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Hermanas — capítulo 44
Durante dos dias estuve "protegida" no salía casi del hotel, y cuando lo hize, dos veces, en compañía de Emmett o de Jasper.
Cuanta vigilancia y restrinciones me ponían, para nada servía, porque si Cayo quería matarme o hacerme daño de verdad lo haría. Pero cuando el quisiera o cuando pudiera.
Era rubio, vale, un punto a nuestro favor, pero era ávido, listo y retorcido. Un villano de pies a cabeza. Y no dudaba en conseguir lo que quería, auque se tuviera que llevar a mil personas por delante. El era estúpido, y ahora como vampiro un engreído, del que yo me había enamorado cuando tenía 15 años y vivía feliz con mi madre y mi hermana en Florida, sin vampiros ni hombres lobo. Cuando nuestra única preocupación era sacar buenas notas y no quemarnos la piel con el sol abrasador.
Cayo pertenecía a una familia rica, su padre era inversor, muy famoso. Tenía una madre, que trabajaba para una enorme sucursal, y un hermano muy parecido a el, pero diferente en cuanto a la manera de vestir y de pensar. Me enamoré de el no se porqué, eramos muy diferentes, a mi me gusta lo oscuro, lo tétrico y soy original, visto como quiero, me gusta que me miren. Tengo buen cuerpo, buena figura, por eso trabajé dos años como modelo.
Yo ya le había advertido a Los Cullen cómo era Cayo, pero al parecer no me hacían ni caso. Bua, peor para ellos, que son los que lo están dramatizando todo. Se que voy a morir, y algunos de ellos tambien, por mi culpa, tengo que hacer algo, cualquier cosa para contactar con Cayo y que los deje en paz.
Pero ni Cayo va a entrar en razón ni ellos van a querer nada con el. Así que no hay vuelta atrás, necesito un plan para espar e ir a donde está Cayo (en un castillo de Los Vulturis, ellos tienen miles en todo el mundo) para acabar de una vez con estas cosas estúpidas.
No soporto esta situacion, los vampiros aunmentan un problema que se resuelve en cinco minutos. Ellos son así, lo resuelven todo a su manera.