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Crónicas de un viejo sombrero — capítulo 4
(No me importa que haya sido ayer, mejor tarde que nunca)
22/09/11
¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS TOM FELTON!!!
♥♥♥ BOMBONAZO DORADO ♥♥♥
¡Ya tienes 24 añitos! ¡Cómo pasa el tiempo! Y pensar que ayer te veíamos por primera vez tendiéndole la mano a Dan, afuera del gran comedor, con el pelo peinado meticulosamente hacía atrás y con apenas 12 añitos… suspira ¡que nostalgia!
No los aburro más, que disfruten el capitulo, inspirado en una de mis personajes favoritas. Si leíste el libro 7 entenderás todo, sino bueno entra a leer de todas formas.
Capitulo 4:
Q
ue tristeza fue vivirlo. La huida de Salazar, debo admitirlo, me lo esperaba. Sabía que tarde o temprano se iría…
Pero Rowena… ¡Hay!… ¡pobre de mí princesa de añil!
Su diadema, la llevaba siempre consigo, su objeto más preciado, ese era. Pero lo que más amaba en toda la tierra era su a su hija, antes que la inteligencia y la razón. Antes que su más adorada joya. Antes que su venerado templo del saber, que con propias manos construyó, estaba Helena.
Su padre, BartholomewCollingwood-Sals fue un alquimista del norte de Inglaterra de gran estirpe, saber y respeto. Siempre estaba experimentando, solo y o con Rowena. Lo compartían todo, se entendían a la perfección. Al poco tiempo de conocerse y enamorarse perdidamente, se casaron. Aunque, Rowena, orgullosa mujer, no quiso cambiarse el apellido, y quedo como Rowena Ravenclaw de Collingwood-Sals.
El amor de aquella joven pareja no tenía precedentes.
Se enseñaban cosas mutuamente, se reían de su ignorancia pasada, después de aprender algo nuevo. Compartían un amor que muy pocos llegaban a conocer.
Casi no se hablaban, se entendían con miradas cómplices de enamorados, y con ella se contaban todo lo que les pasaba. Aquellas cosas que no se describen con palabras, se decían con los ojos. Dicen, las ventanas del alma.
Pero para fatídica desgracia, falleció a temprana edad a causa de un experimento gravemente fallido. Falleció antes incluso de ver con sus propios ojos a la pequeña Helena, y dejando a su esposa amada por siempre sola con la nueva vida en su vientre, marchando a un lugar mejor.
Rowena estaba destrozada, el único hombre que había amado se había ido, y pensar que compartieron unos pocos años juntos, y nunca llegaría a ver a su bebé, el fruto de su amor. Estaba devastada, triste como nunca nadie la vio jamás. Esa fue una de sus dos más grandes angustias en su vida, no tan larga.
Pero la única luz que veía al final de las tinieblas del túnel que transitaba, era Helena.
Le enseño todo cuanto supo, le hablaba de su padre constantemente y se ocupo de que se rodeara de la gente del más grande talento.
Se alegraba de que creciera rodeada de todo el amor que le pudiera dar tanto ella, como sus amigos, que eran como hermanos y Helena los trataba como sus tíos.
Helga siempre le cocina con dedicación, la única cosa que Rowena nunca domino del todo, Godric… él era el chistoso que causaba las risas más inocentes y cantarinas de la pequeña criaturita, y Salazar le contaba historias de seriedad y de profundidad que le curtían de una mirada del mundo distinta, tratando de enfocarla desde otras miles de perspectivas para comprender las cosas más tempranamente.
Rowena fue la única fundadora que continuo la descendencia y tuvo una hija. Por tanto los demás la trataban con sumo cariño. Quizá Salazar, nunca llego a quererla demasiado, como los demás, pero respetaba a Rowena y por tanto a su hija, la trataba con cuidado y cierto afecto impropio de aquel avieso (cuando quería) personaje histórico.
Creció rodeada de todo lo que se pudiera querer, al mismo tiempo que se construía el castillo desde el que estamos hablando.
Pero una ambición la movía por dentro. Educada con la ideología de que lo más importante era el saber y lo más degradante la ignorancia se sentía tontamente opacada por su madre.
