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Hermanas — capítulo 26
Emmett debió de llevarme a la habitación cuando me quedé dormida de tanto llorar. Me desperté y ¡Que raro! no había nadie en la habitación. Pero no era el momento de andar con contemplaciones, eran las siete de la mañana, todavía de noche, me vestí: me puse una camiseta larga en la que ponía PARIS separadas en sílabas, unos pantalones cortos rosas, seguro que tendría que correr, y unas converse rosas.
Me miré al espejo por ultima vez, o eso creía, suspiré, estaba decidida, ya no había vuelta a atras.
Bajé a desayunar, pero no tenía hambre, vi en un carrito de comida con cubiertos una especie de cuchillo de plata, me lo guardé en un bolsillo sin que nadie me viera y salí del hotel hacia mi muerte, o mi castigo, segun se vea.
Caminaba deprisa por las calles de Volterra, las farolas estaban apagadas, el cielo mas o menos nublado, hacía viento y era un poco de noche todavía, pronto saldría el sol y los Cullen se darían cuenta de que no estoy en mi habitación.
La gente me miraba al pasar, la poca que había, claro, con la ropa que llevaba y la cara mía...
Llegué al castillo, me paré frente a el en seco y respiré, me temblaba todo el cuerpo. Pero no había vuelta atras lo hecho echo está.
Suspiré por ultima vez y agarré la gran puerta abriéndola y pasando dentro, estaba oscuro, solo había antorchas que me iluminaban, pero había leido tanto de este lugar en mis libros, que yo sabía donde tenía que ir. Esperaba no perderme, o que me pasara algo...