿Cómo está tan segura?-pregunté desesperada.

Suspiró y yo lo hice también pero de forma más profunda.

-¿Qué se supone que tengo que hacer?

-¿Hacer?

-¿Tengo que luchar contra ella o algo así?

-¿Estás loca? ¿No has visto que no has manifestado tu magia? Ahora estás indefensa, eres como una zinacare cualquiera. Ahora sólo tienes que concentrarte en tus estudios mágicos y mantenerte oculta de ella.

-¡¿Para qué voy a estudiar magia si no me sale?!-exclamé levantándome e inclinándome sobre su mesa.

-Cálmate, te saldrán.

-Sí, claro.-respiré hondo.-En fin... veo que no podré saber mucho sobre mí misma.-dije y salí de su despacho por el lado del internado.

-¿Qué haces aquí, Aliantipática?-dijo una ricachona, llamada Verónica, que me tenía entre ceja y ceja desde que llegó.

Pasé de largo sin hacerle caso y me dirigí al jardín trasero, donde ya no había nadie.

Eso me extrañó porque los chicos no me dejaban sola. Entonces, algo pasó por debajo de mí y me tiró al suelo... No, caí sobre una alfombra, una alfombra de color rojo fuerte.

-¡¿Pero qué...?! Ah, podríais avisar. Me tratáis como un pañuelo.

-Venga, Alice, no te enfades. Creí que te gustaría volar en alfombra.-dijo Demetria detrás de mí.

-Sí, si soy yo quien la maneja.

-La manejarás algún día.-dijo Jim.

-Claro que sí.-intervino Juno. Volaban cada uno a un lado. La alfombra de Juno era azul y la de Jim era púrpura. Yo no tenía, ¿Para qué, si, como siempre, no tenía magia para hacer volar una alfombra?

-No me estéis calentando las narices.

Cuando llegamos a casa, nos pusimos a hacer los deberes de Objetos Mágicos y luego salimos a jugar en el jardín. Al atardecer, entraron en casa pero yo me tumbé en el césped y cerré los ojos. Allí era donde único me dejaban sola a parte del colegio, en el que tampoco estábamos separados ya que íbamos a las mismas clases.

De repente, noté algo de calor para estar en un entretiempo de invierno y primavera.

Abrí los ojos rápidamente y me incorporé. El jardín era enorme y en sus límites, fuera del escudo mágico de Collins, distinguí una figura oscura y luego unos ojos de diferente color.

Por un momento me alarmé pero luego recordé el escudo y volví a tumbar.

Noté el calor aún más cerca y cuando volví a abrir los ojos, vi su cabeza en el aire, a unos centímetros de la mía.

-¡Ah!-el susto que me dio hizo que le diera un cabezazo sin querer.-Auu...-me quedé tirada en el suelo sobre mis rodillas, frotándome la frente.

-Mírate, te haces más daño tú misma que yo.

-¿Cómo has traspasado el escudo?-pregunté, confusa.-Ayyy... No deja pasar a los que...

-¿Será que no traigo malas intenciones?

-Habrás utilizado algún contrahechizo.-dije mirándolo con recelo a una distancia prudente. Me puse de pie por si había que correr.

-No, Dathilda Collins es más sabia que yo. No podría deshacer un hechizo suyo.-hablaba con un tono coloquial. Como si fuera mi amigo de toda la vida.

-¿A qué has venido?

-A verte. Tenía que hacerlo, necesitaba verte, tocarte.-dio un paso hacia mí.

-¿Por qué, para qué?-pregunté retrocediendo un paso.

-¿No te dice nada el beso que te di en nuestro último encuentro?

-Me dice más que me usaras de escudo para protegerte de mis hermanos.

-Ah, sí, tus hermanos . Mis compañeros de elementos.

-No te me acerques.

-No voy a hacerte daño, te lo juro. Mis padres y yo nos hemos pasado a tu bando.

-No puedo creerte.

-¿Por mis ojos? No me parece justo.

-¿Y tú esperas que te crea?