Mientras ese sentimiento resentido aumentaba conforme maduraba y crecía cierto barón pidió su mano. Ella lo repelía, no le agrada aquel hombre, era agresivo, partidario de la venganza, se mostraba muy posesivo con ella, como si fuera algún especie de trofeo, pero al mismo tiempo era evidente que estaba infinitamente enamorado de ella. En más de una ocasión demostró su amor sincero y transparente. Le obsequiaba cosas semanalmente ya que tenía mucho dinero, se trato de culturizar más, busco maestros por el mundo para aprender y ser mejor partidario para Helena, pero así como él demostraba su amor innato, ella lo rechazaba repetidas veces con la facilidad con la que se mata un insecto molesto.
Lo único que parecía importarle era saciar sus ansias de gloria y prestigio.
Rowena poseía la tiara que cada día aumentaba más el saber y su hija lo sabía. Poseía una inteligencia tal que sabía que en algún momento llegaría el día en que su hija se le opusiera y algo en su contra establecería, sabía que se sentiría opacada, que no estaría cómoda, que quizás le robara ese objeto. Pero con ese saber, sabía que por sobre el cerebro se encontraba el corazón y este le decía que no era posible que su hija, la que con tanto amor crío, hiciera cosas como esas.
Pero por primera vez el cerebro fue el que tuvo razón y le ganó al corazón.
Helena Ravenclaw ya tenía diecisiete años cuando en un arrebato de ira e indignación adolescente, queriendo alcanzar la fama y gloria que su madre tenía, queriendo ser conocida como alguien más que "La hija de Rowena, la grandiosa bruja de la cañada" y ambicionando una mayor inteligencia, conocimiento y ser mucho mejor bruja, robo la diadema a su madre, mientras esta dormía.
Con su cometido logrado, huyó hasta una tierra alejada. Se interno en los bosques de Albania. Nadie podía negar que aquella muchacha, flor de juventud, fuera sensata y aguda, pero su ambición fue más fuerte y solo cuando poseyó por completo aquel objeto de gran poder mágico, tan fabuloso y extraordinario, entendío su error. Pero creyendo no ser perdonada se quedo allí un tiempo.
Todo esto lo supe años después, mientras tanto, Rowena, estaba muriendo de dolor, ya había soportado la muerte de su amado por siempre, no podía soportar la huída de su hija única. La amaba muchísimo y se le partió el corazón descubrir que se había marchado.
Los otros tres intentaban consolar a la pobre mujer y mientras tanto rastrearla por todas partes. Rowena no tenía ni siquiera ganas de vivir, solo se encerraba en su grandiosa sala privada (la que luego sería la sala común de Ravenclaw) a llorar.
Un día llamo al presunto Barón, quien amo por siempre a Helena, para que la buscara por todos los confines de la tierra, sabía que no descansaría hasta encontrarla. Y así fue…
La encontró en aquellos tristes pero majestuosos bosques de Albania, donde le pidió que regresara pero…
Bueno… no es necesario que te cuente que sucedió, creo que tú ya lo sabes, claro…
Ella luego de muerta, comprendió que no podía irmás allá. Debía disculparse y si para encontrar el perdón de una madre mortificada por una hija demasiado equivocada, debía renunciar al paraíso de la vida eterna y vagar por la tierra el resto de los días… Pues que así sea…
(1)
Pero ese inmenso sacrificio no tubo recompensa… para cuando el fantasma de Helena Ravenclaw, La Dama Gris, llegara a ver a su madre… la vería muerta, a causa del dolor sufrido.
Recordaba las palabras de su madre:
"Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres"
No podía creerlo, se negaba a creer que ella, hubiera causado la muerte de su madre… y recorriendo la tierra como una figura triste y plateada, en penitencia deambula por allí.
(1)Nuestro querido sombrero marrón, aunque sin lágrimas de agua salada, llora. Cada: … fue un gemido ahogado, suspiro de triste, nostalgia…
¡Hola a todos!
Estoy convencida de que cuando en Pottermore se revele el libro séptimo, se descubrirán muchas cosas sobre La Dama Gris y Ravenclaw pero mientras tanto esta es mi versión, espero te haya gustado, si es así escríbelo y házmelo saber.
Muchas gracias por leer y mantener viva la historia.
Besitos ♥