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Hermanas — capítulo 42
Pasé la noche, o parte de ella, en la casa de Los Cullen, Alice y Rosalie fueron a mi casa a por una bolsa con ropa mia. Emmett aguardó junto a la puerta de mi habitación, se supone que no le vi, ni lo sabía, pero lo sentí, el es inconfundible para mi.
A las seis de la mañana me despertó Esme con una voz dulce, despacio me ayudó a peinarme, vestirme y demás cosas, yo estaba medio zombi de sueño.
Carlisle y Emmett hablaban en el garaje cuando nosotras bajamos. Los Cullen tenían cuatro cochazos, nosotros usaríamos, hoy por hoy: El de Carlisle, que era un Mercedes tipo limusina y Alice el suyo, que era un Porche amarillo, creo.
Yo me monté con Esme, Emmett y Carlisle en el coche de este. Y Jasper y Rosalie en el de Alice, junto con ella, claro.
Debía ser que los Cullen ya habían trazado durante la noche un plan (magnifico, como el de Volterra ¬¬) porque Esme hablaba en clave con Alice mediante sus lujosos (al igual que todo) móviles. Carlisle conducía despacio, no como Jasper o Emmett; mejor así no me mareaba. El coche era cálido por dentro, ya no tenía frío, aunque me sentía triste e incómoda teniendo a Emmett al lado, lo único que nos separaba era un asiento, el de en medio.
Miré por la ventanilla después de haberla limpiado de vaho debido al frío que hacía fuera. Delante tenía a Carlisle, y en diagonal a Esme, quien no miraba para alante, sino que estaba inclinada hacia su izquierda porque Carlisle también entraba en su conversación con el otro coche.
Emmett también miraba por la ventanilla. Pero seguro que no hacía caso a lo que había fuera, le conozco demasiado bien.
De repente, el coche pasó un vaivén que hizo que mi cabeza chocara contra el techo, todos brincamos en el asiento, solo que yo mas efusivamente, ya que era la única que respiraba.
Esto me hizo darme cuenta de que yo era la única que llevaba cinturón, y qué cinturón, no era normal, sino que parecía un arnés, jesus, que ibamos ¿a la guerra?