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Hermanas — capítulo 28

Cerré los ojos y recé ( a mi manera) cuando Cayo se abalanzaba sobre mi. Pero no sentí nada, nada, estaba intacta, algo raro, se suponía que la muerte duele mas ¿no?

Abrí los ojos, curiosa, cuando escuché ¿un gruñido? Si, a mi alrededor había ventanas de cristal rotas, lobos peleando con vampiros y mas abajo, los Cullen peleando también contra vampiros... El mundo se había vuelto loco ¿o que?

Me levanté rápido cuando me di cuenta de que no eran lobos normales, eran licántropos, Jacob y su manada, para concretar. Salí corriendo por la puerta, antes de que nadie se diera cuenta de mi presencia. Vi a Cayo en el tejado detrás de alguien a quien no conseguí identificar, da igual fuera quien fuera no se lo merecía.

Subí por una cuerda al tejado, allí, vi a Cayo en una esquina de la gran superficie, luchar, peligrosamente, contra Emmett. Las lágrimas salieron de mis ojos, empuñe el cuchillo de plata que había cogido horas antes en el hotel y avancé despacio sin hacer ruido detrás de Cayo, cuando Emmett me vio tube que señalarle que disimulara, casi se muere, algo imposible.

Ahora estaba cerca de Cayo, y Emmett a punto de caer al suelo. No podía permitirlo, levanté el puñal y se lo clavé a Cayo en la espalda, por mucho que me doliera. Cayo se giró y chilló, fue un grito desgarrador, Emmett debió de pensar que era su fin porque se marchó corriendo, a una velocidad supersónica. Cayo cayó al suelo intentando arrancarse el puñal ¿le costaba respirar? ¡Imposible!, me quedé mirándole cuando, no se como, Cayo se arrancó el puñal, lo lanzó lejos y se levantó, yo salí corriendo, haciendo piruetas salí del tejado por la cuerda.

Pero al llegar abajo Cayo ya me estaba esperando, en una carrera a muerte, por sobrevivir, salí corriendo, tenía que salir del castillo antes que Cayo para ponerme al sol, para que no pudiera tocarme y así, evitar una catástrofe, ya que si no, mi muerte sería la mas dolorosa y terrible, lo veía en los ojos de Cayo, daban miedo. El que yo tenía en el cuerpo.