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Hermanas — capítulo 27
Bajé escaleras, giré pasadizos y atravesé puertas, hasta que llegué a una salita iluminada (por fin, me estaba cansando de tanta oscuridad) allí había asientos de tercipelo, carísimos, mesas de cristal y un escritorio caoba, ocupado por una señorita que tecleaba en un ordenador y hablaba por un auricular, la mesa estaba llena de papeles. Qué raro todo. Me acerqué a ella.
_Hola, esto...quería ver a Cayo, Cayetano.
La chica me miró sorprendida, colgó el teléfono y buscó en la agenda.
_Vale, muy bien, dijo extrañada, ¿tu nombre es?
_No, no, no yo no tengo cita.
_Ah, entonces ¿quieres una?
_Mmm...esque es importante...Necesito verle, soy...amiga de Carlisle Cullen.
La mujer cogió el auricular temblando a la vez que me mandaba que me sentara en un sofá.
A la media hora (que lentitud) aparecieron dos chicos (o vampiros). Félix y Demetri. El primero era alto, fuerte y daba mas miedo que nada. El segundo era mas bien normalito, pelo rubio tirando a marrón y sonrisa malévola. Se acercaron a mi.
_¿Meghan?
Asentí.
_Ven con nosotros dijo Demetri mientras se colocaban cada uno a un lado.
Caminamos por un estrecho pasillo hasta que llegamos a una puerta, allí Félix me cogió en brazos y me soltó en medio de una sala vacía, en la que había, en frente, tres sillones reales, en los que ponía M, A, y C respectivamente.
_Espera aquí me ordenó Demetri, quien desapareció. Féliz cerró los ojos y se apoyó en la pared, no dormía, claro que no, solo me vigilaba, a su manera.
De repente se oyó un estruendo y un vampiro alto, guapo, rubio, con la melena hasta los hombros, apareció.
Se me escapó un susurro cuando avancé y nos encontramos.
_Cayo...dije tocándole la cara levemente, ¡Cuanto has cambiado! dije respirando agitadamente.
_Supongo que, gracias, Meghan, tu no has cambiado nada, estás igual de guapa y rara que siempre. ¿que quieres?
Arqueé una ceja. _¿como, que qué quiero? pues nada, no se, Carlisle me dijo que me queríais para algo ¿no?
Felix abrió los ojos de golpe y a Cayo casi se le desorbitan los ojos.
_Has venido a cumplir tu castigo, muy bien, así me gusta.
_Espera, no quiero que les hagas daño. Yo pagaré por todos. Dejadlos en paz.
Cayo asintió. _Muy bien, como quieras, muy noble por tu parte.
De repente, salieron de la oscuridad Marco y Aro, los dos vampiros reales que faltaban se sentaron junto a Cayo en sus respectivos sitios y me observaron.
Cayó le ordenó algo a Felix en italiano. Este se acercó a mi, temblaba, mucho, me puso de rodillas, en las escaleras en las que se alzaban los tronos.
Los vulturis sonreían mientras Felix se apartaba.
_Hay que darse prisa. Dijo Cayo.
Yo no sabía que pasaba. Pero quería que todo acabara pronto, que la agonía y el dolor desaparecieran cuanto antes.