-¿No te fías de ese escudo?

-No me fío de ti.

-Me alejaría de ti para demostrarte que no te voy a traicionar, pero no puedo. Necesito verte todos los días, en el colegio, en tu cuarto...

-¡¿Me has estado espiando?!

-Sí.-dijo como si nada.

-¿Has violado mi intimidad? ¡No te acerques!-corrió hasta mí y me agarró por los brazos.

-Eres tan...

-¡Pero-pero... ¿Qué es lo que pretendes?!

-¿No te das cuenta o no quieres darte cuenta?

-Déjame en paz...

-Tendré que hacerlo.

-¿Hacer el qué?

-Me alejaré de ti y verás que no quiero hacerte daño.

-¿Me dejarás tranquila para siempre?

-No, sólo hasta que me eches de menos.

-¡Yo no voy a echarte de menos nunca!

Tiró de mí y me dio un beso en la boca. Luego se fue corriendo.

-¡No vuelvas a tocarme! ¡No vuelvas a...!-grité con todas mis fuerzas a pesar de que no me iba a oír. Escupí con asco.

-¿Al? ¿Qué pasa?-Jim, Juno y Demetria venían corriendo hacia mí.

-Ha... atravesado el escudo.

-¡¿Qué?! Voy a llamar a Collins.-Jim entró en la casa a toda velocidad y Juno y Demetria lo siguieron corriendo. Yo me quedé mirando el escudo, pasmada. Luego me di lentamente la vuelta y eché a andar por el jardín rumbo a la casa, no sin echar una última mirada por encima de mi hombro.

Cuando Collins llegó nos sentamos todos en el salón.

-Señora Collins, su escudo ha dejado pasar a ese chico tan peligroso.

-No es posible a menos que... Tengo que irme.-dijo levantándose del sofá.

-¡No!-grité.-¿A menos que qué?

-A menos que se haya pasado a tu bando.

-¿Mi bando? ¿Cómo que mi bando?-pero no me respondió y se desapareció.-

¡Maldita sea!

-Cálmate, Al.

-¡No me calmo, no!-suspiré.- ¿Tienes suficiente dinero como para salir del país?

-Eh... sí...

-Estupendo, vámonos.

-¿Pero qué dices, te has vuelto loca?

-¡Estoy harta de que me lo oculten todo!-grité y subí las escaleras.

Cogí mi mochila, saqué mis libros de magia y metí una linterna y una manta. Bajé a la cocina y cogí un bocadillo y un batido. Luego volví al salón.

-¿Qué haces?-preguntó Jim.

-Me voy, yo sola.

-¿Estás loca? No puedes salir del escudo tú sola. Estás indefensa.

-Me da igual.-caminé hacia la puerta con paso decidido.

Jim se levantó y alzó su varita.

- ¡Occludo! -se oyó un ruidito y por mucho que lo intenté, no pude abrir la puerta.

-¡No es justo! ¡Yo no puedo usar magia!

-Es por tu bien.

Tiré la mochila al suelo y subí a mi habitación hecha una furia.

Yo, sin magia y sin poderes, iba a escapar de una casa llena de magos.

Por la noche, cuando todos dormían, bajé al primer piso. Cogí mi mochila, que aún estaba allí e intenté abrir la puerta, que seguía cerrada, pero yo me lo imaginaba.

Jim también había cerrado las ventanas del salón. Fui hasta la habitación de Pablo, que era el único que dormía en la primera planta. Estaba durmiendo en aquel momento.

La ventana estaba abierta, Jim se habría despistado, aunque era más bien que confiaba en mí.

Salí por la ventana sin hacer ruido para no despertarlo y caminé por el jardín.

Sabía perfectamente que tendría que volver pronto y que me llevaría una bronca, pero me daba igual.

Por fin atravesé el escudo, era libre. *_______________________*Siento no haber publicado antes, me despisté.Vi que había dos seguidores así que espero que me perdonen, aviso de que publicaré más a menudo. Comenten, por favor, un saludo^^